una mirada crítica a la comunicación no violenta

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: técnicas de dominación, individuliasmo, neurocapacitismo, privilegios, jerarquías, estructuras de poder

 

Deconstruirte y reconstruirte en entornos no monógamos implica hablar mucho sobre emociones, comunicación y relaciones. En estos contextos la herramienta más tratada y utilizada cuando se habla de comunicación es la Comunicación No Violenta (CNV), hasta haberla convertido en el opio de las no-monogamias y del poliamor: casi todos los eventos sobre no-monogamias acaba apareciendo algún taller sobre CNV o alguna propuesta parecida. Pero tenemos que ir con cuidado, ya que todo lo que se presenta siempre como la gran y perfecta solución “neutra” a todos los problemas (como se suele hacer con la CNV) acostumbra a estar lleno de todas las estructuras de poder que el manto de “neutralidad” siempre intenta esconder, ignorar o pasar por alto. El hecho de haber visto utilizar esta “herramienta” comunicativa tantas veces por parte de personas (especialmente hombres) que manipulan, maltratan y abusan, es para mí una alarma suficientemente importante que me lleva a querer comprender mejor cuáles son los puntos más problemáticos. Y no, no soy de la opinión de que estas personas hacen un mal uso y tergiversan la CNV, sino que creo que la problemática radica en la base misma del discurso que construye la CNV: el paradigma liberal del individualismo.

No quiero tampoco decir que todo en al CNV me parezca problemático, y se tiene que admitir que la CNV tiene cosas que ayudan a empoderarse y a comprenderse un poco mejor a une misme. Parece también una buena herramienta cuando estás en una relación horizontal. El problema básico de la CNV es que obvia las estructuras de poder, las técnicas de dominación y las jerarquías que a menudo hay en las relaciones, y obviar esto es muy peligroso porque supone una forma de ver las relaciones muy simplista y genera muchas complicaciones y violencias (especialmente hacia les afectades por estructuras de poder, discriminaciones y opresiones). Esto es porque parte de una idea individualista de las relaciones que ve a las personas como seres aislados e independientes los unos de los otros y que solamente se afectan de forma puntual y voluntaria. De esta manera obvia e ignora la interdependencia, la afectación mutua y constante y la responsabilidad compartida.

La CNV propone un tipo de comunicación a la que llama la forma “natural” de comunicarse y conectar entre las personas; según el creador de este tipo de comunicación, las demás formas de comunicarse no son “naturales” y son violentas. La valoración sobre qué s violento es un proceso cultural, no es “universal”. Además, no existen formas de comunicarse más naturales que otras, ni más culturales que otras, ni natural tiene porque significar menor que “no natural”: todo lo que leemos como “no natural”, o sea como social o cultural, nace de la naturaleza y la naturaleza es influida también por la cultura. Esta táctica de decir qué es más natural lo que pretende es darle una situación de privilegio, universalizándola: un proceso que coloca la mirada occidental y blanca al centro y obvia que otras culturas pueden construir formas diferentes de comunicación y de violencia.

Una de las bases de la CNV es lo que llaman “dar de forma natural” (seguimos con el paradigma de la “naturalidad”): todas las necesidades quedan cubiertas sin obligar nada a nadie y haciendo solamente las cosas que cada une desea hacer de forma “natural”. Se supone, por tanto, que todas las tareas siempre quedarán cubiertas porque siempre habrá personas que las quieran hacer, una cosa que es fácil de sentir y naturalizar cuando ha habido tareas que siempre te las han hecho les demás y ni tan siquiera hace falta tenerlo que apreciar (como por ejemplo cuando ers un hombre y ciertas tareas del hogar o de cuidados hacia uno siempre me han sido cubiertas con más facilidad). Obvia que si cada une solamente hace las tareas que “naturalmene” quiere hacer es posible que haya tareas que nadie querrá hacer y que se tendrá que encontrar una solución compartida por cómo hacerlas; normalmente este tipo de tareas se encargan de forma sistemática personas de colectivos minorizados, a los que se les ha colocado en una posición para que parezca que “naturalmente” escojan hacer estas tareas. Por este motivo la CNV deja fuera la responsabilidad compartida y colectiva y obvia que muchas decisiones de lo que une desea o no hacer son culturales y no “naturales”.

La CNV llama violencia a negar la propia responsabilidad de los acttos y de las emociones utilizando expresiones del tipo “tengo que hacer alguna cosa” (expresión que indica obligatoriedad) en vez de expresar que lo hago porque lo escojo, auto-responsabilizándome de mis decisiones, actos y emociones.  Por un lado, esta visión ayuda a tomar consciencia de las cosas que hacemos y del poder que podemos tener en cómo nos sentimos con lo que nos rodea en vez de estar siempre otorgando este poder externamente: por tanto, es un paso hacia la autonomía y ciertos empoderamientos. No obstante, es una visión que ignora que hay personas que tienen una limitación mucho más grande de lo que pueden hacer o de lo que pueden escoger. Me da rabia que incluso en muchos ejemplos que pone la persona que creó la CNV (un hombre blanco y con una bueno colección de privilegios) explica que las personas oprimidas (como las racializadas) tienen menos opciones para escoger pero que aun así son libres: según él, siempre puedes escoger morir en vez de hacer lo que se te pide. Este pensamiento es un pensamiento liberal y que proviene de una posición de muchos privilegios. Tener menos opciones, o escoger bajo coerción, no es escoger libremente.

Por otro lado, la idea de que somos libres y totalmente responsables de lo que hacemos y sentimos puede ser utilizado por personas con muchos privilegios para “escaquearse”, especialmente de las cosas que hacen que afectan a les otres: si tú eres responsable de lo que sientes y de lo que te pasa, lo que yo haga o deje de hacer no es importante, y cómo te sientas debido a mis acciones no es responsabilidad mía, aunque sean cosas que te afecten directamente. De esta manera muchas veces personas con más privilegios, especialmente hombres, utilizan la CNV para no responsabilizarse de muchas agresiones o actos que afectan  a sus relaciones.

La CNV diferencia entre “observaciones” (objetivas) y juicios o valoraciones (subjetivas). Según la CNV para comunicarnos de forma no violenta lo tenemos que hacer a través de las observaciones objetivas, intentando evitar las valoraciones “subjetivas” sobre lo que las demás personas hacen: por ejemplo, decir que una persona nos está ignorando es un juicio y una valoración subjetiva, pero decir que no nos ha respondido es una observación. Hacer esto nos permite no evaluar cosas que desconocemos (no sabemos si una persona no nos responde porque nos está ignorando o bien porque no nos ha oído bien, no se encuentra bien o por algún otro motivo) ni otorgándole nosotres nuestras intenciones, deseos o emociones.

No obstante, hacernos creer que existen observaciones objetivas es peligroso, ya que por defecto lo que es a menudo descrito como “observaciones” objetivas suelen caer con la definición concreta del mundo que nos rodea, a menudo vinculada a los privilegios (la objetividad corresponde a la mirada del hombre blanco cis heterosexual de clase media/alta neurotípico sin diversidad funcional, etc), y por tanto exigir este tipo de observaciones a quien más beneficia es a quien más privilegios tiene. Siguiendo con el anterior ejemplo, suponer que la otra persona no nos ha respondido también puede ser una valoración subjetiva y cultural que se corresponde a una definición sobre lo que es o no una respuesta y lo que es aceptado o no como comunicación “válida”: podría ser que la persona dentro de sus capacidades comunicativas nos haya respondido pero nosotres no lo hayamos entendido así cuando lo leemos o interpretamos a través de las normas culturales sobre comunicación. Este razonamiento, además, no nos permite hacer valoraciones de muchos de los actos que recibimos de otras personas: no nos permitiría decir que una persona nos está maltratando, engañando, manipulando, etc, ya que según la CNV esto son valoraciones subjetivas. ¿Cómo de positivo es no poder hacer este tipo de valoraciones, por muy subjetivas que nuestra cultura nos diga que son? ¿No será que la “subjetividad” está subvalorada?

La CNV te dice que para expresar emociones no tienes que decir nunca que las demás personas te hacen sentir como te sientes, sino que tienes que decir que cuando la otra personas hace algo tú sientes de una manera determinada, desresponsabilizando a le otre de cómo te sientes, autoresponsabilizándote tú y desligando las acciones y emociones (reacciones) de cada persona. Esta es una forma de ver las relaciones como personas separadas que no se afectan y con responsabilidades separadas en vez de ver la responsabilidad de las relaciones como responsabilidades compartidas. ¿Verdad que cuando yo le doy un puñetazo a alguien tengo parte de responsabilidade del dolor que pueda sentir? ¿Verdad que cuando consigo una meta con otres compañeres más es responsabilidad de todes el bienestar que yo pueda obtener? (Y de hecho muchas metas que conseguimos y creemos, y nos hacen creer, que son individuales, son gracias a muchas otras personas). Es muy fácil que este discurso sea utilizado por parte de manipuladores para desresponsabilizarse de emociones que provocan a otras personas  través de las técnicas que usan para manipularlas o maltratarlas: si tú eres totalmente responsable de tus emociones, mis manipulaciones no lo son.

Finalmente, una de las “estrellas” de la CNV es lo que llama “empatía”, que para mí es una de las más problemáticas. Aunque hay muchas definiciones y formas de sentir sobre qué es la empatía, la CNV describe el proceso empático a través de “leer” e interpretar qué necesita la otra persona sin que ésta lo exprese. Según la CNV, cuando una persona se “queja” de alguna cosa que estás haciendo tú o te exige alguna cosa es porque tiene una necesidad que no está siendo satisfecha. Lo que propone la CNV es girar la tortilla cuando alguien te señala alguna queja y expresarle qué es lo que tú crees que ella siente y qué debe necesitar. Según la CN este acto es un acto de preocupación hacia la otra persona.

Encuentro muy violento que si una persona no ha expresado cuáles son sus emociones ni necesidades sea otra persona quien se lo diga (aunque lo exprese con una pregunta) a través de una suposición y lectura. Haciendo esto lo que haces es focalizar la atención en otra cosa diferente a la que ella señalaba: unas emociones y necesidades que tú le otorgas, además excusando en una supuesta preocupación por ella. Es incluso contradictorio con uno de los postulados que he presentado anteriormente sobre no hacer juicios o valoraciones, ya que suponer qué necesidades tiene le otre no es una lectura subjetiva. ¿Cuántas veces he visto manipular a través de este tipo de “empatía”? Muchísimas. Siguiendo con ejemplos: si intentas señalar alguna agresión lo que automáticamente se te cuestionaría es cuáles deben estar siendo tus emociones y buscando tus necesidades y “carencias” que te llevan a aquellas emociones, como si no fuera la agresión en sí la que te provoque la emoción, ya que la persona que te agrede no es responsable de tus emociones. Esta es una de las partes más explotadas de la CNV y una de las más violentas.

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memorias de una C (V – violencia monógama)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la quinta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí y la cuarta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, violencia monógama, técnicas de dominación.

 

Violencia monógama

Este proceso de objetificación hacia cierto tipo de relaciones propicia también que se generen y que se consoliden (juntamente con las otras opresiones que padecen estas personas) mecanismos que son característicos de las estructuras de poder. Antes de seguir e introducir estos mecanismos me gustaría volver a recordar y hacer hincapié con lo que he comentado anteriormente: las personas con muchos privilegios se pueden beneficiar de las relaciones con pocas implicaciones y por tanto no viven este tipo de violencia de la misma manera, e incluso se podría beneficiar de ella; todo este discurso está pensado especialmente para aquellas personas vulnerabilizadas por otras estructuras de poder, que son las que más fácilmente son excluidas por la monogamia.

A través del imperialismo cultural, las normas sociales que rodean la monogamia como sistema relacional colocan a las C en una posición inferior respecto otro tipo de relaciones. Y cuando digo ‘inferior’ no me refiero a ‘menos importantes’, sino a estatus que te quita voz, a jerarquía. Como he comentado anteriormente, cuando se dice ‘relación’ se piensa siempre en ‘pareja’, cuando se dicen ‘sentimientos’ se piensa siempre en ‘románticos’, o cuando se habla de celos o de problemas relacionales o de maltrato, también se piensa inmediatamente en ‘pareja’. Este imaginario coloca al resto de relaciones en un estatus inferior, invisible, sin reconocimiento de sus emociones, o ni tan siquiera reconocimiento de los problemas que surgen o de la violencia que se pueda generar.

Esto propicia que se pueda crear una situación de marginación (apartades del privilegio que concede otros tipos de relaciones) y desempoderamiento en la propia relación debido a no poder formar parte en las tomas de decisiones de las cosas que les afectan de su propia relación y no poder participar en la creación de las normas y decisiones de su relación. Además, también propicia la explotación relacional, cuando, por ejemplo, las C acompañan emocionalmente a A y B (para beneficiar su relación), pero este acompañamiento no se recibe debido a que las emociones de A y B son reconocidas, mientras que las de C no. O bien, en el contexto competitivo que he explicado anteriormente, el hecho de estar en constante lucha competitiva para poder conseguir un lugar reconocido en las relaciones lleva a muches a un desgaste energético, que acaba llevando a un ‘intercambio’ nada justo o sensible.

Y, finalmente, podríamos llamar a este tipo de mecanismos como un tipo de violencia monógama. Así como se ha especificado y como se ha hablado de la violencia que se genera en las pareja, y bien podríamos llamar este tipo de violencia como violencia monógama (donde hay la apropiación, demanda de exclusividad, mitos del amor romántico, jerarquías entre componentes de la pareja, roles sociales de dominación y maltrato, etc), cuando estamos analizando la monogamia nos olvidamos (como no) de la violencia que la propia monogamia ejerce hacia otres fuera de la pareja (esto ya es un hecho violento de por sí); y es que este tipo de violencia se basa mucho en la invisibilización y el borrado. Un ejemplo de este tipo de violencia podría ser que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como le ‘otre’, o le ‘amante’’ (conceptos que marcan una ‘otredad’), o se nos recuerdo que ‘sólo’ somos amistades (colocándonos en una posición donde no podamos pedir nada si lo necesitamos). Violencia es que no se te escuche cuando estás intentando expresar algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona, sean los que sean, sin tener sensibilidad contextual y del momento. Violencia es que se te tenga en cuenta para hablarte sobre los problemas de pareja de le otre, pero que tus problemas no sean válidos por no ser pareja. Violencia es el consumo relacional. Violencia es que intenten demostrar que no eres nadie para que no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación.

 

Una vez vi una serie de televisión de Estados Unidos donde un hombre había abandonado a su mujer y su hija durante bastantes años debido a estar trabajando como policía infiltrado en un caso. Después de todos los años ‘desaparecido’ vuelve a aparecer en la vida de su mujer e hija. Él intenta recuperar la relación con su mujer, pero la mujer está muy molesta por todo lo que ha pasado (obviamente). En un momento dado de la serie, ella descubre que él había estado con otra mujer durante esos años, y ese acaba convirtiéndose también en uno de los argumentos para no poder retomar su relación: ‘si has estado con otra es que no me quieres suficiente’. Durante todo un capítulo entero el hombre intenta convencer a su mujer que aquella ‘otra’ mujer no es ‘nadie’. Demostrar que alguien no es ‘nadie’, haya representado lo que haya representado en tu vida, es un acto muy violento.

 

Técnicas de dominación y monogamia

 Una vez estaba teniendo una conversación emocionalmente complicada e intensa con una persona con quien llevaba bastante tiempo manteniendo una relación cercana. En un momento dado conseguí comunicarle una cosa que me costó mucho y que era importante: hacía tiempo que me estaba sintiendo dejada, apartada y poco cuidada (especialmente respecto otra relación más reconocida y que parecía más de pareja o principal). Él se dio cuenta rápidamente de que eso era cierto y me dijo que tenía razón. No obstante, después de afirmarlo se ‘defendió’ diciendo que eso le estaba pasando debido a mi (‘mala’) reacción que tuve yo un año antes cuando él me dijo que volvería a ver a su exnovia. Me hizo sentir muy mal y culpable. Tardé horas en darme cuenta de que mi reacción un año antes (una reacción que se basaba en, simplemente, dejar de hablar unos días porque había colapsado emocionalmente) había sido debido al hecho de que me entrara pánico ya que anteriormente siempre me había tratado muy mal cuando tenía relación con su exnovia. Esa táctica que utilizó en ese momento él es una técnica de dominación llamada ‘hacer sentir culpable’.

Hacer sentir culpable a otra persona es una técnica de dominación. Las técnicas de dominación fueron introducidas por Berit As (feminista escandinava) y son mecanismos que se utilizan para ejercer poder sobre otra persona, donde normalmente se aprovechan normas sociales que facilitan la dominación sobre ciertos colectivos oprimidos.

Se invisibilizan a las C a través de técnicas como no reconocer la relación, negar su propia existencia, borrar la relación, etc. Nuestras demandas de compromisos o de cuidados se ridiculizan llamándolas excesivamente demandantes y como es esto nos hiciera más dependientes, en comparación de lo que puede pedir una persona que es pareja principal. Cuando pedimos se nos hace sentir culpables por estar intentando ocupar demasiado espacio en la vida de le otre, especialmente espacio que tendría que ocupar la pareja principal. A las C se las acostumbra a esconder la información mientras se toman decisiones de cosas que les afectan.

 

 

 

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taller ‘hablemos de técnicas de dominación’ el 1 de Junio

por wuwei (natàlia)

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El viernes 1 de Junio dinamizaré el taller ‘hablemos de técnicas de dominación‘ en el marco de talleres que estamos ofreciendo La Trobada este mes. El taller empezará a las 18h y durará unas 3 horas. Se realizará en el casal Ca L’Isidret, en la calle Paraguai, 2, Barcelona. El taller se realizará con taquilla inversa (la voluntad) y habrá un pica pica vegano desde las 17.30h, para que puedas venir un poco antes y hablar con nosotres. El precio del pica pica también es la voluntad. No hace falta inscribirse para venir a la actividad. ¡Te esperamos!

Más información en el evento de facebook.

 

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instrumentalización de los márgenes: historias y emociones desde dentro del mundo del activismo

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: abuso de poder instrumentalización de discursos críticos, ejercicio de poder, manipulación, técnicas de dominación, falta de cuidados.

 

El mundo del activismo es donde he conseguido encontrar cierto confort, mi red afectiva, personas que construyen relaciones de forma políticamente más consciente (o que al menos quieren hablarlo y tratarlo); es donde he encontrado mis espacios seguros, las burbujas de supervivencia. Ahora bien, el mundo del activismo también puede llegar a ser un espacio múltiple donde la hipocresía y la violencia se disfracen constantemente de discursos críticos: personas criticando la competitividad llevando a otres a situaciones altamente competitivas y utilizando técnicas de dominación para excluir y borrar, mientras nos llenamos la boca hablando de inclusividad y violencia simbólica. Y no estoy hablando de los hombres machistas en espacios de militancia (esto también lo he padecido): estoy hablando de otras identidades y de otro tipo de representaciones en nuestros feminismos y entornos críticos sobre relaciones  (espacios extendidos también a las redes).

De cara a la galería todo son sonrisas y discursos que quedan y suenan muy bien, pero que se vacían constantemente con el hacer del día a día. Y, finalmente, la objetificación total de una nueva identidad: les fans (tranquiles, esto lo esconderemos diciendo que en espacios críticos no existen estas figuras, que esto va de ser todes horizontales y así no tenemos por qué responsabilizarnos de la idea de que nuestro poder lo consigamos a costa de la fuerza múltiple de estas identidades a las que muchas veces utilizamos, explotamos y objetificamos).

Necesito desahogarme. Pero a la vez también necesito olvidarme de todo esto y dejar atrás estas emociones que me despierta el mundo del activismo. He estado los últimos meses planteándome seriamente dejarlo, totalmente, borrarlo todo, desaparecer y (re)hacer mi vida al margen de todo este mundo que en algunos casos (no siempre) pretende hacernos creer que se preocupa por los márgenes cuando en realidad muy a menudo lo que hace es instrumentalizarlos. Y, aunque dejarlo hubiese sido también una decisión acertada (el auto-cuidado es importante), finalmente he decidido quedarme (otra decisión igual de acertada). Y además, por otro lado, también necesito responsabilizarme, obviamente, porque de nada sirve señalar y hacer creer que todes somos libres de esta farsa.

Sentir hostilidad, invisibilización y borrado, y otras técnicas de manipulación como ghostings, luz de gas, ninguneo… la manipulación, el poder y las técnicas de dominación están en el orden del día en nuestros entornos mientras a la vez no paramos de hablar y criticas las jerarquías, la competitividad, o el consumismo relacional. Es muy difícil convivir con estos mecanismos ya que son muy difíciles de señalar, solamente se sienten, atraviesan, se hacen invisibiles y hablar de ellos se hace muy difícil. Personas, que aunque formen parte de un discurso contra-poder, ejercen (¿y ejercemos?) poder y generan (¿y generamos?) clubs exclusivos donde solamente se aceptan persona que, o bien tienen ‘más’ poder y pueden ayudar a ‘flotar’ más, o bien son personas que se sitúan ‘por debajo’ y ayudan a sustentar a le otre a mantener una posición de poder. Clubs exclusivos donde, quien no juega al juego es expulsade (utilizando, evidentemente, todas las técnicas a las que he hecho referencia anteriormente).

No quiero decir tampoco que el mundo del activismo sea exactamente como el ‘exterior’, el ‘normal’ o exactamente igual que el ‘sistema’ y no se estén realmente construyendo (o intentando construir) alternativas contra-poder: de hecho en este mundo he encontrado muchas personas críticas, espacios de seguridad, he podido respirar de toda la violencia que he vivido fuera de estos entornos, he podido empoderarme de una relación de maltrato y es donde he conocido aquellas personas con las que tengo ahora mismo un vínculo más cercano y a la vez con una sensibilidad política. Pero todo esto no quita que en estos espacios se reproduzcan también mecanismos de ejercicio de poder sobre otres, una reproducción que muchas veces arrastra a muches más. El problema es que esta ‘reproducción’ va disfrazada con un discurso que se hace pasar por revolucionario para apropiarse de espacios críticos.

No obstante, he decidido quedarme: el activismo se ha vuelto un eje principal en mi vida, me ha ayudado a relacionarme de una forma más sensible, más crítica, y autocrítica. No quiero dejarlo, pero tampoco quiero seguir que todo este juego me ahogue. Seguramente algunes pensarán que lo que se tiene que hacer es luchar contra todo esto que está pasando dentro de nuestros círculos, y razón no les falta. Pero también tenemos que medir capacidades, fuerzas, tiempo y energía: tenemos que seguir moviéndonos en el día a día, sobreviviendo en un mundo lleno de violencia, y a muches no nos quedan fuerzas para abrir tantos frentes, con todo el riesgo de vulnerabilizarnos más justo en un entorno donde nuestras vulnerabilidades son menos y son más sostenidas. Es por este motivo que he decidido tomar un cierto tipo de posición que por un lado me permita seguir teniendo energía para poder seguir haciendo activismo que a mi me gusta y me motiva y por otro lado mantener un equilibrio del auto-cuidado y la responsabilidad compartida y colectiva. Esto sí, manteniendo especialmente la auto-crítica y evitando las trampas. Es por este motivo que también siento la necesidad de alejarme emocionalmente de ciertas actitudes y a la vez acercarme un poco más a quien dejamos casi siempre en los márgenes.

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memorias de una C y taller de técnicas de dominación en Madrid (Abril)

por wuwei (natàlia)

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Los días 28 y 29 de abril voy a estar en Madrid para repetir la charla de Memorias de una C y dinamizar un taller de técnicas de dominación. La charla de Memorias de una C la haré el sábado 28 de abril a las 18h en La mala mujer (c/ Mesón de Paredes, 76, Madrid), y no hace falta inscribirse, pero el aforo es limitado. El taller de técnicas de dominación lo haré el domingo 29 de abril a las 18h también en La mala mujer ; en el taller sí que hace falta inscripción, ya que el límite de plazas es 20. Inscripciones para el taller en info@interpuzzle.es

En las dos actividades haré taquilla inversa (aportación sugerida entre 5 y 10€ pero no dejes de venir por no poder pagarlo).

Aquí tenéis los dos eventos de facebook:

https://www.facebook.com/events/365960850571214
https://www.facebook.com/events/595767387431371/

Nos vemos en Madrid 🙂

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encuentros sobre anarquismo relacional

por wuwei (natàlia)

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El día 10 de Marzo a las 18:30h haré el taller de ‘Hablemos de técnicas de dominación‘ dentro de un ciclo que organiza Veusambveu titulado ‘Trobades sobre anarquisme relacional’. Si os interesara asistir os tendríais que inscribir en el correo electrónico de  veusambveu.editorial@gmail.com ya que hay un límite de plazas de 20 personas. El lugar donde se realizará el taller es en  C/ Picalquers, 20, Barcelona.

Aquí tenéis el evento de facebook donde también se anuncian el taller sobre ‘‘deconstruir contextos para construir relaciones’ que haremos el 14 de Abril por la mañana y un espacio de debate el día 5 de Mayo por la tarde. Os podéis inscribir para cada una de las 3 actividades si os interesara. Más info a: https://www.facebook.com/events/171593670142565/

 

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el mundo de las relaciones: un club exclusivo de alto standing

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: capacitismo, neurocapacitismo, exclusión

 

Las relaciones se han convertido en una parte importante (y principal) de mis preocupaciones. Uno de los motivos de esta preocupación es que las relaciones son el vehículo de la violencia estructural y porque, además, somos dependientes de ellas: tenemos una interdependencia con el entorno (y por tanto también dependemos de las personas que nos rodean y con las que nos relacionamos). Sumado a todo esto, a mí las relaciones siempre me ha costado llevarlas con una cierta “normalidad”: me han pesado, se me han hecho incomprensibles y complicadas. Esto es debido a que me cuesta entender el funcionamiento “normal” (tipificado) de la gente, descifrarla, leerla o ver aquellas normas sociales escondidas, implícitas (no explicadas de forma más explícita, sino que se tienen que interpretar), supuestas y que todes parecen comprender: aquellas que socialmente se cree que yo tendría que entender también “por defecto”. Las situaciones conflictivas se me hacen cuesta arriba, ya que mis necesidades en la comunicación no suelen encajar con las que “tienen que ser” (incluso en algunos momentos se confunden y se interpretan como hostiles o esquivas) que, sumado al factor de que debido a mi género mis necesidades han sido negadas de forma sistemática, hace que muchas veces sienta la necesidad de evitar y rechazar el conflicto. Todo esto también ha sido un motivo por el cual las relaciones se han convertido en el centro de muchas de mis reflexiones.

Las relaciones también son un vehículo de violencia totalmente normalizada, implícita y reglada. Otro motivo que hace de las relaciones un tema tan importante es que las estructuras de poder se reproducen a través de éstas: la opresión consiste en un conjunto de mecanismos que se articulan a través de las relaciones a escalas muy diferentes (relaciones afectivas, amorosas, sexuales, familiares, laborales o institucionales, entre otras). Las estructuras, a través de estos mecanismos relacionales, excluyen, marginan, explotan, alienan, desempoderan o violentan. Las técnicas de dominación se ejercen de forma muy “normalizada” a través del lenguaje, de las normas sociales o de la forma de expresarnos (no solamente verbalmente, sino también corporalmente).

Finalmente, con todo esto se añade que por defecto la forma de relacionarnos está basada en el capitalismo de las relaciones (muy ligado al pensamiento monógamo y relacional en general): la objetificación con la que nos relacionamos por defecto (que hace que veamos a las demás personas como “objetos” para satisfacer nuestros deseos y necesidades sin tener en cuenta los de la otra persona), la competitividad entre personas para poder ser reconocidas por una misma relación, el consumismo relacional, o las demandas que excluyen a personas con menos privilegios y que benefician a quien más privilegios tiene. De esta manera tan violenta, las personas que quedan más en los márgenes, ya no solamente por su género o por su orientación sexual, sinó también las feas, las gordas, las personas con diversidad funcional, las neurodivergentes, las pobres, las racializadas… tienen/tenemos muchas más probabilidades de quedarse/nos “fuera”. Quedarse “fuera” puede tener muchas implicaciones: tanto afectivas, físicas (como el capital sexual), de salud (tanto mental como física también), o incluso económicas, entre otras.

En este grupo de “excluídas” estamos también aquellas que tenemos formas de comunicarnos que suelen ser interpretadas como “poco naturales”, “frías”, “dramáticas”, “extrañas” o “poco sinceras”: las que no podemos mirar a los ojos cuando nos hablan, las que nos cuesta el contacto físico en situaciones emocionalmente complicadas (o simplemente que no les gustan ciertas proximidades o contactos físicos), las que necesitamos de un contacto (físico o no) especial para no sentirnos solas, las que no podemos decir las cosas con “naturalidad” y “tranquilidad”, las que necesitamos muchas veces pausar (incluso durante días) una conversación o discusión para calmarnos o reflexionar nuestras emociones y respuestas, las que padecemos de ansiedad, las depresivas, las compulsivas, las “demasiado” intensas, las que se interpretan como “demasiado poco empáticas”, las que necesitamos más atenciones, o las que no podemos siempre llevar las conversaciones “difíciles” cara a cara o necesitar expresar ciertas cosas a través de escritos, por chats u otras vías que nos permitan cierta “calma” y reflexión.

Estas personas somos a menudo expulsadas de algunas no-monogamias, aquellas más normativas o liberales. No obstante, no nos pensemos que se lo han inventado este tipo de no-monogamias, sino que es un pensamiento heredado de la monogamia y que lo que hace es multiplicarlo: es el capitalismo de las relaciones. Solamente las personas que se expresen tal como está estipulado que es “normal”, les que consiguen controlar el arte de la dominación a través de herramientas “neutras” como la comunicación no violenta, o les que reaccionan delante de los eventos con un drama “aceptable” a través de unos parámetros drama-normativos, serán les que ganen el premio de poder ser considerades válides para poder tener “relaciones” y para entrar en el club de estas no-monogamias de alto standing o “privilegiadas”.

No os penséis que me estoy inventando nada. Un ejemplo bastante descarado de lo que estoy comentando está en el libro de More than Two. Tengo que admitir que este libro me gustó bastante, recomiendo su lectura ya que hace una crítica importante hacia las relaciones jerárquicas y sus consecuencias (aunque no me identifico como poliamorosa y creo que le falta extender la crítica más allá de las relaciones románticas y sexuales). Ahora bien, solamente hace falta llegar al subcapítulo “Mental Health Issues and Poliamory” (dentro del capítulo 21 titulado “Poly Puzzles”) donde habla sobre salud mental para darnos cueta de que todavía nos queda mucho trabajo por hacer (en cuanto a discurso inclusivo, no a las personas que nos atraviesa el tema de la salud mental). Este subcapítulo básicamente lo que dice es que hay personas que debido a tener una salud mental más precaria o padecer de ciertos “trastornos” o neurodivergencias no podemos ser no monógamas: resumiendo de forma llana lo que dice es que las personas con depresiones, ansiedad, trastornos diagnosticados u otras neurodivergencias no podemos llevar las relaciones con “facilidad” y por tanto no podemos ser no monógamas porque se nos multiplica la complicación. ¿No hubiera sido más adecuado haber concluido que algunas no-monogamias se han construido con un discurso que excluye a las personas con trastornos o con neurodivergencias? ¿O, de forma ya más general, que hemos heredado socialmente un discurso sobre las relaciones que excluye a una parte de las personas? Evidentemente, un discurso donde los cuidados se contemplan de forma simplista, superficial, donde campa el individualismo, la competitividad y el consumismo relacional con discursos como “tenemos que adaptar nuestras relaciones a nuestras necesidades o gustos”, acaba excluyendo a todas aquellas que complicamos tal simplicidad y tal violencia relacional normalizada que solamente beneficia a quien más privilegios tiene.

Me gustaría remarcar que toda la dificultad que he expresado al principio del texto que me representan las relaciones no viene dada por la diferencia entre mi forma de funcionar y la que se ha estipulado como la que “tiene que ser”. El problema de base no es que haya diferentes formas de funcionar y diferentes necesidades, sino que el discurso sobre las relaciones no es sensible a las diferencias en comunicación, necesidades, o reacciones emocionales, y por tanto solamente beneficia a un funcionamiento: el “normal”. Si en vez de funcionar a través de normas implícitas que se tienen que suponer lo hiciera a través de la sensibilidad a la diferencia esta dificultad estaría repartida y suavizada. Es más, no solamente nos facilitarían la existencia a las que funcionamos de forma distinta, sino que sería una forma de romper con estructuras de poder, dominación y de generar relaciones más horizontales. Y de paso, romper también con el pensamiento monógamo, ya que es el que de por sí mismo nos excluye desde el principio.

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es ‘sólo’ un maltrato

por wuwei (natàlia)

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Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 23 de Noviembre.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

Durante aproximadamente tres años padecí una relación de maltrato. En realidad, fueron más de tres años, pero como era una relación invisible y está tan poco reconocido el maltrato en las relaciones que no son de pareja, que el maltrato se volvió más sutil y cuesta mucho más contabilizarlo. Bien, es más que eso, nos cuesta mucho a nosotras mismas ponerle nombre, y toda la estructura se confabula para que te sientas culpable para tan siquiera plantearte que estás siendo maltratada.

Podríamos decir que en realidad el maltrato duró seis o siete años, lo que duró toda la relación. No fue un maltrato ‘físico’, sino psicológico; pero no de esos en los que se pasan el día diciéndote que no vales nada, sino que fue más bien un maltrato que alternaba acoso con rechazo y abandono, invisibilización, control, mentiras, manipulaciones y consumo y explotación emocional. Todo esto, además, en un entorno laboral angustiante.

Y es que no se trataba de alguien con quien tuviera una relación de pareja. Esto no quiere decir que no hubiera habido sexo, o algún tipo de relación (de consumo) emocional, pero el componente romántico o no de la relación no era importante. O sí; sí que se convirtió en algo importante ya que, al no existir, al no ser una relación de pareja, ni un contexto romántico (o al menos reconocido como tal), la relación pasó a ser invisible. Y de la misma manera que cuando se dice ‘relación’ normalmente se piensa en ‘pareja’, y que cuando se dice ‘sentimientos’ normalmente se piensa que son románticos, cuando se dice ‘maltrato’ solamente se considera y reconoce aquél que se da en las relaciones de pareja.

No parece concebible que una relación que se considera desde fuera que es de amistad (o laboral) pueda ser de maltrato. De esta manera se invisibiliza más, no solamente el maltrato, sino también todas las consecuencias que tienes que vivir en silencio. Y finalmente también se puede, sin darte cuenta, alargar más en el tiempo.

Una de las grandes trampas fue la demanda de secretismo y de empatía como forma de control. Consecuencias: si hablas del maltrato estarás hablando de la relación, una relación que no tendría que existir y que se tendría que esconder, y por tanto serás eternamente culpable de todo, de hablar de lo que no tienes que hablar, de poner a la otra persona en una situación incómoda, o de hacerla salir de un armario (que es también una mentira y un engaño). Vergüenza. Un ciclo que no tiene fin. Bienvenidas todas al infierno de la violencia machista que nos coloca a las mujeres siempre en esta posición: nunca víctima, siempre culpable de todo.

Yo no padecí un maltrato físico; tampoco fue un maltrato psicológico ‘directo’ de esos en los que la otra persona no para de decirte que no vales nada. Este fue distinto, indirecto y sutil, implícito, nada explícito, y era yo quien, a través de diversos mecanismos, me creé la imagen de mi poco valor sin necesidad de que se me dijera directamente.

Dominación. La mentira, la manipulación que se apropiaba constantemente de mi consentimiento, robado a través también del acoso, que no era visible porque se disfrazaba de preocupación y de compañía laboral diaria, menguaron día tras día mi energía, mi salud mental, llevándome a mi límite emocional.

Todo esto sumándose a la comparación constante con otras relaciones más reconocidas que me llevaron a creer y sentir que el problema era yo que no valía suficiente, y que a través de la amenaza constante de exclusión me hacían entrar en un remolino de competición que acababa quitándome todavía más toda mi atención, energía y emociones. Tanta energía que ya no me quedaba nada para nadie más, aunque lo quisiera. ¿No es esto un mecanismo de alienación?

Pero la energía no solamente me la quitó para mis otras relaciones. Tampoco la tenía para el trabajo, lugar donde padecía una absorción considerable por el hecho de compartir espacio con él: se me hacía muy difícil la escapatoria. Y aquí el problema añadido era que no podía trabajar.

Además, en ese entorno laboral tenía muchas otras cosas que también me producían angustia y malestar: constantes técnicas de dominación para conseguir que trabajara más horas, una ayuda pésima en mi trabajo, y un entorno que poco a poco también menguaba mi estima. Día tras día mi productividad no era suficiente como para que se me considerara una persona mínimamente resolutiva (sumémosle el capitalismo).

¿Cómo podía ser ‘productiva’ si cada día tenía ataques de angustia solamente sentarme delante de la pantalla del ordenador? Mis jefes, al verme como una persona poco productiva acabaron confiando mucho menos conmigo que con el resto, y esto hizo que acabara teniendo un contrato mucho más precario y bajo unas condiciones de estrés más grande que las de mis compañeras, ya que la situación emocional a la que estaba hacía que necesitara trabajar más horas para hacer la misma cantidad de trabajo (si es que conseguía hacerlo).

Por lo tanto, a todos mis problemas de salud mental, relacionales (como he comentado por la falta total de energía hacia otras personas) y familiares, se sumaron también los económicos. A la larga, no solamente sufrí una explotación emocional considerable, sino también alienación, marginación y desempoderamiento. ¿Qué pasaba cuando intentaba explicarlo a alguien? Culpabilización: si no era porque me decían que ‘yo me dejaba’ era porque ‘me lo estaba buscando’, culpando a otros factores en mi vida, como el hecho de no ser monógama.

Precisamente el pensamiento monógamo fue una de las cosas que más invisibilizaron cualquier problema de la relación debido a no ser un ‘problema de pareja’. Es como funciona el pensamiento monógamo: solamente las emociones de pareja, los celos de pareja, las peleas de pareja, las relaciones de pareja son emociones, celos, peleas y relaciones ‘reconocidas’. Todo lo que pase fuera de una relación de pareja es automáticamente invisibilizado, menospreciado y ridiculizado; incluso el maltrato. Porque claro… ‘sólo’ es una amistad.

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mi proceso de independencia

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 23 de Octubre.  Podéis ver el artículo original aquí

 

El proceso de independencia de Cataluña ha acaparado totalmente la palabra ‘proceso’; ahora dices ‘proceso’ y parece que no se pueda estar hablando de alguna otra cosa. Yo siempre he sido (y soy) una gran amante de los procesos: en una sociedad que está obsesionada con los resultados, las metas, o las finalidades, nos olvidamos totalmente y constantemente de los caminos y de los procesos que pasamos para llegar a todas estas metas. El proceso es importante, y la finalidad solamente es un punto situado de forma un poco borrosa al final del camino. En nuestra sociedad la finalidad no es creada con la idea de que pueda cambiar mucho (cambia algunas veces, pero no está pensada ni planteada con la idea de que cambie). Pero cuando te sensibilizas más en los procesos que en las finalidades, éstas últimas acaban siendo maleables, cambiantes, adaptadas a los propios cambios que lleva el proceso o camino en sí mismo. La forma, el camino, es importante, y marca la diferencia ideológica. Creer que el camino no es importante es también una ideología, y va muy ligada al capitalismo y a todas las estructuras que vivimos, porque resulta que cuando no te preocupas por el camino, éste acaba surgiendo como está estipulado por las normas.

Como ya he comentado, yo soy una gran amante de los procesos: yo muy a menudo me defino como un proceso constante. Paralelamente a todo lo que ha estado pasando en Cataluña, yo también he estado pasando por procesos relacionados con una ruptura. Hace tres años más o menos empecé un proceso de ruptura de una relación de maltrato, aunque yo en ese momento no sabía muy bien que estaba iniciando una ruptura, ni de qué tipo, ni tenía muy claro lo que estaba pasando ni donde quería llegar. Cómo he comentado, para mí lo importante son los procesos y sólo sabía que necesitaba atravesar un montón de situaciones de las que quería salir y entender cómo quería empezar a construir relaciones. Me repetí muchas veces ese año que yo quería construir relaciones ‘políticamente conscientes’, un concepto que no tenía muy claro lo que significaba, y que ahora sí entiendo más. Da la casualidad que la finalización de este proceso de entender cómo construir relaciones políticamente conscientes ha acabado en un proceso de independencia/ruptura/autodeterminación/autonomía.

Una de las características de esa relación que viví fue la constante apropiación de mis emociones y voluntades. La apropiación va totalmente en contra del propio derecho a poder decidir, ya que lo que hace es apoderarse de tu voluntad: no eres tú quien decides, es la otra la que lo hac por ti (directa o indirectamente). Y, hubiera dado igual que se me hubiera preguntado si estaba o no de acuerdo con lo que estaba pasando, a modo de referéndum, o que se me preguntara qué quería planteándome varias opciones/resultados: tener derecho a voto no te da automáticamente voz en las cosas que te afectan. Además, la relación estaba basada en la mentira y la manipulación constantes con la intención de que yo acabara siempre escogiendo aquello que el otro quería de mí. Éste acto de objetificación no solamente me robaba la voz y la opinión, sino también me robaba la propia voluntad.

Las normas sociales que privilegian ciertas formas de relacionarse hacen que no veamos estos actos como actos de violencia. Estas normas, que repetimos todas y que son las ‘leyes’ y la ‘legalidad’ de las relaciones, conforman todo tipo de relaciones y en nuestra cultura (que también se ha impuesto sobre otras) se basan en la objetificación hacia las otras personas que comentaba en el apartado anterior. No seguir las normas, además, siempre tiene unas consecuencias: aislamiento, más maltrato, culpabilización, victimización del agresor, entre muchas otras. Una cosa que nos ha quedado clara de estas leyes sociales  es que siempre beneficiaran al privilegio (y de aquí sale la propia definición de privilegio).

Poder dejar una relación así no es nada fácil, no solamente por todos los mecanismos sociales con los que te han educado y que te han llevado a esa relación que tienes que conseguir deconstruir (faena), y de las faltas con las que te han construido a ti misma, sino también porque se despiertan muchos mecanismos sociales para que tu decisión no pueda ser respetada, y que, en una constante empatización hacia el privilegio (es mucho más fácil empatizar con la ‘norma’), siempre se te exija una demanda constante de diálogo y de hacer las cosas ‘bien’, ‘’bonitas’, o ‘de buenas’, que tengas paciencia, y que seas comprensiva. ¿Cuántas veces habré escuchado eso de ‘tienes que dejar las relaciones con amor’? Una afirmación que me encanta pero que tendría que ir siempre acompañada de una aclaración para diferenciar entre tipos de relaciones. Muchas veces la única forma de poder dejar una relación de poder es utilizando muchas técnicas consideradas ‘feas’ o poco ‘bonitas’: como, por ejemplo, huir sin dialogar. Querer dejar ‘relaciones de poder con amor’ acostumbra a ser un sinónimo de no conseguir dejarlas nunca. Es más, ¿por qué dialogar con quien por defecto te quita la voz en todo lo que te afecta?

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