plurisexualidades y estereotipos I: no saber ni querer escoger es un acto revolucionario

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

Este texto es el primero de un conjunto de textos que he escrito alrededor de los estereotipos asignados a las personas bisexuales y plurisexuales como herramientas de empoderamiento y reapropiación. El segundo lo podéis encontrar aquí y el tercero aquí.

aviso de contenido: monosexismo, capacitismo, neurocapacitismo, estigma de la duda y la indecisión

 

Las personas plurisexuales (las que nos sentimos atraídas por más de un género, como las bisexuales, pansexuales, o las polisexuales) somos atravesadas constantemente por los estereotipos que se asocian con nosotras: como por ejemplo, se dice que somos promíscuas, que somos infecciosas y transmisoras de ITS, que no existimos o que somos traidoras e infieles. Uno de estos estereotipos es que somos personas que no sabemos lo que queremos y que siempre dudamos: que somos indecises. Este estereotipo (igual que todos los demás) a menudo lo negamos diciendo que las personas plurisexuales sabemos lo que queremos y no dudamos, cayendo en la trampa de la negación de la posibilidad de poder dudar y de no tener que saber siempre lo que se quiere para hacernos socialmente más “aceptables”, “capacitades” y normativizarnos. El problema es que negando esta posibilidad lo que hacemos es seguir reproduciendo la idea de que hay algo negativo en dudar o en no saber lo que se quiere, como también querer cerrar la puerta a que haya personas plurisexuales que sean indecisas. Y es que socialmente la duda y la indecisión están estigmatizadas.

No tener claros tus deseos o necesidades se ve normalmente como una falta de consideración hacia quien se está relacionando contigo. No saberte decidir también, incluso no tener la capacidad de hacerlo al momento. En esta sociedad no solamente tenemos que ofrecer siempre respuestas, sino que además éstas tienen que ser inmediatas, como si todes tuviéramos que llevar todo siempre perfectamente reflexionado de casa o tener una capacidad de decisión y reacción momentánea. De hecho, ésta es una de esas capacidades socialmente reconocidas como necesarias y que se dan por supuestas para todes: saber decidir y, a poder ser, de forma más o menos inmediata. Tener espacio para pensar en lo que te están preguntando, dejar aparcada una decisión o bien tener en cuenta necesidades como “no poder pensar ni decidir” algo en un momento dado, o simplemente no acabar nunca sabiendo qué quieres en algún asunto en concreto, son vistos como signos de debilidad mental o emocional, de no “auto-conocimiento” o incluso de mala intención. Tanto es así, que se creen elementos imprescindibles para poder tener lo que normalmente se llama “relaciones sanas”.

Socialmente se camufla esta obsesión por la rápida y fácil elección como un tipo de libertad: la libertad de elección. No obstante, esta presión no es sino un atentado contra la propia libertad. Lo que se quiere bajo toda esta presión muy a menudo es que te sitúes rápidamente sobre un punto para poderte sentenciar lo más rápido posible: socialmente se necesita siempre colocarte en alguna “caja” para poderte, no solamente identificar, sino además aplicarte todos los castigos o premios necesarios según cuál sea esta “caja” (tu elección). Finalmente, una vez se te ha sentenciado y colocado esta posición será inamovible. ¿Es realmente ésta una verdadera libertad de elección?

En cuanto a las orientaciones sexuales hay una imposición social muy grande para que tengamos que elegir una orientación monosexual (heterosexual u homosexual). La elección de nuestra orientación sexual monosexual tiene que ser una elección forzada, que hacemos en un momento dado al comenzar nuestra vida adulta para después cerrar la posibilidad de poder volver a escoger; una vez has escogido pasas a ser “respetable” (si eres heterosexual) o “despreciable” (si eres homosexual). No se escoge realmente en un contexto pro-elección, sino todo lo contrario. Después de la “elección” (además con unas condiciones que tiene unas consecuencias según la elección) no se puede cambiar ni devenir: es una elección estática. A través de esta imposición falsamente “libre” se nos insensibiliza sobre cuáles son las preferencias de las personas con las que nos relacionamos.

Como las personas plurisexuales supuestamente no hacemos esta “elección” forzada somos “acusadas” de no saber escoger y de no saber lo que queremos. No obstante lo que se esconde detrás de esta “acusación” es precisamente la verdadera falta de libertad que tenemos hacia la elección o la posible no-elección. Que nos digan que no sabemos escoger y que no sabemos lo que queremos en realidad es decirnos que no hemos pasado por el proceso cultural de tenernos que posicionas de forma forzada en uno de los dos únicos lados permitidos para podernos sentenciar después. Delante de opciones que no encajan con lo que nosotres podamos estar sintiendo (o que simplemente no las sentimos), no saber ni querer escoger es un acto revolucionario.

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