taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones’ el domingo 16 de diciembre en Barcelona

por wuwei (natàlia)

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El domingo día 16 de Diciembre repetiré el taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones‘. Se hará a las 17h (hasta las 21h) en Barcelona (lugar aún por confirmar). Por tal de construir un espacio más seguro el número de plazas es limitado. Todavía hay plazas. Si estás interesade envíame un correo a wuwei.activismedesorientat@gmail.com.

Más información en el evento de facebook: https://www.facebook.com/events/284898965552522/

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consumo relacional

por wuwei (natàlia)

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Últimamente en entornos feministas, críticos y/o en espacios vinculados a los movimientos sociales se habla un poco sobre el consumismo relacional y los problemas que genera en maneras poco críticas de ver las relaciones (que son las que utilizamos por defecto). Muchas veces hacemos crítica de éste sin pararnos a pensar, explicar o definir en qué consiste exactamente el consumo relacional, cayendo siempre en la suposición por defecto de que las relaciones de consumo son aquellas de corta duración o bien las que se comparte “solamente” sexo. Ésta visión poco trabajada reproduce una visión estructural muy limitada y borra muchos de los consumos relacionales de los que no se habla. Creo que para poder seguir hablando sobre las consecuencias y de cómo hace falta evitar el consumismo relacional, sería necesario pararnos todes a escribir qué consideramos consumos cuando hablamos de relaciones.

Por defecto, cuando se habla y se presenta el tema del consumismo de relaciones se suele definir “relación de consumo” como una relación que no tiene mucha duración en el tiempo. ¿Son todas las relaciones de corta duración relaciones de consumo? No lo creo, todo depende de cómo nos acerquemos y nos alejemos de la persona con la que tenemos esta “corta” interacción o relación. A menudo se confunde “corta” con una relación “utilitarista” que dejas al cabo de poco porque ya has satisfecho el objetivo por el cual te acercaste. Pero nos olvidamos de muchas relaciones que pueden ser cortas por muchos motivos y que no son utilitaristas: alguien que conoces durante un evento y con la que no te vuelves a relacionar, por ejemplo. Además, haciendo esta relación estamos escondiendo las relaciones de larga duración que son utilitaristas, objetificadas y a través del consumo propio para alguna satisfacción personal, como muchas relaciones de maltrato.

También se suele relacionar el consumo de relaciones con relaciones con “solamente” sexo, cayendo en la idea de que el sexo de por sí es objetificador. Esto borra muchos otros tipos de consumo que no son sexuales (que pueden ser emocionales o intelectuales) y a la vez nos hace creer que tener una relació con “solamente” sexo es consumista, una idea sexófoba. Esto no quiere decir que no se consuma ni se objetifique mucho a través del sexo en nuestra sociedad, especialmente a aquellas personas a las que el patriarcado nos objetifica sexualmente. No obstante, no es el sexo en sí, es por como lo utilizamos socialmente para generar poder sobre otras personas. Si se tiene una relación “solamente” sexual pero se respetan los consentimientos, las voluntades de le otre o se le escucha en cada momento si tiene o no alguna molestia, no es consumista porque se están teniendo en cuenta las voluntades, deseos y necesidades de la otra persona.

Yo prefiero definir el consumo de relaciones a través de la motivación y la forma de acercarnos a la otra persona, no con la duración de la relación en sí misma, ni con lo qué se comparta. Una relación de consumo (desde mi punto de vista) sería una relación objetificada (donde le otre es un objeto, no un sujeto) donde te acercas para satisfacer alguna cosa que tú quieres pero sin tener en cuenta lo que quiere la otra persona (si quiere o no lo mismo que tú, o si incluso estás saltándote su consentimiento), y quitándole la voz en todas las cosas que le afectan, y no pensando en las consecuencias  de cómo afecta esto en su vida ni sus relaciones.

A veces la definición por defecto que se hace del consumismo de relaciones (relaciones de consumo sexual cortas en el tiempo) borra muchas de las experiencias de consumo que he vivido: relaciones largas (de años) que me han consumido emocionalmente. Aún la importancia de tener en cuenta el consumo relacional que se hace a través del sexo, especialmente por parte de hombres hacia mujeres y personas femeninas y en entornos de fiesta o en ambientes sexuales, o también de cómo muchas personas se acercan a otres y al cabo de nada dejan la relación sin ningún cuidado porque ya han satisfecho sus necesidades, no tenemos que obviar tampoco el resto de consumos en los que nos vemos sometides.

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la objetificación como forma de relacionarnos con lo que nos rodea

por wuwei (natàlia)

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Cuando escuchamos la palabra “objetificación” automáticamente la mayoría pensamos en la “objetificación sexual de las mujeres”. Ha sido gracias al feminismo que hemos podido detectar una (de las muchas) violencias simbólicas del patriarcado: la percepción (conceptual) que se tiene de las mujeres borra totalmente nuestro consentimiento. Aun así, la objetificación es un concepto que engloba muchos más mecanismos (no solamente éste), que tienen en común precisamente el hecho de ver a ciertos grupos de personas o a algunas personas en concreto como “objetos” y no como “sujetos” (seres con voluntades, deseos y necesidades propias) a tener en cuenta. Pero cuando decimos “objetos” no nos referimos solamente a “objetos sexuales”, sino una forma más genérica de vernos como objetos: convertirnos en seres que no tienen sus propias voluntades y necesidades y que están para servir las nuestras (más allá del sexo).

La forma con la que vemos el mundo (que está muy relacionada con una visión occidental y colonialista) es a través de esta objetificación (y la dominación). Sentimos (a través de una construcción conceptual del mundo) que todo lo que nos rodea (donde también están las personas con las que nos relacionamos) está a nuestro servicio como un objeto y lo intentamos dominar. Pero, evidentemente, bajo esta premisa no todas las personas dominarán, ya que cuando uno domina a otro, éste segundo pasa a ser dominado. Esta visión es la que crea las estructuras de poder, que generan unos privilegios a un grupo determinado de personas que obtendrán todas sus necesidades de forma sistemática a través de normas sociales que dominarán a otros grupos (personas oprimidas), los cuales serán objetificados por éstas normas. Un ejemplo de esto es la objetificación sexual de las mujeres que hace que se nos observe como a seres exentos de toda posibilidad de consentir.

Creer que “por defecto” solamente se objetifica a través del sexo se basa en la idea de que el sexo de por sí mismo es objetificador, una idea sexófoba. Tampoco quiero caer en la idea de que el sexo siempre es “bueno” y “positivo”, ya que el sexo puede ser utilizado (y es muy a menudo utilizado) para generar y ejercer poder. Pero, lo que es problemático o lo que es bueno del sexo no es el sexo en sí mismo, sino la forma y la intención con la que nos acercamos a las personas con las que tenemos sexo. Si tenemos “solamente” sexo con una persona, pero respetamos su consentimiento, tenemos en cuenta que tiene deseos y voluntades propias y la escuchamos si en algún momento tiene algún problema, no la estamos objetificando, aunque sea un encuentro puntual para tener sexo sin haber mantenido una relación antes y/o después.

A parte de la objetificación sexual hay otros tipos de objetificación, como es, por ejemplo, la emocional. La objetificación emocional también la padecemos mucho las mujeres por parte de hombres, ya que somos las que por defecto escuchamos, cuidamos, comprendemos y acompañamos emocionalmente sin que, la mayoría de las veces, se tenga en cuenta si es lo que podemos y queremos hacer en ese momento, sin que se tenga en cuenta si es cuál es nuestro estado, y sin preguntarnos a nosotras qué necesitamos o sin que se nos acompañe en nuestros procesos.

Una de las consecuencias de la objetificación es el consumo relacional y la apropiación de las relaciones y personas. Para mí el consumismo relacional no es una cuestión de la “corta duración” de la relación, ni tampoco por el hecho de compartir “solamente” sexo sin una implicación emocional intensa o importante. Nos acercamos a las demás personas para satisfacer nuestras voluntades y necesidades sin tener en cuenta las de las demás. Ésta sería de hecho la forma con la que a mí me gusta definir el consumismo relacional, ver las relaciones solamente para el consumo propio: acercarnos a las otras personas con la intención y necesidad de cubrir ciertas necesidades o deseos sin tener en cuenta las de la otra (que podrían ser diferentes a las nuestras o, incluso, incompatibles). Una forma de hacer esto también es la apropiación, apropiarnos de la otra persona. La apropiación sería también un tipo de consumo: no es que solamente me importen mis deseos, sino que además utilizo ciertos mecanismos para apropiarme de tus deseos y voluntades. Esto se puede hacer de forma implícita a través de mentiras, manipulaciones u otras técnicas de dominación.

Finalmente, la objetificación también es un proceso que lleva (entre muchos otros mecanismos) a la explotación, donde un grupo dominante o una persona que domina (quien objetifica) recibe más beneficio de algún tipo (que puede ser económico, o prestigio social, capital de tipo simbólico, etc) a costa del grupo o de la persona explotada/objetificada (de su trabajo, esfuerzo, etc), la cual no obtiene beneficio. No solamente se explota a la clase trabajadora: existen muchos más mecanismos que no se conocen y que explotan de otras formas. Por ejemplo, las personas no heterosexuales hemos estado explotadas durante toda la historia de la ciencia desde la mirada heterosexual para beneficiar a médicos su capital (no solamente económico, sino también de prestigio en su campo) y al privilegio heterosexual; en vez de beneficiar a las personas no heterosexuales lo que se hace es estereotiparnos, medicalizarnos y mantener los privilegios de la heterosexualidad. Otro ejemplo es como los roles de género hacen que se explote a las mujeres para tareas de cuidados y del hogar que beneficien especialmente a los hombres y que no reporten ningún tipo de capital a las mujeres. O, siguiendo con el ejemplo que había puesto anteriormente, se nos explota emocionalmente a las mujeres para que acompañemos emocionalmente a hombres, mientras estos no nos acompañan a nosotras.

Las personas en nuestra cultura por defecto nos acercamos las unas a las otras a través de una mirada objetificadora. Muy a menudo, cuando planteamos problemas en los que nos encontramos, colocamos a personas en una posición de “problema”, “conflicto”, “objeto”, y pocas veces las construimos conceptualmente como sujetos: personas que tienen sus necesidades, deseos y voluntades propias que merecen ser reconocidas. Y, aunque sí que es cierto que poco a poco hemos aprendido a construir relaciones más “horizontales”, muy a menudo nos olvidamos de las relaciones que se podrían estar objetificando o “dominando” fuera de la relación supuestamente “horizontal”. La horizontalidad no ha de ser una cuestión de dos personas, ni de un grupo determinado y definido, se tendría que extender fuera de estos grupos, sino todo nuestro discurso queda totalmente y políticamente vacío.

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