ciencia: ¿herramienta neutra o política?

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí para la Directa. Podeis ver el artículo original (en catalán) aquí.

 

La ciencia moderna occidental es considerada normalmente como un trabajo objetivo que realizamos unas personas a las que llamamos científicas. En general, la descripción clásica del método científico describe el trabajo científico a partir de la observación fiel de la realidad de donde se extraen leyes, se compruevan experimentalmente y finalmente éstas son refutadas o se aceptan como teorías que describen la ‘realidad’. El positivismo (creencia de que el único conocimiento verdadero es a través de la observación y la experiencia) juntamente con el realismo científico (la visión filosófica que cree que la ciencia describe o puede describir la realidad tal como es) conforman una ideología dominante de las ciencias que parte del supuesto que la observación captaría las cosas tal como son sin que intervenga ningún elemento humano o influencia social, que podemos ver, entender, la realidad exactamente como es y que esta obervación sería la única vía de conocimiento verdadero.

¿Observación objetiva?

Observar implica describir lo que se está observando (el objeto) refiriéndonos a nociones previas a la observación: miramos el mundo con un cierto número de ideas preconcebidas, representaciones, modelos o mitos. Por lo tanto, una observación es una interpretación; observar es una forma de leer, está influído por nuestra lengua, nuestra cultura, y por todas las estructuras de poder (sistemas de opresión) que nos hacen ver el mundo de una o de otra manera a través de normas sociales que nos dicen lo que es o no es ‘normal’ (como es la heterosexualidad, que el hombre sea superior a la mujer, o que un cuerpo determinado tenga que ser asignado a un género concreto).

Visto de esta forma, referirse a la objetividad como a la observación de las coas tal y como son realmente, de forma neutra, es una ficción. La observación es una interpretación entra la persona que observa y el objeto que es observado, y la objetividad no es absoluta, sino relativa a una cultura: decir que algo es objetivo es situarlo en un esquema común de percepción y comunicación de una cultura.

Observar también implica seleccionar: escogemos nuestros objetos de estudio descartando un montón de posibles objetos que decidimos (la mayoría de las veces inconscientemente) no observar. Esta selección puede venir dada por la propia concepción de estos objetos (como ya tenemos un marco teórico formado nos será más fácil escoger los objetos que ya formen parte de este marco) o bien porque sean objetos que corresponden a unos ciertos intereses ideológicos y/o económicos.

Por lo tanto, observar no es situarse pasivamente delante del mundo tal y como es. Definiendo así la observación escondemos la parte importante en la que el sujeto que observa (y todo su entramado social que lo sostiene) toma durante la observación y lo que hacemos es absolutizar la visión científica legitimando decisiones ideológicas, sociales, políticas o éticas sobre razonamientos científicos que se toman neutros o absolutos.

Las metáforas y la racionalidad científica

La cciencia, al usar la cultura para observar, definir o interpretar, está llena de metáforas: utiliza conceptos que existían previamente en nuestra cultura para referirse también a nuevos conceptos en ciencia haciendo un paralelismo entre ellas. Por ejemplo, en física se han cogido del lenguaje corriente las nociones de fuerza y de trabajo. No obstante, hay muchas de estas metáforas que tienen cargas mucho más grandes relacionadas con estructuras de poder, como por ejemplo, cuando a lo largo de la historia de la biología celular se explicaron la unión del óvulo y del espermatozoide a través de estereotipos asignados como femeninos y masculinos: llamando a los espermatozoides como ‘armas’ o ‘pretendientes’ que ‘luchan’ y van a buscar al óvulo a contra corriente, donde éste espera ‘pasivamente’ y atrae a un montón de ellos, donde parece que finalmente sólo uno consigue ‘fertilizar’ el óvulo, donde este a la vez ‘cierra las puertas’ a otros ‘pretendientes’.

Y todo lo que al principio son metáforas, cargas culturales, cuando pasar a ser aceptadas y sostenidas pasan a verse como racionalidades u objetividades. Muchas de las metáforas o las representaciones escogidas no son al azar, normalmente reproducen lo que las estructuras de poder representan. Por lo tanto, la ‘racionalidad científica’ es un concepto abstracto que puede estar representando la visión de las clases dominantes, aquellas personas que ya de por sí mismas están en una posición de privilegio respecto las estructuras de poder (el homre cis heterosexual blanco sin diversidad funcional neurotípico de clase media/alta, etc.). Est no quiere decir que todas las personas que hacemos ciencia tengamos todos los privilegios, sino que lo que los estudios, las conclusiones, que perduran, que se aceptan, son aquellos que encajan mejor en las estructuras de poder, que ayudan a sustentarlas o que provienen de ella.

Durante los procesos que llevan al conjunto de la comunidad científica a aceptar o no una teoria entran elementos de todo tipo, desde las estructuras de antes esmentadas, pasando por relaciones de fuerza considerando aspectos ideológicos y económicos, ambiciones profesionales, presupuestos filosóficos, etc. Para poner un ejemplo simple, si un resultado tiene lugar en un laboratorio de renombre, hay más posibilidades de que se acepte que si tiene lugar en un laboratorio poco conocido. O aún peor si se trata de un laboratorio de un país no europeo ni de los Estados Unidos.

Cuando una teoría científica ha sido aceptada, se tiennde a decir que es, que siemrpe ha sido, racional. Es más, cuando se explican muchas de las teorías científicas se reconstruye la historia para hacerla más fiel al ‘método científico’. Pero muchas de las teorías aceptadas en la actualidad no han sido extraídas según estos métodos. Por ejemplo, en el razonamiento de Newton había tanto razonamientos filosóficos y teológicos como ‘científicos’, y la distinción entre estos tipos de razonamientos se ha hecho después.

La representación del mundo

la ciencia moderna occidental está muy unida a la visión (que proviende de las clases dominantes) de que somos individuos externos al mundo que nos rodea y accedemos a nuestro entorno para obtener lo que necesitamos. Esta visión es la que nos hace creer que la observación puede ser objetiva y neutra al vernos como seres externos a todo lo que estamos observando. Esta visión también fomenta la voluntad de explotación y dominación de todo lo que nos rodea (ya que el entorno es un objeto donde vamos solo a cubrir nuestras necesidades) y la ciencia es una herramienta que se utiliza también para esta finalidad.

La ‘racionalidad’, ‘objetividad’ y ‘neutralidad’ a menudo enmascaran las ideologías que existen detrás de lo científico.

Obviar todo esto colocando un manto de racionalidad, objetividad y neutralidad es una forma de enmascarar las ideologías que existen detrás de lo científico, proclamando así su saber excento de ideologías y que merezca de esta forma que se la tenga en cuenta de manera privilegiada para resolver problemas.

El peligro de la apolitización de la ciencia

Nos cuesta mucho aceptar la carga ideológica y social que tiene la ciencia. Uno de los grandes miedos que tenemos es la de perder una supuesta herramienta objetiva y libre de ideologías. Pero precisamente este es el problema principal de la ciencia: contemplarla neutra y libre de ideologías. Nada es libre de ideologías, y creer que lo puede ser es apolitizarla y ligarla al pensamiento neoliberal (ya sabemos que todo lo despolitizado queda por defecto al servicio de los que tienen el privilegio). Lo que tenemos que hacer es empezr a aceptar que tenemos ideologías, posiciones críticas, políticas o éticas. También tenríamos que empezar a reflexionar al servicio de quien está la ciencia, a quien ayuda y desde qué posición (no es lo mismo patologizar lo trans desde una posición de privilegio cis, que poner la cienca al servicio de personas trans cediéndoles la voz en el proceso). El problema no es hacer ciencia, el problema es darle tanto poder y privilegio a algo considerándolo neutro. Nada tendría que tener tanto poder y tanto privilegio. Nada tendría que estar tan apolitizado.

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