deconstruyendo los discursos hegemónicos y científicos de la orientación sexual: desorientación, fluidez, inestabilidad y confusión como actos revolucionarios (I – estructuras de poder y monosexismo)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

El mes de Abril de 2016 se celebraron las I Jornadas Desorientadas en Madrid. En esas jornadas di una charla sobre monosexismo, su discurso y de como se ha construído este discurso. El audio de la charla lo tenéis aquí (aviso de contenido del audio: lenguaje cisexista e intersexfóbico debido a estar explicando el discurso médico entorno a las orientaciones). Esta es la primera parte. La segunda la podéis leer aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí y la sexta aquí.

El contenido escrito de la charla, un poco más arreglado y extendido, lo iré colgando en el blog, por partes. Ésta es la primera parte donde hablo de estructuras de poder y de monosexismo.

Estructuras de poder

Hay muchas formas de explicar o definir qué es una estructura de poder. Una estructura de poder es algo muy difícil de explicar. Yo voy a intentar dar una definición/explicación, pero se podrían dar otras o ampliarla.

Una estructura de poder es un sistema que estructura a la sociedad de una forma directa e indirecta. Es algo que está en nuestro lenguaje, en nuestra lógica construida socialmente, en nuestra forma de expresar, ver, o pensar, que lo que hace es por defecto hacer de algunas cosas ‘normas’ (lo que llamamos ‘normal’), que suelen facilitarle más la vida a las personas que se adecuan a esas normas (a las que llamamos personas con ‘privilegios’), y a complicarlas a quien no se adecuan a ellas (a las que llamamos personas ‘oprimidas’). Además, lo que hacen es que muchas más personas pasen y se adecuen a esas normas por falta de alternativas.

Una estructura de poder se puede comparar con la imagen de un iceberg, en la que la punta es la violencia visible (violencia física o verbal, por ejemplo), pero que debajo se esconde la parte más grande y menos visible de la estructura, donde se hallan el lenguaje, la lógica, la forma de ver, expresar, o pensar, que reproduce violencia simbólica y estructural.

Y aunque se llame simbólica a este tipo de violencia, no la hace menos violenta, sino más invisible y menos reconocible, y que tiene consecuencias en la vida de las personas oprimidas, como por ejemplo, puede afectar a la salud mental, a nuestras relaciones, etc.

Las estructuras de poder se viven, se sienten, te atraviesan, y son difíciles de expresar, ya que la expresión por defecto es la que sigue la lógica que privilegia en la estructura.

Estructuras de poder existen muchas. Algunos ejemplos son: el sexismo/machismo, está el heterosexismo (donde la parte más visible del iceberg sería lo que llamamos homofobia), está el cisexismo (donde la parte más visible es la transfobia), está el racismo, entre otras.

Cada una de ellas tiene sus particularidades, sus diferencias, no creo que sean comparables, que una sea más importante que la otra, sino que cada una funciona de formas distintas, y en cada contexto se expresan de formas distintas y se sienten de formas distintas. O sea, que son contextualizables. Además, muchas están relacionadas entre sí y se refuerzan. Haciendo, de esta forma, que todo el sistema se refuerce a sí mismo.

Monosexismo

El monosexismo es una estructura de poder. Primero voy a dar algunas definiciones. Llamo ‘monosexual’ a la persona que se siente atraída por solamente un género. Las monosexualidades más conocidas son la heterosexualidad y la homosexualidad. Por otra parte, plurisexual es un término paraguas que estamos usando últimamente en el activismo para referirnos a aquellas orientaciones o identidades donde hay una atracción hacia más de un género, como pueden ser la bisexualidad, la pansexualidad, la polisexualidad, la skoliosexualidad, entre otras. También hay personas que no sienten identificarse en ninguno de estos términos pero que no se identifican tampoco con las monosexualidades y que pueden verse también afectadas por el monosexismo.

El monosexismo es esa estructura de poder que supone que las personas por defecto somos monosexuales y por tanto privilegia a éstas y oprime y discrimina a las personas que nos sentimos atraídas hacia más de un género, como somos las plurisexuales. La bifobia y la panfobia serían lo que quedaría situado en la parte visible del iceberg, pero el monosexismo es mucho más complejo que esto.

El monosexismo es una estructura muy simbólica, y que por eso cuesta tanto de mostrar, o de hablar de ella. Se sustenta sobre todo en la idea de que las personas plurisexuales no existimos, y que los dos únicos estados reales son las dos monosexualidades (evidentemente una más importante que la otra, ya que no se ve igual a la heterosexualidad que a la homosexualidad). Y, a parte de la invisibilidad o no existencia, se han creado también estereotipos a nuestro alrededor. Pero no nos engañemos, ya que estos estereotipos son precisamente la consecuencia de nuestra no existencia. Ya que, como no existimos, nuestras experiencias y vivencias se expresan siempre como combinación de las dos monosexualidades. Por eso, por ejemplo, se dice que somos promiscues e hipersexuales, ya que al ser la suma de dos estados, somos el doble de sexuales. Se dice que estamos confundides y somos inestables, porque se nos lee como personas que vamos cambiando entre dos estados. Se dice también de nosotres que no sabemos lo que queremos, que somos traidores e infeccioses. Y todo recae en la idea de vernos como combinación de dos estados que tendrían que estar separados (precisamente por el hecho de ser jerárquicamente opuestos). O sea, el ‘bueno’ y el ‘malo’.

Y la violencia simbólica es muy difícil de percibir, pero aún así tiene sus consecuencias. En el caso, por ejemplo, del monosexismo, existen unos índices más elevados de intentos de suicidio, autolesión, depresión, ansiedad, por el sentimiento de no poder entenderse o definirse a través de los parámetros sociales definidos. También podemos perder nuestros trabajos, ya que al vernos como personas inestables no se confía en nosotres. También perdemos relaciones sexoafectivas o de pareja por vernos como traidores y que no cumpliremos con los pactos a los que llegamos. También tenemos un riesgo más elevado de padecer violencia sexual, especialmente las mujeres, al ser más hipersexualizadas; como también ocurre que puede que no se confíe en nosotres cuando denunciamos una violación. Y, un largo etcétera.

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Un comentario sobre “deconstruyendo los discursos hegemónicos y científicos de la orientación sexual: desorientación, fluidez, inestabilidad y confusión como actos revolucionarios (I – estructuras de poder y monosexismo)

  1. mxmx dice:

    Pareciera que a los plurisexuales se nos tiene miedo sistemáticamente porque borramos la línea entre lo aceptable y lo inaceptable o, al menos, la difuminamos, la emborronamos. Tan pronto somos normales como anómalos, somos personas y luego, pam, somos monstruos, y es ahí donde las estructuras de poder encontrarían difícil su funcionamiento si no fuera porque la discriminación y falta de representación y visibilización nos genera a muches de nosotres tantos problemas identitarios que nosotres mismes vivimos, como dices, en esa creencia de que vamos pasando de un estado a otro. Creo que el sentimiento de falta de consistencia identitaria no es una vivencia individual sino algo compartido por muches (véase http://everydayfeminism.com/2016/01/bisexuals-mental-health/ sobre la salud mental en personas bi y su lucha identitaria, aunque creo que es aplicable a todas las plurisexualidades – está en inglés -) lo cual es, la verdad, súper preocupante y ojalá saber cómo combatirlo. De cualquier forma, igual no es descabellado pensar que la plurisexualidad, igual que la no-monogamia, posee un potencial desjerarquizador (no quiero decir, obviamente, que esto la haga mejor que cualquier otra sexualidad, pero sí que por sus características intrínsecas casualmente tiene la potencialidad de atentar simbólicamente contra las lógicas jerárquicas).

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