a los cazadores de unicornios

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Antes de empezar, y para contextualizar un poco, para aquelles que no estén familiarizades con el término, los cazadores de unicornios  suelen ser parejas hombre-mujer que buscan a una mujer bisexual, a menudo con algunas características más (guapa, joven, sin compromisos, que reparta los afectos de forma igual a los dos miembros de la pareja, etc) para tener con ella una relación sexual más bien continuada y también, en muchos casos, afectiva. Normalmente, existirá una jerarquía y la relación de la pareja “original” estará por encima en la toma de decisiones sobre la relación de las tres personas, sea el tipo que sea. Depende de la pareja la pueden buscar con más o menos características, pero esta es más o menos la idea. A veces he visto definirlo también como parejas que no son hombre-mujer, pero yo prefiero ceñirme más a las parejas hombre-mujer, que es donde se suele reproducir más el machismo y la bifobia características de la caza de unicornios. Se puede hablar con más profundidad sobre el tema, pero no quiero tampoco alargarme mucho aquí. Os dejo un link en inglés.  El resto de cosas que he encontrado en catalán o castellano no me han gustado suficiente. Creo que donde hay la mejor información al respecto es sobre todo en los debates que se comparten en comunidades no monógamas con una perspectiva feminista, o bien en grupos donde solamente se debate sobre esto mismo. Y releyendo la carta que he escrito también creo que a través de ella se puede aprender un poco más el concepto.

No-queridos cazadores de unicornios,

empezaré presentándome, más que por cortesía, para contextualizarme. Me llamo natàlia, también wuwei. Soy bisexual y no soy monógama. Soy, por tanto, una de vuestras posibles “víctimas”. Escribo “víctimas” para visibilizar el consumo que hay detrás de lo que hacéis, ya que no son compañeras lo que buscáis, son productos/objetos; a la vez uso las comillas para empoderarme y no sentirme tampoco una víctima de nada, no tengo ninguna intención de seguiros el juego.

Podría seguir con una lista de muchas de mis cualidades, de las que soléis poner vosotros que  buscáis cuando estáis intentando encontrar vuestro unicornio: si soy “limpia”, si soy o no dulce, si sé repartir o no los afectos correctamente, cuanto mido, si soy guapa o no, delgada o no, si soy joven o más bien pasadita, si mis ojos son de color, si tengo o no compromisos, si tengo hijes, etc. Supongo que dependiendo también de  cuáles son vuestros estatus, soléis rebajar un poco el listón, ya lo sé. Es el mercado de la oferta, la demanda y de lo que se puede pagar. Pero no os daré más información sobre mí, porque no tengo ningún interés en conoceros.

Permitidme también que utilice el masculino genérico para referirme a vosotros. Teniendo en cuenta las jerarquías relacionales que devienen en este tipo de relaciones, prefiero no utilizar ni el femenino ni el neutro para referirme a vosotros. Los señores mandan, a veces muy sutilmente, pero es lo que hay cuando sois cazadores de unicornios, la crítica a las jerarquías es bastante nula. Creedme, sé de lo que hablo.

También me gustaría enfatizar que no tengo nada en contra de las relaciones grupales, de tres, de cuatro, cinco, cincuenta personas, sean románticas, sexuales, afectivas, de co-crianza, o que comparten algún proyecto en común. No solamente no tengo nada en contra, sino que me encantan. Me encanta la idea de las relaciones de más de dos personas, en muchos sentidos. Tampoco tengo nada en contra de los tríos sexuales o de las orgías, al contrario. Tampoco es necesario que te guste todo esto para poder hacer una crítica de lo que hacéis. Te puede gustar y seguir teniendo un discurso inclusivo con estas prácticas. El problema no son todas estas prácticas de por sí, el problema es lo que hacéis vosotros, así como muchas otras prácticas objetificadoras que también se mueven en algunos ambientes sex-positive sin discurso crítico (que no son todos, pero son bastantes), pero ahora no entraré en esto, no nos desviásemos del tema.

También quiero añadir que no tengo nada en contra de aquellas que, teniendo una relación sexoafectiva previa, conocen a una persona/chica y empiezan una relación sexoafectiva con ella porque así ha surgido. No es esto lo que muchas criticamos. Lo que criticamos es otra cosa, son aquellas parejas que nos buscan, nos catalogan, nos exigen, y nos imponen unas jerarquías; aquellas que, básicamente, nos utilizan y nos consumen. Y no quiero ahora que como inicialmente no sentís que estéis utilizando ni consumiendo a nadie no os paréis a hacer autocrítica, es posible que ni siquiera os estéis dando cuenta de que lo hacéis. Pero creedme, seguramente lo estáis haciendo. Paraos un rato, o unos cuentos ratos, y pensad qué estáis haciendo y por qué. También podéis consultar a personas con más experiencia en debates sobre el tema; incluso, si puede ser, a otras mujeres bisexuales no monógamas que hayan pasado por esto. Escuchadlas. Escuchadnos.

Las mujeres bisexuales no monógamas no somos vuestros productos de consumo; no estamos aquí para satisfacer vuestras fantasías de pareja sin tener en cuenta qué queremos nosotras, ni para repartiros los afectos a partes iguales y cuidaros, ni para arreglar vuestros problemas de pareja. Merecemos tener voz, ser cuidadas también (y no de la forma que más os convenga a vosotros), ser tenidas en cuenta y no ser tratadas como un producto más. Merecemos tener voz en la relación y no tener que someternos a unas normas impuestas desde la pareja. Merecemos tener otros compromisos, así como vosotros lo tenéis entre vosotros, siendo este muy superior al que tenéis con nosotras, porque, creedme, hay otras personas en el mundo también merecedoras de nuestro afecto: no somos no monógamas para vuestro placer, nuestra no-monogamia, así como nuestra bisexualidad, es nuestra, y la compartimos, no es para apropiarse de ella.

Merecemos no ser expulsadas sin ningún tipo de explicación a la mínima que uno de vosotros os cansáis de nosotras, padecéis demasiado de celos o no somos exactamente lo que buscabais. Merecemos que no se nos haga responsables de vuestra relación, de vuestras emociones, de vuestros celos, ni de vuestres hijes, a través de una imposición jerárquica que muchas veces es sutil porque recae en normas socialmente aceptadas. Merecemos poner nosotras también límites y normas sobre lo que nos afecte a nosotras, y merecemos formar parte de los procesos de tomas de decisiones en la relación: sino, no lo llaméis tríadas, porque no lo es, es solamente una relación exótica a la que llamáis así. Merecemos también ser tratadas con respeto y consideración, incluso cuando no queréis salir del armario y en el exterior nos tratáis como si no existiéramos. Merecemos todo esto, y mucho más. ¿Sabéis por qué? Porque todes merecemos esto.

Espero que todo esto os sirva de reflexión. Y si no al menos os puedo asegurar que yo me he quedado muy a gusto.

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la violencia de la comunicación no violenta

por wuwei (natàlia)

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en français ici

Este texto se publicó en el número 474 de la Directa. Podéis ver el artículo original en catalán aquí.

Aviso de contenido: comunicación no violenta, lenguaje capacitista (empatía), capacitismo, neurocapacitismo, individualismo, jerarquías, desigualdades sociales

La comunicación no violenta (CNV) ha devenido una de las herramientas favoritas en muchos de nuestros espacios. Existen versiones críticas y tiene puntos útiles, especialmente relacionados con el empoderamiento, la autonomía y la autoresponsabilidad; pero tenemos que entender cuáles son las bases conceptuales sobre las cuales se ha construido para poder hacer de esta un uso más consciente. En este texto hablaré de la CNV definida por Rosenberg a inicios de los años 60, que es la que ha ocupado tanto espacio en charlas, talleres y debates, y que es la más extendida y la que ha creado más dogma.

He visto utilizar esta herramienta comunicativa tantas veces para manipular, maltratar y abusar que ha resultado para mí una alarma suficientemente importante para decidir querer comprender mejor cuáles son sus puntos problemáticos. Buena parte del discurso está basado en una visión individualista que ve las personas como seres aislados e independientes que solamente se afectan de forma puntual y voluntaria, obviando e ignorando la interdependencia. La CNV puede ser una buena herramienta cuando estás en una relación horizontal, pero obvia las estructuras de poder y las jerarquías que a menudo hay en las relaciones.

La responsabilidad

La CNV llama violencia a negar la propia responsabilidad de los actos y las emociones. La propuesta es interesante. El problema está en cómo se deciden distribuir las responsabilidades, ya que depende de muchos factores: depende del contexto (situaciones sociales) y también de lo que se hace y de lo que se recibe. La CNV se basa en un paradigma donde las responsabilidades están totalmente separadas y donde la relación y el contexto se borran: tú eres totalmente responsable de lo que haces y sientes y yo soy totalmente responsable de lo que hago y siento, y lo que tú sientas a causa de lo que yo haga es responsabilidad tuya. Según la CNV, señalar hacia fuera es siempre un acto de violencia.

Uno de los ejemplos que utiliza la CNV para ilustrar esto es la crítica que hace a la expresión “tengo que hacer (una cosa)”. Esta expresión utiliza el verbo tener para expresar obligatoriedad: hacemos una cosa porque nos sentimos obligades a ello, no porque lo escogemos. Según la CNV, utilizar esta expresión nos quita responsabilidad y consciencia de nuestra libertad de elección. Su propuesta es expresar que lo hago porque lo escojo. Esta visión ayuda a tomar consciencia de las cosas que hacemos y del poder que podemos tener en cómo nos sentimos con lo que nos rodea. No obstante, como todo pensamiento liberal, se basa solamente en la libertad de elección obviando totalmente las situaciones sociales desiguales. Tener menos opciones o escoger bajo coerción no es escoger libremente.

Finalmente, muchas veces personas utilizan la CNV para no responsabilizarse de agresiones o actos que afectan a sus relaciones, ya que si tú eres totalmente responsable de lo que sientes, cómo te sientas a causa de mis acciones no es responsabilidad mía.

La objetividad

Según la CNV, para comunicarnos de forma no violenta lo tenemos que hacer a través de las observaciones objetivas y no con valoraciones subjetivas: por ejemplo, decir que una persona nos está ignorando es una valoración subjetiva, pero decir que no nos ha respondido es una observación objetiva. Hacer esto nos permite no evaluar cosas que desconocemos, ni otorgar a le otre intenciones, deseos o emociones.

No obstante, por defecto, lo que a menudo es descrito como observaciones objetivas suele caer en una definición concreta del mundo que nos rodea vinculada a los privilegios (la objetividad a menudo corresponde a la mirada del hombre blanco, cis, heterosexual, de clase media-alta, neurotípico, delgado, sin diversidad funcional, etc., los que han tenido el privilegio de poder definir qué es objetivo y qué no), y, por tanto, este tipo de observaciones a quien más suele beneficiar es a quien más privilegios tiene. Siguiendo con el anterior ejemplo, suponer que la otra persona no nos ha respondido también puede ser una valoración subjetiva que corresponde a una definición sobre qué es una respuesta y qué es aceptado como comunicación válida: puede ser que la otra persona, dentro de sus capacidades comunicativas, nos haya respondido pero nosotres no lo hayamos entendido así cuando lo interpretamos a través de las normas culturales y neurotípicas sobre comunicación. El contexto siempre es importante.

Este razonamiento, además, no nos permite poder expresar que nos han manipulado o que nos han maltratado, ya que este tipo de valoraciones las coloca siempre en la clasificación de subjetivas.

La empatía

Finalmente, una de las estrellas de la CNV es lo que llama empatía. La CNV describe el proceso empático como una interpretación sobre qué necesita la otra persona sin que esta lo exprese ni pida esta opinión. Lo que propone la CNV es que cuando alguien te señala alguna queja tú no puedes ser le responsable de lo que ella siente y, por tanto, tiene que estar siendo un problema que necesita alguna cosa que no está pudiendo satisfacerse ella misma, y se lo tienes que hacer saber (incluyendo una suposición de cuál debe ser su necesidad no cubierta). Desde mi punto de vista, decirle a una persona qué es lo que siente y qué necesita, a través de una lectura y sin que ella haya expresado ni pedido esta opinión, es bastante violento. Es más, lo que se hace con esto es desviar la atención de lo que le otre decía: pasas de ser tú la señalada a señalarla a ella.

He visto manipular muchas veces a través de este tipo de empatía. Siguiendo con ejemplos: si intentas señalar alguna agresión, lo que automáticamente se te cuestionaría es cuáles deben estar siendo tus emociones y buscando tus carencias que te llevan a esas emociones, como si no fuera la agresión en sí la que te provoque la emoción, ya que la persona que te agrede no es responsable de tus emociones. Esta es una de las partes que a mí más ansiedad me producen cuando estoy delante de alguien que utiliza esta herramienta.

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taller ‘hablemos de técnicas de dominación’ sábado19 de enero en Blanes

por wuwei (natàlia)

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Este sábado día 19 de enero estaré en Blanes en el Ateneu Popular Sa Fera Ferotge dinamizando el taller «Hablemos de técnicas de dominación«. El taller lo organiza la Assemblea Antipatriarcal Sa Pedra Foguera. Habrá también pinchos veganos. ¡Nos vemos el sábado!

Dirección: Calle de Mas Enlaire, 3, 17300 Blanes, Girona

Hora: 18h

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‘memorias de una C’ en Valencia el 24 de noviembre

por wuwei (natàlia)

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El sábado día 24 de Noviembre estaré en la ciudad de Valencia para repetir por cuarta vez ‘memorias de una C’. La actividad la organiza Poliamor Valencia y para ir hace falta inscripción previa enviando un correo electrónico a poliamorvalencia+talleres@gmail.com. El horario será de 18h a 20h y el lugar es El Ventanal (C/ Fra Pere Vives, 13-15).

El precio de la actividad es, como siempre, gratuita con donativos/taquilla inversa.

Toda la información en el evento de Facebook: https://www.facebook.com/events/361103404667507/

Os dejo con la descripción del evento:

“A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a hacer gestiones y a tomar decisiones sobre su relación. Pero estas decisiones no solamente son sobre su relación, sino de rebote también sobre la relación entre B y C, y esta relación también se ve afectada. Finalmente C acaba sintiéndose desempoderada en su relación.

‘Memorias de una C’ es una charla que utiliza la letra C como metáfora sobre las relaciones excluidas, desempoderadas, marginadas, y en definitiva, las menos tenidas en cuenta cuando gestionamos emociones, cuando hablamos de relaciones, de no-monogamias, de poliamores; en definitiva, cuando hablamos de amores o de afectos. Se hablará de jerarquías en las relaciones, qué relación tienen estas jerarquías con la monogamia y cuáles son las consecuencias de estas jerarquías.

Las memorias de una C no son simples, son atravesadas por el consumismo relacional, la objetificación, la explotación, la alienación, la marginación, el desempoderamiento, y muchos otros factores que vivimos (y que ejercemos) día tras día todas las personas cuando nos relacionamos. Se hablará a través de la teoría, pero también, y sobre todo, a través de la experiencia y las emociones relatadas en un diario de una letra de la que otres hablan pero con la que casi nunca se habla.

Después de la charla se abrirá el debate con las asistentes.”

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relaciones horizontales también desde la duda y desde la dificultad para expresarnos

por wuwei (natàlia)

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[imagen: dos brazos donde hay escrito en uno «indecise» y en el otro «confosa»]

 

Aviso de contenido: neurocapacitismo, obligatoriedad de saber lo que quieres, obligatoriedad de saber expresar, exclusión, jerarquías

 

Como ya he comentado en otros textos (como por ejemplo, en “el compromiso como acto revolucionario), la mayoría de las cosas que se comparten en una relación son cosas que no son (normalmente) escogidas entre las personas que la componen. Las cosas que se comparten y los pactos o compromisos no se suelen hablar, ni decidir ni tomar, sino que vienen dados por defecto a través de unas normas implícitas según el tipo de relación que se establece: por ejemplo, si tienes una relación de pareja con una persona se presupone que será con ella con quien irás de vacaciones o acabarás en algún momento compartiendo vivienda y finanzas.

Esta forma de “construir” relaciones en realidad no construye la relación, sino que hace que se cree o se genere a través de normas (sociales) que la arrastran y le suelen imponer también jerarquías (tanto entre las personas que componen la relación como hacia otras personas/relaciones). Los compromisos que se no-toman (o sea que vienen implícitos) no son sensibles al contexto ni a las necesidades de las personas que componen la relación. Como ya había apuntado también anteriormente, una forma alternativa más sensible de construir relaciones y compromisos en estas relaciones es haciendo explícito lo que se quiere compartir, hablar y dejar más claro entre las personas que la componen de qué trata la relación, y qué compromisos se quieren tomar juntes. Estos compromisos, no obstante, no solamente tendrían que ser explícitos, sino que tendrían que poder ser tomados en un espacio seguro y en que todes realmente puedan expresarse sin coacción.

Pero ha habido una confusión bastante grande entre la necesidad de tomar las decisiones de forma explícita con que las personas tengamos que saber siempre lo que queremos o lo que necesitamos y que además lo tengamos que saber expresar siempre de la mejor manera. Hay muchas personas que consideran incluso violento que la otra persona no sepa o no tenga claro qué quiere o no sea capaz de expresarlo de la forma que se considera “sana” (expresión que, sinceramente, no me gusta nada). Esto genera, no solamente una presión muy grande hacia todes, sino a la vez una jerarquía donde solamente las más capacitadas para decidirse, a entender lo que necesitan en un tiempo considerado socialmente “normal”, o a poderlo expresar con la claridad que se reclama, tendrán el privilegio de entrar en este discurso.

La creencia de que para poder tener relaciones horizontales tienes que tener claro lo que quieres y lo que necesitas es capacitista (especialmente neurocapacitista), aunque obviamente afecta a muchas personas no atravesadas por el capacitismo porque esta incapacidad a la hora de saber lo que queremos la podemos sentir todes en algunos momentos de nuestra vida. La necesidad de establecer pactos explícitos no implica la necesidad de saber lo que se quiere y lo que se necesita. Es absurdo creer que si no podemos establecer un pacto concreto implicará automáticamente que nos dejaremos arrastrar. Que no sepas lo que quieres o lo que necesitas se puede respetar sin que se caiga en establecer compromisos implícitos y jerárquicos. Precisamente la idea de romper con los compromisos sistemáticos implícitos para crear de sensibles es también para tenernos en cuenta con nuestras especificidades, por tanto también con nuestras no capacidades.

Decir que no sabes lo que quieres ni lo que necesitas también es ser explícite (una cosa que a menudo olvidamos porque parece que solamente se pueden hablar las cosas cuando está todo claro y trabajado, y precisamente se trata de lo contrario, compartirnos y aceptarnos en nuestros procesos). Creer que no se pueden pactar cosas ni comprometerse ni hablar sobre cómo sentimos la relación si le otre no lo tiene todo claro es bastante reduccionista ya que hay muchas formas de hablar, pactar y comprometerse. Por ejemplo, se pueden hablar de las dudas que sentimos o de las cosas que tengamos un poco más claras que a lo mejor no queremos para intentar movernos alrededor de esto; se pueden establecer pactos temporales dependiendo de cómo le otre pueda irse dando cuenta de lo que necesita, etc.

También se reduce la problemática a “saberlo expresar” (o sea, saber expresar las necesidades o voluntades en la relación) sin tener en cuenta que muches tenemos dificultades a la hora de expresar lo que queremos por muchos motivos. Por ejemplo, a muches que nos han negado nuestras necesidades desde pequeñes (tanto sea por nuestro género como por tener unas necesidades consideradas “especiales”, como pasa a muches neurodivergentes) expresarlas muchas veces se nos hace dificilísimo; también nos puede ser difícil expresar necesidades cuando es un tema que nos afecta emocionalmente o tenemos miedo a la reacción de le otre y nos atraviesan ciertas dificultades a la hora de expresarnos de una manera que se considera “normal” o “aceptable” (no soporto, por ejemplo, esta costumbre que hemos adquirido en espacios no monógamos en resumirlo todo diciendo que las cosas se pueden decir “tranquilamente y naturalmente”). Para poder trabajar las relaciones de forma horizontal no solamente tenemos que dejar espacio para que podamos ser explícites, sino también tenemos que dejar espacio para que nos podamos expresar de muchas formas que intenten ser sensibles a las necesidades de expresión de todes, y también tenemos que poder hablar de estas dificultades que tenemos para expresarnos, hablar sobre los motivos e intentar encontrar entre todes cómo podríamos crear este espacio que pueda sentirse más seguro.

La idea de generar compromisos horizontales es también la de que estos compromisos no tengan que ser estáticos y puedan cambiar para adaptarse a nuestros cambios de necesidades o bien a cómo nos vamos dando cuenta de lo que necesitamos cuando se va construyendo la relación; también es que se puedan adquirir desde muchos puntos diferentes, también desde la incertidumbre o la duda. Los compromisos se tienen que poder tomar desde espacios y situaciones seguras para todes, especialmente para les más vulnerables, donde se incluyen aquelles a les que les cuesta expresar lo que quieren como también aquelles que muchas veces les cuesta tiempo entender qué necesitan. Es importante aprender a hablar también desde estas posiciones y llegar a pactos desde allí para hacer las relaciones horizontales más inclusivas y sensibles.

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¿el amor también puede doler?

por wuwei (natàlia)

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[imagen: una pared blanca donde hay escrito en negro más resaltado y en mayúsculas «L’AMORE É UNA COSA RARA». También hay escrito en negro pero más flojo: después de «RARA» pone «es la vida», una flecha desde «É» señala «FOLLAR», señalando «UNA» añade «mierda», y después de «AMORE» pone «e bello».]

 

aviso de contenido: mención de dolor y sufrimiento, maltrato, abuso, jerarquías, estructuras de poder, objetificación y explotación emocionales

 

“El amor de verdad implica sufrimiento” es un ideal que gira alrededor del amor romántico y del amor en general. Es un concepto con el que nos han rellenado a través de los cuentos, de la televisión, de las canciones, de las historias que nos explicamos entre nosotres, de internet con los memes que acostumbran a resaltar un tipo de amor y de afecto que se expresa a través de la jerarquía, del dolor, del sufrimiento y de la objetificación y explotación emocionales y de cuidados. El amor, según este tipo de amor o de afecto, siempre comporta un sacrificio jerárquico y muy unido a la violencia estructural, machista, y también de otras diferencias estructurales (no solamente utiliza el machismo, sino también se alimenta de la monogamia, del heterosexismo, del capacitismo, del racismo, etc).

Según este ideal por el amor se tiene que sufrir, tanto para poder acceder a éste como por lo que implica en sí mismo una vez obtenido: se tiene que aceptar incondicionalmente todo lo que le otre hace, especialmente cuando eres la parte que está jerárquicamente por debajo. Especialmente la incondicionalidad es una de las armas más destructivas de este tipo de amor que no cuestiona las jerarquías que nos impone, ni el maltrato, ni la explotación emocional. He enfatizado también la existencia de esta romantización/idealización a través del afecto (o el amor entre personas que no tiene porque comportar un componente romántico) porque entre amigues también puede pasar, especialmente cuando una de las partes es una persona que por miedo a perder la relación (debido también a factores estructurales) acepta una situación de abuso.

Desde los feminismos se ha hablado bastante de esta problemática, no estoy señalando nada que no se haya tratado ya anteriormente en muchas plataformas, espacios y activismos. Estas críticas han intentado romper con la imagen positiva y bonita de este tipo de abuso y aceptación del maltrato. La visibilización ha sido, por tanto, una forma de desenmascarar el maltrato llamándolo por su nombre y mostrando que no es bonito en sí mismo, sino jerárquico, de dominación y estructural y una forma de tenernos enganchadas a relaciones que nos absorben, explotan y oprimen.

Uno de los lemas derivados de todo esto que se repite es “si es amor, no duele” (o “si duele, no es amor”), intentando enfatizar la necesidad de buscar un tipo de amor no basado en el maltrato, en el control, o que justifica el dolor de per se, especialmente hacia aquelles que son mujeres o que tienen menos privilegios. Pero esta frase (como todas las que giran alrededor del mismo concepto), aun siendo cierta cuando hablamos de maltrato, es, por otro lado, una trampa e invisibiliza que se puede sufrir por amor sin necesidad de que sea un sufrimiento derivado del maltrato. De hecho, sin que esta sea la intención del lema en sí mismo, lo que hace es volver a romantizar el amor, idealizándolo alrededor de un tipo de emoción perfecta porque no “disfruta” de ningún tipo de dolor ni sufrimiento. Ignora, por tanto, que el mundo de las emociones es mucho más complejo que un simple “duele” / “no duele”.

Esconder que el amor también puede venir acompañado algunas/muchas veces de algún tipo de sufrimiento puede producir una gran excusa (con discurso) para abandonar una relación a la mínima que haya la posibilidad de sufrimiento o dolor para desdecirnos de los cuidados hacia les demás. Se puede sufrir por la pérdida, se puede sufrir por los procesos de aceptación de incompatibilidades, se puede sentir dolor por los miedos que arrastramos debido al rechazo, o también podemos padecer cuando las personas a las que queremos están pasando por un momento malo, o una crisis. Amar también nos puede llevar a la rabia por las situaciones injustas, una rabia muy necesaria y que constantemente intentamos borrarnos a través de discursos sobre la búsqueda de la pura felicidad acrítica. Y podríamos alargar la lista. También, además, se ignora que hay muchas personas a las que las intensidades emocionales les puede llevar a dolor y sufrimiento en muchos sentidos, ignoramos que no todes tenemos las mismas capacidades a la hora de sentir o sentirnos y que amar/querer, para algunas personas, puede suponer un sufrimiento que se intensifica cuando, además, nos atraviesan los miedos a la pérdida y los miedos a que nos maltraten o que nos rechacen.

Todo esto que expongo no pretende ser una alabanza ni una aceptación del maltrato dentro de las relaciones amorosas o afectuosas, al contrario, como persona que ha padecido el maltrato es lo último que quiero. Pero lo que pretendo expresar es que reducir todo el sufrimiento y el dolor al maltrato e idealizar el amor es caer en una trampa que nos hace creer que tenemos que perseguir la más pura felicidad ignorando todos los problemas que nos atraviesan, sin querer tampoco abrazar o dejarse afectar por todo aquello que no es definido como “perfecto” por el sistema en les demás y en las relaciones.

El amor en un gran sentimiento, esto no lo niego. Es aquél que nos permite solidarizarnos, conector con lo que nos rodea. Pero por este mismo motivo, por el hecho de ser lo que nos permite afectarnos con nuestro entorno, es también lo que nos conecta con ciertos dolores y sufrimientos, tanto nuestros como de les demás. Lo que no tenemos que permitir es que utilicen nuestro amor para abusar de nosotres, para colocarse por encima, ni para maltratar. Para el resto, sí, el amor puede doler, y no es necesario negarlo para convertirlo en un concepto ideal.

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exclusión y monogamia: mi proceso de empoderamiento

por wuwei (natàlia)

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[imagen: una chapa roja con el símbolo de la anarquía relacional en blanco enganchada en un tejido negro. El símbolo de la anarquía relacional es una A dibujada dentro de un corazón]

 

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 5 de Octubre. Podéis ver el original aquí . 

 

Aviso de contenido: exclusión, estructuras de poder, neurocapacitismo (e insinuación de otras estructuras como gordofobia, cisexismo, racismo, etc), pensamiento monógamo, miedo, consumo relacional, maltrato, mención de ansiedad social y depresión

 

Yo no nací monógama ni anarquista relacional. Yo crecí, como todes, en un entorno social determinado y lleno de estructuras de poder: machismo, heterosexismo, monosexismo, monogamia, racismo, entre otras. A mí me enseñaron desde pequeña que hay una forma correcta de relacionarse con cada persona según unas cajas determinadas: las amigas, la pareja, la familia de origen, la familia política, las compañeras de trabajo, las compañeras de clase, etc. También que hay diferencias en el trato según el género de la otra persona u otros factores como la clase social, las capacidades o el color de su piel o el país de proveniencia.

Aprendí que lo que era normal era tener una pareja y, en mi caso, que esta tenía que ser un hombre. También me enseñaron que la pareja era el tipo de relación a través de la cual existe el compromiso, siempre acompañado de un tipo de sacrificio jerárquico. Me enseñaron que las amistades están bien y son “útiles” (sobre todo cuando no tienes pareja o necesitas un apoyo emocional debido a algún problema de pareja), pero que la pareja siempre tiene prioridad. También me enseñaron que los cuidados, el afecto (tanto físico como emocional) y el sexo siempre tenían que ir juntos a través de esta figura y que, sin pareja, solamente podría obtener relaciones de consumo, tanto sexual como emocional, totalmente aceptadas como castigo por no pasar a través de la pareja.

Me enseñaron que, para poder acceder a tener pareja (y por tanto acceder a tener todas estas necesidades cubiertas) tenía que competir con las guapas, las carismáticas o las atractivas al ojo normalizado del que mira y escoge. También aprendí que había personas más feas, gordas, con cuerpos menos normativos, raras y desviadas (no heterosexuales, trans, racializadas, etc), y que estas acostumbraban a recibir cierto tipo de violencias: muchas hemos pasado infiernos en la escuela o en el instituto que han seguido reproduciéndose fuera de estos entornos. También aprendí que todas estas eran las excluidas, no solamente a poder tener amigas, sino también, y sobre todo, a acceder al privilegio de tener una pareja.

Crecí con un miedo muy grande al rechazo y a ser excluida. Por mi experiencia, perder mi posición a ser reconocida como “existente” (y ya no digamos a sentirme apreciada, afectada, querida o deseada) era muy fácil. En mi caso era por mis supuestas “rarezas”. Ahora entiendo más de dónde venía eso: mi cabeza es diferente a lo que se ha estipulado como “normal” y esto implica cosas muy variadas, como movimientos leídos como “extraños”, reacciones emocionales diferentes, lentitud para ciertas cosas, rapidez y estrés para otras, dificultad para comunicarme de una forma tipificada, diferencias sensoriales, etc. Soy neurodivergente, cosa que me hacía ser un blanco fácil tanto de insultos o ataques, ser ignorada o rechazada. Sumada a la exclusión, mi funcionamiento también me dificultaba cierto tipo de interacciones, ya que la ansiedad social o las fases depresivas hacían que me costara más acercarme a la gente.

Con todo este miedo, empecé a caminar por el mundo de las relaciones. El miedo, la exclusión, y ciertas violencias que recibí me hicieron creer que el mejor camino era la monogamia heterosexual cuando “conseguí” tener una relación de pareja: me daba seguridad. Tener la “suerte” de encontrar a alguien que no me rechazara. Me cogí muy fuertemente a eso y viví once años en una relación monógama con un hombre. También empecé a esconder y a no hablar nunca de mi orientación sexual y afectiva (bisexual), ya que, cuando la había mostrado o había mostrado algún indicio de promiscuidad, debido a mi género había padecido violencias de las que necesitaba huir y protegerme (violencias relacionadas tanto con el género como con el consumo relacional fuera de la pareja). No sentía el empoderamiento como una opción.

Aún la seguridad que eso parecía darme, la relación no era segura: era de poder, desigual y de propiedad (giraba alrededor de él, y de sus deseos y necesidades). Tardé en aceptar que eso no era bueno para mí por todos aquellos miedos que arrastraba: a quedarme sola, al vacío que siempre había encontrado fuera de esa relación, especialmente por el proceso de exclusión; al rechazo, que siempre me ha dolido más que la soledad en sí misma (a la que me he acostumbrado en muchas épocas de mi vida). El apego se complica mucho cuando eres una persona a quien las relaciones se le hacen más complejas debido a la exclusión, a los desvíos respecto a la norma, tanto por ser neurodivergentes, como por ser gordas, feas, con diversidad funcional, o por muchos otros motivos y estructuras. Finalmente conseguí hacer el paso de dejar aquella relación, con mucha sensación de vértigo.

Decidí aprovechar la situación para pensar cómo quería construir mis relaciones. Entonces, cuando pensaba en relaciones, tenía la tendencia a pensar en relaciones de pareja, como me habían enseñado desde pequeña. Más adelante mi preocupación se extendería al resto de relaciones cuando, estando otra vez expuesta al consumo y la exclusión, ya no teniendo el privilegio de la seguridad de tener una pareja, padecí y viví de una manera muy contundente lo que hace el pensamiento monógamo a todas aquellas que no somos reconocidas ni tenemos pareja.

Los siguientes fueron años de volver a revivir rechazos y, cuando parecían no ser rechazos, el consumo y el maltrato emocional desde la posición de la amistad. La monogamia es muy competitiva, solamente una sola persona puede llevarse el reconocimiento por parte de otra. Reconocimiento y una serie de factores que ya he comentado, como cuidados o afecto. Ser excluida no implica solamente que no se te reconozca sino que, además, tampoco se reconozca lo que se consume, los maltratos, la violencia emocional, la falta de cuidados y muchas otras cosas.

Desde esa sensación de exclusión y de estar fuera de este “mercado” de las relaciones, siguiendo teniendo el miedo a caer en una relación posesiva y viviendo maltrato y consumo fuera de una relación monógama, me di cuenta de que necesitaba, no solamente “descubrir” cuál era la forma que quería para mis relaciones, sino ir más allá: necesitaba politizarlo. Fue en ese momento cuando todo mi interés fue debatir, informarme, reflexionar, formas relacionales que pudieran luchar contra toda eso violencia. Entonces fue cuando empecé a repetirme (sin saber muy bien qué quería decir) “quiero que mis relaciones sean políticamente conscientes”.

En todo ese proceso intenté pensarme a través del poliamor (porque era la alternativa que tenía más a mano, la más conocida). Creí que, a lo mejor, la solución podría ser solamente romper con la exclusividad de la pareja. Pero la sensación de exclusión seguía y lo único que sentía era la reproducción multiplicada de lo que ya había vivido en la monogamia. Si estás excluida dentro del “mercado” de las relaciones, es igual el número de parejas que estés “dispuesta” a tener, seguirás fuera; o, mejor dicho, aun más fuera, mientas observar como un conjunto de personas con un elevado capital social, sexual y de cuidados se lo van montando entre ellas. Seguía sintiendo que no encajaba y, sobre todo, seguía sin encontrar una alternativa que rompiera con los sistemas de opresión.

Fue entonces cuando mi atención se dirigió a entender las relaciones de forma general (más allá de la pareja). Me asusté al hacerme consciente de cómo vemos y vivimos las relaciones, y el poco valor que suelen tener las relaciones que no son de pareja.

Fue en ese momento cuando comprendí el concepto de red afectiva, no tanto como solamente un conjunto de personas con diferentes tipos de vínculos que te dan un apoyo afectivo, sino como una red sensible, de solidaridad, en la que se tienen en cuenta estructuras, violencias, que presta apoyo económico, emocional, intelectual y de muchos tipos. Tener en cuenta las estructuras tiene que implicar romper con los discursos poco inclusivos para incluir a todas aquellas que el capitalismo relacional excluye. Por tanto, tiene que implicar cuestionarse el deseo, por qué unas atraen (tanto emocionalmente, intelectualmente, estéticamente o sexualmente) y otras no, por qué damos más atenciones a unas y a otras menos, qué construcciones sociales hay detrás, y deconstruirlas.

Desde ese punto empecé a construir una filosofía relacional que me hizo, poco a poco, identificarme con la anarquía relacional (otro tipo de no-monogamia) y a valorar las relaciones de otra forma. No estoy diciendo que todas las que se identifiquen con la anarquía relacional la vivan exactamente de la misma manera, al igual que pueden haber personas que se identifiquen con el poliamor y tengan experiencias diferentes a la mía al respecto y filosofías relacionales parecidas, pero sentí que era lo que más encajaba. Empecé a verlo como una alternativa a la pareja y la familia nuclear más sensible a mi filosofía en muchos aspectos.

El problema de vivir filosofías relacionales de este tipo es encontrar con quien poderte vincular, ya que, para que no me arrastrara otra vez a dinámicas vividas pasadas, necesitaba relacionarme con personas que trabajasen las relaciones de forma parecida. Gracias al activismo plurisexual crítico (y al privilegio de vivir en un ambiente urbano) encontré a unas pocas personas con las que podía construir vínculos, personas con las que podía hablar sobre relaciones, debatir y tratar todos estos temas que he comentado. No obstante, no me fue nada fácil, ya que empecé a buscar este tipo de vínculos hundida y sin tener ninguna relación de referencia. Poco a poco, y siguiendo muy vinculada a ciertos tipos de activismos (con otras anarquistas relacionales y activistas de la no-monogamia también con una perspectiva crítica), seguí tejiendo la que es ahora mismo mi (muy quería y apreciada) red.

Con el tiempo me he dado cuenta de que lo que me estoy construyendo no es compatible ni con la monogamia ni con jerarquías que imponen las voluntades de parejas por encima de las necesidades y cuidados hacia otras relaciones consideradas socialmente menos importantes. También me he dado cuenta de que hay muchas formas diferentes de compartir cuidados y afecto, y que no tienes tampoco porque centrarlo todo en una sola figura relacional. No es fácil porque supone nadar contracorriente en muchos sentidos; porque no siempre tener una red de este tipo, debido al contexto relacional y social que vivimos, puede aportarte todo lo que necesitas emocionalmente o afectivamente; y porque la mayoría de personas son jerárquicas y además muchas instrumentalizan filosofías relacionales, escondiendo debajo una forma de relacionarse también consumista y excluyente.

Muchas veces este mundo de exclusión, capitalista y que consume relaciones, me ha hecho desear o sentir necesitar el apoyo de una pareja en monogamia. De hecho, sé que para muchas personas en situación de exclusión similar conseguir tener una pareja “estable” es todo un gran hito. Hace unos meses leí un tuit de una activista autista explicando que, para ella, como autista y gorda, haber conseguido casarse con un hombre había sido un acto revolucionario. Yo no estoy nada de acuerdo con que conseguir casarse sea un acto revolucionario, aunque entiendo mucho por qué lo dice. No obstante, ahora mismo, para mí tener una relación monógama no sería en ningún caso compatible con mi voluntad de no querer ejercer poder ni privilegios relacionales sobre otras personas. Tampoco sería compatible con mi red, una red que, aunque a veces la siento inestable, no querría perder por nada en el mundo.

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memorias de una C (VI – romper con la monogamia)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la sexta y última parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí la cuarta aquí y la quinta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación.

 

Muchas veces en nuestros propios discursos críticos (sobre el pensamiento monógamo y feministas) nos olvidamos de incluir a este tipo de relaciones, ya que, aunque intentemos romper con muchas de las partes del pensamiento monógamo, hay algunas cosas que aún restan invisibles. Hemos basado la mayor parte de nuestra lucha en combatir la violencia en la pareja (muy necesaria lucha, evidentemente) y en la liberación sexual, pero nos hemos olvidado del que recibía precisamente una violencia de borrado, reproduciendo el mismo borrado.

Un ejemplo de esto se ve en el discurso que hacemos sobre los cuidados. Los cuidados son muy importantes en las relaciones: son la forma de tratarnos que no pase por la dominación ni la objetificación. Se ha generado discurso al respecto, aunque muchas veces sin que nos demos cuenta cuando hablamos de cuidados acabamos hablando de relaciones de pareja, relaciones sexuales o relaciones románticas, solamente (o poco más). Pocas veces escucho discursos que hablen de otras relaciones. De hecho muchas personas nos vemos con la necesidad en muchas ocasiones de pedir que una relación sea reconocida como pareja para sentir que podemos pedir o exigir ciertos cuidados. Los cuidados parten a través del reconocimiento, y sin reconocimiento no puede haber cuidados.

Otra cosa que veo que se repite mucho es la de creer que una vez hemos luchado contra la violencia que se genera en la pareja, ya hemos luchado contra toda la violencia que genera la monogamia. Hace poco leí en twitter una cosa que ya he leído millones de veces anteriormente: que ‘se puede tener una relación monógama que no sea tóxica’. Esta afirmación sólo centra la posibilidad de toxicidad o maltrato de una relación en si es de pareja, o en si es sexual, olvidándose de cómo afecta a otros tipos de relaciones. Este discurso borra la posibilidad de que relaciones que no son de pareja o sexuales o románticas no pueden ser ‘relaciones tóxicas’ porque de entrada ‘no son relaciones’. Y esto lleva implícito violencia, ya que cualquier maltrato que pueda haber fuera de lo que son consideradas relaciones, se borra y se invisibiliza, un acto violento de por sí. Por tanto, el reconocimiento no es solamente importante para recibir cuidados, sino también para poder señalar violencias.

Y, finalmente, también he visto una fuerte crítica hacia las jerarquías en las parejas y la violencia que comportan, una crítica que ha aportado mucho a los discursos dentro de las no-monogamias, muy necesaria y que a muches nos ha ayudado a respirar un poco más. Un ejemplo es el libro de ‘More thanTwo’ donde explican qué son y qué no son las jerarquías y cuáles son las consecuencias de éstas (que en parte son las que he estado explicando hoy). No obstante, otra vez, este discurso se olvida de las relaciones que no son consideradas de pareja ni en cómo se aplican estas jerarquías en estas relaciones.

 

Romper con la monogamia

Como he comentado antes, muches sentimos la necesidad de pedir ser considerades pareja para sentirnos valorades, reconocides y cuidades; especialmente personas que se encuentran en situaciones más vulnerables y que sin compromisos en las relaciones les es más difícil poder cubrir sus necesidades. Y quien dice pareja, dice desear de alguna vez algún tipo de jerarquía, para poder encontrar una cierta tranquilidad relacional en nuestra vida. Esto es debido a que fuera del ámbito de la pareja, el consumismo relacional nos pone a muches en situaciones muy vulnerables. La pareja parece, en una sociedad capitalista y agresiva que nos vulnerabiliza a muches, el único sitio donde encontrar cierto resguardo. Pero, evidentemente tampoco estoy comentando esto para ahora hacer una oda a la pareja, sino más bien utilizarlo como visibilizador del verdadero problema: tratamos al resto de relaciones tan mal, que la única forma que a veces encontramos de ‘salvarnos’ es resguardarnos en la pareja. Si no se hace este ejercicio quedaríamos (especialmente las más vulnerables) totalmente expuestas.

Romper con la monogamia no tendría ‘solamente’ de implicar romper con el pensamiento que no nos permite tener más ‘parejas’ o poder tener más sexo con otres; tampoco tendría ‘solamente’ de implicar aprender a hacer esto sin maltratarnos entre parejas o amantes sexuales. Para mí, romper con la monogamia, es ir a su raíz: es romper con esta constante jerarquía, la objetificación que borra relaciones, sus cuidados, compromisos, así como sus violencias y maltratos.  De hecho para mí, la liberación sexual y afectiva es más secundaria. Para mí, romper con la monogamia, para mí, es aprender a ser más conscientes de les ‘otres’: de todas  las personas con las que nos relacionamos, y también con aquellas que se relacionan con nuestras relaciones. Todes tenemos que ser merecedores de ser reconocides, así como también de afecto, de cuidados y de poder ‘ser’.

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memorias de una C (V – violencia monógama)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la quinta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, violencia monógama, técnicas de dominación.

 

Violencia monógama

Este proceso de objetificación hacia cierto tipo de relaciones propicia también que se generen y que se consoliden (juntamente con las otras opresiones que padecen estas personas) mecanismos que son característicos de las estructuras de poder. Antes de seguir e introducir estos mecanismos me gustaría volver a recordar y hacer hincapié con lo que he comentado anteriormente: las personas con muchos privilegios se pueden beneficiar de las relaciones con pocas implicaciones y por tanto no viven este tipo de violencia de la misma manera, e incluso se podría beneficiar de ella; todo este discurso está pensado especialmente para aquellas personas vulnerabilizadas por otras estructuras de poder, que son las que más fácilmente son excluidas por la monogamia.

A través del imperialismo cultural, las normas sociales que rodean la monogamia como sistema relacional colocan a las C en una posición inferior respecto otro tipo de relaciones. Y cuando digo ‘inferior’ no me refiero a ‘menos importantes’, sino a estatus que te quita voz, a jerarquía. Como he comentado anteriormente, cuando se dice ‘relación’ se piensa siempre en ‘pareja’, cuando se dicen ‘sentimientos’ se piensa siempre en ‘románticos’, o cuando se habla de celos o de problemas relacionales o de maltrato, también se piensa inmediatamente en ‘pareja’. Este imaginario coloca al resto de relaciones en un estatus inferior, invisible, sin reconocimiento de sus emociones, o ni tan siquiera reconocimiento de los problemas que surgen o de la violencia que se pueda generar.

Esto propicia que se pueda crear una situación de marginación (apartades del privilegio que concede otros tipos de relaciones) y desempoderamiento en la propia relación debido a no poder formar parte en las tomas de decisiones de las cosas que les afectan de su propia relación y no poder participar en la creación de las normas y decisiones de su relación. Además, también propicia la explotación relacional, cuando, por ejemplo, las C acompañan emocionalmente a A y B (para beneficiar su relación), pero este acompañamiento no se recibe debido a que las emociones de A y B son reconocidas, mientras que las de C no. O bien, en el contexto competitivo que he explicado anteriormente, el hecho de estar en constante lucha competitiva para poder conseguir un lugar reconocido en las relaciones lleva a muches a un desgaste energético, que acaba llevando a un ‘intercambio’ nada justo o sensible.

Y, finalmente, podríamos llamar a este tipo de mecanismos como un tipo de violencia monógama. Así como se ha especificado y como se ha hablado de la violencia que se genera en las pareja, y bien podríamos llamar este tipo de violencia como violencia monógama (donde hay la apropiación, demanda de exclusividad, mitos del amor romántico, jerarquías entre componentes de la pareja, roles sociales de dominación y maltrato, etc), cuando estamos analizando la monogamia nos olvidamos (como no) de la violencia que la propia monogamia ejerce hacia otres fuera de la pareja (esto ya es un hecho violento de por sí); y es que este tipo de violencia se basa mucho en la invisibilización y el borrado. Un ejemplo de este tipo de violencia podría ser que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como le ‘otre’, o le ‘amante’’ (conceptos que marcan una ‘otredad’), o se nos recuerdo que ‘sólo’ somos amistades (colocándonos en una posición donde no podamos pedir nada si lo necesitamos). Violencia es que no se te escuche cuando estás intentando expresar algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona, sean los que sean, sin tener sensibilidad contextual y del momento. Violencia es que se te tenga en cuenta para hablarte sobre los problemas de pareja de le otre, pero que tus problemas no sean válidos por no ser pareja. Violencia es el consumo relacional. Violencia es que intenten demostrar que no eres nadie para que no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación.

 

Una vez vi una serie de televisión de Estados Unidos donde un hombre había abandonado a su mujer y su hija durante bastantes años debido a estar trabajando como policía infiltrado en un caso. Después de todos los años ‘desaparecido’ vuelve a aparecer en la vida de su mujer e hija. Él intenta recuperar la relación con su mujer, pero la mujer está muy molesta por todo lo que ha pasado (obviamente). En un momento dado de la serie, ella descubre que él había estado con otra mujer durante esos años, y ese acaba convirtiéndose también en uno de los argumentos para no poder retomar su relación: ‘si has estado con otra es que no me quieres suficiente’. Durante todo un capítulo entero el hombre intenta convencer a su mujer que aquella ‘otra’ mujer no es ‘nadie’. Demostrar que alguien no es ‘nadie’, haya representado lo que haya representado en tu vida, es un acto muy violento.

 

Técnicas de dominación y monogamia

 Una vez estaba teniendo una conversación emocionalmente complicada e intensa con una persona con quien llevaba bastante tiempo manteniendo una relación cercana. En un momento dado conseguí comunicarle una cosa que me costó mucho y que era importante: hacía tiempo que me estaba sintiendo dejada, apartada y poco cuidada (especialmente respecto otra relación más reconocida y que parecía más de pareja o principal). Él se dio cuenta rápidamente de que eso era cierto y me dijo que tenía razón. No obstante, después de afirmarlo se ‘defendió’ diciendo que eso le estaba pasando debido a mi (‘mala’) reacción que tuve yo un año antes cuando él me dijo que volvería a ver a su exnovia. Me hizo sentir muy mal y culpable. Tardé horas en darme cuenta de que mi reacción un año antes (una reacción que se basaba en, simplemente, dejar de hablar unos días porque había colapsado emocionalmente) había sido debido al hecho de que me entrara pánico ya que anteriormente siempre me había tratado muy mal cuando tenía relación con su exnovia. Esa táctica que utilizó en ese momento él es una técnica de dominación llamada ‘hacer sentir culpable’.

Hacer sentir culpable a otra persona es una técnica de dominación. Las técnicas de dominación fueron introducidas por Berit As (feminista escandinava) y son mecanismos que se utilizan para ejercer poder sobre otra persona, donde normalmente se aprovechan normas sociales que facilitan la dominación sobre ciertos colectivos oprimidos.

Se invisibilizan a las C a través de técnicas como no reconocer la relación, negar su propia existencia, borrar la relación, etc. Nuestras demandas de compromisos o de cuidados se ridiculizan llamándolas excesivamente demandantes y como es esto nos hiciera más dependientes, en comparación de lo que puede pedir una persona que es pareja principal. Cuando pedimos se nos hace sentir culpables por estar intentando ocupar demasiado espacio en la vida de le otre, especialmente espacio que tendría que ocupar la pareja principal. A las C se las acostumbra a esconder la información mientras se toman decisiones de cosas que les afectan.

 

 

 

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memorias de una C (II – la monogamia como estructura de poder)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la segunda parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación.

 

Sistema relacional/monógamo

 Nos relacionamos con las personas a través de una estructura, de un pensamiento, de unas ideas y unas normas que nos dicen cómo nos tenemos que relacionar. Estas normas sociales privilegias una forma concreta de relacionarse y generan cierto tipo de jerarquías y violencias, entre muchas otras cosas. A este sistema relacional lo podríamos llamar monogamia, sistema monógamo, estructura monógama, cultura de la monogamia o pensamiento monógamo; y lo llamamos así ya que aunque es un sistema que afecta a más personas más allá de la pareja monógama, está muy relacionado con la pareja (especialmente monógama), ya que es lo que normalmente privilegia.

La monogamia normalmente la definimos y la entendemos como una cuestión de número de parejas o de demanda de exclusividad romántica y sexual: si eres monógame sólo estarás abierte a la posibilidad de tener una pareja y pedirás exclusividad romántica y sexual a ésta, y si no eres monógame supuestamente estás abierte a la posibilidad de tener más de una relación romántica y/o sexual y/o a no pedir estas exclusividades. Pero la monogamia va más allá del recuento del número de relaciones de pareja, ya que además es un sistema, una estructura de poder, un pensamiento, que nos dice cómo nos tenemos que relacional con las personas según cada uno de los estatus diferentes relacionales (pareja, amistad, familiar, etc) y que coloca cada una de estas según unas jerarquías concretas, sumándose o mezclándose, además, con las demás jerarquías que ya existen de otras estructuras (machismo, heterosexismo, racismo, clasismo, capacitismo…). Y no solamente se suma de éstas, sino que también está relacionada con ellas y se alimenta de ellas, como ellas se alimentan de la monogamia (como pasa siempre con las estructuras de poder).

Y, evidentemente, no ser monógame (o sea, tener más de una pareja, o más de une compañere romántique y sexual, o no pedir exclusividad a tu pareja) no implica necesariamente romper con este sistema relacional. Se puede ser no monógame y seguir reproduciéndolo y perpetuándolo, a través de las no-monogamias de pensamiento monógamo.

Se ha hablado ya un poco de cómo funciona este pensamiento, pero la mayoría de las veces ha sido para hablar sobre cómo afecta a las relaciones de pareja: que hay unas normas que nos imponen como tienen que ser nuestras relaciones de pareja,  cuantas tenemos que tener, que funciona a través de la apropiación y la exclusividad (especialmente atravesado por el género, y por tanto, la apropiación se produce normalmente del hombre hacia la mujer) y de la violencia que genera este tipo de relación, especialmente mezclado con los mitos del amor romántico. Pero en todo este discurso muchas veces nos olvidamos de cómo afecta todo esto a las demás relaciones.

La demanda de exclusividad en la pareja es solamente una demanda de exclusividad sexual, sino también muchas otras cosas, que a menudo están implícitas (o sea, que muchas veces no hace falta que funcione a través de una demanda o una exigencia explícita por parte de la pareja, sino que hay unas normas que por defecto hacen que se otorguen). Estas exclusividades se alargan a muchas otras cosas, como son el tiempo que se pasa juntas, el tipo de actividades a las que están limitadas otras relaciones (como la crianza o las vacaciones), o incluso, y muy importante, el reconocimiento de la relación. Todas estas demandas dentro de la pareja van más allá de la pareja, ya que afectan a las relaciones que las rodean.

Aún la violencia que puede haber en una relación de pareja, existe un privilegio social hacia este tipo de relación (por este motivo la pareja tiene el privilegio de demandar estas exclusividades, especialmente la del reconocimiento). El resto de relaciones (las que no son ‘familiares’, ya que la familia a lo mejor podría encontrarse en otro rango), debido a no formar parte de este tipo de ‘privilegio’ (otorgado especialmente para la exclusividad de reconocimiento), quedan más al margen y se crea, a parte de las jerarquías entre personas que puedan haber de género, racialización, o capacidades, entre otras, una jerarquía entre relaciones.

Las relaciones jerárquicas implican un seguido de normas que se imponen desde la relación de pareja (o la que se considera principal en la jerarquía) y que limitan el resto de relaciones que pueden tener con otres. Estas normas se imponen evitando que las personas que no componen la relación de pareja (o más ‘principal’) puedan presentar alternativas o formar parte de procesos de decisión en cosas que las afectan (ya que son normas y limitaciones que afectan directamente a su relación y persona). Normalmente las normas o limitaciones les vienen de fuera y solo pueden aceptarlas o rechazarlas, sin poder plantear alternativas. Todos éstos son actos de objetificación hacia estas personas que no forman parte de la relación de pareja. Las relaciones fuera de la relación de pareja vienen definidas por estas relaciones de pareja y externas a la relación que se está jerarquizando. Las relaciones jerárquicas quitan voz a las personas que no forman parte de la relación ‘principal’ y dan más voz para definir las relaciones fuera de la pareja a personas de las relaciones de pareja que no forman parte de estas relaciones (por este motivo se llaman jerárquicas).

Hace falta enfatizar que normalmente cuando se critica la jerarquía relacional se señala el poliamor jerárquico, pero se suele olvidar la monogamia como sistema que jerarquiza entre relaciones. Es más, el poliamor jerárquico ha copiado de la monogamia: es una ideología del pensamiento monógamo.

Este pensamiento se puede reproducir también aunque no llamemos esa relación como ‘pareja’, por ejemplo, si llamamos nuestras relaciones como ‘sexoafectiva’, ‘compañere’, o no etiquetándola; también se puede jerarquizar unas relaciones respecto otras cuando son más románticas o se comparte sexo, ya que estos factores pueden subir la escalera de la jerarquía; o bien se puede reproducir cuando la configuración es parecida a la de una pareja con más de dos personas, o en las no-monogamias donde existe una relación de pareja ‘principal’ o desde las ‘parejas’ hacia el resto de relaciones. No obstante, también se pueden construir relaciones jerárquicas respecto otras por otros motivos que no sean los románticos y/o sexuales.

Se tiene que diferencias la jerarquía de la importancia, la prioridad o el hecho de compartir cosas diferentes con diferentes personas. Que una relación sea menos importante, sea menos prioritaria en un momento dado, o se compartan más o menos cosas, no implica que se le tenga que objetificar ni quitarle la voz en cosas que le afectan. Quien tiene que poder limitar y poner normas en una relación son las personas que la componen, siendo sensibles a otras relaciones, pero no terceras personas que no forman parte de ella.

Este pensamiento también borra relaciones, emociones o violencias. Hace que cuando digamos ‘relación’ siempre se piense en ‘relación de pareja’, que cuando digamos ‘sentimientos’ por defecto se piense en los ‘románticos’, o también que cuando hablemos de violencias como las ‘de género’ o el ‘maltrato’ se piense normalmente solamente en violencia en las parejas, escondiendo todas las de fuera de la pareja. También se suelen comprender mucho más todas las emociones que provengan de la pareja que la de otra relación, como por ejemplo los celos (a las personas de fuera de la relación de pareja muchas veces se les niega la importancia de lo que sienten por el simple hecho de no reconocerlas, haciendo de esta manera, que no se acompañe emocionalmente emocionalmente o se les niegue poderlas expresar).

Me gustaría aclarar una cosa sobre el tema de los celos. No quiero para nada estigmatizar los celos. Los celos, de hecho, es un conjunto muy complejo de emociones, que no siempre tiene que tener el mismo origen o motivación. El problema, lo que objetifica (y jerarquiza), no son los  celos, es cómo se decide gestionar una situación así, objetificando o quitándoles voz a otra persona. Además, no todos los celos provienen de una situación donde se está tratando de una forma injusta o se te está borrando o negando, cómo podría pasar en los casos de las relaciones jerarquizadas: irónicamente yo he vivido emociones que se podían leer como celos por el hecho de estar apartada, borrada o invisibilizada, cuando todo esto estaba pasando para poder ‘empatizar’ con los celos de una pareja, mientras a mí no se me compañaba.

Una vez en un taller que estaba dinamizando sobre relaciones, una persona me dijo: “La amistad no hace falta cuidarla ni dedicarle mucho tiempo porque ‘siempre está allí’, pero a las parejas o posibles parejas (aquellas de las que te enamoras) se les tiene que dedicar mucho tiempo y cuidar porque se pueden perder.”

 

Diario de una C (Historia 1)

 Constantemente sentía que mi relación con B iba cambiando y no entendía el porqué. Lo que más me jodía es que yo no podía decidir nunca cómo era la relación. Y cada vez que me acostumbraba y me adaptaba (tal y como había intuido que tenía que ser), pam, cambiaba la situación y yo lo tenía que volver a interpretar y me tenía que adaptar. Hace un año lo que tuve que percibir fue que la relación cambiaba hacia más distanciamiento, más límites emocionales y físicos, más límites de lo que se podía compartir o de lo que podía pedir. Me sentía muy desempoderada en esta relación.

De golpe, después de mucho tiempo, hoy B se ha presentado en mi casa y me ha pedido que le ayude a solucionar problemas con su relación con A. Tal y como iba relatando todo yo me sentía muy incómoda, me siento muy descuidada y me está pidiendo ayuda y consejo para entender cómo cuidar de su relación con A. No es que me moleste que me pida ayuda, es que siento un desequilibrio muy grande que no sé cómo describir.

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