una mirada crítica a la comunicación no violenta

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: técnicas de dominación, individuliasmo, neurocapacitismo, privilegios, jerarquías, estructuras de poder

 

Deconstruirte y reconstruirte en entornos no monógamos implica hablar mucho sobre emociones, comunicación y relaciones. En estos contextos la herramienta más tratada y utilizada cuando se habla de comunicación es la Comunicación No Violenta (CNV), hasta haberla convertido en el opio de las no-monogamias y del poliamor: casi todos los eventos sobre no-monogamias acaba apareciendo algún taller sobre CNV o alguna propuesta parecida. Pero tenemos que ir con cuidado, ya que todo lo que se presenta siempre como la gran y perfecta solución “neutra” a todos los problemas (como se suele hacer con la CNV) acostumbra a estar lleno de todas las estructuras de poder que el manto de “neutralidad” siempre intenta esconder, ignorar o pasar por alto. El hecho de haber visto utilizar esta “herramienta” comunicativa tantas veces por parte de personas (especialmente hombres) que manipulan, maltratan y abusan, es para mí una alarma suficientemente importante que me lleva a querer comprender mejor cuáles son los puntos más problemáticos. Y no, no soy de la opinión de que estas personas hacen un mal uso y tergiversan la CNV, sino que creo que la problemática radica en la base misma del discurso que construye la CNV: el paradigma liberal del individualismo.

No quiero tampoco decir que todo en al CNV me parezca problemático, y se tiene que admitir que la CNV tiene cosas que ayudan a empoderarse y a comprenderse un poco mejor a une misme. Parece también una buena herramienta cuando estás en una relación horizontal. El problema básico de la CNV es que obvia las estructuras de poder, las técnicas de dominación y las jerarquías que a menudo hay en las relaciones, y obviar esto es muy peligroso porque supone una forma de ver las relaciones muy simplista y genera muchas complicaciones y violencias (especialmente hacia les afectades por estructuras de poder, discriminaciones y opresiones). Esto es porque parte de una idea individualista de las relaciones que ve a las personas como seres aislados e independientes los unos de los otros y que solamente se afectan de forma puntual y voluntaria. De esta manera obvia e ignora la interdependencia, la afectación mutua y constante y la responsabilidad compartida.

La CNV propone un tipo de comunicación a la que llama la forma “natural” de comunicarse y conectar entre las personas; según el creador de este tipo de comunicación, las demás formas de comunicarse no son “naturales” y son violentas. La valoración sobre qué s violento es un proceso cultural, no es “universal”. Además, no existen formas de comunicarse más naturales que otras, ni más culturales que otras, ni natural tiene porque significar menor que “no natural”: todo lo que leemos como “no natural”, o sea como social o cultural, nace de la naturaleza y la naturaleza es influida también por la cultura. Esta táctica de decir qué es más natural lo que pretende es darle una situación de privilegio, universalizándola: un proceso que coloca la mirada occidental y blanca al centro y obvia que otras culturas pueden construir formas diferentes de comunicación y de violencia.

Una de las bases de la CNV es lo que llaman “dar de forma natural” (seguimos con el paradigma de la “naturalidad”): todas las necesidades quedan cubiertas sin obligar nada a nadie y haciendo solamente las cosas que cada une desea hacer de forma “natural”. Se supone, por tanto, que todas las tareas siempre quedarán cubiertas porque siempre habrá personas que las quieran hacer, una cosa que es fácil de sentir y naturalizar cuando ha habido tareas que siempre te las han hecho les demás y ni tan siquiera hace falta tenerlo que apreciar (como por ejemplo cuando ers un hombre y ciertas tareas del hogar o de cuidados hacia uno siempre me han sido cubiertas con más facilidad). Obvia que si cada une solamente hace las tareas que “naturalmene” quiere hacer es posible que haya tareas que nadie querrá hacer y que se tendrá que encontrar una solución compartida por cómo hacerlas; normalmente este tipo de tareas se encargan de forma sistemática personas de colectivos minorizados, a los que se les ha colocado en una posición para que parezca que “naturalmente” escojan hacer estas tareas. Por este motivo la CNV deja fuera la responsabilidad compartida y colectiva y obvia que muchas decisiones de lo que une desea o no hacer son culturales y no “naturales”.

La CNV llama violencia a negar la propia responsabilidad de los acttos y de las emociones utilizando expresiones del tipo “tengo que hacer alguna cosa” (expresión que indica obligatoriedad) en vez de expresar que lo hago porque lo escojo, auto-responsabilizándome de mis decisiones, actos y emociones.  Por un lado, esta visión ayuda a tomar consciencia de las cosas que hacemos y del poder que podemos tener en cómo nos sentimos con lo que nos rodea en vez de estar siempre otorgando este poder externamente: por tanto, es un paso hacia la autonomía y ciertos empoderamientos. No obstante, es una visión que ignora que hay personas que tienen una limitación mucho más grande de lo que pueden hacer o de lo que pueden escoger. Me da rabia que incluso en muchos ejemplos que pone la persona que creó la CNV (un hombre blanco y con una bueno colección de privilegios) explica que las personas oprimidas (como las racializadas) tienen menos opciones para escoger pero que aun así son libres: según él, siempre puedes escoger morir en vez de hacer lo que se te pide. Este pensamiento es un pensamiento liberal y que proviene de una posición de muchos privilegios. Tener menos opciones, o escoger bajo coerción, no es escoger libremente.

Por otro lado, la idea de que somos libres y totalmente responsables de lo que hacemos y sentimos puede ser utilizado por personas con muchos privilegios para “escaquearse”, especialmente de las cosas que hacen que afectan a les otres: si tú eres responsable de lo que sientes y de lo que te pasa, lo que yo haga o deje de hacer no es importante, y cómo te sientas debido a mis acciones no es responsabilidad mía, aunque sean cosas que te afecten directamente. De esta manera muchas veces personas con más privilegios, especialmente hombres, utilizan la CNV para no responsabilizarse de muchas agresiones o actos que afectan  a sus relaciones.

La CNV diferencia entre “observaciones” (objetivas) y juicios o valoraciones (subjetivas). Según la CNV para comunicarnos de forma no violenta lo tenemos que hacer a través de las observaciones objetivas, intentando evitar las valoraciones “subjetivas” sobre lo que las demás personas hacen: por ejemplo, decir que una persona nos está ignorando es un juicio y una valoración subjetiva, pero decir que no nos ha respondido es una observación. Hacer esto nos permite no evaluar cosas que desconocemos (no sabemos si una persona no nos responde porque nos está ignorando o bien porque no nos ha oído bien, no se encuentra bien o por algún otro motivo) ni otorgándole nosotres nuestras intenciones, deseos o emociones.

No obstante, hacernos creer que existen observaciones objetivas es peligroso, ya que por defecto lo que es a menudo descrito como “observaciones” objetivas suelen caer con la definición concreta del mundo que nos rodea, a menudo vinculada a los privilegios (la objetividad corresponde a la mirada del hombre blanco cis heterosexual de clase media/alta neurotípico sin diversidad funcional, etc), y por tanto exigir este tipo de observaciones a quien más beneficia es a quien más privilegios tiene. Siguiendo con el anterior ejemplo, suponer que la otra persona no nos ha respondido también puede ser una valoración subjetiva y cultural que se corresponde a una definición sobre lo que es o no una respuesta y lo que es aceptado o no como comunicación “válida”: podría ser que la persona dentro de sus capacidades comunicativas nos haya respondido pero nosotres no lo hayamos entendido así cuando lo leemos o interpretamos a través de las normas culturales sobre comunicación. Este razonamiento, además, no nos permite hacer valoraciones de muchos de los actos que recibimos de otras personas: no nos permitiría decir que una persona nos está maltratando, engañando, manipulando, etc, ya que según la CNV esto son valoraciones subjetivas. ¿Cómo de positivo es no poder hacer este tipo de valoraciones, por muy subjetivas que nuestra cultura nos diga que son? ¿No será que la “subjetividad” está subvalorada?

La CNV te dice que para expresar emociones no tienes que decir nunca que las demás personas te hacen sentir como te sientes, sino que tienes que decir que cuando la otra personas hace algo tú sientes de una manera determinada, desresponsabilizando a le otre de cómo te sientes, autoresponsabilizándote tú y desligando las acciones y emociones (reacciones) de cada persona. Esta es una forma de ver las relaciones como personas separadas que no se afectan y con responsabilidades separadas en vez de ver la responsabilidad de las relaciones como responsabilidades compartidas. ¿Verdad que cuando yo le doy un puñetazo a alguien tengo parte de responsabilidade del dolor que pueda sentir? ¿Verdad que cuando consigo una meta con otres compañeres más es responsabilidad de todes el bienestar que yo pueda obtener? (Y de hecho muchas metas que conseguimos y creemos, y nos hacen creer, que son individuales, son gracias a muchas otras personas). Es muy fácil que este discurso sea utilizado por parte de manipuladores para desresponsabilizarse de emociones que provocan a otras personas  través de las técnicas que usan para manipularlas o maltratarlas: si tú eres totalmente responsable de tus emociones, mis manipulaciones no lo son.

Finalmente, una de las “estrellas” de la CNV es lo que llama “empatía”, que para mí es una de las más problemáticas. Aunque hay muchas definiciones y formas de sentir sobre qué es la empatía, la CNV describe el proceso empático a través de “leer” e interpretar qué necesita la otra persona sin que ésta lo exprese. Según la CNV, cuando una persona se “queja” de alguna cosa que estás haciendo tú o te exige alguna cosa es porque tiene una necesidad que no está siendo satisfecha. Lo que propone la CNV es girar la tortilla cuando alguien te señala alguna queja y expresarle qué es lo que tú crees que ella siente y qué debe necesitar. Según la CN este acto es un acto de preocupación hacia la otra persona.

Encuentro muy violento que si una persona no ha expresado cuáles son sus emociones ni necesidades sea otra persona quien se lo diga (aunque lo exprese con una pregunta) a través de una suposición y lectura. Haciendo esto lo que haces es focalizar la atención en otra cosa diferente a la que ella señalaba: unas emociones y necesidades que tú le otorgas, además excusando en una supuesta preocupación por ella. Es incluso contradictorio con uno de los postulados que he presentado anteriormente sobre no hacer juicios o valoraciones, ya que suponer qué necesidades tiene le otre no es una lectura subjetiva. ¿Cuántas veces he visto manipular a través de este tipo de “empatía”? Muchísimas. Siguiendo con ejemplos: si intentas señalar alguna agresión lo que automáticamente se te cuestionaría es cuáles deben estar siendo tus emociones y buscando tus necesidades y “carencias” que te llevan a aquellas emociones, como si no fuera la agresión en sí la que te provoque la emoción, ya que la persona que te agrede no es responsable de tus emociones. Esta es una de las partes más explotadas de la CNV y una de las más violentas.

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