la violencia de la comunicación no violenta (II)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto es el segundo y último texto alrededor de los puntos problemáticos de la comunicación no violenta. El primero lo podéis leer aquí.

Aviso de contenido: CNV, capacitismo, neurocapacitismo, positivismo, racismo, individualismo

Hace un tiempo escribí un texto donde hablaba sobre los puntos problemáticos de la comunicación no violenta (CNV), que lo podéis leer aquí. Me ahorraré la introducción sobre este tipo de comunicación, ya que ya lo hice en ese texto. Este nuevo lo escribo como continuación para poder añadir algunos puntos más de la CNV que me parecen problemáticos y que no pude tocar en el otro texto por la limitación de caracteres que tenía debido a que se publicó en un medio.

Uno de los problemas que a menudo se pasan por alto de la CNV es la voluntad de universalizarla, privilegiándola y colocando las demás opciones en una posición estructuralmente inferior. La CNV se autoproclama (o el señor que la creó la llama y la proclama) la forma “natural” de comunicarse y conectar entre las personas; según el creador de este tipo de comunicación, las demás formas de comunicarse no son “naturales” y son violentas. Como alternativa, los seguidores de la CNV que no la llaman la forma “natural” de comunicarse, la llaman la “herramienta neutra”, que acaba teniendo el mismo efecto. De esta manera borra totalmente la vertiente cultural, no solamente de la comunicación y de los diferentes estilos de comunicación, sino también de lo que se considera y se vive como violento, que puede ser diferente según el contexto y la cultura. Esta táctica de decir qué es más natural lo que pretende es darle una situación de privilegio, universalizándola: un proceso que coloca la mirada occidental y blanca en el centro y obvia que otras culturas y paradigmas pueden construir formas diferentes de comunicación y de “no-violencia”.

Por otro lado, esta misma visión pretende también universalizar unas capacidades comunicativas concretas, haciendo que se acaben considerando más “naturales”, imponiéndolas y discapacitando a todas aquellas que no tenemos la misma facilidad para comunicarnos de la manera que la CNV estipula como “natural”. Es más, aquellas que tengamos capacidades y necesidades comunicativas diferentes, se nos coloca en la posición de “no-naturales” y “violentas”, como es a las personas neurodivergentes o con otras discapacidades. Esto no sólo lo hace la CNV, ya existe la idea, a través del capacitismo, de que las personas con necesidades comunicativas diferentes no somos aptas para tener relaciones “sanas” y se nos cataloga normalmente como personas “no aptas” y muchas veces “violentas”. La CNV sólo reproduce la misma idea e, incluso, acabar de asentarla.

Siguiendo con el paradigma de la “naturalidad”, la CNV cree que el “dar de forma natural” haría que todas las necesidades quedaran cubiertas. Según ésta, todas las necesidades quedan cubiertas cuando no obligas nada a nadie y solamente se hacen las cosas que cada una desea hacer de forma “natural”. Es como aquello del “fluir”. Se supone, por tanto, que todas las tareas siempre quedarán cubiertas porque siempre habrá personas que las quieran hacer, algo que es fácil de sentir y naturalizar cuando ha habido tareas que siempre te las han hecho las demás y ni siquiera hace falta tenerlo que apreciar (como por ejemplo cuando eres un hombre y ciertas tareas del hogar o de cuidados hacia uno siempre te han estado cubiertas con más facilidad).  Obvia la construcción social de la “naturalidad” en la voluntad de realizar ciertas tareas, las desigualdades sociales, y obvia que si cada une solamente hace las tareas que “naturalmente” quiere hacer es posible que haya tareas que nadie querrá hacer y que se tendrá que encontrar una solución compartida/colectiva a cómo hacerlas. Normalmente de este tipo de tareas se encargan de forma sistemática personas de colectivos minorizados y/o explotados, a las que se las ha colocado en una posición para que parezca que “naturalmente” escogen hacer estas tareas. Por este motivo la CNV deja fuera la responsabilidad compartida y colectiva. La CNV se basa en un paradigma totalmente individualista.

Finalmente, apartándonos un poco de la “naturalidad” y adentrándonos en las técnicas de dominación, la CNV puede usarse muy fácilmente para manipular las emociones de la otra persona. La problemática añadida de considerarla, además, una “herramienta neutra” lo que hace es borrar toda influencia y utilización que se le pueda hacer a través de las estructuras de poder o del ejercicio de poder. Nada escapa de las ideologías, y todo lo que se considera “neutro” tiene la tendencia a borrar y esconder esta influencia, para, otra vez, universalizarla. La CNV dice que no tienes que responsabilizar a la otra persona de lo que sientes y te pasa cuando lo expresas. Esto ya lo comenté en el anterior texto. Según la CNV para comunicar tu sentir, lo tienes que hacer de manera que no responsabilices a la otra, solamente tú eres la responsable. No obstante, no responsabilizar a la otra persona de forma explícita no significa que no le hagas sentir esta responsabilidad o no la hagas sentir culpable, especialmente cuando se tienen ciertos privilegios respecto la persona a quien se lo dices. Es una táctica muy fácilmente utilizada para acabar haciendo sentir culpable a la otra persona sin haberlo hecho explícito y, por tanto, sin ser tú la persona responsable de su sentimiento de culpa. Puedes expresarle cómo te sientes y, sin responsabilizarla a ella, que ella misma se sienta responsable. De esta manera muchas veces se puede conseguir que la otra persona haga o sienta lo que tú quieres sin habérselo pedido. Esto es, por tanto, una técnica de dominación, y la he visto usar muchas veces. Yo misma la he usado para defenderme de técnicas de dominación que otra persona estaba ejerciendo sobre mí.

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el arte de ligar y consumir

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

(aviso de contenido: individualismo, capitalismo de relaciones, objetificación, consumo, manipulación, mentiras)

En el mercado de las relaciones, comprar, vender, apropiarse y consumir son la base de la mayoría de las aproximaciones entre personas que quieren o pretenden tener una relación sexual, afectivosexual o romántica con otras personas. Da igual el formato: puede ser a través de aplicaciones, de redes sociales, en ambientes de fiesta, en ambientes informales más tranquilos, en ambientes formales, en el trabajo o en encuentros casuales en la plaza del barrio. El paradigma de “ligar”, juntamente con el de “cazar”, es solamente cuestionado cuando hablamos de machismo o de monogamia, pero el proceso va mucho más allá. Está, obviamente, atravesado por estructuras  como el machismo, pero no se para aquí porque lo impregna el paradigma individualista y capitalista a través del cual vemos a las personas que nos rodean como objetos.

No soporto el concepto de “ligar”. Hay que decir, no obstante, que cuando digo que no soporto el concepto de ligar no me refiero a que no soporto que la gente tenga cierto interés en otras personas, en querer compartir cosas concreta, y se acerque para ver si la otra persona también puede  corresponder este interés. Tampoco me refiero a que sentirse atraída hacia a alguna persona, sea sexualmente y/o románticamente, es un acto de por sí consumista, como tampoco que te guste una persona y se lo digas. No jodamos, no es esto. Tampoco tengo nada en contra de ciertos procesos un poco ritualísticos de acercamiento. Lo que no soporto es buena parte del proceso que  está totalmente aceptado en el que la otra persona deviene un producto de consumo más. El proceso de compra, venta, consumo y acumulación. Y lo que más me sorprende ya no sólo es el proceso de ver a la otra como un producto más, es también el deseo de ser escogida como tal, comprada o consumida donde aceptas parte del juego de forma bastante consciente, ignorando, de paso, a quien no nos trata de esta manera suponiendo que no estará interesada en nosotras. Parece como si “si no juegas es que no tienes ningún interés en las demás”. Caemos en la competición para ver quien consigue más atenciones, quien consigue más premios, quien consigue coleccionar más relaciones, o simplemente más rollos, quien consigue ser engañado una vez y otra o quien consigue engañar más. Nos transformamos temporalmente y a ratos en otras personas, en personajes que creamos para poder formar parte de este circo.

Tampoco me refiero aquí al hecho de que si me acerco a alguien para tener solamente sexo estoy tratando a la otra persona como un producto de consumo. No tiene por qué. O sea, muchas veces sí, pero no es el sexo en sí, es el cómo, y es por cómo se instrumentaliza el sexo en nuestras estructuras, especialmente por parte del machismo y el individualismo. Pero insisto con que no es a través de una relación exclusivamente sexual porque muchas creen que la objetificación está solamente en el sexo o en la corta duración de las relaciones y no con cómo ocurre el proceso de acercamiento y/o alejamiento. A veces lo que es objetificador es el proceso de engañar a la otra persona para tener sexo con ella (una cosa muy aceptada en procesos de ligar, y es aquí donde quería ir a parar), o bien acercarse a alguien solamente para conseguir que te haga los deberes de clase, o bien estar consumiendo emocionalmente a alguien durante años de tu vida.

El acto de ligar está fuertemente relacionado con los procesos de objetificación, de consumo, de competición y de obtención de premios, trofeos, propiedades, o productos que utilizaremos para el propio beneficio. Es un acto donde se pretende normalizar, y normaliza, aquello de que “la finalidad justifica los medios”, y la finalidad es, esto, el objetivo final, que puede ser tanto puramente sexual como podría ser romántico, y el conseguir un premio/trofeo final que te permite escalar socialmente u obtener algunos beneficios. Es un acto donde la persona desaparece y deviene un producto más. Donde nosotras también devenimos un producto más, todo también dependiendo de cuales sean nuestras posiciones relativas de privilegios en comparación con las otras. Además, poder conseguir estos premios no es un proceso donde todas tengan el mismo acceso: solamente las que consigan tener un serie de privilegios podrán entrar más fácilmente en el juego, tanto si cazas como si eres cazada.

Este “ligar” es un proceso donde se normaliza la mentira, la manipulación, el llamar la atención. Consiste en “conseguir convencer” a la otra persona para que tenga un tipo concreto de relación contigo (sea sexo, sea una relación más romántica, sea solamente atenciones, sea lo que sea). Y querer convencer pasa por no querer ver realmente a la persona que tenemos delante y no tener en cuenta qué quiere, qué siente o qué necesita. Y no estamos hablando de querer convencer a la otra persona en un debate político sobre el cambio climático. Estamos hablando de querer convencer a la otra persona para que, por ejemplo, tenga sexo contigo.

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responsabilidad compartida

por wuwei (natàlia)

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[imagen: texto en inglés que dice «accountability and responsability must be thought in terms of what matters and what is escluded from mattering» (Karen Barad)]

 

Aviso de contenido: individualismo, dominación, estructuras de poder, falsa independencia, relaciones de poder

 

No podemos escapar de nuestro entorno ya que nosotres somos parte de éste. No formamos parte de la naturaleza, somos naturaleza; igual que no formamos parte de una sociedad o de un entorno o momento concreto, sino que lo somos y somos parte de su proceso de creación. Somos, en cuanto a que afectamos, aquello con lo que nos relacionamos y esta afectación es un tipo de interacción que va más allá de una interacción “externa” a nosotres: la propia interacción (la relación) se podría considerar también un individuo en sí mismo. Somos contexto.

Definir y diferenciar qué es un individuo o lo que no es un acto (que afecta a cómo nos movemos y relacionamos) que creamos nosotres mismes, y que también es social y cultural; es un acto que generamos con el lenguaje, la simbología, la cultura, el razonamiento o también físicamente cuando creamos objetos suponiendo esta diferenciación (cuando creamos el tipo de mobiliario como bancos, sillas, u otros objetos definidos a través de lo que es un individuo y/o las relaciones, y como los distribuimos), y es un acto a través del cual sentimos, pensamos, creamos, amamos, pero también dominamos, generamos poder o nos solidarizamos. Lo que quiero enfatizar de todo esto es que ver a los individuos separados del resto de objetos de su entorno tiene parte de realidad, pero también de elección (mayoritariamente social y cultural) que puede devenir diferente si lo trabajamos y lo queremos.

Es imposible describir a una persona sin describir lo que le rodea, su contexto. Si pensamos un momento en cuáles son las características que utilizaríamos para describir a una persona nos encontraríamos con una lista de rasgos comparativos (decir que una persona, por ejemplo, es alta es decir que lo es respecto otres), o bien con adjetivos que no tendrían sentido sin un contexto social (cuando decimos que una persona, por ejemplo, es extrovertida o tiene una cierta edad, un género, una orientación sexual, o una clase social) o natural (cuando describimos cuales son sus necesidades, qué necesita comer, por ejemplo). Y es que la frontera entre nosotres y este entorno no es más que una frontera que nosotres mismes hemos creado, que nos ayuda a definir conceptos para expresarnos, pero que su realidad es contextual. Es una separación que se mueve entre la realidad, su interpretación y la interacción de ésta interpretación con unas voluntades sociales y personales: podemos configurar o desconfigurar según criterios que queramos o necesitemos.

Desde la mirada occidental esto no se interpreta de esta manera. Nuestra cultura nos hacer ver a las personas como seres totalmente externos a lo que les rodea, totalmente individuales, independientes, desconectados, y ve este hecho como una cosa irrefutable y “objetiva”. La forma con la que vivimos conceptos como son la responsabilidad está muy vinculada con esta sensación de no-dependencia con nuestro entorno: existe la posibilidad y el hecho de ser totalmente independientes les unes de les otres y la responsabilidad, por tanto, recae en cada une por separado y sin afectación (cada une es responsable de su vida).

Sin embargo, como esto no es posible, no podemos ser independientes de lo que nos rodea ya que en realidad tenemos una afectación con nuestro entorno y relaciones (hay una cierta dependencia), lo que acaba pasando es que para poder recrear esta falsa independencia tenemos que dominar nuestro entorno (para no sentir que nos afecta) creando relaciones de poder y, por tanto, de dominación: quien domine (el privilegiado) será quien se podrá sentir más independiente. Esto es el mismo paradigma que solemos llamar individualismo, y el motivo por el cual el individualismo lleva a una situación de constante dominación.

No obstante, la responsabilidad también se puede conceptualizar y entender desde la visión de que formamos parte de nuestro propio contexto, y entenderla y vivirla de una forma diferente al paradigma del individualismo. Para mí, y desde un punto de vista de co/inter/dependencia con nuestro entorno, la responsabilidad es la consciencia de la conexión que tenemos con nuestro entorno y la afectación constante con esta (y por tanto también la afectación que este entorno tiene debido a nosotres).

Karen Barad introdujo el prefijo “intra” para hablar de la relación entre objetos, personas y discursos (como por ejemplo intra-acción, en vez de hablar de interacción) y da una idea de que el proceso es interno del propio fenómeno-relación. Dentro del marco de la intra-conexión, la responsabilidad se convierte en otra cosa que a mí me gusta llamar “responsabilidad compartida” y que viene inspirada por el concepto que introduce también karan Barad como “response-ability”: partiendo desde el paradigma en el que formamos parte de lo que nos rodea la responsabilidad es un acto de intra-dependencia, es una consciencia de esta conexión, es compartida entre todas las partes del sujeto “relación” y es consciencia de cómo ponemos o quitamos estas barreras y fronteras para decidir qué es importante, qué no es importante, qué cosas decido tener en cuenta y cuáles no, a la hora de tomar decisiones sobre mis actos sabiendo que estoy afectando y soy afectada por mi entorno y mis relaciones. También, además, es un acto de consciencia, respeto y aceptación de nuestras diferencias sin que esto implique sentirnos externes, sino más bien sensibilidad, conexión y compromiso. Y estos actos parten de decisiones tomadas, obviamente. En realidad siempre tomamos estas decisiones, lo que pasa es que normalmente las tomamos dejándonos arrastrar por lo que nos imponen las estructuras en vez de convertirlas en actos políticos, sensibles y/o revolucionarios.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (II – individualismo, dominación y objetificación)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la segunda parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

Invidividualismo y dominación

Nuestro sistma relacional (occidental) se basa en la idea y sentimiento de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para obtener nuestras necesidades a través de la dominación (el entorno se vuelve un objeto donde voy a cubrir mis necesidades).

Ésta es una visión que proviene de las clases dominantes; ha sido una viión creada desde la mirada del hombre cisgénero heterosexual blanco de clase media/alta sin diversidad funcional neurotípico, etc. Aún siendo una visión que proviene de las clases dominantes también se acaba reproduciendo en las clases oprimidas debido a que forma parte de la forma que tenemos de leer todo lo que nos rodea.

Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder a través de normas y normatividades; estas normas o normatividades se crean para colocar a ciertos colectivos en cajas estáticas cerradas que permita a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que ver, creer o sentir que están obteniendo necesidades de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes (los privilegios los ayudarían a obtener sus necesidades sin esfuerzo ni consciencia de que las obtienen a través de estas ‘normas’), se crean jerarquías y les da a las personas con privilegio un falso sentimiento de independencia. Pero esta independencia es una independencia fals ya que las dependencias que estas personas tienen de su entorno quedan invisibilizadas (sus necesidades quedan cubiertas por el sistema de forma invisible y no tienen que sentir que son dependientes).

En la monogamia, a través además del ideal del amor romántico, se nos hace creer que necesitamos y dependemos de una persona. Y, más allá del ideal de amor romántico, el hecho de que todo lo que necesitamos tenga que pasar por resolverse a través de una sola relación también favorece la aparición de relaciones de poder (tanto por el hecho de que todas las necesidades tengan que pasar por una sola persona, le da a ésta más poder, como también todo el peso de que tengas que prever todas las necesidades es una carga muy grande y que favorece la presión de tener que convertirnos en quien no somos o tener que olvidar nuestras propias necesidades y deseos).

Lo que hacemos a menudo para ‘resolver’ este problema es reproducir la idea de la falsa independencia diciendo ‘yo no dependo de ti, yo soy una persona independiente’ (un concepto que repetimos muy a menudo dentro de entornos no monógamos). De esta manera, con esta idea, se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia de las personas con privilegios, y se crea un discurso de la no-monogamia a la que solo pueden acceder personas con más privilegios (gente con más dinero, o personas menos oprimidas que otras, especialmente por tener unas capacidades concretas) y se les da más herramientas para seguir reproduciendo relaciones de poder con personas más oprimidas que ellas.

Las personas dependemos de nuestro entorno. Nuestro entorno es donde obtenemos nuestras necesidades y es dondes obtenemos afectos, atenciones y todo aquello que de alguna manera nos afecta. El entorno nos afecta, de la misma manera que nosotres afectamos el entorno. Romper con las relaciones de poder no tendría que pasar por negar nuestra conexión con el entorno, sino aceptándola colectivizando nuestras dependencias y haciéndolas más conscientes.

Objetificación

Esta forma de ver nuestro entorno (vernos como seres externos a lo que nos rodea y que accedemos a él a través de la dominación sin ser conscientes de que el entorno nos afecta y nos vemos afectades por nuestro entorno) hace que accedamos a nuestro entorno (donde están también las personas) viéndolo como un objeto para cubrir nuestras necesidades y deseos pero no las de les demás). Este proceso es un proceso de objetificación y es una causa y consecuencia de las jerarquías y la dominación.

A menudo se habla de objetificación en los feminismos para hablar sobre la objetificación sexual hacia las mujeres debido al patriarcado. De objetificación hay muchas más. Todas las estructuras objetifican a los grupos oprimidos: el capitalismo objetifica a les trabajadores, el especimo objetifica a los animales no humanos, el capacitismo objetifica a las personas discapacitadas por el propio sistema que las objetifica, etc. Y cada estructura de poder objetifica al grupo oprimido a través de mecanismos diferentes.

La objetificación sexual que vivimos las mujeres es un hecho, y tiene unas consecuencias muy duras en nuestras vidas. No obstante, de objetificación hay muchas más. Además, debio a que solamente hablamos de objetificación como objetificación sexual hace que muchas veces acabemos viendo toda relación sexual sin un vínculo emocional como un acto de objetificación, cuando no tiene porque ser así (si tienes una relación seuxal sin un vínculo emocional con una persona, pero das espacio a la otra persona a expresar molestias, oponerse, a expresar necesidades o malestares, no la estás objetificando), y a la vez se están invisibilizando muchas objetificaciones que no son sexuales (las mujeres, por ejemplo, también estamos objetificadas emocionalmente y los hombres acostumbran a acercarse a nosotras para explicarnos todos sus problemas emocionales sin tenernos en cuenta o que se nos escuche la mayoría de las veces cuando lo necesitamos). Debido a esto intentaré poner ejemplos que no caigan en la objetificación seuxal para visibilizar también otros tipos de objetificaciones.

Nuestro sistema relacional funciona a través de la objetificación: es ésta la forma con la que nos acercamos a las personas, teniendo en cuenta nuestros deseos, voluntades y necesidades, pero sin tener en cuenta las de esta otra persona, que podrían ser totalmente diferentes a las nuestras, o incluso incompatibles.

Una forma de objetificar sería tratar a las personas como si no tubieran voluntades o deseos propios (que podrían ser diferentes a los nuestros). Un ejemplo de ésto sería lo que pasa a menudo cuando estamos en la universidad, donde alguien se acerca a otra persona solamente porque quiere que le ayude a aprobar un examen y para que le pase los apuntes. Y, aunque su intención es ‘solamente’ ésta, lo que hace es hacer creer a la otra personaque lo que desea es una amistad. Una vez esta persona ya ha obtenido lo que ha querido (aprobar el examen) se aleja otra vez. Si esta persona hubiera tenido en cuenta los deseos de le otre, le hubiera dicho directamente que su voluntad era la de aprobar el examen, no la de una amistad, y haber dejado que fuera la otra persona la que expresara cuál era su deseo, si lo aceptaba o no. Aún así, no es precisamente lo que acostumbramos a hacer en estos casos.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan consentir u oponerse. Y para que una persona pueda consentir u oponerse no solamente se le tiene que preguntar si una cosa la quiere o no, sino que además se tiene que crear un espacio para que este consentimiento se pueda dar de verdad. Un ejemplo de esto sería preguntarle a una persona al saludarla si quiere o no un abrazo. Si yo delante de un ‘no’ reacciono con cierta molestia, aunque sea de forma indirecta, lo más probabl es que la próxima vez que se lo pregunte no me conteste que ‘no’ por miedo a que yo me pueda molestar. Es por este motivo que para que una persona realmente pueda consentir u oponerse a algo se le tiene que dejar espacio para que realmente lo pueda hacer sin ninguna sensación de chantaje emocional.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan expresar opiniones ni emociones al respecto de cosas que les afectan. Un ejemplo de esto es lo que pasa a menudo en las relaciones no monógamas jerárquicas. En este tipo de relaciones se acostumbra a tomar decisiones entre las personas que tienen una relación ‘primaria’, especialmente cuando se quieren gestionar emociones (como celos, u otras), que afectan a una ‘tercera’ persona, pero a esta tercera persona no se le informa ni se le deja expresar su opinió o emoción al respecto, ni se le permite pedir nada. Muy amenudo lo que se hace, cuando se quiere informar, es dar dos posibilidades a esta ‘tecera’ persona en modo de ‘referéndum’: se le da una opción donde solamente puede decir que ‘sí’ o que ‘no’. Este tipo de ‘referéndums’ pueden llegar a ser actos muy violentos, ya que esta persona no puede plantear molestias, alternativas o demandas. Haciendo esto se le quita voz a una persona sobre temas que le afectan. No nos olbidemos que este tipo de situaciones se dan también en la monogamia, donde de hecho son la ‘norma’, y se extienden en la no-monogamia a través de las relaciones jerárquicas. La monogamia ya es de por sí misma jerárquica.

En definitiva, objetificar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz. Hay un debate que tenemos mucho en nuestros entornos (de forma bastante genérica en los movimientos sociales): es el debate de si las personas somos imprescindibles o prescindibles. Este debate proviene del hecho de que en nuestra sociedad jerárquica se suele etiquetar a algunas personas como imprescindibles, dando de esta manera un poder a estas personas. Para romper con esto solemos decir que las personas somos todas prescindibles, un acto que suele vivirse con bastante violencia cuando hay personas en nuestra vida a las que consideramos importantes. Pero este debate es un debate erróneo, ya que considerar a las personas como prescindibles o imprescindibles proviene de la misma idea de ver a las personas como objetos. Las personas no somos prescindibles o imprescindibles. No somos objetos ni herramientas a utilizar. Las personas somos importantes y a tener en cuenta. Y es posible que haya personas que por muchos motivos consideremos menos importantes que otras (porque tenemos menos vinculo), pero que una personas no sea tan importante en tu vida no significa que le tengas que quitar voz en cosas que le afectan.

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después de romper con la monogamia

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí como resumen (muy resumido) de una charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals y se publicó en el número 422 de la Directa. Podeis ver el artículo original (en catalán) aquí.

(**) He añadido al final una aclaración a raíz de algunos comentarios que se hicieron cuando se publicó el artículo.

La versión extendida (‘no resumida’) de la charla la publicaré más adelante en este blog dividida en diferentes secciones.

 

La manera que tenemos de relacionarnos forma parte de un sistema o estructura de poder muy ligada a la estructura monógama. La monogamia no sólo es un recuento de relaciones, es también un sistema: está en el lenguaje, en la lógica construída socialmente, en la forma de pensar. Y va más allá de la normatividad entorno a las relaciones de pareja, ya que nos dice también como nos tenemos que relacionar en general con las personas, es un sistema relacional.

La monogamia nos aisla en unidades familiares no permitiendo generar redes solidarias, afectivas y sensibles a las estructuras que nos atraviesan. La no-monogamia tiene un gran potencial, no sólo para romper el propio sistema relacional, sino también otras estructuras de poder ya que éstas se elimentan de la estructura monógama y también porque te permite construir relaciones que rompen con los sistemas de privilegios y opresiones. Ahora bien, es necesario un punto de vista crítico en las propuestas que se plantean, sino se reproduce el mismo pensamiento.

Individualismo, dominación y objetivización

Nuestra forma occidental de ver el mundo se basa en la idea de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para cubrir nuestras necesidades a través de la dominación. Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder que permiten a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que comprender que las está obteniendo de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes y les da un falso sentimiento de independencia.

En nuestros entornos no monógamos a menudo se intenta romper con la idea de la dependencia total a una sola persona (que proviene de la estructura monógama y que genera relaciones de poder) diciendo que las personas somos independientes y no tenemos necesidad de nada o nadie. De esta manera se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia con el entorno de las personas con privilegios y se crea un discurso de la no-monogamia a la que sólo pueden acceder personas con más privilegios.

Tratamos nuestro entorno como un objeto debido a verlo como una cosa externa a nosotres donde accedemos para cubrir nuestras necesidades. Las personas con las que nos relacionamos también forman parte de este entorno-objeto, y por tanto nos acercamos teniendo en cuenta las propias necesidades y deseos però no los de les demás. Este es un proceso de objetivización. Para resumirlo un poco, objetivizar es tratar a las personas como si no tuvieran voluntades o deseos propios, o bien no permitiendo que tengan un espacio para consentir u oponerse a una cosa, o también que no puedan expresar emociones ni opiniones al respecto de cosas que les afectan. Esta última es bastante común en las realciones no monógamas jerárquicas, donde a menudo personas que se ven afectadas por decisiones que se toman en las relaciones primarias no pueden opinar, o expressar emociones, o plantear alternativas, o ni siquiera se les informa de que se han tomado. En definitiva, objetivizar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz.

Compromiso e implicación

La monogamia suele llevar una carga muy grande de compromiso implícito y de expectativas relacionadas con la escalera de las relaciones. Este tipo de compromiso no suele ser un compromiso que se haya pactado, hablado o que se pueda cuestionar por ninguna de las partes. Además, suele implicar el hecho de no poder compartir compromisos, proyectos o afectos con otras personas y que además recaiga sobre una persona generar todo lo que necesita la otra.

Muchas personas delante de esto reaccionan planteando como alternativa no tener que comprometerse y no generar ninguna expectativa. Esto da una ventaja a las personas que tienen más privilegios, ya que estas tienen sus necesidades más cubiertas y no necesitan del compromiso para obtener nada. Por otro lado, las personas con menos privilegios, se verían la mayoría de veces arrastradas a vivir situaciones de vulnerabilidad. Normalmente quien rechaza el compromiso son las personas con más privilegios, ya que el sistema no les cubre sus necesidades y necesitan el compromiso para enteder como cubrirlas y poder acceder a aquello a lo que no pueden acceder sin privilegios.

No querer implicarse es una forma de no querer aceptar las cosas que obtenemos de nuestro entorno y no querer aceptar que el entorno nos afecta y nosotres lo afectamos. La implicación es necesaria para generar relaciones no objetivizadas donde las personas puedan tener voz en las cosas que las afectan. Las relaciones se tienen que construir a través de compromisos e implicaciones explícitas y que no vengan dadas por normas sociales estructurales ni que nos imposibiliten generar otros compromisos.

Responsabilidad compartida

La monogamia te da la idea de que una persona es totalmente responsable de tu felicidad o infelicidad. Para romper con esta idea que genera relaciones de poder se acostumbra a decir que cada persona es totalmente responsable de sus emociones, incluídas aquellas emociones que se generan a través de una relación y de lo que se comparte. Esta es una visión individualista, y no muy diferente a la anterior: o las responsabilidades son totalmente separadas o recae toda en una sola persona. En este paradigma la relación se borra completamente.

La responsabilidad en una relación tendría que ser responsabilidad compartida: tendría que ser de las personas que generan el espacio y la relación, no de forma separada (cada una la suya), no de forma vertical (toda la responsabildiad es solo de una persona), sino como combinación, teniendo en cuenta los contextos de cada persona y lo que se está compartiendo. Tener en cuenta el contexto de la persona significa que cuando tenemos una relación con una persona sobre la cual tenemos un privilegio, queramos o no nos beneficiamos de este privilegio y por tanto, tenemos una responsabilidad sobre la violencia etructural que podamos generar en esa relación. La responsabilidad compartida nos permite, además, reconocer explícitamente todas aquellas cosas que nos aporta la relación y lo que la otra persona está compartiendo.

Cuidados y el significado de ‘cuidar’

Ser conscientes de que cubrimos nuestras necesidades a través de nuestro entorno y, por tanto, a través de nuestras relaciones, nos permite tratar el tema de los cuidados desde un punto de vista crítico. Las tareas de cuidados siempre han recaído en las mujeres. No obstante, las tareas de cuidados de las cuales siemrpe hablamos en el contexto del feminismo se limitan sólo a la diferencia de género. Hay muchas más necesidades que tenemos que no recaen en las tareas que se han definido como cuidados (tareas del hogar, cocinar, o cuidar cuando le otre está enferme), así como necesitamos ser conscientes de las diferencias que van más allá de las de género, ya que hay muchas más estructuras o tipos de relaciones (no todas las relaciones las trabajamos en un contexto heterosexual, binario, romántico y sexual).

Cuidar implica entender qué necesita le otre, no para sentirnos obligades a cubrirle las necesidades, sino para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. Tampoco tenemos que obligar a que le otre tenga que entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expressar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, sobre todo, no se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Debido a que los cuidados son un tema recurrente en nuestros espacios a veces caemos en el error de realizar tareas hacia otres que no necesitan para sentir que le estamos cuidando, y a menudo utilizamos estas tareas innecesarias como excusa para no tener que escuchar las verdaderas necesidades de le otre o no reconocer una necesidad cuando la expresa. Vivimos en lo que yo llamo la ‘cultura del tupper’: preparar tuppers a les compañeres sin pararnos a reflexionar qué queremos decir con ‘cuidar’, y mientras no dejamos a les demás expressarse cuando algo les afecta. Esto es un acto de objetivización.

(**) Añado una aclaración a raíz de algunos comentarios al respecto del artículo diciendo que lo que publiqué es aplicable también a relaciones monógamas. No creo que el tema de los cuidados pueda realmente aplicarse en relaciones monógamas ni relaciones no monógamas jerárquicas, ya que la monogamia implica jerarquía, y en ninguna jerarquía los cuidados son reproducibles, solo sucedáneos de cuidados, que no son cuidados. Estoy hablando de todas aquellas personas que no forman parte de la relación principal. Mi discurso quiere enfatizar el hecho de que estamos tratando a todes les demás muy mal y de forma muy objetivizada, tanto en responsabilidades, como en compromisos, como en cuidados. Por eso ni la monogamia ni la no-monogamia jerárquica nos salvarán nunca de todos los sistemas de opresión, sólo los seguirán reproduciendo, además a través de sus propios baremos.

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