2018: un fuerte agradecimiento y unas sinceras disculpas

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso decontenido: mención de maltrato, heridas, miedo, frustración, rabia, dolor, instrumentalización

No soy de las que hacen balances cuando se acerca el fin de año. Soy de las que lo hacen por su cumpleaños. Tengo la ventaja de que mi cumpleaños cae en otoño, y yo soy mucho de disfrutar de cada uno de los significados de las estaciones del año (como buena amante del taoísmo), de eso de lo que cada una de las estaciones nos aporta en relación a los procesos que vivimos según un ciclo anual que corresponden al nacimiento (primavera), la vivencia y crecimiento (verano), la reclusión y reflexión (otoño) y la muerte (invierno). La transformación de todas las cosas. El otoño es una época donde empieza la reflexión y la reclusión para prepararnos a la muerte de partes de los procesos durante el invierno y el nacimiento de nuevos en la primavera. Este año, no obstante, está siendo muy especial, y todo el balance que estoy haciendo desde mi cumpleaños, que fue en el mes de Noviembre, se está aún alargando y se está juntando con un balance anual, de estos de enero a diciembre, que me está recorriendo pensamientos, cuerpo y emociones y que también cogerá buena entrada del invierno.

Ha sido un año especial, intenso, diferente, con muchos nacimientos y muchas muertes de procesos que llevaba arrastrando hacía tiempo y que no me dejaban casi respirar. Ha sido un año transformador, calmado y a la vez agitado. Ha sido un año que empecé emocionalmente tocada: justo despedía el 2017 con la muerte del gato con el que compartí 18 años de mi vida. Los últimos meses del año fueron duros y los viví en mi cama haciéndole compañía. La promesa que le hice fue que conseguiría hablar de todo aquello de lo que no se me había permitido hablar durante tanto tiempo, que dejaría de callar tanto dolor y tanto proceso de cierre de heridas. Hacía ya un tiempo que llevaba curándome de las consecuencias de una relación nefasta, de maltrato. Ya dediqué el 2017 a quitarme de encima esa relación y a empezar a lamerme algunas heridas. El 2018 empezaría lo que sería la última parte de aquel proceso, la cicatrización y la cura: acabar de quitarme todo el peso que llevaba encima por la invisibilización, menosprecio y vergüenza que esta persona había hecho de mí.

He superado la angustia constante y el estrés postraumático que no me permitían caminar por algunos barrios de Barcelona. He calmado parte del miedo a las relaciones, la frustración, que más me paraba, desde el amor hacia ese miedo, desde la aceptación. He hecho dela rabia un fardo que ya no cargo de forma pesada, sino que utilizo y focalizo en espacios que no son mi cuerpo, ni mi cabeza, ni mis emociones. He reconectado conmigo misma, me he reencontrado, me he abrazado, de verdad. He podido ver la vida sin aquel velo constante de dolor que siempre se metía entre yo y todo lo que observaba yque me tocaba. Y me he dado cuenta, después de esta limpieza, que la ciencia(espacio que había compartido con quien me había hundido) es un espacio donde quiero volver (siempre desde mi perspectiva crítica, obviamente).

Ha sido un año donde me he descubierto de formas que desconocía. O más bien, de formas que no aceptaba de mí o que yo misma me escondía. Desde hacía tiempo ya había comprendido que yo no era neurotípica. Desde adolescente sabía que tenía un funcionamiento que no era considerado muy “normal”, aunque no llegué a ningún diagnóstico psiquiátrico porque siempre acababa enfadándome (y peleándome fuertemente) con mis psiquiatras y nunca les daba tiempo a que pudieran diagnosticar con nada (sí que les daba tiempo a medicarme mucho,obviamente, estas no pierden nunca el tiempo en este sentido). Desde hace unos pocos años que conocí el activismo de personas neurodivergentes que me hizo sentir, sin saber muy bien porqué, cierta paz y tranquilidad conmigo misma. He aceptado discapacidades y he podido señalar causas estructurales que no me permitían abrazarlas. Finalmente, este año, ha sido el año en que me he empezado a identificar un poco más, me he despertado a mí misma, y se me ha abierto todo un mundo. De golpe muchas cosas tienen sentido, he aceptado limitaciones y funcionamientos que tengo que hacen que pueda gestionar mucho mejor mi vida.

Ha sido el año de curarme, de quererme y donde he podido aprender a situarme. Este, por tanto, ha sido un año donde he aprendido a cuidarme, y a empezar a tener espacio de verdad para aprender (y poder) cuidar más bien a les otres. He tenido que aprender también como se instrumentalizan conceptos como son los cuidados, y he tenido que intentar entrever, apartando mucha mierda generada en forma de discursos utilitaristas,qué significa cuidar. Ha sido también desde este punto donde he sido consciente del dolor que he podido provocar a otres. Creo que la mejor forma de cerrar el año es, no solamente pidiendo perdón, sino además, y sobre todo, reparando y reparándome. Al menos empezando a tomar consciencia de ello; pero para hacer que la consciencia no quede en sólo esto,consciencia y pensamientos, sino que también sean hechos, cambios que se materialicen en lo posible sin caer en utilizar aquella constante excusa que nos ponemos sobre las múltiples contradicciones que siempre todes tenemos.

Quiero pedir disculpas a todes aquelles a les que inconscientemente culpé de todo lo que me pasaba; a aquelles que dolí cada vez que fuertemente me quejaba y que se podrían haber sentido atacades; a todes aquelles de les que me alejé, a les que no supe cómo cuidar, a les que descuidé; a les que salpiqué con mi rabia mal direccionada. A todes aquelles que en mi camino de aprendizaje pude hacer daño. No hablo desde el sentimiento insoportable de culpa, ni desde la victimización de quien utiliza esto para hacerse la guay.No. Es un acto sincero que traspasa esta pantalla o este papel y empieza a materializarse en forma de cambios, a partir de aquí y a partir de ahora.

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experiencia sobre el proceso y gestión de la visibilización de una relación de maltrato

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso de contenido: denuncia, maltrato, invisibilización, machismo, sexismo, poder

Este texto es el segundo de un conjunto de textos en los que quiero reflexionar y abrir un proceso de auto-crítica sobre gestión de discursos y espacios. El primero está aquí y el tercero aquí.

Hace unos meses decidí compartir públicamente a través de Facebook una relación de maltrato que viví por parte de una persona vinculada en los movimientos sociales de Barcelona. En ese texto compartí mi vivencia y el nombre de la persona en cuestión ya que mi intención era, por un lado, mostrar lo que esta persona había escondido sistemáticamente (una técnica contrapoder), y a la vez también quería avisar a personas que pudieran estar en la misma situación y, por tanto, pudieran estar en cierto “peligro” (de hecho esta segunda parte era la que más me preocupaba).

Este texto no es para remover más aquella historia ni hacer ninguna denuncia más. La escritura de este texto viene motivada por la voluntad de hacer por mi parte un cierre (mental) y para compartir la experiencia del proceso y de la gestión. Esta reflexión pretende estar enmarcada en un conjunto de textos donde quiero crear un espacio de autocrítica sobre la gestión del espacio que hacemos. Estas gestiones acaban, queramos o no, afectando mucho la vida de las personas y, por tanto, creo que es importante hablar de ello aunque algunas veces parezca un tema tabú.

Antes de escribir esa “denuncia” pública en Facebook (no me gusta pensar en ello en clave de denuncia, sino más bien de visibilización), me pasé meses pensando en cómo hacerlo o qué hacer. Sé que soy una rallada de la vida (pero muy rallada de la vida) y muchas veces lo que hago es quedarme en bucle intentando encontrar la mejor manera de gestionar algo. Tenía miedo de caer en un proceso de demandas de vetos o exclusiones en las que yo tampoco creía (al menos en ese caso) o bien en caer en la venganza o en el castigo (en lo que tampoco creía).

Uno de los problemas que me encontraba, además, era que la especificidad de mi caso implicaba no haber podido participar ni estar en muchos espacios debido a la propia relación, espacios donde esta persona sí que estaba o donde podrían haber personas que le conocieran o cercanas a él. Finalmente lo que acabé haciendo fue evitar  todo un barrio entero e incluso marchando de éste (ya que vivía en él). Tampoco sé hasta qué punto hubiéramos tenido espacios tan comunes, por algunas diferencias ideológicas; ahora, desde la calma de haber superado todo aquello, veo que es probable que no hubiéramos tenido tantos espacios en común. Aún así, el no conocimiento y el miedo a sentirme como ya me sentía en el único espacio que compartíamos (el trabajo), acabé esquivando todo el resto con mucha angustia. Debido a esto todos mis conflictos y debates internos que tenía se sumaban a algunos más: ¿qué derecho tenía yo en pedir nada a espacios donde yo no participo? ¿Es, no obstante, justo que haya espacios donde no participo precisamente debido a esta relación? ¿Hasta qué punto se entendería realmente que no hubiera participado si no tenemos en cuenta casi nunca en estos espacios el neurocapacitismo, las técnicas de dominación, entre muchas otras cosas? ¿Qué podía realmente hacer?

Sí que se me pasaron por la cabeza cosas que sentía que necesitaba pedir, cosas muy básicas que tenían que ver con su ocupación del espacio (sobre todo virtual) en temas sobre feminismo, violencia de género o cosas relacionadas con violencias machistas; pero en ningún momento (y era uno de los miedos que tenía) quería pedir que se le hiciera fuera de espacios, ni que perdiera ningún reconocimiento por su trabajo, ni que perdiera nada relacionado con su trabajo ni entorno. Con esto no estoy diciendo que pedir ciertos vetos no pueda ser necesario en otros casos, para mí es contextual y en mi caso no lo sentía oportuno.

Finalmente decidí solamente explicarlo, sin darle más vueltas ni pedir nada. Quería simplemente hacer un proceso de visibilización para compensar toda la invisibilización que padecí y para que las personas que se relacionaran con él supieran parte de su comportamiento relacional, especialmente con mujeres (al menos que pudieran estar prevenidas y pudieran escoger cómo se compartía espacio y discurso con él). Pensé que solamente explicándolo las personas que les preocupara mínimamente este tipo de temas lo tendrían en cuenta como elles creyeran que lo tenían que tener en cuenta, según sus propias referencias y de los espacios que frecuentaban. Además, decidí hacerlo a través de Facebook porque parecía más simple y para no tener que entrar en protocolos típicos de denuncia y demandas. El post era público y todes podían acceder a él, se podía compartir fácilmente y leer.

También decidí no enviar directamente la información a ninguno de los grupos donde él participaba, ni tampoco enviarlo directamente a personas que formaban parte de estos grupos (aunque a bastantes de elles les tengo como contactos directos). El motivo fue, siguiendo en la línea de lo que ya comentaba anteriormente, que no pretendía pedir nada concreto y tenía cierto miedo a que se me cuestionara, se me ridiculizara o se me menospreciara debido a esta falta de demanda.

Durante un par de días estuve recibiendo bastantes muestras de apoyo de personas que yo conocía, personas a quien agradezco mucho el apoyo emocional, especialmente les que vivieron conmigo todo el proceso. Por otro lado, sí que hablé de esta cuestión con un grupo donde él participaba, aunque el proceso fue más bien protocolario: tenía las puertas abiertas para pedir cosas siempre que fuera yo la que me acercara (yo me acerqué a través de una persona que conozco que me dijo que estaban dispuestes a escucharme). Me puse en contacto solamente para darles información que creía que era importante que tuvieran, por el mismo motivo que expliqué mi historia, sobre todo para avisar a otras mujeres que pudieran estar en una situación similar y para que su entorno supiera la historia, mi historia.

Mi interacción con este grupo fue corta y me dijeron que tomarían unas medidas que yo no pedí pero que elles consideraban necesarias. Meses después me he dado cuenta de forma indirecta que esas medidas en realidad no se llevaron a cabo y que el grupo no se enteró de ninguna parte de lo que yo había explicado. Tampoco quise acercarme más porque, como ya he comentado, yo no formaba parte de estos grupos y, sinceramente, yo tampoco sabía qué relación tenían las personas con las que yo estaba hablando con la persona que me había maltratado durante siete años. Ante eso preferí seguir con mi vida, lejos de ese barrio y de estos entornos. Curarme implicaba cuidarme, que implicaba a la vez alejarme de todo eso.

Sé que leyeron lo que escribí muchas personas que comparten con él espacios de muchos tipos. Lo sé más que nada porque otras personas me lo comentaron (no porque crea que por el simple hecho de poner algo en Facebook todes lo tienen que haber leído). No obstante, sé que estas personas decidieron mirar hacia otro lado y hacer como si no hubiera pasado nada. Puedo entender este tipo de reacción, y podría ser debida a varios motivos: a no creer necesario compartirlo debido a que no hay una exigencia ni demanda explícita de nada que parezca destacable, a tener miedo a que la cosa acabe complicando mucho al grupo al que perteneces debido a las demandas que podrían salir (igual que antes), o bien debido a como nos dejamos llevar por el corriente del momento (o sea por los flujos de poder que también se dan, mucho, en nuestros espacios). También puede ser que les importe bastante poco. Además casi siempre se espera que seas tú la que te acerques y pidas cosas, como si estar afectada o traumatizada te permitiera la mayoría de las veces tener la capacidad de hacerlo, especialmente cuando no conoces las relaciones que se dan entre elles.

Mirando con retrospectiva, aunque tengo ciertas críticas sobre cómo gestionamos este tipo de cosas, yo, por mi parte, me siento muy bien con todo lo que hice y como lo hice. No me arrepiento de nada. Después del tiempo que ha pasado y ver cómo me siento reo que hice lo que tenía que hacer. Me siento bien y en calma. ¿El resultado? Prefiero no pensar mucho en ello, ahora mismo me da igual, aunque admito sentir bastante decepción. He compartido mi experiencia para poder, por un lado, cerrar esta historia por mi parte, pero por otro lado, que pueda servir también de reflexión sobre la gestión, que creo que tenemos que hacer en muchos aspectos. Me gustaría estirar algunos hilos de esta reflexión, sobre todo el cómo nos acercamos a las víctimas (si es que lo hacemos), cuándo y por qué, sobre por qué las gestiones acaban suponiendo a veces efectos totalmente contrarios a los de esta experiencia, qué queremos, qué no queremos, y si los flujos de poder acaban o no influyendo en como gestionamos todo en conjunto (flujos de poder que a veces contradicen los privilegios/opresiones que se quieren tener en cuenta en la denuncia). Yo sé que si me hubiera puesto pesada, hubiera empezado a exigir demandas y hubiera buscado aliadas en algunos grupos feministas, hubiera conseguido ciertas cosas. Pero cosas que tampoco necesitaba y con las que no me sentía cómoda. Ahora bien, considero que pasar de este extremo a que ni tan siquiera se quiera compartir la información, mirar hacia otro lado e ignorar todo lo que esta persona ha hecho y cómo me haya podido afectar a mí, es algo que, desde mi punto de vista, hace que sienta que se tenga que reflexionar y poner en cuestión muy buena parte de nuestros discursos.

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