lateralidad cruzada, esto no es para tanto?

por Kai Guerrero

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Aviso de contenido: neurocapacitismo

A mí me diagnosticaron con lateralidad cruzada a los 5 años. Antes de explicaros en qué me afecta o afectó y por qué lo considero una neurodiversidad vamos a dejar claro qué es:

No tengo ni idea de los términos médicos, no soy experte, ni he estudiado nada relacionado con esto, pero de manera simplificada sería lo siguiente.

Nuestro cerebro se divide en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo. Cada uno con sus funciones y, normalmente, uno predomina sobre el otro. Esto hace que tengas preferencia en utilizar una parte de tu cuerpo o la otra. Este concepto se llama lateralidad y es lo que determina si eres diestre o zurde. Queda definido cuando cumplimos los 5 años aproximadamente. Si la parte de tu cerebro que es más dominante concuerda con la parte de tu cuerpo que es más dominante, tienes una lateralidad homogénea u homolateral, independientente de si eres diestre o zurde. Serás diestre de mano, de ojo y de motricidad en general y dominará el hemisferio izquierdo, por ejemplo.

Es decir, cómo dice wikipedia: “La lateralidad es la preferencia que muestran la mayoría de los seres humanos por un lado de su propio cuerpo. El ejemplo más popular es la preferencia por utilizar la mano derecha o ser diestro.”

La lateralidad cruzada o heterogénea es cuando no hay una homogeneidad de dominación. Por ejemplo: tienes el ojo dominante diestro y el brazo zurdo. O domina tu hemisferio derecho pero en tu cuerpo domina la parte derecha.  Esto afecta al aprendizaje del lenguaje y de las matemáticas, a la capacidad analítica, lógica, de comprensión y concentración, a la percepción espacio-temporal, al equilibrio, etc.

“La lateralidad (cruzada) se considera un trastorno neurofisiológico (del sistema nervioso):  los influjos nerviosos que proceden de cada lado del cuerpo y que deberían confluir en los lados opuestos del cerebro no circulan ordenadamente.”

Esto es difícil de detectar, en parte porque es algo bastante poco conocido y en parte es porque los síntomas se asocian a que la persona es torpe, dejade, pasota o que no estudia o se esfuerza lo suficiente.

Los síntomas  se suelen detectar en la infancia, aunque no exclusivamente (y se pueden atenuar a través de terapia). Marco en cursiva los síntomas o que tenía y ya no tengo y en negrita las características o síntomas que tengo en mayor o menor medida. Muchas de estas dificultades las he podido compensar a base de terapia y mucho esfuerzo, aunque otras siguen causándome problemas, simplemente he aprendido a vivir con ellas. He recopilado los síntomas de distintas webs citadas al final del artículo y he añadido y modificado según mi experiencia:

Lenguaje y aprendizaje:

-Dificultades para las matemáticas

– Dificultad del aprendizaje mecánico y razonamiento lógico.

-Dificultades en la ordenación de la información codificada como la sintaxis, pensamiento lógico, memorización o matemáticas.

-Dificultad en la automatización de la lectura, la escritura o el cálculo.

Confusiones derecha-izquierda Confusión entre la suma y la resta o la mutiplicación y la división.

-Dificultades para la comprensión.

-Problemas de comunicación y relación.

-Dificultades en el lenguaje oral: fluidez, leer en voz alta, comprensión lectora y retención de la información.

-Habla poco fluida, la persona se tropieza habitualmente al hablar.

Dificultad para tener un discurso ordenado.

-Cuesta expresar con palabras las ideas que se tienen en la cabeza.

Miedo al hablar en público.

Dificultades en el lenguaje escrito: Invertir letras, sílabas, números al escribir. Escribir en forma “espejo”.

-Leer siguiendo la línea del texto con el dedo o con el marcapáginas.

-Acercar mucho los ojos al libro o la pantalla.

Mover la cabeza al leer en lugar de mover los ojos.

-Perderse al leer, saltarse líneas o incluso párrafos.

-Leer sin enterarse de qué se ha leído.

-Tener dificultades en copiar un texto de una pizarra o un libro.

-Letra ilegible.

Concentración y memoria

– Dificultad para seguir con una tarea durante un tiempo prolongado.

-Incapacidad de realizar dos tareas que otra gente hace de forma mecánica. Por ejemplo: Escuchar la radio y cocinar a la vez.

-Incapacidad de mecanizar acciones como lavarse los dientes cada día. Dificultad en recordar acciones rutinarias e interiorizarlas.

-Tener que trabajar más horas que cualquier persona neurotípica para conseguir los mismos resultados.

– Problemas de memoria

-No seguir la lectura de un libro, de una película o de una conversación, aunque te interese mucho.

-Poca “efectividad”. No centrarse en una acción. Esto causa problemas escolares y laborales.

-Despistes, olvidar dónde se han dejado las cosas o si has realizado o no una acción rutinaria como cerrar con llave.

Motricidad:

-Deficiencias motoras y funcionales. Es decir, caerse mucho, tropezar constantemente etc.

Inestabilidad psicomotriz (problemas de equilibrio)

Dificultad o imposibilidad para conducir o bailar, nadar, ir en bici, patinar, caminar recto o sin tropezar, deportes en general.

-Torpeza psicomotriz. Se puede ver en manualidades, capacidad de dibujar, por ejemplo. También problemas para coger un lápiz, un tenedor, etc.

-Reacciones lentas, reflejos lentos.

-Apretar mucho el lápiz al escribir.

Percepción Espacio-Tiempo

-Dificultad de calcular cuánto tiempo se tarda en realizar una tarea o en llegar a un lugar.

-Desorientación.

-No tener interiorizado qué es la izquierda y qué la derecha.

-Problemas al ordenar espacio y organizar objetos.

-Dificultad en organizar el tiempo y las tareas.

– Distinguir líneas rectas de las que no lo son (simetría)

– Dificultad en calcular distancias

De peque, con apenas 5 años, mi profe se dio cuenta de que era incapaz de pasar por una puerta sin darme de contra los cantos. Que me costaba caminar y tropezaba con todo. Así que después de muchos tests me diagnosticaron lateralidad cruzada.  

Tengo el recuerdo muy claro de tener que esforzarme especialmente por levantar los pies, para caminar. La gente no entendía que no era automático para mí levantar los pies al andar o que caminar recto no entraba dentro de mis facultades.

Me costó mucho aprender a escribir. Mi letra era ilegible y como he marcado en la lista escribía las letras al revés, en forma de espejo o cambiaba sílabas. La ortografía y la gramática no se me metían en la cabeza, en ninguno de los idiomas que sé. Y eso que me hecho filólogue, pero vaya, no nos engañemos, lo hice por la poesía. Lo que es verdad es que me ha costado bastante más esfuerzo no cometer faltas de ortografía que a una persona neurotípica. Vaya, aquí también interviene el tema del clasismo, pero es otra historia.

También, a parte de esta “torpeza” que no era más que un síntoma de la lateralidad cruzada y que me causó y me causa bastantes heridas físicas, no era capaz de nadar o ir en bici, o patines. Hoy en día evito ciertas actividades porque sé que mi falta de coordinación me pondría en peligro.  Al final este tipo de actividades, como conducir, requieren de una coordinación ojo-cuerpo que yo no tengo. Fui a terapia durante años para “reeducar mi cuerpo” para ser capaz de hacer todas estas cosas, aunque otras sigo sin poder hacerlas según la norma o me presentan una mayor dificultad. No tenía problemas de habla, pero sí de organización del discurso. Al final, todo esto tiene que ver con el orden, con ubicar el orden de las cosas. Por eso quizás me hice poeta, ahí mi caos era una ventaja, me podía expresar más libremente. A causa de la LC desarrollé miopía, pero que se pudo corregir con terapia.

Todo esto ha causado problemas de autoestima bastante profundos, evidentemente.

Mis problemas motrices y de memoria son evidentes para quien me conoce, igual que mi incapacidad de organizar el espacio o ubicarme en el tiempo (siempre llego pronto, no sé calcular el tiempo). También me cuesta mucho ubicar los recuerdos en un espacio temporal.

No me suelo desorientar en ciudades y calles, pero eso es porque he desarrollado mucho mi observación y me aferro a detalles que me dan pistas para ubicarme.

Pero es que es más profundo todavía, la psicóloga le explicó a mi madre lo siguiente, yo lo adapto un poco: La gente neurotípica  tiene en la mente un montón de cajones con etiquetas que les dicen dónde se ubican las acciones que tienen que llevar a cabo y en qué orden. Lo saben de memoria y lo automatizan. Saben su ubicación y en qué momento abrirlos y cerrarlos. Las personas con lateralidad cruzada tienen estos cajones sin las etiquetas y no se acuerdan en qué orden abrirlos y qué hay en ellos, tienen que aprenderlo de memoria y buscar maneras de no olvidarlo. Mi manera de pensar y mi mundo interior también se ven regidos por esto. Por eso se me conoce como a una persona caótica, poco racional, con problemas de entender el pensamiento lógico (cómo las ciencias, pero también el discurso académico). Acostumbro a expresarme y pensar desde un lugar más emocional porque no hilo mis pensamientos de una forma ordenada. Esto no quiere decir que no haya aprendido con los años a adaptarme a los discursos y la forma neurotípica, pero no deja de ser un adaptación por mi propia supervivencia.  Por eso para mí a+b=c es difícil de entender. Porque cuando he entendido a y me pongo a entender b ya he olvidado lo que era la a y porqué está allí y por qué están en este orden y qué sentido tiene. Un ejemplo práctico: Yo cada día me tengo que recordar activamente de lavarme los dientes. Mi mente no lo tiene automatizado, porque el cajón de “1.Lavarse los dientes” no tengo ni idea de donde está. Así que tengo que hacer un esfuerzo diario para no olvidarlo y para no olvidar que luego tengo que ponerle comida al gato. Tener una rutina para mí es muy difícil, aunque en mi caso la necesito. Pero no automatizo las acciones, no tienen un orden espacio-temporal en mi mente. Da igual si cada día voy a la misma hora al mismo sitio. Cada vez tengo que intentar recordar y calcular a qué hora salir (siempre me equivoco) y cómo llegar.

Pero tengo mis trucos y estrategias. Y esto es lo que he hecho toda mi vida. Intentar buscar maneras de acordarme de cuando y en qué orden se hacen las cosas e intentar entender el mundo con la lógica de las personas neurotípicas que tienen la facilidad de mecanizar todos sus actos y no tener que pensar en ellos continuamente. Por eso digo que soy despistade, porque para mí es muy fácil olvidar qué cosas hacer, DÓNDE y CUÁNDO he dejado las cosas, cuando hice o dejé de hacer o decir X (por eso me repito tanto) etc.

Algunas cosas sí que he mecanizado. La lectura, la escritura, el caminar (más o menos, porque mi tendencia sigue siendo no levantar los pies) etc. Pero me ha costado más que a personas neurotípicas.

El tema es que cuando hablo de esto o lo quiero nombrar como parte de mi diversidad funcional y mental la gente se ríe de mí o lo minimiza. No parece importante, no parece relevante. Me llaman exagerade, que no es para tanto. La incomprensión es muy invalidante. A la vez esto forma una gran parte de mí, aunque yo pueda esconderlo, maquillarlo o lo que sea. La gente no sabe el esfuerzo que hago a diario por no darme golpes contra farolas, motos, puertas y demás objetos, por subir y bajar escaleras sin que suponga un peligro mortal, por no olvidarme de lavarme los dientes, ducharme, hacerme la cama o desayunar, o sea de mantener unas rutinas u obligaciones. No me es tan fácil ubicarme en general en el mundo. Todo esto ha afectado muchísimo mi autoestima y mi confianza, porque en mi infancia todos estos síntomas eran más evidentes y más agudos, porque estaban sin gestionar y tampoco los sabía esconder o disimular. Esto me provocaba sentirme diferente, sentir fracaso, sentirme inferior y est*pide, porque claro si no se te da bien la lógica y el pensamiento racional, tu pensamiento no es válido y tú vales menos. Y todavía acarreo esa sensación de inferioridad por no entender o no poder expresarme de una manera lógica y académica o, que si lo hago, no se corresponda con mis pensamientos. Es frustrante que, además, este esfuerzo por encajar en el mundo no se vea traducido en resultados y cómo de fácil es rendirse y no querer salir de casa, ni moverse, ni bailar, ni nadar, ni ir en bici, ni caminar por no hacer el ridículo, ni hablar en público, ni estudiar, ni escribir, ni dibujar, ni querer vivir con nadie porque odian que te olvides de que tienes que tirar de la cadena. Sí, eso tampoco lo tengo mecanizado. Además, es que la gente se irrita fácilmente por tus “despistes” y falta de “organización”, y lo entiendo, porque puede acarrear problemas. Lo que pasa es que la gente se cree que todo esto lo hago por falta de interés o ganas. De ahí que haya conflictos, que se me pueda ver como una persona “poco eficiente” o “perezosa”  para el capitalismo, que se crea que paso de todo o que no hago las cosas por desconsideración, cuando la realidad es que no me acuerdo de hacerlas. “Pero si tienes que quitar la caca del gato cada día! Cómo puede ser que no te acuerdes?!”. Pues porque tengo problemas con automatizar las acciones, lo que decía. Por eso intento hacer las cosas al instante, porque si lo dejo para luego no me acordaré, quizás en días o quizás definitivamente. En el caso del gato, me acordaría porque Oskar (el nombre del gato con el que vivo) se quejaría y entonces me daría cuenta de lo que pasa. Pero no siempre ocurre asi.Tengo agenda y me sirve, pero recordar mirar la agenda es otra cosa a automatizar. Es todo un mundo.

Mi falta de concentración tampoco es por falta de interés. Me interesa mucho nuestra conversación, pero mi atención se desvía y sé que es una mierda, intento que no pase, pero tiene que ver con todo esto que estoy contando y no con que no me intereses tú.

Yo misme paso de explicar a todo el mundo esto. Me limito a decir que sí, que soy torpe, que soy despistade, que soy de mente más abstracta, que la lógica no es lo mío, que me cuesta la ortografía, que soy un desastre, que soy desorganizade, que soy desordenade, que soy disperse etc. Es más fàcil. Porque si digo que tengo lateralidad cruzada me dicen que eso es una excusa, que me apoyo en eso para no “mejorar como persona” (vaya concepto de mierda realmente).  Me dicen que me aferro a eso para justificar mis defectos. Pues si supiesen cuánto me esfuerzo para que esos “defectos” desaparezcan y cuantos traumas y falta de autoestima me han ocasionado, quizás no me lo dirían. Pero la gente no sabe nada de esto y cuando lo explico lo subestiman. Por eso he querido explicarlo aquí más extensamente.

Es la primera vez que escribo en serio sobre esto, así que me siento vulnerable. Pero quería visibilizarlo, porque conozco a más gente que tiene LC, diagnosticada o no y se sienten como una mierda y se culpabilizan por ser “un desastre”.

Creo que queda claro por qué es una neurodiversidad. Más allá de que sea un tema genético o no, nuestro cerebro es algo diferente y con ello nuestras capacidades y limitaciones son distintas a las normativas y vistas como deseables, sobre todo por el capitalismo. Al final quiero decir que también me atraviesa el capacitismo por todo esto y sé que para otras personas puede parecer que son nimiedades, pero influyen mi vida y me atraviesan todos los días. Que tú no lo veas es otra cosa.

Para terminar, como postdata, quería enfatizar que en todas las webs que he consultado, a parte del lenguaje y las ideas capacitistas, se hace mucho énfasis en cómo corregir las dificultades de lenguaje y motricidad, porque parecen más urgentes. Porque son más productivas para el sistema. En cambio el tema de la mecanización de las acciones y los problemas de ubicación espacio-temporales, parece que se tratan como aspectos menos importantes. Porque claro, son temas que atañen a la persona y no afectan tanto a tu productividad y efectividad. Al final interesa lo que interesa, aunque el  problema de mecanización y la falta de ubicación espacio-temporal me hayan marcado más y me afecten mucho más que el escribir en forma de espejo o darme golpes (aunque también sea algo importante y que me afecta, obviamente), pero es que se ven como anécdotas en comparación a no saber escribir bien o no saber hacer una división. Ah, sigo sin saber hacer divisiones, que conste.

Espero que todo esto os haya servido de algo o tengáis más información o curiosidad.

Y si no, da igual,  yo me he quedado a gusto.

(1) http://lateralidad.com/que-es-el-trastorno-de-lateralidad/

Fuentes consultadas: (OJO CAPACITISMO EN TODAS, LOGO DE PUZZLE, LENGUAJE CAPACITISTA)

https://www.psicodiagnosis.es/areaclinica/trastornosenelambitoescolar/queeslalateralidadcruzada/

http://ikusilateralidad.com/lateralidad/

http://www.juguetes.es/lateralidad-cruzada-implicaciones-problemas-actividades-para-mejorar/

http://www.elisaribau.com/lateralidad-cruzada/

http://www.ceril.cl/index.php/articulos?id=319

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exclusión y monogamia: mi proceso de empoderamiento

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

[imagen: una chapa roja con el símbolo de la anarquía relacional en blanco enganchada en un tejido negro. El símbolo de la anarquía relacional es una A dibujada dentro de un corazón]

 

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 5 de Octubre. Podéis ver el original aquí . 

 

Aviso de contenido: exclusión, estructuras de poder, neurocapacitismo (e insinuación de otras estructuras como gordofobia, cisexismo, racismo, etc), pensamiento monógamo, miedo, consumo relacional, maltrato, mención de ansiedad social y depresión

 

Yo no nací monógama ni anarquista relacional. Yo crecí, como todes, en un entorno social determinado y lleno de estructuras de poder: machismo, heterosexismo, monosexismo, monogamia, racismo, entre otras. A mí me enseñaron desde pequeña que hay una forma correcta de relacionarse con cada persona según unas cajas determinadas: las amigas, la pareja, la familia de origen, la familia política, las compañeras de trabajo, las compañeras de clase, etc. También que hay diferencias en el trato según el género de la otra persona u otros factores como la clase social, las capacidades o el color de su piel o el país de proveniencia.

Aprendí que lo que era normal era tener una pareja y, en mi caso, que esta tenía que ser un hombre. También me enseñaron que la pareja era el tipo de relación a través de la cual existe el compromiso, siempre acompañado de un tipo de sacrificio jerárquico. Me enseñaron que las amistades están bien y son “útiles” (sobre todo cuando no tienes pareja o necesitas un apoyo emocional debido a algún problema de pareja), pero que la pareja siempre tiene prioridad. También me enseñaron que los cuidados, el afecto (tanto físico como emocional) y el sexo siempre tenían que ir juntos a través de esta figura y que, sin pareja, solamente podría obtener relaciones de consumo, tanto sexual como emocional, totalmente aceptadas como castigo por no pasar a través de la pareja.

Me enseñaron que, para poder acceder a tener pareja (y por tanto acceder a tener todas estas necesidades cubiertas) tenía que competir con las guapas, las carismáticas o las atractivas al ojo normalizado del que mira y escoge. También aprendí que había personas más feas, gordas, con cuerpos menos normativos, raras y desviadas (no heterosexuales, trans, racializadas, etc), y que estas acostumbraban a recibir cierto tipo de violencias: muchas hemos pasado infiernos en la escuela o en el instituto que han seguido reproduciéndose fuera de estos entornos. También aprendí que todas estas eran las excluidas, no solamente a poder tener amigas, sino también, y sobre todo, a acceder al privilegio de tener una pareja.

Crecí con un miedo muy grande al rechazo y a ser excluida. Por mi experiencia, perder mi posición a ser reconocida como “existente” (y ya no digamos a sentirme apreciada, afectada, querida o deseada) era muy fácil. En mi caso era por mis supuestas “rarezas”. Ahora entiendo más de dónde venía eso: mi cabeza es diferente a lo que se ha estipulado como “normal” y esto implica cosas muy variadas, como movimientos leídos como “extraños”, reacciones emocionales diferentes, lentitud para ciertas cosas, rapidez y estrés para otras, dificultad para comunicarme de una forma tipificada, diferencias sensoriales, etc. Soy neurodivergente, cosa que me hacía ser un blanco fácil tanto de insultos o ataques, ser ignorada o rechazada. Sumada a la exclusión, mi funcionamiento también me dificultaba cierto tipo de interacciones, ya que la ansiedad social o las fases depresivas hacían que me costara más acercarme a la gente.

Con todo este miedo, empecé a caminar por el mundo de las relaciones. El miedo, la exclusión, y ciertas violencias que recibí me hicieron creer que el mejor camino era la monogamia heterosexual cuando “conseguí” tener una relación de pareja: me daba seguridad. Tener la “suerte” de encontrar a alguien que no me rechazara. Me cogí muy fuertemente a eso y viví once años en una relación monógama con un hombre. También empecé a esconder y a no hablar nunca de mi orientación sexual y afectiva (bisexual), ya que, cuando la había mostrado o había mostrado algún indicio de promiscuidad, debido a mi género había padecido violencias de las que necesitaba huir y protegerme (violencias relacionadas tanto con el género como con el consumo relacional fuera de la pareja). No sentía el empoderamiento como una opción.

Aún la seguridad que eso parecía darme, la relación no era segura: era de poder, desigual y de propiedad (giraba alrededor de él, y de sus deseos y necesidades). Tardé en aceptar que eso no era bueno para mí por todos aquellos miedos que arrastraba: a quedarme sola, al vacío que siempre había encontrado fuera de esa relación, especialmente por el proceso de exclusión; al rechazo, que siempre me ha dolido más que la soledad en sí misma (a la que me he acostumbrado en muchas épocas de mi vida). El apego se complica mucho cuando eres una persona a quien las relaciones se le hacen más complejas debido a la exclusión, a los desvíos respecto a la norma, tanto por ser neurodivergentes, como por ser gordas, feas, con diversidad funcional, o por muchos otros motivos y estructuras. Finalmente conseguí hacer el paso de dejar aquella relación, con mucha sensación de vértigo.

Decidí aprovechar la situación para pensar cómo quería construir mis relaciones. Entonces, cuando pensaba en relaciones, tenía la tendencia a pensar en relaciones de pareja, como me habían enseñado desde pequeña. Más adelante mi preocupación se extendería al resto de relaciones cuando, estando otra vez expuesta al consumo y la exclusión, ya no teniendo el privilegio de la seguridad de tener una pareja, padecí y viví de una manera muy contundente lo que hace el pensamiento monógamo a todas aquellas que no somos reconocidas ni tenemos pareja.

Los siguientes fueron años de volver a revivir rechazos y, cuando parecían no ser rechazos, el consumo y el maltrato emocional desde la posición de la amistad. La monogamia es muy competitiva, solamente una sola persona puede llevarse el reconocimiento por parte de otra. Reconocimiento y una serie de factores que ya he comentado, como cuidados o afecto. Ser excluida no implica solamente que no se te reconozca sino que, además, tampoco se reconozca lo que se consume, los maltratos, la violencia emocional, la falta de cuidados y muchas otras cosas.

Desde esa sensación de exclusión y de estar fuera de este “mercado” de las relaciones, siguiendo teniendo el miedo a caer en una relación posesiva y viviendo maltrato y consumo fuera de una relación monógama, me di cuenta de que necesitaba, no solamente “descubrir” cuál era la forma que quería para mis relaciones, sino ir más allá: necesitaba politizarlo. Fue en ese momento cuando todo mi interés fue debatir, informarme, reflexionar, formas relacionales que pudieran luchar contra toda eso violencia. Entonces fue cuando empecé a repetirme (sin saber muy bien qué quería decir) “quiero que mis relaciones sean políticamente conscientes”.

En todo ese proceso intenté pensarme a través del poliamor (porque era la alternativa que tenía más a mano, la más conocida). Creí que, a lo mejor, la solución podría ser solamente romper con la exclusividad de la pareja. Pero la sensación de exclusión seguía y lo único que sentía era la reproducción multiplicada de lo que ya había vivido en la monogamia. Si estás excluida dentro del “mercado” de las relaciones, es igual el número de parejas que estés “dispuesta” a tener, seguirás fuera; o, mejor dicho, aun más fuera, mientas observar como un conjunto de personas con un elevado capital social, sexual y de cuidados se lo van montando entre ellas. Seguía sintiendo que no encajaba y, sobre todo, seguía sin encontrar una alternativa que rompiera con los sistemas de opresión.

Fue entonces cuando mi atención se dirigió a entender las relaciones de forma general (más allá de la pareja). Me asusté al hacerme consciente de cómo vemos y vivimos las relaciones, y el poco valor que suelen tener las relaciones que no son de pareja.

Fue en ese momento cuando comprendí el concepto de red afectiva, no tanto como solamente un conjunto de personas con diferentes tipos de vínculos que te dan un apoyo afectivo, sino como una red sensible, de solidaridad, en la que se tienen en cuenta estructuras, violencias, que presta apoyo económico, emocional, intelectual y de muchos tipos. Tener en cuenta las estructuras tiene que implicar romper con los discursos poco inclusivos para incluir a todas aquellas que el capitalismo relacional excluye. Por tanto, tiene que implicar cuestionarse el deseo, por qué unas atraen (tanto emocionalmente, intelectualmente, estéticamente o sexualmente) y otras no, por qué damos más atenciones a unas y a otras menos, qué construcciones sociales hay detrás, y deconstruirlas.

Desde ese punto empecé a construir una filosofía relacional que me hizo, poco a poco, identificarme con la anarquía relacional (otro tipo de no-monogamia) y a valorar las relaciones de otra forma. No estoy diciendo que todas las que se identifiquen con la anarquía relacional la vivan exactamente de la misma manera, al igual que pueden haber personas que se identifiquen con el poliamor y tengan experiencias diferentes a la mía al respecto y filosofías relacionales parecidas, pero sentí que era lo que más encajaba. Empecé a verlo como una alternativa a la pareja y la familia nuclear más sensible a mi filosofía en muchos aspectos.

El problema de vivir filosofías relacionales de este tipo es encontrar con quien poderte vincular, ya que, para que no me arrastrara otra vez a dinámicas vividas pasadas, necesitaba relacionarme con personas que trabajasen las relaciones de forma parecida. Gracias al activismo plurisexual crítico (y al privilegio de vivir en un ambiente urbano) encontré a unas pocas personas con las que podía construir vínculos, personas con las que podía hablar sobre relaciones, debatir y tratar todos estos temas que he comentado. No obstante, no me fue nada fácil, ya que empecé a buscar este tipo de vínculos hundida y sin tener ninguna relación de referencia. Poco a poco, y siguiendo muy vinculada a ciertos tipos de activismos (con otras anarquistas relacionales y activistas de la no-monogamia también con una perspectiva crítica), seguí tejiendo la que es ahora mismo mi (muy quería y apreciada) red.

Con el tiempo me he dado cuenta de que lo que me estoy construyendo no es compatible ni con la monogamia ni con jerarquías que imponen las voluntades de parejas por encima de las necesidades y cuidados hacia otras relaciones consideradas socialmente menos importantes. También me he dado cuenta de que hay muchas formas diferentes de compartir cuidados y afecto, y que no tienes tampoco porque centrarlo todo en una sola figura relacional. No es fácil porque supone nadar contracorriente en muchos sentidos; porque no siempre tener una red de este tipo, debido al contexto relacional y social que vivimos, puede aportarte todo lo que necesitas emocionalmente o afectivamente; y porque la mayoría de personas son jerárquicas y además muchas instrumentalizan filosofías relacionales, escondiendo debajo una forma de relacionarse también consumista y excluyente.

Muchas veces este mundo de exclusión, capitalista y que consume relaciones, me ha hecho desear o sentir necesitar el apoyo de una pareja en monogamia. De hecho, sé que para muchas personas en situación de exclusión similar conseguir tener una pareja “estable” es todo un gran hito. Hace unos meses leí un tuit de una activista autista explicando que, para ella, como autista y gorda, haber conseguido casarse con un hombre había sido un acto revolucionario. Yo no estoy nada de acuerdo con que conseguir casarse sea un acto revolucionario, aunque entiendo mucho por qué lo dice. No obstante, ahora mismo, para mí tener una relación monógama no sería en ningún caso compatible con mi voluntad de no querer ejercer poder ni privilegios relacionales sobre otras personas. Tampoco sería compatible con mi red, una red que, aunque a veces la siento inestable, no querría perder por nada en el mundo.

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mesa redonda guarreem fusió – viernes 6 de abril

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

Éste viernes día 6 de Abril participaré en la mesa redonda de Guarreem Barcelona, donde se hablará de cómo nos afectan los discursos y los ambientes no  monógamos y sexpositive y kiny a personas que nos atraviesan diferentes ejes de opresión. Esta vez yo participaré hablando más sobre asexualidades, arromanticismos y neurodivergencias, pero también se hablará de plurisexualidades, de géneros no binarios, de miedo/fobia social y de diversidad de cuerpos. Os dejo el evento de facebook.

 

Lugar: La Raposa de Pole Sec, c/ Tapioles, 47, Barcelona

Día y hora: viernes 6 de Abril a las 19h

 

Un placer para mí compartir mesa con estas personas y de colaborar con este grupo que acaba de aparecer por Barcelona (Guarreem Barcelona) y que pinta tan y tan interesante. Os dejo el cartel de todas las actividades del mes de Abril (¡lo que queda de mes hacen dos evento más!).

 

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