charla: memorias de una C

por wuwei (natàlia)

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La charla se realizará en catalán.

A y B tienen una relación; B conoce a C, y por ‘extraños’ motivos C acaba sintiéndose desempoderada en su relación.

En esta charla, utilizando la letra ‘C’ como metáfora sobre las relaciones, se explicarán qué son las jerarquías en las relaciones, qué relación tienen éstas jerarquías con el pensamiento monógamo y cuáles son las consecuencias de estas jerarquás. Las memorias de una C no son simples, son atravesadas por el consumismo relacional, la objetificación, la explotación, la alienación, la marginación, el desempoderamiento, y muchos otros factores que vivimos (y que ejercemos) día tras día todas las personas cuando nos relacionamos. Esta no pretende ser una charla ‘simple’, sino una rallada de la vida con una mirada crítica y política y con alguna pinzelada en formas de diario y memorias de algunos relatos de situaciones de desempoderamiento relacional. Un diario de una letra de las que otras hablan pero con la que casi nunca se habla.

Después de la charla se abrirá el debate con las asistentes.

Lugar: Ateneu la Base, c/ Hortes, 10, Poble Sec (Barcelona)

Día: sábado 4 de noviembre

Hora: 18:30h

 

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el compromiso como acto revolucionario

por wuwei (natàlia)

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El compromiso, juntamente con otros conceptos en nuestra cultura, se puede intuir y definir de muchas maneras diferentes. Es uno de estos conceptos que por un lado nos viene impuesto de una manera concreta por las estructuras de poder, pero que a la vez desprenderse de éste también beneficia a estas estructuras (como el patriarcado o el capitalismo, entre otras). Pero se pueden intentar construir nuevas maneras de acercarnos de una manera que ayude a romper con los sistemas de privilegios y opresiones.

En la monogamia, por ejemplo, este compromiso está relacionado con todas aquellas ideas sobre como tiene que ser una pareja (formas de pensar que definen qué es una pareja y todas las normas implícitas que la rodean). Este tipo de compromiso se conecta con las exclusividades, no solamente exclusividad sexual o romàntica, sino también en proyectos o cualquier cosa que se decida hacer o compartir: todo lo que se quiere hacer fuera de la relación de pareja tendrá que pasar por la conformidad de la pareja. Si no se hace así, se suele dar la sensación de que no nos queremos comprometer y que por tanto la relación no es importante para nosotras o que no sabemos querer. Este tipo de compromiso acaba reforzando todo el resto de ideas que se imponen como nrmas de lo que ‘tiene que ser una pareja’: proyecto de convivencia, de crianza, de pertenecer a las mútuas familias de origen, o bien de compartir finanzas. Al final, cualquier cambio que una de las dos quiera hacer en su vida (como cambiar de trabajo) tiene que pasar por todo el ritual de presentación del tema con la pareja, discusión, aceptación y otorgamiento de derecho o no derecho a poderlo hacer por parte de la otra.

El compromiso que nos viene definido sistemáticamente está construido para beneficiar las estructuras de poder. De hecho, es un compromiso que suele beneficiar a las personas con privilegios y viene de forma muy implícita: no es hablado, ni pactado, ni sensible a las situacioes de cada una o de las necesidades y voluntades, sino que proviene de un arrastre a través de las normas estructurales que benefician a las personas con más privilegios mientras explota a las personas oprimidas. El ejemplo que he puesto anteriormente cuando he hablado de compromiso en la monogamia beneficia a todas las normas que rodean a la monogamia y privilegian a las relaciones de pareja frente al resto de relaciones, como las de amistad. Además, en los casos de parejas hombre-mujer tampoco se suele repartir de la misma manera el compromiso, ya que se ha educado a las mujeres para que el compromiso sea siempre más fuerte por parte de ellas (con todo el sacrificio que comporta) y que sean los hombres quien más se benefician (los hombres suelen tener muchas más vía libre para decidir algunas cosas sobre su vida fuera de casa y les permitirá tomar cierto tipo de decisiones sobre su trabajo, o para salir con los amigos). Y, finalmente, para poner un ejemplo diferente a la monogamia, la idea con la que nos han educado a la clase trabajadora para comprometernos con las empresas por las que trabajamos es también un ejemplo de que el compromiso beneficia al privilegio y a las estructuras. En todos estos ejemplos podemos ver que este tipo de compromiso siempre va de abajo a arriba como un ideal que ayuda a la explotación (tanto sea laboral como emocional, como de otras formas).

Muchas veces, debido a ver que el compromiso que nos viene por defecto es opresor, se propone como alternativa el ‘no compromiso’, como si el problema fuera comprometerse en sí mismo y no el tipo de compromiso que se nos impone. Esto acaba poniendo a las personas con menos privilegios en situaciones de vulnerabilidad. Siguiendo el ejemplo de la clase trabajadora: aunque sepas que estás en unas condiciones precarias, romper tu compromiso de forma general con trabajar para una empresa puede colocarte en una situación todavía más vulnerable (sin un trabajo que pueda darte un sueldo a final de mes). El problema es que seguimos moviéndonos en un sistema que beneficia por defecto a las personas que tienen más privilegios.

Una alternativa que rompería con el compromiso sistemático presentado antes sería la de generar compromisos conscientes para cooperar de forma colectiva y más sensibles a los privilegios y opresiones de cada una, intentando romper con estas jerarquías. Comprometernos a cuidarnos, a tener en cuenta nuestras necesidades y vulnerabilidades, escucharnos para no quitarnos voz en procesos que nos afectan, hacer los compromisos también flexibles (que puedan cambiarse o dejarse), y a la vez explícitos, sensibles a todo el resto de relaciones que tengamos y que no sean incompatibles con compromisos que tengamos con otras personas y proyectos. Una idea de compromiso que nos sirva para que podamos saber y entender para qué estamos para las otras, podernos mover en las relaciones, pero no para atraparnos.

Es curioso que cuando se han dado situaciones donde se ha hablado de compromiso de forma más explícita y consciente quien más esquiva el comprometerse son las personas con más privilegios: estas personas estan tan acostumbradas a obtener sus necesidades por defecto sin depender (conscientemente) de nadie que no encuentran la necesidad de ningún compromiso y a la vez tienen miedo a la pérdida de privilegios que esto podría comportar, ya que el compromiso consciente podría revertir el propio sistema privilegios/opresiones.

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gordura y monogamia

por Kai Guerrero

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Siempre he sido gorde.

Desde parvulario tuve consciencia de ello. Les niñes se burlaban y cantaban canciones insultantes para cada vez que me veían. 

También en ese entonces tenía un compañero de clase y vecino con el que me llevaba muy bien. Rápidamente etiquetamos nuestro vínculo: eramos novies. Con apenas 4 años ya estábamos hablando de matrimonio. Quizás porque nos queríamos mucho y ya habíamos interiorizado esa idea de que hay grados en el quererse y el quererse mucho tiene que resultar en relación romántica, matrimonio y vivir juntes. Se suma aquí toda la carga heterosexista de que nuestro vínculo se leyó de forma romántica desde el instante en el que mostramos afecto y nosotres lo reproducimos. 

Es curioso como ya de pequeñe yo sentía un fuerte deseo por tener relaciones románticas. Al mismo tiempo que deseaba con toda las fuerzas del mundo parecerme de alguna forma a los referentes que me habían generado esos mismos deseos: Parejas heterosexuales y normativas (sobre todo físicamente normativas). Es decir, quería ser delgade, hetero y monógame. Suerte que se he me ha pasado esa fase, de lo contrario, vaya tragedia. 

Había aprendido que eso (ser delgade, hetero y monógame) era lo que debía desear y lo que hacer iba a feliz. Así que yo misme potencié y reproducí ese vínculo romántico antes de que pudiera entender en que consistía eso que yo quería vivir tan desesperadamente. 

Llego el momento en el que el niño empezó a sentirse avergonzado de «salir» con une niñe gorde. Terminó el vínculo conmigo presionado por las burlas de les demás. Yo tenía muy claro que mi condición de gorde tenía algo que ver, sea verdad o no, eso es irrelevante. El hecho es que sentí aquello como natural y dramático a la vez.  Él era un niño de los «populares» y yo era le niñe gorde: no podía haber unión más imposible. Más tarde hizo comentarios gordofóbicos sobre mi familia por lo cual mi hipótesis se vio reforzada: había sido gordofobia.

Así que fracasé en alcanzar esa meta que, cómo nos enseñan desde el día 0, es la llave de la felicidad. La consciencia de que mi gordura me impedía ese tipo de relación y con ello, ser una persona integrada y «normal», empezó a hacerme sentir gordofobia interiorizada de forma más evidente. Ahora me encanta no ser normal y vivir en los márgenes, pero me ha costado lo mío, vamos.

A lo largo de los años esta percepción de fracaso se acrecentó. De forma que el plantearme ningún tipo de relación romántica real me resultaba ridícula. Me repetía: «Nadie quiere estar con gordes. Ni siguiera otres gordes quieren estar con gordes.» Sentía que se me excluía de la receta mágica para la vida completa y dichosa.  Así pues, los finales felices me estaban vetados. Era un ser humano sin futuro posible, incompleto, roto.

En la adolescencia este sentimiento todavía me obsesionaba más. En casa todo era un desastre, me hacían bulling en clase, sufría gordofobia constantemente, desarrollé un trastorno alimenticio (sin diagnosticar durante muchos años, porque les médiques creen que les gordes no tenemos TCA, al parecer) y depresión. Me habían hecho creer que el amor todo lo vence que si encontraba a alguien especial todo el resto de cosas horribles de mi vida importarían menos. Se suponía que no necesitaba nada más para ser feliz que un novio (de nuevo el heterosexismo dando la lata). Estos mensajes que sistemáticamente nos impone la cultura de la monogamia, son los que luego propician relaciones de dependencia y abuso.

El caso es que muches gordes no llegamos a sufrir los efectos nocivos de la monogamia porque se nos excluye de ella. Así que es mucho más difícil darse cuenta de todo lo que implica la monogamia como estructura: objetivar a le otre, posesividad, competitividad, individualismo, falta de empatía y posesión, entre muchas otras cosas. 

Se nos impone un supuesto modelo único de felicidad al que no podemos acceder a causa de nuestro cuerpo, que es percibido como feo, enfermo y asqueroso. Por eso fácilmente nos sentimos condenades a la soledad, porque de entrada no se conoce una alternativa a la monogamia que no sea la soledad. Si no tienes pareja estarás sole y amargade, se tendrá lástima de ti.

Como gorde eso es lo que sabes que te espera el resto de tu vida. Es lo que cuenta la narrativa gordofóbica:  nadie nos va a querer, especialmente de forma romántica, y  nadie va a querer tener sexo con nosotres. Porque damos asco y es mejor alejarse de nosotres. Tener esto interiorizado hasta la médula me llevo a tener relaciones sexuales con un tío que no me gustaba, porque era «mi única oportunidad de saber lo que es tener sexo». El tío era un machista asqueroso, pero yo sentía que debía sentirme agradecide porque alguien se fijara en mí. Esto acabó desembocando en abuso sexual.

Paralelamente a la idea de que nadie va a querernos,  desde la monogamia, se nos dice que si no tenemos una relación de pareja y sexo no podemos tener una vida completa.

En conclusión, la percepción inicial de une gorde es que siempre va a ser infeliz a no ser que adelgace, porque de otra forma no encontrará pareja. 

En mi caso resultó en idealizar las relaciones románticas y la monogamia, lo cual, evidentemente, resultó ser un desastre. 

Hasta que me encontré con las no-monogamias. 

Pero claro, si ya resultaba complicado pensar en una sola persona que se interesara por mí y habiendo interiorizado que si eso ocurría era un «golpe de suerte» o «a pesar de mi gordura», el plantearme gestionar aquello me parecía imposible.

Siempre me sentía inferior a mis novies cuando era monógame. Pensamientos como «está conmigo por desesperación», «porque no ha encontrado a nadie mejor», «le doy pena», pensamientos muy dañinos para mí, pero también para la persona. Esto, en realidad se aplicaba a todas mis relaciones, pero se acentuaban cuando había intimidad física. 

El miedo al abandono, el miedo a ser reemplazade… la monogamia crea la falsa ilusión de que es más estable, de crear vínculos más comprometidos a partir de la incondicionalidad. En realidad acaba por ser muy tóxico porque me llevaba a dejarme machacar y olvidarme de mí misme. Porque si no quería «incondicionalmente» no quería de verdad y merecía el abandono. Y con lo difícil que era para mí encontrar a alguien que me «aceptara», no me podía permitir el abandono. 

Esta supuesta estabilidad, por lo tanto, es una falacia, porque al final la cultura de la monogamia lo que promueve es un consumo de relaciones. Tener una relación, objectivizar a le otre y pedir que cumpla todas tus necesidades y proyectar toda tu energía en una sola persona hasta que la cosa explote y NEXT. Promueve una falta de comunicación, porque se construye a partir de un modelo rígido con códigos inamovibles. 

Así que no me servía, no me servía un modelo en el que tenía que me forzaba una forma de vivir y de relacionarme que me hacía daño. Poco a poco he ido desmontando los mitos del amor romántico que me mantenían ligade a relaciones que me consumían.

Aún siendo consciente de eso, el ser une gorde no-monógame implica para mí tener que deconstruirme desde mi posición dentro de la sociedad, una posición que me ha sido marcada a fuego desde parvulario, como he explicado antes.

Mi identidad ha estado siempre ligada a la soledad, el entender que no es así, que mis vínculos no tienen por qué girar en torno al sexo, que puedo no tener relaciones románticas, que no tenerlas no significa  estar sole, que aquello sobre lo que siempre he fantaseado es un gran fiasco… pues no me ha resultado fácil. No me está resultando fácil. 

El siguiente paso para mí, ha sido desmitificar las no-monogamias.

También hay gordofobia en las no-monogamias. También se reproducen estructuras de poder, jerarquías y demás mierdas de esta maravillosa sociedad en la que vivimos. 

Me han dicho alguna vez que he adoptado esta forma de relacionarme para follar más porque como soy gorde, así tendré más oportunidades, porque además soy bisexual. Como si la gente por ser no-monógama fuera menos gordofóbica y nos rechazara menos, como si todo el mundo quisiera follar, como si el hecho de ser no-monógame y bisexual automáticamente significara follar más. 

Lo que sí que me ocurre es que me cuesta mucho no darle una importancia especial a mis vínculos más románticos, porque toda la vida se me han negado la posibilidad de vivirlos y ver que puedo tenerlos, que realmente puedo follar con gente, que realmente puedo gustarle a alguien, pues sigue siendo algo que me cuesta digerir y me crea mucha inseguridad. Y si esa persona se relaciona romántica y sexualmente con otra gente y son personas delgadas, es fácil que me sienta inferior, que me compare, que sienta competitividad. Eso está ahí, porque me cuesta entender que alguien elija tener un vínculo sexual, afectivo y/o romántico con une gorde como yo y el miedo al abandono está latente constantemente. 

Es decir,  me genera el miedo de que se creen dependencias y jerarquías que reproduzcan justo lo que no me gusta de la monogamia. 

Por un lado, si como gorde me cuesta más relacionarme a un nivel sexual porque se me rechaza y, pongamos, solo tengo un vínculo sexual/romántico siento que hay gran peligro de que se cree (en forma de réplica de una relación monógama de competividad) la percepción de que «la única persona que me quiere es elle» y «elle tiene más relaciones porque es delgade». Así, no solo entraría a compararme con elle, sino con el resto de relaciones de su red afectiva. Compararse genera competitividad y eso acaba por crear vínculos tóxicos.

 Por otro lado, como he comentado, no creo que las no-monogamias están libres de gordofobia. No es garantía de no ser invisibilizade, rechazade, compadecide y fetichizade. Al final el eje de opresión en torno a la gordura es el mismo, seas monógame o no. Tener la ilusión de que no se te va a rechazar porque es gente que se ha replanteado las relaciones, creo que puede ser problemático, porque no ser monóhame no significa que se hayan desconstruido la gordofobia (ni el machismo, ni el cissexismo, ni el monosexismo etc.).

También está el tema de que algunes nos vean, a les gordes no monogames, como objetivos fáciles. O sea, personas desesperadas que accederemos a mantener cualquier tipo de relación con cualquiera, sin filtros, porque estamos desesperades por tener sexo. 

En resumen, podemos ser víctimas del fetichismo o la exclusión de la misma forma que lo somos en el imaginario monógamo.

 

 Y a veces une se puede preguntar, ¿si me voy a sentir igualmente  rechazade e insegure para qué me meto en esto?

Para mí la clave es construir un entrono no monógamo sensible a las estructuras de poder y sistema de opresiones. No basta con no ser monógame si tus relaciones no son sensibles al feminismo, a la lucha trans, a las neurodivergencias o a lo que sufrimos las personas gordas entre otras muchas cosas. 

Con ayuda de este entorno que tengo la suerte de estar construyendo día a día, he empezado a desidealizar las relaciones románticas poco a poco.

No soy menos por no tener sexo con nadie (ese pensamiento además es bastante alosexista). 

No soy menos porque nadie quiera tener sexo conmigo. 

No estoy obligade a tener sexo con nadie porque sienta que tengo demostrar que alguien me desea. No soy importante en la medida que les demás me deseen sexualmente. No soy menos por no tener una relación romántica con nadie. Si alguien me rechaza por gorde se retrata elle, yo no tengo nada que ver en su gordofobia.

He dejado de asumir que tengo que esperar pasive a que alguien se me acerque, que no todo el mundo siente asco cuando me ve, que puedo construir relaciones sanas.

Estoy combatiendo mis propios monstruos con todo ello, cuestionándome constantemente. Aunque mi gordofobia interiorizada asome de vez en cuando y me diga que todo es inútil, que me estoy intentando engañar y que las no-monogamias son otra forma de maquillar que voy a estar sole siempre. 

Ahora sé que no es verdad. Mis vínculos, tengan componentes románticos y/o sexuales o no, son importantes y estoy consiguiendo construir una red afectiva maravillosa a pesar de todo el peso de la monogamia y la gordofobia.

Parece que la sociedad nos dice que las personas tenemos que subir una escalerita de relaciones que nos otorga un estatus y unos privilegios. Y que les gordes, por gordes y torpes nos quedamos abajo. Pero mandemos a la mierda la escalera y a estructura que la sustenta!

Cada vez me siento mejor aquí, donde estoy teniendo la oportunidad de mirarme al espejo y saber que valgo por mí misme y no en relación a les demás. Que mi vida no tiene por qué girar en torno al sexo y el amor romántico, que mi vida no está vacía por ello.

Por mucho que me quieran infeliz, me resisto.


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nuevo taller: ‘deconstruir contextos para construir relaciones’

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

podéis encontrarlo también en la nueva sección del blog ‘talleres‘ y descargarlo en pdf aquí.

 

Dinamizado por wuwei (natàlia): feminista y activista crítica sobre bisexualidad/plurisexualidades, no-monogamias, relaciones, antipositivismo, técnicas de dominación y estructuras de poder. Más información: http://estructuradifractada.com/es/sobre-wuwei-un-poco-de-mi/ . También me podeis encontrar en twitter (@wuwei_). Contacto: wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Si te quieres inscrivir envía un correo electrónico a wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Objectivos:

El objetivo de este taller es reflexionar y poner en cuestión el pensamiento alrededor de como nos vinculamos con las personas, ya que por defecto, y sin pararnos a pensar mucho, vivimos en una sociedad muy individualista, competitiva, de apropiación y de consumo acrítico, donde repetimos todos estos conceptos también cuando nos relacionamos.

La idea del taller es poder poner un interrogante a la forma que nos viene por defecto de relacionarnos y encontrar herramientas para vincularnos de forma más consciente. Por este motivo la apuesta de este taller es la de empezar a ‘construir relaciones’, para hacer del proceso de vincularnos un proceso un poco más consciente, crítico y sensible. ¿Somos conscientes de le otre?

No pretende dar soluciones estáticas, sino que estas surjan a través de la reflexión entorno a estructuras de poder y conceptos que nos vienen por sistema sobre como tenemos que tratar nuestras relaciones. Este taller tiene una visión crítica con las estructuras de poder, y por tanto, una visión bastante politizada: feminista, anticapitalista y sensible a las opresiones y a una crítica al sistema monógamo, no tanto como sistema de recuento de relaciones de pareja, sino como sistema que nos obliga a relacionarnos de formas más concretas y que genera situaciones de vulnerabilidad, exclusión, poca solidaridad, entre otras.

Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.

Dinámicas:

Durante el taller se harán preguntas y se leerán textos que girarán entorno a las cuestiones de:

– dependencia e independencia

– objetificación y competitividad

– compromiso y responsabilidad

– cuidados

a través de estos conceptos, dinámicas participativas, y también poniendo en algunos casos ejemplos concretos de situaciones, se debatirán estas cuestiones.

No se obligará a participar a todes de la misma manera. Cada une podrá participar como se sienta más a gusto, pueda o quiera. También habrá la posibilidad de expresarse de forma anónima.

Número de participantes: maxim 15 personas por cada taller.

Duración: 4 horas con un descanso

Accesibilidad: en principio no es accesible (por defecto) para personas sordas, aunque si el taller no es accesible para ti debido a este factor, ponte en contacto conmigo (wuwei.activismedesorientat@gmail.com) para que pueda encontrar una solución puntual para el taller y puedas participar. A la larga la idea es que pueda llegar a ser accesible para todes.

Precio: Flexible (tipo ‘taquilla inversa’), cada une pagará lo que quiera y pueda por el taller (sin que haya un mínimo estipulado, también se puede no pagar nada u ofrecer otras cosas que no sea dinero). Aunque el taller no es de una gran complexidad (de material y de dinámicas), haber llegado discursivamente a poder ofrecer un taller este tipo ha tenido un coste importante de tiempo, emocional y económico; por este motivo siento que necesito cobrar algún tipo de compensación económica. Aún así, soy sensible a la situación económica de cada personas, y no quiero que no sea accesible para persona que no puedan permitirse pagar nada. Dejarlo con un precio flexible (como una taquilla inversa, donde cada une pague lo que quiera y pueda al finalizar el taller) es la fórmula que creo que encaja más con lo que deseo para este taller. Dejo que sea cada persona que lo decida según sus necesidades, condiciones y voluntades.

Lugar: a determinar (en la ciudad de Barcelona).

Dia y hora: se fijarán los días y las horas según la disponibilidad de las perasonas que se inscriban.

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a wuwei.activismedesorientat@gmail.com

A tener en cuenta:

No se trabajarán dinámicas corporales, sólo se trabajarán entorno a conceptos y ‘teoría’ o ‘experiencias’ de forma verbal. Se intentará no hablar de experiencias que hayamos tenido con personas que también asistan al taller.

También habrá la posibilidad de comunicar a la dinamizadora que no nos estamos sintiendo bien, o decidir cambiar la forma de participar, marcharse o quedarse de la forma que se sienta más a gusto.

Finalmente, también se pretenderá que es espacio sea lo más seguro posible. Si crees que con alguna/s persona/s no podrías tener este espacio, comunícalo cuando te inscribas.

Si tienes alguna petición o demanda por algún otro motivo que pueda hacer que el espacio sea más seguro para ti, o hay dinámicas que te suelen producir algún tipo de molestia, inseguridad, o que no permitan que puedas participar, comunícalo al inscribirte e intetaré adpatar las dinámicas.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VII – espacios)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la séptima y última parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aqui y la sexta aquí.

Espacios

El espacio es donde compartimos y generamos las relaciones. Los espacios están tradicionalmente y sistemáticamente construidos para reproducir y generar estructuras de poder (un ejemplo es como están diseñados los pisos para que la habitación principal sea para una pareja monógama, donde solo cabe una cama para dos personas). Es importante intentar ser conscientes de los espacios para romper con estas estructuras y a la vez entender su importancia en como construimos las relaciones.

Los espacios no solo son los espacios físicos, como un piso, una habitació, una casa, o un centro social. Los espacios también pueden ser un grupo de telegram o whatsapp, un grupo de facebook o una asamblea en medio de la calle.

Los espacios los tendríamos que crear según las necesidades de las personas que los compartimos, tienen que ser accesibles (inclusivos), y tienen que ser creados según lo que se quiere compartir y las relaciones que hay. Los espacios tendrían que poder transformarse para hacerlos compatibles con las necesidades que también cambian, igual que las relaciones. Se tiene que aceptar, además, la incompatibilidad de algunas necesidades (creando espacios diferentes con referencias comunes diferentes), y se tienen que tener en cuenta los contextos de las personas que lo comparten, y lo que se está compartiendo.

Es importante, cuando se quiere compartir un espacio, hablar con las relaciones para entender como los queremos compartir, como lo queremos hacer para ser sensibles a nuestras necesidades, emociones, contextos, cuidados y también para evitar generar situaciones de competitividad y/o exclusión.

Los espacios son los que nos permiten conectar, responsabilizarnos, sentir, compartir, colectivizarnos, aunque en algunos momentos sea aislándonos. Los espacios los creamos, los re-creamos. Los espacios son vacíos. Y es en el vacío sonde podemos movernos y existir. Y el vacío también se puede construir.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VI – comunicación y cuidados)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la sexta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí y la séptima aquí.

Comunicación

En la monogamia la comunicación es casi inexistente, ya que los compromisos son siempre implícitos (no se hablan, se dan por supuestos debido a lo que se supone socialmente que tiene que ser una ‘pareja’), y todo lo que envuelve las expectativas en las escalas de las relaciones hace que la comunicación no solo no sea necesaria, sinó que sea vista como una manera de romper con la ‘poesía’ o ‘magia’ de las relaciones (una ‘poesía’ que col·loca las personas en situaciones no deseadas ni escogidas voluntariamente, por tanto que objetifica).

La comunicación es muy importante, especialmente si queremos construir relaciones sensibles y no objetificadas. El problema es que estamos construyendo discursos en la no-monogamia que son altamente dominantes con un tipo muy específico de capacidades comunicativas. La imposición de un solo tipo válido de comunicación es también un proceso de dominación de las personas con unas capacidades concretas (capacitismo).

No todas las personas podemos mantener conversaciones que nos afecten emocionalmente con calma. No todas las personas podermos responder a demandas, preguntas, o propuestas al momento. Hay quienes no podemos mirar a los ojos de quien nos habla. Hay quienes no podemos hablar cara a cara en ciertos momentos o situaciones. Hay quienes necesitamos espacio y tiempo para reflexionar, gestionar o digerir. Hay quienes nos expresamos con dificultad (especialmente porque se nos obliga a expresarnos de formas muy concretas y esto no tensa mucho más). Además, hay quienes tenemos miedo a que estas diferencias que tenemos a la hora de poder comunicarnos nos imposibilite mantener nuestras relaciones y tenemos miedo a perderlas.

Necesitamos discursos de las no-monogamias más sensibles a la diversidad en la necesidad de como comunicarnos, que no excluya a las neurodivergentes, funcionalmente iversas o discapacitades, o a aquelles que por diversos motivos no puedan expresarse o comunicarse de la forma que se ha estipulado como la ‘normal’.

Cuidados

Los cuidados es un tema que se lleva hablando desde no hace mucho en nuestros activismo, en las no-monogamias, y especialmente en el feminismo. De hecho se ha hablando más en el feminismo debido a que las llamadas tareas de cuidados han recaido siempre en las mujeres. Estas tareas suelen ser descritas como las tareas relacionadas con las tareas del hogar como cocinar, limpiar, limpiar la ropa y planchar, cuidar cuando le otre está enferme, etc. Estas tareas son muy importantes y se tienen que tener en cuenta, especialmente cuando existen estas diferencias de género.

No obstante, los cuidados van mucho más allá de estas tareas que tienen que ver con el género, y sobre todo cuando estamos hablando de muchos tipos diferentes de relaciones, contextos, y estructuras (no todas las relaciones son heterosexuales, binarias, románticas y sexuales). Los cuidados tienen que ser tareas sensibles a las necesidades que tengan las personas, que no tienen porque recaer en las tareas del hogar. Para poder cuidar es necesario entender qué necesita la otra persona, no para sentirnos obligadas a cubrir sus necesidades, sino simplemente para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. No todos los cuidados recaen en tareas ‘productivas’, a veces cuidar puede implicar dejar a la otra persona estar sola si lo necesita (para poner un ejemplo). No tenemos que obligar a que le otre tenga que expresar y entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expresar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, además, tampoco se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Es muy probable que muches de nosotres no necesitemos que se nos cuide preparándonos la comida, por ejemplo, a lo mejor tenemos otras necesidades. Vivimos en lo que yo llamo ‘la cultura del tupper’: una cosa que pasa muy a menudo en nuestros entornos es que como que se está insistiendo mucho con que nos tenemos que cuidar, lo que muchas personas hacer es haver alguna cosa que les es fácil de hacer (como por ejemplo, prepararnos un tupper) pero no escuchar cuáles son nuestras necesidades reales. Es más, hay situaciones donde se utiliza esta tarea que se ha realizado para no tener que escuchar a la otra persona cuando nos expresa una necesidad real que tiene (he preparado un tupper, ya he cocinado, me voy y me lavo las manos). Utilizar los cuidados de esta forma es una técnica de dominación para no tenerse que comprometer a cuidarnos ni entender que las necesidades son múltiples, que afectamos y nos afectan las personas que nos rodean. No podemos prepararle el tupper a una persona y después utilizarlo como excusa para objetificarla o no tenerla en cuenta en cosas que le afectan.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (V – contexto y sensibilidad)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la quinta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

 

Contexto

El contexto es la información que ayuda a situar a una persona en referencia con lo que la rodea. El contexto de una persona son, por ejemplo, las estructuras de poder que la atraviesan, o su situación relacional, situación laboral, económica, familiar, etc. Y en cada situación o momento, lo que es relevante del contexto de una persona puede ser diferente (por ejemplo, en una charla puede ser relevante el hecho de que yo sea activista y padezca sexismo y monosexismo, pero no que mi color favorito sea el lila).

Estamos muy acostumbrades en nuestros entornos a buscar soluciones únicas que lo resuelvan todo. La idea de que existen soluciones únicas que lo resuelven todo proviene de las propias estructuras de poder, ya que estas nos imponen una sola forma de hacer y pensar, y reproducimos el mismo pensamiento imponiendo soluciones y fórmulas únicas para resolver los problemas cuestiones. Pero las soluciones y fórmulas únicas para resolver problemas no existen, ya que las soluciones y las respuestas son (o tendrían que ser) contextuales.

Por ejemplo, dejar una relación sin informar a la otra persona, simplemente yéndose, es casi siempre un acto violento y muy poco cuidadoso. Aún así, en algunas situaciones es posible que sea la única forma de dejar una relación de poder, violenta o de maltrato. En nuestros entornos no monógamos solemos dar como solución única en la resolución de problemas la empatía y la comunicación no violenta, pero en muchos casos (cuando la empatía no se puede utilizar o cuando existe una situación donde la posibilidad de la comunicación no violenta se puede incluso utilizar para reproducir técnicas de dominación o estructuras de poder) no son la solución.

Sensibilidad

En los entornos no monógamos se suele hablar mucho de la empatía, y se utiliza muy a menudo como comodín y parte de la solución de conflictos y gestión de emociones. La empatía puede ser definida de muchas maneras según cada persona, aún así, por defecto, tal como se entiende la empatía socialmente, se podría definir como la capacidad de identificarse y compartir las emociones de la otra persona. Yo la definiría, mejor, como una capacidad de comprender qué y como siente la otra persona.

El hecho de utilizar la empatía constantemente como herramienta en nuestros entornos tiene varios problemas. Primero porque está suponiendo que todas las personas tenemos la posibilidad de esta capacidad en el grado que se cree ‘normal’. Pueden haber personas que esta capacidad no la tienen, o la tienen en un grado inferior del que se consideraría ‘normal’. Por otro lado, hay personas que su capacidad empática es superior a lo que se considera que tendría que ser ‘normal’. Exigir que en nuestros procesos para resolver problemas se tenga que pasar por esta capacidad lleva a excluir, por un lado, a las personas que no tienen esta capacidad, y por otro lado a exigir que personas que sean más sensibles a estas empatías se tengan que encontrar en situaciones constantemente que puedan superar su propia gestión emocional.

Por otro lado, la empatía, aún ser descrita como una capacidad, no deija de ser una lectura o suposición de la que la otra persona está sintiendo. ¿Quien te dice a ti que lo que supones es exactamente lo que siente la otra persona? Si yo, por ejemplo, disfruto de ciertas cosas que me dan placer, pero que a otra persona le provocan dolor, es muy posible que lo que sienta la otra persona cuando le explico una situación que para mi es de placer sea dolor (por ejemplo, que a mi me guste que me muerdan, y que otras personas lo lean como doloroso si ven que me muerden). Al final, basar todo nuestro sentir hacia la otra persona a través solo de la empatía puede recaer en que sea yo misma la que decida por le otre lo que tiene que estar sintiendo en una situación dada y no sea le otre quien me lo pueda expresar o comunicar.

Y, finalmente, la empatía (o lo que se considera como empatía) suele beneficiar más a las personas con privilegios, ya que es mucho más fácil empatizar (comprender) con todo lo que nos hn educado desde pequeñes que es lo ‘normal’ (ocmo puede ser que un mordisco sea doloroso y no placentero). Por tanto, es una construcción cultural y siempre nos será más fácil empatizar (comprender por defecto) con todo lo construido en nuestra cultura como ‘normal’ y con las personas privilegiadas (las que siguen la ‘norma’): con hombres, personas heterosexuales, o cisgénero, blancas, personas con capacidad empática ‘normal’, etc. Teniendo en cuenta esto, es muy probable que en situaciones de sexismo, homofobia u otra situación donde se ejerza violencia estructural, la empatía sin una visión crítica podría favorecer a la persona que está ejerciendo la violencia (nos será más fácil empatizar con ella que con la persona que está siendo violentada).

A menudo yo utilizo el concepto de la sensibilidad para referirme a la escucha más consciente en la diversidad, tanto de como somos las personas, qué queremos, qué necesitamos, etc. Ser sensibles pasa por no suponer, y menos a través de cajs estáticas y lecturas estructurales y culturales. Y aceptar los cambios. La sensibilidad es también querer comprender el contexto de una persona para entender como relacionarse con ella, para no poner a las personas en situaciones de competitividad, para romper con la escasez en como repartimos afectos y recursos y a la objetificación. La sensibilidad en la empatía podría transformarla en un tipo de empatía/comprensión más crítica.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (IV – compromiso y responsabilidad compartida)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la cuarta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la quinta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

 

Compromiso e implicación

La monogamia suele llevar una carga muy grande de compromiso implícito y de expectativas relacionadas con la escalera de las relaciones. Este tipo de compromiso y de expectativas suele ser muy violento, ya que no es un compromiso que se haya pactado, hablado o que se pueda cuestionar por ninguna de las partes. Además, suele implicar el hecho de no poder compartir compromisos, proyectos o afecctos con otras personas y que además recaiga sobre una persona generar todo lo que necesita la otra.

Muchas personas delante de esto reaccionan planteando como alternativa el ‘no compromiso’ y no generar ningún tipo de expectatica. La metáfora del ‘fluir’ en las relaciones. Fluir es un concepto bastante representativo; fluir no fluimos en el vacío, fluimos en un mar, un río, o cualquier tipo de fluido donde hay corrientes concretas. Nosotres fluimos en un sistema, un mar hecho de estructuras de poder, y las corrientes suelen ir a favor de las personas con más privilegios. Otras, con menos privilegios nos vemos muchas veces arrastradas y llevadas allí donde va normalmente a parar toda la mierda.

No comprometerse da una ventaja a als peraonas que tienen más privilegios, ya que estas ya tienen sus necesidades más cubiertas y no necesitan del compromiso para obtenerlas. Por otro lado, las personas con menos privilegios, en este tipo de relaciones, se ven la mayoría de veces arrastradas a vivir situaciones de vulnerabilidad. Normalmente quien rechaza más el compromiso son las personas con más privilegios, ya que estas no sientan la necesidad de tener que comprometerse porque sus necesidades quedan cubiertas sistemáticamente. Por otro lado, quian máss desea el compromiso suelen ser las personas con menos privilegios, ya que els sistema no les cubre sus necesidades y necesita del compromiso para entender como cubrirlas y poder accedes a aquello que con privilegios ya tienes.

No querer comprometerse es una forma de no querer aceptar la conexión con lo que nos rodea ni las cosas que obtenemos de nuestro entorno. El compromiso es necesario, para poder movernos, entender, y saber qué estamos compartiendo, qué podemos esperar, y por tanto, qué podemos pedir y dar. Es necesario para generar relaciones no objetificadas donde las personas puedan tener voz en las cosas que les afectan. Y aquí entran todo tipo de compromisos, más allá de los que son leídos como compromisos típicos de las relaciones de pareja: proyectos de apoyo, de cooperativismo, de convivencia, de crianza, de activismo, etc.

Aún así, lo que a mi me gusta es ir un paso más allá del compromiso, ya que el compromiso muchas veces se puede sentir como algo externo a nosotres a lo cual nos tenemos que someter sense formar parte de forma activa. A menudo hablo, por tanto, de implicació, en vez de compromiso: la implicación supone entrar dentro del proceso, tener voz, y sentir que podemos transformarlo, adaptarlo o hacerlo más nuestro. Y es importante que estos compromisos e implicaciones sean compatibles en poder generar compromisos con otras personas.

Responsabilidad compartida y reconocimiento

Desde un punto individualista, que es como funciona nuestro sistema, la responsabilidad en una relación recae sobre una sola persona o por separado, siempre de forma inddividual. La monogamia, recubierta de ideales de amor romántico, te da la idea de que una persona, tu pareja, es totalmente responsable de tu felicidad e infelicidad. Esta idea genera relaciones de poder, de la misma manera que lo hace dándonos toda la carga de tener que cubrir todas las necesidades de una sola persona.

Por otro lado, para romper esta idea, se ha generado otra idea de que cada persona es totalmente responsable de sus emociones (también aquellas generadas a través de una relación). Ésta es una visión individualista, y no muy diferente a la anterior: o las responsabilidades son totalmente separadas o recaen todas en una sola persona. En este paradigma la relación se borra completamente y solo se habla de forma individual o de individuos.

La responsabilidad en una relación tendría que ser una responsabilidad compartida: la responsabilidad en el marco relacional es de las personas que generan el espacio y la relación, no de forma separada (cada una la suya), no de forma vertical (toda la responsabilidad es solo de una persona), sinó como una ombinación, teniendo en cuenta los contextos de cada persona y lo que se está compartiendo. Tener en cuenta el contexto de la persona significa que cuando tenemos una relación con una persona sobre la cual tenemos un privilegio, este privilegio lo tenemos que tener en cuenta, ya que queramos o no nos beneficiamos de este y por tanto, tenemos una responsabilidad sobre como compartimos las cosas con esta persona para intentar evitar generar violencia estructural sobre ella. La responsabilidad compartida nos permite, además, reconocer explícitamente todas aquellas cosas que nos aporta la relación y lo que la otra persona está compartiendo (también las ‘buenas’, aquellas que nos hacen sentir bien, nos ayudan o nos cubren necesidades en diferentes grados).

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (III – competitividad)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la tercera parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

Competitividad

La monogamia es un sistema muy competitivo. Es bastante directo de ver que cuando una persona tiene una pareja y esta pareja conoce a otra personas por la cual podría sentir un cierto tipo de atracción, la monogamia nos pone en la situación de tener que escoger. El hecho de que tu pareja o alguien que se siente atraída por ti tenga que escoger te pone directamente en una situación de competición. La competitividad es una consecuencia de la escasedad en la repartición de nuestros afectos y de como se nos cubren nuestras necesidades (especialmente porque estas necesidades y afectos solamente se nos cubren a través de lo que llamamos relación de pareja). Y en est situación de tener que competir entran además todo tipo de estructuras de poder: cuál es le más guape, cuál tiene más capacidades o habilidades sociales, cuál tiene más estabilidad económica, etc.

Aún así, esto no se rompe directamente siendo no monógama, ya que se necesita aquí también una mirada crítica. La forma con la que tenemos muchas veces de tener relaciones no monógamas suele ser también competitiva, siempre que no hacemos un esfuerzo de ser conscientes como repartimos nuestros afectos, especilmente debido a estructuras que puedan estar atravesando: clasismo, capacitismo, sexismo… Por ejemplo, si yo tengo dos relaciones y con las dos hay un deseo o una voluntad de poder compartir algo como es un viaje o las vacaciones, pero una de ellas tiene una situación económica más precaria, siempre me será más fácil compartir mis vacaciones con la que tenga la situación económica más buena, excluyendo a le otre debido a una estructura económica, generando así un tipo de relación con une y con le otre no. los mismos nos pasaría si una de nuestras relaciones tiene una capacidad más adaptada a las situaciones sociales, sin darnos cuenta compartiremos muchos más eventos con esta persona que no con la otra y generando probablemente una complicidad o una relación socialmente más aceptada o reconocida. También hay temas como el patriarcado; si yo por ejemplo tengo una relación con una mujer y otra con un hombre, y socialmente mis relaciones con hombres son más bien valoradas, reconocidas y aceptadas, me será mucho más fácil que mi relación con el hombre sea más reconocida y visible socialmente, haciendo que la otra quede excluída. Por tanto, la no-monogamia sin una consciencia de todas estas situaciones sociales que llevan a excluir puede llevar también a situación de exclusión y competitividad entre relaciones.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (II – individualismo, dominación y objetificación)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la segunda parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

Invidividualismo y dominación

Nuestro sistma relacional (occidental) se basa en la idea y sentimiento de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para obtener nuestras necesidades a través de la dominación (el entorno se vuelve un objeto donde voy a cubrir mis necesidades).

Ésta es una visión que proviene de las clases dominantes; ha sido una viión creada desde la mirada del hombre cisgénero heterosexual blanco de clase media/alta sin diversidad funcional neurotípico, etc. Aún siendo una visión que proviene de las clases dominantes también se acaba reproduciendo en las clases oprimidas debido a que forma parte de la forma que tenemos de leer todo lo que nos rodea.

Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder a través de normas y normatividades; estas normas o normatividades se crean para colocar a ciertos colectivos en cajas estáticas cerradas que permita a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que ver, creer o sentir que están obteniendo necesidades de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes (los privilegios los ayudarían a obtener sus necesidades sin esfuerzo ni consciencia de que las obtienen a través de estas ‘normas’), se crean jerarquías y les da a las personas con privilegio un falso sentimiento de independencia. Pero esta independencia es una independencia fals ya que las dependencias que estas personas tienen de su entorno quedan invisibilizadas (sus necesidades quedan cubiertas por el sistema de forma invisible y no tienen que sentir que son dependientes).

En la monogamia, a través además del ideal del amor romántico, se nos hace creer que necesitamos y dependemos de una persona. Y, más allá del ideal de amor romántico, el hecho de que todo lo que necesitamos tenga que pasar por resolverse a través de una sola relación también favorece la aparición de relaciones de poder (tanto por el hecho de que todas las necesidades tengan que pasar por una sola persona, le da a ésta más poder, como también todo el peso de que tengas que prever todas las necesidades es una carga muy grande y que favorece la presión de tener que convertirnos en quien no somos o tener que olvidar nuestras propias necesidades y deseos).

Lo que hacemos a menudo para ‘resolver’ este problema es reproducir la idea de la falsa independencia diciendo ‘yo no dependo de ti, yo soy una persona independiente’ (un concepto que repetimos muy a menudo dentro de entornos no monógamos). De esta manera, con esta idea, se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia de las personas con privilegios, y se crea un discurso de la no-monogamia a la que solo pueden acceder personas con más privilegios (gente con más dinero, o personas menos oprimidas que otras, especialmente por tener unas capacidades concretas) y se les da más herramientas para seguir reproduciendo relaciones de poder con personas más oprimidas que ellas.

Las personas dependemos de nuestro entorno. Nuestro entorno es donde obtenemos nuestras necesidades y es dondes obtenemos afectos, atenciones y todo aquello que de alguna manera nos afecta. El entorno nos afecta, de la misma manera que nosotres afectamos el entorno. Romper con las relaciones de poder no tendría que pasar por negar nuestra conexión con el entorno, sino aceptándola colectivizando nuestras dependencias y haciéndolas más conscientes.

Objetificación

Esta forma de ver nuestro entorno (vernos como seres externos a lo que nos rodea y que accedemos a él a través de la dominación sin ser conscientes de que el entorno nos afecta y nos vemos afectades por nuestro entorno) hace que accedamos a nuestro entorno (donde están también las personas) viéndolo como un objeto para cubrir nuestras necesidades y deseos pero no las de les demás). Este proceso es un proceso de objetificación y es una causa y consecuencia de las jerarquías y la dominación.

A menudo se habla de objetificación en los feminismos para hablar sobre la objetificación sexual hacia las mujeres debido al patriarcado. De objetificación hay muchas más. Todas las estructuras objetifican a los grupos oprimidos: el capitalismo objetifica a les trabajadores, el especimo objetifica a los animales no humanos, el capacitismo objetifica a las personas discapacitadas por el propio sistema que las objetifica, etc. Y cada estructura de poder objetifica al grupo oprimido a través de mecanismos diferentes.

La objetificación sexual que vivimos las mujeres es un hecho, y tiene unas consecuencias muy duras en nuestras vidas. No obstante, de objetificación hay muchas más. Además, debio a que solamente hablamos de objetificación como objetificación sexual hace que muchas veces acabemos viendo toda relación sexual sin un vínculo emocional como un acto de objetificación, cuando no tiene porque ser así (si tienes una relación seuxal sin un vínculo emocional con una persona, pero das espacio a la otra persona a expresar molestias, oponerse, a expresar necesidades o malestares, no la estás objetificando), y a la vez se están invisibilizando muchas objetificaciones que no son sexuales (las mujeres, por ejemplo, también estamos objetificadas emocionalmente y los hombres acostumbran a acercarse a nosotras para explicarnos todos sus problemas emocionales sin tenernos en cuenta o que se nos escuche la mayoría de las veces cuando lo necesitamos). Debido a esto intentaré poner ejemplos que no caigan en la objetificación seuxal para visibilizar también otros tipos de objetificaciones.

Nuestro sistema relacional funciona a través de la objetificación: es ésta la forma con la que nos acercamos a las personas, teniendo en cuenta nuestros deseos, voluntades y necesidades, pero sin tener en cuenta las de esta otra persona, que podrían ser totalmente diferentes a las nuestras, o incluso incompatibles.

Una forma de objetificar sería tratar a las personas como si no tubieran voluntades o deseos propios (que podrían ser diferentes a los nuestros). Un ejemplo de ésto sería lo que pasa a menudo cuando estamos en la universidad, donde alguien se acerca a otra persona solamente porque quiere que le ayude a aprobar un examen y para que le pase los apuntes. Y, aunque su intención es ‘solamente’ ésta, lo que hace es hacer creer a la otra personaque lo que desea es una amistad. Una vez esta persona ya ha obtenido lo que ha querido (aprobar el examen) se aleja otra vez. Si esta persona hubiera tenido en cuenta los deseos de le otre, le hubiera dicho directamente que su voluntad era la de aprobar el examen, no la de una amistad, y haber dejado que fuera la otra persona la que expresara cuál era su deseo, si lo aceptaba o no. Aún así, no es precisamente lo que acostumbramos a hacer en estos casos.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan consentir u oponerse. Y para que una persona pueda consentir u oponerse no solamente se le tiene que preguntar si una cosa la quiere o no, sino que además se tiene que crear un espacio para que este consentimiento se pueda dar de verdad. Un ejemplo de esto sería preguntarle a una persona al saludarla si quiere o no un abrazo. Si yo delante de un ‘no’ reacciono con cierta molestia, aunque sea de forma indirecta, lo más probabl es que la próxima vez que se lo pregunte no me conteste que ‘no’ por miedo a que yo me pueda molestar. Es por este motivo que para que una persona realmente pueda consentir u oponerse a algo se le tiene que dejar espacio para que realmente lo pueda hacer sin ninguna sensación de chantaje emocional.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan expresar opiniones ni emociones al respecto de cosas que les afectan. Un ejemplo de esto es lo que pasa a menudo en las relaciones no monógamas jerárquicas. En este tipo de relaciones se acostumbra a tomar decisiones entre las personas que tienen una relación ‘primaria’, especialmente cuando se quieren gestionar emociones (como celos, u otras), que afectan a una ‘tercera’ persona, pero a esta tercera persona no se le informa ni se le deja expresar su opinió o emoción al respecto, ni se le permite pedir nada. Muy amenudo lo que se hace, cuando se quiere informar, es dar dos posibilidades a esta ‘tecera’ persona en modo de ‘referéndum’: se le da una opción donde solamente puede decir que ‘sí’ o que ‘no’. Este tipo de ‘referéndums’ pueden llegar a ser actos muy violentos, ya que esta persona no puede plantear molestias, alternativas o demandas. Haciendo esto se le quita voz a una persona sobre temas que le afectan. No nos olbidemos que este tipo de situaciones se dan también en la monogamia, donde de hecho son la ‘norma’, y se extienden en la no-monogamia a través de las relaciones jerárquicas. La monogamia ya es de por sí misma jerárquica.

En definitiva, objetificar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz. Hay un debate que tenemos mucho en nuestros entornos (de forma bastante genérica en los movimientos sociales): es el debate de si las personas somos imprescindibles o prescindibles. Este debate proviene del hecho de que en nuestra sociedad jerárquica se suele etiquetar a algunas personas como imprescindibles, dando de esta manera un poder a estas personas. Para romper con esto solemos decir que las personas somos todas prescindibles, un acto que suele vivirse con bastante violencia cuando hay personas en nuestra vida a las que consideramos importantes. Pero este debate es un debate erróneo, ya que considerar a las personas como prescindibles o imprescindibles proviene de la misma idea de ver a las personas como objetos. Las personas no somos prescindibles o imprescindibles. No somos objetos ni herramientas a utilizar. Las personas somos importantes y a tener en cuenta. Y es posible que haya personas que por muchos motivos consideremos menos importantes que otras (porque tenemos menos vinculo), pero que una personas no sea tan importante en tu vida no significa que le tengas que quitar voz en cosas que le afectan.

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