plurisexualidades y estereotipos V: bisexualidad y promiscuidad, brechas a la monogamia y al consumo relacional

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto es el quinto de un conjunto de textos que he escrito alrededor de los estereotipos asignados a las personas bisexuales y plurisexuales como herramientas de empoderamiento y reapropiación. El primero lo podéis encontrar aquí, el segundo aquí, el tercero aquí y el cuarto aquí.

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 7 de Enero. Podéis ver el original aquí . 

Aviso de contenido: monosexismo, bifobia, panfobia, estereotipos, promiscuidad, consumo relacional, consumo sexual, monogamia

Las personas bisexuales (y de otras plurisexualidades, como las pansexuales) estamos en constante lucha contra un montón de estereotipos que se nos asignan. De hecho la violencia que solemos recibir es bastante simbólica y rodeada de muchos misterios a resolver; muchas veces imposible de detectar, y por tanto muy difícil de luchar contra ella. Una violencia que, aun siendo simbólica, acaba afectando mucho nuestras vidas, como por ejemplo a nuestra salud mental, a la pérdida de relaciones afectivas, a la inestabilidad laboral (y por tanto económica) y/o, en el caso específico de las mujeres y personas femeninas, a una exposición más grande a la violencia sexual.

Uno de estos muchos estereotipos es el de la promiscuidad (juntamente con la inestabilidad, la indecisión, la infección o la traición). Muchas reaccionamos delante de un estereotipo como éste negando la posibilidad de que las personas bisexuales podamos ser promiscuas (también llamándolo “mito”, como si fuera irreal), e incluso lo hacemos aquellas que lo podríamos ser o que lo hemos sido. Negando la posibilidad de la promiscuidad en las plurisexualidades estamos negando una buena parte de personas de nuestra comunidad, o a nosotras mismas. Y no solamente las negamos, sino que muchas veces las responsabilizamos de la violencia que recibimos y de la propia asignación de un estereotipo como éste, especialmente si eres mujer: “por culpa de las mujeres bisexuales promiscuas, al resto se nos señala también como promiscuas y acabamos padeciendo un montón de violencia sexual”. Una gran estrategia del patriarcado para desviar la atención de quien realmente es responsable del machismo y las violaciones: la culpa, como siempre, de la víctima.

Todos los estereotipos de las plurisexualidades se han construido alrededor de la mirada monosexual: según esta mirada solamente existen dos estados posibles, el heterosexual y el homosexual, y todo lo que salga de estas dos posibilidades se expresará como combinación de ellas. Mirada dual, mirada monosexista. De esta manera, entre todas las combinaciones posibles, las personas bisexuales somos vistas como el doble de sexuales, ya que somos la suma de la sexualidad de cada uno de los estados considerados como existentes: somos la suma de la sexualidad de una persona heterosexual y la de una persona homosexual, somos el doble de sexuales. De aquí proviene el estereotipo de nuestra promiscuidad.

Vista de esta forma, ¿no parece la orientación sexual una herramienta de consumo sexual? Si siendo heterosexual consumes X y siendo homosexual Y, es obvio que siendo bisexual consumirás X+Y (además suponiendo una mirada totalmente binaria del género). El capitalismo relacional ha tenido también influencia en la construcción conceptual de una cosa como es la orientación sexual (como lo ha tenido con el género, la raza, las capacidades, etc).

A través de su mirada, las personas nos convertimos en objetos que tienen que ser deseados y utilizados para la satisfacción de quien nos mira (tanto sea para convertirla en una pareja, como simplemente en un consumo de otro tipo, en este caso sexual). Dentro de esta visión, la orientación sexual es la herramienta a través de la cual nos dirigimos a las demás para consumirlas. Y si no, ¿de dónde salen expresiones como “te gusta tanto el pescado como la carne”? (Expresión que no solamente denota consumo, sino además es extremadamente especista).

Quiero, no obstante, diferenciar el consumo sexual de la promiscuidad o del hecho de tener relaciones sexuales con personas con quien no se mantienen relaciones afectivas de ningún tipo; el consumo tiene que ver con el proceso de objetificación y de no consideración de la otra persona como un ser que también desea y que puede tener voluntades propias que se tienen que tener en cuenta más allá de las nuestras, tiene que ver con el respeto de los consentimientos y con el cuidado y responsabilidad de cómo nos relacionamos con alguien o como nos alejamos de alguien. Se pueden tener relaciones “sólo” sexuales y/o de corta duración sin que sean de consumo (igual que se pueden tener relaciones no sexuales y de larga duración que sean de consumo emocional o intelectual). Es muy fácil caer en la trampa sexófoba de culpar a las personas que tienen relaciones sexuales fuera de lo que se ha estipulado como una cantidad “normal” y señalarlas como responsables del consumo sexual, de la misma manera que querer culpar a las bisexuales promiscuas de la violencia sexual ejercida sobre todas las mujeres bisexuales.

El consumo relacional y sexual va muy ligado a la monogamia, otra estructura muy paralela al monosexismo y que también pone la mirada a unas formas muy concretas de relacionarnos. La monogamia nos dice que solamente nos podemos sentir atraídas por una persona; el monosexismo por un género. La monogamia nos dice que cuando nos sentimos atraídas por una persona esta atracción y este tipo de relación tiene que cumplir todas nuestras necesidades: románticas, afectivas, sexuales, etc. El monosexismo nos dice que tenemos que sentir atracción romántica, afectiva, sexual, estética, etc, hacia un solo género. La monogamia nos dice que si nos “gustan” dos personas tenemos que escoger, igual que hace el monosexismo donde tienes que escoger un solo género. La monogamia nos dice que tener relaciones sexuales y románticas con más de una persona es exceso, llamándola promiscuidad y cargándola de conceptos negativos. El monosexismo nos dice que si tienes relaciones sexuales y románticas con más de un género eres… promíscua.

La orientación sexual ha sido una herramienta (entre muchas) que se ha sumado a la monogamia para poder perpetuar el matrimonio patriarcal monógamo entre un hombre y una mujer (a través de una asignación de género al nacer) que se unen para tener descendencia (una descendencia propiedad del hombre). En este marco es donde se construyeron todo de teorías científicas e imaginarios sociales para crear los dos roles de género duales y totalmente diferenciados donde existía una complementariedad: dos géneros que se buscaban uno a otro y una vez se habían encontrado ya no necesitaban nada más para completarse.

Las teorías científicas “arreglaron” el problema de la homosexualidad encajándola en la enfermedad, donde la complementariedad se buscaba en el mismo género asignado ya que psicológicamente se era del género “equivocado” (contrario desde el punto de vista dual). De esta manera, la bisexualidad (y obviamente el resto de plurisexualidades) se borraría para poder mantener la monogamia (como también el privilegio heterosexual): imaginémonos tener que aceptar, según estas teorías de la complementariedad, a seres que necesitasen a más de un género para completarse… tiraría por tierra todas las teorías, así como también la monogamia. De aquí también sale el estereotipo de la promiscuidad, juntamente con nuestra no-existencia ya que las teorías intentaron borrarnos y erradicarnos. Según la monogamia monosexista somos unas promiscuas no existentes: muy contradictorio pero este punto de vista atraviesa constantemente nuestras vidas.

La existencia de las personas bisexuales pone en cuestión la monogamia a través de un estereotipo como el de la promiscuidad. Esto es una brecha a las estructuras. Este cuestionamiento, no es solamente sobre la obligatoriedad en la cantidad de relaciones románticas y sexuales que podemos tener, sino también cuestiona a toda la estructura y el consumo sexual del que hablaba al principio. Se nos lee como promiscuas porque existiendo ponemos en peligro la imposición de una forma relacional insensible y jerárquica. La monogamia no nos permite tejer relaciones horizontales ni solidarias, sensibles a nuestras necesidades, deseos, ni a las estructuras que nos atraviesan. De esta manera ponemos en valor todo aquello que la monogamia y el capitalismo relacional nos quitan: un mundo relacional sensible y que nos tiene en cuenta a todas desde nuestra multiplicidad, nuestras diferencias y nuestras responsabilidades hacia las otras.

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cuando el lenguaje, las estructuras y la gente borran constantemente mis relaciones

por wuwei (natàlia)

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Aviso de contenido: monosexismo, monogamia (estructura monógama), amatonormatividad, sexocentrismo, dualismo de género, borrado

El lenguaje es la herramienta que utilizamos para poder expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que queremos o lo que necesitamos. También es lo que usamos cuando queremos hablar de nuestras relaciones, de cómo nos relacionamos y de lo que sentimos respecto a ellas. No obstante, como ya he comentado anteriormente varias veces, el lenguaje ha sido construido a través de las estructuras sociales que nos rodean, y por tanto, no sólo hace que a menudo pueda ser directamente opresivo (machista, heterosexista, racista, capacitista, etc), sino que además puede no permitir poder expresar experiencias diferentes a la norma o al privilegio: el lenguaje común muchas veces implica perdernos todas las alternativas y las niega sistemáticamente.

A menudo siento mis relaciones borradas. Y no sólo borradas, sino también sustituidas por otras “cosas” que no las representan. Lo que quiero decir con “sustituidas” es que se cambian las importancias que yo les doy, que se cambian sus características, que expresan emociones que no son las que yo realmente siento. O sea, que no solamente no son, sino que además devienen otras cosas. Y es un problema que a veces no disminuye excesivamente en espacios donde podríamos sentirnos más segures de que esto no pasaría; por ejemplo, muchos espacios feministas y LGBTIA+ suelen ser monosexistas, cosa que nos lleva a invisibilizar muy buena parte de mi forma de relacionarme. El lenguaje tiene parte de responsabilidad en esto, pero además, la tiene también la forma que tenemos de construir conceptualmente todo lo que expresamos, y una cosa alimenta a la otra. Las personas que hablan desde fuera de mi experiencia, quiero decir, suelen imponerme no solamente el lenguaje, sino también su forma de ver y de dividir el mundo, que también puede ser en buena parte estructural.

El lenguaje común del paradigma monosexual (heterosexual/homosexual) divide las relaciones entre “homosexuales” o bien “heterosexuales”. Las personas bisexuales (y de otras plurisexualidades) al no sentirse representadas por esta forma de dividir las relaciones (o más bien al sentirse borradas) acostumbran a criticarla diciendo que las relaciones no tienen orientación, solamente las personas, y que por esto no podemos decir que una relación entre dos mujeres es lésbica sino que, simplemente, es una relación entre dos mujeres, ya que esto borraría la orientación de la que fuera bisexual (en el caso de que una de ellas lo fuera). Pero para mí esta respuesta es bastante reduccionista y no representa lo que muchas veces siento cuando me borran de esta manera (ya que yo me identifico como bisexual o polisexual). La cuestión es que esta forma de dividir las relaciones lo que hace es simplificar las relaciones como si  solamente estuvieran atravesadas por cuestiones románticas y/o sexuales y por cuestiones de género (que sus características se basan en si el género es “diferente” o “igual”) y supone géneros binarios, ya que comúnmente no se ve relación heterosexual como relación entre dos personas que no sean hombre/mujer.

Yo sí que creo que hay personas no monosexuales (bisexuales o de otras plurisexualidades) que tienen relaciones heterosexuales y/o relaciones homosexuales, pero no todas, ni esto es así por defecto, y hay quienes no lo sentimos ni lo vivimos así. ¿Qué pasa cuando la importancia de lo que está ocurriendo no gira alrededor del género de las dos personas sino de otros ejes? ¿Qué pasa cuando hay otros factores que tienes en cuenta y que pueden ser en aquella relación más importantes o pesar más? ¿Qué pasa con los géneros no binarios? O, también, ¿qué pasa cuando no basas tus relaciones (en cuanto a importancia) en las románticas y sexuales? Esto último es importante, porque “relación heterosexual u homosexual” es un paradigma basado en las relaciones sexuales o de pareja.

Podemos ver, entonces, que el paradigma monosexual es altamente monógamo, no sólo por lo que ya estaba comentando, sino también porque recae en la idea de que nos tenemos que sentir atraídes tanto románticamente como sexualmente por el mismo género: el género de la otra persona nos completa de alguna manera (la orientación sexual se creó conceptualmente para perpetuar esta monogamia cisheterosexual, aceptando desviaciones consideradas “enfermas”, donde nos tenemos que sentir atraídes románticamente y sexualmente hacia la misma persona y por tanto hacia un solo género). Así la monogamia utiliza una estructura más para colocar las relaciones románticas y sexuales en la parte más alta de la pirámide relacional. ¿Qué pasa cuando no te sientes atraíde románticamente y sexualmente por los mismos géneros?  ¿O qué pasa cuando no centras tus relaciones en las parejas y además hay la posibilidad de que tengas más de una relación sexoafectiva, afectiva o sexual con géneros diferentes? ¿Vives relaciones lésbicas? ¿Heterosexuales? ¿Skoliosexuales? Podría ser que sí, pero podría ser que no, y que tu forma de relacionarte en comparación cada una de las relaciones no se base en todo esto. En mi caso muchas veces gira mucho más alrededor de las neurodivergencias que alrededor del género, o de otros factores que dependerán de cada relación y persona.

Más allá del género, como ya estaba comentando anteriormente, el hecho de que casi siempre que se hable de relaciones se haga alrededor de las relaciones románticas y sexuales me dificulta mucho hablar de mis relaciones importantes, o en general de mis preocupaciones, ya que yo no centro mis relaciones en este tipo de jerarquías; o sea, que por defeco no suelo colocar las relaciones románticas y sexuales en una escala más importante por el hecho de ser de este tipo, y mis criterios de importancia suelen ser diferentes y variados según el momento y el contexto. Y es igual como yo lo exprese, cuando resulta que tienes que moverte en grupos y debates, todo el vocabulario tiende a centrarse en importancias diferentes a las mías y a borrar otra vez mis relaciones: cada vea que digo “relación”, “cuidados” o “comunicación”, estas resuenan en solamente un tipo de relación en las cuales yo no estoy (únicamente) pensando e intentando expresar y todas las que no son de pareja quedan automáticamente borradas. Incluso cuando he hablado de vivencias de maltrato ha sido a menudo borrado todo lo que he vivido fuera de las relaciones de pareja o similares.

Con todo esto siento que muchas de las sensibilidades que me orientan o me desorientan en mis relaciones no están reflejadas en todo este vocabulario, lenguaje o forma de conceptualizar, y hacen que, a la vez y sin darme cuenta, me oriente, me fije o fluya hacia una forma de relacionarme que no es la que quiero. Tengo tendencia a relacionarme y a sentirme atraída por personas según muchas sensibilidades que no siempre las atraviesa el género, a veces son otros factores contextuales. No por una cuestión fetichista (cuidado, porque esto pasa mucho), sino más bien por una cuestión de supervivencia y sensibilidad. Algunes dirán que el deseo no puede expresarse así, que une no lo puede “controlar”. Pero yo no hablo de control, yo hablo de cuestionarse y de sensibilizarse hasta el punto de que haya coas que en el fondo ya es imposible que te atraigan.

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plurisexualidades y estereotipos IV: no existir, existir o existir entremedio como seres híbridos

por wuwei (natàlia)

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Este texto es el cuarto de un conjunto de textos que he escrito alrededor de los estereotipos asignados a las personas bisexuales y plurisexuales como herramientas de empoderamiento y reapropiación. El primero lo podéis encontrar aquí, el segundo aquí y el tercero aquí.

Aviso de contenido: monosexismo, bifobia, panfobia, alosexismo, erradicación, borrado, estereotipos

Según el imaginario social las plurisexualidades no existen. En realidad se dice que la bisexualidad no existe, y a las demás plurisexualidades ni tan siquiera se las nombra, se las borra todavía más. A la vez, este imaginario también nos dice que todas las personas somos en realidad bisexuales (borrando de esta manera la especificidad de la violencia que recibimos) y, para hacerlo aún más redondo, el mismo imaginario añade que las personas bisexuales somos medio heterosexuales y medio homosexuales. En resumen: nadie lo es, todes lo son y somos mitad-mitad otras cosas.  Parte de la reacción del colectivo bisexual ha sido buscar maneras de defenderse de esto gritando fuertemente que existimos y que no somos mitad-mitad nada, que somos 100% bisexuales. ¿Pero qué tipo de identidad, orientación u opción estamos creando con esto? ¿Somos realmente 100% algo que nos representa a todes? El problema de generar este tipo de discurso es que no analiza ni va más allá para intentar entrever cuál es la problemática que ocasionamos que hace que se nos lea como seres híbridos que a la vez no existimos y que formamos parte de todas las personas.

La famosa escala de Kinsey ejemplifica muy bien este entramado tan complicado y a la vez tan simple. Kinsey, intentando visibilizar la pluralidad de la atracción sexual acabó, sin él darse cuenta, reproduciendo la misma idea que acabo de plantear (y por tanto la falta de pluralidad): creó una escala del 0 al 6, donde todes estamos en algún punto, donde 0 representa “exclusiva” heterosexualidad y 6 “exclusiva” homosexualidad. El resto de puntos acaban representando escalas de supuesta mezcla. Aunque Kinsey llama a muchos de los estados intermedios como “bisexualidad”, en realidad su forma de representarlo es como un estado combinatorio de hetero/homo, y de hecho es así como casi siempre se presenta en la actualidad. Todas las personas, después de responder un cuestionario, sacamos un número en la olimpiada monosexista (y alosexista, ya que no considera la posibilidad  de no sentirse atraíde por nadie ni ningún género) en la que se nos sitúa en algún punto de esta escala.

Esta escala acaba reproduciendo todo el imaginario social junto: en esta escala solamente están representadas las monosexualidades (les bisexuales no existimos), acaba demostrando que la mayoría caen entremedio de los dos extremos y que muy poques son exclusivamente monosexuales (todes somos bisexuales), y que estas personas que están “entremedio” pueden, en realidad, representar su sexualidad como combinación de los dos extremos (somos medio heterosexuales y medio homosexuales).

¿Os podríais imaginar una escala que, en vez de ir de “totalmente” heterosexual a “totalmente” homosexual, pasando por todas las escalas de supuesta “bisexualidad” (como es la escala de Kinsey), fuera de “totalmente” asexual (sin atracción hacia ningún género) a “totalmente” omnisexual (atracción hacia todos los géneros), pasando por la “supuesta” monosexualidad (solamente atracción hacia un género), y todo el abanico de plurisexualidades hasta llegar a la omnisexualidad? ¿O bien pasar de la atracción donde es muy importante el género (la monosexualidad) a donde es totalmente indiferente (pansexualidad o asexualidad)? ¿O de totalmente asexual a totalmente hipersexual? Estos ejercicios se han planteado anteriormente (no he encontrado las referencias, pero existen estudios que lo plantean) y nos ayuda a entender que vemos las orientaciones sexuales de forma totalmente construida. ¿Por qué vemos la bisexualidad como un paso entre medio de las dos monosexualidades y no vemos, por ejemplo, ser monosexual como una cosa que está de camino entre la asexualidad y la bisexualidad, pansexualidad u omnisexualidad? En realidad, si vemos las plurisexualidades como mitad y mitad las dos monosexualidades reconocidas (heterosexualidad y homosexualidad) es porque culturalmente lo único que reconocemos como estados posibles son estas dos monosexualidades.

Nuestra cultura y nuestras estructuras leen e interpretan a las personas plurisexuales como seres híbridos. Ser híbrides es parte de nuestra forma de estar y existir en un sistema monosexista que siempre nos lee a través de esta mirada monosexual. Formamos parte de dos mundos y a la vez de ninguno. Por esto existimos y no existimos. Somos todas pero no somos ninguna. Somos mitad y mitad. Somos frontera entre dos mundos que no tendrían que poder tocarse. Contaminamos la frontera. Una frontera construida para mantener el privilegio y el poder heterosexual. Y por este motivo molestamos.

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la multiplicidad de la violencia monógama

por wuwei (natàlia)

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Aviso de contenido: violencia monógama,apropiación, exclusión, consumo, invisibilización, borrado, agresiones físicas y verbales, técnicas de dominación y manipulación, violencia institucional y estructural, estereotipos, discriminación

Querer hablar de violencia monógama es complicado ya que, por un lado, primero tenemos que conseguir poder hablar de la monogamia como estructura de poder (no tanto solamente como un recuento de número de relaciones de pareja y/o sexuales), y a la vez también tenemos que hablar de la violencia de una forma más amplia que no sólo de agresiones físicas o verbales. La violencia simbólica, por ejemplo,es también un tipo de violencia, que coloca a quien la recibe en una posición vulnerable respecto a otres; una posición que puede acabar también afectando en muchos ámbitos: el económico, el emocional, el mental y la salud de forma general.

La dificultad de hablar de la violencia que genera la monogamia parte del hecho de que no funciona de la misma manera que la mayoría de las estructuras y por esto muy a menudo, incluso dentro de la complejidad de hablar sobre estructuras, esta es difícil de mostrar. La mayoría de estructuras tienen un grupo privilegiado que cumple unas características(por ejemplo, los hombres, las cisgénero, les blanques, les delgades, etc) y un grupo oprimido con otras características (por ejemplo, les no heterosexuales,les neurodivergentes, les trans, etc). La violencia en estas estructuras se acostumbraría a producir desde el grupo privilegiado hacia el grupo oprimido deformas múltiples (muchas veces no resulta simple hacer esta separación totalmente binaria, y puede ser mucho más complejo que esto, pero para que nos entendamos ahora podemos simplificar el funcionamiento así). La diferencia (ylo que lo complica también más) es que en la monogamia los grupos de privilegiades y oprimides no son fáciles de dibujar o describir y, de hecho se generan diferentes tipos de grupos de opresores y oprimides, diferentes ejes.

La primera vez que intentamos entrever la monogamia como una estructura de poder solemos ver como grupo privilegiado a las personas monógamas (entendidas como las personas que tienen prácticas monógamas, que solamente están abiertas a tener una relación de pareja y sexual) y a les oprimides como aquelles que practican no-monogamias (aquí habría un abanico muy amplio de filosofías relacionales y no todas se verían afectadas por este eje de la misma manera). Aunque evidentemente existe una mala imagen de las prácticas no monógamas y una cierta discriminación e impedimentos estructural ese institucionales y, por tanto, existe el privilegio hacia aquelles que practican la monogamia, la estructura monógama es mucho más compleja y genera privilegios y opresiones de muchas más maneras.

Por ejemplo, yendo más allá de esto, Na Pai apuntó en su texto “Desmuntant la cultura de la monogàmia” que en esta estructura de poder las mismas personas que oprimían eran oprimidas: le opresore y le oprimide eran les componentes de la pareja que por el hecho de “poseerse” le une a le otre se oprimían mutuamente. Este es otro eje diferente al planteado anteriormente y también una forma de funcionar y de violentar de la monogamia, y un planteamiento que me ayudó un poco más y mejor a entender la monogamia como estructura de poder. No obstante, estos planteamientos también seguía faltándoles alguna cosa que no permitía entrever algunas violencias que salen de la monogamia y de nuestra forma de estructurar relaciones, como por ejemplo la amatonormatividad, que borra relaciones fuera de la pareja e invisibiliza violencias que van más allá de la pareja.

Le autore del texto “Lo contrario al amor es la amistad” fue absolutamente genial señalando la amistad como alteridad de la pareja y, por tanto, mostró un eje donde se podía ver a esta alteridad como agredida y oprimida por las jerarquías relacionales que colocaban a la pareja en una posición privilegiada. Esto fue para mí un punto de inflexión en la profundización para entender todo este entramado estructural. Aquel cambio a la hora de ver los estados de oprimide y opresore en la estructura monógama me hizo dar cuenta de que la violencia que la monogamia ejercía era mucho más compleja, y me ayudó a entender muchas violencias invisibles que llevaba padeciendo desde hacía años.

Por lo tanto, podríamos destacar tres ejes diferentes de opressores/oprimides por la estructura monógama: el eje prácticas monógamas/prácticas no monógamas, el eje componente de la pareja/componente de la pareja, y finalmente el eje pareja/amistad (o resto de relaciones). Cada uno de estos ejes expresaría la violencia ejercida de formas diferentes. Me gustaría en este texto poder empezar a poner nombre a algunas de estas violencias, aunque no pretender profundizar mucho, al menos por ahora. Lo que haré, por tanto, es dar algunas ideas superficiales sobre cómo creo yo que se expresa cada una de estas violencias en cada uno de estos ejes.

En cuanto a la violencia monógama que vivimos las personas con prácticas no monógamas,esta suele ser, por una parte, institucional:imposibilidad para acceder a muchos de los privilegios que tiene la estructura monógama que se obtiene con el matrimonio, o derivados como la pareja de hecho, como son aspectos económicos o aspectos legales sobre la crianza, o bien también permisos para vivir y trabajar. También se puede expresar a través de cómo se suelen distribuir los espacios pensados para parejas monógamas (las distribuciones, por ejemplo, de los pisos, suele centrar las relaciones en un tipo de familia nuclear). Por otro lado, también existe un tipo de discriminación a través de la asignación de un tipo de imaginario social negativo (como estereotipos) sobre las personas con prácticas no monógamas: portadoras de ITS, personas con las que no se puede confiar, que no se comprometen,inestables, inmaduras, etc (de hecho se parecen mucho a los estereotipos asignados también a las personas bisexuales). Este tipo de imaginario social es un tipo de violencia simbólica que no se tiene que minimizar, pues puede producir problemas de salud mental, así como también dificultades para encontrar trabajo o perder el trabajo o relaciones afectivas (en el caso de que se salga del armario). No obstante, no afecta igual a todes, ya que por ejemplo las mujeres podrían padecer una carga mucho más violenta cuando se ven asociadas a todo este imaginario, y los hombres no se verían tan afectados ya que las prácticas no monógamas les son más aceptadas socialmente; o bien las bisexuales que ya tenemos esta carga de estereotipos, o bien las personas racializadas que también han sido señaladas a través de la mirada europea blanca como personas de culturas promiscuas y no monógamas. O sea, al ser una estructura de poder, se tiene que tener en cuenta también la intersección con otras estructuras y que no afecta a todes de la misma manera.

Como comentaba anteriormente, les componentes de la pareja pueden ejercerse mutuamente también un tipo de violencia monógama.La pareja, como construcción social que favorecía especialmente a los hombres para apropiarse de las mujeres, parte del concepto de propiedad. La apropiación genera dentro de la misma pareja desempoderamiento, explotación y falta de autonomía. Estos mecanismos acaban generando violencia de muchos tipos: desde agresiones físicas(llegando a asesinatos, especialmente feminicidios), control y vigilancia,exigencias y apoderamiento sobre el cuerpo, mente y emociones de le otre,violencia verbal, manipulación, técnicas de dominación para que no puedas compartir con otras personas, pasando por generación de relaciones de poder(llamadas comúnmente “relaciones de dependencia”), favoreciendo también problemas de salud (especialmente mental). Aunque normalmente la apropiación seda más en un sentido que en otro (sobre todo por parte del hombre hacia la mujer), se puede acabar generando también cierta violencia monógama por parte de las dos hacia las dos en diferentes grados según muchos otros ejes (la transversalidad e interseccionalidad otra vez).

Finalmente, el tipo de violencia que se acaba ejerciendo desde la pareja hacia el resto de relaciones externas a la pareja, las “alteridades”, también es otro tipo de violencia monógama. Esta, se expresa más como invisibilización y borrado debido a que el reconocimiento relacional está centralizado en la pareja (o parejas principales) y, por tanto, se borra el de las demás relaciones (que no sean familiares). Las relaciones fuera de la pareja acaban siendo invisibles, no reconocidas, aquellas que quedan en los márgenes de los cuidados, el tiempo, oel ser tenidas en cuenta; son las relaciones que reciben normalmente las consecuencias de las jerarquías de las relaciones. Estas relaciones también acaban cayendo en el consumo, especialmente por parte de las dos componentes dela pareja, la explotación debido a la invisibilización de lo que se obtiene de elles sin no devolverlo a cambio. Ejemplos de este tipo de violencia son que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como le “otre”, o le “amante” (conceptos que marcan una “alteridad”), o que seles recuerda que “sólo” son amistades (colocándolas en una posición donde no puedan pedir nada si lo necesitan), o bien que intenten demostrar que no eres nadie para que no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación o que no se te escuche cuando estás intentando expresar algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona, sean cuales sean, sin tener sensibilidad contextual y del momento. También se expresa como exclusión de todes aquelles que no encajamos con los cánones corporales, emocionales o mentales (gordes, feas, con menos carisma,neurodivergentes, con diversidades funcionales o discapacitades, etc).

Se podría decir, por tanto, que la violencia monógama, y la monogamia como estructura de poder, funciona de formas muy múltiples, no solamente por las diversas formas que tiene de expresarse, sino también por la diversidad de ejes que presenta. Por tanto, se pueden entrever violencias en un abanico muy amplio, que pasa desde la discriminación por el hecho de tener prácticas no monógamas, pasando por la violencia de la posesión de la pareja, acabando por el consumo, borrado e invisibilización de las personas fuera de las parejas principales.

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bifobia y activismo: una lucha contra la LGBTIfobia parcial

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: mención de heterosexismo, alosexismo, intersexantagonismo y cisexismo; relato sobre monosexismo en los activismos LGBTI+ y queer, utilización del sufijo -fobia para hablar de violencia estructural.

el motivo por el cual se ha utilizado el sufijo -fobia para hablar de violencias estructurales en este caso ha sido práctico, ya que originalmente este artículo lo había escrito para un medio más generalista donde contextualmente necesitaba utilizar este sufijo.

 

‘LGBTIfobia’ es una expresión que se está utilizando desde muchos colectivos de personas LGBTI+ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, entre otras) para referirnos a las violencias que recibimos por el hecho de pertenecer a alguno o algunos de estos grupos (lesbofobia, homofobia, bifobia, transfobia, intersexfobia, por ejemplo). Aunque la LGBTIfobia es más violenta fuera de los entornos LGBTI+, estas violencias no sólo se viven fuera de estos colectivos, también los vivimos constantemente en nuestros entornos.

Utilizar una abreviación como esta (LGBTIfobia) desde mi punto de vista es problemático: primero porque siempre nos estaremos dejando letras (y por tanto violencias), como por ejemplo la A de asexualidad (y por tanto la asexfobia) u otras plurisexualidades que no son la bisexualidad (como la pansexualidad, la polisexualidad, entre otras); y, por otro lado, aunque su intención inicialmente es la de mostrar más violencias más allá de la homofobia, pone a todas las violencias que padecemos las personas el colectivo en un marco de parecido e igualdad que esconde que cada una de las discriminaciones por cada letra es diferente, funciona de formas totalmente diferentes y es atravesada de forma diferentes a cada una. Lo que se obvia con todo esto es que algunas estamos discriminadas debido a pertenecer a alguna de estas letras mientras a la vez tenemos privilegios en relación con las violencias que viven otras letras y por tanto podemos ejercer violencia hacia ellas. Estas violencias pueden ser ejercidas por personas de dentro del propio colectivo: personas cisgénero (plurisexuales, gays o lesbianas) pueden reproducir transfobia, hombres gays y plurisexuales ejerciendo machismo (y por tanto lesbofobia) sobre mujeres lesbianas y plurisexuales, personas no intersexuales apropiándose del discurso contra la intersexfobia, etc.

Uno de estos múltiples ejemplos es la bifobia que es ejercida y reproducida por las personas monosexuales del colectivo (aquellas que se sientan atraídas hacia un solo género). Hablar, además, de ‘solamente’ bifobia, esconde que existen más orientaciones plurisexuales a parte de la bisexualidad donde existe una atracción hacia más de un género (como las pansexuales o las polisexuales). Más que de bifobia, a mi me gusta hablar de monosexismo, la estructura que oprime y discrimina a aquellas que nos sentimos atraídas hacia más de un género, que engloba otras orientaciones plurisexuales, o aquellas que no se definen con ninguna etiqueta, y también incluye violencias más simbólicas que la ‘bifobia’ no recoge.

La mayoría de las veces el monosexismo es invisibilizado y menospreciado en las luchas LGBTI+. Este menosprecio no sólo se da en activismos LGBTI+ más normativos, institucionales o asimilacionistas, sino también ocurre en los grupos o colectivos más radicales, queer o (supuestamente) más críticos. No es coincidencia, ya que la negación de su propia existencia es la base del monosexismo: la negación de la existencia de la posibilidad de sentirnos atraídas hacia más de un género es una característica del monosexismo y se acaba reproduciendo también en una negación de nuestras violencias que padecemos. En el marco del monosexismo las plurisexualidades no son reconocidas como existentes: socialmente no se nos ve (cuando se nos quiere ver) como mitad heterosexuales y mitad homosexuales, y por tanto como personas que padecemos un 50% de homofobia y un 50% de privilegio heterosexual. De esta forma se niega la existencia de una discriminación diferenciada y que tiene un funcionamiento y mecanismo diferente (por ejemplo, la no existencia o la asignación de estereotipos como que somos inestables, no sabemos lo que queremos, somos promíscuas o que somos infecciosas).

Lo que sí que estamos viendo en los últimos años es un pequeño (supuesto) reconocimiento de la existencia de la bifobia en el activismo LGBTI+ más institucional, normativos y asimilacionista. Este reconocimiento es, no obstante, una trampa, ya que se basa sobre todo en un intento de asimilarnos que utiliza o bien un tipo de bifobia como ‘mitad homofobia’ o bien se acepta como un conjunto de estereotipos que simplemente se tienen que negar: una lucha que parte más de un lavado de cara de la bisexualidad que no de una crítica real al monosexismo y de sus mecanismos. En este tipo de activismo se incluye también en activismo normativo específicamente bisexual. Basar el activismo únicamente en la negación rotunda de los estereotipos que se nos asigna lo que hace es generar dentro del colectivo un rechazo y discriminación hacia aquellas que cumplen con los estereotipos (plurisexuales promíscuas, confundidas, indecisas o que están en fases o fluyen).

Este tipo de activismo, además, suele imponer una sola posible identidad, la bisexual, negando la posibilidad de otras identidades plurisexuales, la opción de no etiquetarse, o la posibilidad de ver la propia sexualidad como cambiante o fluida. Esta obligatoriedad a la estaticidad, a no poder reproducir estereotipos o bien a solamente poderse representar con una identidad, es monosexismo: el monosexismo no solamente nos asigna estereotipos, sino que otorga a éstos una carga negativa, y además impone  que la sexualidad no puede cambiar o ser más diversa.

Existe, no obstante, un activismo contra el monosexismo con una perspectiva crítica, no asimilacionista y transversal, que procura no excluir a personas que están discriminadas por otro tipo de violencias. Este activismo, por tanto, también incluye muchas otras identidades que no son la bisexual y que también les afecta el monosexismo. Este activismo no ataca los ‘mitos’ (ya que las personas promíscuas, o las inestables, o las confusas, no somos mitos), sino que se reapropia de los estereotipos no estigmatizándolos, señalando de donde provienen. Este es un activismo que encajaría dentro del resto de activismos críticos, aunque muchas veces aquellos activismos crícitos LGBTI+ (quees) se obsesionen en negarnos una  y otras vez.

 

 

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monosexismo y monogamia (intervención para la mesa redonda en las primeras jornadas de amors plurals)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

El día 14 de diciembre de 2015 participé en una mesa redonda en las primeras jornadas de Amors Plurals. Ésta es mi intervención traducida del catalán (la original en catalán la podéis encontrar aquí), y anteriormente ya había colgado ésta intervención aquí.

 

Buenas tardes a todas. Me llamo Natàlia, soy kuirfeminista y soy activista bisexual. Soy miembro del colectivo Enrenou, donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Antes de empezar mi intervención me gustaría explicar qué quiere decir ‘plurisexual’ y porque utilizo este término. Plurisexual es un término paraguas que estamos usando muchas activistes para referirnos a todas esas identidades u orientaciones donde hay una atracción afectiva y/o sexual hacia más de un género. La plurisexualidad más conocida es la bisexualidad, pero hay otras como son la polisexualidad, la pansexualidad, etc (no entraré a definirlas todas o a explicar sus diferencias, pero si en el debate o después alguien tiene curiosidad yo y otras personas de Enrenou que están aquí podemos explicarlo). Sé que para mí y para muchas sería mucho más fácil que utilizara la palabra bisexual porque es la que la mayoría conoce, pero si hago esto invisibilizo a una buena y gran parte de mi comunidad, e intentando ser sensible a no hacerlo intentaré utilizar plurisexual. Aun así, yo me identifico mayoritariamente como bisexual (a veces como polisexual) y por tanto cuando me refiera a mí seguramente utilizaré bisexual.

 

Otro termino contrapuesto es el de ‘monosexual’. Monosexuales son las orientaciones donde hay una atracción hacia solamente un género. Monosexualidades son, por ejemplo, la heterosexualidad y la homosexualidad. Y, finalmente, también usaré el término ‘monosexismo’ para referirme al sistema o estructura de poder a través del cual se reproduce la bifobia y las discriminaciones y opresiones hacia todas aquellas personas plurisexuales o no monosexuales.

 

Quiero además enfatizar que cuando hablo de géneros no solo me estoy refiriendo a los géneros binarios, hombre y mujer, sino también a todos esos géneros que no caen dentro de los binarios. Además, también se tiene que tener en cuenta que hay personas que no se identifican con ningún género, como son las personas agénero.

 

He estado pensando un poco como hacer esta intervención y qué traer a esta mesa, y la verdad es que hay tantas coses que considero importantes o que despiertan en mí mucha inquietud que me costó decidir por dónde empezar, ya que para mí la plurisexualidad y la no monogamia tienen muchas coses en común. Al final encontré que había dos temas que encontraba muy importantes y muy interesantes y me quedé solo con uno de ellos por cuestiones de tiempo y porque pudiera desarrollarlo mínimamente. El tema que finalmente descarté es el de la intersección, de cómo vivimos las personas plurisexuales la no monogamia o como vivimos las personas no monógamas la plurisexualidad. Aunque es un tema muy importante lo descarté, per seguro que da para nuevas intervenciones o para escribir artículos. Finalmente el tema que decidí tratar es como se relaciona el monosexismo con la monogamia, o sea como las discriminaciones y opresiones que recibimos las personas plurisexuales están relacionadas con el sistema de monogamia impuesta. Lo que iré haciendo es ir desglosando el monosexismo y a la vez lo iré comparando con la monogamia.

 

La plurisexualidad es normalmente discriminada de dos formas: a través de la invisibilidad y de los estereotipos. La invisibilidad es el borrado constante de nuestra existencia y de nuestras vivencias, emociones y experiencias. Así como la heterosexualidad es la orientación considerada buena y por defecto, ‘normal’ y sana, la homosexualidad es la orientación considerada una enfermedad, discriminable y menospreciable, la bisexualidad u otras plurisexualidades por otro lado es considerada inexistente. Las personas plurisexuales no existimos y no estamos representadas en el vocabulario y la forma de expresarnos diarias. Pondré un ejemplo así simple que casi siempre pongo, de cuando nos referimos a las relaciones. Cuando hablamos de relaciones, hablamos de relaciones heterosexuales u homosexuales según los géneros de las personas que forman parte de la relación; el sexo también lo llamamos hetero o lésbico o gay, obviando la orientación de las personas que participan. Si por ejemplo yo voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente se me leerá como lesbiana, invisibilizando la posibilidad de que yo sea bisexual, que es realmente como me identifico. Es más, si yo tengo otras relaciones con personas de otros géneros en ese momento no se tendrá en cuenta, ya que la lectura es siempre monógama.

 

Además también es bastante común que cuando una persona plurisexual cambia de una relación con una persona de un género a una relación con una persona de otro género se acostumbre a decir que ha cambiado su orientación (¡oh, antes era hetero y ahora está con una mujer y es lesbiana!),, suponiendo evidentemente que dejo de sentirme atraída por otras personas o que podría si quisiera tener otras relaciones. Por tanto, nuestras relaciones se leen a través de una mirada monosexual (o sea, heterosexual u homosexual) y a la vez también monógama. Dos visiones que se alimentan entre sí. Aquí, a lo mejor, ya se empieza a ver un poco la relación que tiene con la monogamia, ¿no creéis? Pero bien, no todo se arregla tan fácilmente como rompiendo con la monogamia, porque si yo ahora decidiera ir por la calle de la mano de dos personas de géneros diferentes (así, para que se enteren) seguramente no dirán ‘oh, mira qué bisexual más cuki’, no. Entonces lo más probable es que me digan que estoy confundida o que aún no he sabido escoger uno de los dos género… ¿O entre una de las dos personas? O sea, que tanto las personas plurisexuales como las no monógamas básicamente estamos confundidas o no sabemos escoger. Básicamente algún día cuando crezcamos todas tendremos que escoger un solo género y dejar de ser plurisexuales y tendremos que escoger a una personas y dejar de ser no monógamas y quedarnos allí para toda la vida, no sea que nos descontrolemos. Parece como si las personas plurisexuales y la no monogamia se considerasen estados de inmadurez relacional.

 

Esto de la confusión y de la inmadurez nos conecta con los estereotipos que rodean a la bisexulidad. Como he comentado, a parte de la invisiblidad, otra forma con la que se nos discrimina a personas plurisexuales es a través de los estereotipos. A las personas bisexuales, comúnmente, cuando no se nos borra del mapa, se nos asocia con un conjunto de estereotipos, que son connotaciones socialmente consideradas como negativas: como he comentado, la confusión, pero también hay otras como la inestabilidad, el no saber escoger, no saber lo que se quiere, la promiscuidad… pero estos estereotipos son una trampa, porque son connotaciones consideradas negativas solo debido a vivir en una sociedad capitalista y patriarcal. Normalmente el problema que nos encontramos es que debido a la presión social y al estigma relacionado con todos estos estereotipos, ya que está mal visto estar confundida, ser inestable o ser promiscua, muchas personas bisexuales se sienten con la necesidad de negarlos diciendo que las personas plurisexuales no somos así, llamándolos ‘mitos’, y diciendo que las personas bisexuales no somos inestables, sabemos lo que queremos, no estamos confundidas, no somos promiscuas, y evidentemente somos monógamas… discriminando así una parte de nuestra comunidad, y ejerciendo violencia hacia personas que reproducen estos estereotipos y que ya están suficientemente discriminadas por el hecho de ser así, invisibilizándolas dentro de nuestra propia comunidad.

 

Pero si lo miramos con atención, ya no solo el estereotipo de la promiscuidad, que es bastante obvio de entender que tiene una base patriarcal y sexófoba en hacernos creer que en la promiscuidad hay algo de malo, sino que además, estar confundida o no saber qué quieres o no saber escoger, cuando vives en una sociedad que te obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tienes por qué escoger, es incluso un acto revolucionario. ¿Qué quiere decir ‘saber escoger’? ¿Escoger entre ser hetero o homo? ¿Escoger entre dos relaciones que te gustan? ¿Escoger entre qué? ¿Estabilidad? ¿Qué quiere decir ‘ser estable’? ¿reproducir el tipo de estabilidad concreta para la producción en una sociedad capitalista, para la reproducción, para aislarme en una unidad familiar? ¿Una estabilidad que me obliga a ser la misma personas desde el día que nazco hasta el que muera? ¿Además aceptando ser lo que me han dicho que tengo que ser el día que nací? Visto así, prefiero estar confundida, ser inestable y no saber lo que quiero. Y si además la única opción que me da este sistema es aislarme en una unidad familiar, lejos de las redes y las comunidades, prefiero ser considerada promiscua. Con todo esto no quiero decir que las personas plurisexuales seamos inherentemente promiscuas (de hecho dentro de la comunidad plurisexual hay personas asexuales o hiposexuales), o inestables o confundidas, sino que el activismo bisexual que invisibiliza todas estas posibilidades en el fondo está obligando a una parte de la comunidad a adecuarse a unas normas que reproducen un montón de discriminaciones y opresiones e incluso reproduce bifobia (ya que marca una línea entre cuales son las buenas bisexuales, aquellas que son monógamas y que deciden seguir el camino ‘marcado’ por la norma, y cuales las malas bisexuales), y evidentemente monogamia obligatoria.

 

¿No os recuerdan, además, todos estos estereotipos con los estereotipos con los que se nos asocia a las personas poliamorosas o no monógomas en general? Yo veo realmente una relación bastante directa. Promiscuas, no saben escoger entre las relaciones que tienen, no saben lo que quieren, están confundidas y por esto van ‘probando’… a las personas plurisexuales y a las no monógamas se nos asocia con el ‘exceso’ y el vicio. Dentro del sistema monógamo en el que vivimos no tener ninguna relación es considerado un desastre (tendría que sentirme triste todo el día y llorando), tener una es la perfección (el ideal romántico de la media naranja), y tener más… para, tener más es pasarse, ¿Dónde vas? Con los géneros es lo mismo, que no te atraiga ningún género es un desastre (mirad las personas asexuales que son consideradas personas enfermas o que tienen algún error), que te atraiga uno es la perfección (el ideal de la media naranja pero con los géneros), y que te gusta más de uno… stop, no te pases.

 

Todo esto que acabo de comentar es una parte de cómo se expresa la bifobia, o sea las discriminaciones y violencias simbólicas a las que nos enfrentamos las personas bisexuales y plurisexuales, y como ya he explicado también parece que tenga una relación íntima con la monogamia. Este sistema de opresión y discriminación lo llamamos monosexismo. Y podríamos analizar cuáles son las razones por las cuales en este sistema existe el monosexismo. ¿Cuáles son las razones por las cuales el monosexismo existe como sistema que discrimina y oprime a las personas plurisexuales? El monosexismo existe para reforzar otras estructuras como el sexismo, la transfobia, la homofobia y la monogamia. Por ejemplo, refuerza el sexismo y la transfobia y la diferenciación jerárquica entre los géneros (tanto los impuestos como aquellos escogidos o sentidos) ya que nuestra supuesta no preferencia en el género de las personas por las cuales nos sentimos atraídas cuestiona estas diferenciaciones, imposiciones y jerarquías. Por ejemplo, refuerza la homofobia, ya que nuestra existencia cuestiona esta división tan clara entre lo que es definido como ‘correcto’, que es la heterosexualidad, y lo que es incorrecto, que la homosexualidad, y nosotras somos consideradas algo que contamina esta frontera y barrera (y por tanto la pone en cuestión). Y, por último, y esta es la que viene más a cuento ahora mismo, refuerza la monogamia obligatoria, ya que nuestra supuesta promiscuidad, confusión e inestabilidad y nuestra propia existencia que cuestiona lo que es definido como exceso y no exceso hace temblar el sistema monógamo impuesto. Por tanto, reproducir monosexismo es indirectamente reproducir sexismo, transfobia, homofobia y monogoamia obligatoria.

 

Hay otra cosa curiosa con la monosexualidad y la monogamia. Normalmente las monosexualidades son percibidas de una forma bastante monolítica; por ejemplo, se percibe que una persona heterosexual tiene que sentir atracción afectiva, romántica y sexual hacia el ‘otro’ género, y la homosexualidad hacia el ‘mismo’. O sea, que se tiene que sentir todas las atracciones (sexual, afectiva y romántica) hacia un solo género. Dentro de las plurisexualidades una cosa que pasa mucho es la pluralidad y la multiplicidad en la diversidad en la atracción afectiva y sexual, hasta llegar al punto de poder diferenciarla. Por ejemplo, la posibilidad de que yo me sienta atraída sexualmente hacia dos, tres, cuatro géneros y afectivamente hacia solo uno. También contemplando la posibilidad de que a lo mejor no me sienta atraída sexualmente hacia ninguno (ser asexual) pero afectivamente o románticamente hacia todos, o al revés, sentirme atraída sexualmente hacia todos y ser una persona arromátinca. Por otro lado, pasa algo muy parecido con la monogamia y la no monogamia. Normalmente la monogamia es un paradigma en las relaciones donde se cree que tienes una pareja, que es una persona por la que tienes que sentir una atracción sexual, afectiva y romántica. Si una de estas falla, entonces toda la relación falla. Y la relación que tienes que tener tienes que ser compartiendo todos estos factores. La no monogamia, contemplada como una cosa múltiple, puede contemplar una diversidad y multiplicidad de relaciones, desde la más afectiva con un vínculo emocional importante sin sexo, a la más sexual sin tener un vínculo afectivo importante, pasando por relaciones platónicas, o relaciones donde se comparta todas las combinaciones posibles, etc. Puede pasar que una persona no monógama tenga varias relaciones y ninguna de ellas sexual, o al revés. Esto me recuerda mucho a la plurisexualidad y a su inherente multiplicidad.

 

Solo quería para terminar poder concluir que vista esta relación que tienen tanto el monosexismo como la monogamia, para mí las comunidades plurisexuales y las no monógamas tienen una íntima conexión. Como hemos visto tenemos muchas cosas en común, ya no solo porque compartimos personas (es, obvio, sino no estaría yo aquí), sino también porque además tenemos un fondo común interesante e importante, que es lo que he expuesto. Por eso creo que nuestras comunidades tendrían que ser sensibles las unas con las otras y poder tejer red y alianza, y así, además, poder de una vez romper con el estigma que arrastramos dentro del activismo bisexual más mainstream y normativo que nos hace siempre salir a la calle para decir ‘hola, soy bisexual, soy monógama y soy normal’. Por eso estoy muy contenta de estar hoy aquí con todas vosotras, de tener la oportunidad de tejer esta alianza, y por esto también os estoy muy agradecida de haberme invitado. Gracias por haberme dado la oportunidad de compartir todo esto y además, poder decir alto y claro al fin ‘hola, soy bisexual, no soy monógama y no soy normal’.

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bisexualidad: historia de un borrado

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 23 de Septiembre en motivo de la celebración del día internacional de la visibilidad bisexual, o como me gusta a mí llamarlo: día de lucha contra el monosexismo.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

La bisexualidad (como también el resto de plurisexualidades,  orientaciones donde existe una atracción hacia más de un género) es normalmente borrada y estereotipada. El borrado o erradicación se caracteriza por la negación de la existencia de estas orientaciones, tanto de forma explícita diciendo que no existimos como de forma simbólica a través del lenguaje con expresiones que nos invisibilizan (como por ejemplo llamando a las relaciones ‘relación heterosexual’ o ‘relación lésbica’ sin tener en cuenta las orientaciones de las personas que forman parte de la relación). Otra forma de borrarnos es con expresiones como ‘todas somos bisexuales’, que niegan de forma indirecta la experiencia diferenciada a la de la monosexualidad (la heterosexualidad o la homosexualidad). Pero eso no es todo, ya que socialmente también somos consideradas promíscuas, que nunca sabemos lo que queremos y que por tanto siempre dudamos, y que somos inmaduras (entre muchos otros estereotipos).

La primera vez que apareció la palabra ‘bisexual’ no fue para referirse a una orientación sexual, sino que apareció a mitad de s. XIX, antes de que aparecieran los conceptos de heterosexualidad y homosexualidad, y se definió por primera vez en el contexto de la biología para referirse a organismos hermafroditas u organismos que en un desarrollo temprano su ‘sexo’ era indiferenciado y que más adelante al desarrollarse se diferenciaría entre lo que llamaban ‘macho’ o ‘hembra’. Durante la misma época, y paralelamente a la aparición de este concepto, se empezó a creer que el hermafroditismo era un estado primitivo de las especies, anterior a la diferenciación sexual, y que por lo tanto era menos ‘evolucionado’, con toda la carga socialmente negativa con la que se ha estado usando desde entonces conceptos como ‘primitivo’ o ‘menos evolucionado’, siempre señalando como máxima evolución la cultura occidental, el capitalismo y todo lo relacionado con las personas con privilegios en las estructuras de poder como el patriarcado, el racismo o el clasismo.

En este contexto, la bisexualidad, entendida como hermafroditismo o indiferenciación sexual, se consideró una fase inmadura del desarrollo humano y se relacionó con niños, personas no blancas (a las que llamaban de ‘razas primitivas’, ya que también se relacionó a las personas no blancas con el primitivismo y lo ‘no evolucionado’), la conducta animal y lo que no es del todo humano (teniendo como lo que es totalmente humano la cultura occidental, evidentemente, a través de una visión totalmente colonialista).

En esa época las prácticas sexuales (y por extensión las románticas o de ‘pareja’) entre personas asignadas con el mismo género eran penalizadas en muchos países occidentales europeos, y también moralmente y socialmente castigadas. Eran llamadas prácticas ‘contra natura’. A finales de s. XIX empezaron las primeras teorías sobre la homosexualidad que intentaron ‘naturalizar’ estas prácticas, verlas como algo que no se escogía sino que eran innatas, para que dejaran de ser castigadas. El problema es que aunque se ‘naturalicen’, al ser algo que realmente no es aceptado socialmente, no están exentas de querer ser corregidas, y por tanto, se tratará de hacerlas entrar en la enfermedad para que se las someta a ‘tratamiento’.

La teoría que más resonó fue la de la ‘inversión sexual’, que partía de la idea de que la atracción tenía que ser siempre entre personas de los dos géneros asignados opuestos. Por tanto, cuando te sentías atraída por una persona del mismo género asignado quería decir que tu psique, tu mente, era del género opuesto al que se te asignaba. En esta teoría de la inversión sexual las personas que se sentían atraídas por lo dos eran personas que tenían psicológicamente los dos géneros, y se las llamaba ‘hermafroditas psicosexuales’. En este caso, la psique ‘femenina’ se sentiría atraída por los hombres y la ‘masculina’ por las mujeres.

Pero esa supuesta atracción hacia los dos géneros se trató como algo que molestaba en las investigaciones que se hacían y lo visibilizaban como si fuera algo más bien irreal. En algunos estudios se pueden observar expresiones como que este tipo de personas creábamos ‘duda e incertidumbre’ para finalmente decir que en realidad no existíamos y que se trataba de personas ‘totalmente invertidas’. Debido a la molestia de que pueda existir algo que pueda ensuciar y no dejar clara la diferencia entre lo que querían hacer entender que era lo ‘correcto’ (la heterosexualidad) y lo que tendría que ser incorrecto (la homosexualidad), las personas que no caíamos en ninguno de los dos estados creábamos incretidumbre y duda, o molestábamos en sus datos, y se intentará a partir de ese momento negar nuestra existencia. Podemos ver aquí uno de los estereotipos de los que hablaba al principio: que las personas que nos sentimos atraídas hacia más de un género somos personas que dudamos y que no sabemos lo que queremos.

Otra cosa que peligraba aceptando la bisexualidad como una opción válida era la monogamia. Uno de los motivos de crear los dos roles de género como totalmente diferentes y complementarios era (a parte de crear la jerarquía hombre/mujer) la de perpetuar la idea de que el género de la otra persona era lo importante en la atracción y lo que te complementaba; una vez encontrada una persona de esas características ya no necesitabas nada más para completarte. La atracción hacia más de un género implicaría la ‘necesidad’ de más de una persona para completarse y eso haría que la monogamia no se perpetuase. Este es uno de los motivos por los que siempre se ha relacionado la bisexualidad y otras plurisexualidades con prácticas poco monógamas e hipersexuales.

Más adelante empezó a usarse también la palabra bisexual para referirse a la orientación y Freud cogió la conceptualización que ya se había hecho con la bisexualidad como indiferenciación sexual o hermafroditismo y lo copió para hablar de la atracción o, como llamaba él, la ‘elección del objeto’, a lo que antes llamaban hermafroditismo psicosexual. Según Freud todas las personas nacemos sin una distinción entre objetos sexuales (bisexuales) y cuando crecemos acabamos escogiendo un objeto.  De las dos opciones una era la aceptada (si elegías como objeto el género que te hacía ‘heterosexual’) y la otra la no aceptada (si elegías tu mismo género). Para Freud, la naturaleza humana es bisexual, pero no obstante es imposible practicarla para una persona humana moderna ya que el ‘progreso humano’ (la evolución hacia la cultura occidental) hace que se tenga que escoger una monosexualidad. Por tanto, la atracción hacia más de un género se relacionó también (como se hizo con el hermafroditismo) con los niños, la inmadurez, con las personas no blancas, etc. De ahí viene nuestro estereotipo de que somos personas inmaduras, como también la relación que se hace a menudo entre la bisexualidad y las personas no blancas (a quienes también se ha hipersexualizado a través de la estructura racista y colonialista).

A partir de aquí el único binario considerado ‘real’ será el monosexual heterosexual/homosexual. Los famosos posteriores estudios de Kinsey con su famosa escala de Kinsey como conclusión, reforzaron también este binario ya que construye la bisexualidad a través de la combinación de los dos ‘polos’ que define en los extremos: la homosexualidad y la heterosexualidad ‘puras’. Y, a la vez, refuerza la idea de que ‘todas somos bisexuales, pero en realidad no somos bisexuales’ ya que casi todas las personas monosexuales se acaban encontrando en un punto intermedio (porque no existe tal ‘pureza’).

Supuestamente las plurisexuales tendríamos que estar contentas de que se nos diga que ‘todas somos bisexuales’ (o pansexuales), pensando que así se visibilizan de alguna forma nuestras orientaciones. El problema es que esto se utiliza como técnica de dominación desde el privilegio monosexual para decirnos una y otra vez ‘no os quejéis tanto, en realidad todas somos bisexuales, pero ya sabemos que al final siempre acabas escogiendo un lado; y cuando crezcas y madures lo entenderás’.

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¿por qué hago/hacemos activismo bi/pluri? (intervención en la mesa redonda de enrenou 23S)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

El 23 de Septiembre es el día internacional de la visibilidad bisexual (aunque a mí me gusta llamarlo el día de la lucha contra el monosexismo), y se organizó una mesa redonda el día 25 de Septiembre de 2015 por parte de Enrenou. Ésta fue mi intervención traducida del catalán.

Buenas tarde a todas. Me llamo Natàlia, soy activista bisexual y formo parte del colectivo Enrenou, un grupo de activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Para las personas que no conozcan el termino plurisexual, es un término que utilizamos para referirnos a todas aquellas orientacions sexuales (o afectivas) donde nos sentimos atraídas por más de un género. Lo que me gustaría poder traer a esta mesa es exponer cual es la necesidad de hacer un activismo bisexual, y por lo tanto partir de la pregunta ‘¿Por qué hago/hacemos activismo bisexual?’. Por esta razón y partiendo de esta pregunta, intentaré explicar cuáles son las problemáticas específicas con las que nos encontramos las personas plurisexuales y bisexuales y a partir de aquí entender el porqué de la necesidad de este activismo.

La norma social, como muchas sabemos, es la heterosexualidad. Todas las personas somos heterosexuales, hasta que alguien nos saca del armario o nosotras mismas lo hacemos. Solo las personas que nos enfrentamos con discriminaciones o violencia de algún tipo tenemos que salir del armario, porque sinó, no nos haría falta salir de ningún lugar que representara un escondite.

Se suele creer que cuando una persona no es heterosexual, por defecto es homosexual (lesbiana o gay). La heterosexualidad se contempla como lo que es ‘correcto’ y ‘bueno’, mientras que la homosexualidad es considerada mala, un error, discriminable, menospreciable y a erradicar. Aun así, considerarse mala y desviada (y por tanto de padecer de violencia y discriminación), se considera como existente. Y ninguna otra opción es habitualmente considerada.

Dentro de este marco, las personas plurisexuales no existimos. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Pongamos el ejemplo de tener una pareja. ¿Habéis tenido alguna vez una relación bisexual? ¿O habéis visto una pareja y habéis dicho ‘oh, una pareja bisexual’? ¿O habéis encontrado un lugar de ambiente bisexual? Casi siempre se habla de relaciones hetero u homosexuales, o lésbicas, o bien de parejas hetero o parejas gay, siempre cogiendo como referente el género de las personas de la relación. Si voy por la calle de la mano con una mujer llamarán a mi relación como lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Las personas bisexuales tenemos que estar constantemente saliendo del armario, incluso con las personas con las que tenemos relaciones de pareja o sexoafectivas, con toda la violencia que esto representa.

Las discriminaciones que a menudo padecemos parten de este supuesto constante de que no existimos. Pero y ¿qué pasa cuando se habla de nosotras? Las pocas veces que se habla de nosotras, o las coses con las que nos enfrentamos cuando decimos que somos bisexuales, es darnos de narices con los estereotipos con lo que se nos relaciona; ya que no se habla nunca de nosotras, pero cuando se habla es para asignarnos connotaciones socialmente negativas, como por ejemplo, que somos promiscuas, que estamos confundidas, indecisas, que no sabemos lo que queremos que somos inestables… Una asignación que es una trampa. Una trampa porque en el fondo ser promiscua, ser inestable, ser indecisa, estar confundida, solo son negativas por el hecho de estar en una Sociedad patriarcal y capitalista.

Por miedo a sentirnos rechazadas, las personas bisexuales nos sentimos con la presión de negar que somos eso, que cumplimos estos estereotipos, discriminando así a personas de nuestra comunidad que son promiscuas, inestables, confundidas, indecisas… (y que ya están discriminadas por el simple hecho de estar así, sumándonos a esta violencia). Yo durante años estuve haciendo un esfuerzo constante para negarlos, por miedo al rechazo social, hasta que me di cuenta de la violencia que, no solo estaba ejerciendo hacia una parte de la comunidad bisexual, sino incluso a mí misma, obligándome a ser una cosa que no era o que no quería ser. Como por ejemplo, el hecho de no ser monógama, o el hecho de poder estar confundida, o de no saber escoger… ¿cómo no voy a estar confundida e indecisa si vivo en un sistema patriarcal y capitalista competitivo que me obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tengo porque escoger, o que me obliga a escoger entre dos relaciones entre las que no tengo porque escoger, o que me obliga a tener un tipo de estabilidad muy concreta que solo está al servicio productivo y reproductivo, o aislada en una unidad familiar, o que me obliga a no poder cambiar, y a tener que ser una misma cosa desde que nazco hasta que muero (con la trampa de que una vez nazco se me asigna lo que tengo que ser sin que yo lo pueda escoger)?

Pues bien, en este marco de la negación de nuestra existencia juntamente con la asignación de estereotipos hace que las discriminaciones que padecemos las personas plurisexuales sean diferentes al tipo de violencia de discriminación más directa, o de violencia más física o verbal; es un tipo de violencia más bien simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercutí a la larga en nuestras vides y que tiene consecuencias. Como, pondré algunos ejemplos:

  • Problemas de salud mental, como depresiones o ansiedad, e intentos de suicidio, por el hecho de sentir no encajar, o la presión constante de definirnos de una manera como no nos sentimos.
  • Ser más vulnerables a violencias sexuales, especialmente las mujeres bisexuales por el hecho de ser hipersexualizadas
  • Pérdida de parejas o relaciones sexoafectivas, debido a la falta de confianza en los pactos a los que llegamos con elles (supuestos de que las engañaremos, las dejaremos)
  • Pérdida de puestos de Trabajo, ya que a menudo se nos ve como personas con las que no se puede confiar y poco estables, y por tanto poco responsables
  • Pérdida del soporte familiar

Entre otras. Esto, también, como pasa con todo tipo de discriminaciones, puede acabar afectando al nivel económico y a la clase social (sí, ponemos por caso, que pierdes el soporte familiar, de amistades, pierdes el Trabajo, y padeces de una salud mental más pobre, tienes todos los números de padecer más problemas económicos).

Evidentemente, todas estas problemáticas son muy difíciles de plasmar y de mostrar, ya que es mucho más fácil contabilizar la violencia física o verbal directa, pero no cuando nos encontramos que muchas personas no quieren tener relaciones con nosotras porque somos bisexuales, o que se nos excluye o se desconfía de nosotras cuando denunciamos una violación. Este tipo de violencia simbólica normalmente se puede ver y mostrar a través de estudios e investigaciones específicas, que desgraciadamente no existen en Catalunya ni en el Estado Español, y que de momento solo se han hecho en el Reino Unido, EEUU y Canadá.

Todo esto expuesto es lo que llamamos bifobia y, de forma más extendida como estructura social de poder, monosexismo. Es por todos estos motivos que existe una necesidad de hacer un activismo especifico que tanga en cuenta, no tanto la discriminación que podamos padecer cuando tenemos una relación con una persona del mismo género que nosotras, sino de la discriminación que padecemos por el hecho de ser plurisexuales y sentir atracción hacia más de un género.

Además, y ya para terminar la intervención, en nuestra lucha también se suma la lucha contra el patriarcado, el sexismo, la transfobia y la homofobia, etc, por dos motivos principales. El primer motivo es porque en nuestra comunidad también hay personas trans, también somos mujeres, también padecemos homofobia, y por tanto, nuestra lucha contra el patriarcado, el sexismo, la transfobia y la homofobia, igual que otras opresiones, también son nuestras luchas. Y, además, como segundo motivo, creemos que el monosexismo es una estructura que refuerza las demás estructuras, refuerza el sexismo, refuerza el cisexismo, refuerza el heterosexismo y refuerza el heteropatriarcado en general, y por tanto, luchar contra el monosexismo es indirectamente luchar contra todas estas otras estructuras. Es por esto, que para nosotras es importante la alianza, tanto con los colectivos LGTB como con los feministas.

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salud mental en las personas bisexuales y de otras identidades plurisexuales y el monosexismo como causa: bifobia, erradicación, invisibilización e imperialismo cultural

por wuwei (natàlia)

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En noviembre de 2015 escribí esta ponencia como miembre del colectivo Enrenou para los 27 Encuentros Estatales LGTBI.

Mi nombre es Natàlia Climent, soy activista bisexual y kuirfeminista, y formo parte del colectivo Enrenou, que es un grupo donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Las identidades plurisexuales son todas aquellas donde existe una atracción sexual y/o afectiva hacia más de un género, entre las que se encuentran, no solamente la bisexualidad, sino también la polisexualidad, la pansexualidad, la skoliosexualidad, la pomosexualidad, entre otras. Lo que desde Enrenou nos gustaría tratar en estos encuentros es la problemática de la salud mental en las personas plurisexuales, ya que muchas veces no se tratan de forma diferenciada de las que puedan haber en el colectivo gay y lésbico, y por tanto no se pueden tratar las especificidades de nuestro colectivo, que no solamente puede padecer en cierta medida de homofobia, sino que también padece de discriminación debido a sentir atracción por más de un género. Quiero añadir, que aunque desde Enrenou no nos gusta hablar solamente de bisexualidad, ni nos gusta invisibilizar otras identidades plurisexuales, que comparten con la bisexualidad el tipo de discriminación y violencia, en esta ponencia solamente hablaré de bisexualidad en muchas ocasiones debido a que los pocos estudios que se han hecho solo se habla de bisexualidad, y no de otras identidades.

Las personas no heterosexuales, debido al estigma, la marginación, la discriminación, y la violencia sufrida, tendemos más a sufrir depresiones, ansiedad, a autolesionarnos, o a intentar el suicidio, que las personas heterosexuales. Según muchos estudios, como por ejemplo los de King et al. (2008), Llhomond y Saurel-Cubizolles (2009), Marshal et al (2011), Ploderl et al. (2013), Warner et al. (2004), McManus et al. (2007) o bien el de Chakraborty et al. (2011), ponen de relieve que existe esta tendencia a sufrir de problemas en el ámbito de la salud mental.

El problema que nos encontramos es que la mayoría de los estudios los datos no distinguen entre las personas homosexuales y las bisexuales o plurisexuales, poniéndolas todas en el mismo saco. Esto ocurre porque se cree que las personas bisexuales padecemos solamente de homofobia y lesbofobia (se cree que solamente padecemos discriminación cuando tenemos relaciones con personas del mismo género), borrando la especificidad de la experiencia bisexual y definiéndola como una experiencia mitad heterosexual y mitad homosexual. Pero la bifobia es una violencia y una discriminación diferenciada de la homofobia y la lesbofobia, y se reproduce por el hecho de que nos sentimos atraídas por más de un género, y no porque tengamos relaciones con personas del mismo género al nuestro. Por poner un ejemplo, cuando a mí se me discrimina por ir de la mano de una persona del mismo género estoy padeciendo, aun siendo bisexual, homofobia o lesbofobia; pero cuando se me discrimina porque puedo sentir atracción hacia varios géneros (como explicaré más adelante) a través de estereotipos, o diciéndome que esto no puede existir, u obligándome a definirme como lesbiana, entonces estoy padeciendo bifobia.

Habitualmente cuando se habla de bifobia se habla de los estereotipos. Los estereotipos de la bisexualidad (como la promiscuidad, la inestabilidad, la confusión, etc) son connotaciones socialmente negativas que ponen a las personas bisexuales en un lugar simbólicamente dañino para la sociedad. Esto no quiere decir que ser promiscua, estar confundida o ser inestable, sean cosas inherentemente malas; pero al ser conceptos que socialmente son discriminables y a la vez se te otorguen por el simple hecho de tu orientación sexual hace que esta asociación pueda sentirse como violenta.

Pero la bifobia no termina aquí. Para que nos hagamos una idea, la bifobia, en forma de discriminación directa, visible solo a través de estereotipos, es solo la punta del iceberg. Es por esta razón que muchas personas utilizamos el concepto del monosexismo, que nos permite entender donde la bisexualidad está estereotipada, prohibida, negada y borrada, y también por qué lo está, y además nos permite ver que todo esto tiene unas consecuencias en, por ejemplo, la salud mental de las personas bisexuales. Definimos el monosexismo como una estructura social que opera bajo la presunción de que todas las personas son monosexuales (heterosexuales o homosexuales) y que sistemáticamente discrimina o borra a todas aquellas que no lo son (como las plurisexuales). Por tanto, el monosexismo, al ser una estructura social, no solamente se expresa en forma de violencia directa, sino también indirecta o simbólica.

Yoshino, en su artículo ‘Epistemic contract of bisexual erasure’ apuntaba que el monosexismo opera bajo la presunción de que la bisexualidad debe ser borrada a través del propio conocimiento cultural. La erradicación de la bisexualidad es un fenómeno social en el que ésta es borrada de cualquier discurso donde pueda ser relevante (como, por ejemplo, en los estudios sobre salud mental, que he señalado al principio), incluso en la esfera privada o cuando una persona sale del armario consigo misma. La erradicación de la bisexualidad es el aspecto más relevante de la estructura monosexista: la mayor parte del tiempo nuestra cultura opera bajo la presunción de que la bisexualidad no existe y no puede existir. Yoshino apuntaba también en su artículo que uno de los motivos de esta erradicación es porque la bisexualidad pone en duda la existencia de la monosexualidad (la heterosexualidad y la homosexualidad), y para que las monosexualidades puedan mantenerse (especialmente la heterosexualidad, que es la que tiene más privilegios), la bisexualidad debe borrarse como posibilidad.

Pondremos un ejemplo simple de esta erradicación. La mayor parte del vocabulario diario no nos contempla, y no representa lo que sentimos o con lo que nos identificamos. Casi siempre que hablamos de relaciones hablamos de relaciones heterosexuales, homosexuales o lésbicas; si voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente a mí se me dirá que soy lesbiana, invisibilizando de esta manera la posibilidad de que yo no sea lesbiana, sino bisexual, que es precisamente como me identifico.

Como también se comenta en el informe Bisexual Invisibility, de la comisión de derechos humanos de San Francisco, las personas bisexuales experimentamos altas tasas de discriminación, de ser ignoradas o invisibilizadas. A menudo la orientación sexual en sí se considera inválida o irrelevante.

Por tanto, si mezclamos el hecho de que la bisexualidad es estereotipada y además invisibilizada, nos encontramos con lo que Obradors en su artículo ‘Deconstructing biphobia’ describe como el imperialismo cultural: “El imperialismo cultural… tiene un significado paradójico… Por un lado, el imperialismo cultural invisibiliza a un grupo de personas negándoles su existencia. Por el otro lado, este grupo de personas está descrita a la vez a través de un número de prejuicios que crea una imagen clara (y desviada) de ellas.”. Este marco descrito, de la negación de nuestra existencia, junto con la asignación de estereotipos, hace que las discriminaciones que padezcamos las personas bisexuales y plurisexuales sean diferentes al tipo de discriminación directa o violencia física o verbal; es un tipo de violencia más simbólica. Es un tipo de violencia poco visible, palpable, pero que repercute a la larga en nuestras vidas y tiene consecuencias. Una de las consecuencias más frecuentes es en la salud mental de las personas bisexuales y plurisexuales en general.

En Marzo de 2011, la comisión de derechos humanos de San Francisco (cuerpo gubernamental de los EEUU) recogió datos de diferentes estudios de EEUU, Reino Unido y Canadá donde se tenía en cuenta a la bisexualidad de forma diferenciada en un informe llamado ‘Bisexual Invisibility’. Algunos de los resultados que se reflejan son:

Las personas bisexuales experimentaban mayores disparidades en la salud que el resto de población, incluyendo más probabilidad de sufrir depresiones y desórdenes de ansiedad y ánimo (Miller et al., 2007; Steele et al., 2009)

Las mujeres bisexuales mostraban tasas significativamente más altas en mala salud en general y de angustia más frecuente que las lesbianas y las heterosexuales, especialmente en áreas urbanas, donde las mujeres lesbianas podían encontrar un respaldo en una comunidad, pero no las mujeres bisexuales. Además, las mujeres bisexuales eran un 64% más propensas a padecer un trastorno alimentario, un 37% más propensas a autolesionarse, un 26% más propensas a sentirse ansiosas o nerviosas, comparado con las lesbianas (Fredriksen-Goldsen, et al., 2010).

Las personas bisexuales tenían más tendencia al suicidio: 9.6% de las mujeres heterosexuales, 29.5% de las mujeres lesbianas y el 45.4% de las mujeres bisexuales; 7.4% de los hombres heterosexuales, el 25.2% de los hombres gays, y el 34.8% de los hombres bisexuales (Brennan et al., 2010; Steele et al.; 2010)

Por desgracia no tenemos estudios específicos en el estado español sobre la salud mental de las personas plurisexuales y no podemos mostrar cuales son los efectos de la bifobia y el monosexismo aquí. Teniendo en cuenta lo presentado y expuesto cabe esperar que haya diferencias específicas en la salud mental de las personas plurisexuales. Es por esta razón que desde Enrenou creemos que estos estudios son necesarios e importantes. Es más, los resultados de estos estudios deben tenerse en cuenta para dejar de erradicar nuestras experiencias, nuestras identidades y las violencias simbólicas a las que nos enfrentamos cada día. Creemos también que en el ámbito de la salud mental las profesionales tienen que sensibilizarse con nuestras experiencias, ya que si somos una población vulnerabilizada de esta manera, y específicamente por nuestra orientación no monosexual, los tratamientos que recibamos tendrían que tratar este tema con especial atención.

Referencias

Brennan, D.J., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuizen, S., Steele, L.S. (2010). Men’s sexual orientation and health in Canada. Canadian Journal of Public Health, 101: 3, 255-258

Chakraborty, A., McManus, S., Brugha, T.S. (2011). Mental health of the non-heterosexual population of England. British Journal of Psychiatry 198(2):143.8

Fredriksen-Goldsen, K.I., Kim, H., Barkan, S.E., Balsam, K.F., Mincer, S.L. (2010). Disparities in health-related quality of life: a comparison of lesbians and bisexual women. American Journal of Public Health, 100(11), 2255-2261

King, M., Semlyen, J., Tai, S.S., Killaspy, H., Popelyuk, D., Nazaret, I. (2008) A systematic review of mental disorder, suicide, and deliberate self harm in lesbian, gay and bisexual people. BMC Psychiatry8:70.

Llhomond, B., Saurel-Cubizolles, M.J. (2009). Sexual orientation and mental health: a review. Revue d’Epidemiologie et de Sante Publique 57:e44-58

Marshal, M.P., Dietz, L.J., Friedman, M.S., Stall, R., Smith, H.A., McGinley, J., Thoma, B.C., Murray, P.J., D’Augelli, A.R., Brent, D.A. (2011). Suicidality and depression disparities between sexual minority and heterosexual youth: a meta-analytic review. Journal of Adolescent Health 49:115-23

McManus, S., Meltzer, H., Brugha, T., Bebbington, P., Jenkins, R. (2007). Adult psychiatric morbidity in England, 2007: results of a household survey. Leeds: NHS Information Centre for Health and Social Care.

Miller, M., André, A., Ebin, J., Bessonova, L. (2007). Bisexual health: an introduction and model practces for HIV/STI prevention programming. National Gay and Lesbian Task Force Policy Institute, the Fenway Institute at Fenway Community Health, and BiNet USA.

Obradors, M. (2010). Deconstructing biphobia. Journal of Bisexuality 11:2-3

Ploderl, M., Wagenmakers, E.J., Tremblay, P. (2013). Suicide risk and sexual orientation: a critical review.Archives of Sexual Behaviour 42:715-27

San Francisco Human Rights Comission LGBT Advisory Committee (2011) Bisexual Invisibility: Impacts and Recommendations. San Francisco, California.

Steele, L.S., Ross, L.E., Dobinson, C., Veldhuidzen, S., Tinmouth, J.M. (2009). Women’s sexual orientation and health: results from a Canadian population-based surve. Women & Health; 49:5, 353-367

Warner, J., McKeown, E., Griffin, M., Johnson, K., Ramsy, A., Cort, C., King, M. (2004). Rates and predictors of mental illness in gay men, lesbians and bisexual men and women: results from a survey based in England and Wales. British Journal of Psychiatry 185:479-85

Yoshino, K. (2000). Epistemic contract of bisexual erasure. Stanford Law Review 52(2) p. 353

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la bisexualidad también es política

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 7 de julio.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

Hace poco salió el típico estudio que decía que las mujeres bisexuales existimos gracias a la objetificación sexual que hace el hombre heterosexual sobre las mujeres ‘bisexualizadas’. Esta es una forma de borrar nuestra propia orientación y sexualidad. Pero esto no es nuevo. Las personas bisexuales llevamos un siglo escuchando cosas como esta, o cosas como que los hombres bisexuales en realidad son gays que no se han atrevido a salir ‘del todo’ del armario.

Este ‘del todo’ es una metáfora que nos da una imagen de lo que significa socialmente la bisexualidad: mitad heterosexualidad y mitad homosexualidad. Esta lectura, de mitad y mitad, es la consecuencia del borrado de nuestra orientación sexual: la bisexualidad no existe, por eso es la suma de dos estados que sí que existen (uno bueno y otro malo). Y borrando la bisexualidad, detrás borramos muchas más orientaciones plurisexuales (como la pansexualidad, la polisexualidad, la skoliosexualidad, entre otras).

La pregunta es: ¿existe una opresión hacia las plurisexualidades, esas orientaciones donde existe una atracción hacia más de un género? ¿O solamente recibimos discriminación en forma de homofobia cuando mostramos nuestra ‘mitad’ homosexual? Tener que escribir esta pregunta, para mí, resulta doloroso, aunque yo misma sepa que la hago a modo de introducción. Pero sé que aún muchas creen que no existe esta opresión que afecta a plurisexuales y que solemos inventárnosla, igual que nos inventamos nuestra orientación sexual. Los días que solemos inventarnos esta opresión, solemos llamarla monosexismo, que es la opresión que sufrimos por el hecho de sentirnos atraídas por más de un género.

Una de las formas que tiene el patriarcado de marcar una línea clara entre el ‘hombre’ (el privilegiado) y la ‘mujer’ –y evidentemente erradicar la posibilidad de la existencia de otros géneros– es construir como única buena opción la heterosexualidad y haciendo que la única posible alternativa sea la homosexualidad (‘lo contrario’), colocándola en una posición jerárquicamente inferior a la heterosexualidad. El heterosexismo nos dice lo que claramente es ‘correcto’, ‘aceptable’ y ‘sano’: la heterosexualidad. El heterosexismo es una herramienta patriarcal con un gran poder, que nos marcará cuáles son los hombres ‘de verdad’ que tendrán acceso a las mujeres, y cuáles quedarán descartados y fuera de esta posibilidad. Aquellos que queden fuera se les pondrá en una posición discriminable y no aceptable. Y estos dos estados, el heterosexual y el homosexual, tienen que estar muy bien separados, que no se mezclen, que no se puedan tocar o ensuciar, para poder seguir manteniendo las jerarquías (hombre/mujer, hetero/homo) claramente.

¿Y cuál es el problema de las plurisexualidades? Que puedan contaminar, ensuciar, esa frontera, esa separación. Por esta razón el patriarcado necesita generar una estructura como el monosexismo, que se basa fuertemente en la negación de la existencia de la bisexualidad y de otras plurisexualidades, para que estas jerarquías y separaciones se mantengan.

Por lo tanto, las plurisexualidades son negadas constantemente, y a la vez se crean estereotipos alrededor de ellas que, no nos engañemos, son consecuencia del mismo borrado. Por ejemplo, las personas bisexuales somos siempre leídas como inestables, que no existimos, o que somos infecciosas, traidoras, excesivas, infieles… ¿por qué? Se nos ve como hipersexuales y promiscuas porque, como socialmente solo existen la heterosexualidad y la homosexualidad, se nos ve como la suma de ellas (por tanto, como el doble de sexuales); se nos ve como infieles y traidores porque, como solo se interpretan de nosotras dos estados, se nos ve saltando y cambiando todo el rato de un lado a otro; para el sistema somos infecciosas porque nos ‘movemos’ entre los dos únicos mundos que deberían poder existir y los ensuciamos y mezclamos; estamos confundidas, somos inestables y estamos en una fase porque no sabemos escoger entre los dos únicos estados reconocidos.

Nuestra existencia y opresión no se muestra ya que no se acepta nuestra existencia fuera de una combinación de los dos únicos estados que el patriarcado define como estables: el bueno (la heterosexualidad) y el malo (la homosexualidad).

Por un lado, aceptar socialmente la existencia de las plurisexualidades hace que la existencia de la heterosexualidad sea muy difícil (o imposible) de demostrar: ¿cómo puedes demostrar que existe la heterosexualidad si cualquier práctica que sea vista desde fuera como ‘heterosexual’ no tendría por qué implicar ser heterosexual sino bisexual o alguna otra plurisexualidad? De esta forma, poniendo en cuestión la existencia de la heterosexualidad, se pone en entredicho el privilegio que tiene la heterosexualidad y, por tanto, defender su privilegio pasa por tener que negar la existencia de las plurisexualidades.

Por otro lado, a las personas plurisexuales se nos ve como personas que podemos escoger el género de la persona con la que tenemos una relación sexual y/o romántica, y que por tanto también podemos ‘escoger’ nuestra orientación sexual. Esto pondría en entredicho la excusa de que las personas homosexuales solo se las puede aceptar porque han nacido así y no lo pueden cambiar (o sea, que no lo pueden escoger). Esta forma de ‘tolerar’ las prácticas ‘homosexuales’ es altamente homófoba, ya que quiere decir que solo es aceptable por no poder cambiarse, y que si se pudiera cambiar o escoger no sería aceptable, ya que tendría que escogerse la heterosexualidad. Aceptar la posibilidad de elección tendría que obligarnos a aceptar y respetar cualquier orientación, opción o práctica por el simple hecho de existir y no porque no se puede cambiar.

El hecho de que se nos diga que somos inestables o que estamos en una fase, como si de un estigma o de algo negativo se tratara, encierra en sí mismo un rechazo social hacia los cambios, la fluidez, a la elección, que nos convierte en personas insensibles cuando establecemos relaciones con las demás personas (no queremos hacernos más atentas a la posibilidad de que las demás quieran y puedan cambiar, por ejemplo, y con nuestra forma de tratarlas les ‘obligamos’ a permanecer encerradas en cajas estáticas).

El sistema nos ‘estabiliza’, nos ‘encierra’ en cajas, nos ‘estanca’ para que seamos personas productivas para el capitalismo, y no nos permite tener en cuenta los constantes cambios, voluntades y deseos de los demás. Por tanto, el monosexismo es también el enemigo del cambio y fortalece la insensibilidad relacional.

No pretendo parecer una ‘buena bisexual’, aquella que no está confundida, que sabe siempre lo que quiere, que no puede ser promiscua si quiere, o que, si no, tiene que parecer una buena lesbiana o heterosexual. Mi bisexualidad es una herramienta política contra el patriarcado, contra la jerarquía y la demanda constante de una estabilidad impuesta para mantener estas jerarquías. Mi bisexualidad es una herramienta de infección, contra el miedo a que lo que tiene que estar separado para poder ejercer opresión se mezcle. Es una herramienta en favor de las fases, y de la sensibilidad constante hacia las personas que nos rodean y con las que nos vinculamos. Es también una herramienta en favor de la elección, de poder escoger.

Mi bisexualidad es una herramienta en favor del cambio, contra el orden establecido, en favor de la multiplicidad, de lo híbrido y contra la idea de ‘pureza’. Es una herramienta de la ‘no suposición’, que nos permite acceder de una forma más sensible a nuestros deseos y a los de los demás.

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