del privilegio y la exclusión al reconocimiento

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

El tipo de reconocimiento que nos viene dado por defecto, tal y como lo definen las estructuras de poder, beneficia a todo lo que es privilegiado por las mismas estructuras (como pasa con todos los conceptos, como por ejemplo el de violencia, el de compromiso, entre otros). Este tipo de reconocimiento es el que va ligado al que solemos llamar ‘reconocimiento social’: un reconocimiento que pasa a través de normas sociales y que otorgan poder por el hecho de cumplir con estas normas. Este reconocimiento funciona como un ‘premio’ social cuando se obtienen aquellas cosas que tienen un valor para el sistema y que benefician más a las peraonas con más privilegios.

Este tipo de reconocimiento, al estar tan unido a las estructuras de poder, al privilegio y al poder en general, se rechaza en muchos espacios críticos con las estructuras y el sistema. Pero haciendo esto no se ha generado un discurso realmente crítico alrededor del reconocimiento ya que no se ha repensado este reconocimiento. La pregunta es: ¿es malo el reconocimiento en general o solamente el reconocimiento ligado a las estructuras? Para responder a esta pregunta tenemos que preguntarnos qué quiere decir ‘reconocimiento’ y qué nos aporta.

Reconocer’ es una forma de aceptar y legitimar, de otorgarle a le otre unas características que le dan un cierto valor (tanto sea para reconocer cosas que podamos considerar ‘buenas’, como reconocer cosas que podamos considerar ‘malas’). Es una forma de decir ‘te veo’. No reconocer a una persona como ‘persona’ lleva sistemáticamente a tratarla como a un objeto, que es lo que hacen las estructuras con las peraonas que no tienen privilegios o lo que hacemos de forma muy general cuando nos acercamos a la gente sin tener en cuenta sus deseos o voluntades. Reconocer a una peraona que tenemos delante pasa por reconocer y validar sus deseos o voluntades; hacer lo contrario es objetificar.

Precisamente el ‘reconocimiento social’ del que hablaba al principio es un tipo de reconocimiento que invisibiliza y niega el reconocimiento a quien menos privilegios tiene y le quita el estatus de ‘persona’. ¿No será precisamente el problema la falta de reconocimiento hacia todo lo que no es privilegiado, que le lleva hacia la exclusión, y no el reconocimiento en sí mismo? ¿O también el hecho de dar un tipo de reconocimiento no merecido a quien se le da normalmente a través del ‘reconocimiento social’ por privilegiados por las estructuras de poder?

Una relación (del tipo que sea) que no es reconocida, será sistemáticamente invisibilizada o borrada y será fácilmente excluída. La exclusión es una consecuencia de la falta de reconocimiento, de todes aquelles a quien se les ha retirado merecer estar entre nosotres como une más. Que se reconozca lo que aportamos, lo que hacemos, quienes somos en una relación, en un grupo o en una comunidad es la forma que tenemos de ‘vernos’, de admitirnos como personas que nos afectamos y a las que afectamos. Borrando todo tipo de reconocimiento borramos el valor de lo que aporta cada persona, tanto al ámbito personal de una relación, como al ámbito comunitario, grupal o colectivo. Borrando el reconocimiento fomentamos la exclusión, que sumada a otras estructuras de poder fomentan la explotación relacional, la marginación y la alienación (todas consecuencias de la objetificación).

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (IV – compromiso y responsabilidad compartida)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la cuarta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la quinta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

 

Compromiso e implicación

La monogamia suele llevar una carga muy grande de compromiso implícito y de expectativas relacionadas con la escalera de las relaciones. Este tipo de compromiso y de expectativas suele ser muy violento, ya que no es un compromiso que se haya pactado, hablado o que se pueda cuestionar por ninguna de las partes. Además, suele implicar el hecho de no poder compartir compromisos, proyectos o afecctos con otras personas y que además recaiga sobre una persona generar todo lo que necesita la otra.

Muchas personas delante de esto reaccionan planteando como alternativa el ‘no compromiso’ y no generar ningún tipo de expectatica. La metáfora del ‘fluir’ en las relaciones. Fluir es un concepto bastante representativo; fluir no fluimos en el vacío, fluimos en un mar, un río, o cualquier tipo de fluido donde hay corrientes concretas. Nosotres fluimos en un sistema, un mar hecho de estructuras de poder, y las corrientes suelen ir a favor de las personas con más privilegios. Otras, con menos privilegios nos vemos muchas veces arrastradas y llevadas allí donde va normalmente a parar toda la mierda.

No comprometerse da una ventaja a als peraonas que tienen más privilegios, ya que estas ya tienen sus necesidades más cubiertas y no necesitan del compromiso para obtenerlas. Por otro lado, las personas con menos privilegios, en este tipo de relaciones, se ven la mayoría de veces arrastradas a vivir situaciones de vulnerabilidad. Normalmente quien rechaza más el compromiso son las personas con más privilegios, ya que estas no sientan la necesidad de tener que comprometerse porque sus necesidades quedan cubiertas sistemáticamente. Por otro lado, quian máss desea el compromiso suelen ser las personas con menos privilegios, ya que els sistema no les cubre sus necesidades y necesita del compromiso para entender como cubrirlas y poder accedes a aquello que con privilegios ya tienes.

No querer comprometerse es una forma de no querer aceptar la conexión con lo que nos rodea ni las cosas que obtenemos de nuestro entorno. El compromiso es necesario, para poder movernos, entender, y saber qué estamos compartiendo, qué podemos esperar, y por tanto, qué podemos pedir y dar. Es necesario para generar relaciones no objetificadas donde las personas puedan tener voz en las cosas que les afectan. Y aquí entran todo tipo de compromisos, más allá de los que son leídos como compromisos típicos de las relaciones de pareja: proyectos de apoyo, de cooperativismo, de convivencia, de crianza, de activismo, etc.

Aún así, lo que a mi me gusta es ir un paso más allá del compromiso, ya que el compromiso muchas veces se puede sentir como algo externo a nosotres a lo cual nos tenemos que someter sense formar parte de forma activa. A menudo hablo, por tanto, de implicació, en vez de compromiso: la implicación supone entrar dentro del proceso, tener voz, y sentir que podemos transformarlo, adaptarlo o hacerlo más nuestro. Y es importante que estos compromisos e implicaciones sean compatibles en poder generar compromisos con otras personas.

Responsabilidad compartida y reconocimiento

Desde un punto individualista, que es como funciona nuestro sistema, la responsabilidad en una relación recae sobre una sola persona o por separado, siempre de forma inddividual. La monogamia, recubierta de ideales de amor romántico, te da la idea de que una persona, tu pareja, es totalmente responsable de tu felicidad e infelicidad. Esta idea genera relaciones de poder, de la misma manera que lo hace dándonos toda la carga de tener que cubrir todas las necesidades de una sola persona.

Por otro lado, para romper esta idea, se ha generado otra idea de que cada persona es totalmente responsable de sus emociones (también aquellas generadas a través de una relación). Ésta es una visión individualista, y no muy diferente a la anterior: o las responsabilidades son totalmente separadas o recaen todas en una sola persona. En este paradigma la relación se borra completamente y solo se habla de forma individual o de individuos.

La responsabilidad en una relación tendría que ser una responsabilidad compartida: la responsabilidad en el marco relacional es de las personas que generan el espacio y la relación, no de forma separada (cada una la suya), no de forma vertical (toda la responsabilidad es solo de una persona), sinó como una ombinación, teniendo en cuenta los contextos de cada persona y lo que se está compartiendo. Tener en cuenta el contexto de la persona significa que cuando tenemos una relación con una persona sobre la cual tenemos un privilegio, este privilegio lo tenemos que tener en cuenta, ya que queramos o no nos beneficiamos de este y por tanto, tenemos una responsabilidad sobre como compartimos las cosas con esta persona para intentar evitar generar violencia estructural sobre ella. La responsabilidad compartida nos permite, además, reconocer explícitamente todas aquellas cosas que nos aporta la relación y lo que la otra persona está compartiendo (también las ‘buenas’, aquellas que nos hacen sentir bien, nos ayudan o nos cubren necesidades en diferentes grados).

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