cuando el lenguaje, las estructuras y la gente borran constantemente mis relaciones

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso de contenido: monosexismo, monogamia (estructura monógama), amatonormatividad, sexocentrismo, dualismo de género, borrado

El lenguaje es la herramienta que utilizamos para poder expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que queremos o lo que necesitamos. También es lo que usamos cuando queremos hablar de nuestras relaciones, de cómo nos relacionamos y de lo que sentimos respecto a ellas. No obstante, como ya he comentado anteriormente varias veces, el lenguaje ha sido construido a través de las estructuras sociales que nos rodean, y por tanto, no sólo hace que a menudo pueda ser directamente opresivo (machista, heterosexista, racista, capacitista, etc), sino que además puede no permitir poder expresar experiencias diferentes a la norma o al privilegio: el lenguaje común muchas veces implica perdernos todas las alternativas y las niega sistemáticamente.

A menudo siento mis relaciones borradas. Y no sólo borradas, sino también sustituidas por otras “cosas” que no las representan. Lo que quiero decir con “sustituidas” es que se cambian las importancias que yo les doy, que se cambian sus características, que expresan emociones que no son las que yo realmente siento. O sea, que no solamente no son, sino que además devienen otras cosas. Y es un problema que a veces no disminuye excesivamente en espacios donde podríamos sentirnos más segures de que esto no pasaría; por ejemplo, muchos espacios feministas y LGBTIA+ suelen ser monosexistas, cosa que nos lleva a invisibilizar muy buena parte de mi forma de relacionarme. El lenguaje tiene parte de responsabilidad en esto, pero además, la tiene también la forma que tenemos de construir conceptualmente todo lo que expresamos, y una cosa alimenta a la otra. Las personas que hablan desde fuera de mi experiencia, quiero decir, suelen imponerme no solamente el lenguaje, sino también su forma de ver y de dividir el mundo, que también puede ser en buena parte estructural.

El lenguaje común del paradigma monosexual (heterosexual/homosexual) divide las relaciones entre “homosexuales” o bien “heterosexuales”. Las personas bisexuales (y de otras plurisexualidades) al no sentirse representadas por esta forma de dividir las relaciones (o más bien al sentirse borradas) acostumbran a criticarla diciendo que las relaciones no tienen orientación, solamente las personas, y que por esto no podemos decir que una relación entre dos mujeres es lésbica sino que, simplemente, es una relación entre dos mujeres, ya que esto borraría la orientación de la que fuera bisexual (en el caso de que una de ellas lo fuera). Pero para mí esta respuesta es bastante reduccionista y no representa lo que muchas veces siento cuando me borran de esta manera (ya que yo me identifico como bisexual o polisexual). La cuestión es que esta forma de dividir las relaciones lo que hace es simplificar las relaciones como si  solamente estuvieran atravesadas por cuestiones románticas y/o sexuales y por cuestiones de género (que sus características se basan en si el género es “diferente” o “igual”) y supone géneros binarios, ya que comúnmente no se ve relación heterosexual como relación entre dos personas que no sean hombre/mujer.

Yo sí que creo que hay personas no monosexuales (bisexuales o de otras plurisexualidades) que tienen relaciones heterosexuales y/o relaciones homosexuales, pero no todas, ni esto es así por defecto, y hay quienes no lo sentimos ni lo vivimos así. ¿Qué pasa cuando la importancia de lo que está ocurriendo no gira alrededor del género de las dos personas sino de otros ejes? ¿Qué pasa cuando hay otros factores que tienes en cuenta y que pueden ser en aquella relación más importantes o pesar más? ¿Qué pasa con los géneros no binarios? O, también, ¿qué pasa cuando no basas tus relaciones (en cuanto a importancia) en las románticas y sexuales? Esto último es importante, porque “relación heterosexual u homosexual” es un paradigma basado en las relaciones sexuales o de pareja.

Podemos ver, entonces, que el paradigma monosexual es altamente monógamo, no sólo por lo que ya estaba comentando, sino también porque recae en la idea de que nos tenemos que sentir atraídes tanto románticamente como sexualmente por el mismo género: el género de la otra persona nos completa de alguna manera (la orientación sexual se creó conceptualmente para perpetuar esta monogamia cisheterosexual, aceptando desviaciones consideradas “enfermas”, donde nos tenemos que sentir atraídes románticamente y sexualmente hacia la misma persona y por tanto hacia un solo género). Así la monogamia utiliza una estructura más para colocar las relaciones románticas y sexuales en la parte más alta de la pirámide relacional. ¿Qué pasa cuando no te sientes atraíde románticamente y sexualmente por los mismos géneros?  ¿O qué pasa cuando no centras tus relaciones en las parejas y además hay la posibilidad de que tengas más de una relación sexoafectiva, afectiva o sexual con géneros diferentes? ¿Vives relaciones lésbicas? ¿Heterosexuales? ¿Skoliosexuales? Podría ser que sí, pero podría ser que no, y que tu forma de relacionarte en comparación cada una de las relaciones no se base en todo esto. En mi caso muchas veces gira mucho más alrededor de las neurodivergencias que alrededor del género, o de otros factores que dependerán de cada relación y persona.

Más allá del género, como ya estaba comentando anteriormente, el hecho de que casi siempre que se hable de relaciones se haga alrededor de las relaciones románticas y sexuales me dificulta mucho hablar de mis relaciones importantes, o en general de mis preocupaciones, ya que yo no centro mis relaciones en este tipo de jerarquías; o sea, que por defeco no suelo colocar las relaciones románticas y sexuales en una escala más importante por el hecho de ser de este tipo, y mis criterios de importancia suelen ser diferentes y variados según el momento y el contexto. Y es igual como yo lo exprese, cuando resulta que tienes que moverte en grupos y debates, todo el vocabulario tiende a centrarse en importancias diferentes a las mías y a borrar otra vez mis relaciones: cada vea que digo “relación”, “cuidados” o “comunicación”, estas resuenan en solamente un tipo de relación en las cuales yo no estoy (únicamente) pensando e intentando expresar y todas las que no son de pareja quedan automáticamente borradas. Incluso cuando he hablado de vivencias de maltrato ha sido a menudo borrado todo lo que he vivido fuera de las relaciones de pareja o similares.

Con todo esto siento que muchas de las sensibilidades que me orientan o me desorientan en mis relaciones no están reflejadas en todo este vocabulario, lenguaje o forma de conceptualizar, y hacen que, a la vez y sin darme cuenta, me oriente, me fije o fluya hacia una forma de relacionarme que no es la que quiero. Tengo tendencia a relacionarme y a sentirme atraída por personas según muchas sensibilidades que no siempre las atraviesa el género, a veces son otros factores contextuales. No por una cuestión fetichista (cuidado, porque esto pasa mucho), sino más bien por una cuestión de supervivencia y sensibilidad. Algunes dirán que el deseo no puede expresarse así, que une no lo puede “controlar”. Pero yo no hablo de control, yo hablo de cuestionarse y de sensibilizarse hasta el punto de que haya coas que en el fondo ya es imposible que te atraigan.

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organizarnos para tenernos en cuenta sin tener que follar todes

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: alosexismo, sexocentrismo, sexo, mención de traumas y violencia patriarcal

 

¿Cuántas veces he escuchado eso de ‘si nos organizamos follamos todas’? llevo escuchando (no continuamente, pero sí con cierta frecuencia) éste eslogan (y de muy parecidos) desde hace bastante tiempo. Un eslogan que siempre que lo escuchaba me quemaba por dentro. Me molestaba esta ‘obligatoriedad’ en la que parecía que todas teníamos que follar (y sobre todo desear follar). Siempre que esto me pasaba me callaba en silencio y pensaba que la molestia era debida a que el patriarcado no me dejaba liberarme.

Parece que la liberación ha de llevar (por narices) a un deseo sexual considerablemente aceptable en cantidad (cuantía estipulada en algún lugar que nunca he entendido cuál es) para todas y con unas necesidades parecidas; o sea, que lo que es normal es ‘desear’, y que la liberación consiste simplemente en buscar ese deseo, llevarlo fuera, mostrarlo y llevarlo a la práctica: follar todas. Finalmente, el discurso crítico y feminista le pondría el ‘añadido’ de cómo nos organizamos, como dejamos de competir, que seamos cooperativas, que rompamos estructuras de género, de orientación, de sexualidades, de prácticas, que hablemos de cuidados… pero tenemos que follar todas. Me atravesaba, me dolía, y yo giraba la espalda a aquellas sensaciones cuestionándome constantemente mi reacción adversa. ‘Estoy fatalmente limitada por el patriarcado’, me decía, mientras me miraba incrédulamente sospechando que alguna cosa no iba bien en todo este argumento que yo misma me dedicaba.

Durante una buena época relacioné todo eso que sentía a los traumas que arrastraba debido a agresiones y violencias que había padecido anteriormente. Todo tenía más sentido así: creí que esta supuesta limitación que me generaba el patriarcado venía fomentada, no solamente por la educación patriarcal, sino también por su violencia directa. Durante tiempo luché contra ésta posible consecuencia de los traumas, sin darme cuenta que incluso en el caso hipotético de que hubiesen sido los traumas los que me hubiera llevado hasta ese punto, luchar contra eso es suponer que tener un deseo sexual que se podría interpretar como inferior al que se ha estipulado como ‘normal’ (en un marco patriarcal, obviamente) es negativo y algo a cambiar por sí mismo.

Tengo que admitir que sean cuales sean los motivos por los cuales mi deseo parece ‘inferior’, o que tiene unos filtros distintos y más grandes a los estipulados como ‘normales’, ha hecho que necesite una confianza mucho más elevada con una persona antes de sentir cierto tipo de atracciones, cosa que me ha ayudado a defenderme de posibles situaciones extremadamente violentas. Además, que una persona que ha padecido algún trauma tenga que verse ‘obligada’ a enfrentarse con la sensación de tener ciertos tipos de deseos es altamente violento y poco cuidadoso (aquí se mezcla también con el poco cuidado y sensibilidad con la que se tratan los traumas en los discursos sexpositive más normativos, incluso con el discurso feminista).

Ya desde hace un tiempo me he aceptado como no alosexual, en algún punto del aspectro de la grisasexualidad. No me ha estado fácil esta identificación, ya que atracción siento, y sí que puedo sentir mucho, juntamente con mucho deseo, aunque no me pasa tampoco muy a menudo. Lo que he entendido es que tengo un filtro muy elevado en mis atracciones, no me siento atraída hacia demasiadas personas, y mi filtro es muy mental (tiene que ver con las conexiones o ciertas atracciones mentales que pueda tener y que construya). También me cambia con el tiempo, y he tenido épocas de muy poco deseo, seguidas de épocas con mucho más deseo.

Uno de los problemas que me encuentro más a menudo es que en nuestra forma de relacionarnos el sexo puede ser un indicador de jerarquía: tener sexo con una persona puede implicar la posibilidad de acabar dedicándole más tiempo, más cuidados, más compromiso o más importancia. Debido a esto, cuando una persona con quien yo mantengo una relación muy importante (sin que sea una relación sexual) ha empezado a tener una relación sexual con otra persona, suelo tener miedo a sentirme desplazada y dejada de lado. A veces me pregunto cuanta parte de deseo que muchas tenemos podría estar mezclada con el deseo de poder ser considerada, reconocida y tenida en cuenta. Es por esto, que esto ‘tenemos que follar todas’ me atraviesa todavía más.

El problema no radica en el deseo de liberación para poder tener mucho sexo, si es eso lo que se desea. Para mí el problema está en suponer que todas tenemos que tener el mismo tipo de deseo, y creer que si nuestro deseo es otro, es un problema. La liberación sexual (así como la afectiva) tiene que pasar para que todas podamos vivir nuestros deseos sin el temor estructural de que es algo malo: sea en la cantidad que sea. ¿No sería más crítico organizarnos para tenernos todas en cuenta sea lo que sea lo que compartamos entre nosotras? Incluso todas aquellas con las que no follamos, ni con las que tenemos relaciones románticas o de pareja, relaciones altamente jerarquizadas, invisibles y olvidadas.

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gordura y monogamia

por Kai Guerrero

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Siempre he sido gorde.

Desde parvulario tuve consciencia de ello. Les niñes se burlaban y cantaban canciones insultantes para cada vez que me veían. 

También en ese entonces tenía un compañero de clase y vecino con el que me llevaba muy bien. Rápidamente etiquetamos nuestro vínculo: eramos novies. Con apenas 4 años ya estábamos hablando de matrimonio. Quizás porque nos queríamos mucho y ya habíamos interiorizado esa idea de que hay grados en el quererse y el quererse mucho tiene que resultar en relación romántica, matrimonio y vivir juntes. Se suma aquí toda la carga heterosexista de que nuestro vínculo se leyó de forma romántica desde el instante en el que mostramos afecto y nosotres lo reproducimos. 

Es curioso como ya de pequeñe yo sentía un fuerte deseo por tener relaciones románticas. Al mismo tiempo que deseaba con toda las fuerzas del mundo parecerme de alguna forma a los referentes que me habían generado esos mismos deseos: Parejas heterosexuales y normativas (sobre todo físicamente normativas). Es decir, quería ser delgade, hetero y monógame. Suerte que se he me ha pasado esa fase, de lo contrario, vaya tragedia. 

Había aprendido que eso (ser delgade, hetero y monógame) era lo que debía desear y lo que hacer iba a feliz. Así que yo misme potencié y reproducí ese vínculo romántico antes de que pudiera entender en que consistía eso que yo quería vivir tan desesperadamente. 

Llego el momento en el que el niño empezó a sentirse avergonzado de «salir» con une niñe gorde. Terminó el vínculo conmigo presionado por las burlas de les demás. Yo tenía muy claro que mi condición de gorde tenía algo que ver, sea verdad o no, eso es irrelevante. El hecho es que sentí aquello como natural y dramático a la vez.  Él era un niño de los «populares» y yo era le niñe gorde: no podía haber unión más imposible. Más tarde hizo comentarios gordofóbicos sobre mi familia por lo cual mi hipótesis se vio reforzada: había sido gordofobia.

Así que fracasé en alcanzar esa meta que, cómo nos enseñan desde el día 0, es la llave de la felicidad. La consciencia de que mi gordura me impedía ese tipo de relación y con ello, ser una persona integrada y «normal», empezó a hacerme sentir gordofobia interiorizada de forma más evidente. Ahora me encanta no ser normal y vivir en los márgenes, pero me ha costado lo mío, vamos.

A lo largo de los años esta percepción de fracaso se acrecentó. De forma que el plantearme ningún tipo de relación romántica real me resultaba ridícula. Me repetía: «Nadie quiere estar con gordes. Ni siguiera otres gordes quieren estar con gordes.» Sentía que se me excluía de la receta mágica para la vida completa y dichosa.  Así pues, los finales felices me estaban vetados. Era un ser humano sin futuro posible, incompleto, roto.

En la adolescencia este sentimiento todavía me obsesionaba más. En casa todo era un desastre, me hacían bulling en clase, sufría gordofobia constantemente, desarrollé un trastorno alimenticio (sin diagnosticar durante muchos años, porque les médiques creen que les gordes no tenemos TCA, al parecer) y depresión. Me habían hecho creer que el amor todo lo vence que si encontraba a alguien especial todo el resto de cosas horribles de mi vida importarían menos. Se suponía que no necesitaba nada más para ser feliz que un novio (de nuevo el heterosexismo dando la lata). Estos mensajes que sistemáticamente nos impone la cultura de la monogamia, son los que luego propician relaciones de dependencia y abuso.

El caso es que muches gordes no llegamos a sufrir los efectos nocivos de la monogamia porque se nos excluye de ella. Así que es mucho más difícil darse cuenta de todo lo que implica la monogamia como estructura: objetivar a le otre, posesividad, competitividad, individualismo, falta de empatía y posesión, entre muchas otras cosas. 

Se nos impone un supuesto modelo único de felicidad al que no podemos acceder a causa de nuestro cuerpo, que es percibido como feo, enfermo y asqueroso. Por eso fácilmente nos sentimos condenades a la soledad, porque de entrada no se conoce una alternativa a la monogamia que no sea la soledad. Si no tienes pareja estarás sole y amargade, se tendrá lástima de ti.

Como gorde eso es lo que sabes que te espera el resto de tu vida. Es lo que cuenta la narrativa gordofóbica:  nadie nos va a querer, especialmente de forma romántica, y  nadie va a querer tener sexo con nosotres. Porque damos asco y es mejor alejarse de nosotres. Tener esto interiorizado hasta la médula me llevo a tener relaciones sexuales con un tío que no me gustaba, porque era «mi única oportunidad de saber lo que es tener sexo». El tío era un machista asqueroso, pero yo sentía que debía sentirme agradecide porque alguien se fijara en mí. Esto acabó desembocando en abuso sexual.

Paralelamente a la idea de que nadie va a querernos,  desde la monogamia, se nos dice que si no tenemos una relación de pareja y sexo no podemos tener una vida completa.

En conclusión, la percepción inicial de une gorde es que siempre va a ser infeliz a no ser que adelgace, porque de otra forma no encontrará pareja. 

En mi caso resultó en idealizar las relaciones románticas y la monogamia, lo cual, evidentemente, resultó ser un desastre. 

Hasta que me encontré con las no-monogamias. 

Pero claro, si ya resultaba complicado pensar en una sola persona que se interesara por mí y habiendo interiorizado que si eso ocurría era un «golpe de suerte» o «a pesar de mi gordura», el plantearme gestionar aquello me parecía imposible.

Siempre me sentía inferior a mis novies cuando era monógame. Pensamientos como «está conmigo por desesperación», «porque no ha encontrado a nadie mejor», «le doy pena», pensamientos muy dañinos para mí, pero también para la persona. Esto, en realidad se aplicaba a todas mis relaciones, pero se acentuaban cuando había intimidad física. 

El miedo al abandono, el miedo a ser reemplazade… la monogamia crea la falsa ilusión de que es más estable, de crear vínculos más comprometidos a partir de la incondicionalidad. En realidad acaba por ser muy tóxico porque me llevaba a dejarme machacar y olvidarme de mí misme. Porque si no quería «incondicionalmente» no quería de verdad y merecía el abandono. Y con lo difícil que era para mí encontrar a alguien que me «aceptara», no me podía permitir el abandono. 

Esta supuesta estabilidad, por lo tanto, es una falacia, porque al final la cultura de la monogamia lo que promueve es un consumo de relaciones. Tener una relación, objectivizar a le otre y pedir que cumpla todas tus necesidades y proyectar toda tu energía en una sola persona hasta que la cosa explote y NEXT. Promueve una falta de comunicación, porque se construye a partir de un modelo rígido con códigos inamovibles. 

Así que no me servía, no me servía un modelo en el que tenía que me forzaba una forma de vivir y de relacionarme que me hacía daño. Poco a poco he ido desmontando los mitos del amor romántico que me mantenían ligade a relaciones que me consumían.

Aún siendo consciente de eso, el ser une gorde no-monógame implica para mí tener que deconstruirme desde mi posición dentro de la sociedad, una posición que me ha sido marcada a fuego desde parvulario, como he explicado antes.

Mi identidad ha estado siempre ligada a la soledad, el entender que no es así, que mis vínculos no tienen por qué girar en torno al sexo, que puedo no tener relaciones románticas, que no tenerlas no significa  estar sole, que aquello sobre lo que siempre he fantaseado es un gran fiasco… pues no me ha resultado fácil. No me está resultando fácil. 

El siguiente paso para mí, ha sido desmitificar las no-monogamias.

También hay gordofobia en las no-monogamias. También se reproducen estructuras de poder, jerarquías y demás mierdas de esta maravillosa sociedad en la que vivimos. 

Me han dicho alguna vez que he adoptado esta forma de relacionarme para follar más porque como soy gorde, así tendré más oportunidades, porque además soy bisexual. Como si la gente por ser no-monógama fuera menos gordofóbica y nos rechazara menos, como si todo el mundo quisiera follar, como si el hecho de ser no-monógame y bisexual automáticamente significara follar más. 

Lo que sí que me ocurre es que me cuesta mucho no darle una importancia especial a mis vínculos más románticos, porque toda la vida se me han negado la posibilidad de vivirlos y ver que puedo tenerlos, que realmente puedo follar con gente, que realmente puedo gustarle a alguien, pues sigue siendo algo que me cuesta digerir y me crea mucha inseguridad. Y si esa persona se relaciona romántica y sexualmente con otra gente y son personas delgadas, es fácil que me sienta inferior, que me compare, que sienta competitividad. Eso está ahí, porque me cuesta entender que alguien elija tener un vínculo sexual, afectivo y/o romántico con une gorde como yo y el miedo al abandono está latente constantemente. 

Es decir,  me genera el miedo de que se creen dependencias y jerarquías que reproduzcan justo lo que no me gusta de la monogamia. 

Por un lado, si como gorde me cuesta más relacionarme a un nivel sexual porque se me rechaza y, pongamos, solo tengo un vínculo sexual/romántico siento que hay gran peligro de que se cree (en forma de réplica de una relación monógama de competividad) la percepción de que «la única persona que me quiere es elle» y «elle tiene más relaciones porque es delgade». Así, no solo entraría a compararme con elle, sino con el resto de relaciones de su red afectiva. Compararse genera competitividad y eso acaba por crear vínculos tóxicos.

 Por otro lado, como he comentado, no creo que las no-monogamias están libres de gordofobia. No es garantía de no ser invisibilizade, rechazade, compadecide y fetichizade. Al final el eje de opresión en torno a la gordura es el mismo, seas monógame o no. Tener la ilusión de que no se te va a rechazar porque es gente que se ha replanteado las relaciones, creo que puede ser problemático, porque no ser monóhame no significa que se hayan desconstruido la gordofobia (ni el machismo, ni el cissexismo, ni el monosexismo etc.).

También está el tema de que algunes nos vean, a les gordes no monogames, como objetivos fáciles. O sea, personas desesperadas que accederemos a mantener cualquier tipo de relación con cualquiera, sin filtros, porque estamos desesperades por tener sexo. 

En resumen, podemos ser víctimas del fetichismo o la exclusión de la misma forma que lo somos en el imaginario monógamo.

 

 Y a veces une se puede preguntar, ¿si me voy a sentir igualmente  rechazade e insegure para qué me meto en esto?

Para mí la clave es construir un entrono no monógamo sensible a las estructuras de poder y sistema de opresiones. No basta con no ser monógame si tus relaciones no son sensibles al feminismo, a la lucha trans, a las neurodivergencias o a lo que sufrimos las personas gordas entre otras muchas cosas. 

Con ayuda de este entorno que tengo la suerte de estar construyendo día a día, he empezado a desidealizar las relaciones románticas poco a poco.

No soy menos por no tener sexo con nadie (ese pensamiento además es bastante alosexista). 

No soy menos porque nadie quiera tener sexo conmigo. 

No estoy obligade a tener sexo con nadie porque sienta que tengo demostrar que alguien me desea. No soy importante en la medida que les demás me deseen sexualmente. No soy menos por no tener una relación romántica con nadie. Si alguien me rechaza por gorde se retrata elle, yo no tengo nada que ver en su gordofobia.

He dejado de asumir que tengo que esperar pasive a que alguien se me acerque, que no todo el mundo siente asco cuando me ve, que puedo construir relaciones sanas.

Estoy combatiendo mis propios monstruos con todo ello, cuestionándome constantemente. Aunque mi gordofobia interiorizada asome de vez en cuando y me diga que todo es inútil, que me estoy intentando engañar y que las no-monogamias son otra forma de maquillar que voy a estar sole siempre. 

Ahora sé que no es verdad. Mis vínculos, tengan componentes románticos y/o sexuales o no, son importantes y estoy consiguiendo construir una red afectiva maravillosa a pesar de todo el peso de la monogamia y la gordofobia.

Parece que la sociedad nos dice que las personas tenemos que subir una escalerita de relaciones que nos otorga un estatus y unos privilegios. Y que les gordes, por gordes y torpes nos quedamos abajo. Pero mandemos a la mierda la escalera y a estructura que la sustenta!

Cada vez me siento mejor aquí, donde estoy teniendo la oportunidad de mirarme al espejo y saber que valgo por mí misme y no en relación a les demás. Que mi vida no tiene por qué girar en torno al sexo y el amor romántico, que mi vida no está vacía por ello.

Por mucho que me quieran infeliz, me resisto.


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