sistema de donativos económicos a través de este blog

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

Mi dedicación al activismo durante los últimos años ha sido múltiple: he participado en colectivos, he escrito artículos de opinión en diarios y a la vez escribo en mi blog, hago talleres por mi cuenta, charlas, etc. El activismo se ha convertido en una de mis principales motivaciones y en uno de los ejes más importantes de mi vida porque atraviesa totalmente como gestiono mis relaciones, decisiones, proyectos más allá del activismo, emociones y vivencias. Podríamos decir que al activismo le dedico casi mi vida, tanto emocionalmente como en cantidad de tiempo.

Aunque es un tipo de trabajo que hago con mucha motivación y encantada, me supone un esfuerzo y un tiempo notable. De hecho mochas de estas tareas son incompatibles con muchos trabajos que me permitirían obtener una remuneración mínimamente buena para vivir, pero que me suponen un esfuerzo muy grande de tiempo y emocional. Me gustaría poner un ejemplo de lo que me supone a mí de coste de preparación de algunas de las cosas que normalmente hago: para que os hagáis una idea, preparar la charla de memorias de una C supuso por mi parte una dedicación de más de 100 horas, o la charla de monosexismo que hice para las I Jornadas Desorientadas donde la dedicación fue plena (de una jornada laboral) durante un mes y medio.

Además, muy buena parte de mi activismo es para mostrar y hablar de estructuras, violencias y situaciones que a mí me han afectado (y me afectan) y que me han puesto en situaciones muy vulnerables, hasta afectar mi situación económica (lo expliqué en  éste artículo hace unos meses). A la vez también he observado que hay personas que se sirven de lo que escribo para montar charlas, talleres o incluso clases, donde sacan muchas veces un beneficio económico (que yo no me saco).

Estos fueros los motivos por los cuales decidí hacer taquilla inversa cuando comencé a hacer talleres a través de este espacio. La taquilla inversa en los talleres me permite poder recibir una ayuda económica para seguir manteniendo el espacio y el activismo que hago y a la vez permite que personas que no pueden pagar el taller también puedan venir, ya que la taquilla inversa no pone un precio para el taller y cada persona pone lo que cree, quiere y puede.

No obstante, siento que hacer sólo la taquilla inversa en los talleres invisibiliza mucho otro trabajo que hago que no se materializa en un taller o una charla, y es todo el tiempo dedicado a escribir, por ejemplo, y a generar cierto discurso a través del blog. Debido a todo  esto, e intentando ampliar la posibilidad de que quien quiera y pueda haga aportaciones y donativos que me permitan seguir manteniendo este espacio y el activismo que hago por mi cuenta, he decidido poner en la página algún método para hacer donativos.

Tengo pendiente mirar con calma muchas posibilidades sobre qué sistema poner para que las personas puedan hacer donativos. Mientras lo decido, no obstante, he decidido poner el sistema de Ko-fi, que aunque no es mi favorito (por muchos motivos) es el que de momento usaré mientras estudio tranquilamente otras posibilidades. Tendré fijo un link como éste:

a la derecha de la página para que las personas que entren puedan hacer el donativo. También lo pondré al final de cada una de las entradas para que se recuerde la existencia de esta posibilidad.

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más allá de la brecha salarial: la precariedad económica y las estructuras de poder

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 6 de Abril.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

Muchas de las consecuencias sufridas por las personas oprimidas debido a las estructuras de poder no son agresiones físicas o verbales directas y son muy difíciles de cuantificar: por ejemplo, cómo afectan las estructuras der poder a la salud mental, a la salud física, a ser más sensible a padecer agresiones sexuales debido a la objetificación, o bien las consecuencias económicas de estas estructuras. Esto es debido a que mucha parte de la violencia de las estructuras de poder es simbólica y no es directa: se genera un marco donde el lenguaje, los estereotipos, los borrados de ciertas identidades, entre otros mecanismos, propician la explotación, la marginalidad, o la alienación. Uno de los muchos ejemplos es la contabilización de la pobreza y de los ingresos económicos: haciendo estadísticas comparando lo que cobran las personas con privilegios y las oprimidas de cada una de las estructuras de poder casi siempre lo que se observa es que las personas oprimidas tienen más tendencia y probabilidad de padecer pobreza, más precariedad económica o tener unos ingresos económicos inferiores, y esto no siempre es debido a que exista una norma explícita que diga que las personas oprimidas no pueden cobrar tanto como las personas con privilegios ya que muchas veces las causas son más indirectas.

La mayoría de las veces que se habla de esta diferencia económica entre personas con privilegios y personas oprimidas se suele hacer para explicar y mostrar la brecha salarial entre hombres y muejres. En el caso específico de la jerarquía hombre/mujer esta diferencia es por cómo históricamente las mujeres hemos sido (y somos) consideradas inferiores a los hombres (seres menos válidos para los trabajos productivos) y no se nos ha tenido ‘permitido’ cobrar lo mismo para hacer el mismo trabajo, aparte de no tener acceso a ciertos tipos de trabajos (o en muchos momentos a ningún trabajo) o a lugares de más poder (por el mismo motivo).

Pero a veces la diferencia de ingresos puede ser debido a otras causas (también estructurales). Las estructuras de poder afectan, por ejemplo, nuestra salud mental, ya que tenemos que estar cada día moviéndonos en un marco donde el lenguaje no nos representa, donde se nos aliena, margina, explota, o bien también se nos borra o estereotipa. Estamos hablando de afrontar cada día con las limitaciones de muchas estructuras (aparte del machismo ya mencionado) como el capacitismo, el heterosexismo, el racismo, el cisexismo, la gordofobia, entre muchas otras. La baja salud mental nos incapacita muchas veces para trabajar, y facilita el hecho de que se nos vea socialmente como personas con quien se puede confiar menos para contratarnos o para ofrecernos los mismos tipos de trabajos y contratos que a las personas con más privilegios. O, por otro lado, los estereotipos también nos pueden colocar en una posición que dificulta muchas veces el acceso a ciertos lugares de trabajo: por ejemplo, cuando por ser bisexual se te considera una persona inestable y traidora (dos estereotipos ligados a la bisexualidad), y por tanto puede ser un motivo para perder un lugar de trabajo o para que se confíe menos en ti que en tus compañeras de trabajo.

Yo lo vi en mi caso durante los dos últimos años de doctorado. Durante casi todo el doctorado (que duró unos 7 años) padecí una relación de maltrato por parte de una persona con la que compartía trabajo/doctorado; un maltrato que fue beneficiado por el hecho de yo no ser hombre y ser, además, neurodivergente. La relación de maltrato, un entorno laboral angustiante y la violencia que me encontraba también en aquel entorno por el hecho de no ser heterosexual, ni monógama, ni neurotípica menguó día tras día mi energía, mi salud mental, llevándome a mi límite emocional. No podía trabajar y día tras día mi productividad no era suficiente como para que se me considerara una persona mínimamente resolutiva. Finalmente mis jefes acabaron confiando mucho menos en mí que con el resto: esto hizo que acabara teniendo un contrato mucho más precario (por debajo del mínimo, cobrando la mitad que el resto de compañeras) y bajo unas condiciones de estrés más grande que las de mi compañeras.

Una vez una persona, después de compartir con ella un lista sobre los privilegios monosexuales, me empezó a decir (de forma bastante violenta, por cierto) que había un privilegio que era mentira, que qué tenía que ver el monosexismo con los ingresos de una persona. Precisamente el privilegio al que hacía referencia era ‘es menos probable que sufra de pobreza’; la ironía fue que quien me lo dijo era quien llevaba 5 años maltratándome, y me lo dijo justamente cuando llevaba más de medio año cobrando una miseria al mes, menos de la mitad de lo que él cobraba en el mismo departamento y haciendo el mismo doctorado.

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