no, las bisexuales no estamos mucho más oprimidas que las lesbianas

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

 

Aviso de contenido: monosexismo, heterosexismo, bifobia, lesbofobia, machismo, competitividad, jerarquías

 

 

Estamos viviendo una época dentro de muchos activismos que parece más bien una lucha para ver quien está más oprimida. Nos repartimos carnets con puntos, donde se suman y se restan puntos según cada estructura de forma totalmente simplista y poco contextual. Entiendo que muchas veces haya personas un poco hartas sobre estas temáticas e, incluso, escépticas sobre el propio concepto de las estructuras de poder. Las estructuras son complejas, los privilegios y las opresiones también, y no se pueden ver como una colección de suma de puntos como muchas veces se presentan. Es muy probable, por ejemplo, que aunque a mí me afectan el machismo, el heterosexismo, el monosexismo y el capacitismo, pueda tener una vida más fácil que una persona que solamente es atravesada por el racismo en el mismo contexto que el mío. No estoy diciendo que tenga que ser siempre así, es, como ya he dicho, complejo, y el clasismo también juega un papel importante aquí.

Hace unos años una persona argentina que estaba dando una charla sobre gordofobia, después de explicar cómo esta estructura le afectaba, añadió que aunque le afectaba mucho, dependiendo del contexto había otras estructuras que podrían afectar más, o hacer que la gordofobia no afectara tanto en comparación. Por ejemplo, cuando te para la policía en un aeropuerto y no eres europea hay estructuras que serán más importantes o tendrán más relevancia en aquel contexto. En cambio cuando, por otro lado, vas al médico es probable que la gordofobia, juntamente con el hecho de ser una mujer, sea lo más relevante.

Sabemos que cuando no se tiene en cuenta la existencia del monosexismo, a las personas plurisexuales se nos borra parte de la opresión que vivimos. Normalmente, cuando esto pasa, se considera que solamente vivimos heterosexismo, homofobia, con “mitad intensidad” o “mitad frecuencia”, o sea, que solamente nos vemos afectadas cuando tenemos relaciones con personas del mismo género. Y es cierto que el heterosexismo nos afecta, y nos afecta especialmente cuando esto pasa. No obstante, existe otra estructura, el monosexismo, que nos atraviesa específicamente por el hecho de sentirnos atraídas por más de un género, que no se suele tener en cuenta. No tener en cuenta esto es no tener en cuenta la alta vulnerabilidad que padecemos las mujeres plurisexuales a la violencia sexual (que también padecen lesbianas, pero que en las plurisexuales se suele disparar más), o bien no tener en cuenta como se nos borra y nos estereotipa en todo contexto monosexual.

Pero en el proceso de aceptación de la existencia del monosexismo en las comunidades plurisexuales se ha generado una tendencia a repetir que las mujeres bisexuales estamos, en general, mucho más oprimidas que las lesbianas. Esto es la simple consecuencia de ver, como he comentado, las estructuras de poder como una suma y colección de puntos. Si eres una mujer plurisexual, te ves atravesada por el machismo, el monosexismo, y también el heterosexismo. Por tanto, según esta lógica, nos vemos afectadas por una estructura más (el monosexismo) que las lesbianas, y, en consecuencia, estamos mucho más oprimidas.

Ver las estructuras de esta manera y llegar a conclusiones como esta me parece, no solamente peligroso, sino también una forma de banalizar y simplificar la violencia estructural. Es obvio que el monosexismo nos afecta a personas plurisexuales, y que por esta estructura las personas monosexuales tienen un privilegio. Pero este privilegio y esta opresión no se viven ni se expresan igual siempre. Una mujer que, por ejemplo, sea bisexual y esté teniendo una relación monógama con un hombre, el heterosexismo que padecerá será mucho menor que el que padezca una lesbiana. Es más, es probable que, en algunos casos, no siempre, también el monosexismo que padezca no sea tan alto como el de una mujer bisexual no monógama y que mantenga diferentes relaciones con personas de diferentes géneros, o incluso con solamente mujeres. El contexto, como llevo comentando desde el principio, siempre es importante.

Creo que es importante que comencemos a contextualizar las estructuras, sin el miedo a perder por el camino la politización de nuestros activismos y nuestras luchas. El contexto también es político, tanto como las estructuras, porque las estructuras son contexto. Nuestro contexto. Ni las bisexuales estamos, en general, más oprimidas que las lesbianas, ni tiene porque ser al revés. Habrá casos, habrá contextos, y habrá más estructuras que, posiblemente, puedan llegar a afectar mucho más que todas estas, o que su intersección sea mucho más compleja. No hemos venido aquí a pelearnos, a sumar o a restar puntos, ni a jugar al bingo. O al menos, yo no he venido a esto. Nuestra lucha tiene mucho en común. Pero para poder compartirla, antes tenemos que empezar a dejar ciertos tipos de competitividades a banda, sin tampoco olvidarnos de que la bifobia y la lesbofobia, obviamente, existen.

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