espacios: allí donde las relaciones se expresan

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso de contenido: incompatibilidades, mención de estructuras, posibles violencias y agresiones

Ya he comentado en más de un texto que una de mis principales preocupaciones son las relaciones: cómo nos relacionamos es la base de muchas de las violencias que vivimos y de las estructuras de poder, así como también es a través de ellas donde obtenemos parte de nuestras necesidades con nuestro entorno. De hecho tampoco hace falta que lo tenga que decir explícitamente, ya que se puede ver por cuáles son la mayoría de las temáticas que suelo tratar. Pero las relaciones no se dan en el vacío, ya que si nosotres mismes (cómo sentimos, cómo estamos, cómo somos y devenimos) ya dependemos en cierta medida de nuestras relaciones, también dependemos de nuestro contexto y estructuras sociales, y esto implica que también dependerá del espacio donde estas relaciones y nosotres nos movemosEspacios y relaciones se generan mutuamente, las unas a las otras y viceversa.

Debido a esto, los espacios, su generación, cuidado y gestión ha devenido también una preocupación para mí, ya que los espacios son por donde nos movemos y donde nos relacionamos y, por lo tanto, depende de cómo se organicen o se monten nos podremos relacionar de unas formas o de otras. Nos relacionamos a través de los espacios. Un espacio, no obstante, no es sólo lo que hay entre cuatro paredes: puede ser también exterior, puede ser temporal, un proceso, un grupo virtual, etc. Espacio es todo aquello donde las relaciones ocurren de una forma concreta y por unos motivos concretos, y donde también ponemos ciertas referencias (tanto de forma explícita como de forma implícita): por ejemplo una misma habitación puede representar dos espacios diferentes para dos personas diferentes que la utilizan con motivaciones diferentes.

Hace dos años y medio, en las I Jornadas Desorientadas que organizamos la Colectiva Desorientada en Madrid, un compañero de activismo bisexual, Xurxo, propuso un taller sobre espacios y monosexismo. Se ve que él y Elena, arquitectas las dos, llevaban tiempo tratando esta temática. Fue en ese momento cuando se me abrieron los ojos delante del “descubrimiento” de que la distribución de todo tipo de espacios reproducen estructuras de poder. Ya sé que muches ya lo sabían antes, y de hecho en esas jornadas vi como algunes ya habían tratado el tema específicamente con el machismo y el patriarcado (la repartición de las estancias de un típico piso están pensadas para reproducir y perpetuar la monogamia cisheteropatriarcal). O sea, que no fue un gran descubirmiento para la humanidad, sino para mí, claramente. Pero para mí fue emocionante.

Más adelante, una persona cercana a mí, Laura, abrió un debate en nuestra red relacional sobre las incompatibilidades: hay relaciones que no son compatibles. Puso un ejemplo para que se entendiera: si una persona necesita gritar y otra necesita silencio, estas dos personas no son compatibles en un mismo espacio en el momento en que aparecen las dos necesidades. Normalmente resolvemos este problema privilegiando solamente una de las dos opciones, a lo mejor la más aceptada socialmente (y en este ejemplo depende muchas veces de los privilegios que tendrán cada una de estas personas) y una de las dos tiene que acabar aguantándose sus necesidades. Por ejemplo, a veces es habitual que se privilegie que tiene que haber silencio, porque ignoramos que el hecho de gritar pueda ser una necesidad importante para alguien en un momento determinado, así como la de necesitar silencio. No obstante, yo he vivido muchas veces la inversa, especialmente cuando era yo la que necesitaba calma y silencio pero la otra persona menospreciaba mi necesidad ridiculizándola porque él era un señor con todos los privilegios existentes y tenía que hacer lo que le saliera de las narices. Este ejemplo se puede extender a casos mucho más complejos que el silencio/ruido, o sea no solamente sensoriales, sino también emocionales o de cualquier tipo.

Estas incompatibilidades también se tienen que tener en cuenta cuando generamos espacios para que nos hagan poder existir más compatiblemente: o sea, siguiendo con el ejemplo que comentaba antes, estas dos personas podrían convivir siempre que cuando aparezcan las necesidades incompatibles pudiesen estar en estancias separadas con referencias diferentes, y seguirían pudiendo compartir de otras maneras y cuidándose de forma indirecta. En vez degenerar referencias que tenemos que seguir todes siempre en el mismo espacio, que es lo que creo que muchas veces erramos y confundimos con hacer una vida “no-individualista”, a veces tenemos que generar diferentes espacios con diferentes referencias. Claramente habrá cosas que sí que serán comunes de todos los  espacios, pero no tienen porque se todos iguales para que tengan cabida diferentes necesidades.

Siguiendo un poco este hilo, e introduciendo un tema mucho más complejo, podría ser interesante pensar como tener en cuenta relaciones que necesitan no existir, personas que necesitan no encontrarse o necesitan ciertas distancias. Cómo gestionamos los cuidados a personas que necesitan una distancia de otra persona y a la vez no queremos excluir a la otra persona es todo un tema. Aquí no estoy diciendo que nos tengamos que obligar a convivir con nuestros agresores, no estoy hablando de temas de este tipo, sino de relaciones realmente incompatibles hasta el extremo de necesitar no existir. Evidentemente no tengo la respuesta, y supongo que dependerá de muchos factores y de las necesidades de cada una. Pero es para mí una propuesta más a lanzar para debatir y tener en cuenta.

Yendo más allá, también sería interesante pensar cómo se gestionan las agresiones, de forma mucho más múltiple que la de los protocolos que se plantean a menudo, pero en este texto no quiero entrar en este tema, ya que me gustaría hablarlo en otros donde quiero tratarlo específicamente (vuelvo a insistir que no me refiero a obligar a convivir agresores con agredides, sino plantear los protocolos de forma mucho más extensa y cómo se gestionan los espacios alrededor de esto).

Debido a que es en los espacios donde se generan las relaciones y donde devienen todas las dinámicas, es muy importante entender cómo se crean y cómo se gestionan, cómo se ponen las referencias, las barreras, las separaciones, cómo se organizan. Entender cuál es el contexto y necesidades de cada persona y de cada relación (tanto las relaciones una a una como de entre más personas o grupales). Cómo se benefician o no las jerarquías, la competición (no sólo individual, sino también relacional) o bien el consumo relacional. Los espacios tendrían que estar distribuidos y organizados para cuidarnos y dejarnos de dominar, para tenernos en cuenta, también en nuestra multiplicidad. Como se incluye y como se excluye, no sólo a personas, sino también a las opciones que podamos tener. Tendríamos que poder ser critiques con qué tipo de inclusión o exclusión se produce.Tienen que poder ser sensibles a las diversas relaciones y en cómo nos sentimos con ellas. Saber poner y quitar contornos, que puedan cambiar según el momento y que sean sensibles a estructuras y necesidades. Tiene que poder ser también, por tanto, transformables y cambiables.

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