taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones’ el domingo 16 de diciembre en Barcelona

por wuwei (natàlia)

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El domingo día 16 de Diciembre repetiré el taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones‘. Se hará a las 17h (hasta las 21h) en Barcelona (lugar aún por confirmar). Por tal de construir un espacio más seguro el número de plazas es limitado. Todavía hay plazas. Si estás interesade envíame un correo a wuwei.activismedesorientat@gmail.com.

Más información en el evento de facebook: https://www.facebook.com/events/284898965552522/

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¿el amor también puede doler?

por wuwei (natàlia)

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[imagen: una pared blanca donde hay escrito en negro más resaltado y en mayúsculas “L’AMORE É UNA COSA RARA”. También hay escrito en negro pero más flojo: después de “RARA” pone “es la vida”, una flecha desde “É” señala “FOLLAR”, señalando “UNA” añade “mierda”, y después de “AMORE” pone “e bello”.]

 

aviso de contenido: mención de dolor y sufrimiento, maltrato, abuso, jerarquías, estructuras de poder, objetificación y explotación emocionales

 

“El amor de verdad implica sufrimiento” es un ideal que gira alrededor del amor romántico y del amor en general. Es un concepto con el que nos han rellenado a través de los cuentos, de la televisión, de las canciones, de las historias que nos explicamos entre nosotres, de internet con los memes que acostumbran a resaltar un tipo de amor y de afecto que se expresa a través de la jerarquía, del dolor, del sufrimiento y de la objetificación y explotación emocionales y de cuidados. El amor, según este tipo de amor o de afecto, siempre comporta un sacrificio jerárquico y muy unido a la violencia estructural, machista, y también de otras diferencias estructurales (no solamente utiliza el machismo, sino también se alimenta de la monogamia, del heterosexismo, del capacitismo, del racismo, etc).

Según este ideal por el amor se tiene que sufrir, tanto para poder acceder a éste como por lo que implica en sí mismo una vez obtenido: se tiene que aceptar incondicionalmente todo lo que le otre hace, especialmente cuando eres la parte que está jerárquicamente por debajo. Especialmente la incondicionalidad es una de las armas más destructivas de este tipo de amor que no cuestiona las jerarquías que nos impone, ni el maltrato, ni la explotación emocional. He enfatizado también la existencia de esta romantización/idealización a través del afecto (o el amor entre personas que no tiene porque comportar un componente romántico) porque entre amigues también puede pasar, especialmente cuando una de las partes es una persona que por miedo a perder la relación (debido también a factores estructurales) acepta una situación de abuso.

Desde los feminismos se ha hablado bastante de esta problemática, no estoy señalando nada que no se haya tratado ya anteriormente en muchas plataformas, espacios y activismos. Estas críticas han intentado romper con la imagen positiva y bonita de este tipo de abuso y aceptación del maltrato. La visibilización ha sido, por tanto, una forma de desenmascarar el maltrato llamándolo por su nombre y mostrando que no es bonito en sí mismo, sino jerárquico, de dominación y estructural y una forma de tenernos enganchadas a relaciones que nos absorben, explotan y oprimen.

Uno de los lemas derivados de todo esto que se repite es “si es amor, no duele” (o “si duele, no es amor”), intentando enfatizar la necesidad de buscar un tipo de amor no basado en el maltrato, en el control, o que justifica el dolor de per se, especialmente hacia aquelles que son mujeres o que tienen menos privilegios. Pero esta frase (como todas las que giran alrededor del mismo concepto), aun siendo cierta cuando hablamos de maltrato, es, por otro lado, una trampa e invisibiliza que se puede sufrir por amor sin necesidad de que sea un sufrimiento derivado del maltrato. De hecho, sin que esta sea la intención del lema en sí mismo, lo que hace es volver a romantizar el amor, idealizándolo alrededor de un tipo de emoción perfecta porque no “disfruta” de ningún tipo de dolor ni sufrimiento. Ignora, por tanto, que el mundo de las emociones es mucho más complejo que un simple “duele” / “no duele”.

Esconder que el amor también puede venir acompañado algunas/muchas veces de algún tipo de sufrimiento puede producir una gran excusa (con discurso) para abandonar una relación a la mínima que haya la posibilidad de sufrimiento o dolor para desdecirnos de los cuidados hacia les demás. Se puede sufrir por la pérdida, se puede sufrir por los procesos de aceptación de incompatibilidades, se puede sentir dolor por los miedos que arrastramos debido al rechazo, o también podemos padecer cuando las personas a las que queremos están pasando por un momento malo, o una crisis. Amar también nos puede llevar a la rabia por las situaciones injustas, una rabia muy necesaria y que constantemente intentamos borrarnos a través de discursos sobre la búsqueda de la pura felicidad acrítica. Y podríamos alargar la lista. También, además, se ignora que hay muchas personas a las que las intensidades emocionales les puede llevar a dolor y sufrimiento en muchos sentidos, ignoramos que no todes tenemos las mismas capacidades a la hora de sentir o sentirnos y que amar/querer, para algunas personas, puede suponer un sufrimiento que se intensifica cuando, además, nos atraviesan los miedos a la pérdida y los miedos a que nos maltraten o que nos rechacen.

Todo esto que expongo no pretende ser una alabanza ni una aceptación del maltrato dentro de las relaciones amorosas o afectuosas, al contrario, como persona que ha padecido el maltrato es lo último que quiero. Pero lo que pretendo expresar es que reducir todo el sufrimiento y el dolor al maltrato e idealizar el amor es caer en una trampa que nos hace creer que tenemos que perseguir la más pura felicidad ignorando todos los problemas que nos atraviesan, sin querer tampoco abrazar o dejarse afectar por todo aquello que no es definido como “perfecto” por el sistema en les demás y en las relaciones.

El amor en un gran sentimiento, esto no lo niego. Es aquél que nos permite solidarizarnos, conector con lo que nos rodea. Pero por este mismo motivo, por el hecho de ser lo que nos permite afectarnos con nuestro entorno, es también lo que nos conecta con ciertos dolores y sufrimientos, tanto nuestros como de les demás. Lo que no tenemos que permitir es que utilicen nuestro amor para abusar de nosotres, para colocarse por encima, ni para maltratar. Para el resto, sí, el amor puede doler, y no es necesario negarlo para convertirlo en un concepto ideal.

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relaciones a nuestra medida: no-monogamias de pensamiento monógamo y liberal

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: pensamiento monógamo, pensamiento liberal de las relaciones

 

En algunas no-monogamias un pensamiento que se repite bastante es la idea de que las relaciones las tenemos que construir a nuestra medida: encontrar cuáles son nuestros deseos, necesidades y voluntades y a parir de aquí construir los tipos de relaciones que nos van bien y queremos, cómo si las relaciones tuvieran que ser un objeto hecho a medida para nuestras necesidades. Esta idea intenta diferenciarse de la monogamia (de hecho se intenta presentar cómo ‘la’ alternativa a la monogamia), ya que la monogamia nos impone un único modelo de relación que no tiene en cuenta nuestras necesidades, deseos o gustos. Pero aunque esta idea parece una verdadera ‘alternativa’ al discurso monógamo, la realidad es que lo que hace es reproducir un pensamiento muy parecido pero de carácter más liberal que acaba beneficiando a quien más privilegios tiene.

Esta forma de ver las relaciones proviene de la idea de que nuestro entorno (y por tanto nuestras relaciones o las personas con las que nos relacionamos) están a nuestro servicio y las modificamos y amoldamos a lo que nosotres necesitamos: un acto de objetificación que olvida que éstas otras personas también puedan tener necesidades, deseos o voluntades que pueden ser diferentes a las nuestras o incompatibles y a las cuales también tenemos que ser sensibles (y que se podría ampliar a todo lo que no son relaciones, perdiendo la sensibilidad con el funcionamiento de nuestro entorno o medio ambiente). Moviéndonos con este pensamiento, las personas que tienen más privilegios les es más fácil obtener sus necesidades ya que el sistema, a través de creencias sociales y normas,  les provee con mucha más facilidad, mientras que las personas con menos privilegios respecto las primeras acaban siendo las que se amoldan y se adaptan.

Una forma de construir relaciones siendo conscientes de nuestro entorno, y por tanto siendo conscientes de las otras personas, no solamente tiene que pasar por entender qué queremos nosotres, sino también qué quieren o pueden aportar a la relación las personas con las que nos relacionamos, y qué quieren y necesitan ellas. Ser conscientes de les otres significa no adaptarlas a nosotres, sino encontrar maneras de construirnos que nos puedan tener en cuenta a las personas que componen la relación, y adaptarnos un poco también a qué nos pueden aportar elles o qué nos aportan. Y, finalmente, y no menos importante, ser conscientes de que nos movemos en un mar muy complicado de estructuras de poder que no nos sitúan a todes en el mismo lugar y que además influyen y afectan todas estas necesidades y deseos (tanto porque las estructuras nos construyen parte de las necesidades como también porque nos vulnerabilizan a muches cuando nuestras necesidades no están cubiertas de forma sistemática).

Pasa parecido cuando hablamos de cuidados: creemos que cuidar es hacer aquello que para nosotres significa cuidar y que tenemos que aceptar que les demás nos cuidarán como elles sienten que es cuidar. Y podría ser (y de hecho pasa muchísimo) que para otra persona cuidar signifique hacer ciertas cosas que yo no necesito, y que en muchos casos me va mal que se me hagan. Pero cuando cuidamos… se trata de le otre, ¿no? De tenerla en cuenta, quiero decir (cuando no nos referimos a auto-cuidados, obviamente). En realidad si lo que queremos es tener cuidado de le otre lo que tendríamos que hacer es entender qué necesita le otre para sentirse cuidade en vez de pensar siempre en nosotres y qué necesitamos para sentir que cuidamos. Al final parece que los cuidados acaben tratándose más de ‘sentirnos tranquiles y buenas personas porque cuidamos’ y no de tener en cuenta el valor de la otra persona. Hace falta enfatizar que ser sensibles a qué necesiten les demás para sentirse cuidades no tiene que implicar automáticamente tener que cumplir los deseos de la otra persona, sino simplemente ser conscientes de ellos y tenerlos en cuenta.

Adaptar nuestro entorno a nosotres es un pensamiento liberal que se refleja también a como vemos nuestro medio ambiente y el tejido social (en el que nos movemos y el que está más allá pero que también es afectado por nosotres). Para mí la alternativa a la idea monógama de que las relaciones están establecidas a través de parámetros estructurales que no tienen en cuenta mis deseos, necesidades ni voluntades, no es dejar de tener en cuenta los deseos, necesidades ni voluntades de les otres, haciendo lo mismo que hace la monogamia pero ejerciéndolo como persona con más privilegios a través de un discurso liberal de las relaciones. Una alternativa a la imposición de la monogamia es la de valorar cada una de las relaciones que tenemos por lo que nos aporta y pueda aportar cada une a parte de lo que nosotres podamos desear de elles.

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organizarnos para tenernos en cuenta sin tener que follar todes

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: alosexismo, sexocentrismo, sexo, mención de traumas y violencia patriarcal

 

¿Cuántas veces he escuchado eso de ‘si nos organizamos follamos todas’? llevo escuchando (no continuamente, pero sí con cierta frecuencia) éste eslogan (y de muy parecidos) desde hace bastante tiempo. Un eslogan que siempre que lo escuchaba me quemaba por dentro. Me molestaba esta ‘obligatoriedad’ en la que parecía que todas teníamos que follar (y sobre todo desear follar). Siempre que esto me pasaba me callaba en silencio y pensaba que la molestia era debida a que el patriarcado no me dejaba liberarme.

Parece que la liberación ha de llevar (por narices) a un deseo sexual considerablemente aceptable en cantidad (cuantía estipulada en algún lugar que nunca he entendido cuál es) para todas y con unas necesidades parecidas; o sea, que lo que es normal es ‘desear’, y que la liberación consiste simplemente en buscar ese deseo, llevarlo fuera, mostrarlo y llevarlo a la práctica: follar todas. Finalmente, el discurso crítico y feminista le pondría el ‘añadido’ de cómo nos organizamos, como dejamos de competir, que seamos cooperativas, que rompamos estructuras de género, de orientación, de sexualidades, de prácticas, que hablemos de cuidados… pero tenemos que follar todas. Me atravesaba, me dolía, y yo giraba la espalda a aquellas sensaciones cuestionándome constantemente mi reacción adversa. ‘Estoy fatalmente limitada por el patriarcado’, me decía, mientras me miraba incrédulamente sospechando que alguna cosa no iba bien en todo este argumento que yo misma me dedicaba.

Durante una buena época relacioné todo eso que sentía a los traumas que arrastraba debido a agresiones y violencias que había padecido anteriormente. Todo tenía más sentido así: creí que esta supuesta limitación que me generaba el patriarcado venía fomentada, no solamente por la educación patriarcal, sino también por su violencia directa. Durante tiempo luché contra ésta posible consecuencia de los traumas, sin darme cuenta que incluso en el caso hipotético de que hubiesen sido los traumas los que me hubiera llevado hasta ese punto, luchar contra eso es suponer que tener un deseo sexual que se podría interpretar como inferior al que se ha estipulado como ‘normal’ (en un marco patriarcal, obviamente) es negativo y algo a cambiar por sí mismo.

Tengo que admitir que sean cuales sean los motivos por los cuales mi deseo parece ‘inferior’, o que tiene unos filtros distintos y más grandes a los estipulados como ‘normales’, ha hecho que necesite una confianza mucho más elevada con una persona antes de sentir cierto tipo de atracciones, cosa que me ha ayudado a defenderme de posibles situaciones extremadamente violentas. Además, que una persona que ha padecido algún trauma tenga que verse ‘obligada’ a enfrentarse con la sensación de tener ciertos tipos de deseos es altamente violento y poco cuidadoso (aquí se mezcla también con el poco cuidado y sensibilidad con la que se tratan los traumas en los discursos sexpositive más normativos, incluso con el discurso feminista).

Ya desde hace un tiempo me he aceptado como no alosexual, en algún punto del aspectro de la grisasexualidad. No me ha estado fácil esta identificación, ya que atracción siento, y sí que puedo sentir mucho, juntamente con mucho deseo, aunque no me pasa tampoco muy a menudo. Lo que he entendido es que tengo un filtro muy elevado en mis atracciones, no me siento atraída hacia demasiadas personas, y mi filtro es muy mental (tiene que ver con las conexiones o ciertas atracciones mentales que pueda tener y que construya). También me cambia con el tiempo, y he tenido épocas de muy poco deseo, seguidas de épocas con mucho más deseo.

Uno de los problemas que me encuentro más a menudo es que en nuestra forma de relacionarnos el sexo puede ser un indicador de jerarquía: tener sexo con una persona puede implicar la posibilidad de acabar dedicándole más tiempo, más cuidados, más compromiso o más importancia. Debido a esto, cuando una persona con quien yo mantengo una relación muy importante (sin que sea una relación sexual) ha empezado a tener una relación sexual con otra persona, suelo tener miedo a sentirme desplazada y dejada de lado. A veces me pregunto cuanta parte de deseo que muchas tenemos podría estar mezclada con el deseo de poder ser considerada, reconocida y tenida en cuenta. Es por esto, que esto ‘tenemos que follar todas’ me atraviesa todavía más.

El problema no radica en el deseo de liberación para poder tener mucho sexo, si es eso lo que se desea. Para mí el problema está en suponer que todas tenemos que tener el mismo tipo de deseo, y creer que si nuestro deseo es otro, es un problema. La liberación sexual (así como la afectiva) tiene que pasar para que todas podamos vivir nuestros deseos sin el temor estructural de que es algo malo: sea en la cantidad que sea. ¿No sería más crítico organizarnos para tenernos todas en cuenta sea lo que sea lo que compartamos entre nosotras? Incluso todas aquellas con las que no follamos, ni con las que tenemos relaciones románticas o de pareja, relaciones altamente jerarquizadas, invisibles y olvidadas.

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los cuidados tienen que ser críticos

por wuwei (natàlia)

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‘Se tienen que cuidar las relaciones’, ‘los cuidados son muy importantes en las relaciones’, o bien ‘sin los cuidados no hay revolución’ podrían ser eslóganes de muchos entornos feministas o activistas. Los ‘cuidados’ (sustantivo que utilizamos para referirnos a esas acciones donde cuidamos de las otras o de nosotras mismas) son actualmente tratados en muchos más entornos donde se habla de relaciones y opresiones, como son los no monógamos. ‘Los cuidados son revolucionarios’ es una frase que yo misma he repetido muchas veces desde mucho antes de comprender muy bien qué queríamos decir con ‘cuidados’. Y no creo que fuera la única, me atrevería a decir que lo he sentido como una tendencia bastante generalizada. Empecé a hacer talleres sobre esta temática sin entenderlo con la idea de poderlo construir a través de un proceso más colectivo que personal. ¿Son revolucionarias todas esas acciones que llamamos cuidados? ¿Qué entendemos por cuidados? Hay un vacío bastante grande a la hora de definir qué son los cuidados (se habla mucho pero no se habla de qué son), y delante de este vacío se pueden reproducir opresiones y dinámicas de poder problemáticas e invisibilizarlas a través de un lavado de cara llamándolas ‘cuidados’.

Muchas veces he podido observar que se habla de cuidados como si estos fuesen unos elementos ‘extras’ que se hacen a algunas personas a las que nos ‘queremos’ para ‘demostrar’ nuestro afecto: como si se trataran de actos en forma de ‘regalo’ y ‘cariñosos’, sin mucho más que esto. Viendo los cuidados desde esta perspectiva pueden parecer actos sin los cuales podríamos vivir igual, casi de la misma manera (que no los necesitamos, vaya), pero que con ellos la vida nos parece más ‘bonita’ o más ‘dulce’. Este pensamiento se aleja de la idea de creer o pensar que los cuidados son una parte fundamental de las relaciones, y que sin ellos más que nada lo que hacemos es reproducir dominación, estructuras, y/o consumismo de relaciones.

La idea de que los cuidados son un elemento ‘extra’ en las relaciones se basa en la creencia de que somos seres aislados los unos de los otros que nos conectamos entre nosotros solamente de forma puntual cuando lo escogemos pero que sin estas conexiones escogidas en momentos puntuales las cosas que hacemos y cómo las hacemos no afectan a las otras personas (no nos afectamos las unas a las otras). Ésta es la base del pensamiento que proclama la posibilidad de una total libertad personal por sobre de cualquier visión más colectiva, sensible y social. Esta manera de ver las relaciones es muy irreal, es la base del pensamiento individualista y de dominación e invisibiliza que las personas nos afectamos las unas a las otras aunque no lo queramos ni nos conectemos entre nosotras conscientemente o voluntariamente.

Por otro lado, los cuidados, desde un punto de vista crítico, son la forma de relacionarnos siendo conscientes de que nos afectamos; por tanto, es entender que el ‘qué’ y el ‘cómo’ hago las cosas afecta a las personas que me rodean, como también entender y comprender que mis necesidades, y las cosas que me hacen sentir más o menos bien las obtengo de mi entorno, donde también están las relaciones y las personas. De esta manera decidimos tener en cuenta qué necesidades tenemos y cuáles tienen las demás, y que éstas no nos quedan cubiertas por defecto de forma misteriosa, sino a través de un sistema social que privilegia a algunas a quien sí cubre necesidades, o que podemos ser nosotras quienes nos ayudemos a cubrírnoslas de forma más colectiva o con sensibilidad social. Saber que tengo en cuenta cuáles son los deseos y necesidades de la otra, implica una no objetificación, y por tanto una consciencia de su existencia como persona y no como objeto externo que está allí solamente para cubrir mis necesidades ignorando que mes está afectando de alguna manera. Tener solamente en cuenta mis deseos trata la relación solamente para consumo propio.

Pero, por otro lado, se tiene que ir con cuidado hacia donde se dirigen estos cuidados de los que tanto hablamos, ya que por defecto si no nos paramos a reflexionar en cómo se cubren estos beneficios y necesidades en el sistema en el que vivimos éstos acabaren dirigiéndose por defecto hacia quien más privilegios tiene (o sea, los de siempre). Precisamente el sistema está montado para que las normas sociales creadas, no solamente a través de ‘leyes’, cubran las necesidades de las personas con más privilegios a través de actos ‘normalizados’ de cuidados hacia ellas. De hecho, es mucho más fácil empatizar con la norma (porque es lo que tenemos más interiorizado como válido, coherente y lógico, incluso las personas a quien no nos beneficien las normas) y por tanto con las personas con más privilegios y sus necesidades. Un ejemplo es como se han creado los roles de género para que sean las mujeres las que se ocupen de todas las tareas del hogar y de cuidar a los componentes de las familias (hombres, hijes y personas mayores); por defecto, hablar de cuidados, por ejemplo en entornos no monógamos sin tener en cuenta esta diferencia de género puede llevar a que aún cuiden más las mujeres de más hombres y estos sean más cuidados por más mujeres. También suele pasar con la pareja frente a otro tipos de relaciones; hay un privilegio social que se otorga a la pareja que no se otorga a otras relaciones cómo las consideradas de amistad, y debido a que se empatiza mucho más con las emociones de una persona considerada pareja (como por ejemplo con sus propios celos) normalmente el discurso de los cuidados acaba yendo hacia la pareja (incluso las personas fuera de la pareja que son menos cuidadas se las hará cuidar y empatizar más con la pareja de la persona con la que mantienen una relación que no es de pareja o es menos ‘principal’) y muchas veces emociones de personas que no son consideradas la pareja principal no son cuidadas, ni acompañadas, ni tan solo reconocidas.

Uno de los problemas que también nos encontramos es en entre cuáles tareas o ‘acciones’ son los cuidados. Debido a que donde más se ha hablado es en los feminismos (señalando que las mujeres siempre se han tenido que ocupar de las tareas del hogar, de cuidar de las vulnerables o enfermas) a menudo no se habla de otros tipos de cuidados que no sean los que se habían asignado por defecto en los roles de género a las mujeres. Hay muchas otras acciones o tareas que se podrían considerar cuidados, que tienen que ver con ‘tener en cuenta’ a la otra personas y alas cosas que puedan necesitar, o también en como expresamos las cosas. Una de las cosas que se repite más en mis talleres cuando hablamos de cuidados es la de ‘que se me tenga en cuenta’, o ‘que me tengan en cuenta cuando se trata de hablar o tratar cosas que me afectan’ o simplemente ‘que se me escuche’. De hecho, es muy posible, que para algunas que les hagas la comida no sea necesario pero lo que puedan necesitar es una atención emocional o acompañamiento puntual o bien que se les hable de una manera concreta por los motivos de salud mental (o al revés, que se tenga en cuenta que su forma de hablar o expresarse en momentos emocionalmente complicados es diferente al resto). Además, también es posible que muchas tareas de cuidados ni tan solo sean ‘productivas’ (o sea, hacer cosas) sino que sean más bien ‘dejar de hacer ciertas cosas’, como por ejemplo que una persona necesite soledad durante un cierto tiempo y que no se la moleste debido a padecer ansiedad.

Uno de los problemas que a menudo nos encontramos y donde se instrumentalizan otra vez los cuidados es en la realización de tareas concretas que se han definido de forma genérica que son ‘cuidados’ sin escuchar ni tener en cuenta qué quiere o necesita la otra persona ignorando lo que realmente necesita con la excusa de ‘ya está, ya la he cuidado’. Esto es lo que llevo llamando desde hace tiempo como la ‘cultura del tupper’: preparamos tuppers a las compañeras para sentirnos tranquilas y excusarnos en que las hemos cuidado y después no las escuchamos cuando lo necesitan o las objetificamos. Con esto no quiero decir que hacer la comida o preparar un tupper a una compañera no sea cuidar y sea objetificador, sino que lo que señalo como problemático es la instrumentalización y utilización de un acto como este para no tener que cuidar.

Otra cosa que se tiene que tener en cuenta con los cuidados es el de no forzar a la otra a que nos exprese qué necesita o quiere, porque no todas lo podemos saber en un momento dado, o incluso no necesitamos nada concreto hasta que no nos pasa alguna cosa que nos lo hace necesitar o notar de alguna manera. Una forma de cuidar es precisamente respectar este espacio para que lo pueda expresar cuando lo sepa o lo necesite.

Unos cuidados críticos, o como también podríamos llamar, revolucionarios, son (o tendrían que ser) unos cuidados conscientes, sensibles a las estructuras que nos atraviesan a todas, a nuestras necesidades y las de las otras, a no objetificarnos, ni saltarnos el consentimiento ni los deseos de las otras, escuchar las voces de todas las afectadas que deseen ser tenidas en cuenta, tenerlas en cuenta, y hacernos partícipes a las que quieran y puedan en cada momento, siempre y cuando sean las afectadas y no ‘las externas a la situación que imponen desde fuera como tienen que ser una relación’. Y también aceptar y ser conscientes de que habrá muchos momentos en los que las necesidades de unas y de otras serán incompatibles; se tendrán que pensar y repensar los espacios para compartirnos y para no tenernos sie

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VII – espacios)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la séptima y última parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aqui y la sexta aquí.

Espacios

El espacio es donde compartimos y generamos las relaciones. Los espacios están tradicionalmente y sistemáticamente construidos para reproducir y generar estructuras de poder (un ejemplo es como están diseñados los pisos para que la habitación principal sea para una pareja monógama, donde solo cabe una cama para dos personas). Es importante intentar ser conscientes de los espacios para romper con estas estructuras y a la vez entender su importancia en como construimos las relaciones.

Los espacios no solo son los espacios físicos, como un piso, una habitació, una casa, o un centro social. Los espacios también pueden ser un grupo de telegram o whatsapp, un grupo de facebook o una asamblea en medio de la calle.

Los espacios los tendríamos que crear según las necesidades de las personas que los compartimos, tienen que ser accesibles (inclusivos), y tienen que ser creados según lo que se quiere compartir y las relaciones que hay. Los espacios tendrían que poder transformarse para hacerlos compatibles con las necesidades que también cambian, igual que las relaciones. Se tiene que aceptar, además, la incompatibilidad de algunas necesidades (creando espacios diferentes con referencias comunes diferentes), y se tienen que tener en cuenta los contextos de las personas que lo comparten, y lo que se está compartiendo.

Es importante, cuando se quiere compartir un espacio, hablar con las relaciones para entender como los queremos compartir, como lo queremos hacer para ser sensibles a nuestras necesidades, emociones, contextos, cuidados y también para evitar generar situaciones de competitividad y/o exclusión.

Los espacios son los que nos permiten conectar, responsabilizarnos, sentir, compartir, colectivizarnos, aunque en algunos momentos sea aislándonos. Los espacios los creamos, los re-creamos. Los espacios son vacíos. Y es en el vacío sonde podemos movernos y existir. Y el vacío también se puede construir.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VI – comunicación y cuidados)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la sexta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí y la séptima aquí.

Comunicación

En la monogamia la comunicación es casi inexistente, ya que los compromisos son siempre implícitos (no se hablan, se dan por supuestos debido a lo que se supone socialmente que tiene que ser una ‘pareja’), y todo lo que envuelve las expectativas en las escalas de las relaciones hace que la comunicación no solo no sea necesaria, sinó que sea vista como una manera de romper con la ‘poesía’ o ‘magia’ de las relaciones (una ‘poesía’ que col·loca las personas en situaciones no deseadas ni escogidas voluntariamente, por tanto que objetifica).

La comunicación es muy importante, especialmente si queremos construir relaciones sensibles y no objetificadas. El problema es que estamos construyendo discursos en la no-monogamia que son altamente dominantes con un tipo muy específico de capacidades comunicativas. La imposición de un solo tipo válido de comunicación es también un proceso de dominación de las personas con unas capacidades concretas (capacitismo).

No todas las personas podemos mantener conversaciones que nos afecten emocionalmente con calma. No todas las personas podermos responder a demandas, preguntas, o propuestas al momento. Hay quienes no podemos mirar a los ojos de quien nos habla. Hay quienes no podemos hablar cara a cara en ciertos momentos o situaciones. Hay quienes necesitamos espacio y tiempo para reflexionar, gestionar o digerir. Hay quienes nos expresamos con dificultad (especialmente porque se nos obliga a expresarnos de formas muy concretas y esto no tensa mucho más). Además, hay quienes tenemos miedo a que estas diferencias que tenemos a la hora de poder comunicarnos nos imposibilite mantener nuestras relaciones y tenemos miedo a perderlas.

Necesitamos discursos de las no-monogamias más sensibles a la diversidad en la necesidad de como comunicarnos, que no excluya a las neurodivergentes, funcionalmente iversas o discapacitades, o a aquelles que por diversos motivos no puedan expresarse o comunicarse de la forma que se ha estipulado como la ‘normal’.

Cuidados

Los cuidados es un tema que se lleva hablando desde no hace mucho en nuestros activismo, en las no-monogamias, y especialmente en el feminismo. De hecho se ha hablando más en el feminismo debido a que las llamadas tareas de cuidados han recaido siempre en las mujeres. Estas tareas suelen ser descritas como las tareas relacionadas con las tareas del hogar como cocinar, limpiar, limpiar la ropa y planchar, cuidar cuando le otre está enferme, etc. Estas tareas son muy importantes y se tienen que tener en cuenta, especialmente cuando existen estas diferencias de género.

No obstante, los cuidados van mucho más allá de estas tareas que tienen que ver con el género, y sobre todo cuando estamos hablando de muchos tipos diferentes de relaciones, contextos, y estructuras (no todas las relaciones son heterosexuales, binarias, románticas y sexuales). Los cuidados tienen que ser tareas sensibles a las necesidades que tengan las personas, que no tienen porque recaer en las tareas del hogar. Para poder cuidar es necesario entender qué necesita la otra persona, no para sentirnos obligadas a cubrir sus necesidades, sino simplemente para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. No todos los cuidados recaen en tareas ‘productivas’, a veces cuidar puede implicar dejar a la otra persona estar sola si lo necesita (para poner un ejemplo). No tenemos que obligar a que le otre tenga que expresar y entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expresar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, además, tampoco se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Es muy probable que muches de nosotres no necesitemos que se nos cuide preparándonos la comida, por ejemplo, a lo mejor tenemos otras necesidades. Vivimos en lo que yo llamo ‘la cultura del tupper’: una cosa que pasa muy a menudo en nuestros entornos es que como que se está insistiendo mucho con que nos tenemos que cuidar, lo que muchas personas hacer es haver alguna cosa que les es fácil de hacer (como por ejemplo, prepararnos un tupper) pero no escuchar cuáles son nuestras necesidades reales. Es más, hay situaciones donde se utiliza esta tarea que se ha realizado para no tener que escuchar a la otra persona cuando nos expresa una necesidad real que tiene (he preparado un tupper, ya he cocinado, me voy y me lavo las manos). Utilizar los cuidados de esta forma es una técnica de dominación para no tenerse que comprometer a cuidarnos ni entender que las necesidades son múltiples, que afectamos y nos afectan las personas que nos rodean. No podemos prepararle el tupper a una persona y después utilizarlo como excusa para objetificarla o no tenerla en cuenta en cosas que le afectan.

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después de romper con la monogamia

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí como resumen (muy resumido) de una charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals y se publicó en el número 422 de la Directa. Podeis ver el artículo original (en catalán) aquí.

(**) He añadido al final una aclaración a raíz de algunos comentarios que se hicieron cuando se publicó el artículo.

La versión extendida (‘no resumida’) de la charla la publicaré más adelante en este blog dividida en diferentes secciones.

 

La manera que tenemos de relacionarnos forma parte de un sistema o estructura de poder muy ligada a la estructura monógama. La monogamia no sólo es un recuento de relaciones, es también un sistema: está en el lenguaje, en la lógica construída socialmente, en la forma de pensar. Y va más allá de la normatividad entorno a las relaciones de pareja, ya que nos dice también como nos tenemos que relacionar en general con las personas, es un sistema relacional.

La monogamia nos aisla en unidades familiares no permitiendo generar redes solidarias, afectivas y sensibles a las estructuras que nos atraviesan. La no-monogamia tiene un gran potencial, no sólo para romper el propio sistema relacional, sino también otras estructuras de poder ya que éstas se elimentan de la estructura monógama y también porque te permite construir relaciones que rompen con los sistemas de privilegios y opresiones. Ahora bien, es necesario un punto de vista crítico en las propuestas que se plantean, sino se reproduce el mismo pensamiento.

Individualismo, dominación y objetivización

Nuestra forma occidental de ver el mundo se basa en la idea de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para cubrir nuestras necesidades a través de la dominación. Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder que permiten a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que comprender que las está obteniendo de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes y les da un falso sentimiento de independencia.

En nuestros entornos no monógamos a menudo se intenta romper con la idea de la dependencia total a una sola persona (que proviene de la estructura monógama y que genera relaciones de poder) diciendo que las personas somos independientes y no tenemos necesidad de nada o nadie. De esta manera se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia con el entorno de las personas con privilegios y se crea un discurso de la no-monogamia a la que sólo pueden acceder personas con más privilegios.

Tratamos nuestro entorno como un objeto debido a verlo como una cosa externa a nosotres donde accedemos para cubrir nuestras necesidades. Las personas con las que nos relacionamos también forman parte de este entorno-objeto, y por tanto nos acercamos teniendo en cuenta las propias necesidades y deseos però no los de les demás. Este es un proceso de objetivización. Para resumirlo un poco, objetivizar es tratar a las personas como si no tuvieran voluntades o deseos propios, o bien no permitiendo que tengan un espacio para consentir u oponerse a una cosa, o también que no puedan expresar emociones ni opiniones al respecto de cosas que les afectan. Esta última es bastante común en las realciones no monógamas jerárquicas, donde a menudo personas que se ven afectadas por decisiones que se toman en las relaciones primarias no pueden opinar, o expressar emociones, o plantear alternativas, o ni siquiera se les informa de que se han tomado. En definitiva, objetivizar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz.

Compromiso e implicación

La monogamia suele llevar una carga muy grande de compromiso implícito y de expectativas relacionadas con la escalera de las relaciones. Este tipo de compromiso no suele ser un compromiso que se haya pactado, hablado o que se pueda cuestionar por ninguna de las partes. Además, suele implicar el hecho de no poder compartir compromisos, proyectos o afectos con otras personas y que además recaiga sobre una persona generar todo lo que necesita la otra.

Muchas personas delante de esto reaccionan planteando como alternativa no tener que comprometerse y no generar ninguna expectativa. Esto da una ventaja a las personas que tienen más privilegios, ya que estas tienen sus necesidades más cubiertas y no necesitan del compromiso para obtener nada. Por otro lado, las personas con menos privilegios, se verían la mayoría de veces arrastradas a vivir situaciones de vulnerabilidad. Normalmente quien rechaza el compromiso son las personas con más privilegios, ya que el sistema no les cubre sus necesidades y necesitan el compromiso para enteder como cubrirlas y poder acceder a aquello a lo que no pueden acceder sin privilegios.

No querer implicarse es una forma de no querer aceptar las cosas que obtenemos de nuestro entorno y no querer aceptar que el entorno nos afecta y nosotres lo afectamos. La implicación es necesaria para generar relaciones no objetivizadas donde las personas puedan tener voz en las cosas que las afectan. Las relaciones se tienen que construir a través de compromisos e implicaciones explícitas y que no vengan dadas por normas sociales estructurales ni que nos imposibiliten generar otros compromisos.

Responsabilidad compartida

La monogamia te da la idea de que una persona es totalmente responsable de tu felicidad o infelicidad. Para romper con esta idea que genera relaciones de poder se acostumbra a decir que cada persona es totalmente responsable de sus emociones, incluídas aquellas emociones que se generan a través de una relación y de lo que se comparte. Esta es una visión individualista, y no muy diferente a la anterior: o las responsabilidades son totalmente separadas o recae toda en una sola persona. En este paradigma la relación se borra completamente.

La responsabilidad en una relación tendría que ser responsabilidad compartida: tendría que ser de las personas que generan el espacio y la relación, no de forma separada (cada una la suya), no de forma vertical (toda la responsabildiad es solo de una persona), sino como combinación, teniendo en cuenta los contextos de cada persona y lo que se está compartiendo. Tener en cuenta el contexto de la persona significa que cuando tenemos una relación con una persona sobre la cual tenemos un privilegio, queramos o no nos beneficiamos de este privilegio y por tanto, tenemos una responsabilidad sobre la violencia etructural que podamos generar en esa relación. La responsabilidad compartida nos permite, además, reconocer explícitamente todas aquellas cosas que nos aporta la relación y lo que la otra persona está compartiendo.

Cuidados y el significado de ‘cuidar’

Ser conscientes de que cubrimos nuestras necesidades a través de nuestro entorno y, por tanto, a través de nuestras relaciones, nos permite tratar el tema de los cuidados desde un punto de vista crítico. Las tareas de cuidados siempre han recaído en las mujeres. No obstante, las tareas de cuidados de las cuales siemrpe hablamos en el contexto del feminismo se limitan sólo a la diferencia de género. Hay muchas más necesidades que tenemos que no recaen en las tareas que se han definido como cuidados (tareas del hogar, cocinar, o cuidar cuando le otre está enferme), así como necesitamos ser conscientes de las diferencias que van más allá de las de género, ya que hay muchas más estructuras o tipos de relaciones (no todas las relaciones las trabajamos en un contexto heterosexual, binario, romántico y sexual).

Cuidar implica entender qué necesita le otre, no para sentirnos obligades a cubrirle las necesidades, sino para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. Tampoco tenemos que obligar a que le otre tenga que entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expressar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, sobre todo, no se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Debido a que los cuidados son un tema recurrente en nuestros espacios a veces caemos en el error de realizar tareas hacia otres que no necesitan para sentir que le estamos cuidando, y a menudo utilizamos estas tareas innecesarias como excusa para no tener que escuchar las verdaderas necesidades de le otre o no reconocer una necesidad cuando la expresa. Vivimos en lo que yo llamo la ‘cultura del tupper’: preparar tuppers a les compañeres sin pararnos a reflexionar qué queremos decir con ‘cuidar’, y mientras no dejamos a les demás expressarse cuando algo les afecta. Esto es un acto de objetivización.

(**) Añado una aclaración a raíz de algunos comentarios al respecto del artículo diciendo que lo que publiqué es aplicable también a relaciones monógamas. No creo que el tema de los cuidados pueda realmente aplicarse en relaciones monógamas ni relaciones no monógamas jerárquicas, ya que la monogamia implica jerarquía, y en ninguna jerarquía los cuidados son reproducibles, solo sucedáneos de cuidados, que no son cuidados. Estoy hablando de todas aquellas personas que no forman parte de la relación principal. Mi discurso quiere enfatizar el hecho de que estamos tratando a todes les demás muy mal y de forma muy objetivizada, tanto en responsabilidades, como en compromisos, como en cuidados. Por eso ni la monogamia ni la no-monogamia jerárquica nos salvarán nunca de todos los sistemas de opresión, sólo los seguirán reproduciendo, además a través de sus propios baremos.

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