de la exclusión en las relaciones a la exclusión en discursos y espacios

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: monogamia, estructura monógama, gordofobia, presión estética, capacitismo, neurocapacitismo, y mención de más estructuras de forma general, exclusión, exclusión relacional, competitividad, consumo relacional, masculinidad, lenguaje capacitista*

*(aunque yo preferiría utilizar palabras como «discapacidad/es» o «discapacitades», en este texto uso «diversidad funcional», y además lo diferencio de las neurodivergencias. lo hago por una cuestión de comprensión, ya que muchas personas que van a leerlo no saben del debate y de las posiciones que hay al respecto de estas palabras y tampoco sabrían a qué me refiero cuando digo «personas discapacitadas», ya que se tiene una idea muy diferente de estos términos. el vocabulario que uso normalmente ya hace que algunas veces no sea tan comprensible (o al menos como a mí me gustaría) y a veces hago un poco de malabares comprensión-inclusión-no opresión dependiendo del contexto, la temática sobre la que escribo y la gente que creo que podría leerlo)

Hace un tiempo Kai escribió este texto en este blog hablando sobre como intersecciona la gordofobia con la deconstrucción del amor romántico y de la monogamia, y, aunque a mí no me atraviesa la gordofobia, algo me removió. Al cabo de un tiempo escribí este otro texto para hablar de cómo muchos de los discursos sobre comunicación cuando se habla de relaciones y no-monogamias excluyen a las personas que tenemos necesidades y sensibilidades diferentes a las estipuladas como normales, cómo nos pasa a les neurodivergentes. Además, también, hace bastante tiempo que hay personas quejándose de cómo las no-monogamias las excluye, o más bien, explicando cómo sienten que no pueden vivirse en ellas y señalando muchos de los aspectos liberales de muchas de las formas de llevarlas a la práctica (de hecho las más visibles, incluso en ambientes críticos y alternativos).

Muchas de estas quejas se suelen ignorar y no verse como verdaderos problemas. Pero no estoy hablando de machismo. Creo que el machismo en las no-monogamias es una de las pocas críticas que sí han ganado más aceptación y el feminismo cada vez está más presente (no siempre, pero un poco sí, y si creéis que no, imaginaros para el resto de cosas). También es posible que todo aquello de la crítica al “consumo de relaciones” también esté llegando, aunque muchas veces es más bien un postureo de repetición de palabras que mola mucho decir porque queda bien.

A parte de esto, el resto de críticas creo que se han intentado pasar por alto, especialmente porque cuesta ver el entramado de estructuras y de privilegios, más allá de cuando existe sólo la violencia estructural que estamos acostumbrades a analizar: cuando no tienes un cuerpo normativo, eres gorda, tienes alguna diversidad funcional, eres neurodivergente, eres considerada fea, tienes estrés postraumático, no eres carismática, etc; y esto sumándole todo el resto que también pueden hacer que se te excluya relacionalmente: no eres blanque, no eres cis, eres pobre, etc. Cuesta verlo cuando el problema deviene más bien por una exclusión de las problemáticas que muches vivimos a través de las relaciones. Se suelen ver como quejas puntuales, no estructurales. No quiere decir que si te atraviesa alguna de estas cosas estás automáticamente excluida, es más complejo y es contextual. Pero el problema sigue siendo estructural.

No creo que el problema sea de las no-monogamias de por sí, el problema ya lo tenemos en la monogamia, y hemos heredado su filosofía relacional, multiplicando sus nocivas consecuencias. No la hemos liberado, la hemos hecho, en muchos casos, más liberal, una forma de coleccionar relaciones sexuales y afectivas, mientras ni siquiera rompemos con conceptos como la competitividad o la propiedad, ni con las desigualdades sociales que nos encontramos a la hora de relacionarnos.

Nos gusta hablar de deconstrucciones, de comunicación, de salir de la zona de confort, de celos, de apego, del amor romántico, de la NRE (New Relationship Energy), entre otras cosas, y muchas veces sólo se contemplan realidades que no se desvían de lo que se considera “normal”: las más privilegiadas. Muchas quedan o quedamos fuera cuando se habla de todas estas temáticas, y se acaban teniendo muchas más dificultades para moverse en estos ambientes y en las propias relaciones, haciéndonos sentir como si el defecto fuéramos nosotres. Ya hablé de neurodivergencias, comunicación y exclusión, como he comentado al inicio del texto, así que este tema no lo tocaré ahora, pero es importante también incluirlo en esta lista de problemáticas.

Se habla, por ejemplo, de las “virtudes” de salir de la zona de confort, cuando para muchas, estar expuestas a tener una sola relación (sea del tipo que sea) ya es, muchas veces, salir de su zona de confort; o bien hacer cualquier cosa que pueda ser considerada “normal” y “habitual” porque todo está montado de forma que las excluye (las personas neurodivergentes tenemos bastante experiencia en esto, entre muchas otras). Dentro de muchos ambientes “salir de la zona de confort” significa hacer todas aquellas cosas que socialmente no están muy aceptadas, que se nos han vetado y que, por tanto, se supone que tendremos más dificultad para deconstruirlas, y hacerlo nos puede empoderar. En estos casos es muy fácil hablar de salir de tu zona de confort cuando eres una persona neurotípica, delgada, guapa, carismática, sin traumas (o con pocos traumas), sin diversidad funcional, cis, etc. Pero hay personas que podemos tener más dificultades, o, sobre todo, necesitaremos vías y procesos diferentes, dependiendo de lo que nos atraviese y dependiendo del contexto. Y cuando se crean estos espacios no se suele tener en cuenta. No es igual, por ejemplo, para una persona con un cuerpo no normativo o gorda, salir de esta zona, cuando es el propio cuerpo el que se expone. Tampoco es igual cuando tu sensibilidad con el contacto físico o con la exposición a ciertos estímulos sensoriales es diferente a la estipulada como normal, como nos puede pasar a personas autistas, y no se tienen en cuenta las diferentes sensibilidades. Y se podrían ir sumando ejemplos.

La mayoría de veces cuando se habla de temáticas relacionadas con, por ejemplo, las no-monogamias, se parte de la suposición de que tienes acceso a tener una relación sexoafectiva  o romántica/platónica/afectiva y las problemáticas vienen cuando quieres “añadir” más. Pero cuando eres una persona que ya el hecho de tener una relación de este tipo se hace complicado y te sientes a menudo excluida de tener cierto tipo de relaciones o bien rechazada, cuando entras en el mundo de las no-monogamias, todo se puede hacer más complicado, y no por la gestión de tus relaciones, sino por un montón de emociones que te tienes que tragar debido a la comparación y la competitividad (aquello que muy a menudo se niega que exista en las no-monogamias), la exclusión, la dificultad o también un conjunto de miedo, objetificaciones diferentes a las que estamos acostumbradas, problemas de autoconfianza, autoestima o afectaciones a la salud mental muy complejas.

Se nos dice, repetidamente, que nuestro problema es un problema de falta de introspección, cuando muches de nosotres, debido a lo que nos atraviesa y cómo nos afecta, especialmente cuando nos excluye, ya padecemos de un exceso de introspección y de ralladas que acaban afectando nuestra salud mental. A veces nos dicen que es una falta de actitud, o, también, se nos suele decir que no nos trabajamos suficiente. Y, seguidamente, esto lo arregla, como he leído y escuchado a veces, diciendo que quien tiene dificultades para tener una relación mejor que no sea no monógama: esto ejemplifica, como comentaba, la propia exclusión. Este no es un problema individual, es estructural y colectivo.

¿Y qué pasa, por ejemplo, cuando se quiere deconstruir el amor romántico, el apego y los celos cuando has sido excluida de la posibilidad de acceder a cierto tipo de relaciones? Imaginémonos, el caso, de una persona que por el hecho de ser gorda, como explica Kai en el texto mencionado al principio, ha recibido toda su vida el mensaje de que no merece el amor, y que, por tanto, tener una relación romántica y/o sexual (y ya no digamos más de una) le ha sido vetado o de difícil acceso. Otros colectivos, como les autistes u otras neurodivergentes, o las personas con diversidad funcional también reciben estos mensajes. No se vive igual esta deconstrucción, porque no se parte desde el mismo punto. Es más, cuando tu acceso a tener cierto tipo de afectos, como el de pareja, es mucho más restringido, el apego y la necesidad de poder acceder a ello puede ser más alto, y sólo aquellas que siempre lo han tenido muy fácil no entenderán cuál es el privilegio y todo lo que se obtiene de este tipo de relaciones, especialmente cuando fuera de este tipo de relaciones es todo más bien consumo y muy volátil. Muches, debido a esto, sienten una necesidad y un deseo más elevado de tener cierta seguridad en los afectos.

Tampoco se pueden deconstruir los celos a través del mismo proceso cuando tu miedo es siempre que cualquier relación te dejará, te apartará o te tratará con inferioridad, por alguien más delgado, porque socialmente el premio es más elevado (y porque tu experiencia anteriormente ha sido esta), o más neurotípico, o más guapo, o porque tiene, en general un cuerpo socialmente más aceptado porque es cis o no tiene diversidad funcional, etc. Obviamente la solución no es excusarse en esto para generar violencia a otres, sino darnos cuenta de que necesitamos también otros discursos complementarios, otros relatos, otros caminos y otras formas de acompañar y de deconstruir. Y, sobre todo, una sensibilidad y una responsabilidad compartida a la hora de cómo nos relacionamos desde el privilegio y cómo colocamos a nuestras relaciones en posiciones que puede propiciar la competitividad.

Otra temática bastante desgastada en las no-monogamias es la NRE, aquella “energía” (normalmente descrita como muy intensa y a menudo bonita) que se tiene cuando se inicia una relación (el enamoramiento); una energía que suele ser temporal y que te puede arrastrar a menospreciar otras relaciones y a tomar decisiones precipitadas en un contexto que puede cambiar al cabo de poco tiempo. ¿Todes vivimos los inicios de las relaciones de la misma manera? Cuando se habla de NRE pocas veces veo que se hable de, por ejemplo, aquelles que los inicios de las relaciones los vivimos con miedos: miedo al abandono, miedo al rechazo, miedo a que se nos aparte (y seguramente podría añadir más). Sumándole, además, cómo estos miedos se nos pueden mezclar también con la intensidad, y cómo, a veces, nos hacen abandonarlas o huir de ellas, aun cuando las deseamos mucho. Tampoco vivimos igual los procesos intensos emocionales las que no somos neurotípicas: habrá quien la intensidad de lo que sienten les provocará un exceso de dolor, o bien las que se podrían leer como desinteresadas provocando dramas neurotípicos (suposición de que le otre no les corresponde) por parte de la otra persona.

Todo esto que he comentado hasta ahora, además, también afecta a otros procesos de deconstrucción, como el de la masculinidad. Volvemos a lo mismo de antes, es muy fácil hablar de deconstruir la masculinidad cuando eres un hombre guapo, delgado, neurotípico, carismático, sin diversidad funcional, etc. Con esto no quiero decir que si no eres todo esto no tienes que aceptar, cuestionarte ni trabajarte los privilegios que tienes por el hecho de ser un hombre, sino que, como ya he repetido anteriormente, los procesos son diferentes. Una vez escuché en una charla cómo un hombre le decía a otro que lo mejor que podía hacer para no ser machista cuando “ligaba” era no hacer nada, “que sean ellas las que se acerquen”, dijo. Sé que es una chorrada de ejemplo, y que los privilegios masculinos son más complejos que todo esto, aparte de que muchos de ellos no van ligados a las relaciones sexuales o románticas/platónicas, pero para mí fue metafóricamente representativo. En ese momento pensé, “muy fácil de decir para ti, esto, cuando haciendo lo que acabas de proponer, a ti no te afecta ni a tu capital social, ni sexual, etc”, y digo también capital social, no solamente sexual, porque se puede aplicar esto a más allá del “ligar”. No quiero con esto hacerle una oda a la acumulación de capital sexual o social, sino precisamente cuestionarlo y cuestionar los privilegios de los que acumulan este tipo de capital mientras uno se cree que ha deconstruido su masculinidad, porque es una gran mentira. Me cuesta mucho encontrar textos, talleres, charlas o lo que sea, que hablen sobre deconstrucción de la masculinidad por parte de hombres que no acumulen la mayoría de estos privilegios, y que, por tanto, hayan tenido que pasar por procesos diferentes.

También he visto en muchos casos, comportamientos en algunos hombres que provienen, no solamente de su masculinidad, sino también de rasgos de alguna neurovidergencia. La ocupación del espacio es un ejemplo; lo que se lee a veces como falta de empatía, otro ejemplo. Y, como antes he comentado, tampoco quiero hacer de esto una excusa para, por ejemplo, que se ocupe mucho espacio, sino para mostrar que en estos casos también se requerirá de procesos y deconstrucciones por vías distintas.

Sé que me he dejado muchos ejemplos, pero creo que el texto ya es suficientemente largo y lo único que quería era dar algunas ideas generales. Se podría decir que la exclusión relacional va mucho más allá de la exclusión en sí misma e implica una exclusión en los discursos, los debates y en muchos eventos que tratan estas temáticas, que no reflejan realidades que atraviesan a mucha gente. Algunas veces, las pocas que he podido ver que se toquen estas temáticas, ha sido muy puntual y después no se ha reflejado en el evento en sí, ni en posteriores, solamente han ocupado el espacio de un taller. Creo que aparte de hacerlo visible, se tiene que ir más allá, sino es caer en un tipo de tokenización. Y es que es esto, también me da miedo, como ya ha pasado muchas veces antes, que se instrumentalice o se tokenicen a las personas atravesadas por todo lo que he comentado. Lo he visto hacer con las personas arrománticas y asexuales desde discursos de la anarquía relacional (que nos han servido de ejemplo para mostrarnos que las relaciones no románticas y no sexuales también pueden ser importantes, pero después sus problemáticas no se veían reflejadas realmente en nuestras comunidades). También lo he visto hacer con las neurodivergentes, solamente para hacer las no-monogamias más vivibles para las neurotípicas mientras se romantizan nuestras discapacidades. Pero esto no es tenernos en cuenta, esto es sólo una forma de apropiación.

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rapidez, capitalismo relacional y acumulaciones de afectos

por wuwei (natàlia)

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Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 6 de Febrero. Podéis ver el original aquí . 

Aviso de contenido: capitalismo relacional, capacitismo, misautismia, consumo, objetificación, competitividad, apropiación

Vivimos en un sistema de contradicciones constantes. El capitalismo nos obliga a ir rápido, a usar lo que nos rodea y dejarlo sin más, a consumir, y a la vez no nos permite cambiar como nos gustaría o como necesitamos, ni le gustan los procesos, porque tenemos que ser lo que nos manda ser, para ser productivas y reproductivas, para explotarnos y encajarnos en una jerarquía. Vivimos en un sistema basado en metas, el capitalismo borra los caminos, el goce de los momentos, del compartir. Metas, cambios a golpes, forzados, estaticidades también forzadas y jerárquicas, fluir que no es en realidad fluir, que no es adaptable a ningún contexto que no sea el de su consumo, de la explotación o la objetificación. Es un fluir que es más bien un arrastrarse en una corriente anti-persona. Y esto no nos afecta igual a todas, sino que afecta mucho más a aquellas que no encajamos en muchos cánones que no nos permiten seguir este ritmo cuando nos movemos, cuando trabajamos, cuando nos relacionamos.

Para algunas cosas, especialmente aquellas cosas que están vinculadas a la relación con lo que me rodea, soy una persona lenta. Soy autista, y me he dado cuenta de que mi lentitud está relacionada con ello. Y no lo digo como si fuera algo negativo en sí mismo, de hecho me estoy enamorando de ello a medida que más entiendo cómo funciono. Sería una cosa maravillosa si no fuera por todo el aspecto estructural y social en el que me tengo que mover. La carga negativa aparece, por un lado, por cómo percibe nuestra sociedad la lentitud: socialmente es considerado un defecto, una incapacidad. Por otro lado, la negatividad se incrementa mucho más cuando yo misma quiero y necesito moverte en este sistema: no es solamente una cuestión de “mala imagen”, es una cuestión de que todo a mi alrededor me acaba colocando en una posición inferior donde todo me cuesta mucho más. Vivimos en un sistema altamente competitivo donde hay poco espacio para el tiempo y para los procesos. El sistema se basa en la rapidez, en quien más rápido va es quien se lleva los premios. Hay privilegios que te permiten ir más rápido (tener dinero, ser blanca, encajar en los roles de género, ser delgada, tener carisma, etc.) pero a todo esto se tiene que añadir la propia rapidez o lentitud de cara persona: estamos hablando también de capacidades (y discapacidades).

Para mí conectar con otras personas requiere un tiempo. Y en este “conectar” caben muchas formas de conexión: mentalmente, emocionalmente (afectiva o románticamente), sexualmente, o para compartir cualquier cosa. Como sea, es igual, saber si una persona me gusta, me cae bien, me apetece compartir unas cosas o unas otras, me cuesta un tiempo que suele ser superior al que le cuesta al resto. Esta lentitud es debida a muchos factores que acaban influyendo a mi baja velocidad: por ejemplo, muchas veces me saturo por las cosas que estoy sintiendo y necesito separarme de ellas para poder gestionarme y para poder comprender como me siento (antes no lo hacía así, y la intensidad me llevaba a arrastrarme a lugares que quiero evitar); a la vez, también muchas veces me cuesta reconocer las cosas que siento en el momento (necesito tiempo para saber qué he sentido con una persona o qué es lo que puedo estar sintiendo); también me pasa que me es difícil procesar muchas de las cosas que las personas me dicen o comparten conmigo, y también tengo cierta tendencia a la ansiedad social que me dificulta pasar mucho tiempo con personas que no conozco o que conozco poco.

Debido a esta lentitud muchas veces en el mundo de las relaciones me siento como yendo en bicicleta en una carrera de Fórmula 1: yo voy tranquilamente pedaleando mientras me van pasando coches a toda pastilla por mi lado (esta metáfora está inspirada en una de parecida que me expresó hace un tiempo Laura, una persona con quien tengo un vínculo cercano). Imaginaros un evento de un fin de semana donde todas tenemos la oportunidad de conocer a personas nuevas con una cierta afinidad y “conectar”. Pues yo iría pedaleando y todas me pasarían corriendo como una bala por al lado. Esto no solamente hace que yo siempre quede atrás, sino también que sienta angustia y ansiedad, como siempre me ha pasado cuando voy en bicicleta por la calle de una ciudad: me siento vulnerable, desnuda, mucho más fácilmente “atropellable”. Lo que ocurre es que no solamente siento no llegar nunca a los sitios o llegar tarde, sino que cuando llego todas, que han llegado mucho antes con su cochazo, ya están demasiado ocupadas con otras personas. El tiempo es finito y las atenciones también. La exclusión es obvia.

Pero esta exclusión no solamente pasa cuando eres lenta, también suele pasar cuando no tienes un cuerpo normativo, cuando tienes otras discapacidades, cuando no eres tan guapa, cuando no eres carismática, etc. De hecho a mí me atraviesan más cosas que la lentitud. No es sólo exclusión por el hecho de ser así (gorda, fea, discapacitada), cuidado, de esto es más fácil hablar, de que te excluyan “directamente” por no encajar con la norma estética establecida. Es más complejo que esto. Es también, como estaba comentando en mi caso, porque todo el resto te pasan siempre delante, con sus cuerpos, su forma normativa de conectar, sus carismas, y cuando tú llegas, al ser el tiempo y el afecto que todas podemos realmente compartir una cosa finita (sí, todos los recursos lo son), es más fácil ser excluidas de forma “indirecta” y menos obvia. No es siempre una exclusión directa, sino más bien que no llegas porque otras te pasan siempre delante.

Esto pasa en la monogamia, y se puede multiplicar mucho más en el poliamor y en otras no-monogamias siempre que estas se expresen bajo la misma forma capitalista de funcionar. La monogamia se basa en la competición por ver qué persona consigue estar en la posición privilegiada por el afecto de una persona (la pareja). Hay muchas que creen que la competición se acaba cuando rompes con la idea de exclusividad y “permites” que las personas puedan tener más de una relación sexoafectiva. Pero esta idea es ingenua. Lo es porque creer que una vez todas podamos relacionarnos con todas estaremos en la misma posición de igualdad es la misma trampa ideológica liberal de que se puede ser libre sin romper con las condiciones sociales de desigualdad. O sea, que tengamos la posibilidad de tener más relaciones sexoafectivas no incrementa la posibilidad de que las excluidas nos “toque” algo, sino que si no se rompen las relaciones desiguales lo que propicia es que algunas acumulen más afectos mientras otras nos dediquemos a acompañarlas (sintiéndonos a veces explotadas) y mirarlas desde fuera. Es coger la monogamia y multiplicar todavía más algunos de sus efectos. En esta caso incluso algunas nos quedaríamos en una situación de aún más competición y más vulnerabilidad que en la monogamia, ya que en la monogamia al menos cuando consigues el afecto de alguien la competitividad disminuye un poco y no permite una acumulación tan grande por parte de algunas.

También pasa con otro tipo de relaciones que no son contempladas cuando se habla de monogamias o poliamores. Por ejemplo, yo tengo un sobrino de tres años y me he dado cuenta de que no puedo vincularme con él cuando estamos una buena parte de la familia junta (o al menos cuando están algunos miembros concretos). Hay constantemente una lucha competitiva (inconsciente) para acaparar su atención y es una lucha que a mí me coloca siempre fuera (también por el hecho de ser autista, pero se añade el clasismo). Esto, si yo no le pusiera ningún tipo de remedio y esfuerzo por mi parte (como creo que estoy haciendo desde hace poco), haría que yo a la larga no acabara pudiendo generar un vínculo tan cercano con él y quedara, por tanto, excluida de sus atenciones. Pero es un esfuerzo que a veces me hace sentir ir contracorriente y luchando contra cosas muy difíciles de luchar en el sistema que vivimos: yo no puedo comprarle millones de juguetes, ni puedo llevarlo en coche a lugares diferentes porque no tengo coche (tampoco es que quiera hacer estas cosas, de hecho detesto esta forma de comprar atenciones, pero explícale esto a un niño de 3 años).

La cooperación y romper con la competitividad, teniendo en cuenta lo que comentaba anteriormente, no es solo una cuestión de no competir de forma consciente con otras personas por nuestros amores, afectos o relaciones del tipo que sean, sino que es tomar consciencia también de los factores que nos colocan en puntos desiguales. He comentado en este texto el caso específico de la velocidad, que para mí es una de las metáforas del capitalismo que me resuena en como vivo las relaciones, pero también hay muchos otros factores que se ven afectados por estas múltiples exclusiones y hacen que muchas queden descartadas en un sistema competitivo y de acumulación de afectos.

Yo no soy monógama, y decidí no ser monógama en un acto de querer ser consciente de mis privilegios y de poder de alguna forma aprender a desprenderme de ellos. Para mí la monogamia se basa en la propiedad, el consumo y la competitividad, y me declaro fuertemente anti-monogamia. Para mí ser no monógama implica romper con la propiedad para pasar a compartirnos, ayudarnos, cooperar, no sólo en el ámbito sexoafectivo, sino en todos los ámbitos: la idea de comunidad/es. Mi sorpresa fue ver un mundo supuestamente no monógamo y alternativo que no era muy diferente y que multiplicaba lo que ya teníamos. Para mí todas esas vivencias que muchas veces nos venden como poliamores no son alternativas sino otras versiones, un poco más liberales, de la monogamia.

Si rompemos con la propiedad, tenemos que aprender a compartirnos, no a acumularnos. Si rompemos con el consumo, tenemos que aprender a respetarnos, no a coleccionarnos. Y si rompemos con la competitividad, tenemos que aprender a cooperar y a entender de qué puntos partimos cada una, tenemos que frenar, dejar espacio para los verdaderos procesos, no seguir queriendo ignorar que partimos de posiciones desiguales, ignorando nuestros contextos y las estructuras sociales que nos rodean y atraviesan. Y tenemos que querernos ver, a todas. También a aquellas a las que no solemos querer ver porque estamos siempre demasiado ocupadas y preocupadas pensando en cuál será la próxima presa a la que ganaremos como trofeo para nuestra colección.

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taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones’ el domingo 16 de diciembre en Barcelona

por wuwei (natàlia)

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El domingo día 16 de Diciembre repetiré el taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones‘. Se hará a las 17h (hasta las 21h) en Barcelona (lugar aún por confirmar). Por tal de construir un espacio más seguro el número de plazas es limitado. Todavía hay plazas. Si estás interesade envíame un correo a wuwei.activismedesorientat@gmail.com.

Más información en el evento de facebook: https://www.facebook.com/events/284898965552522/

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las excluidas y consumidas por el capitalismo de las relaciones

por wuwei (natàlia)

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vuelvo otra vez a colgar entradas en el blog y empiezo con un artículo que, de hecho, ya tenía escrito y no lo colgué porque supuestamente me lo habían pedido para otro espacio y no se utilizó al final. empezó siendo una versión del artículo ‘el mundo de las relaciones: un club exclusivo de alto standing‘ y se fue cambiando combinando cosas de ‘memorias de una C‘. y finalmente, esto que cuelgo aquí.

aviso de contenido: capitalismo relacional, consumo relacional, competitividad, apropiación, objetificación, exclusión, violencia monógama, mención de varias estructuras de poder (capacitismo, neurocapacitismo, gordofobia, cisexismo, racismo…)

 

El capitalismo no solamente un sistema “económico”, éste está por todas las partes de nuestra vida, también en las relaciones. El capitalismo relacional se basa en la competitividad entre personas para poder conseguir reconocimiento, afecto o cuidados, en el consumismo que hace que nos acerquemos a las demás de forma utilitarista (no solamente para satisfacer deseos sexuales, sino todo tipo de deseos y voluntades que les imponemos), o en la apropiación (propiedad) de deseos, cuidados y atenciones de otras personas (como pasa a menudo con la pareja, y en otro tipo de relaciones de forma más escondida).

Todos estos mecanismos acaban apartando y excluyendo con más probabilidad a las personas que quedan más en los márgenes. La mayoría de las veces que se habla de este sistema relacional se suele señalar de cómo nos afecta a las mujeres, ya que somos sistemáticamente objetificadas y utilizadas en las relaciones, tanto de pareja, como de consumo sexual o emocional. Pero hace falta señalar que somos muchas más las afectadas y que esta estructura se vale de muchas más, dejando de lado y utilizando a personas de colectivos minorizados, como son las neurodivergentes, las que no tienen un cuerpo normativo, las discapacitadas, las trans, las racializadas, y un largo etcétera. ¿Cómo puedes competir delante de cuerpos normativos cuando el tuyo es atravesado por la gordofobia? ¿O cuando tienes ansiedad o fobia social? ¿O cuando te rechazan por ser trans y no entrar dentro de las expectativas cisexistas de lo que tiene que ser una persona con una genitalidad concreta? Y un largo etcétera.

En artículos de opinión, redes sociales y blogs, hay una tendencia a señalar como causa y consecuencia de este capitalismo relacional a ciertas prácticas “poliamorosas”, haciéndolas cómplices de la “fluidez” de las relaciones actuales, la falta de compromiso o de responsabilidad. Pongo entre comillas “poliamorosas” porque muchas personas utilizan la palabra poliamor para referirse a todo tipo de prácticas diferentes a la monogamia, aunque existen prácticas y filosofías más allás del poliamor (y no solamente como “evolución” de esta, sino que han surgido por otros caminos o incluso antes). Aunque puedo estar de acuerdo en que muchas formas de practicar el poliamor, así como de otras no-monogamias, parten de una forma liberal y capitalista de ver las relaciones, tampoco me gustaría dejarle al poliamor tanto protagonismo: y es que la monogamia no tiene mucho que envidiarle, de hecho podríamos decir que la monogamia tiene gran responsabilidad en la creación de este marco en el que nos movemos a la hora de relacionarnos.

En la monogamia solamente existe una relación reconocida como “válida”: la pareja. Solamente hace falta pensar que cuando decimos “tengo una relación con alguien” automáticamente la mayoría de personas pensarán que se trata de una relación de pareja (o sexoafectiva, como queramos llamarla). Será, por tanto, a través de esta relación donde podremos obtener un “mínimo” de cuidados, atención o valor. Con esto no quiero para nada obviar toda la violencia que ha habido siempre en la pareja monógama (paradigma de la apropiación), sino señalar que fuera de la pareja las relaciones reciben otro tipo de violencia: quedan más al desamparo, al descuido, al no compromiso y a la falta de responsabilidad. Como la mayoría de las veces que criticamos a la monogamia solamente lo hacemos para criticar la violencia que se ejerce en la pareja y de la apropiación o propiedad, creemos que rompiendo con el concepto de pareja rompemos con toda la violencia de la monogamia. ¿Pero qué nos queda si rompemos con la pareja sin pararnos a criticar o reflexionar cómo tratamos el resto de relaciones? Nada, lo que nos queda es la nada: un mundo de relaciones sin compromisos, sin responsabilidades y utilitaristas. Saltamos entonces de la relación basada en la propiedad a relaciones basadas en el consumo: las dos caras de la misma moneda en la monogamia.

Todas estas personas excluidas de las relaciones por la monogamia se nos hace mucho más complicado nadar en ciertas prácticas no monógamas o poliamorosas. Unas prácticas que son cómo la monogamia pero con algunas más “libertades”: más libertades solamente para algunas personas, para quien más privilegios tiene, y por tanto más perjudiciales para quien no tenemos estos privilegios. A mí personalmente me molesta que se niegue que existen prácticas poliamorosas o no monógamas liberales, porque muchas las padecemos, sobre todo aquellas que estamos dentro de la comunidad no monógama o “poliamorosa” y que además ya padecemos de la exclusión en el capitalismo relacional. A la vez, también me molesta que personas monógamas tachen directamente las no-monogamias de liberales, cuando es la propia monogamia la fuente de esta forma de ver las relaciones y hay muchas personas que estamos intentando construir otras alternativas no monógamas más críticas (poliamorosas y no poliamorosas) dejando nuestros cuerpos y emociones en todo el proceso.

Para romper con el capitalismo relacional las alternativas a la monogamia que tenemos que construir tienen que pasar por romper, no solamente con la propiedad de las relaciones (y por tanto de la pareja), sino también con el consumo relacional, así como la competitividad. Tiene que empezar a reconocer todas aquellas relaciones olvidadas, cuidarlas y tenerlas en cuenta. Tenemos que ser más sensibles a los ejes de opresión, hablar de discriminaciones y de exclusiones, pero hablar de exclusiones de una forma muy amplia, no solamente de mujeres o de orientaciones no heterosexuales. Y, finalmente, tenemos que escuchar las quejas sobre el “poliamor” y cualquier tipo de filosofía relacional de todas aquellas que se sienten excluidas o consumidas porque es muy probable de que nuestra monogamia y nuestro “poliamor” las esté dejando de lado. Pero cuidado, nada de instrumentalizar sus quejas, que no nos sirvan solamente para llenar párrafos y artículos, que sea una escucha de verdad, para construir entre todas formas de relacionarnos que incluyan de verdad.

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memorias de una C (IV – competitividad y consumismo relacional)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la cuarta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la quinta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, competitividad, consumismo relacional.

 

Competitividad y las C

 La competitividad es una situación en la que dos o más persona entran en lucha para poder obtener alguna cosa. Esta lucha implica que una (o unas pocas) ‘gana’ y las demás, las otras, quedan fuera (excluidas). La monogamia es muy competitiva, ya que el afecto, los cuidados, los compromisos y el reconocimiento solamente se dan hacia una persona, haciendo que se puedan dar situaciones de competitividad para poder conseguir reconocimiento de una persona (compitiendo entre personas que quieran obtener reconocimiento de la misma persona). Esta competitividad en las relaciones podrá ser tanto para obtener un prestigio social (obtener ‘trofeos’ en forma de relación que te hagan obtener más privilegios sociales), o bien simplemente reconocimiento personal o cuidados, y vendrá dada por una combinación de muchas cosas: las creencias y normas sobre las relaciones (la propia idea de que solamente una persona puede acceder al reconocimiento), como nos enfrentamos a una metarelación (la relación de una relación nuestra), o bien también con qué sensibilidad nosotresmismes colocamos a nuestras relaciones que puede facilitar o no la competición (especialmente debido a factores estructurales, como por ejemplo cuando reconocemos a quien más privilegios tiene, quien es más guapa, quien tiene más facilidades económicas, o sociales, etc).

Las C, al ser relaciones colocadas en una posición donde no pueden tener voz en su relación, se ven en competición muchas veces con las personas que sí que tienen voz en su relación aunque no formen parte de ella. Las C estarían en constante lucha para poder conseguir una posición reconocida, donde pueda haber un mínimo de cuidados, o se les tenga en cuenta, quedando siempre finalmente excluídas. Todo esto vendría fomentado especialmente por otras estructuras que, en comparación con la otra relación, las excluiría (cuál sería la más guapa, cuál tendría unas capacidades sociales más destacables, cuál sería del género que haría de la relación más reconocida, etc). Por tanto, esta situación pone a las que tienen menos privilegios en situaciones más vulnerables excluyéndolas de forma más frecuente y las que ayudarían a colocarla en una posición C.

 

Diario de una C (Historia 3)

Últimamente siento que tengo mucha ansiedad, acumulo mucha tensión y toda mi atención está yendo a parar a B; tanto, que no me queda tiempo para mí, ni para el resto de mis relaciones. Pero es que me siento constantemente desplazada, que no importa lo que diga o exprese, que se me aparta siempre. Y es muy sutil, que cada vez que quedo con B en alguna cosa, al cabo de unos días me comenta que lo ha hablado con A y que A le ha hecho una propuesta que, en comparación con lo que había hablado conmigo, le ha convencido más y que mejor hará lo que A le ha pedido. No entiendo porque tanta comparación, siento como si se me hubiera puesto en una competición que yo no he pedido.

Y ahora tengo miedo. Tengo miedo a hacer o decir cualquier cosa que haga que se me aparte todavía más. Sin darme cuenta he dejado de expresar cosas que siento o pienso, que me afectan, por miedo a que se me aparte más, y acabo siempre diciendo todo aquello que creo que hará que no se me desplace. O sea, no me puedo enfadar, no puedo expresar disconformidad, no puedo hacer ninguna crítica. Solamente puedo mostrarme dócil y complaciente. Y, sobre todo, siento que tengo que conseguir ser de alguna forma mejor que A.

 

Consumismo de C

 Por defecto, cuando se habla y se presenta el tema del consumismo de relaciones se suele definir ‘relación de consumo’ como una relación que no tiene mucha duración en el tiempo. Haciendo esta relación estamos invisibilizando las relaciones de larga duración que son utilitaristas, objetificadas y a través del consumo propio para alguna satisfacción personal, y a la vez negando la posibilidad de que una relación de corta duración pueda ser cuidada, y no objetificada.

También se suele relacionar el consumo de relaciones con relaciones con ‘solamente’ sexo, cayendo en la idea de que el sexo de por sí es objetificador. Esto desde mi punto de vista también es un error, porque borra muchos otros tipos de consumo que no son ‘sexuales’ (que pueden ser emocionales o intelectuales) y a la vez nos hace creer que tener una relación de sólo sexo es consumista. Esto no quiere decir que no se consuma ni se objetifique mucho a través del sexo en nuestra sociedad, especialmente aquellas personas a las que el patriarcado nos objetifica sexualmente. No obstante, no es el sexo en sí, es por como lo utilizamos socialmente para generar poder sobre otras personas. Si se tiene una relación solamente sexual pero se respetan los consentimientos, las voluntades de le otre o se le escucha en cada momento si tiene o no alguna molestia, no es objetificador.

Yo prefiero relacional el consumo de relaciones con la motivación y con la forma de acercarnos a la otra persona, no con la duración de la relación en sí misma, ni con lo que se comparta. Una relación de consumo desde mi punto de vista sería una relación objetificada (donde le otre es un objeto), utilitarista, donde te acercas para satisfacer alguna cosa que tu quieres sin tener en cuenta lo que quiera la otra persona (si quiere o no lo mismo que tu, o si incluso estás saltándote su consentimiento), y quietándole la voz en las cosas que le afectan, y no pensando en las consecuencias de todo ni cómo afecta esto a su vida ni sus relaciones.

Las C ocupan una posición de consumo relacional ya que, como he comentado, no tienen voz en las cosas que le afectan y, por tanto, se acercan a ella teniendo en cuenta sus necesidades (de quienes se acercan), e incluso las de la pareja, pero no las de las C. Se podría incluso ampliar el consumo desde la propia pareja, no solamente de una de las componentes, como a nueva individualidad que consume relaciones.

 

Diario de una C (Historia 4)

Hoy he ido a un encuentro con A y B y he salido de allí muy confundida. No entiendo muy bien porque, ya que tampoco me han dicho nada malo. Resulta que hace un par de meses nos enrollamos les 3. Todo bien (al menos por mi parte) y tampoco se había hablado de llevar la relación hacia ningún lugar en concreto; de hecho me dejaron muy claro que ‘solamente’ querían un amistad. A y B ya eran pareja antes, esto sí, y lo siguen siendo. Hace una semana me dijeron que necesitaban hablar conmigo y que era muy importante.

Esta mañana hemos quedado y de golpe me han empezado a explicar una historia súper complicada de emociones, de cómo vivieron elles dos la situación ese día, todo un proceso emocional de celos trabajado durante más de un mes, y un montón de cosas que no se me pedían directamente pero sí: un montón de comprensión y unas normas a llevar a partir de entonces. Resulta que estas normas (básicamente que yo no puedo hablar ni quedar con cada une de elles por separado) las habían estado hablando elles dos con anterioridad. Han estado más de un mes trabajándoselo y hablándolo entre elles y poniendo estos límites que de golpe me he encontrado.

Pero esto no es todo, porque ahora tengo la sensación de que tengo que ir con mucho cuidado con todo lo que haga o diga con elles porque se me ha medio impuesto que tengo que ser sensible a la situación, ya que es un proceso emocional. También de golpe tengo la sensación de que estoy en una relación con más implicación emocional y creo que yo no he podido hablar, o sea, no ha sido un proceso en el que yo haya podido hablar nada de todo esto, sino que he salido de aquella casa entendiendo que de golpe estoy en una relación con un cierto grado emocional (ya que se me está pidiendo una implicación, comprensión, acompañamiento y empatía), pero donde yo no tengo privilegios de pareja, y donde tengo que aceptar ciertas normas de limitación para ser sensible a sus procesos emocionales. Y claro, a ver, es que tampoco he tenido muchas opciones, solamente podía decir que sí o no a aquella situación. Evidentemente podía decir que no, pero no sé tampoco me siento cómoda con estas dos opciones.

Ahora entiendo un poco más la implicación del ‘sólo’ en la expresión ‘sólo quiero una amistad’.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VII – espacios)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la séptima y última parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aqui y la sexta aquí.

Espacios

El espacio es donde compartimos y generamos las relaciones. Los espacios están tradicionalmente y sistemáticamente construidos para reproducir y generar estructuras de poder (un ejemplo es como están diseñados los pisos para que la habitación principal sea para una pareja monógama, donde solo cabe una cama para dos personas). Es importante intentar ser conscientes de los espacios para romper con estas estructuras y a la vez entender su importancia en como construimos las relaciones.

Los espacios no solo son los espacios físicos, como un piso, una habitació, una casa, o un centro social. Los espacios también pueden ser un grupo de telegram o whatsapp, un grupo de facebook o una asamblea en medio de la calle.

Los espacios los tendríamos que crear según las necesidades de las personas que los compartimos, tienen que ser accesibles (inclusivos), y tienen que ser creados según lo que se quiere compartir y las relaciones que hay. Los espacios tendrían que poder transformarse para hacerlos compatibles con las necesidades que también cambian, igual que las relaciones. Se tiene que aceptar, además, la incompatibilidad de algunas necesidades (creando espacios diferentes con referencias comunes diferentes), y se tienen que tener en cuenta los contextos de las personas que lo comparten, y lo que se está compartiendo.

Es importante, cuando se quiere compartir un espacio, hablar con las relaciones para entender como los queremos compartir, como lo queremos hacer para ser sensibles a nuestras necesidades, emociones, contextos, cuidados y también para evitar generar situaciones de competitividad y/o exclusión.

Los espacios son los que nos permiten conectar, responsabilizarnos, sentir, compartir, colectivizarnos, aunque en algunos momentos sea aislándonos. Los espacios los creamos, los re-creamos. Los espacios son vacíos. Y es en el vacío sonde podemos movernos y existir. Y el vacío también se puede construir.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (III – competitividad)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la tercera parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

Competitividad

La monogamia es un sistema muy competitivo. Es bastante directo de ver que cuando una persona tiene una pareja y esta pareja conoce a otra personas por la cual podría sentir un cierto tipo de atracción, la monogamia nos pone en la situación de tener que escoger. El hecho de que tu pareja o alguien que se siente atraída por ti tenga que escoger te pone directamente en una situación de competición. La competitividad es una consecuencia de la escasedad en la repartición de nuestros afectos y de como se nos cubren nuestras necesidades (especialmente porque estas necesidades y afectos solamente se nos cubren a través de lo que llamamos relación de pareja). Y en est situación de tener que competir entran además todo tipo de estructuras de poder: cuál es le más guape, cuál tiene más capacidades o habilidades sociales, cuál tiene más estabilidad económica, etc.

Aún así, esto no se rompe directamente siendo no monógama, ya que se necesita aquí también una mirada crítica. La forma con la que tenemos muchas veces de tener relaciones no monógamas suele ser también competitiva, siempre que no hacemos un esfuerzo de ser conscientes como repartimos nuestros afectos, especilmente debido a estructuras que puedan estar atravesando: clasismo, capacitismo, sexismo… Por ejemplo, si yo tengo dos relaciones y con las dos hay un deseo o una voluntad de poder compartir algo como es un viaje o las vacaciones, pero una de ellas tiene una situación económica más precaria, siempre me será más fácil compartir mis vacaciones con la que tenga la situación económica más buena, excluyendo a le otre debido a una estructura económica, generando así un tipo de relación con une y con le otre no. los mismos nos pasaría si una de nuestras relaciones tiene una capacidad más adaptada a las situaciones sociales, sin darnos cuenta compartiremos muchos más eventos con esta persona que no con la otra y generando probablemente una complicidad o una relación socialmente más aceptada o reconocida. También hay temas como el patriarcado; si yo por ejemplo tengo una relación con una mujer y otra con un hombre, y socialmente mis relaciones con hombres son más bien valoradas, reconocidas y aceptadas, me será mucho más fácil que mi relación con el hombre sea más reconocida y visible socialmente, haciendo que la otra quede excluída. Por tanto, la no-monogamia sin una consciencia de todas estas situaciones sociales que llevan a excluir puede llevar también a situación de exclusión y competitividad entre relaciones.

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