encuentros sobre anarquía relacional – segundo encuentro el 14 de abril

por wuwei (natàlia)

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El día 14 de Abril haré el taller de ‘deconstruir contextos para construir relaciones‘, el segundo taller que dinamizaré dentro del ciclo que organiza  Veusambveu titulado ‘Trobades sobre anarquisme relacional’. Si os interesara y os fuera bien asistir os tendríais que inscribir en el correo electrónico de  veusambveu.editorial@gmail.com  ya que hay un límite de plazas de 20 personas. El lugar donde se realizará el taller es C/ Picalquers, 2, Barcelona. No hace falta haber asistido al primer encuentro para inscribirse, aunque se dará preferencia a quien ya haya venido al primero.

Aquí tenéis el evento de facebook donde también se anuncia el último encuentro, un espacio de debate el día 5 de Mayo por la tarde. Más info en: https://www.facebook.com/events/171593670142565/

 

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memorias de una C y taller de técnicas de dominación en Madrid (Abril)

por wuwei (natàlia)

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Los días 28 y 29 de abril voy a estar en Madrid para repetir la charla de Memorias de una C y dinamizar un taller de técnicas de dominación. La charla de Memorias de una C la haré el sábado 28 de abril a las 18h en La mala mujer (c/ Mesón de Paredes, 76, Madrid), y no hace falta inscribirse, pero el aforo es limitado. El taller de técnicas de dominación lo haré el domingo 29 de abril a las 18h también en La mala mujer ; en el taller sí que hace falta inscripción, ya que el límite de plazas es 20. Inscripciones para el taller en info@interpuzzle.es

En las dos actividades haré taquilla inversa (aportación sugerida entre 5 y 10€ pero no dejes de venir por no poder pagarlo).

Aquí tenéis los dos eventos de facebook:

https://www.facebook.com/events/365960850571214
https://www.facebook.com/events/595767387431371/

Nos vemos en Madrid 🙂

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relaciones a nuestra medida: no-monogamias de pensamiento monógamo y liberal

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: pensamiento monógamo, pensamiento liberal de las relaciones

 

En algunas no-monogamias un pensamiento que se repite bastante es la idea de que las relaciones las tenemos que construir a nuestra medida: encontrar cuáles son nuestros deseos, necesidades y voluntades y a parir de aquí construir los tipos de relaciones que nos van bien y queremos, cómo si las relaciones tuvieran que ser un objeto hecho a medida para nuestras necesidades. Esta idea intenta diferenciarse de la monogamia (de hecho se intenta presentar cómo ‘la’ alternativa a la monogamia), ya que la monogamia nos impone un único modelo de relación que no tiene en cuenta nuestras necesidades, deseos o gustos. Pero aunque esta idea parece una verdadera ‘alternativa’ al discurso monógamo, la realidad es que lo que hace es reproducir un pensamiento muy parecido pero de carácter más liberal que acaba beneficiando a quien más privilegios tiene.

Esta forma de ver las relaciones proviene de la idea de que nuestro entorno (y por tanto nuestras relaciones o las personas con las que nos relacionamos) están a nuestro servicio y las modificamos y amoldamos a lo que nosotres necesitamos: un acto de objetificación que olvida que éstas otras personas también puedan tener necesidades, deseos o voluntades que pueden ser diferentes a las nuestras o incompatibles y a las cuales también tenemos que ser sensibles (y que se podría ampliar a todo lo que no son relaciones, perdiendo la sensibilidad con el funcionamiento de nuestro entorno o medio ambiente). Moviéndonos con este pensamiento, las personas que tienen más privilegios les es más fácil obtener sus necesidades ya que el sistema, a través de creencias sociales y normas,  les provee con mucha más facilidad, mientras que las personas con menos privilegios respecto las primeras acaban siendo las que se amoldan y se adaptan.

Una forma de construir relaciones siendo conscientes de nuestro entorno, y por tanto siendo conscientes de las otras personas, no solamente tiene que pasar por entender qué queremos nosotres, sino también qué quieren o pueden aportar a la relación las personas con las que nos relacionamos, y qué quieren y necesitan ellas. Ser conscientes de les otres significa no adaptarlas a nosotres, sino encontrar maneras de construirnos que nos puedan tener en cuenta a las personas que componen la relación, y adaptarnos un poco también a qué nos pueden aportar elles o qué nos aportan. Y, finalmente, y no menos importante, ser conscientes de que nos movemos en un mar muy complicado de estructuras de poder que no nos sitúan a todes en el mismo lugar y que además influyen y afectan todas estas necesidades y deseos (tanto porque las estructuras nos construyen parte de las necesidades como también porque nos vulnerabilizan a muches cuando nuestras necesidades no están cubiertas de forma sistemática).

Pasa parecido cuando hablamos de cuidados: creemos que cuidar es hacer aquello que para nosotres significa cuidar y que tenemos que aceptar que les demás nos cuidarán como elles sienten que es cuidar. Y podría ser (y de hecho pasa muchísimo) que para otra persona cuidar signifique hacer ciertas cosas que yo no necesito, y que en muchos casos me va mal que se me hagan. Pero cuando cuidamos… se trata de le otre, ¿no? De tenerla en cuenta, quiero decir (cuando no nos referimos a auto-cuidados, obviamente). En realidad si lo que queremos es tener cuidado de le otre lo que tendríamos que hacer es entender qué necesita le otre para sentirse cuidade en vez de pensar siempre en nosotres y qué necesitamos para sentir que cuidamos. Al final parece que los cuidados acaben tratándose más de ‘sentirnos tranquiles y buenas personas porque cuidamos’ y no de tener en cuenta el valor de la otra persona. Hace falta enfatizar que ser sensibles a qué necesiten les demás para sentirse cuidades no tiene que implicar automáticamente tener que cumplir los deseos de la otra persona, sino simplemente ser conscientes de ellos y tenerlos en cuenta.

Adaptar nuestro entorno a nosotres es un pensamiento liberal que se refleja también a como vemos nuestro medio ambiente y el tejido social (en el que nos movemos y el que está más allá pero que también es afectado por nosotres). Para mí la alternativa a la idea monógama de que las relaciones están establecidas a través de parámetros estructurales que no tienen en cuenta mis deseos, necesidades ni voluntades, no es dejar de tener en cuenta los deseos, necesidades ni voluntades de les otres, haciendo lo mismo que hace la monogamia pero ejerciéndolo como persona con más privilegios a través de un discurso liberal de las relaciones. Una alternativa a la imposición de la monogamia es la de valorar cada una de las relaciones que tenemos por lo que nos aporta y pueda aportar cada une a parte de lo que nosotres podamos desear de elles.

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el mundo de las relaciones: un club exclusivo de alto standing

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: capacitismo, neurocapacitismo, exclusión

 

Las relaciones se han convertido en una parte importante (y principal) de mis preocupaciones. Uno de los motivos de esta preocupación es que las relaciones son el vehículo de la violencia estructural y porque, además, somos dependientes de ellas: tenemos una interdependencia con el entorno (y por tanto también dependemos de las personas que nos rodean y con las que nos relacionamos). Sumado a todo esto, a mí las relaciones siempre me ha costado llevarlas con una cierta “normalidad”: me han pesado, se me han hecho incomprensibles y complicadas. Esto es debido a que me cuesta entender el funcionamiento “normal” (tipificado) de la gente, descifrarla, leerla o ver aquellas normas sociales escondidas, implícitas (no explicadas de forma más explícita, sino que se tienen que interpretar), supuestas y que todes parecen comprender: aquellas que socialmente se cree que yo tendría que entender también “por defecto”. Las situaciones conflictivas se me hacen cuesta arriba, ya que mis necesidades en la comunicación no suelen encajar con las que “tienen que ser” (incluso en algunos momentos se confunden y se interpretan como hostiles o esquivas) que, sumado al factor de que debido a mi género mis necesidades han sido negadas de forma sistemática, hace que muchas veces sienta la necesidad de evitar y rechazar el conflicto. Todo esto también ha sido un motivo por el cual las relaciones se han convertido en el centro de muchas de mis reflexiones.

Las relaciones también son un vehículo de violencia totalmente normalizada, implícita y reglada. Otro motivo que hace de las relaciones un tema tan importante es que las estructuras de poder se reproducen a través de éstas: la opresión consiste en un conjunto de mecanismos que se articulan a través de las relaciones a escalas muy diferentes (relaciones afectivas, amorosas, sexuales, familiares, laborales o institucionales, entre otras). Las estructuras, a través de estos mecanismos relacionales, excluyen, marginan, explotan, alienan, desempoderan o violentan. Las técnicas de dominación se ejercen de forma muy “normalizada” a través del lenguaje, de las normas sociales o de la forma de expresarnos (no solamente verbalmente, sino también corporalmente).

Finalmente, con todo esto se añade que por defecto la forma de relacionarnos está basada en el capitalismo de las relaciones (muy ligado al pensamiento monógamo y relacional en general): la objetificación con la que nos relacionamos por defecto (que hace que veamos a las demás personas como “objetos” para satisfacer nuestros deseos y necesidades sin tener en cuenta los de la otra persona), la competitividad entre personas para poder ser reconocidas por una misma relación, el consumismo relacional, o las demandas que excluyen a personas con menos privilegios y que benefician a quien más privilegios tiene. De esta manera tan violenta, las personas que quedan más en los márgenes, ya no solamente por su género o por su orientación sexual, sinó también las feas, las gordas, las personas con diversidad funcional, las neurodivergentes, las pobres, las racializadas… tienen/tenemos muchas más probabilidades de quedarse/nos “fuera”. Quedarse “fuera” puede tener muchas implicaciones: tanto afectivas, físicas (como el capital sexual), de salud (tanto mental como física también), o incluso económicas, entre otras.

En este grupo de “excluídas” estamos también aquellas que tenemos formas de comunicarnos que suelen ser interpretadas como “poco naturales”, “frías”, “dramáticas”, “extrañas” o “poco sinceras”: las que no podemos mirar a los ojos cuando nos hablan, las que nos cuesta el contacto físico en situaciones emocionalmente complicadas (o simplemente que no les gustan ciertas proximidades o contactos físicos), las que necesitamos de un contacto (físico o no) especial para no sentirnos solas, las que no podemos decir las cosas con “naturalidad” y “tranquilidad”, las que necesitamos muchas veces pausar (incluso durante días) una conversación o discusión para calmarnos o reflexionar nuestras emociones y respuestas, las que padecemos de ansiedad, las depresivas, las compulsivas, las “demasiado” intensas, las que se interpretan como “demasiado poco empáticas”, las que necesitamos más atenciones, o las que no podemos siempre llevar las conversaciones “difíciles” cara a cara o necesitar expresar ciertas cosas a través de escritos, por chats u otras vías que nos permitan cierta “calma” y reflexión.

Estas personas somos a menudo expulsadas de algunas no-monogamias, aquellas más normativas o liberales. No obstante, no nos pensemos que se lo han inventado este tipo de no-monogamias, sino que es un pensamiento heredado de la monogamia y que lo que hace es multiplicarlo: es el capitalismo de las relaciones. Solamente las personas que se expresen tal como está estipulado que es “normal”, les que consiguen controlar el arte de la dominación a través de herramientas “neutras” como la comunicación no violenta, o les que reaccionan delante de los eventos con un drama “aceptable” a través de unos parámetros drama-normativos, serán les que ganen el premio de poder ser considerades válides para poder tener “relaciones” y para entrar en el club de estas no-monogamias de alto standing o “privilegiadas”.

No os penséis que me estoy inventando nada. Un ejemplo bastante descarado de lo que estoy comentando está en el libro de More than Two. Tengo que admitir que este libro me gustó bastante, recomiendo su lectura ya que hace una crítica importante hacia las relaciones jerárquicas y sus consecuencias (aunque no me identifico como poliamorosa y creo que le falta extender la crítica más allá de las relaciones románticas y sexuales). Ahora bien, solamente hace falta llegar al subcapítulo “Mental Health Issues and Poliamory” (dentro del capítulo 21 titulado “Poly Puzzles”) donde habla sobre salud mental para darnos cueta de que todavía nos queda mucho trabajo por hacer (en cuanto a discurso inclusivo, no a las personas que nos atraviesa el tema de la salud mental). Este subcapítulo básicamente lo que dice es que hay personas que debido a tener una salud mental más precaria o padecer de ciertos “trastornos” o neurodivergencias no podemos ser no monógamas: resumiendo de forma llana lo que dice es que las personas con depresiones, ansiedad, trastornos diagnosticados u otras neurodivergencias no podemos llevar las relaciones con “facilidad” y por tanto no podemos ser no monógamas porque se nos multiplica la complicación. ¿No hubiera sido más adecuado haber concluido que algunas no-monogamias se han construido con un discurso que excluye a las personas con trastornos o con neurodivergencias? ¿O, de forma ya más general, que hemos heredado socialmente un discurso sobre las relaciones que excluye a una parte de las personas? Evidentemente, un discurso donde los cuidados se contemplan de forma simplista, superficial, donde campa el individualismo, la competitividad y el consumismo relacional con discursos como “tenemos que adaptar nuestras relaciones a nuestras necesidades o gustos”, acaba excluyendo a todas aquellas que complicamos tal simplicidad y tal violencia relacional normalizada que solamente beneficia a quien más privilegios tiene.

Me gustaría remarcar que toda la dificultad que he expresado al principio del texto que me representan las relaciones no viene dada por la diferencia entre mi forma de funcionar y la que se ha estipulado como la que “tiene que ser”. El problema de base no es que haya diferentes formas de funcionar y diferentes necesidades, sino que el discurso sobre las relaciones no es sensible a las diferencias en comunicación, necesidades, o reacciones emocionales, y por tanto solamente beneficia a un funcionamiento: el “normal”. Si en vez de funcionar a través de normas implícitas que se tienen que suponer lo hiciera a través de la sensibilidad a la diferencia esta dificultad estaría repartida y suavizada. Es más, no solamente nos facilitarían la existencia a las que funcionamos de forma distinta, sino que sería una forma de romper con estructuras de poder, dominación y de generar relaciones más horizontales. Y de paso, romper también con el pensamiento monógamo, ya que es el que de por sí mismo nos excluye desde el principio.

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amor crítico y condicional

por wuwei (natàlia)

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Una de las muchas creencias en nuestra sociedad y cultura es que el amor, para que sea de verdad, tiene que ser infinito e incondicional. No es que no existan otros grados o no puedan existir, sino que este tipo de amor es aquel que es realmente genuino. Ponte, dentro de este marco, a explicarle a la gente que pones condiciones a tu amor: la mayoría de personas creerán que lo que hacer es “cobrar” por querer pidiéndole a la otra persona alguna cosa a cambio. Esta suposición nos hace poner automáticamente los pelos de punta a muches, especialmente cuando lo que nos imaginamos se acercaría a un chantaje emocional. Pero, en una sociedad donde algunes padecemos tantas violencias a través de los intercambios amorosos (no necesariamente todos de “pareja”)… ¿no es necesario protegernos poniendo ciertos tipos de condiciones y límites a nuestros amores?

La incondicionalidad en el amor es una trampa con la que nos han educado especialmente a las mujeres. Amar sin ninguna condición es dejar la puerta abierta a que delante de ciertas violencias, especialmente las estructurales, no podamos hacer otra cosa que seguir amando y, en consecuencia seguir aguantando la violencia sin poder hacer ninguna crítica, defendernos, o protegernos. Algunas personas podrían decir que no es lo mismo amar que soportar violencia; esto podría ser así si en nuestra cultura no hubiera implícito el perdón y el “pasar por alto” dentro de conceptos como son el amor: el perdón, el olvido y el seguir dando y aguantando sin ningún tipo de requisito.

Por otro lado, la infinitud del amor se repite mucho en entornos no monógamos debido a la suposición que hacemos de que amar a una sola persona es amar de forma “limitada” y que para poder amar a muchas personas se tiene que hacer infinitamente. Seamos sinceres, se puede amar infinitamente a una sola persona: sí, sea o no infinito tu amor, el hecho de que lo concentres en un número más pequeño no lo hace menos infinito, sino más concentrado.

Por tanto, se puede amar infinitamente a una persona, y caer en una trampa (infinita) del amor romántico monógamo. Un error en el que se suele caer cuando se reproduce el discurso de que el amor es infinito es el de ir generando relaciones sin ningún tipo de límite y sin tener en cuenta como distribuyo mi tiempo. Finalmente lo que suele pasar es que se menosprecia totalmente la importancia del tiempo que se comparte, de los cuidados o de los compromisos. Es la excusa perfecta: mi tiempo es finito (por tanto no te puedo dedicar tiempo), pero ya te puedes sentir tranquile, ya que como que mi amor es infinito, ya te quiero y con esto ya te puedes sentir cuidada.

Creer que para todes el amor puede ser infinito también es creer que todes tenemos las mismas capacicades emocionales o que podemos permitirnos desgastarnos con grandes intensidades emocionales. Algunes de nosotres necesitamos, por ejemplo, ponernos ciertos límites emocionales para poder cuidarnos a nosotres mismes y no desgastarnos, u otres tampoco tendrásn la misma energía emocional para poder dedicar a les otres. Como ya he comentado en el apartado anterior, el problema no es la cantidad de amor o emociones que tenga, sino como se reparten todas estas entre nuestras relaciones. Romper con la monogamia no tiene porque pasar por una multiplicación de lo que ya teníamos (que también derivaría a una multiplicación de la propiedad de las relaciones o una acumulación), sino de una forma diferente de repartir(nos) y de compartir(nos).

Condicionar nuestras emociones, o al menos como las dedicamos, y poner ciertos límites, es una forma revolucionaria de cuidarnos y de cambiar el paradigma imperante de algunas de las características del amor romántico. Cada vez que defiendo un amor crítico y condicional algunes me acusan de ser “excesivamente” mental y poco emocional. Esto es sólo una trampa: a muches el amor infinito e incondicional nos ha arrastrado a límites emocionales que ha desgastado nuestra salud mental.  Yo no quiero un “amor de verdad”, yo quiero compartir(me) de manera más sensible, y el amor crítico y condicional ha sido mi salvación.

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es ‘sólo’ un maltrato

por wuwei (natàlia)

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Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 23 de Noviembre.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

Durante aproximadamente tres años padecí una relación de maltrato. En realidad, fueron más de tres años, pero como era una relación invisible y está tan poco reconocido el maltrato en las relaciones que no son de pareja, que el maltrato se volvió más sutil y cuesta mucho más contabilizarlo. Bien, es más que eso, nos cuesta mucho a nosotras mismas ponerle nombre, y toda la estructura se confabula para que te sientas culpable para tan siquiera plantearte que estás siendo maltratada.

Podríamos decir que en realidad el maltrato duró seis o siete años, lo que duró toda la relación. No fue un maltrato ‘físico’, sino psicológico; pero no de esos en los que se pasan el día diciéndote que no vales nada, sino que fue más bien un maltrato que alternaba acoso con rechazo y abandono, invisibilización, control, mentiras, manipulaciones y consumo y explotación emocional. Todo esto, además, en un entorno laboral angustiante.

Y es que no se trataba de alguien con quien tuviera una relación de pareja. Esto no quiere decir que no hubiera habido sexo, o algún tipo de relación (de consumo) emocional, pero el componente romántico o no de la relación no era importante. O sí; sí que se convirtió en algo importante ya que, al no existir, al no ser una relación de pareja, ni un contexto romántico (o al menos reconocido como tal), la relación pasó a ser invisible. Y de la misma manera que cuando se dice ‘relación’ normalmente se piensa en ‘pareja’, y que cuando se dice ‘sentimientos’ normalmente se piensa que son románticos, cuando se dice ‘maltrato’ solamente se considera y reconoce aquél que se da en las relaciones de pareja.

No parece concebible que una relación que se considera desde fuera que es de amistad (o laboral) pueda ser de maltrato. De esta manera se invisibiliza más, no solamente el maltrato, sino también todas las consecuencias que tienes que vivir en silencio. Y finalmente también se puede, sin darte cuenta, alargar más en el tiempo.

Una de las grandes trampas fue la demanda de secretismo y de empatía como forma de control. Consecuencias: si hablas del maltrato estarás hablando de la relación, una relación que no tendría que existir y que se tendría que esconder, y por tanto serás eternamente culpable de todo, de hablar de lo que no tienes que hablar, de poner a la otra persona en una situación incómoda, o de hacerla salir de un armario (que es también una mentira y un engaño). Vergüenza. Un ciclo que no tiene fin. Bienvenidas todas al infierno de la violencia machista que nos coloca a las mujeres siempre en esta posición: nunca víctima, siempre culpable de todo.

Yo no padecí un maltrato físico; tampoco fue un maltrato psicológico ‘directo’ de esos en los que la otra persona no para de decirte que no vales nada. Este fue distinto, indirecto y sutil, implícito, nada explícito, y era yo quien, a través de diversos mecanismos, me creé la imagen de mi poco valor sin necesidad de que se me dijera directamente.

Dominación. La mentira, la manipulación que se apropiaba constantemente de mi consentimiento, robado a través también del acoso, que no era visible porque se disfrazaba de preocupación y de compañía laboral diaria, menguaron día tras día mi energía, mi salud mental, llevándome a mi límite emocional.

Todo esto sumándose a la comparación constante con otras relaciones más reconocidas que me llevaron a creer y sentir que el problema era yo que no valía suficiente, y que a través de la amenaza constante de exclusión me hacían entrar en un remolino de competición que acababa quitándome todavía más toda mi atención, energía y emociones. Tanta energía que ya no me quedaba nada para nadie más, aunque lo quisiera. ¿No es esto un mecanismo de alienación?

Pero la energía no solamente me la quitó para mis otras relaciones. Tampoco la tenía para el trabajo, lugar donde padecía una absorción considerable por el hecho de compartir espacio con él: se me hacía muy difícil la escapatoria. Y aquí el problema añadido era que no podía trabajar.

Además, en ese entorno laboral tenía muchas otras cosas que también me producían angustia y malestar: constantes técnicas de dominación para conseguir que trabajara más horas, una ayuda pésima en mi trabajo, y un entorno que poco a poco también menguaba mi estima. Día tras día mi productividad no era suficiente como para que se me considerara una persona mínimamente resolutiva (sumémosle el capitalismo).

¿Cómo podía ser ‘productiva’ si cada día tenía ataques de angustia solamente sentarme delante de la pantalla del ordenador? Mis jefes, al verme como una persona poco productiva acabaron confiando mucho menos conmigo que con el resto, y esto hizo que acabara teniendo un contrato mucho más precario y bajo unas condiciones de estrés más grande que las de mis compañeras, ya que la situación emocional a la que estaba hacía que necesitara trabajar más horas para hacer la misma cantidad de trabajo (si es que conseguía hacerlo).

Por lo tanto, a todos mis problemas de salud mental, relacionales (como he comentado por la falta total de energía hacia otras personas) y familiares, se sumaron también los económicos. A la larga, no solamente sufrí una explotación emocional considerable, sino también alienación, marginación y desempoderamiento. ¿Qué pasaba cuando intentaba explicarlo a alguien? Culpabilización: si no era porque me decían que ‘yo me dejaba’ era porque ‘me lo estaba buscando’, culpando a otros factores en mi vida, como el hecho de no ser monógama.

Precisamente el pensamiento monógamo fue una de las cosas que más invisibilizaron cualquier problema de la relación debido a no ser un ‘problema de pareja’. Es como funciona el pensamiento monógamo: solamente las emociones de pareja, los celos de pareja, las peleas de pareja, las relaciones de pareja son emociones, celos, peleas y relaciones ‘reconocidas’. Todo lo que pase fuera de una relación de pareja es automáticamente invisibilizado, menospreciado y ridiculizado; incluso el maltrato. Porque claro… ‘sólo’ es una amistad.

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¿donde pongo mis atenciones? una cuestión también de género

por wuwei (natàlia)

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Una de las últimas modas, especialmente en entornos no monógamos, es la de “fluir en las relaciones”. Yo siempre he sido (y aún soy) muy fan del concepto de “fluir” en muchos ámbitos: adaptarme a las situaciones, permitirme cambiar (tanto yo personalmente como también mis relaciones, o también todo aquello relacionado con mi identidad). Yo, siendo o identificándome como bisexual y polisexual, una de mis luchas desde el activismo crítico es la defensa de la posibilidad de la no-estaticidad en términos de orientación, deseo, atracción o también de identificación con unos géneros determinados. Para mí las etiquetas o identidades no “atrapan” ni “estancan”, sino que pueden cambiar y las podemos definir nosotres mismes.

Ahora bien, ha habido también una apropiación muy grande del concepto de la “fluidez” por parte del sistema en muchos aspectos. Un ejemplo de esta apropiación es este “fluir en las relaciones”, que suele venir acompañado de “los compromisos nos oprimen”: una negación de la necesidad y voluntad de compromiso en todos los aspectos de la vida, sin hacer ningún análisis crítico al respecto. Éste tipo de “fluir”, como acto neoliberal de las relaciones (y sin tener en cuenta las estructuras de poder que nos atraviesan, como nos relacionamos, ni como afectamos a las demás personas) es el que nos lleva a muches a acabar yendo a parar a lugares como alguna desembocadura de algún río donde siempre se arrastra y “fluye” toda la mierda que producimos. Tenemos que tener claro que no fluimos en el vacío, sino que lo hacemos en un fluido: en un mar de estructuras de poder (donde está el sexismo, la homofobia, el racismo, entre muchas otras), corrientes que llevan a algunas personas a lugares paradisíacos (quien tiene más privilegios), mientras que a otras las suele llevar allí donde va a parar toda la mierda.

Yo fluía muy “acríticamente” y me dejé arrastrar por los corrientes de esta moda. Intenté dejar de hacerlo hace un tiempo, cuando después de muchos intentos de querer ser muy guay conmigo misma me di cuenta de que siempre acababa en situaciones de vulnerabilidad. Y cuando no era yo era otra persona. Me di cuenta, también, que los lugares donde yo acababa yendo a parar no eran “nada” en comparación con la situación de otres que aún están en situaciones más vulnerables. Porque resulta que fluir es mucho más fácil (beneficia más a) aquellas personas que tienen más privilegios (como por ejemplo los hombres blancos heterosexuales con todas las capacidades socialmente “consideradas” en el mundo de las relaciones románticas y sexuales) y que para otras personas el resultado puede ser catastrófico. Rechazar el compromiso sin entender que vivimos en una sociedad jerarquizada y donde no todes partimos de los mismos puntos es querer ignorar uno de los grandes problemas de las visiones más liberales sobre las relaciones.

Cada vez intento esquivar más este tipo de “fluidez”, aunque, obviamente, tengo que deconstruirme aún muchas cosas y muy a menudo me encuentro que algún tipo de flujo me ha acabado llevando a alguna zona no deseada o que es problemática para otras personas. Un ejemplo de una cosa que me ha pasado ha sido darme cuenta de que últimamente todas las personas cercanas a mí a quien estaba dedicando más tiempo eran hombres y a las otras personas de mi red afectiva que no lo eran les estaba dedicando mucho menos tiempo. El problema principal era que yo no había hecho esa repartición según ningún criterio consciente, ni lo había pensado ni nada, había surgido así, y me había encontrado de golpe sin tiempo para relaciones que para mí eran muy importantes y casi no veía.

Me di cuenta que una característica (entre muchísimas otras) que diferencia el rol masculino es la demanda de atención. Para simplificar necesitaré ser binaria en este ejemplo, ya que los roles de género que ha impuesto socialmente nuestra cultura han sido dos; aun así todo lo que explico se podría extender a otros géneros, dependiendo de dónde se encuentren más cercanos en estos roles concretos que comento (si es que se encuentran). A los hombres les es más fácil pedir directamente quedar, poder hablar, llamar, etc; a las mujeres, en general, les da miedo y les cuesta invadir espacios, u ocuparlos (ocupar las atenciones de les demás). Esto lo que hace es crear una diferencia en la que, si no paras atención, acabarás siempre dando más atenciones a los hombres, y no dar a otras personas, que aunque lo necesiten, no lo obtendrán porque no lo pedirán. La idea, además, de que preguntando directamente, como hacen los hombres, de que puedes decir “libremente” que no, es muy simplista, y también está muy relacionada con el género; a las mujeres nos cuesta mucho más decir que no o negarnos a hacer una cosa, especialmente cuando se nos pide cierta comprensión debido a que la demanda de atención sea emocional.

Muy a menudo la crítica que se hace al respecto pide que seamos las mujeres las que “deconstruyamos” nuestras dificultades de demanda y de decir que “no”, una idea muy simplista y que borra totalmente que el problema no es solamente la demanda, es como se nos devuelve a “cambio”: los hombres no devuelve a cambio este acompañamiento y cuando se les pide suelen esquivar, escaquearse y decir más fácilmente que “no”. O sea, que aunque aumentáramos nuestra demanda de atención, esta sería constantemente ignorada; un mecanismo que, a parte, vendría respaldado de todas las normas sociales que favorecen a las personas con más privilegios en cuanto al género. Además, nuestra dificultad para decir que “no” recae también en el borrado constante de estas negativas, que se ignoran y se pasan por alto (muy relacionado con cómo se borra nuestro consentimiento).

Es irónico que se nos diga constantemente que tenemos que ser nosotras las que hagamos más esfuerzos para pedir lo que necesitamos, si la propia dificultad con la que nos encontramos es por la negación constante de nuestros deseos y necesidades, o incluso de nuestras negativas. Es más, una decisión como, por ejemplo, parar de “dejarse llevar y fluir” y empezar a ser más consciente de como estoy “repartiendo” mis atenciones será después atacado por las propias estructuras como un acto excesivamente “lógico” y poco “emocional”, una técnica de dominación que funciona demasiado a menudo cuando hablamos sobre relaciones para ridiculizar cualquier discurso  feminista y/o crítico. Pero para más ironías, después se utiliza la técnica a la inversa, acusándonos de demasiado emocionales cuando reaccionamos delante de una opresión.

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los cuidados tienen que ser críticos

por wuwei (natàlia)

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‘Se tienen que cuidar las relaciones’, ‘los cuidados son muy importantes en las relaciones’, o bien ‘sin los cuidados no hay revolución’ podrían ser eslóganes de muchos entornos feministas o activistas. Los ‘cuidados’ (sustantivo que utilizamos para referirnos a esas acciones donde cuidamos de las otras o de nosotras mismas) son actualmente tratados en muchos más entornos donde se habla de relaciones y opresiones, como son los no monógamos. ‘Los cuidados son revolucionarios’ es una frase que yo misma he repetido muchas veces desde mucho antes de comprender muy bien qué queríamos decir con ‘cuidados’. Y no creo que fuera la única, me atrevería a decir que lo he sentido como una tendencia bastante generalizada. Empecé a hacer talleres sobre esta temática sin entenderlo con la idea de poderlo construir a través de un proceso más colectivo que personal. ¿Son revolucionarias todas esas acciones que llamamos cuidados? ¿Qué entendemos por cuidados? Hay un vacío bastante grande a la hora de definir qué son los cuidados (se habla mucho pero no se habla de qué son), y delante de este vacío se pueden reproducir opresiones y dinámicas de poder problemáticas e invisibilizarlas a través de un lavado de cara llamándolas ‘cuidados’.

Muchas veces he podido observar que se habla de cuidados como si estos fuesen unos elementos ‘extras’ que se hacen a algunas personas a las que nos ‘queremos’ para ‘demostrar’ nuestro afecto: como si se trataran de actos en forma de ‘regalo’ y ‘cariñosos’, sin mucho más que esto. Viendo los cuidados desde esta perspectiva pueden parecer actos sin los cuales podríamos vivir igual, casi de la misma manera (que no los necesitamos, vaya), pero que con ellos la vida nos parece más ‘bonita’ o más ‘dulce’. Este pensamiento se aleja de la idea de creer o pensar que los cuidados son una parte fundamental de las relaciones, y que sin ellos más que nada lo que hacemos es reproducir dominación, estructuras, y/o consumismo de relaciones.

La idea de que los cuidados son un elemento ‘extra’ en las relaciones se basa en la creencia de que somos seres aislados los unos de los otros que nos conectamos entre nosotros solamente de forma puntual cuando lo escogemos pero que sin estas conexiones escogidas en momentos puntuales las cosas que hacemos y cómo las hacemos no afectan a las otras personas (no nos afectamos las unas a las otras). Ésta es la base del pensamiento que proclama la posibilidad de una total libertad personal por sobre de cualquier visión más colectiva, sensible y social. Esta manera de ver las relaciones es muy irreal, es la base del pensamiento individualista y de dominación e invisibiliza que las personas nos afectamos las unas a las otras aunque no lo queramos ni nos conectemos entre nosotras conscientemente o voluntariamente.

Por otro lado, los cuidados, desde un punto de vista crítico, son la forma de relacionarnos siendo conscientes de que nos afectamos; por tanto, es entender que el ‘qué’ y el ‘cómo’ hago las cosas afecta a las personas que me rodean, como también entender y comprender que mis necesidades, y las cosas que me hacen sentir más o menos bien las obtengo de mi entorno, donde también están las relaciones y las personas. De esta manera decidimos tener en cuenta qué necesidades tenemos y cuáles tienen las demás, y que éstas no nos quedan cubiertas por defecto de forma misteriosa, sino a través de un sistema social que privilegia a algunas a quien sí cubre necesidades, o que podemos ser nosotras quienes nos ayudemos a cubrírnoslas de forma más colectiva o con sensibilidad social. Saber que tengo en cuenta cuáles son los deseos y necesidades de la otra, implica una no objetificación, y por tanto una consciencia de su existencia como persona y no como objeto externo que está allí solamente para cubrir mis necesidades ignorando que mes está afectando de alguna manera. Tener solamente en cuenta mis deseos trata la relación solamente para consumo propio.

Pero, por otro lado, se tiene que ir con cuidado hacia donde se dirigen estos cuidados de los que tanto hablamos, ya que por defecto si no nos paramos a reflexionar en cómo se cubren estos beneficios y necesidades en el sistema en el que vivimos éstos acabaren dirigiéndose por defecto hacia quien más privilegios tiene (o sea, los de siempre). Precisamente el sistema está montado para que las normas sociales creadas, no solamente a través de ‘leyes’, cubran las necesidades de las personas con más privilegios a través de actos ‘normalizados’ de cuidados hacia ellas. De hecho, es mucho más fácil empatizar con la norma (porque es lo que tenemos más interiorizado como válido, coherente y lógico, incluso las personas a quien no nos beneficien las normas) y por tanto con las personas con más privilegios y sus necesidades. Un ejemplo es como se han creado los roles de género para que sean las mujeres las que se ocupen de todas las tareas del hogar y de cuidar a los componentes de las familias (hombres, hijes y personas mayores); por defecto, hablar de cuidados, por ejemplo en entornos no monógamos sin tener en cuenta esta diferencia de género puede llevar a que aún cuiden más las mujeres de más hombres y estos sean más cuidados por más mujeres. También suele pasar con la pareja frente a otro tipos de relaciones; hay un privilegio social que se otorga a la pareja que no se otorga a otras relaciones cómo las consideradas de amistad, y debido a que se empatiza mucho más con las emociones de una persona considerada pareja (como por ejemplo con sus propios celos) normalmente el discurso de los cuidados acaba yendo hacia la pareja (incluso las personas fuera de la pareja que son menos cuidadas se las hará cuidar y empatizar más con la pareja de la persona con la que mantienen una relación que no es de pareja o es menos ‘principal’) y muchas veces emociones de personas que no son consideradas la pareja principal no son cuidadas, ni acompañadas, ni tan solo reconocidas.

Uno de los problemas que también nos encontramos es en entre cuáles tareas o ‘acciones’ son los cuidados. Debido a que donde más se ha hablado es en los feminismos (señalando que las mujeres siempre se han tenido que ocupar de las tareas del hogar, de cuidar de las vulnerables o enfermas) a menudo no se habla de otros tipos de cuidados que no sean los que se habían asignado por defecto en los roles de género a las mujeres. Hay muchas otras acciones o tareas que se podrían considerar cuidados, que tienen que ver con ‘tener en cuenta’ a la otra personas y alas cosas que puedan necesitar, o también en como expresamos las cosas. Una de las cosas que se repite más en mis talleres cuando hablamos de cuidados es la de ‘que se me tenga en cuenta’, o ‘que me tengan en cuenta cuando se trata de hablar o tratar cosas que me afectan’ o simplemente ‘que se me escuche’. De hecho, es muy posible, que para algunas que les hagas la comida no sea necesario pero lo que puedan necesitar es una atención emocional o acompañamiento puntual o bien que se les hable de una manera concreta por los motivos de salud mental (o al revés, que se tenga en cuenta que su forma de hablar o expresarse en momentos emocionalmente complicados es diferente al resto). Además, también es posible que muchas tareas de cuidados ni tan solo sean ‘productivas’ (o sea, hacer cosas) sino que sean más bien ‘dejar de hacer ciertas cosas’, como por ejemplo que una persona necesite soledad durante un cierto tiempo y que no se la moleste debido a padecer ansiedad.

Uno de los problemas que a menudo nos encontramos y donde se instrumentalizan otra vez los cuidados es en la realización de tareas concretas que se han definido de forma genérica que son ‘cuidados’ sin escuchar ni tener en cuenta qué quiere o necesita la otra persona ignorando lo que realmente necesita con la excusa de ‘ya está, ya la he cuidado’. Esto es lo que llevo llamando desde hace tiempo como la ‘cultura del tupper’: preparamos tuppers a las compañeras para sentirnos tranquilas y excusarnos en que las hemos cuidado y después no las escuchamos cuando lo necesitan o las objetificamos. Con esto no quiero decir que hacer la comida o preparar un tupper a una compañera no sea cuidar y sea objetificador, sino que lo que señalo como problemático es la instrumentalización y utilización de un acto como este para no tener que cuidar.

Otra cosa que se tiene que tener en cuenta con los cuidados es el de no forzar a la otra a que nos exprese qué necesita o quiere, porque no todas lo podemos saber en un momento dado, o incluso no necesitamos nada concreto hasta que no nos pasa alguna cosa que nos lo hace necesitar o notar de alguna manera. Una forma de cuidar es precisamente respectar este espacio para que lo pueda expresar cuando lo sepa o lo necesite.

Unos cuidados críticos, o como también podríamos llamar, revolucionarios, son (o tendrían que ser) unos cuidados conscientes, sensibles a las estructuras que nos atraviesan a todas, a nuestras necesidades y las de las otras, a no objetificarnos, ni saltarnos el consentimiento ni los deseos de las otras, escuchar las voces de todas las afectadas que deseen ser tenidas en cuenta, tenerlas en cuenta, y hacernos partícipes a las que quieran y puedan en cada momento, siempre y cuando sean las afectadas y no ‘las externas a la situación que imponen desde fuera como tienen que ser una relación’. Y también aceptar y ser conscientes de que habrá muchos momentos en los que las necesidades de unas y de otras serán incompatibles; se tendrán que pensar y repensar los espacios para compartirnos y para no tenernos sie

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nuevo taller: ‘deconstruir contextos para construir relaciones’

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

podéis encontrarlo también en la nueva sección del blog ‘talleres‘ y descargarlo en pdf aquí.

 

Dinamizado por wuwei (natàlia): feminista y activista crítica sobre bisexualidad/plurisexualidades, no-monogamias, relaciones, antipositivismo, técnicas de dominación y estructuras de poder. Más información: http://estructuradifractada.com/es/sobre-wuwei-un-poco-de-mi/ . También me podeis encontrar en twitter (@wuwei_). Contacto: wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Si te quieres inscrivir envía un correo electrónico a wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Objectivos:

El objetivo de este taller es reflexionar y poner en cuestión el pensamiento alrededor de como nos vinculamos con las personas, ya que por defecto, y sin pararnos a pensar mucho, vivimos en una sociedad muy individualista, competitiva, de apropiación y de consumo acrítico, donde repetimos todos estos conceptos también cuando nos relacionamos.

La idea del taller es poder poner un interrogante a la forma que nos viene por defecto de relacionarnos y encontrar herramientas para vincularnos de forma más consciente. Por este motivo la apuesta de este taller es la de empezar a ‘construir relaciones’, para hacer del proceso de vincularnos un proceso un poco más consciente, crítico y sensible. ¿Somos conscientes de le otre?

No pretende dar soluciones estáticas, sino que estas surjan a través de la reflexión entorno a estructuras de poder y conceptos que nos vienen por sistema sobre como tenemos que tratar nuestras relaciones. Este taller tiene una visión crítica con las estructuras de poder, y por tanto, una visión bastante politizada: feminista, anticapitalista y sensible a las opresiones y a una crítica al sistema monógamo, no tanto como sistema de recuento de relaciones de pareja, sino como sistema que nos obliga a relacionarnos de formas más concretas y que genera situaciones de vulnerabilidad, exclusión, poca solidaridad, entre otras.

Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.

Dinámicas:

Durante el taller se harán preguntas y se leerán textos que girarán entorno a las cuestiones de:

– dependencia e independencia

– objetificación y competitividad

– compromiso y responsabilidad

– cuidados

a través de estos conceptos, dinámicas participativas, y también poniendo en algunos casos ejemplos concretos de situaciones, se debatirán estas cuestiones.

No se obligará a participar a todes de la misma manera. Cada une podrá participar como se sienta más a gusto, pueda o quiera. También habrá la posibilidad de expresarse de forma anónima.

Número de participantes: maxim 15 personas por cada taller.

Duración: 4 horas con un descanso

Accesibilidad: en principio no es accesible (por defecto) para personas sordas, aunque si el taller no es accesible para ti debido a este factor, ponte en contacto conmigo (wuwei.activismedesorientat@gmail.com) para que pueda encontrar una solución puntual para el taller y puedas participar. A la larga la idea es que pueda llegar a ser accesible para todes.

Precio: Flexible (tipo ‘taquilla inversa’), cada une pagará lo que quiera y pueda por el taller (sin que haya un mínimo estipulado, también se puede no pagar nada u ofrecer otras cosas que no sea dinero). Aunque el taller no es de una gran complexidad (de material y de dinámicas), haber llegado discursivamente a poder ofrecer un taller este tipo ha tenido un coste importante de tiempo, emocional y económico; por este motivo siento que necesito cobrar algún tipo de compensación económica. Aún así, soy sensible a la situación económica de cada personas, y no quiero que no sea accesible para persona que no puedan permitirse pagar nada. Dejarlo con un precio flexible (como una taquilla inversa, donde cada une pague lo que quiera y pueda al finalizar el taller) es la fórmula que creo que encaja más con lo que deseo para este taller. Dejo que sea cada persona que lo decida según sus necesidades, condiciones y voluntades.

Lugar: a determinar (en la ciudad de Barcelona).

Dia y hora: se fijarán los días y las horas según la disponibilidad de las perasonas que se inscriban.

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a wuwei.activismedesorientat@gmail.com

A tener en cuenta:

No se trabajarán dinámicas corporales, sólo se trabajarán entorno a conceptos y ‘teoría’ o ‘experiencias’ de forma verbal. Se intentará no hablar de experiencias que hayamos tenido con personas que también asistan al taller.

También habrá la posibilidad de comunicar a la dinamizadora que no nos estamos sintiendo bien, o decidir cambiar la forma de participar, marcharse o quedarse de la forma que se sienta más a gusto.

Finalmente, también se pretenderá que es espacio sea lo más seguro posible. Si crees que con alguna/s persona/s no podrías tener este espacio, comunícalo cuando te inscribas.

Si tienes alguna petición o demanda por algún otro motivo que pueda hacer que el espacio sea más seguro para ti, o hay dinámicas que te suelen producir algún tipo de molestia, inseguridad, o que no permitan que puedas participar, comunícalo al inscribirte e intetaré adpatar las dinámicas.

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después de romper con la monogamia

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí como resumen (muy resumido) de una charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals y se publicó en el número 422 de la Directa. Podeis ver el artículo original (en catalán) aquí.

(**) He añadido al final una aclaración a raíz de algunos comentarios que se hicieron cuando se publicó el artículo.

La versión extendida (‘no resumida’) de la charla la publicaré más adelante en este blog dividida en diferentes secciones.

 

La manera que tenemos de relacionarnos forma parte de un sistema o estructura de poder muy ligada a la estructura monógama. La monogamia no sólo es un recuento de relaciones, es también un sistema: está en el lenguaje, en la lógica construída socialmente, en la forma de pensar. Y va más allá de la normatividad entorno a las relaciones de pareja, ya que nos dice también como nos tenemos que relacionar en general con las personas, es un sistema relacional.

La monogamia nos aisla en unidades familiares no permitiendo generar redes solidarias, afectivas y sensibles a las estructuras que nos atraviesan. La no-monogamia tiene un gran potencial, no sólo para romper el propio sistema relacional, sino también otras estructuras de poder ya que éstas se elimentan de la estructura monógama y también porque te permite construir relaciones que rompen con los sistemas de privilegios y opresiones. Ahora bien, es necesario un punto de vista crítico en las propuestas que se plantean, sino se reproduce el mismo pensamiento.

Individualismo, dominación y objetivización

Nuestra forma occidental de ver el mundo se basa en la idea de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para cubrir nuestras necesidades a través de la dominación. Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder que permiten a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que comprender que las está obteniendo de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes y les da un falso sentimiento de independencia.

En nuestros entornos no monógamos a menudo se intenta romper con la idea de la dependencia total a una sola persona (que proviene de la estructura monógama y que genera relaciones de poder) diciendo que las personas somos independientes y no tenemos necesidad de nada o nadie. De esta manera se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia con el entorno de las personas con privilegios y se crea un discurso de la no-monogamia a la que sólo pueden acceder personas con más privilegios.

Tratamos nuestro entorno como un objeto debido a verlo como una cosa externa a nosotres donde accedemos para cubrir nuestras necesidades. Las personas con las que nos relacionamos también forman parte de este entorno-objeto, y por tanto nos acercamos teniendo en cuenta las propias necesidades y deseos però no los de les demás. Este es un proceso de objetivización. Para resumirlo un poco, objetivizar es tratar a las personas como si no tuvieran voluntades o deseos propios, o bien no permitiendo que tengan un espacio para consentir u oponerse a una cosa, o también que no puedan expresar emociones ni opiniones al respecto de cosas que les afectan. Esta última es bastante común en las realciones no monógamas jerárquicas, donde a menudo personas que se ven afectadas por decisiones que se toman en las relaciones primarias no pueden opinar, o expressar emociones, o plantear alternativas, o ni siquiera se les informa de que se han tomado. En definitiva, objetivizar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz.

Compromiso e implicación

La monogamia suele llevar una carga muy grande de compromiso implícito y de expectativas relacionadas con la escalera de las relaciones. Este tipo de compromiso no suele ser un compromiso que se haya pactado, hablado o que se pueda cuestionar por ninguna de las partes. Además, suele implicar el hecho de no poder compartir compromisos, proyectos o afectos con otras personas y que además recaiga sobre una persona generar todo lo que necesita la otra.

Muchas personas delante de esto reaccionan planteando como alternativa no tener que comprometerse y no generar ninguna expectativa. Esto da una ventaja a las personas que tienen más privilegios, ya que estas tienen sus necesidades más cubiertas y no necesitan del compromiso para obtener nada. Por otro lado, las personas con menos privilegios, se verían la mayoría de veces arrastradas a vivir situaciones de vulnerabilidad. Normalmente quien rechaza el compromiso son las personas con más privilegios, ya que el sistema no les cubre sus necesidades y necesitan el compromiso para enteder como cubrirlas y poder acceder a aquello a lo que no pueden acceder sin privilegios.

No querer implicarse es una forma de no querer aceptar las cosas que obtenemos de nuestro entorno y no querer aceptar que el entorno nos afecta y nosotres lo afectamos. La implicación es necesaria para generar relaciones no objetivizadas donde las personas puedan tener voz en las cosas que las afectan. Las relaciones se tienen que construir a través de compromisos e implicaciones explícitas y que no vengan dadas por normas sociales estructurales ni que nos imposibiliten generar otros compromisos.

Responsabilidad compartida

La monogamia te da la idea de que una persona es totalmente responsable de tu felicidad o infelicidad. Para romper con esta idea que genera relaciones de poder se acostumbra a decir que cada persona es totalmente responsable de sus emociones, incluídas aquellas emociones que se generan a través de una relación y de lo que se comparte. Esta es una visión individualista, y no muy diferente a la anterior: o las responsabilidades son totalmente separadas o recae toda en una sola persona. En este paradigma la relación se borra completamente.

La responsabilidad en una relación tendría que ser responsabilidad compartida: tendría que ser de las personas que generan el espacio y la relación, no de forma separada (cada una la suya), no de forma vertical (toda la responsabildiad es solo de una persona), sino como combinación, teniendo en cuenta los contextos de cada persona y lo que se está compartiendo. Tener en cuenta el contexto de la persona significa que cuando tenemos una relación con una persona sobre la cual tenemos un privilegio, queramos o no nos beneficiamos de este privilegio y por tanto, tenemos una responsabilidad sobre la violencia etructural que podamos generar en esa relación. La responsabilidad compartida nos permite, además, reconocer explícitamente todas aquellas cosas que nos aporta la relación y lo que la otra persona está compartiendo.

Cuidados y el significado de ‘cuidar’

Ser conscientes de que cubrimos nuestras necesidades a través de nuestro entorno y, por tanto, a través de nuestras relaciones, nos permite tratar el tema de los cuidados desde un punto de vista crítico. Las tareas de cuidados siempre han recaído en las mujeres. No obstante, las tareas de cuidados de las cuales siemrpe hablamos en el contexto del feminismo se limitan sólo a la diferencia de género. Hay muchas más necesidades que tenemos que no recaen en las tareas que se han definido como cuidados (tareas del hogar, cocinar, o cuidar cuando le otre está enferme), así como necesitamos ser conscientes de las diferencias que van más allá de las de género, ya que hay muchas más estructuras o tipos de relaciones (no todas las relaciones las trabajamos en un contexto heterosexual, binario, romántico y sexual).

Cuidar implica entender qué necesita le otre, no para sentirnos obligades a cubrirle las necesidades, sino para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. Tampoco tenemos que obligar a que le otre tenga que entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expressar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, sobre todo, no se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Debido a que los cuidados son un tema recurrente en nuestros espacios a veces caemos en el error de realizar tareas hacia otres que no necesitan para sentir que le estamos cuidando, y a menudo utilizamos estas tareas innecesarias como excusa para no tener que escuchar las verdaderas necesidades de le otre o no reconocer una necesidad cuando la expresa. Vivimos en lo que yo llamo la ‘cultura del tupper’: preparar tuppers a les compañeres sin pararnos a reflexionar qué queremos decir con ‘cuidar’, y mientras no dejamos a les demás expressarse cuando algo les afecta. Esto es un acto de objetivización.

(**) Añado una aclaración a raíz de algunos comentarios al respecto del artículo diciendo que lo que publiqué es aplicable también a relaciones monógamas. No creo que el tema de los cuidados pueda realmente aplicarse en relaciones monógamas ni relaciones no monógamas jerárquicas, ya que la monogamia implica jerarquía, y en ninguna jerarquía los cuidados son reproducibles, solo sucedáneos de cuidados, que no son cuidados. Estoy hablando de todas aquellas personas que no forman parte de la relación principal. Mi discurso quiere enfatizar el hecho de que estamos tratando a todes les demás muy mal y de forma muy objetivizada, tanto en responsabilidades, como en compromisos, como en cuidados. Por eso ni la monogamia ni la no-monogamia jerárquica nos salvarán nunca de todos los sistemas de opresión, sólo los seguirán reproduciendo, además a través de sus propios baremos.

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