deconstruyendo los discursos hegemónicos y científicos de la orientación sexual: desorientación, fluidez, inestabilidad y confusión como actos revolucionarios (IV – aparición del concepto de bisexualidad y evolución)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Cuarta parte. El mes de Abril de 2016 se celebraron las I Jornadas Desorientadas en Madrid. En esas jornadas di una charla sobre monosexismo, su discurso y de como se ha construído este discurso. El audio de la charla lo tenéis aquí (aviso de contenido del audio: lenguaje cisexista e intersexfóbico debido a estar explicando el discurso médico entorno a las orientaciones). Esta es la cuarta parte. La primera la podéis leer aquí, la segunda aquí y la tercera aquí.

Aviso de contenido: lenguaje heterosexista, monosexista, cisexista e intersexantagónico por estar explicando el discurso médico alrededor de las orientaciones.

Todos los conceptos que se estaban moviendo en la ciencia venían de una necesidad de imponer un tipo de modelos relacionales. Normalmente la ciencia te dirá que provenían de intentar darle explicación a estos comportamientos. Y no digo que la intención no fuera esa para algunas personas, o al menos también el interés de despenalizar la homosexualidad al principio era para algunas de importancia. Aun así, tal como se articulan, se mueven, se aceptan las teorías, visto de forma global, existe detrás también un propósito.

Antes de que se conceptualizaran las orientaciones sexuales la idea que se quería sustentar era el ideal burgués de la pareja que se reproducía y que era monógama. Lo que se tenía que hacer era crear conceptualmente la idea de dos personas, con genitalidad diferenciada y dual que tenían que unirse para reproducirse. Además, para asegurar la herencia paternal (de padre a hijo) la monogamia también jugaba un factor importante en esta ecuación.

Primero de todo necesitaremos conceptualizar esta diferenciación dual basada en los genitales. Para que estos dos personajes se unan para la procreación, y para que exista una condición de monogamia entre ellos, habrá que crearse un marco conceptual de atracción mutua para la complementariedad: o sea, uno necesita al otro, y una vez lo tiene no necesita nada más para completarse.

Para eso, primero de todo, es necesario que se forme la idea de que estos dos sexos son totalmente distintos entre sí. Es así cuando se crea esa diferenciación, donde científicamente solo se hará hincapié en definir los dos ‘sexos’ con características distintas, además creando más conceptos alrededor que ayuden a diferenciarlos más (o sea, relacionando fuertemente la genitalidad con los caracteres que tendrían que tener para esa complementariedad, que además tenían que ser opuestos y no solaparse).

Para que esa diferenciación pueda existir, deben crearse discursos para que nada diferente a estos dos sexos pueda existir. Además, como también he dicho antes, no todas las personas tenían estas prácticas que llamaríamos ‘heterosexuales’. Y había, obviamente, personas que tenían prácticas sexuales y/o afectivas con personas del mismo ‘sexo’.

Es entonces donde se crea el concepto de la homosexualidad, diferenciada de la heterosexualidad, donde se intenta ‘naturalizar’ pero no obstante, siguiendo poniéndola en una posición jerárquica inferior, tratándola de enferma. Con las teorías de la homosexualidad girando en torno al ‘sexo’ también, se podría seguir sustentando la teoría de la complementariedad girando en torno al ‘sexo’. Solamente bastaría con decir que hay personas que por causas ‘degenerativas’ su búsqueda de la complementariedad está supuestamente en el ‘sexo’ ‘incorrecto’. La teoría se cierra en sí misma.

En todo este marco conceptual que se está creando alrededor de estas atracciones, la idea de que pudiera haber personas que se sintieran atraídas por los ‘dos’ sexos comportaba varios problemas:

  • el argumento de que las personas homosexuales tienen estas relaciones, no porque lo escojan, sino porque es innato y no pueden cambiarlo, quedaría en jaque, ya que la atracción hacia los dos se vería como que, aún si fuera innato, podrías escoger, y habiendo la heterosexualidad, que es lo correcto, no se puede entender esta falta de elección hacia lo correcto.

  • Al ser el supuesto sexo de la persona por la que te sientes atraída lo importante y complementario en la atracción, la monogamia no se perpetuaría, pues si yo me siento atraída por los ‘dos’ supuestos sexos reconocidos, necesitaría a los dos para completarme.

Ante este lío, las dos únicas opciones que deben poder existir son la heterosexualidad y la homosexualidad, que deben ser exclusivas y excluyentes, y que son las que refuerzan las dos únicas opciones hombre/mujer (basados además en la genitalidad). De esta forma, al igual que ha pasado con las personas que no caían claramente en la clasificación exacta de los dos únicos ‘sexos’, se creará un imaginario para que las personas plurisexuales no puedan existir.

Aparición de la bisexualidad y el concepto de ‘evolución’

Antes de que aparecieran los conceptos de heterosexualidad y homosexualidad, a mitad de s. XIX apareció la palabra bisexual (no en medicina, sino en biología, y por tanto era un concepto genérico a organismos y no solamente referido a humanes). La bisexualidad se refería a organismos hermafroditas u organismos que en un desarrollo temprano su sexo era indiferenciado y que más adelante al desarrollarse se diferenciaría entre lo que llamaban ‘macho’ o ‘hembra’. Por tanto, la primera vez que apareció la palabra bisexual no era para referirse a una orientación sexual, sino que era un concepto que giraba en torno al ‘sexo’ y al hermafroditismo de los organismos.

En la misma época Darwin empezó a desarrollar su teoría de la evolución y de la selección natural. De toda la teoría de Darwin, lo que más se cogió y perduró y que atañe a esta conceptualización que estoy dando, es la idea de que la diferenciación en dos ‘sexos’ y la reproducción sexual favorece la adaptación y por tanto es más ‘evolucionado’. No es lo que dijo así exactamente, pero como digo es lo que más se utilizó después y perduró.

Además, se afirmó que algún progenitor remoto de todo el reino de los vertebrados parecía que había sido hermafrodita o andrógeno y cuando evolucionaron, los órganos ‘sexuales’ se diferenciaron y especializaron en sus funciones y aparecieron los dos únicos reconocidos ‘sexos’. Y algunos experimentos a mitad de s. XIX demostraron que en las primeras semanas de gestación ‘el sistema urogenital del embrión humano es indiferenciado en cuanto al sexo’. Y aquí todo se mezcló.

Por tanto, conceptualmente la bisexualidad en este contexto, entendida como indiferenciación sexual (más vinculada al hermafroditismo), es considerada una fase inmadura del desarrollo humano y se relacionará con: niños, razas ‘primitivas’, la conducta animal, y lo que no es del todo humano (teniendo como lo que es totalmente humano la cultura occidental, evidentemente). Estamos viendo, además, que aquí se está mezclando también con ese proceso de clasificación y de racialización que estaba tan ligada al colonialismo.

Ya hemos comentado antes en ese esquema que las personas que no caían claramente en alguno de los dos ‘sexos’ definidos eran molestas en todo ese aparato que se intentaba construir. Y ahora además, también vemos que se había estado formando un ideario acerca del hermafroditismo (y llamado bisexualidad) en el que lo ponía en un pasado primitivo no evolucionado.

Además, recordemos que también se había estado creando la idea de que la atracción hacia dos ‘sexos’ (llamado hermafroditismo psicosexual) molestaba y se tomaba como algo irreal. Y más adelante se unirían los dos conceptos llamando bisexual también a la atracción hacia dos ‘sexos’.

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deconstruyendo los discursos hegemónicos y científicos de la orientación sexual: desorientación, fluidez, inestabilidad y confusión como actos revolucionarios (III – teoría de la inversión sexual y hermafroditismo psicosexual)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Tercera parte. El mes de Abril de 2016 se celebraron las I Jornadas Desorientadas en Madrid. En esas jornadas di una charla sobre monosexismo, su discurso y de como se ha construído este discurso. El audio de la charla lo tenéis aquí (aviso de contenido del audio: lenguaje cisexista e intersexfóbico debido a estar explicando el discurso médico entorno a las orientaciones). Esta es la tercera parte. La primera la podéis leer aquí y la segunda aquí.

Aviso de contenido: lenguaje heterosexista, monosexista, cisexista e intersexantagónico por estar explicando el discurso médico alrededor de las orientaciones.

Antes de sumergirnos en la historia de cómo se ha conceptualizado la plurisexualidad, a través de la ciencia y a través de los intereses sociales que había detrás, conviene comentar algunas cosas.

En primer lugar, tal como se conceptualizaron y crearon las orientaciones sexuales en la ciencia, desde el siglo XIX, no se hablaba de atracción entre ‘géneros’, ni de relaciones entre personas de un ‘género’ o de otro. El género no estaba conceptualizado ni tenido en cuenta en ciencia. Todas las teorías giraban en torno a lo que llamaban ‘sexo’, o sea, entorno a lo que se leía por la genitalidad de las personas a las que se estudiaba. La razón principal por la que se hizo de esta manera era porque, no solamente se estaba construyendo el concepto de orientación sexual, sino también se estaba intentando hacer una separación entre dos sexos opuestos. Una separación definida por la genitalidad de las personas, e imponiendo a la vez que esa diferenciación fuera la base para una diferenciación de comportamientos y roles.

Las personas que no se sentían identificadas con esta imposición asignada, personas trans, fueron a través de esta historia, también invisibilizadas. Evidentemente, esta no solamente es una historia sobre el monosexismo, también lo es de la transfobia, de la homofobia, del sexismo, y todo aquello tan ligado a nuestra cultura patriarcal.

Muchas prácticas sexuales o afectivas que se leían como ‘homosexuales’ o entre personas del mismo ‘sexo’, podrían tratarse de relaciones que no fueran ‘homosexuales’, por tratarse de personas que se leían desde estos paradigmas de una forma que no era correspondida en cómo se identificaban. No obstante, no puedo hablar de estas teorías a través de cómo hablamos hoy en día sobre las orientaciones y los géneros, por lo que tendré que hablar de ‘sexos’, y solamente de dos.

También habrá algunos momentos en los que hable sobre hermafroditismo. Veremos más adelante que el término bisexual nació en la biología y era un término que se relacionaba con lo que llamaban en biología hermafroditismo (no solamente para referirse a personas humanas, sino a organismos en general). Mi intención no es igualarlo a la intersexualidad, aunque son discursos que evidentemente también han afectado a todas aquellas personas que no caían exactamente en los dos sexos que se querían imponer de alguna forma.

También existe una invisibilización total de la posibilidad de la existencia de géneros no binarios, que no son ni hombre ni mujer. No puedo, por tanto, en esta historia de hablar de géneros no binarios, porque para ese discurso ni tan solo existían los géneros, como ya he comentado.

Y, aunque hoy en día las personas plurisexuales hablamos de atracción hacia géneros, hacia algunos, muchos, todos, lo que sea, y no hablamos solamente de dos géneros, ni nos centramos en los sexos, la historia con la que se nos ha ‘construído’ habla solamente de ‘sexos’ y específicamente de dos ‘sexos’, y es por eso que estaré hablando a partir de aquí.

Tenemos que recordar que tanto socialmente como científicamente se ha hablado de nosotres desde fuera, desde arriba, desde el ‘poder’. En esta historia nosotres solamente éramos meros objetos de estudio donde constantemente se nos definía sin que nosotres tuviéramos ningún poder en toda esta definición y explicación. Y actualmente se nos ve socialmente de unas formas concretas y con unos estereotipos justamente por cómo se nos ha definido desde fuera en esta historia, no desde nosotres mismes.

Teoría de la inversión sexual

Antes de que aparecieran los conceptos de orientación sexual, en el s.XIX, las prácticas entre personas del mismo ‘sexo’ eran penalizadas en muchos países ‘occidentales’, y también moralmente y socialmente castigadas. Se las llamaban prácticas ‘contra natura’. No se veían igual si eran personas leídas como de un ‘sexo’ u otro, como tampoco según como eran esas prácticas, pero no tengo tiempo para entrar mucho aquí.

En ese contexto empezaron las primeras teorías sobre la homosexualidad que intentaron, sobre todo, ‘naturalizar’ estas prácticas, verlas como algo que no se escogía, sino que eran innatas, para que dejaran de ser castigadas. Recordemos que lo natural es exento de ‘carga’ moral, ya que no se escoge. El problema es que aunque se ‘naturalicen’, al ser algo que realmente no es aceptado socialmente, no están exentas de querer ser corregidas, y por tanto, se tratará de hacerlas entrar en la enfermedad para que se las someta a ‘tratamiento’. No todos los que hicieron teorías al respecto querían que fueran tratadas como una enfermedad, pero al final lo que perduró y se cogió fue eso.

La teoría que más resonó fue la de la inversión. Esta teoría partía de la idea de que la atracción tenía que ser siempre por narices entre personas de los dos sexos opuestos, y que por tanto, cuando te sentías atraída por una persona del mismo sexo quería decir que tu psique, tu mente, era del sexo opuesto al que se te leía físicamente. O sea, que eras invertida.

Hermafroditismo psicosexual

En esta teoría de la inversión sexual las personas que se sentían atraídas por los dos ‘sexos’ eran personas que tenían psicológicamente los dos ‘sexos’, y se las llamaba ‘hermafroditas psicosexuales’. En este caso, mi psique ‘femenina’ se sentiría atraída por los hombres y mi psique ‘masculina’ por las mujeres.

Pero no es tan simple. De hecho, aunque apareció y se usaba el término, a las personas que se dedicaban a estudiar nuestras sexualidades, la trataban de una forma particular. En realidad, la atracción hacia los dos ‘sexos’ será tratada como algo que molesta incluso en los datos y como algo más bien irreal.

Podemos ver, por ejemplo, una cita de Havellock Ellis, donde habla del hermafroditismo psicosexual en la última edición del ‘Sexual Inversion’. Al ser la última versión del texto, en vez de utilizar hermafroditismo psicosexual ya usa la palabra bisexual. Pero para que nos entendamos el concepto era el mismo, atracción hacia los dos sexos con una idea de inversión sexual. En esta cita, que es un poco larga, aparecen las metáforas que he comentado anteriormente (en negrita):

La más simple de todas las clasificaciones posibles, y aquella que yo he adoptado en ediciones anteriores del presente estudio, simplemente busca distinguir entre esos que, no sintiéndose a traídos exclusivamente hacia el sexo opuesto, se sienten atraídos exclusivamente hacia el mismo sexo, y aquellos que se sienten atraídos por los dos sexos. El primero es el homosexual, se origine o no su atracción por una inversión genuina. Los segundos son los bisexuales, o, como fueron a menudo antes denominados, siguiendo a Krafft-Ebing, hermafroditas psicosexuales. Parecería que habría una amplia y simple agrupación de todas las personas sexualmente funcionales en 3 divisiones completas: el heterosexual, el bisexual y el homosexual.

No obstante, esta clasificación primaria parece que no tiene utilidad práctica. El grupo bisexual introduce incertidumbre y duda. No solo que una gran proporción de personas que podría considerarse normalmente heterosexuales han experimentado en sus vidas un sentimiento que podría llamarse sexual hacia individuos del mismo sexo, sino que además una gran proporción de personas que son definitivamente y remarcadamente homosexuales se ha visto que han experimentado atracción sexual hacia, y han tenido relaciones con, personas del sexo opuesto. La presión social, instando a todas las personas a pasar por el canal sexual normal, es suficiente para desarrollar este tipo de gérmenes de heterosexualidad que las personas homosexuales pueden poseer, que las haría bisexuales. En la mayoría de las personas adultas bisexuales parecería que la tendencia homosexual es más grande y más orgánica que la tendencia heterosexual. (…) Por tanto, aunque la división en heterosexual, bisexual y homosexual es una útil división superficial, apenas es una división científica.”

La mayoría de los bisexuales prefieren a su mismo sexo. Es curiosamente raro encontrar una persona, sea hombre o mujer, que, por elección tuviera relaciones con los dos sexos y prefiera al sexo opuesto. Esto parecería indicar que los bisexuales realmente serían invertidos.”

Queriendo crear un aparato de discursos en el que se quiera, sobre todo, salvaguardar a la heterosexualidad de una posición de privilegio (o sea, imponer que sea la mayor de las verdades y realidades) todo aquello que pueda llegar a molestar son cosas que crean duda e incertidumbre. Y como sabréis, lo que molesta hay que quitarlo de en medio.

Aunque se nos diga a menudo de nosotres que estamos confundides y no sabemos lo que queremos, ya sabemos que no somos las personas bisexuales las que realmente creamos la duda o la incertidumbre, sino aceptar nuestra posible existencia cuando se intenta pasar por un aparato de control como es el de la heterosexualidad obligatoria.

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