la violencia de la comunicación no violenta (II)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto es el segundo y último texto alrededor de los puntos problemáticos de la comunicación no violenta. El primero lo podéis leer aquí.

Aviso de contenido: CNV, capacitismo, neurocapacitismo, positivismo, racismo, individualismo

Hace un tiempo escribí un texto donde hablaba sobre los puntos problemáticos de la comunicación no violenta (CNV), que lo podéis leer aquí. Me ahorraré la introducción sobre este tipo de comunicación, ya que ya lo hice en ese texto. Este nuevo lo escribo como continuación para poder añadir algunos puntos más de la CNV que me parecen problemáticos y que no pude tocar en el otro texto por la limitación de caracteres que tenía debido a que se publicó en un medio.

Uno de los problemas que a menudo se pasan por alto de la CNV es la voluntad de universalizarla, privilegiándola y colocando las demás opciones en una posición estructuralmente inferior. La CNV se autoproclama (o el señor que la creó la llama y la proclama) la forma “natural” de comunicarse y conectar entre las personas; según el creador de este tipo de comunicación, las demás formas de comunicarse no son “naturales” y son violentas. Como alternativa, los seguidores de la CNV que no la llaman la forma “natural” de comunicarse, la llaman la “herramienta neutra”, que acaba teniendo el mismo efecto. De esta manera borra totalmente la vertiente cultural, no solamente de la comunicación y de los diferentes estilos de comunicación, sino también de lo que se considera y se vive como violento, que puede ser diferente según el contexto y la cultura. Esta táctica de decir qué es más natural lo que pretende es darle una situación de privilegio, universalizándola: un proceso que coloca la mirada occidental y blanca en el centro y obvia que otras culturas y paradigmas pueden construir formas diferentes de comunicación y de “no-violencia”.

Por otro lado, esta misma visión pretende también universalizar unas capacidades comunicativas concretas, haciendo que se acaben considerando más “naturales”, imponiéndolas y discapacitando a todas aquellas que no tenemos la misma facilidad para comunicarnos de la manera que la CNV estipula como “natural”. Es más, aquellas que tengamos capacidades y necesidades comunicativas diferentes, se nos coloca en la posición de “no-naturales” y “violentas”, como es a las personas neurodivergentes o con otras discapacidades. Esto no sólo lo hace la CNV, ya existe la idea, a través del capacitismo, de que las personas con necesidades comunicativas diferentes no somos aptas para tener relaciones “sanas” y se nos cataloga normalmente como personas “no aptas” y muchas veces “violentas”. La CNV sólo reproduce la misma idea e, incluso, acabar de asentarla.

Siguiendo con el paradigma de la “naturalidad”, la CNV cree que el “dar de forma natural” haría que todas las necesidades quedaran cubiertas. Según ésta, todas las necesidades quedan cubiertas cuando no obligas nada a nadie y solamente se hacen las cosas que cada una desea hacer de forma “natural”. Es como aquello del “fluir”. Se supone, por tanto, que todas las tareas siempre quedarán cubiertas porque siempre habrá personas que las quieran hacer, algo que es fácil de sentir y naturalizar cuando ha habido tareas que siempre te las han hecho las demás y ni siquiera hace falta tenerlo que apreciar (como por ejemplo cuando eres un hombre y ciertas tareas del hogar o de cuidados hacia uno siempre te han estado cubiertas con más facilidad).  Obvia la construcción social de la “naturalidad” en la voluntad de realizar ciertas tareas, las desigualdades sociales, y obvia que si cada une solamente hace las tareas que “naturalmente” quiere hacer es posible que haya tareas que nadie querrá hacer y que se tendrá que encontrar una solución compartida/colectiva a cómo hacerlas. Normalmente de este tipo de tareas se encargan de forma sistemática personas de colectivos minorizados y/o explotados, a las que se las ha colocado en una posición para que parezca que “naturalmente” escogen hacer estas tareas. Por este motivo la CNV deja fuera la responsabilidad compartida y colectiva. La CNV se basa en un paradigma totalmente individualista.

Finalmente, apartándonos un poco de la “naturalidad” y adentrándonos en las técnicas de dominación, la CNV puede usarse muy fácilmente para manipular las emociones de la otra persona. La problemática añadida de considerarla, además, una “herramienta neutra” lo que hace es borrar toda influencia y utilización que se le pueda hacer a través de las estructuras de poder o del ejercicio de poder. Nada escapa de las ideologías, y todo lo que se considera “neutro” tiene la tendencia a borrar y esconder esta influencia, para, otra vez, universalizarla. La CNV dice que no tienes que responsabilizar a la otra persona de lo que sientes y te pasa cuando lo expresas. Esto ya lo comenté en el anterior texto. Según la CNV para comunicar tu sentir, lo tienes que hacer de manera que no responsabilices a la otra, solamente tú eres la responsable. No obstante, no responsabilizar a la otra persona de forma explícita no significa que no le hagas sentir esta responsabilidad o no la hagas sentir culpable, especialmente cuando se tienen ciertos privilegios respecto la persona a quien se lo dices. Es una táctica muy fácilmente utilizada para acabar haciendo sentir culpable a la otra persona sin haberlo hecho explícito y, por tanto, sin ser tú la persona responsable de su sentimiento de culpa. Puedes expresarle cómo te sientes y, sin responsabilizarla a ella, que ella misma se sienta responsable. De esta manera muchas veces se puede conseguir que la otra persona haga o sienta lo que tú quieres sin habérselo pedido. Esto es, por tanto, una técnica de dominación, y la he visto usar muchas veces. Yo misma la he usado para defenderme de técnicas de dominación que otra persona estaba ejerciendo sobre mí.

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la violencia de la comunicación no violenta

por wuwei (natàlia)

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en français ici

Este texto se publicó en el número 474 de la Directa. Podéis ver el artículo original en catalán aquí.

Aviso de contenido: comunicación no violenta, lenguaje capacitista (empatía), capacitismo, neurocapacitismo, individualismo, jerarquías, desigualdades sociales

La comunicación no violenta (CNV) ha devenido una de las herramientas favoritas en muchos de nuestros espacios. Existen versiones críticas y tiene puntos útiles, especialmente relacionados con el empoderamiento, la autonomía y la autoresponsabilidad; pero tenemos que entender cuáles son las bases conceptuales sobre las cuales se ha construido para poder hacer de esta un uso más consciente. En este texto hablaré de la CNV definida por Rosenberg a inicios de los años 60, que es la que ha ocupado tanto espacio en charlas, talleres y debates, y que es la más extendida y la que ha creado más dogma.

He visto utilizar esta herramienta comunicativa tantas veces para manipular, maltratar y abusar que ha resultado para mí una alarma suficientemente importante para decidir querer comprender mejor cuáles son sus puntos problemáticos. Buena parte del discurso está basado en una visión individualista que ve las personas como seres aislados e independientes que solamente se afectan de forma puntual y voluntaria, obviando e ignorando la interdependencia. La CNV puede ser una buena herramienta cuando estás en una relación horizontal, pero obvia las estructuras de poder y las jerarquías que a menudo hay en las relaciones.

La responsabilidad

La CNV llama violencia a negar la propia responsabilidad de los actos y las emociones. La propuesta es interesante. El problema está en cómo se deciden distribuir las responsabilidades, ya que depende de muchos factores: depende del contexto (situaciones sociales) y también de lo que se hace y de lo que se recibe. La CNV se basa en un paradigma donde las responsabilidades están totalmente separadas y donde la relación y el contexto se borran: tú eres totalmente responsable de lo que haces y sientes y yo soy totalmente responsable de lo que hago y siento, y lo que tú sientas a causa de lo que yo haga es responsabilidad tuya. Según la CNV, señalar hacia fuera es siempre un acto de violencia.

Uno de los ejemplos que utiliza la CNV para ilustrar esto es la crítica que hace a la expresión “tengo que hacer (una cosa)”. Esta expresión utiliza el verbo tener para expresar obligatoriedad: hacemos una cosa porque nos sentimos obligades a ello, no porque lo escogemos. Según la CNV, utilizar esta expresión nos quita responsabilidad y consciencia de nuestra libertad de elección. Su propuesta es expresar que lo hago porque lo escojo. Esta visión ayuda a tomar consciencia de las cosas que hacemos y del poder que podemos tener en cómo nos sentimos con lo que nos rodea. No obstante, como todo pensamiento liberal, se basa solamente en la libertad de elección obviando totalmente las situaciones sociales desiguales. Tener menos opciones o escoger bajo coerción no es escoger libremente.

Finalmente, muchas veces personas utilizan la CNV para no responsabilizarse de agresiones o actos que afectan a sus relaciones, ya que si tú eres totalmente responsable de lo que sientes, cómo te sientas a causa de mis acciones no es responsabilidad mía.

La objetividad

Según la CNV, para comunicarnos de forma no violenta lo tenemos que hacer a través de las observaciones objetivas y no con valoraciones subjetivas: por ejemplo, decir que una persona nos está ignorando es una valoración subjetiva, pero decir que no nos ha respondido es una observación objetiva. Hacer esto nos permite no evaluar cosas que desconocemos, ni otorgar a le otre intenciones, deseos o emociones.

No obstante, por defecto, lo que a menudo es descrito como observaciones objetivas suele caer en una definición concreta del mundo que nos rodea vinculada a los privilegios (la objetividad a menudo corresponde a la mirada del hombre blanco, cis, heterosexual, de clase media-alta, neurotípico, delgado, sin diversidad funcional, etc., los que han tenido el privilegio de poder definir qué es objetivo y qué no), y, por tanto, este tipo de observaciones a quien más suele beneficiar es a quien más privilegios tiene. Siguiendo con el anterior ejemplo, suponer que la otra persona no nos ha respondido también puede ser una valoración subjetiva que corresponde a una definición sobre qué es una respuesta y qué es aceptado como comunicación válida: puede ser que la otra persona, dentro de sus capacidades comunicativas, nos haya respondido pero nosotres no lo hayamos entendido así cuando lo interpretamos a través de las normas culturales y neurotípicas sobre comunicación. El contexto siempre es importante.

Este razonamiento, además, no nos permite poder expresar que nos han manipulado o que nos han maltratado, ya que este tipo de valoraciones las coloca siempre en la clasificación de subjetivas.

La empatía

Finalmente, una de las estrellas de la CNV es lo que llama empatía. La CNV describe el proceso empático como una interpretación sobre qué necesita la otra persona sin que esta lo exprese ni pida esta opinión. Lo que propone la CNV es que cuando alguien te señala alguna queja tú no puedes ser le responsable de lo que ella siente y, por tanto, tiene que estar siendo un problema que necesita alguna cosa que no está pudiendo satisfacerse ella misma, y se lo tienes que hacer saber (incluyendo una suposición de cuál debe ser su necesidad no cubierta). Desde mi punto de vista, decirle a una persona qué es lo que siente y qué necesita, a través de una lectura y sin que ella haya expresado ni pedido esta opinión, es bastante violento. Es más, lo que se hace con esto es desviar la atención de lo que le otre decía: pasas de ser tú la señalada a señalarla a ella.

He visto manipular muchas veces a través de este tipo de empatía. Siguiendo con ejemplos: si intentas señalar alguna agresión, lo que automáticamente se te cuestionaría es cuáles deben estar siendo tus emociones y buscando tus carencias que te llevan a esas emociones, como si no fuera la agresión en sí la que te provoque la emoción, ya que la persona que te agrede no es responsable de tus emociones. Esta es una de las partes que a mí más ansiedad me producen cuando estoy delante de alguien que utiliza esta herramienta.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VI – comunicación y cuidados)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la sexta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí y la séptima aquí.

Comunicación

En la monogamia la comunicación es casi inexistente, ya que los compromisos son siempre implícitos (no se hablan, se dan por supuestos debido a lo que se supone socialmente que tiene que ser una ‘pareja’), y todo lo que envuelve las expectativas en las escalas de las relaciones hace que la comunicación no solo no sea necesaria, sinó que sea vista como una manera de romper con la ‘poesía’ o ‘magia’ de las relaciones (una ‘poesía’ que col·loca las personas en situaciones no deseadas ni escogidas voluntariamente, por tanto que objetifica).

La comunicación es muy importante, especialmente si queremos construir relaciones sensibles y no objetificadas. El problema es que estamos construyendo discursos en la no-monogamia que son altamente dominantes con un tipo muy específico de capacidades comunicativas. La imposición de un solo tipo válido de comunicación es también un proceso de dominación de las personas con unas capacidades concretas (capacitismo).

No todas las personas podemos mantener conversaciones que nos afecten emocionalmente con calma. No todas las personas podermos responder a demandas, preguntas, o propuestas al momento. Hay quienes no podemos mirar a los ojos de quien nos habla. Hay quienes no podemos hablar cara a cara en ciertos momentos o situaciones. Hay quienes necesitamos espacio y tiempo para reflexionar, gestionar o digerir. Hay quienes nos expresamos con dificultad (especialmente porque se nos obliga a expresarnos de formas muy concretas y esto no tensa mucho más). Además, hay quienes tenemos miedo a que estas diferencias que tenemos a la hora de poder comunicarnos nos imposibilite mantener nuestras relaciones y tenemos miedo a perderlas.

Necesitamos discursos de las no-monogamias más sensibles a la diversidad en la necesidad de como comunicarnos, que no excluya a las neurodivergentes, funcionalmente iversas o discapacitades, o a aquelles que por diversos motivos no puedan expresarse o comunicarse de la forma que se ha estipulado como la ‘normal’.

Cuidados

Los cuidados es un tema que se lleva hablando desde no hace mucho en nuestros activismo, en las no-monogamias, y especialmente en el feminismo. De hecho se ha hablando más en el feminismo debido a que las llamadas tareas de cuidados han recaido siempre en las mujeres. Estas tareas suelen ser descritas como las tareas relacionadas con las tareas del hogar como cocinar, limpiar, limpiar la ropa y planchar, cuidar cuando le otre está enferme, etc. Estas tareas son muy importantes y se tienen que tener en cuenta, especialmente cuando existen estas diferencias de género.

No obstante, los cuidados van mucho más allá de estas tareas que tienen que ver con el género, y sobre todo cuando estamos hablando de muchos tipos diferentes de relaciones, contextos, y estructuras (no todas las relaciones son heterosexuales, binarias, románticas y sexuales). Los cuidados tienen que ser tareas sensibles a las necesidades que tengan las personas, que no tienen porque recaer en las tareas del hogar. Para poder cuidar es necesario entender qué necesita la otra persona, no para sentirnos obligadas a cubrir sus necesidades, sino simplemente para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. No todos los cuidados recaen en tareas ‘productivas’, a veces cuidar puede implicar dejar a la otra persona estar sola si lo necesita (para poner un ejemplo). No tenemos que obligar a que le otre tenga que expresar y entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expresar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, además, tampoco se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Es muy probable que muches de nosotres no necesitemos que se nos cuide preparándonos la comida, por ejemplo, a lo mejor tenemos otras necesidades. Vivimos en lo que yo llamo ‘la cultura del tupper’: una cosa que pasa muy a menudo en nuestros entornos es que como que se está insistiendo mucho con que nos tenemos que cuidar, lo que muchas personas hacer es haver alguna cosa que les es fácil de hacer (como por ejemplo, prepararnos un tupper) pero no escuchar cuáles son nuestras necesidades reales. Es más, hay situaciones donde se utiliza esta tarea que se ha realizado para no tener que escuchar a la otra persona cuando nos expresa una necesidad real que tiene (he preparado un tupper, ya he cocinado, me voy y me lavo las manos). Utilizar los cuidados de esta forma es una técnica de dominación para no tenerse que comprometer a cuidarnos ni entender que las necesidades son múltiples, que afectamos y nos afectan las personas que nos rodean. No podemos prepararle el tupper a una persona y después utilizarlo como excusa para objetificarla o no tenerla en cuenta en cosas que le afectan.

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