una mirada crítica a la comunicación no violenta

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: técnicas de dominación, individuliasmo, neurocapacitismo, privilegios, jerarquías, estructuras de poder

 

Deconstruirte y reconstruirte en entornos no monógamos implica hablar mucho sobre emociones, comunicación y relaciones. En estos contextos la herramienta más tratada y utilizada cuando se habla de comunicación es la Comunicación No Violenta (CNV), hasta haberla convertido en el opio de las no-monogamias y del poliamor: casi todos los eventos sobre no-monogamias acaba apareciendo algún taller sobre CNV o alguna propuesta parecida. Pero tenemos que ir con cuidado, ya que todo lo que se presenta siempre como la gran y perfecta solución “neutra” a todos los problemas (como se suele hacer con la CNV) acostumbra a estar lleno de todas las estructuras de poder que el manto de “neutralidad” siempre intenta esconder, ignorar o pasar por alto. El hecho de haber visto utilizar esta “herramienta” comunicativa tantas veces por parte de personas (especialmente hombres) que manipulan, maltratan y abusan, es para mí una alarma suficientemente importante que me lleva a querer comprender mejor cuáles son los puntos más problemáticos. Y no, no soy de la opinión de que estas personas hacen un mal uso y tergiversan la CNV, sino que creo que la problemática radica en la base misma del discurso que construye la CNV: el paradigma liberal del individualismo.

No quiero tampoco decir que todo en al CNV me parezca problemático, y se tiene que admitir que la CNV tiene cosas que ayudan a empoderarse y a comprenderse un poco mejor a une misme. Parece también una buena herramienta cuando estás en una relación horizontal. El problema básico de la CNV es que obvia las estructuras de poder, las técnicas de dominación y las jerarquías que a menudo hay en las relaciones, y obviar esto es muy peligroso porque supone una forma de ver las relaciones muy simplista y genera muchas complicaciones y violencias (especialmente hacia les afectades por estructuras de poder, discriminaciones y opresiones). Esto es porque parte de una idea individualista de las relaciones que ve a las personas como seres aislados e independientes los unos de los otros y que solamente se afectan de forma puntual y voluntaria. De esta manera obvia e ignora la interdependencia, la afectación mutua y constante y la responsabilidad compartida.

La CNV propone un tipo de comunicación a la que llama la forma “natural” de comunicarse y conectar entre las personas; según el creador de este tipo de comunicación, las demás formas de comunicarse no son “naturales” y son violentas. La valoración sobre qué s violento es un proceso cultural, no es “universal”. Además, no existen formas de comunicarse más naturales que otras, ni más culturales que otras, ni natural tiene porque significar menor que “no natural”: todo lo que leemos como “no natural”, o sea como social o cultural, nace de la naturaleza y la naturaleza es influida también por la cultura. Esta táctica de decir qué es más natural lo que pretende es darle una situación de privilegio, universalizándola: un proceso que coloca la mirada occidental y blanca al centro y obvia que otras culturas pueden construir formas diferentes de comunicación y de violencia.

Una de las bases de la CNV es lo que llaman “dar de forma natural” (seguimos con el paradigma de la “naturalidad”): todas las necesidades quedan cubiertas sin obligar nada a nadie y haciendo solamente las cosas que cada une desea hacer de forma “natural”. Se supone, por tanto, que todas las tareas siempre quedarán cubiertas porque siempre habrá personas que las quieran hacer, una cosa que es fácil de sentir y naturalizar cuando ha habido tareas que siempre te las han hecho les demás y ni tan siquiera hace falta tenerlo que apreciar (como por ejemplo cuando ers un hombre y ciertas tareas del hogar o de cuidados hacia uno siempre me han sido cubiertas con más facilidad). Obvia que si cada une solamente hace las tareas que “naturalmene” quiere hacer es posible que haya tareas que nadie querrá hacer y que se tendrá que encontrar una solución compartida por cómo hacerlas; normalmente este tipo de tareas se encargan de forma sistemática personas de colectivos minorizados, a los que se les ha colocado en una posición para que parezca que “naturalmente” escojan hacer estas tareas. Por este motivo la CNV deja fuera la responsabilidad compartida y colectiva y obvia que muchas decisiones de lo que une desea o no hacer son culturales y no “naturales”.

La CNV llama violencia a negar la propia responsabilidad de los acttos y de las emociones utilizando expresiones del tipo “tengo que hacer alguna cosa” (expresión que indica obligatoriedad) en vez de expresar que lo hago porque lo escojo, auto-responsabilizándome de mis decisiones, actos y emociones.  Por un lado, esta visión ayuda a tomar consciencia de las cosas que hacemos y del poder que podemos tener en cómo nos sentimos con lo que nos rodea en vez de estar siempre otorgando este poder externamente: por tanto, es un paso hacia la autonomía y ciertos empoderamientos. No obstante, es una visión que ignora que hay personas que tienen una limitación mucho más grande de lo que pueden hacer o de lo que pueden escoger. Me da rabia que incluso en muchos ejemplos que pone la persona que creó la CNV (un hombre blanco y con una bueno colección de privilegios) explica que las personas oprimidas (como las racializadas) tienen menos opciones para escoger pero que aun así son libres: según él, siempre puedes escoger morir en vez de hacer lo que se te pide. Este pensamiento es un pensamiento liberal y que proviene de una posición de muchos privilegios. Tener menos opciones, o escoger bajo coerción, no es escoger libremente.

Por otro lado, la idea de que somos libres y totalmente responsables de lo que hacemos y sentimos puede ser utilizado por personas con muchos privilegios para “escaquearse”, especialmente de las cosas que hacen que afectan a les otres: si tú eres responsable de lo que sientes y de lo que te pasa, lo que yo haga o deje de hacer no es importante, y cómo te sientas debido a mis acciones no es responsabilidad mía, aunque sean cosas que te afecten directamente. De esta manera muchas veces personas con más privilegios, especialmente hombres, utilizan la CNV para no responsabilizarse de muchas agresiones o actos que afectan  a sus relaciones.

La CNV diferencia entre “observaciones” (objetivas) y juicios o valoraciones (subjetivas). Según la CNV para comunicarnos de forma no violenta lo tenemos que hacer a través de las observaciones objetivas, intentando evitar las valoraciones “subjetivas” sobre lo que las demás personas hacen: por ejemplo, decir que una persona nos está ignorando es un juicio y una valoración subjetiva, pero decir que no nos ha respondido es una observación. Hacer esto nos permite no evaluar cosas que desconocemos (no sabemos si una persona no nos responde porque nos está ignorando o bien porque no nos ha oído bien, no se encuentra bien o por algún otro motivo) ni otorgándole nosotres nuestras intenciones, deseos o emociones.

No obstante, hacernos creer que existen observaciones objetivas es peligroso, ya que por defecto lo que es a menudo descrito como “observaciones” objetivas suelen caer con la definición concreta del mundo que nos rodea, a menudo vinculada a los privilegios (la objetividad corresponde a la mirada del hombre blanco cis heterosexual de clase media/alta neurotípico sin diversidad funcional, etc), y por tanto exigir este tipo de observaciones a quien más beneficia es a quien más privilegios tiene. Siguiendo con el anterior ejemplo, suponer que la otra persona no nos ha respondido también puede ser una valoración subjetiva y cultural que se corresponde a una definición sobre lo que es o no una respuesta y lo que es aceptado o no como comunicación “válida”: podría ser que la persona dentro de sus capacidades comunicativas nos haya respondido pero nosotres no lo hayamos entendido así cuando lo leemos o interpretamos a través de las normas culturales sobre comunicación. Este razonamiento, además, no nos permite hacer valoraciones de muchos de los actos que recibimos de otras personas: no nos permitiría decir que una persona nos está maltratando, engañando, manipulando, etc, ya que según la CNV esto son valoraciones subjetivas. ¿Cómo de positivo es no poder hacer este tipo de valoraciones, por muy subjetivas que nuestra cultura nos diga que son? ¿No será que la “subjetividad” está subvalorada?

La CNV te dice que para expresar emociones no tienes que decir nunca que las demás personas te hacen sentir como te sientes, sino que tienes que decir que cuando la otra personas hace algo tú sientes de una manera determinada, desresponsabilizando a le otre de cómo te sientes, autoresponsabilizándote tú y desligando las acciones y emociones (reacciones) de cada persona. Esta es una forma de ver las relaciones como personas separadas que no se afectan y con responsabilidades separadas en vez de ver la responsabilidad de las relaciones como responsabilidades compartidas. ¿Verdad que cuando yo le doy un puñetazo a alguien tengo parte de responsabilidade del dolor que pueda sentir? ¿Verdad que cuando consigo una meta con otres compañeres más es responsabilidad de todes el bienestar que yo pueda obtener? (Y de hecho muchas metas que conseguimos y creemos, y nos hacen creer, que son individuales, son gracias a muchas otras personas). Es muy fácil que este discurso sea utilizado por parte de manipuladores para desresponsabilizarse de emociones que provocan a otras personas  través de las técnicas que usan para manipularlas o maltratarlas: si tú eres totalmente responsable de tus emociones, mis manipulaciones no lo son.

Finalmente, una de las “estrellas” de la CNV es lo que llama “empatía”, que para mí es una de las más problemáticas. Aunque hay muchas definiciones y formas de sentir sobre qué es la empatía, la CNV describe el proceso empático a través de “leer” e interpretar qué necesita la otra persona sin que ésta lo exprese. Según la CNV, cuando una persona se “queja” de alguna cosa que estás haciendo tú o te exige alguna cosa es porque tiene una necesidad que no está siendo satisfecha. Lo que propone la CNV es girar la tortilla cuando alguien te señala alguna queja y expresarle qué es lo que tú crees que ella siente y qué debe necesitar. Según la CN este acto es un acto de preocupación hacia la otra persona.

Encuentro muy violento que si una persona no ha expresado cuáles son sus emociones ni necesidades sea otra persona quien se lo diga (aunque lo exprese con una pregunta) a través de una suposición y lectura. Haciendo esto lo que haces es focalizar la atención en otra cosa diferente a la que ella señalaba: unas emociones y necesidades que tú le otorgas, además excusando en una supuesta preocupación por ella. Es incluso contradictorio con uno de los postulados que he presentado anteriormente sobre no hacer juicios o valoraciones, ya que suponer qué necesidades tiene le otre no es una lectura subjetiva. ¿Cuántas veces he visto manipular a través de este tipo de “empatía”? Muchísimas. Siguiendo con ejemplos: si intentas señalar alguna agresión lo que automáticamente se te cuestionaría es cuáles deben estar siendo tus emociones y buscando tus necesidades y “carencias” que te llevan a aquellas emociones, como si no fuera la agresión en sí la que te provoque la emoción, ya que la persona que te agrede no es responsable de tus emociones. Esta es una de las partes más explotadas de la CNV y una de las más violentas.

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memorias de una C (VI – romper con la monogamia)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la sexta y última parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí la cuarta aquí y la quinta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación.

 

Muchas veces en nuestros propios discursos críticos (sobre el pensamiento monógamo y feministas) nos olvidamos de incluir a este tipo de relaciones, ya que, aunque intentemos romper con muchas de las partes del pensamiento monógamo, hay algunas cosas que aún restan invisibles. Hemos basado la mayor parte de nuestra lucha en combatir la violencia en la pareja (muy necesaria lucha, evidentemente) y en la liberación sexual, pero nos hemos olvidado del que recibía precisamente una violencia de borrado, reproduciendo el mismo borrado.

Un ejemplo de esto se ve en el discurso que hacemos sobre los cuidados. Los cuidados son muy importantes en las relaciones: son la forma de tratarnos que no pase por la dominación ni la objetificación. Se ha generado discurso al respecto, aunque muchas veces sin que nos demos cuenta cuando hablamos de cuidados acabamos hablando de relaciones de pareja, relaciones sexuales o relaciones románticas, solamente (o poco más). Pocas veces escucho discursos que hablen de otras relaciones. De hecho muchas personas nos vemos con la necesidad en muchas ocasiones de pedir que una relación sea reconocida como pareja para sentir que podemos pedir o exigir ciertos cuidados. Los cuidados parten a través del reconocimiento, y sin reconocimiento no puede haber cuidados.

Otra cosa que veo que se repite mucho es la de creer que una vez hemos luchado contra la violencia que se genera en la pareja, ya hemos luchado contra toda la violencia que genera la monogamia. Hace poco leí en twitter una cosa que ya he leído millones de veces anteriormente: que ‘se puede tener una relación monógama que no sea tóxica’. Esta afirmación sólo centra la posibilidad de toxicidad o maltrato de una relación en si es de pareja, o en si es sexual, olvidándose de cómo afecta a otros tipos de relaciones. Este discurso borra la posibilidad de que relaciones que no son de pareja o sexuales o románticas no pueden ser ‘relaciones tóxicas’ porque de entrada ‘no son relaciones’. Y esto lleva implícito violencia, ya que cualquier maltrato que pueda haber fuera de lo que son consideradas relaciones, se borra y se invisibiliza, un acto violento de por sí. Por tanto, el reconocimiento no es solamente importante para recibir cuidados, sino también para poder señalar violencias.

Y, finalmente, también he visto una fuerte crítica hacia las jerarquías en las parejas y la violencia que comportan, una crítica que ha aportado mucho a los discursos dentro de las no-monogamias, muy necesaria y que a muches nos ha ayudado a respirar un poco más. Un ejemplo es el libro de ‘More thanTwo’ donde explican qué son y qué no son las jerarquías y cuáles son las consecuencias de éstas (que en parte son las que he estado explicando hoy). No obstante, otra vez, este discurso se olvida de las relaciones que no son consideradas de pareja ni en cómo se aplican estas jerarquías en estas relaciones.

 

Romper con la monogamia

Como he comentado antes, muches sentimos la necesidad de pedir ser considerades pareja para sentirnos valorades, reconocides y cuidades; especialmente personas que se encuentran en situaciones más vulnerables y que sin compromisos en las relaciones les es más difícil poder cubrir sus necesidades. Y quien dice pareja, dice desear de alguna vez algún tipo de jerarquía, para poder encontrar una cierta tranquilidad relacional en nuestra vida. Esto es debido a que fuera del ámbito de la pareja, el consumismo relacional nos pone a muches en situaciones muy vulnerables. La pareja parece, en una sociedad capitalista y agresiva que nos vulnerabiliza a muches, el único sitio donde encontrar cierto resguardo. Pero, evidentemente tampoco estoy comentando esto para ahora hacer una oda a la pareja, sino más bien utilizarlo como visibilizador del verdadero problema: tratamos al resto de relaciones tan mal, que la única forma que a veces encontramos de ‘salvarnos’ es resguardarnos en la pareja. Si no se hace este ejercicio quedaríamos (especialmente las más vulnerables) totalmente expuestas.

Romper con la monogamia no tendría ‘solamente’ de implicar romper con el pensamiento que no nos permite tener más ‘parejas’ o poder tener más sexo con otres; tampoco tendría ‘solamente’ de implicar aprender a hacer esto sin maltratarnos entre parejas o amantes sexuales. Para mí, romper con la monogamia, es ir a su raíz: es romper con esta constante jerarquía, la objetificación que borra relaciones, sus cuidados, compromisos, así como sus violencias y maltratos.  De hecho para mí, la liberación sexual y afectiva es más secundaria. Para mí, romper con la monogamia, para mí, es aprender a ser más conscientes de les ‘otres’: de todas  las personas con las que nos relacionamos, y también con aquellas que se relacionan con nuestras relaciones. Todes tenemos que ser merecedores de ser reconocides, así como también de afecto, de cuidados y de poder ‘ser’.

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memorias de una C (V – violencia monógama)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la quinta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí y la cuarta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, violencia monógama, técnicas de dominación.

 

Violencia monógama

Este proceso de objetificación hacia cierto tipo de relaciones propicia también que se generen y que se consoliden (juntamente con las otras opresiones que padecen estas personas) mecanismos que son característicos de las estructuras de poder. Antes de seguir e introducir estos mecanismos me gustaría volver a recordar y hacer hincapié con lo que he comentado anteriormente: las personas con muchos privilegios se pueden beneficiar de las relaciones con pocas implicaciones y por tanto no viven este tipo de violencia de la misma manera, e incluso se podría beneficiar de ella; todo este discurso está pensado especialmente para aquellas personas vulnerabilizadas por otras estructuras de poder, que son las que más fácilmente son excluidas por la monogamia.

A través del imperialismo cultural, las normas sociales que rodean la monogamia como sistema relacional colocan a las C en una posición inferior respecto otro tipo de relaciones. Y cuando digo ‘inferior’ no me refiero a ‘menos importantes’, sino a estatus que te quita voz, a jerarquía. Como he comentado anteriormente, cuando se dice ‘relación’ se piensa siempre en ‘pareja’, cuando se dicen ‘sentimientos’ se piensa siempre en ‘románticos’, o cuando se habla de celos o de problemas relacionales o de maltrato, también se piensa inmediatamente en ‘pareja’. Este imaginario coloca al resto de relaciones en un estatus inferior, invisible, sin reconocimiento de sus emociones, o ni tan siquiera reconocimiento de los problemas que surgen o de la violencia que se pueda generar.

Esto propicia que se pueda crear una situación de marginación (apartades del privilegio que concede otros tipos de relaciones) y desempoderamiento en la propia relación debido a no poder formar parte en las tomas de decisiones de las cosas que les afectan de su propia relación y no poder participar en la creación de las normas y decisiones de su relación. Además, también propicia la explotación relacional, cuando, por ejemplo, las C acompañan emocionalmente a A y B (para beneficiar su relación), pero este acompañamiento no se recibe debido a que las emociones de A y B son reconocidas, mientras que las de C no. O bien, en el contexto competitivo que he explicado anteriormente, el hecho de estar en constante lucha competitiva para poder conseguir un lugar reconocido en las relaciones lleva a muches a un desgaste energético, que acaba llevando a un ‘intercambio’ nada justo o sensible.

Y, finalmente, podríamos llamar a este tipo de mecanismos como un tipo de violencia monógama. Así como se ha especificado y como se ha hablado de la violencia que se genera en las pareja, y bien podríamos llamar este tipo de violencia como violencia monógama (donde hay la apropiación, demanda de exclusividad, mitos del amor romántico, jerarquías entre componentes de la pareja, roles sociales de dominación y maltrato, etc), cuando estamos analizando la monogamia nos olvidamos (como no) de la violencia que la propia monogamia ejerce hacia otres fuera de la pareja (esto ya es un hecho violento de por sí); y es que este tipo de violencia se basa mucho en la invisibilización y el borrado. Un ejemplo de este tipo de violencia podría ser que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como le ‘otre’, o le ‘amante’’ (conceptos que marcan una ‘otredad’), o se nos recuerdo que ‘sólo’ somos amistades (colocándonos en una posición donde no podamos pedir nada si lo necesitamos). Violencia es que no se te escuche cuando estás intentando expresar algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona, sean los que sean, sin tener sensibilidad contextual y del momento. Violencia es que se te tenga en cuenta para hablarte sobre los problemas de pareja de le otre, pero que tus problemas no sean válidos por no ser pareja. Violencia es el consumo relacional. Violencia es que intenten demostrar que no eres nadie para que no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación.

 

Una vez vi una serie de televisión de Estados Unidos donde un hombre había abandonado a su mujer y su hija durante bastantes años debido a estar trabajando como policía infiltrado en un caso. Después de todos los años ‘desaparecido’ vuelve a aparecer en la vida de su mujer e hija. Él intenta recuperar la relación con su mujer, pero la mujer está muy molesta por todo lo que ha pasado (obviamente). En un momento dado de la serie, ella descubre que él había estado con otra mujer durante esos años, y ese acaba convirtiéndose también en uno de los argumentos para no poder retomar su relación: ‘si has estado con otra es que no me quieres suficiente’. Durante todo un capítulo entero el hombre intenta convencer a su mujer que aquella ‘otra’ mujer no es ‘nadie’. Demostrar que alguien no es ‘nadie’, haya representado lo que haya representado en tu vida, es un acto muy violento.

 

Técnicas de dominación y monogamia

 Una vez estaba teniendo una conversación emocionalmente complicada e intensa con una persona con quien llevaba bastante tiempo manteniendo una relación cercana. En un momento dado conseguí comunicarle una cosa que me costó mucho y que era importante: hacía tiempo que me estaba sintiendo dejada, apartada y poco cuidada (especialmente respecto otra relación más reconocida y que parecía más de pareja o principal). Él se dio cuenta rápidamente de que eso era cierto y me dijo que tenía razón. No obstante, después de afirmarlo se ‘defendió’ diciendo que eso le estaba pasando debido a mi (‘mala’) reacción que tuve yo un año antes cuando él me dijo que volvería a ver a su exnovia. Me hizo sentir muy mal y culpable. Tardé horas en darme cuenta de que mi reacción un año antes (una reacción que se basaba en, simplemente, dejar de hablar unos días porque había colapsado emocionalmente) había sido debido al hecho de que me entrara pánico ya que anteriormente siempre me había tratado muy mal cuando tenía relación con su exnovia. Esa táctica que utilizó en ese momento él es una técnica de dominación llamada ‘hacer sentir culpable’.

Hacer sentir culpable a otra persona es una técnica de dominación. Las técnicas de dominación fueron introducidas por Berit As (feminista escandinava) y son mecanismos que se utilizan para ejercer poder sobre otra persona, donde normalmente se aprovechan normas sociales que facilitan la dominación sobre ciertos colectivos oprimidos.

Se invisibilizan a las C a través de técnicas como no reconocer la relación, negar su propia existencia, borrar la relación, etc. Nuestras demandas de compromisos o de cuidados se ridiculizan llamándolas excesivamente demandantes y como es esto nos hiciera más dependientes, en comparación de lo que puede pedir una persona que es pareja principal. Cuando pedimos se nos hace sentir culpables por estar intentando ocupar demasiado espacio en la vida de le otre, especialmente espacio que tendría que ocupar la pareja principal. A las C se las acostumbra a esconder la información mientras se toman decisiones de cosas que les afectan.

 

 

 

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memorias de una C (IV – competitividad y consumismo relacional)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la cuarta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí y la tercera aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, competitividad, consumismo relacional.

 

Competitividad y las C

 La competitividad es una situación en la que dos o más persona entran en lucha para poder obtener alguna cosa. Esta lucha implica que una (o unas pocas) ‘gana’ y las demás, las otras, quedan fuera (excluidas). La monogamia es muy competitiva, ya que el afecto, los cuidados, los compromisos y el reconocimiento solamente se dan hacia una persona, haciendo que se puedan dar situaciones de competitividad para poder conseguir reconocimiento de una persona (compitiendo entre personas que quieran obtener reconocimiento de la misma persona). Esta competitividad en las relaciones podrá ser tanto para obtener un prestigio social (obtener ‘trofeos’ en forma de relación que te hagan obtener más privilegios sociales), o bien simplemente reconocimiento personal o cuidados, y vendrá dada por una combinación de muchas cosas: las creencias y normas sobre las relaciones (la propia idea de que solamente una persona puede acceder al reconocimiento), como nos enfrentamos a una metarelación (la relación de una relación nuestra), o bien también con qué sensibilidad nosotresmismes colocamos a nuestras relaciones que puede facilitar o no la competición (especialmente debido a factores estructurales, como por ejemplo cuando reconocemos a quien más privilegios tiene, quien es más guapa, quien tiene más facilidades económicas, o sociales, etc).

Las C, al ser relaciones colocadas en una posición donde no pueden tener voz en su relación, se ven en competición muchas veces con las personas que sí que tienen voz en su relación aunque no formen parte de ella. Las C estarían en constante lucha para poder conseguir una posición reconocida, donde pueda haber un mínimo de cuidados, o se les tenga en cuenta, quedando siempre finalmente excluídas. Todo esto vendría fomentado especialmente por otras estructuras que, en comparación con la otra relación, las excluiría (cuál sería la más guapa, cuál tendría unas capacidades sociales más destacables, cuál sería del género que haría de la relación más reconocida, etc). Por tanto, esta situación pone a las que tienen menos privilegios en situaciones más vulnerables excluyéndolas de forma más frecuente y las que ayudarían a colocarla en una posición C.

 

Diario de una C (Historia 3)

Últimamente siento que tengo mucha ansiedad, acumulo mucha tensión y toda mi atención está yendo a parar a B; tanto, que no me queda tiempo para mí, ni para el resto de mis relaciones. Pero es que me siento constantemente desplazada, que no importa lo que diga o exprese, que se me aparta siempre. Y es muy sutil, que cada vez que quedo con B en alguna cosa, al cabo de unos días me comenta que lo ha hablado con A y que A le ha hecho una propuesta que, en comparación con lo que había hablado conmigo, le ha convencido más y que mejor hará lo que A le ha pedido. No entiendo porque tanta comparación, siento como si se me hubiera puesto en una competición que yo no he pedido.

Y ahora tengo miedo. Tengo miedo a hacer o decir cualquier cosa que haga que se me aparte todavía más. Sin darme cuenta he dejado de expresar cosas que siento o pienso, que me afectan, por miedo a que se me aparte más, y acabo siempre diciendo todo aquello que creo que hará que no se me desplace. O sea, no me puedo enfadar, no puedo expresar disconformidad, no puedo hacer ninguna crítica. Solamente puedo mostrarme dócil y complaciente. Y, sobre todo, siento que tengo que conseguir ser de alguna forma mejor que A.

 

Consumismo de C

 Por defecto, cuando se habla y se presenta el tema del consumismo de relaciones se suele definir ‘relación de consumo’ como una relación que no tiene mucha duración en el tiempo. Haciendo esta relación estamos invisibilizando las relaciones de larga duración que son utilitaristas, objetificadas y a través del consumo propio para alguna satisfacción personal, y a la vez negando la posibilidad de que una relación de corta duración pueda ser cuidada, y no objetificada.

También se suele relacionar el consumo de relaciones con relaciones con ‘solamente’ sexo, cayendo en la idea de que el sexo de por sí es objetificador. Esto desde mi punto de vista también es un error, porque borra muchos otros tipos de consumo que no son ‘sexuales’ (que pueden ser emocionales o intelectuales) y a la vez nos hace creer que tener una relación de sólo sexo es consumista. Esto no quiere decir que no se consuma ni se objetifique mucho a través del sexo en nuestra sociedad, especialmente aquellas personas a las que el patriarcado nos objetifica sexualmente. No obstante, no es el sexo en sí, es por como lo utilizamos socialmente para generar poder sobre otras personas. Si se tiene una relación solamente sexual pero se respetan los consentimientos, las voluntades de le otre o se le escucha en cada momento si tiene o no alguna molestia, no es objetificador.

Yo prefiero relacional el consumo de relaciones con la motivación y con la forma de acercarnos a la otra persona, no con la duración de la relación en sí misma, ni con lo que se comparta. Una relación de consumo desde mi punto de vista sería una relación objetificada (donde le otre es un objeto), utilitarista, donde te acercas para satisfacer alguna cosa que tu quieres sin tener en cuenta lo que quiera la otra persona (si quiere o no lo mismo que tu, o si incluso estás saltándote su consentimiento), y quietándole la voz en las cosas que le afectan, y no pensando en las consecuencias de todo ni cómo afecta esto a su vida ni sus relaciones.

Las C ocupan una posición de consumo relacional ya que, como he comentado, no tienen voz en las cosas que le afectan y, por tanto, se acercan a ella teniendo en cuenta sus necesidades (de quienes se acercan), e incluso las de la pareja, pero no las de las C. Se podría incluso ampliar el consumo desde la propia pareja, no solamente de una de las componentes, como a nueva individualidad que consume relaciones.

 

Diario de una C (Historia 4)

Hoy he ido a un encuentro con A y B y he salido de allí muy confundida. No entiendo muy bien porque, ya que tampoco me han dicho nada malo. Resulta que hace un par de meses nos enrollamos les 3. Todo bien (al menos por mi parte) y tampoco se había hablado de llevar la relación hacia ningún lugar en concreto; de hecho me dejaron muy claro que ‘solamente’ querían un amistad. A y B ya eran pareja antes, esto sí, y lo siguen siendo. Hace una semana me dijeron que necesitaban hablar conmigo y que era muy importante.

Esta mañana hemos quedado y de golpe me han empezado a explicar una historia súper complicada de emociones, de cómo vivieron elles dos la situación ese día, todo un proceso emocional de celos trabajado durante más de un mes, y un montón de cosas que no se me pedían directamente pero sí: un montón de comprensión y unas normas a llevar a partir de entonces. Resulta que estas normas (básicamente que yo no puedo hablar ni quedar con cada une de elles por separado) las habían estado hablando elles dos con anterioridad. Han estado más de un mes trabajándoselo y hablándolo entre elles y poniendo estos límites que de golpe me he encontrado.

Pero esto no es todo, porque ahora tengo la sensación de que tengo que ir con mucho cuidado con todo lo que haga o diga con elles porque se me ha medio impuesto que tengo que ser sensible a la situación, ya que es un proceso emocional. También de golpe tengo la sensación de que estoy en una relación con más implicación emocional y creo que yo no he podido hablar, o sea, no ha sido un proceso en el que yo haya podido hablar nada de todo esto, sino que he salido de aquella casa entendiendo que de golpe estoy en una relación con un cierto grado emocional (ya que se me está pidiendo una implicación, comprensión, acompañamiento y empatía), pero donde yo no tengo privilegios de pareja, y donde tengo que aceptar ciertas normas de limitación para ser sensible a sus procesos emocionales. Y claro, a ver, es que tampoco he tenido muchas opciones, solamente podía decir que sí o no a aquella situación. Evidentemente podía decir que no, pero no sé tampoco me siento cómoda con estas dos opciones.

Ahora entiendo un poco más la implicación del ‘sólo’ en la expresión ‘sólo quiero una amistad’.

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taller ‘hablemos de técnicas de dominación’ el 1 de Junio

por wuwei (natàlia)

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El viernes 1 de Junio dinamizaré el taller ‘hablemos de técnicas de dominación‘ en el marco de talleres que estamos ofreciendo La Trobada este mes. El taller empezará a las 18h y durará unas 3 horas. Se realizará en el casal Ca L’Isidret, en la calle Paraguai, 2, Barcelona. El taller se realizará con taquilla inversa (la voluntad) y habrá un pica pica vegano desde las 17.30h, para que puedas venir un poco antes y hablar con nosotres. El precio del pica pica también es la voluntad. No hace falta inscribirse para venir a la actividad. ¡Te esperamos!

Más información en el evento de facebook.

 

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bifobia y activismo: una lucha contra la LGBTIfobia parcial

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: mención de heterosexismo, alosexismo, intersexantagonismo y cisexismo; relato sobre monosexismo en los activismos LGBTI+ y queer, utilización del sufijo -fobia para hablar de violencia estructural.

el motivo por el cual se ha utilizado el sufijo -fobia para hablar de violencias estructurales en este caso ha sido práctico, ya que originalmente este artículo lo había escrito para un medio más generalista donde contextualmente necesitaba utilizar este sufijo.

 

‘LGBTIfobia’ es una expresión que se está utilizando desde muchos colectivos de personas LGBTI+ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, entre otras) para referirnos a las violencias que recibimos por el hecho de pertenecer a alguno o algunos de estos grupos (lesbofobia, homofobia, bifobia, transfobia, intersexfobia, por ejemplo). Aunque la LGBTIfobia es más violenta fuera de los entornos LGBTI+, estas violencias no sólo se viven fuera de estos colectivos, también los vivimos constantemente en nuestros entornos.

Utilizar una abreviación como esta (LGBTIfobia) desde mi punto de vista es problemático: primero porque siempre nos estaremos dejando letras (y por tanto violencias), como por ejemplo la A de asexualidad (y por tanto la asexfobia) u otras plurisexualidades que no son la bisexualidad (como la pansexualidad, la polisexualidad, entre otras); y, por otro lado, aunque su intención inicialmente es la de mostrar más violencias más allá de la homofobia, pone a todas las violencias que padecemos las personas el colectivo en un marco de parecido e igualdad que esconde que cada una de las discriminaciones por cada letra es diferente, funciona de formas totalmente diferentes y es atravesada de forma diferentes a cada una. Lo que se obvia con todo esto es que algunas estamos discriminadas debido a pertenecer a alguna de estas letras mientras a la vez tenemos privilegios en relación con las violencias que viven otras letras y por tanto podemos ejercer violencia hacia ellas. Estas violencias pueden ser ejercidas por personas de dentro del propio colectivo: personas cisgénero (plurisexuales, gays o lesbianas) pueden reproducir transfobia, hombres gays y plurisexuales ejerciendo machismo (y por tanto lesbofobia) sobre mujeres lesbianas y plurisexuales, personas no intersexuales apropiándose del discurso contra la intersexfobia, etc.

Uno de estos múltiples ejemplos es la bifobia que es ejercida y reproducida por las personas monosexuales del colectivo (aquellas que se sientan atraídas hacia un solo género). Hablar, además, de ‘solamente’ bifobia, esconde que existen más orientaciones plurisexuales a parte de la bisexualidad donde existe una atracción hacia más de un género (como las pansexuales o las polisexuales). Más que de bifobia, a mi me gusta hablar de monosexismo, la estructura que oprime y discrimina a aquellas que nos sentimos atraídas hacia más de un género, que engloba otras orientaciones plurisexuales, o aquellas que no se definen con ninguna etiqueta, y también incluye violencias más simbólicas que la ‘bifobia’ no recoge.

La mayoría de las veces el monosexismo es invisibilizado y menospreciado en las luchas LGBTI+. Este menosprecio no sólo se da en activismos LGBTI+ más normativos, institucionales o asimilacionistas, sino también ocurre en los grupos o colectivos más radicales, queer o (supuestamente) más críticos. No es coincidencia, ya que la negación de su propia existencia es la base del monosexismo: la negación de la existencia de la posibilidad de sentirnos atraídas hacia más de un género es una característica del monosexismo y se acaba reproduciendo también en una negación de nuestras violencias que padecemos. En el marco del monosexismo las plurisexualidades no son reconocidas como existentes: socialmente no se nos ve (cuando se nos quiere ver) como mitad heterosexuales y mitad homosexuales, y por tanto como personas que padecemos un 50% de homofobia y un 50% de privilegio heterosexual. De esta forma se niega la existencia de una discriminación diferenciada y que tiene un funcionamiento y mecanismo diferente (por ejemplo, la no existencia o la asignación de estereotipos como que somos inestables, no sabemos lo que queremos, somos promíscuas o que somos infecciosas).

Lo que sí que estamos viendo en los últimos años es un pequeño (supuesto) reconocimiento de la existencia de la bifobia en el activismo LGBTI+ más institucional, normativos y asimilacionista. Este reconocimiento es, no obstante, una trampa, ya que se basa sobre todo en un intento de asimilarnos que utiliza o bien un tipo de bifobia como ‘mitad homofobia’ o bien se acepta como un conjunto de estereotipos que simplemente se tienen que negar: una lucha que parte más de un lavado de cara de la bisexualidad que no de una crítica real al monosexismo y de sus mecanismos. En este tipo de activismo se incluye también en activismo normativo específicamente bisexual. Basar el activismo únicamente en la negación rotunda de los estereotipos que se nos asigna lo que hace es generar dentro del colectivo un rechazo y discriminación hacia aquellas que cumplen con los estereotipos (plurisexuales promíscuas, confundidas, indecisas o que están en fases o fluyen).

Este tipo de activismo, además, suele imponer una sola posible identidad, la bisexual, negando la posibilidad de otras identidades plurisexuales, la opción de no etiquetarse, o la posibilidad de ver la propia sexualidad como cambiante o fluida. Esta obligatoriedad a la estaticidad, a no poder reproducir estereotipos o bien a solamente poderse representar con una identidad, es monosexismo: el monosexismo no solamente nos asigna estereotipos, sino que otorga a éstos una carga negativa, y además impone  que la sexualidad no puede cambiar o ser más diversa.

Existe, no obstante, un activismo contra el monosexismo con una perspectiva crítica, no asimilacionista y transversal, que procura no excluir a personas que están discriminadas por otro tipo de violencias. Este activismo, por tanto, también incluye muchas otras identidades que no son la bisexual y que también les afecta el monosexismo. Este activismo no ataca los ‘mitos’ (ya que las personas promíscuas, o las inestables, o las confusas, no somos mitos), sino que se reapropia de los estereotipos no estigmatizándolos, señalando de donde provienen. Este es un activismo que encajaría dentro del resto de activismos críticos, aunque muchas veces aquellos activismos crícitos LGBTI+ (quees) se obsesionen en negarnos una  y otras vez.

 

 

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cancelación de la última actividad del ciclo ‘encuentros sobre anarquía relacional’

por wuwei (natàlia)

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Por motivos múltiples (personales, relacionales y de espacio) se cancela la actividad que había programada para este sábado 5 de Mayo del ciclo ‘Encuentros sobre anarquía relacional’. Seguramente la volveremos a programar dentro de unos meses. Pedimos disculpas por la cancelación y esperamos podernos encontrar entonces. ¡Estamos bien! Sólo que no podemos ofrecer la actividad 🙂

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a la masculinidad no le falta empatía, le sobra imposición

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: capacitismo, neurocapacitismo, lenguaje capacitista, machismo, dominación, objetificación, cultura del no consentimiento

 

La masculinidad está muy vinculada a la dominación. La dominación tiene muchas caras, y se expresa también a través de todos los privilegios sociales de los que nos beneficiamos (también es una propiedad de la blanquitud, o del rol que toman muy a menudo les adultes hacia les más jóvenes, por poner sólo algunos ejemplo). Aún ser una característica de muchos otros privilegios, está especialmente arraigada en la masculinidad, como también en la visión del mundo que nos rodea que proviene de una mirada burguesa y comercial (especialmente conectada con la conquista y la colonización de nuestra cultura). Una de las múltiples caras de que han señalado en la masculinidad es la supuesta falta de empatía con la que se ha socializado a los hombres y personas masculinas: una falta de empatía que se suele señalas como la problemática en muchos de los problemas relacionales y que hacen que no puedan estructuralmente cuidar.

Pero para poder señalar una falta como esta primero tenemos que comprender qué queremos decir con empatía y, a la vez, cómo ve la masculinidad y como lee su entorno y relaciones. ¿Qué es realmente la empatía? Hay muchas formas de definir la empatía. Hay quien la define como una capacidad para entender, comprender o conectar con las emociones de las otras personas; otres la definen no tanto como una ‘capacidad’, sino como una ‘voluntad’ de comprender estas emociones. He llegado a ver definida la empatía (especialmente en la comunicación no violenta) cómo una forma de leer o interpretar las necesidades de otra persona según una lectura (no a través de una escucha de lo que la otra persona te está diciendo que siente) de cuáles son las emociones que está expresando la otra persona a través de una supuesta ‘objetividad’. Otres la definen como ‘escucha activa’.

No obstante, la empatía, por defecto y por sistema (y por cómo habla de ella la mayoría de las personas), se entiende y se define como una capacidad de conectar y comprender las emociones de la otra persona y de alguna manera poderlas sentir también, especialmente a través de una lectura externa (sin necesidad de que te comuniquen estas emociones) de la persona o de la situación. En la manera como se entiende por defecto la empatía no se trata tanto de la escucha de lo que la otra te dice o de comprender y aceptar lo que siente a través de lo que te comenta ella misma, sino de conexión de estas emociones, la mayoría de las veces a través de una lectura externa (una suposición que interpretas cuando observas  la situación y/o la persona).

Ya hice una crítica del uso que hacemos de la empatía en las II Jornades d’Amors Plurals. La forma que por defecto se entiende la empatía es un problema, por muchos motivos. En primer lugar supone que tenemos que tener todes unas capacidades específicas, ignorando que hay personas que tenemos capacidades y formas diferentes de funcionar, de conectar y de leer nuestro entorno. En segundo lugar, este tipo de empatía funciona a través de una lectura y suposición de lo que la otra persona siente: las lecturas tienen el peligro de ser interpretaciones de nuestro entorno que pueden venir dadas, no tanto por la realidad de lo que está sintiendo la persona que estamos ‘observando’, sino más de lo que nosotres interpretamos y sentimos en una situación similar (que puede no ser lo mismo que siente le otre, por ejemplo, como suponer que si a le otre le muerden sentirá dolor aunque a lo mejor elle está sintiendo placer porque le gusta).

Por tanto, y como última problemática, al funcionar como una lectura, lo más probable es que se lea o se interpreta lo que está definido por las normas sociales (estructuras de poder) que se tiene que sentir; o sea, se interpretará lo más privilegiado y las personas con más privilegios serán las que recibirán más empatía por parte de les demás. Todo está construido para que entendamos y empaticemos mucho más con la ‘norma’, y por tanto con el privilegio (con los hombres, con la heterosexualidad, con las personas cis, con les blanques, con les neurotípiques, etc). ¿Cuántas veces hemos empatizado con agresores, por ejemplo? ¿Sería en esta caso la empatía una buena solución a la dominación de la masculinidad? Yo, por ejemplo, he estado  muchos años empatizando con quien me agredía y me maltrataba, y esto ha sido un problema muy grande para mí.

¿Pero realmente necesitamos la empatía para comprender y respetar las emociones de las otras personas? ¿Es necesaria la empatía para no dominar? Cuando rascas un poco en el fondo del problema te das cuenta de que la dominación proviene de la forma que tenemos de ver nuestro entorno, que es cultural y filosófica, y que es una creencia con la que construimos muchas estructuras y formas de vivir y pensar: creemos que todo lo que nos rodea es externo a nosotres y solamente consideramos nuestros deseos y voluntades, pero no tenemos en cuenta las de les demás, que podrían ser diferentes a las nuestras.  De esta manera, para obtener lo que necesitamos tenemos que dominar nuestro exterior y las personas que forman parte de éste. Así es como borramos el consentimiento, por ejemplo. La masculinidad no borra el consentimiento porque no sea capaz de empatizar con quien está dominando, sino porque cree que los deseos y voluntades de aquella persona no son importantes y no se tienen que tener en cuenta. Desde esta mirada lo que acabamos haciendo es no tener en cuenta a les demás, ni lo que quieren, ni lo que sienten, ni lo que desean, y nos relacionamos con elles intentando imponer nuestras necesidades. Evidentemente las necesidades más comprendidas siempre serán las de la persona con más privilegios que siempre serán las que dominarán la situación.

Desde mi punto de vista es problemático seguir señalando la empatía como el problema por el cual la masculinidad domina, agrede o incluso no cuida de las personas de su entorno. Es problemático primero de todo porque la empatía cada persona la define de formas distintas, pero aun así casi siempre se acaba señalando como una capacidad que se supone que todes tenemos que tener, insensibilizando la diversidad de capacidades y formas de conectar con nuestro exterior; también es problemático porque las lecturas que se hacen de las emociones de otras personas no tienen por qué corresponder con la realidad, y además siempre acabará beneficiando más a quien más privilegios tiene. Y, finalmente, como he comentado, nos desvía totalmente de la problemática real sobre la dominación de la masculinidad: que el problema es la negación de las emociones, deseos y necesidades de les otres, e imposición de las propias por encima de todo.  Yo no necesito que la persona que me trata ‘conecte’ con mis emociones, ni que las pueda sentir igual que yo. Yo lo que necesito es que me tengan en cuenta, que sepan que podría tener deseos diferentes, que me pregunten, que me escuchen, y que finalmente respeten mi posición.

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memorias de una C (I – introducción y contexto)

por wuwei (natàlia)

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‘Memorias de una C’ es una charla que preparé inspirada a través de una larga época emocionalmente muy mala debido a las vivencias y los traumas que me produjeron ciertas relaciones jerárquicas. En aquella época, de forma muy inconsciente, empecé a usar la metáfora de las C en las redes sin saber que sería una metáfora que me ayudaría a mostrar la problemática de las jerarquías relacionales. Me apeteció hacer una serie de vídeos cortos bajo el título de ‘Diario de una C’, donde quería mostrar estas problemáticas de las jerarquías a través de escenas de humor; en la serie la protagonista era una tal ‘C’ que se veía envuelta en relaciones con A y B que la llevaban a situaciones absurdas, irónicas, y muchas de ellas dolorosas.

Finalmente no pude hacer la serie por falta de tiempo, pero la idea y las ganas quedaron. Cuando decidí hacer la charla para explicar todo este tema quise rescatar aquella idea del diario y nació ‘Memorias de una C’, una charla donde mezclo teoría con experiencias relatadas a través de un diario donde se habla siempre desde la posición de C. Decidí que todas las experiencias que relataría serían mías, así que en todos los relatos del diario la C soy yo y son experiencias mías; A y B en cada historia son personas diferentes. Espero que se recojan mis experiencias con el cuidado que necesitan, ya que estoy mostrando situaciones de mi vida que me vulnerabilizaron, y lo hago porque creo que es una buena forma de mostrar las violencias que vivimos día a día (ya sabemos que lo personal es político).

 

1ª parte de ‘Memorias de una C’

 Introducción y contexto

 A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a hacer gestiones y a tomar decisiones sobre su relación. Pero estas decisiones no sólo son sobre su relación, sino de rebote también sobre la relación entre B y C, y esta relación también se va afectada. Es igual cuál sea el motivo: puede ser que sea por cuestiones de cómo se decide gestionar posibles celos hacia C (que es a lo mejor el ejemplo más habitual y que se muestra más), o puede ser simplemente por algún otro motivo. C no es informada en ningún momento. C desaparece del mapa discursivo. En grupos de debate todes opinan: sobre A, sobre B, pero nadie se pregunta qué siente, qué quiere, o qué necesita C. Finalmente hay una sentencia final y es posible (sólo posible, no siempre pasa) que se informe a C del veredicto de todo lo que le afecta, y a lo mejor incluso podrá decir ‘sí o no’ (sin muchos más matices). Pero muchas veces se lo tiene que imaginar. Y tragar.

De historias como éstas hay muchas. La que acabo de plantear es bastante típica en las relaciones jerárquicas (monógamas o no monógamas), y es una situación que puede o suele venir de un conflicto debido a la propia existencia de C (como por ejemplo para gestionar celos u otros ‘conflictos’ debido a la aparición de esta ‘otra’ relación); pero a veces también se quita del discurso a C en situaciones donde ni tan siquiera se paran a pensar en su existencia, donde básicamente la borran. Por ejemplo, A y B deciden hacer planes de viaje para todo el verano. Pero antes de esto, B ya había medio hablado con C de hacer alguna cosa durante las vacaciones, y esto se obvia la toma de decisiones entre A y B, que hacen planes sin tener en cuenta lo que ya se había hablado con C, y a lo mejor sólo al final se le informa un poco de las decisiones. ¿Por qué suele pasar esto? Puede haber muchos motivos, pero el más habitual suele ser que A y B sean pareja, pero B y C no (o no son pareja ‘principal’, mientras que A y B sí), y hay una norma social implícita que dice que las parejas (o las más ‘principales’) tienen siempre preferencia y que obviar cosas que afectan a quien no son pareja no es nada negativo.

Yo empecé a preocuparme por las C (y quien dice las C dice también todo el resto de letras del abecedario que van detrás) cuando después de un tiempo en grupos de ‘discusión’ y debate sobre relaciones (especialmente sobre no-monogamias) se ponían los típicos ejemplos A, B y C (utilizando las letras para mantener el anonimato), y por un extraño motivo me di cuenta de que la C aparecía en el primer párrafo, como ‘problema’, como ‘objeto’, pero no como ‘sujeto’, y después desaparecía totalmente. O sea, se empezaban a opinar sobre cosas que afectaban a C pero nadie se preguntaba cómo se sentía C o qué quería C. también se podía observar que en casi todos los comentarios de las demás personas la C no estaba, y cuando estaba, casi siempre era a través de decisiones sobre C, que afectaban a C, siempre hablando de ella, pero ella no participaba del proceso, ella nunca decidía, simplemente esperaba ‘tranquilamente’ su veredicto (la mayoría de veces sin saber que se estaba juzgando un posible veredicto que le podía afectar). O sea, A y B hablaban de C, pero nunca hablaban con C.

Paralelamente a estar dándome cuenta de todo esto, yo estaba en una situación relacional donde constantemente sentía que todo me venía definido desde fuera y nunca podía escoger nada, ni opinar, ni tener voz, ni decidir, ni entender, ni consentir… Como también constantemente se borraban o menospreciaban sus emociones, necesidades o deseos. Era extremadamente doloroso, pero me costaba entender el porqué de mi dolor, ya que era una situación muy normalizada en todos los sitios (o sea, no sólo normalizada para mí, sino que las normas sociales así me lo hacían sentir). Por tanto, sentir dolor en una situación como aquella podía verse incluso como un acto de egoísmo en vez de una reacción por una situación de exclusión o injusticia. Me sentía culpable para sentirme mal, y con poco derecho a pedir nada.

Finalmente uní las dos cosas: lo que estaba viendo sobre las C y mi situación relacional. Además, se juntó en un momento en el que estaba leyendo mucho sobre relaciones jerárquicas poliamorosas y las consecuencias de éstas jerarquías y sin poderlo evitar mucho ni entender el porqué me ponía a llorar. Poco a poco extendí toda aquella información sobre jerarquías en el poliamor a otros tipos de relaciones (también en la monogamia o en el poliamor no jerárquico o cualquier sistema relacional), y finalmente un día me empezaron a salir palabras, como objetificación, violencia, o desempoderamiento. Una vez encontradas las palabras y poderlo señalar, pude empezar a romper un poco más con el sentimiento de culpa y empoderamiento delante de las situaciones que estaba viviendo en mi vida.

Desde entonces llevo desahogándome sobre este tema por las redes sociales, en mi vida personal y en algunos talleres. La primera vez que utilicé la metáfora de las C lo hice para desahogarme en un momento bajo. No sabía que otras personas lo acabarían utilizando también, y la verdad es que me encontré que a muches les resonaba mucho la historia y empezaron a utilizar esta metáfora. También a la vez que ha llevado a algunas confusiones y a definir o interpretar lo que son las ‘C’ de una manera que no es la que yo pretendía. Llevaba tiempo queriéndolo explicar un poco ‘mejor’, y este es el motivo de la charla.

Tampoco quiero ir solamente de víctima en todo esto, claro, ya que aunque yo me di cuenta de todo esto debido a que me atravesaba como C, no quita que yo no haya podido aplicar este tipo  de violencia hacia otras personas. Tenemos que entender que a todes nos han educado para tratarnos mal entre nosotres: objetificarnos, dominarnos, consumirnos o apropiarnos les nues de les otres, y por tanto es una cosa en la que casi todes hemos caído. Ahora bien, intentaré hablar desde la posición de C, porque es como siento que tengo que mostrar todo esto, sin que esto quiera decir que yo no haya podido hacerlo a otres.

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más allá de la brecha salarial: la precariedad económica y las estructuras de poder

por wuwei (natàlia)

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Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 6 de Abril.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

Muchas de las consecuencias sufridas por las personas oprimidas debido a las estructuras de poder no son agresiones físicas o verbales directas y son muy difíciles de cuantificar: por ejemplo, cómo afectan las estructuras der poder a la salud mental, a la salud física, a ser más sensible a padecer agresiones sexuales debido a la objetificación, o bien las consecuencias económicas de estas estructuras. Esto es debido a que mucha parte de la violencia de las estructuras de poder es simbólica y no es directa: se genera un marco donde el lenguaje, los estereotipos, los borrados de ciertas identidades, entre otros mecanismos, propician la explotación, la marginalidad, o la alienación. Uno de los muchos ejemplos es la contabilización de la pobreza y de los ingresos económicos: haciendo estadísticas comparando lo que cobran las personas con privilegios y las oprimidas de cada una de las estructuras de poder casi siempre lo que se observa es que las personas oprimidas tienen más tendencia y probabilidad de padecer pobreza, más precariedad económica o tener unos ingresos económicos inferiores, y esto no siempre es debido a que exista una norma explícita que diga que las personas oprimidas no pueden cobrar tanto como las personas con privilegios ya que muchas veces las causas son más indirectas.

La mayoría de las veces que se habla de esta diferencia económica entre personas con privilegios y personas oprimidas se suele hacer para explicar y mostrar la brecha salarial entre hombres y muejres. En el caso específico de la jerarquía hombre/mujer esta diferencia es por cómo históricamente las mujeres hemos sido (y somos) consideradas inferiores a los hombres (seres menos válidos para los trabajos productivos) y no se nos ha tenido ‘permitido’ cobrar lo mismo para hacer el mismo trabajo, aparte de no tener acceso a ciertos tipos de trabajos (o en muchos momentos a ningún trabajo) o a lugares de más poder (por el mismo motivo).

Pero a veces la diferencia de ingresos puede ser debido a otras causas (también estructurales). Las estructuras de poder afectan, por ejemplo, nuestra salud mental, ya que tenemos que estar cada día moviéndonos en un marco donde el lenguaje no nos representa, donde se nos aliena, margina, explota, o bien también se nos borra o estereotipa. Estamos hablando de afrontar cada día con las limitaciones de muchas estructuras (aparte del machismo ya mencionado) como el capacitismo, el heterosexismo, el racismo, el cisexismo, la gordofobia, entre muchas otras. La baja salud mental nos incapacita muchas veces para trabajar, y facilita el hecho de que se nos vea socialmente como personas con quien se puede confiar menos para contratarnos o para ofrecernos los mismos tipos de trabajos y contratos que a las personas con más privilegios. O, por otro lado, los estereotipos también nos pueden colocar en una posición que dificulta muchas veces el acceso a ciertos lugares de trabajo: por ejemplo, cuando por ser bisexual se te considera una persona inestable y traidora (dos estereotipos ligados a la bisexualidad), y por tanto puede ser un motivo para perder un lugar de trabajo o para que se confíe menos en ti que en tus compañeras de trabajo.

Yo lo vi en mi caso durante los dos últimos años de doctorado. Durante casi todo el doctorado (que duró unos 7 años) padecí una relación de maltrato por parte de una persona con la que compartía trabajo/doctorado; un maltrato que fue beneficiado por el hecho de yo no ser hombre y ser, además, neurodivergente. La relación de maltrato, un entorno laboral angustiante y la violencia que me encontraba también en aquel entorno por el hecho de no ser heterosexual, ni monógama, ni neurotípica menguó día tras día mi energía, mi salud mental, llevándome a mi límite emocional. No podía trabajar y día tras día mi productividad no era suficiente como para que se me considerara una persona mínimamente resolutiva. Finalmente mis jefes acabaron confiando mucho menos en mí que con el resto: esto hizo que acabara teniendo un contrato mucho más precario (por debajo del mínimo, cobrando la mitad que el resto de compañeras) y bajo unas condiciones de estrés más grande que las de mi compañeras.

Una vez una persona, después de compartir con ella un lista sobre los privilegios monosexuales, me empezó a decir (de forma bastante violenta, por cierto) que había un privilegio que era mentira, que qué tenía que ver el monosexismo con los ingresos de una persona. Precisamente el privilegio al que hacía referencia era ‘es menos probable que sufra de pobreza’; la ironía fue que quien me lo dijo era quien llevaba 5 años maltratándome, y me lo dijo justamente cuando llevaba más de medio año cobrando una miseria al mes, menos de la mitad de lo que él cobraba en el mismo departamento y haciendo el mismo doctorado.

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