la multiplicidad de la violencia monógama

por wuwei (natàlia)

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Aviso de contenido: violencia monógama,apropiación, exclusión, consumo, invisibilización, borrado, agresiones físicas y verbales, técnicas de dominación y manipulación, violencia institucional y estructural, estereotipos, discriminación

Querer hablar de violencia monógama es complicado ya que, por un lado, primero tenemos que conseguir poder hablar de la monogamia como estructura de poder (no tanto solamente como un recuento de número de relaciones de pareja y/o sexuales), y a la vez también tenemos que hablar de la violencia de una forma más amplia que no sólo de agresiones físicas o verbales. La violencia simbólica, por ejemplo,es también un tipo de violencia, que coloca a quien la recibe en una posición vulnerable respecto a otres; una posición que puede acabar también afectando en muchos ámbitos: el económico, el emocional, el mental y la salud de forma general.

La dificultad de hablar de la violencia que genera la monogamia parte del hecho de que no funciona de la misma manera que la mayoría de las estructuras y por esto muy a menudo, incluso dentro de la complejidad de hablar sobre estructuras, esta es difícil de mostrar. La mayoría de estructuras tienen un grupo privilegiado que cumple unas características(por ejemplo, los hombres, las cisgénero, les blanques, les delgades, etc) y un grupo oprimido con otras características (por ejemplo, les no heterosexuales,les neurodivergentes, les trans, etc). La violencia en estas estructuras se acostumbraría a producir desde el grupo privilegiado hacia el grupo oprimido deformas múltiples (muchas veces no resulta simple hacer esta separación totalmente binaria, y puede ser mucho más complejo que esto, pero para que nos entendamos ahora podemos simplificar el funcionamiento así). La diferencia (ylo que lo complica también más) es que en la monogamia los grupos de privilegiades y oprimides no son fáciles de dibujar o describir y, de hecho se generan diferentes tipos de grupos de opresores y oprimides, diferentes ejes.

La primera vez que intentamos entrever la monogamia como una estructura de poder solemos ver como grupo privilegiado a las personas monógamas (entendidas como las personas que tienen prácticas monógamas, que solamente están abiertas a tener una relación de pareja y sexual) y a les oprimides como aquelles que practican no-monogamias (aquí habría un abanico muy amplio de filosofías relacionales y no todas se verían afectadas por este eje de la misma manera). Aunque evidentemente existe una mala imagen de las prácticas no monógamas y una cierta discriminación e impedimentos estructural ese institucionales y, por tanto, existe el privilegio hacia aquelles que practican la monogamia, la estructura monógama es mucho más compleja y genera privilegios y opresiones de muchas más maneras.

Por ejemplo, yendo más allá de esto, Na Pai apuntó en su texto “Desmuntant la cultura de la monogàmia” que en esta estructura de poder las mismas personas que oprimían eran oprimidas: le opresore y le oprimide eran les componentes de la pareja que por el hecho de “poseerse” le une a le otre se oprimían mutuamente. Este es otro eje diferente al planteado anteriormente y también una forma de funcionar y de violentar de la monogamia, y un planteamiento que me ayudó un poco más y mejor a entender la monogamia como estructura de poder. No obstante, estos planteamientos también seguía faltándoles alguna cosa que no permitía entrever algunas violencias que salen de la monogamia y de nuestra forma de estructurar relaciones, como por ejemplo la amatonormatividad, que borra relaciones fuera de la pareja e invisibiliza violencias que van más allá de la pareja.

Le autore del texto «Lo contrario al amor es la amistad» fue absolutamente genial señalando la amistad como alteridad de la pareja y, por tanto, mostró un eje donde se podía ver a esta alteridad como agredida y oprimida por las jerarquías relacionales que colocaban a la pareja en una posición privilegiada. Esto fue para mí un punto de inflexión en la profundización para entender todo este entramado estructural. Aquel cambio a la hora de ver los estados de oprimide y opresore en la estructura monógama me hizo dar cuenta de que la violencia que la monogamia ejercía era mucho más compleja, y me ayudó a entender muchas violencias invisibles que llevaba padeciendo desde hacía años.

Por lo tanto, podríamos destacar tres ejes diferentes de opressores/oprimides por la estructura monógama: el eje prácticas monógamas/prácticas no monógamas, el eje componente de la pareja/componente de la pareja, y finalmente el eje pareja/amistad (o resto de relaciones). Cada uno de estos ejes expresaría la violencia ejercida de formas diferentes. Me gustaría en este texto poder empezar a poner nombre a algunas de estas violencias, aunque no pretender profundizar mucho, al menos por ahora. Lo que haré, por tanto, es dar algunas ideas superficiales sobre cómo creo yo que se expresa cada una de estas violencias en cada uno de estos ejes.

En cuanto a la violencia monógama que vivimos las personas con prácticas no monógamas,esta suele ser, por una parte, institucional:imposibilidad para acceder a muchos de los privilegios que tiene la estructura monógama que se obtiene con el matrimonio, o derivados como la pareja de hecho, como son aspectos económicos o aspectos legales sobre la crianza, o bien también permisos para vivir y trabajar. También se puede expresar a través de cómo se suelen distribuir los espacios pensados para parejas monógamas (las distribuciones, por ejemplo, de los pisos, suele centrar las relaciones en un tipo de familia nuclear). Por otro lado, también existe un tipo de discriminación a través de la asignación de un tipo de imaginario social negativo (como estereotipos) sobre las personas con prácticas no monógamas: portadoras de ITS, personas con las que no se puede confiar, que no se comprometen,inestables, inmaduras, etc (de hecho se parecen mucho a los estereotipos asignados también a las personas bisexuales). Este tipo de imaginario social es un tipo de violencia simbólica que no se tiene que minimizar, pues puede producir problemas de salud mental, así como también dificultades para encontrar trabajo o perder el trabajo o relaciones afectivas (en el caso de que se salga del armario). No obstante, no afecta igual a todes, ya que por ejemplo las mujeres podrían padecer una carga mucho más violenta cuando se ven asociadas a todo este imaginario, y los hombres no se verían tan afectados ya que las prácticas no monógamas les son más aceptadas socialmente; o bien las bisexuales que ya tenemos esta carga de estereotipos, o bien las personas racializadas que también han sido señaladas a través de la mirada europea blanca como personas de culturas promiscuas y no monógamas. O sea, al ser una estructura de poder, se tiene que tener en cuenta también la intersección con otras estructuras y que no afecta a todes de la misma manera.

Como comentaba anteriormente, les componentes de la pareja pueden ejercerse mutuamente también un tipo de violencia monógama.La pareja, como construcción social que favorecía especialmente a los hombres para apropiarse de las mujeres, parte del concepto de propiedad. La apropiación genera dentro de la misma pareja desempoderamiento, explotación y falta de autonomía. Estos mecanismos acaban generando violencia de muchos tipos: desde agresiones físicas(llegando a asesinatos, especialmente feminicidios), control y vigilancia,exigencias y apoderamiento sobre el cuerpo, mente y emociones de le otre,violencia verbal, manipulación, técnicas de dominación para que no puedas compartir con otras personas, pasando por generación de relaciones de poder(llamadas comúnmente “relaciones de dependencia”), favoreciendo también problemas de salud (especialmente mental). Aunque normalmente la apropiación seda más en un sentido que en otro (sobre todo por parte del hombre hacia la mujer), se puede acabar generando también cierta violencia monógama por parte de las dos hacia las dos en diferentes grados según muchos otros ejes (la transversalidad e interseccionalidad otra vez).

Finalmente, el tipo de violencia que se acaba ejerciendo desde la pareja hacia el resto de relaciones externas a la pareja, las “alteridades”, también es otro tipo de violencia monógama. Esta, se expresa más como invisibilización y borrado debido a que el reconocimiento relacional está centralizado en la pareja (o parejas principales) y, por tanto, se borra el de las demás relaciones (que no sean familiares). Las relaciones fuera de la pareja acaban siendo invisibles, no reconocidas, aquellas que quedan en los márgenes de los cuidados, el tiempo, oel ser tenidas en cuenta; son las relaciones que reciben normalmente las consecuencias de las jerarquías de las relaciones. Estas relaciones también acaban cayendo en el consumo, especialmente por parte de las dos componentes dela pareja, la explotación debido a la invisibilización de lo que se obtiene de elles sin no devolverlo a cambio. Ejemplos de este tipo de violencia son que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como le “otre”, o le “amante” (conceptos que marcan una “alteridad”), o que seles recuerda que “sólo” son amistades (colocándolas en una posición donde no puedan pedir nada si lo necesitan), o bien que intenten demostrar que no eres nadie para que no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación o que no se te escuche cuando estás intentando expresar algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona, sean cuales sean, sin tener sensibilidad contextual y del momento. También se expresa como exclusión de todes aquelles que no encajamos con los cánones corporales, emocionales o mentales (gordes, feas, con menos carisma,neurodivergentes, con diversidades funcionales o discapacitades, etc).

Se podría decir, por tanto, que la violencia monógama, y la monogamia como estructura de poder, funciona de formas muy múltiples, no solamente por las diversas formas que tiene de expresarse, sino también por la diversidad de ejes que presenta. Por tanto, se pueden entrever violencias en un abanico muy amplio, que pasa desde la discriminación por el hecho de tener prácticas no monógamas, pasando por la violencia de la posesión de la pareja, acabando por el consumo, borrado e invisibilización de las personas fuera de las parejas principales.

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experiencia sobre el proceso y gestión de la visibilización de una relación de maltrato

por wuwei (natàlia)

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Aviso de contenido: denuncia, maltrato, invisibilización, machismo, sexismo, poder

Este texto es el segundo de un conjunto de textos en los que quiero reflexionar y abrir un proceso de auto-crítica sobre gestión de discursos y espacios. El primero está aquí y el tercero aquí.

Hace unos meses decidí compartir públicamente a través de Facebook una relación de maltrato que viví por parte de una persona vinculada en los movimientos sociales de Barcelona. En ese texto compartí mi vivencia y el nombre de la persona en cuestión ya que mi intención era, por un lado, mostrar lo que esta persona había escondido sistemáticamente (una técnica contrapoder), y a la vez también quería avisar a personas que pudieran estar en la misma situación y, por tanto, pudieran estar en cierto “peligro” (de hecho esta segunda parte era la que más me preocupaba).

Este texto no es para remover más aquella historia ni hacer ninguna denuncia más. La escritura de este texto viene motivada por la voluntad de hacer por mi parte un cierre (mental) y para compartir la experiencia del proceso y de la gestión. Esta reflexión pretende estar enmarcada en un conjunto de textos donde quiero crear un espacio de autocrítica sobre la gestión del espacio que hacemos. Estas gestiones acaban, queramos o no, afectando mucho la vida de las personas y, por tanto, creo que es importante hablar de ello aunque algunas veces parezca un tema tabú.

Antes de escribir esa “denuncia” pública en Facebook (no me gusta pensar en ello en clave de denuncia, sino más bien de visibilización), me pasé meses pensando en cómo hacerlo o qué hacer. Sé que soy una rallada de la vida (pero muy rallada de la vida) y muchas veces lo que hago es quedarme en bucle intentando encontrar la mejor manera de gestionar algo. Tenía miedo de caer en un proceso de demandas de vetos o exclusiones en las que yo tampoco creía (al menos en ese caso) o bien en caer en la venganza o en el castigo (en lo que tampoco creía).

Uno de los problemas que me encontraba, además, era que la especificidad de mi caso implicaba no haber podido participar ni estar en muchos espacios debido a la propia relación, espacios donde esta persona sí que estaba o donde podrían haber personas que le conocieran o cercanas a él. Finalmente lo que acabé haciendo fue evitar  todo un barrio entero e incluso marchando de éste (ya que vivía en él). Tampoco sé hasta qué punto hubiéramos tenido espacios tan comunes, por algunas diferencias ideológicas; ahora, desde la calma de haber superado todo aquello, veo que es probable que no hubiéramos tenido tantos espacios en común. Aún así, el no conocimiento y el miedo a sentirme como ya me sentía en el único espacio que compartíamos (el trabajo), acabé esquivando todo el resto con mucha angustia. Debido a esto todos mis conflictos y debates internos que tenía se sumaban a algunos más: ¿qué derecho tenía yo en pedir nada a espacios donde yo no participo? ¿Es, no obstante, justo que haya espacios donde no participo precisamente debido a esta relación? ¿Hasta qué punto se entendería realmente que no hubiera participado si no tenemos en cuenta casi nunca en estos espacios el neurocapacitismo, las técnicas de dominación, entre muchas otras cosas? ¿Qué podía realmente hacer?

Sí que se me pasaron por la cabeza cosas que sentía que necesitaba pedir, cosas muy básicas que tenían que ver con su ocupación del espacio (sobre todo virtual) en temas sobre feminismo, violencia de género o cosas relacionadas con violencias machistas; pero en ningún momento (y era uno de los miedos que tenía) quería pedir que se le hiciera fuera de espacios, ni que perdiera ningún reconocimiento por su trabajo, ni que perdiera nada relacionado con su trabajo ni entorno. Con esto no estoy diciendo que pedir ciertos vetos no pueda ser necesario en otros casos, para mí es contextual y en mi caso no lo sentía oportuno.

Finalmente decidí solamente explicarlo, sin darle más vueltas ni pedir nada. Quería simplemente hacer un proceso de visibilización para compensar toda la invisibilización que padecí y para que las personas que se relacionaran con él supieran parte de su comportamiento relacional, especialmente con mujeres (al menos que pudieran estar prevenidas y pudieran escoger cómo se compartía espacio y discurso con él). Pensé que solamente explicándolo las personas que les preocupara mínimamente este tipo de temas lo tendrían en cuenta como elles creyeran que lo tenían que tener en cuenta, según sus propias referencias y de los espacios que frecuentaban. Además, decidí hacerlo a través de Facebook porque parecía más simple y para no tener que entrar en protocolos típicos de denuncia y demandas. El post era público y todes podían acceder a él, se podía compartir fácilmente y leer.

También decidí no enviar directamente la información a ninguno de los grupos donde él participaba, ni tampoco enviarlo directamente a personas que formaban parte de estos grupos (aunque a bastantes de elles les tengo como contactos directos). El motivo fue, siguiendo en la línea de lo que ya comentaba anteriormente, que no pretendía pedir nada concreto y tenía cierto miedo a que se me cuestionara, se me ridiculizara o se me menospreciara debido a esta falta de demanda.

Durante un par de días estuve recibiendo bastantes muestras de apoyo de personas que yo conocía, personas a quien agradezco mucho el apoyo emocional, especialmente les que vivieron conmigo todo el proceso. Por otro lado, sí que hablé de esta cuestión con un grupo donde él participaba, aunque el proceso fue más bien protocolario: tenía las puertas abiertas para pedir cosas siempre que fuera yo la que me acercara (yo me acerqué a través de una persona que conozco que me dijo que estaban dispuestes a escucharme). Me puse en contacto solamente para darles información que creía que era importante que tuvieran, por el mismo motivo que expliqué mi historia, sobre todo para avisar a otras mujeres que pudieran estar en una situación similar y para que su entorno supiera la historia, mi historia.

Mi interacción con este grupo fue corta y me dijeron que tomarían unas medidas que yo no pedí pero que elles consideraban necesarias. Meses después me he dado cuenta de forma indirecta que esas medidas en realidad no se llevaron a cabo y que el grupo no se enteró de ninguna parte de lo que yo había explicado. Tampoco quise acercarme más porque, como ya he comentado, yo no formaba parte de estos grupos y, sinceramente, yo tampoco sabía qué relación tenían las personas con las que yo estaba hablando con la persona que me había maltratado durante siete años. Ante eso preferí seguir con mi vida, lejos de ese barrio y de estos entornos. Curarme implicaba cuidarme, que implicaba a la vez alejarme de todo eso.

Sé que leyeron lo que escribí muchas personas que comparten con él espacios de muchos tipos. Lo sé más que nada porque otras personas me lo comentaron (no porque crea que por el simple hecho de poner algo en Facebook todes lo tienen que haber leído). No obstante, sé que estas personas decidieron mirar hacia otro lado y hacer como si no hubiera pasado nada. Puedo entender este tipo de reacción, y podría ser debida a varios motivos: a no creer necesario compartirlo debido a que no hay una exigencia ni demanda explícita de nada que parezca destacable, a tener miedo a que la cosa acabe complicando mucho al grupo al que perteneces debido a las demandas que podrían salir (igual que antes), o bien debido a como nos dejamos llevar por el corriente del momento (o sea por los flujos de poder que también se dan, mucho, en nuestros espacios). También puede ser que les importe bastante poco. Además casi siempre se espera que seas tú la que te acerques y pidas cosas, como si estar afectada o traumatizada te permitiera la mayoría de las veces tener la capacidad de hacerlo, especialmente cuando no conoces las relaciones que se dan entre elles.

Mirando con retrospectiva, aunque tengo ciertas críticas sobre cómo gestionamos este tipo de cosas, yo, por mi parte, me siento muy bien con todo lo que hice y como lo hice. No me arrepiento de nada. Después del tiempo que ha pasado y ver cómo me siento reo que hice lo que tenía que hacer. Me siento bien y en calma. ¿El resultado? Prefiero no pensar mucho en ello, ahora mismo me da igual, aunque admito sentir bastante decepción. He compartido mi experiencia para poder, por un lado, cerrar esta historia por mi parte, pero por otro lado, que pueda servir también de reflexión sobre la gestión, que creo que tenemos que hacer en muchos aspectos. Me gustaría estirar algunos hilos de esta reflexión, sobre todo el cómo nos acercamos a las víctimas (si es que lo hacemos), cuándo y por qué, sobre por qué las gestiones acaban suponiendo a veces efectos totalmente contrarios a los de esta experiencia, qué queremos, qué no queremos, y si los flujos de poder acaban o no influyendo en como gestionamos todo en conjunto (flujos de poder que a veces contradicen los privilegios/opresiones que se quieren tener en cuenta en la denuncia). Yo sé que si me hubiera puesto pesada, hubiera empezado a exigir demandas y hubiera buscado aliadas en algunos grupos feministas, hubiera conseguido ciertas cosas. Pero cosas que tampoco necesitaba y con las que no me sentía cómoda. Ahora bien, considero que pasar de este extremo a que ni tan siquiera se quiera compartir la información, mirar hacia otro lado e ignorar todo lo que esta persona ha hecho y cómo me haya podido afectar a mí, es algo que, desde mi punto de vista, hace que sienta que se tenga que reflexionar y poner en cuestión muy buena parte de nuestros discursos.

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espacios que a veces no sentimos nuestros

por wuwei (natàlia)

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Este texto es el primero de un conjunto de textos en los que quiero reflexionar y abrir un proceso de auto-crítica sobre gestión de discursos y espacios. El segundo está aquí y el tercero aquí.

Aviso de contenido: exclusión, monosexismo, bifobia, neurocapacitismo, mención de relación de maltrato, ridiculización, invisibilización

Últimamente estoy hablando mucho de exclusión. En realidad empecé a hablar de ello en “memorias de una C” y he ido continuando cuando hablaba de las relaciones como un “club de alto standing”. He hablado también de esto a través de mi propia vivencia explicando mi proceso de empoderamiento. Para poder cerrar un poco este ciclo donde hablo de exclusiones y vivencias me gustaría hablar de cuáles han sido algunas experiencias vividas estos últimos años relativas a la exclusión, pero en “nuestros” espacios críticos vinculados a los movimientos sociales. Pero quiero hablar de esto porque a partir de aquí también me gustaría empezar una serie de textos donde quiero hacer un poco de auto-crítica sobre cómo gestionamos y tratamos muchos aspectos desde estos espacios a través de la generación de nuestros discursos.

Antes de nada, quiero comentar que aunque quiero escribir algunos textos (donde se incluye este) para hacer autocrítica sobre nuestros espacios, no quiero menospreciar todo el trabajo que hacen les compañeres desde estos espacios, todo lo contrario. Creo que es muy importante el trabajo que hacen muches de elles, especialmente desde el anonimato y desde la colectividad y se tiene que reconocer. La crítica no es para invisibilizar todo esto, al contrario, sino que creo que es tan importante todo lo que se hace que por eso es importante también revisarnos (sobre todo desde el cuidado y el respeto) y escucharnos.

También me gustaría empezar comentando que, aunque en este texto estoy hablando de mi experiencia como “excluida”, no quiere decir que mi posición haya sido siempre de “víctima”, sino que entiendo que yo también he estado en otras posiciones donde se ha excluido a otras personas. Aquí creo que poques nos “salvamos”, aunque, como pasa siempre, hay personas que a veces suelen estar más en uno de los dos lados. Por tanto, aunque hablo desde la exclusión, no me considero una persona “totalmente” excluida y a la vez también me considero parte del problema “que excluye”. No obstante, para poder dar voz al proceso de exclusión y sus motivaciones e implicaciones, en este texto hablaré como excluida.

Durante tiempo me he visto excluida de espacios a los que quería pertenecer. No he sido excluida directamente mientras me señalaban con un dedo y me decían que no podría estar allí (sea “allí” en este caso espacios de los movimientos sociales mínimamente críticos/feministas/liberados/de militancia/activistas a los que había podido considerar la idea de pertenecer). Por tanto, el tipo de exclusión que yo he vivido es diferente a la del veto. He sido excluida a través de técnicas indirectas, algunas de ellas a través de unas estructuras, otras a través directamente del maltrato y de las técnicas de invisibilización, ridiculización y el miedo generado debido a todos estos procesos.

Puedo dividir los procesos de exclusión que he vivido en estos espacios en tres tipos (aunque es mucho más complejo que esto pero siempre es útil simplificar cuando se intenta explicar una cosa como ésta). El primer proceso ha sido debido a ser bisexual/plurisexual y hacer visiblemente activismo bisexual y contra el monosexismo (una cosa inconscientemente no muy bien vista en ciertos sectores del feminismo, así como del activismo LGBTI+). El segundo proceso ha sido por ser neurodivergente debido al neurocapacitismo de este tipo de espacios (en este caso incluyo casi todos los espacios). Y el tercer proceso ha sido una relación de maltrato y la invisibilización y ridiculización constantes que ha comportado este tipo de relación (que ha afectado especialmente espacios más vinculados al barrio donde yo vivía y espacios abiertos como manifestaciones, por ejemplo).

No quiero entrar a explicar en detalle el motivo por el cual hablar sobre monosexismo ha hecho que se me excluyera de espacios. Las personas que padecen también el monosexismo y se han intentado identificar con alguna plurisexualidad o con la bisexualidad en algunos ambientes feministas o LGBTI+ saben a qué me refiero y tampoco quiero que esto ocupe mucho espacio en este texto. Básicamente este hecho no me ha hecho sentir muy cómoda en muchos de estos espacios: las (malas) miradas, la hostilidad, la invisibilización de mis comentarios, etc, me han hecho sentir poco bienvenida, tanto en espacios físicos como virtuales.

En segundo lugar, la exclusión por el hecho de ser neurodivegente no es tan fuerte como la que he vivido fuera de estos espacios, en espacios “normales” donde las estructuras de poder no viven de ninguna crítica. De hecho, es en estos espacios donde me ha sido más fácil encontrarme personas también atravesadas por el neurocapacitismo y por tanto he podido encontrar más fácil algunas interacciones. No obstante, el neurocapacitismo está todavía vivo dentro de nuestros espacios y muchas veces se ignora su existencia cuando se hablan de violencias estructurales, aunque sean espacios feministas o sensibles a las opresiones. Muchas veces, me he sentido ignorada, desplazada, incomprendida por mi forma de ser, de moverme, de expresarme, de funcionar, por ser introvertida también o bien por mis dificultades a la hora de comunicarme por cómo funcionan muchas dinámicas asamblearias y también relacionales. Esto ha hecho que acabara poco a poco, sin darme cuenta, dejando muchos espacios.

Finalmente, está la exclusión que viví debido a una relación de maltrato. Esta relación se basaba en la fuerte invisibilización y la ridiculización que yo sentía hacia mí y la relación delante de otras personas. Este hecho hizo que con el tiempo sintiera mucho miedo a encontrarme a esta persona juntamente con otras por cómo me pudiera tratar delante de toda esa gente, o simplemente encontrarme a personas que fueran cercanas a él o que le conociesen (ampliando de esta manera la cantidad de espacios a evitar). Esto hizo que, finalmente, muchos espacios vinculados a los movimientos sociales del barrio donde vivíamos les dos (y al que yo era relativamente “nueva”), o espacios donde yo podía ser vulnerable a su “mirada”, como manifestaciones, acabasen siendo espacios que yo evitaba. Al final poco a poco y sin darme cuenta acabé evitando todo el barrio por los constantes síntomas de estrés postraumático que me provocaba pasearme por allí, dejando finalmente de vivir en éste.

Cuando empecé a quitarme esa relación de encima (visiiblizarla y curarme) seguí limitándome el pasar por muchos de estos espacios, por una cuestión de cuidados hacia mí (me generaba aún mucha ansiedad). Durante mucho tiempo me he vetado a mí misma de muchos espacios. A la vez he estado deconstruyéndome y aceptándome como persona neurodivergente y todo lo que esto comporta, y he podido participar en espacios más sensibles a esta estructura (aunque en alguna ocasión se ha ejercido este tipo de violencia hacia otros tipos de expresiones neurodivergentes y yo es sido partícipe de esa violencia), como también sensibles al monosexismo.

Después de todos estos procesos y sintiéndome mucho más empoderada, estoy empezando a (re)apropiarme de espacios que creo que también son míos (o tendrían que poderlo ser), pero estoy intentando no precipitarme e ir pisando espacios poco a poco, sin agobiarme. Ahora mi preocupación es entender cuáles son esos procesos en los que yo también he participado en la exclusión de otras personas, que existen, tanto por las estructuras que atraviesan a otres y de las cuales yo tengo privilegios, como dejándose arrastrar por corrientes que se dan muchas veces en nuestros espacios, donde se han creado argumentos de autoridad incuestionables y que ponen en entredicho muchas de las filosofías “principales” de estos espacios.

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salud mental en las personas bisexuales y de otras identidades plurisexuales y el monosexismo como causa: bifobia, erradicación, invisibilización e imperialismo cultural

por wuwei (natàlia)

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En noviembre de 2015 escribí esta ponencia como miembre del colectivo Enrenou para los 27 Encuentros Estatales LGTBI.

Mi nombre es Natàlia Climent, soy activista bisexual y kuirfeminista, y formo parte del colectivo Enrenou, que es un grupo donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Las identidades plurisexuales son todas aquellas donde existe una atracción sexual y/o afectiva hacia más de un género, entre las que se encuentran, no solamente la bisexualidad, sino también la polisexualidad, la pansexualidad, la skoliosexualidad, la pomosexualidad, entre otras. Lo que desde Enrenou nos gustaría tratar en estos encuentros es la problemática de la salud mental en las personas plurisexuales, ya que muchas veces no se tratan de forma diferenciada de las que puedan haber en el colectivo gay y lésbico, y por tanto no se pueden tratar las especificidades de nuestro colectivo, que no solamente puede padecer en cierta medida de homofobia, sino que también padece de discriminación debido a sentir atracción por más de un género. Quiero añadir, que aunque desde Enrenou no nos gusta hablar solamente de bisexualidad, ni nos gusta invisibilizar otras identidades plurisexuales, que comparten con la bisexualidad el tipo de discriminación y violencia, en esta ponencia solamente hablaré de bisexualidad en muchas ocasiones debido a que los pocos estudios que se han hecho solo se habla de bisexualidad, y no de otras identidades.

Las personas no heterosexuales, debido al estigma, la marginación, la discriminación, y la violencia sufrida, tendemos más a sufrir depresiones, ansiedad, a autolesionarnos, o a intentar el suicidio, que las personas heterosexuales. Según muchos estudios, como por ejemplo los de King et al. (2008), Llhomond y Saurel-Cubizolles (2009), Marshal et al (2011), Ploderl et al. (2013), Warner et al. (2004), McManus et al. (2007) o bien el de Chakraborty et al. (2011), ponen de relieve que existe esta tendencia a sufrir de problemas en el ámbito de la salud mental.

El problema que nos encontramos es que la mayoría de los estudios los datos no distinguen entre las personas homosexuales y las bisexuales o plurisexuales, poniéndolas todas en el mismo saco. Esto ocurre porque se cree que las personas bisexuales padecemos solamente de homofobia y lesbofobia (se cree que solamente padecemos discriminación cuando tenemos relaciones con personas del mismo género), borrando la especificidad de la experiencia bisexual y definiéndola como una experiencia mitad heterosexual y mitad homosexual. Pero la bifobia es una violencia y una discriminación diferenciada de la homofobia y la lesbofobia, y se reproduce por el hecho de que nos sentimos atraídas por más de un género, y no porque tengamos relaciones con personas del mismo género al nuestro. Por poner un ejemplo, cuando a mí se me discrimina por ir de la mano de una persona del mismo género estoy padeciendo, aun siendo bisexual, homofobia o lesbofobia; pero cuando se me discrimina porque puedo sentir atracción hacia varios géneros (como explicaré más adelante) a través de estereotipos, o diciéndome que esto no puede existir, u obligándome a definirme como lesbiana, entonces estoy padeciendo bifobia.

Habitualmente cuando se habla de bifobia se habla de los estereotipos. Los estereotipos de la bisexualidad (como la promiscuidad, la inestabilidad, la confusión, etc) son connotaciones socialmente negativas que ponen a las personas bisexuales en un lugar simbólicamente dañino para la sociedad. Esto no quiere decir que ser promiscua, estar confundida o ser inestable, sean cosas inherentemente malas; pero al ser conceptos que socialmente son discriminables y a la vez se te otorguen por el simple hecho de tu orientación sexual hace que esta asociación pueda sentirse como violenta.

Pero la bifobia no termina aquí. Para que nos hagamos una idea, la bifobia, en forma de discriminación directa, visible solo a través de estereotipos, es solo la punta del iceberg. Es por esta razón que muchas personas utilizamos el concepto del monosexismo, que nos permite entender donde la bisexualidad está estereotipada, prohibida, negada y borrada, y también por qué lo está, y además nos permite ver que todo esto tiene unas consecuencias en, por ejemplo, la salud mental de las personas bisexuales. Definimos el monosexismo como una estructura social que opera bajo la presunción de que todas las personas son monosexuales (heterosexuales o homosexuales) y que sistemáticamente discrimina o borra a todas aquellas que no lo son (como las plurisexuales). Por tanto, el monosexismo, al ser una estructura social, no solamente se expresa en forma de violencia directa, sino también indirecta o simbólica.

Yoshino, en su artículo ‘Epistemic contract of bisexual erasure’ apuntaba que el monosexismo opera bajo la presunción de que la bisexualidad debe ser borrada a través del propio conocimiento cultural. La erradicación de la bisexualidad es un fenómeno social en el que ésta es borrada de cualquier discurso donde pueda ser relevante (como, por ejemplo, en los estudios sobre salud mental, que he señalado al principio), incluso en la esfera privada o cuando una persona sale del armario consigo misma. La erradicación de la bisexualidad es el aspecto más relevante de la estructura monosexista: la mayor parte del tiempo nuestra cultura opera bajo la presunción de que la bisexualidad no existe y no puede existir. Yoshino apuntaba también en su artículo que uno de los motivos de esta erradicación es porque la bisexualidad pone en duda la existencia de la monosexualidad (la heterosexualidad y la homosexualidad), y para que las monosexualidades puedan mantenerse (especialmente la heterosexualidad, que es la que tiene más privilegios), la bisexualidad debe borrarse como posibilidad.

Pondremos un ejemplo simple de esta erradicación. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Casi siempre que hablamos de relaciones hablamos de relaciones heterosexuales, homosexuales o lésbicas; si voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Como también se comenta en el informe Bisexual Invisibility, de la comisión de derechos humanos de San Francisco, las personas bisexuales experimentamos altas tasas de discriminación, de ser ignoradas o invisibilizadas. A menudo la orientación sexual en sí se considera inválida o irrelevante.

Por tanto, si mezclamos el hecho de que la bisexualidad es estereotipada y además invisibilizada, nos encontramos con lo que Obradors en su artículo ‘Deconstructing biphobia’ describe como el imperialismo cultural: “El imperialismo cultural… tiene un significado paradójico… Por un lado, el imperialismo cultural invisibiliza a un grupo de personas negándoles su existencia. Por el otro lado, este grupo de personas está descrita a la vez a través de un número de prejuicios que crea una imagen clara (y desviada) de ellas.”. Este marco descrito, de la negación de nuestra existencia, junto con la asignación de estereotipos, hace que las discriminaciones que padezcamos las personas bisexuales y plurisexuales sean diferentes al tipo de discriminación directa o violencia física o verbal; es un tipo de violencia más simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercute a la larga en nuestras vidas y tiene consecuencias. Una de las consecuencias más frecuentes es en la salud mental de las personas bisexuales y plurisexuales en general.

En Marzo de 2011, la comisión de derechos humanos de San Francisco (cuerpo gubernamental de los EEUU) recogió datos de diferentes estudios de EEUU, Reino Unido y Canadá donde se tenía en cuenta a la bisexualidad de forma diferenciada en un informe llamado ‘Bisexual Invisibility’. Algunos de los resultados que se reflejan son:

Las personas bisexuales experimentaban mayores disparidades en la salud que el resto de población, incluyendo más probabilidad de sufrir depresiones y desórdenes de ansiedad y ánimo (Miller et al., 2007; Steele et al., 2009)

Las mujeres bisexuales mostraban tasas significativamente más altas en mala salud en general y de angustia más frecuente que las lesbianas y las heterosexuales, especialmente en áreas urbanas, donde las mujeres lesbianas podían encontrar un respaldo en una comunidad, pero no las mujeres bisexuales. Además, las mujeres bisexuales eran un 64% más propensas a padecer un trastorno alimentario, un 37% más propensas a autolesionarse, un 26% más propensas a sentirse ansiosas o nerviosas, comparado con las lesbianas (Fredriksen-Goldsen, et al., 2010).

Las personas bisexuales tenían más tendencia al suicidio: 9.6% de las mujeres heterosexuales, 29.5% de las mujeres lesbianas y el 45.4% de las mujeres bisexuales; 7.4% de los hombres heterosexuales, el 25.2% de los hombres gays, y el 34.8% de los hombres bisexuales (Brennan et al., 2010; Steele et al.; 2010)

Por desgracia no tenemos estudios específicos en el estado español sobre la salud mental de las personas plurisexuales y no podemos mostrar cuales son los efectos de la bifobia y el monosexismo aquí. Teniendo en cuenta lo presentado y expuesto cabe esperar que haya diferencias específicas en la salud mental de las personas plurisexuales. Es por esta razón que desde Enrenou creemos que estos estudios son necesarios e importantes. Es más, los resultados de estos estudios deben tenerse en cuenta para dejar de erradicar nuestras experiencias, nuestras identidades y las violencias simbólicas a las que nos enfrentamos cada día. Creemos también que en el ámbito de la salud mental las profesionales tienen que sensibilizarse con nuestras experiencias, ya que si somos una población vulnerabilizada de esta manera, y específicamente por nuestra orientación no monosexual, los tratamientos que recibamos tendrían que tratar este tema con especial atención.

Referencias

Brennan, D.J., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuizen, S., Steele, L.S. (2010). Men’s sexual orientation and health in Canada. Canadian Journal of Public Health, 101: 3, 255-258

Chakraborty, A., McManus, S., Brugha, T.S. (2011). Mental health of the non-heterosexual population of England. British Journal of Psychiatry 198(2):143.8

Fredriksen-Goldsen, K.I., Kim, H., Barkan, S.E., Balsam, K.F., Mincer, S.L. (2010). Disparities in health-related quality of life: a comparison of lesbians and bisexual women. American Journal of Public Health, 100(11), 2255-2261

King, M., Semlyen, J., Tai, S.S., Killaspy, H., Popelyuk, D., Nazaret, I. (2008) A systematic review of mental disorder, suicide, and deliberate self harm in lesbian, gay and bisexual people. BMC Psychiatry8:70.

Llhomond, B., Saurel-Cubizolles, M.J. (2009). Sexual orientation and mental health: a review. Revue d’Epidemiologie et de Sante Publique 57:e44-58

Marshal, M.P., Dietz, L.J., Friedman, M.S., Stall, R., Smith, H.A., McGinley, J., Thoma, B.C., Murray, P.J., D’Augelli, A.R., Brent, D.A. (2011). Suicidality and depression disparities between sexual minority and heterosexual youth: a meta-analytic review. Journal of Adolescent Health 49:115-23

McManus, S., Meltzer, H., Brugha, T., Bebbington, P., Jenkins, R. (2007). Adult psychiatric morbidity in England, 2007: results of a household survey. Leeds: NHS Information Centre for Health and Social Care.

Miller, M., André, A., Ebin, J., Bessonova, L. (2007). Bisexual health: an introduction and model practces for HIV/STI prevention programming. National Gay and Lesbian Task Force Policy Institute, the Fenway Institute at Fenway Community Health, and BiNet USA.

Obradors, M. (2010). Deconstructing biphobia. Journal of Bisexuality 11:2-3

Ploderl, M., Wagenmakers, E.J., Tremblay, P. (2013). Suicide risk and sexual orientation: a critical review.Archives of Sexual Behaviour 42:715-27

San Francisco Human Rights Comission LGBT Advisory Committee (2011) Bisexual Invisibility: Impacts and Recommendations. San Francisco, California.

Steele, L.S., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuidzen, S., Tinmouth, J.M. (2009). Women’s sexual orientation and health: results from a Canadian population-based surve. Women & Health; 49:5, 353-367

Warner, J., McKeown, E., Griffin, M., Johnson, K., Ramsy, A., Cort, C., King, M. (2004). Rates and predictors of mental illness in gay men, lesbians and bisexual men and women: results from a survey based in England and Wales. British Journal of Psychiatry 185:479-85

Yoshino, K. (2000). Epistemic contract of bisexual erasure. Stanford Law Review 52(2) p. 353

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del privilegio y la exclusión al reconocimiento

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

El tipo de reconocimiento que nos viene dado por defecto, tal y como lo definen las estructuras de poder, beneficia a todo lo que es privilegiado por las mismas estructuras (como pasa con todos los conceptos, como por ejemplo el de violencia, el de compromiso, entre otros). Este tipo de reconocimiento es el que va ligado al que solemos llamar ‘reconocimiento social’: un reconocimiento que pasa a través de normas sociales y que otorgan poder por el hecho de cumplir con estas normas. Este reconocimiento funciona como un ‘premio’ social cuando se obtienen aquellas cosas que tienen un valor para el sistema y que benefician más a las peraonas con más privilegios.

Este tipo de reconocimiento, al estar tan unido a las estructuras de poder, al privilegio y al poder en general, se rechaza en muchos espacios críticos con las estructuras y el sistema. Pero haciendo esto no se ha generado un discurso realmente crítico alrededor del reconocimiento ya que no se ha repensado este reconocimiento. La pregunta es: ¿es malo el reconocimiento en general o solamente el reconocimiento ligado a las estructuras? Para responder a esta pregunta tenemos que preguntarnos qué quiere decir ‘reconocimiento’ y qué nos aporta.

Reconocer’ es una forma de aceptar y legitimar, de otorgarle a le otre unas características que le dan un cierto valor (tanto sea para reconocer cosas que podamos considerar ‘buenas’, como reconocer cosas que podamos considerar ‘malas’). Es una forma de decir ‘te veo’. No reconocer a una persona como ‘persona’ lleva sistemáticamente a tratarla como a un objeto, que es lo que hacen las estructuras con las peraonas que no tienen privilegios o lo que hacemos de forma muy general cuando nos acercamos a la gente sin tener en cuenta sus deseos o voluntades. Reconocer a una peraona que tenemos delante pasa por reconocer y validar sus deseos o voluntades; hacer lo contrario es objetificar.

Precisamente el ‘reconocimiento social’ del que hablaba al principio es un tipo de reconocimiento que invisibiliza y niega el reconocimiento a quien menos privilegios tiene y le quita el estatus de ‘persona’. ¿No será precisamente el problema la falta de reconocimiento hacia todo lo que no es privilegiado, que le lleva hacia la exclusión, y no el reconocimiento en sí mismo? ¿O también el hecho de dar un tipo de reconocimiento no merecido a quien se le da normalmente a través del ‘reconocimiento social’ por privilegiados por las estructuras de poder?

Una relación (del tipo que sea) que no es reconocida, será sistemáticamente invisibilizada o borrada y será fácilmente excluída. La exclusión es una consecuencia de la falta de reconocimiento, de todes aquelles a quien se les ha retirado merecer estar entre nosotres como une más. Que se reconozca lo que aportamos, lo que hacemos, quienes somos en una relación, en un grupo o en una comunidad es la forma que tenemos de ‘vernos’, de admitirnos como personas que nos afectamos y a las que afectamos. Borrando todo tipo de reconocimiento borramos el valor de lo que aporta cada persona, tanto al ámbito personal de una relación, como al ámbito comunitario, grupal o colectivo. Borrando el reconocimiento fomentamos la exclusión, que sumada a otras estructuras de poder fomentan la explotación relacional, la marginación y la alienación (todas consecuencias de la objetificación).

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