responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (II – individualismo, dominación y objetificación)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la segunda parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí, la sexta aquí y la séptima aquí.

Invidividualismo y dominación

Nuestro sistma relacional (occidental) se basa en la idea y sentimiento de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para obtener nuestras necesidades a través de la dominación (el entorno se vuelve un objeto donde voy a cubrir mis necesidades).

Ésta es una visión que proviene de las clases dominantes; ha sido una viión creada desde la mirada del hombre cisgénero heterosexual blanco de clase media/alta sin diversidad funcional neurotípico, etc. Aún siendo una visión que proviene de las clases dominantes también se acaba reproduciendo en las clases oprimidas debido a que forma parte de la forma que tenemos de leer todo lo que nos rodea.

Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder a través de normas y normatividades; estas normas o normatividades se crean para colocar a ciertos colectivos en cajas estáticas cerradas que permita a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que ver, creer o sentir que están obteniendo necesidades de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes (los privilegios los ayudarían a obtener sus necesidades sin esfuerzo ni consciencia de que las obtienen a través de estas ‘normas’), se crean jerarquías y les da a las personas con privilegio un falso sentimiento de independencia. Pero esta independencia es una independencia fals ya que las dependencias que estas personas tienen de su entorno quedan invisibilizadas (sus necesidades quedan cubiertas por el sistema de forma invisible y no tienen que sentir que son dependientes).

En la monogamia, a través además del ideal del amor romántico, se nos hace creer que necesitamos y dependemos de una persona. Y, más allá del ideal de amor romántico, el hecho de que todo lo que necesitamos tenga que pasar por resolverse a través de una sola relación también favorece la aparición de relaciones de poder (tanto por el hecho de que todas las necesidades tengan que pasar por una sola persona, le da a ésta más poder, como también todo el peso de que tengas que prever todas las necesidades es una carga muy grande y que favorece la presión de tener que convertirnos en quien no somos o tener que olvidar nuestras propias necesidades y deseos).

Lo que hacemos a menudo para ‘resolver’ este problema es reproducir la idea de la falsa independencia diciendo ‘yo no dependo de ti, yo soy una persona independiente’ (un concepto que repetimos muy a menudo dentro de entornos no monógamos). De esta manera, con esta idea, se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia de las personas con privilegios, y se crea un discurso de la no-monogamia a la que solo pueden acceder personas con más privilegios (gente con más dinero, o personas menos oprimidas que otras, especialmente por tener unas capacidades concretas) y se les da más herramientas para seguir reproduciendo relaciones de poder con personas más oprimidas que ellas.

Las personas dependemos de nuestro entorno. Nuestro entorno es donde obtenemos nuestras necesidades y es dondes obtenemos afectos, atenciones y todo aquello que de alguna manera nos afecta. El entorno nos afecta, de la misma manera que nosotres afectamos el entorno. Romper con las relaciones de poder no tendría que pasar por negar nuestra conexión con el entorno, sino aceptándola colectivizando nuestras dependencias y haciéndolas más conscientes.

Objetificación

Esta forma de ver nuestro entorno (vernos como seres externos a lo que nos rodea y que accedemos a él a través de la dominación sin ser conscientes de que el entorno nos afecta y nos vemos afectades por nuestro entorno) hace que accedamos a nuestro entorno (donde están también las personas) viéndolo como un objeto para cubrir nuestras necesidades y deseos pero no las de les demás). Este proceso es un proceso de objetificación y es una causa y consecuencia de las jerarquías y la dominación.

A menudo se habla de objetificación en los feminismos para hablar sobre la objetificación sexual hacia las mujeres debido al patriarcado. De objetificación hay muchas más. Todas las estructuras objetifican a los grupos oprimidos: el capitalismo objetifica a les trabajadores, el especimo objetifica a los animales no humanos, el capacitismo objetifica a las personas discapacitadas por el propio sistema que las objetifica, etc. Y cada estructura de poder objetifica al grupo oprimido a través de mecanismos diferentes.

La objetificación sexual que vivimos las mujeres es un hecho, y tiene unas consecuencias muy duras en nuestras vidas. No obstante, de objetificación hay muchas más. Además, debio a que solamente hablamos de objetificación como objetificación sexual hace que muchas veces acabemos viendo toda relación sexual sin un vínculo emocional como un acto de objetificación, cuando no tiene porque ser así (si tienes una relación seuxal sin un vínculo emocional con una persona, pero das espacio a la otra persona a expresar molestias, oponerse, a expresar necesidades o malestares, no la estás objetificando), y a la vez se están invisibilizando muchas objetificaciones que no son sexuales (las mujeres, por ejemplo, también estamos objetificadas emocionalmente y los hombres acostumbran a acercarse a nosotras para explicarnos todos sus problemas emocionales sin tenernos en cuenta o que se nos escuche la mayoría de las veces cuando lo necesitamos). Debido a esto intentaré poner ejemplos que no caigan en la objetificación seuxal para visibilizar también otros tipos de objetificaciones.

Nuestro sistema relacional funciona a través de la objetificación: es ésta la forma con la que nos acercamos a las personas, teniendo en cuenta nuestros deseos, voluntades y necesidades, pero sin tener en cuenta las de esta otra persona, que podrían ser totalmente diferentes a las nuestras, o incluso incompatibles.

Una forma de objetificar sería tratar a las personas como si no tubieran voluntades o deseos propios (que podrían ser diferentes a los nuestros). Un ejemplo de ésto sería lo que pasa a menudo cuando estamos en la universidad, donde alguien se acerca a otra persona solamente porque quiere que le ayude a aprobar un examen y para que le pase los apuntes. Y, aunque su intención es ‘solamente’ ésta, lo que hace es hacer creer a la otra personaque lo que desea es una amistad. Una vez esta persona ya ha obtenido lo que ha querido (aprobar el examen) se aleja otra vez. Si esta persona hubiera tenido en cuenta los deseos de le otre, le hubiera dicho directamente que su voluntad era la de aprobar el examen, no la de una amistad, y haber dejado que fuera la otra persona la que expresara cuál era su deseo, si lo aceptaba o no. Aún así, no es precisamente lo que acostumbramos a hacer en estos casos.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan consentir u oponerse. Y para que una persona pueda consentir u oponerse no solamente se le tiene que preguntar si una cosa la quiere o no, sino que además se tiene que crear un espacio para que este consentimiento se pueda dar de verdad. Un ejemplo de esto sería preguntarle a una persona al saludarla si quiere o no un abrazo. Si yo delante de un ‘no’ reacciono con cierta molestia, aunque sea de forma indirecta, lo más probabl es que la próxima vez que se lo pregunte no me conteste que ‘no’ por miedo a que yo me pueda molestar. Es por este motivo que para que una persona realmente pueda consentir u oponerse a algo se le tiene que dejar espacio para que realmente lo pueda hacer sin ninguna sensación de chantaje emocional.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan expresar opiniones ni emociones al respecto de cosas que les afectan. Un ejemplo de esto es lo que pasa a menudo en las relaciones no monógamas jerárquicas. En este tipo de relaciones se acostumbra a tomar decisiones entre las personas que tienen una relación ‘primaria’, especialmente cuando se quieren gestionar emociones (como celos, u otras), que afectan a una ‘tercera’ persona, pero a esta tercera persona no se le informa ni se le deja expresar su opinió o emoción al respecto, ni se le permite pedir nada. Muy amenudo lo que se hace, cuando se quiere informar, es dar dos posibilidades a esta ‘tecera’ persona en modo de ‘referéndum’: se le da una opción donde solamente puede decir que ‘sí’ o que ‘no’. Este tipo de ‘referéndums’ pueden llegar a ser actos muy violentos, ya que esta persona no puede plantear molestias, alternativas o demandas. Haciendo esto se le quita voz a una persona sobre temas que le afectan. No nos olbidemos que este tipo de situaciones se dan también en la monogamia, donde de hecho son la ‘norma’, y se extienden en la no-monogamia a través de las relaciones jerárquicas. La monogamia ya es de por sí misma jerárquica.

En definitiva, objetificar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz. Hay un debate que tenemos mucho en nuestros entornos (de forma bastante genérica en los movimientos sociales): es el debate de si las personas somos imprescindibles o prescindibles. Este debate proviene del hecho de que en nuestra sociedad jerárquica se suele etiquetar a algunas personas como imprescindibles, dando de esta manera un poder a estas personas. Para romper con esto solemos decir que las personas somos todas prescindibles, un acto que suele vivirse con bastante violencia cuando hay personas en nuestra vida a las que consideramos importantes. Pero este debate es un debate erróneo, ya que considerar a las personas como prescindibles o imprescindibles proviene de la misma idea de ver a las personas como objetos. Las personas no somos prescindibles o imprescindibles. No somos objetos ni herramientas a utilizar. Las personas somos importantes y a tener en cuenta. Y es posible que haya personas que por muchos motivos consideremos menos importantes que otras (porque tenemos menos vinculo), pero que una personas no sea tan importante en tu vida no significa que le tengas que quitar voz en cosas que le afectan.

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