la violencia de la comunicación no violenta (II)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto es el segundo y último texto alrededor de los puntos problemáticos de la comunicación no violenta. El primero lo podéis leer aquí.

Aviso de contenido: CNV, capacitismo, neurocapacitismo, positivismo, racismo, individualismo

Hace un tiempo escribí un texto donde hablaba sobre los puntos problemáticos de la comunicación no violenta (CNV), que lo podéis leer aquí. Me ahorraré la introducción sobre este tipo de comunicación, ya que ya lo hice en ese texto. Este nuevo lo escribo como continuación para poder añadir algunos puntos más de la CNV que me parecen problemáticos y que no pude tocar en el otro texto por la limitación de caracteres que tenía debido a que se publicó en un medio.

Uno de los problemas que a menudo se pasan por alto de la CNV es la voluntad de universalizarla, privilegiándola y colocando las demás opciones en una posición estructuralmente inferior. La CNV se autoproclama (o el señor que la creó la llama y la proclama) la forma “natural” de comunicarse y conectar entre las personas; según el creador de este tipo de comunicación, las demás formas de comunicarse no son “naturales” y son violentas. Como alternativa, los seguidores de la CNV que no la llaman la forma “natural” de comunicarse, la llaman la “herramienta neutra”, que acaba teniendo el mismo efecto. De esta manera borra totalmente la vertiente cultural, no solamente de la comunicación y de los diferentes estilos de comunicación, sino también de lo que se considera y se vive como violento, que puede ser diferente según el contexto y la cultura. Esta táctica de decir qué es más natural lo que pretende es darle una situación de privilegio, universalizándola: un proceso que coloca la mirada occidental y blanca en el centro y obvia que otras culturas y paradigmas pueden construir formas diferentes de comunicación y de “no-violencia”.

Por otro lado, esta misma visión pretende también universalizar unas capacidades comunicativas concretas, haciendo que se acaben considerando más “naturales”, imponiéndolas y discapacitando a todas aquellas que no tenemos la misma facilidad para comunicarnos de la manera que la CNV estipula como “natural”. Es más, aquellas que tengamos capacidades y necesidades comunicativas diferentes, se nos coloca en la posición de “no-naturales” y “violentas”, como es a las personas neurodivergentes o con otras discapacidades. Esto no sólo lo hace la CNV, ya existe la idea, a través del capacitismo, de que las personas con necesidades comunicativas diferentes no somos aptas para tener relaciones “sanas” y se nos cataloga normalmente como personas “no aptas” y muchas veces “violentas”. La CNV sólo reproduce la misma idea e, incluso, acabar de asentarla.

Siguiendo con el paradigma de la “naturalidad”, la CNV cree que el “dar de forma natural” haría que todas las necesidades quedaran cubiertas. Según ésta, todas las necesidades quedan cubiertas cuando no obligas nada a nadie y solamente se hacen las cosas que cada una desea hacer de forma “natural”. Es como aquello del “fluir”. Se supone, por tanto, que todas las tareas siempre quedarán cubiertas porque siempre habrá personas que las quieran hacer, algo que es fácil de sentir y naturalizar cuando ha habido tareas que siempre te las han hecho las demás y ni siquiera hace falta tenerlo que apreciar (como por ejemplo cuando eres un hombre y ciertas tareas del hogar o de cuidados hacia uno siempre te han estado cubiertas con más facilidad).  Obvia la construcción social de la “naturalidad” en la voluntad de realizar ciertas tareas, las desigualdades sociales, y obvia que si cada une solamente hace las tareas que “naturalmente” quiere hacer es posible que haya tareas que nadie querrá hacer y que se tendrá que encontrar una solución compartida/colectiva a cómo hacerlas. Normalmente de este tipo de tareas se encargan de forma sistemática personas de colectivos minorizados y/o explotados, a las que se las ha colocado en una posición para que parezca que “naturalmente” escogen hacer estas tareas. Por este motivo la CNV deja fuera la responsabilidad compartida y colectiva. La CNV se basa en un paradigma totalmente individualista.

Finalmente, apartándonos un poco de la “naturalidad” y adentrándonos en las técnicas de dominación, la CNV puede usarse muy fácilmente para manipular las emociones de la otra persona. La problemática añadida de considerarla, además, una “herramienta neutra” lo que hace es borrar toda influencia y utilización que se le pueda hacer a través de las estructuras de poder o del ejercicio de poder. Nada escapa de las ideologías, y todo lo que se considera “neutro” tiene la tendencia a borrar y esconder esta influencia, para, otra vez, universalizarla. La CNV dice que no tienes que responsabilizar a la otra persona de lo que sientes y te pasa cuando lo expresas. Esto ya lo comenté en el anterior texto. Según la CNV para comunicar tu sentir, lo tienes que hacer de manera que no responsabilices a la otra, solamente tú eres la responsable. No obstante, no responsabilizar a la otra persona de forma explícita no significa que no le hagas sentir esta responsabilidad o no la hagas sentir culpable, especialmente cuando se tienen ciertos privilegios respecto la persona a quien se lo dices. Es una táctica muy fácilmente utilizada para acabar haciendo sentir culpable a la otra persona sin haberlo hecho explícito y, por tanto, sin ser tú la persona responsable de su sentimiento de culpa. Puedes expresarle cómo te sientes y, sin responsabilizarla a ella, que ella misma se sienta responsable. De esta manera muchas veces se puede conseguir que la otra persona haga o sienta lo que tú quieres sin habérselo pedido. Esto es, por tanto, una técnica de dominación, y la he visto usar muchas veces. Yo misma la he usado para defenderme de técnicas de dominación que otra persona estaba ejerciendo sobre mí.

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el arte de ligar y consumir

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

(aviso de contenido: individualismo, capitalismo de relaciones, objetificación, consumo, manipulación, mentiras)

En el mercado de las relaciones, comprar, vender, apropiarse y consumir son la base de la mayoría de las aproximaciones entre personas que quieren o pretenden tener una relación sexual, afectivosexual o romántica con otras personas. Da igual el formato: puede ser a través de aplicaciones, de redes sociales, en ambientes de fiesta, en ambientes informales más tranquilos, en ambientes formales, en el trabajo o en encuentros casuales en la plaza del barrio. El paradigma de “ligar”, juntamente con el de “cazar”, es solamente cuestionado cuando hablamos de machismo o de monogamia, pero el proceso va mucho más allá. Está, obviamente, atravesado por estructuras  como el machismo, pero no se para aquí porque lo impregna el paradigma individualista y capitalista a través del cual vemos a las personas que nos rodean como objetos.

No soporto el concepto de “ligar”. Hay que decir, no obstante, que cuando digo que no soporto el concepto de ligar no me refiero a que no soporto que la gente tenga cierto interés en otras personas, en querer compartir cosas concreta, y se acerque para ver si la otra persona también puede  corresponder este interés. Tampoco me refiero a que sentirse atraída hacia a alguna persona, sea sexualmente y/o románticamente, es un acto de por sí consumista, como tampoco que te guste una persona y se lo digas. No jodamos, no es esto. Tampoco tengo nada en contra de ciertos procesos un poco ritualísticos de acercamiento. Lo que no soporto es buena parte del proceso que  está totalmente aceptado en el que la otra persona deviene un producto de consumo más. El proceso de compra, venta, consumo y acumulación. Y lo que más me sorprende ya no sólo es el proceso de ver a la otra como un producto más, es también el deseo de ser escogida como tal, comprada o consumida donde aceptas parte del juego de forma bastante consciente, ignorando, de paso, a quien no nos trata de esta manera suponiendo que no estará interesada en nosotras. Parece como si “si no juegas es que no tienes ningún interés en las demás”. Caemos en la competición para ver quien consigue más atenciones, quien consigue más premios, quien consigue coleccionar más relaciones, o simplemente más rollos, quien consigue ser engañado una vez y otra o quien consigue engañar más. Nos transformamos temporalmente y a ratos en otras personas, en personajes que creamos para poder formar parte de este circo.

Tampoco me refiero aquí al hecho de que si me acerco a alguien para tener solamente sexo estoy tratando a la otra persona como un producto de consumo. No tiene por qué. O sea, muchas veces sí, pero no es el sexo en sí, es el cómo, y es por cómo se instrumentaliza el sexo en nuestras estructuras, especialmente por parte del machismo y el individualismo. Pero insisto con que no es a través de una relación exclusivamente sexual porque muchas creen que la objetificación está solamente en el sexo o en la corta duración de las relaciones y no con cómo ocurre el proceso de acercamiento y/o alejamiento. A veces lo que es objetificador es el proceso de engañar a la otra persona para tener sexo con ella (una cosa muy aceptada en procesos de ligar, y es aquí donde quería ir a parar), o bien acercarse a alguien solamente para conseguir que te haga los deberes de clase, o bien estar consumiendo emocionalmente a alguien durante años de tu vida.

El acto de ligar está fuertemente relacionado con los procesos de objetificación, de consumo, de competición y de obtención de premios, trofeos, propiedades, o productos que utilizaremos para el propio beneficio. Es un acto donde se pretende normalizar, y normaliza, aquello de que “la finalidad justifica los medios”, y la finalidad es, esto, el objetivo final, que puede ser tanto puramente sexual como podría ser romántico, y el conseguir un premio/trofeo final que te permite escalar socialmente u obtener algunos beneficios. Es un acto donde la persona desaparece y deviene un producto más. Donde nosotras también devenimos un producto más, todo también dependiendo de cuales sean nuestras posiciones relativas de privilegios en comparación con las otras. Además, poder conseguir estos premios no es un proceso donde todas tengan el mismo acceso: solamente las que consigan tener un serie de privilegios podrán entrar más fácilmente en el juego, tanto si cazas como si eres cazada.

Este “ligar” es un proceso donde se normaliza la mentira, la manipulación, el llamar la atención. Consiste en “conseguir convencer” a la otra persona para que tenga un tipo concreto de relación contigo (sea sexo, sea una relación más romántica, sea solamente atenciones, sea lo que sea). Y querer convencer pasa por no querer ver realmente a la persona que tenemos delante y no tener en cuenta qué quiere, qué siente o qué necesita. Y no estamos hablando de querer convencer a la otra persona en un debate político sobre el cambio climático. Estamos hablando de querer convencer a la otra persona para que, por ejemplo, tenga sexo contigo.

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sobre poder y dominación en nuestros espacios críticos

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 18 de marzo. Podéis ver el original aquí . 


Este texto es el tercero de un conjunto de textos en los que quiero reflexionar y abrir un proceso de auto-crítica sobre gestión de discursos y espacios. El primero está aquí y el segundo aquí.

Aviso de contenido: poder, dominación, instrumentalización, manipulación, mención de ansiedad, capacitismo, mención de estructuras de poder, privilegios, agressiones, salud mental, violencia, mención de miedo, sentimiento de culpa, castigo

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de cosas de las que sé que nos cuesta hablar, pero que sé que es un tema que nos está rondando a muchas y algunas personas ya han empezado a hablar de ello. Los motivos por los cuales nos cuesta tratar el tema son variados: porque tenemos miedo a las consecuencias de hablarlo, por la exposición emocional y mental que supone, pero también porque tenemos miedo a cargarnos todo aquello que tanto nos ha costado construir en espacios críticos, feministas y de lucha social (herramientas, discursos, vínculos). También juega un papel muy importante el poder, tanto sea porque tenemos miedo a perderlo o a renunciar a la posibilidad de una posición superior, o bien porque queremos conseguir esta posición superior. Además, tenemos miedo a que nos pisen o a ser excluidas (este último viene a ser uno de los motivos por los cuales muchas seguimos la corriente sin cuestionar cosas que nos pican).

Pero la realidad nos explota en la cara, y no podemos permitirnos ignorar mucho del daño que nos estamos haciendo, los poderes que estamos generando, los guayismos y las consecuencias de todo esto, entre las que se encuentran problemas de salud mental, sociales/relacionales, económicos, de aislamiento. Problemas contra los cuales supuestamente estamos intentando luchar.

A mi alrededor desde hace tiempo personas hablan de situaciones diferentes pero que tienen muchas cosas en común: por un lado, la utilización de discursos como herramientas que acaban generando ciertas violencias, tanto sea exclusiones, acoso o borrados, y por otro lado, la instrumentalización de los discursos solo para obtener poder. Normalmente es una mezcla complicada de las dos y lo que finalmente tenemos es un ejercicio de poder que no es nunca contemplado cuando hablamos de estructuras sociales porque se ha generado especialmente alrededor de nuestros discursos y de nuestros espacios —movimientos sociales, activismos sociales, feminismos, queer/LGBTI+, no-monogamias… — tanto físicos como virtuales, donde se incluyen redes sociales.

Ya sabemos que las estructuras sociales de poder que nos encontramos “fuera” de nuestros espacios se repiten dentro de estos. Sabemos que el machismo, el racismo, el heterosexismo, entre muchas otras estructuras, están presentes. Los ejes principales de nuestras luchas son, precisamente, estas estructuras. No obstante, dentro de estas luchas han emergido nuevas estructuras, que son aquellas que nos otorgan ciertos reconocimientos y poderes en estos mismos espacios: el guayismo, aquella tendencia a destacar y generar cierto dominio a través del ser “guay” bajo los parámetros definidos por nuestros activismos sociales —como por ejemplo, estar construida, dominar el discurso, obtener atenciones debido al dominio de este discurso, producir discursos como si fueran productos de consumo, famoseos y divineos. Evidentemente se mezclan otras estructuras menos visibles y reconocidas como son el hecho de tener ciertos tipos de carismas o bien la capacidad de poder dominar todo esto (capacidades comunicativas, emocionales o intelectuales). Y todo el resto siguen la corriente, porque ir en contra es buscarte el aislamiento o hundirte.

Es complicado entender en qué momentos ha habido un deseo de poder sobre otras personas o bien hemos confundido el empoderamiento personal con un ejercicio de poder hacia estas otras, aprovechándose muchas veces de privilegios y de situaciones que en muchos discursos no se contemplan. El problema es que uno de los muchos dogmas que hemos aprendido a repetirnos es que da igual lo que hagas sobre una persona que tiene un privilegio concreto sobre ti porque esto (supuestamente) nunca es violencia, olvidando muchas más partes del contexto de aquella persona y de otros ejes que le puedan estar atravesando que no vemos (o no queremos ver). La salud mental es uno de ellos. Entiendo que delante de ciertas situaciones hemos tenido que aprender a dejar de empatizar con las personas que nos violentan y que tienen más privilegios, y entiendo que es vital que siga siendo así en muchos casos. Pero, no obstante, hemos hecho un salto y hemos pasado a desear que se deshumanice totalmente a quien consideramos que tiene un cierto privilegio sobre nosotras.

Hemos confundido acompañamiento a las violentadas o agredidas con un ejercicio de multiplicar cualquier deseo de quien haya padecido la violencia. Cualquiera, sin cuestionarlo, ni contextualizarlo. Mi pregunta es: ¿esto es acompañamiento? A la vez tenemos miedo a todo lo que se nos puede llegar a pedir cuando se señala a otra persona como agresora, llegando al punto de que, si vemos que podemos, intentamos mirar hacia otra parte dejando de lado totalmente a la propia agredida. Las dos caras de la misma moneda tienen consecuencias totalmente contrarias a lo que supuestamente queríamos obtener.

Todo esto lo digo con dolor después de haber estado años intentando esquivar los intentos de manipulación por parte de un hombre que quería cuestionarme estos discursos para su propio beneficio. Cada vez que alguien me hablaba de cuestionarlo la ansiedad se me disparaba. Me ha costado aceptar que estas herramientas puedan estar siendo utilizadas también para generar poder. Pero es que el poder se aprovecha muchas veces de cualquier fisura que encuentra y es por esto que es muy importante repensarnos constantemente y estar muy alerta. Creo que uno de los problemas principales ha sido convertir parte de estas herramientas y discursos en dogmas y no contextualizarlos nunca. Sí, hemos generado dogmas, creencias que van más allá de lo que tendría que tener un espacio que se diga a sí mismo crítico. Estos dogmas los hemos creado para revertir aquellos otros que nos imponen las estructuras de poder, pero al fin y al cabo son dogmas que no se pueden cuestionar, que no se pueden contextualizar según la situación.

Otros dogmas que hemos creado son, por ejemplo, que si una persona dice que se ha sentido agredida significa que lo ha estado (sin habernos parado a reflexionar o definir qué queremos decir con “agresión”), o bien también que todo lo que pida una persona que se ha sentido agredida va a misa (y nunca mejor dicho). Con esto no quiero decir que tengamos que hacer todo lo contrario, como pasa fuera de nuestros espacios, donde no se cree a las agredidas y no se las acompaña. Nos ha costado mucho que se nos escuche, se nos crea y se nos acompañe.

Lo que tenemos que replantearnos es qué quiere decir acompañar y escuchar, porque revertir totalmente un poder que fuera no tenemos de esta manera implica otorgar un poder muy grande. Y todo poder que se otorgue tiene el peligro de ser deseable y utilizado más allá de las situaciones para las que se ha construido, sea a través de un proceso consciente o inconsciente. He visto y vivido de muy cerca cómo se instrumentalizaban estos dogmas para destruir a personas, o por venganza debido a situaciones que nada tenían que ver con la acusación que se estaba haciendo (celos, por ejemplo). He visto cómo se mentía, se inventaban agresiones, o bien se aprovechaban algunas existentes para generar aún más poder sobre una persona. Sigo creyendo que cosas como ciertos vetos o ciertas formas de tratar las agresiones son importantes y necesarias. Pero no siempre ni de todas las maneras, ni otorgando este total y absoluto poder.

Hemos basado buena parte de nuestros discursos en el sentimiento de culpa y en el castigo. ¿No nos suena esto de algo? Sin darnos cuenta hemos caído en la misma trampa con la que el sistema en el que vivimos nos violenta día tras día. No creo que las personas oprimidas tengamos que estar siempre haciendo pedagogía, creo que es algo que tenemos que poder escoger, el momento y el lugar, la exposición y como nos autocuidamos, y si realmente lo queremos hacer. No obstante, sabemos que vivimos en el mundo que vivimos y es por este motivo que algunas o muchas hacemos activismo, y pedagogía la tendremos que hacer. Caer siempre en atacarnos, castigarnos o jugar a hacernos sentir constantemente culpables de todo no tiene nada de revolucionario. El cambio más revolucionario tiene que pasar por otras vías.

Una cosa que da mucho poder en nuestros espacios es dominar el discurso, saber en todo momento como utilizarlo. Creo que quien tiene el privilegio de saber y poder dominar ciertos discursos tiene un poder más grande dentro de nuestros espacios. He visto cómo se manipulaban los discursos sobre cuidados para conseguir más atenciones y afectos. He visto manipular los discursos de “no puedes dejar una relación así como así porque esto es capitalismo y consumo de cuerpos” para que haya personas que no puedan dejar relaciones de maltrato o chungas, o que eran incompatibles. He visto maltratar mucho a personas y taparlo totalmente acusándolas de capacitistas si señalaban maltrato. He visto cómo se manipulaba también el discurso del tone-policing para excusar acoso y ataques sin ningún cuidado hacia personas que cometían algún error típico de cuando no estamos suficientemente formadas. He visto, de hecho, manipular y utilizar cualquier discurso. A veces me da pánico escribir, dar un taller o una charla, porque he visto manipularlo todo.

Finalmente, y no menos importante, también he visto y he vivido la hipocresía de la generación de discurso solamente para el puro consumo de las oyentes y lectoras y para el puro protagonismo y guayismo de las productoras, con un gran vacío en medio donde se generaban borrados, manipulaciones, ghostings, luz de gas o competición, por parte de las mismas que hablaban y se ganaban la fama hablando de cuidados, de horizontalidad, de cooperación o de compañerismo.

Escribo todo esto no solamente para hablar de las demás, sino que aprovecho para revisarme, hacer autocrítica y responsabilizarme. Escribo todo esto con un poco de miedo, pero a la vez con las ganas y con la esperanza de que algún día dejemos de hacernos daño. A veces lo veo, me entristezco y tengo ganas de huir corriendo. Otras veces cojo fuerzas e intento entender cómo podría moverme alrededor de todo lo que siento una farsa. Dos veces al año me cogen crisis y ganas de dejar este tipo de espacios. Pero después miro a mi alrededor y, cuando me fijo más allá de todo aquello que el poder intenta borrar, en el fondo veo cosas a las que cogerme: compañeras que construyen cosas cada día, con mucho cuidado y sin esperar nada más que un verdadero cambio social. Y es en estos momentos en los que cojo aire y fuerza y decido seguir.

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técnicas de dominación: el ejercicio de poder, también en nuestros espacios

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso de contenido: dominación, poder, mención de machismo, cisexismo, especismo, edaismo, racismo

Este texto se publicó en el número 466 de la Directa. Podéis ver el artículo original en catalán aquí.

Las técnicas de dominación son parte de mis obsesiones desde hace cinco años. El día que Miguel (compañero de activismo) melas presentó, de golpe muchas cosas que llevaban pasándome desde hacía tiempo empezaron a tener sentido. Desde entonces me he dedicado a intentar entenderlas, a entender los contextos en los cuales se expresan, a aprender ano ejercerlas y a intentar encontrar herramientas para defenderme.

Berit Ås, feminista crítica noruega, política y profesora de psicología social, introdujo las también llamadas técnicas de Hérsker en su manifiesto “Master Supression Tecniques”, donde describía cuáles son las pautas del comportamiento machista y las técnicas que se usan para menospreciar el papel de la mujer dentro de las tareas de grupo. Aunque estas técnicas se presentaron en el contexto del machismo, también se aplican en otras estructuras.

Ningune de nosotres se salva de estar aplicándolas. Todes somos receptores y emisores porque nos hemos educado en un contexto social que se relaciona a través de ellas. Nuestra cultura se basa en la dominación, las aplicamos en muchas situaciones diarias, como por ejemplo en situaciones donde no queremos sentirnos culpables por algo que hemos hecho o bien tenemos miedo a dar una imagen negativa de nosotres mismes. En algunos talleres sobre este tema les participantes comentan que tenemos una manera de relacionarnos que se basa en “a ver quién gana”, ya que si no intento ganar yo en una situación dada, será le otre quien me dominará: o dominas o eres dominade. Además, para poder dominar utilizamos las estructuras de poder que tenemos a mano: estructuras sociales ya existentes (como machismo,heterosexismo, cisexismo, racismo, capacitismo, etc.) o bien otras específicas de nuestros espacios o entornos. Por este motivo, aunque todes somos receptores y emisores de estas técnicas, no todes estamos en la misma posición.

En nuestros espacios críticos, feministas,activistas, de militancia y liberados, seguimos reproduciendo estas técnicas.Las aplicamos en relaciones personales, en asambleas y en encuentros de todo tipo. Es importante darnos cuenta de que utilizarlas, aparte de ser fácil, es muchas veces un mecanismo inconsciente para sentirnos menos desempoderades. El problema es si este desempoderamiento es porque alguien está ejerciendo poder sobre ti o si es porque no tienes el poder sobre otres.

Las técnicas de dominación

La invisibilización es una de las técnicas más utilizadas, donde se trata de borrar a la otra persona, su mensaje,emociones, necesidades o deseos. Hay muchas formas de invisibilizar: no dejar que llegue su mensaje cortándola, haciendo ruido sobre su voz o tapando lo que escribe, llamando la atención de les otres para que pongan atención en otro lado, ignorando o haciendo que se ignoren sus necesidades o deseos, etc. He observado esta técnica por parte de personas de los movimientos sociales que,para destacar, invisibilizan a otres que puedan estar haciendo algo parecido:hacerle el vacío en grupos de debate, tapar sus comentarios con los propios,intentar destacar con algún tipo de noticia en el momento en el que le otre hacía algo, etc. Y todo esto decorado a través de un discurso antiexclusión o anticompetitividad.

Una técnica que está relacionada con la anterior es la de esconder información, que consiste en esconder información a otras personas que sea importante para que ellas puedan tomar decisiones, tener cierta autonomía o poder en su propia vida. Está relacionada con la invisibilización, porque cuando invisibilizamos alguna cosa o persona estamos escondiéndola a otres. Se esconde información cuando no se pone sobre la mesa toda la información necesaria para tomar una decisión en una asamblea. Se esconde información cuando no muestras a una de tus relaciones algo que es importante para que ella pueda tomar decisiones sobre la propia relación(normalmente por miedo a perder la). Se esconde información cuando en un conflicto o problema que afecta a tres personas, primero se soluciona solamente entre dos de ellas y a la tercera se la hace participe al final, cuando ya se han tomado muchas de las decisiones.

Una técnica muy utilizada para hacer que el mensaje, las necesidades o los deseos de les otres se perciban menos importantes es la ridiculización. Esta técnica utiliza el imaginario cultural que hay alrededor de personas que forman parte de un colectivo determinado y que negativizan su imagen, como por ejemplo los estereotipos. Utilizando este imaginario, rebaja su imagen a una de inferior para que lo que expresen o sientan se menosprecie. La infantilización es un tipo de ridiculización, no porque les niñes o las criaturas sean seres inferiores, sino porque socialmente son considerades inferiores. Otras formas de ridiculizar son, por ejemplo,resaltar el tipo de ropa de le otre (como se suele hacer con las personas que llevan una ropa que no encaja con su género o con el género asignado), compararle otre con conceptos, cosas o seres que sean considerados inferiores (como cuando comparan un grupo de mujeres con un gallinero, utilizando el especismo que considera los animales no humanos seres con menos valor). Se ridiculiza también personas migradas por su acento.

Una característica que nos atraviesa a las personas de grupos minorizados es un constante sentimiento de culpa,especialmente a personas femeninas. A parte de ser un sentimiento que arrastramos, también es una técnica de dominación. Es muy fácil hacer sentir culpable a una persona que forma parte de uno de estos grupos porque nos han hecho creer que somos les responsables de lo que padecemos y de los males que reciben las persona con más privilegios. Se nos hace sentir culpables en nuestros espacios de militancia cuando ponemos sobre la mesa los problemas que nos atraviesan haciéndonos sentir que ocupamos un espacio que no tenemos derecho a ocupar.

Esta última técnica va muy unida a la del doble vínculo, que consiste en hacer sentir mal o culpable a le otre haga lo que haga, tanto si hace lo que se le pide como si hace lo contrario. Por ejemplo, cuando a una mujer se la acusa de descuidar los cuidador a sus hijes porque pasa demasiadas horas en el trabajo, pero también se la acusa de descuidar el trabajo cuando dedica más tiempo a sus hijes.  A las mujeres trans se las culpabiliza (a través de un discurso transmisógino) de reproducir los roles de género (y por tanto de reproducir misoginia) cuando se operan o cuando son femeninas, pero sino lo hacen se las acusa de tener privilegios de hombre. ¿No nos suena también a doble vínculo cuando se dice a personas migradas que son vagas si no trabajan o bien se las acusa de robarnos el trabajo cuando lo hacen?

El doble vínculo, hacer sentir culpable, la ridiculización, esconder información e invisibilizar, son las cinco técnicas que introdujo Berit Ås en su manifiesto. Más adelante, en una entrevista de radio, ella misma introdujo un par más: cosificación y comportamiento agresivo y violento. Además, les participantes en los talleres que otres activistas y yo hemos dinamizado, han aportado muchas más, entre las cuales tenemos: falsa empatía, apropiación indebida, estereotipar y esencializar, inclusión excluyente, exotificar, argumento de autoridad o crítica intangible. Y podríamos ir añadiendo más.

Contexto y empoderamiento

Se tiene que matizar que las técnicas de dominación son contextuales (como pasa siempre cuando hablamos de poder y estructuras). Muchas veces, cuando estamos en una situación de desempoderamiento la única forma de defendernos de técnicas como estas o de situaciones opresivas es utilizarlas de vuelta. Yo lo hice cuando estaba en una situación de dominación en el trabajo por parte de mi jefe. Por tanto, ante una situación donde se aplica una técnica no es suficiente analizar solamente la técnica, sino también el contexto: las personas (tanto la que la ejerce como quien la recibe), las estructuras que hay presentes y la situación concreta que se está dando.

¿Cómo nos podemos defender de estas técnicas? No tengo la respuesta. De la única técnica de la cual he aprendido a defenderme es la de la invisibilización, donde la mejor técnica de contrapoder es visibilizar. Aún no saber muy bien cómo defenderme, señalar las técnicas me ha empoderado bastante. Si la persona que la ha ejercido lo ha hecho sin ser consciente y sin que su intención fuera dominar, puede ser una buena idea hablarlo para aprender a no ejercerlas, porque creo que lo más importante es aprender a dejar de ejercerlas. Pero cuando estamos ante una persona que nos quiere dominar, intentar que aprenda a no ejercerlas es una tarea casi imposible (al menos puntualmente en aquella situación). No obstante, una se siente tan bien diciéndole a esta persona que te está intentando dominar y además ponerle nombre a la técnica, que como primer paso hacia el empoderamiento no está nada mal.

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taller ‘hablemos de técnicas de dominación’ sábado19 de enero en Blanes

por wuwei (natàlia)

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Este sábado día 19 de enero estaré en Blanes en el Ateneu Popular Sa Fera Ferotge dinamizando el taller «Hablemos de técnicas de dominación«. El taller lo organiza la Assemblea Antipatriarcal Sa Pedra Foguera. Habrá también pinchos veganos. ¡Nos vemos el sábado!

Dirección: Calle de Mas Enlaire, 3, 17300 Blanes, Girona

Hora: 18h

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demanda de atenciones: ¿egoísmo o necesidad?

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

La legitimidad o no de querer atenciones, buscarlas, o simplemente recibirlas es un tema recurrente en muchas discusiones y debates. He visto, debido a esto, críticas, defensas y muchos comentarios al respecto: que pedir atenciones es egoísta, o una voluntad de acumulación de algún tipo de capital social, o también, por otro lado, que es un acto legítimo por parte de personas que necesitan cuidados. Pero para poder pararnos a debatir o entender qué posición tomamos al respecto tendríamos primero que explicar qué son realmente las atenciones y qué implica quererlas, pedirlas o reclamarlas. Creo que es bastante común que en una discusión se parta de definiciones o conceptualizaciones desde puntos diferentes sobre qué son las atenciones o sobre qué es el egoísmo que hacen de algunos debates contradictorios o confusos.

La atención es un acto relacional y contextual. Prestar atención a una persona significa Prestar atención a lo que expresa y a ella en cuanto a persona, pero además, también en prestar atención a sus problemas, a sus necesidades, al vínculo y relación que se establece entre les dos, como nos afectamos y tenerla en cuenta (reconocerla como existente y por tanto como posible afectada también de nuestras decisiones); y lo mismo se podría decir para un grupo de personas o colectivo. Como todo acto relacional se verá contextualizado por situaciones muy diferentes que dependerán de estructuras, de posiciones relativas de privilegio y opresión o también intenciones completamente diferentes; no es lo mismo pedir que se te tenga en cuenta cuando eres una persona carismática y que, además, suele tener sus necesidades cubiertas normalmente.

Parte de las críticas señalas la demanda de atenciones como un acto egoísta y egocéntrico. Pero, ¿qué queremos decir cuando decimos “egoísta”? ¿Es pensar en una misma un acto negativo? ¿Es necesitar cuidarnos un acto egoísta en sí mismo? ¿Queremos decir egoísta cuando en el proceso de querernos tener en cuenta dejamos de pensar en todo lo que nos rodea y como lo influimos? ¿O bien llamamos egoísta cuando pensamos en nosotres sin más? Es interesante reflexionar alrededor de estas preguntas ya que las estructuras de poder nos imponen un imaginario social que no nos permiten ver necesidades importantes de ciertas personas (aquellas discriminadas y oprimidas) y hace que cuando ésta en un momento dado intente hacerlas ver se la señale como egoísta, y precisamente cuando pasa al revés, y es una persona con privilegios quien muestra las suyas, se empatiza mucho más y se la acusa mucho menos de “egoísta”.

Dentro de un paradigma que cree que pensar en une misme es un acto negativo y que automáticamente ignora a les demás, es fácil creer que querer atenciones y pedirlas es también un acto malo en sí mismo. Esta crítica puede tener cierta razón, en el caso de que estuviéramos hablando de un tipo de egoísmo que se basa en ignorar las necesidades y las demás personas. Pero este razonamiento olvida que, no todos los actos de auto-cuidados, ni de pedir cuidados, ni de expresar necesidades tienen porque implicar ignorar lo que nos rodea.

Muchas veces no necesitar pedir atenciones puede venir debido a tener muchos privilegios (y no estoy hablando aquí sólo de privilegios de género, sino de muchos más que tienen que ver muchas veces con el carisma, por ejemplo). Los privilegios hacen que por defecto todas tus necesidades y atenciones te sean dadas de forma sistemática. Desde esta posición sería, por tanto, muy fácil ver que cualquier demanda ya sería un exceso, porque no vemos las necesidades que pueden haber detrás. ¿Pero qué pasa con todes aquelles que no las reciben por defecto? De hecho, muches de les que defineden que pedir atenciones no tiene nada de malo son les que acostumbran a ser excluides en un sistema que deja de lado las atenciones de muches, especialmente de aquelles que requieren  de lo que (erróneamente) el sistema llama “atenciones especiales” (haciendo hincapié en que son “especiales” las aparta del ámbito común y hace que se las trate como si no fuera responsabilidad de todes tener cuidado de ellas, sino más bien un esfuerzo extra que quien las hace es porque es muy buena persona).

Es cierto que las atenciones suelen ir por defecto a las personas más privilegiadas, y no solamente por el género, también todas aquellas con un capital social, sexual, de cuidados, etc, porque son guapas, porque son más “normales”, porque son delgadas, porque son carismáticas, porque son extrovertidas, así como aquellas que tienen privilegios en otras estructuras como el racismo, el cisexismo, el heterosexismo, y un largo etcétera. Reconozco que la demanda de atenciones desde estas posiciones (que es muy común) es un abuso de privilegios, y un acto de egocentrismo que ignora y se impone sobre su alrededor: una voluntad de acumulación de capital social que ignora la mayoría de las veces los cuidados, la atención que ellas tendrían que dar a “cambio” a otras personas, o el valor incluso de las propias atenciones que se reciben.

No obstante, yo no considero que pedir atenciones o querer conseguir atenciones sea una cosa mala en sí misma. Todes necesitamos de atenciones, solamente que algunes las tienen por defecto (como he comentado antes sobre todo por motivos de privilegios) y a otres les cuesta obtenerlas y por tanto las tienen que buscar. El problema es qué métodos utilizamos para pedir estas atenciones y desde qué posición estructural: por ejemplo, si utilizamos técnicas de dominación, si la relación se convierte en una vía solamente para conseguir estas atenciones de forma utilitarista, si no tienes en cuenta qué necesita o cómo se siente la otra persona, etc.

Yo padecí mucho las técnicas de dominación que ejerció sobre mí una persona durante años para tener toda mi atención constantemente. Fue horrible porque ya no me quedaban energías para nada, solamente para darle atención a esa persona. Eso formó parte de un maltrato. Era una persona con muchos más privilegios que yo que lo único que quería era obtener atenciones sin mi consentimiento (o sea, que no fuera una cosa de la que yo fuera consciente, ni que yo pudiera escoger o racionar con otras cosas de mi vida). Pero esto es muy diferente a que una persona necesite atención y lo pida a través de otros métodos y respetando también sus necesidades y emociones. O sea, cuidar implica tener en cuenta que le otre pueda necesitar prestar atención a toras cosas o también pueda tener otras necesidades o no encontrarse bien ni disponible en muchos momentos.

 

[imagen: una persona gritando por un megáfono de donde parecen salir signos de admiración]

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memorias de una C (V – violencia monógama)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la quinta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, violencia monógama, técnicas de dominación.

 

Violencia monógama

Este proceso de objetificación hacia cierto tipo de relaciones propicia también que se generen y que se consoliden (juntamente con las otras opresiones que padecen estas personas) mecanismos que son característicos de las estructuras de poder. Antes de seguir e introducir estos mecanismos me gustaría volver a recordar y hacer hincapié con lo que he comentado anteriormente: las personas con muchos privilegios se pueden beneficiar de las relaciones con pocas implicaciones y por tanto no viven este tipo de violencia de la misma manera, e incluso se podría beneficiar de ella; todo este discurso está pensado especialmente para aquellas personas vulnerabilizadas por otras estructuras de poder, que son las que más fácilmente son excluidas por la monogamia.

A través del imperialismo cultural, las normas sociales que rodean la monogamia como sistema relacional colocan a las C en una posición inferior respecto otro tipo de relaciones. Y cuando digo ‘inferior’ no me refiero a ‘menos importantes’, sino a estatus que te quita voz, a jerarquía. Como he comentado anteriormente, cuando se dice ‘relación’ se piensa siempre en ‘pareja’, cuando se dicen ‘sentimientos’ se piensa siempre en ‘románticos’, o cuando se habla de celos o de problemas relacionales o de maltrato, también se piensa inmediatamente en ‘pareja’. Este imaginario coloca al resto de relaciones en un estatus inferior, invisible, sin reconocimiento de sus emociones, o ni tan siquiera reconocimiento de los problemas que surgen o de la violencia que se pueda generar.

Esto propicia que se pueda crear una situación de marginación (apartades del privilegio que concede otros tipos de relaciones) y desempoderamiento en la propia relación debido a no poder formar parte en las tomas de decisiones de las cosas que les afectan de su propia relación y no poder participar en la creación de las normas y decisiones de su relación. Además, también propicia la explotación relacional, cuando, por ejemplo, las C acompañan emocionalmente a A y B (para beneficiar su relación), pero este acompañamiento no se recibe debido a que las emociones de A y B son reconocidas, mientras que las de C no. O bien, en el contexto competitivo que he explicado anteriormente, el hecho de estar en constante lucha competitiva para poder conseguir un lugar reconocido en las relaciones lleva a muches a un desgaste energético, que acaba llevando a un ‘intercambio’ nada justo o sensible.

Y, finalmente, podríamos llamar a este tipo de mecanismos como un tipo de violencia monógama. Así como se ha especificado y como se ha hablado de la violencia que se genera en las pareja, y bien podríamos llamar este tipo de violencia como violencia monógama (donde hay la apropiación, demanda de exclusividad, mitos del amor romántico, jerarquías entre componentes de la pareja, roles sociales de dominación y maltrato, etc), cuando estamos analizando la monogamia nos olvidamos (como no) de la violencia que la propia monogamia ejerce hacia otres fuera de la pareja (esto ya es un hecho violento de por sí); y es que este tipo de violencia se basa mucho en la invisibilización y el borrado. Un ejemplo de este tipo de violencia podría ser que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como le ‘otre’, o le ‘amante’’ (conceptos que marcan una ‘otredad’), o se nos recuerdo que ‘sólo’ somos amistades (colocándonos en una posición donde no podamos pedir nada si lo necesitamos). Violencia es que no se te escuche cuando estás intentando expresar algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona, sean los que sean, sin tener sensibilidad contextual y del momento. Violencia es que se te tenga en cuenta para hablarte sobre los problemas de pareja de le otre, pero que tus problemas no sean válidos por no ser pareja. Violencia es el consumo relacional. Violencia es que intenten demostrar que no eres nadie para que no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación.

 

Una vez vi una serie de televisión de Estados Unidos donde un hombre había abandonado a su mujer y su hija durante bastantes años debido a estar trabajando como policía infiltrado en un caso. Después de todos los años ‘desaparecido’ vuelve a aparecer en la vida de su mujer e hija. Él intenta recuperar la relación con su mujer, pero la mujer está muy molesta por todo lo que ha pasado (obviamente). En un momento dado de la serie, ella descubre que él había estado con otra mujer durante esos años, y ese acaba convirtiéndose también en uno de los argumentos para no poder retomar su relación: ‘si has estado con otra es que no me quieres suficiente’. Durante todo un capítulo entero el hombre intenta convencer a su mujer que aquella ‘otra’ mujer no es ‘nadie’. Demostrar que alguien no es ‘nadie’, haya representado lo que haya representado en tu vida, es un acto muy violento.

 

Técnicas de dominación y monogamia

 Una vez estaba teniendo una conversación emocionalmente complicada e intensa con una persona con quien llevaba bastante tiempo manteniendo una relación cercana. En un momento dado conseguí comunicarle una cosa que me costó mucho y que era importante: hacía tiempo que me estaba sintiendo dejada, apartada y poco cuidada (especialmente respecto otra relación más reconocida y que parecía más de pareja o principal). Él se dio cuenta rápidamente de que eso era cierto y me dijo que tenía razón. No obstante, después de afirmarlo se ‘defendió’ diciendo que eso le estaba pasando debido a mi (‘mala’) reacción que tuve yo un año antes cuando él me dijo que volvería a ver a su exnovia. Me hizo sentir muy mal y culpable. Tardé horas en darme cuenta de que mi reacción un año antes (una reacción que se basaba en, simplemente, dejar de hablar unos días porque había colapsado emocionalmente) había sido debido al hecho de que me entrara pánico ya que anteriormente siempre me había tratado muy mal cuando tenía relación con su exnovia. Esa táctica que utilizó en ese momento él es una técnica de dominación llamada ‘hacer sentir culpable’.

Hacer sentir culpable a otra persona es una técnica de dominación. Las técnicas de dominación fueron introducidas por Berit As (feminista escandinava) y son mecanismos que se utilizan para ejercer poder sobre otra persona, donde normalmente se aprovechan normas sociales que facilitan la dominación sobre ciertos colectivos oprimidos.

Se invisibilizan a las C a través de técnicas como no reconocer la relación, negar su propia existencia, borrar la relación, etc. Nuestras demandas de compromisos o de cuidados se ridiculizan llamándolas excesivamente demandantes y como es esto nos hiciera más dependientes, en comparación de lo que puede pedir una persona que es pareja principal. Cuando pedimos se nos hace sentir culpables por estar intentando ocupar demasiado espacio en la vida de le otre, especialmente espacio que tendría que ocupar la pareja principal. A las C se las acostumbra a esconder la información mientras se toman decisiones de cosas que les afectan.

 

 

 

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taller ‘hablemos de técnicas de dominación’ el 1 de Junio

por wuwei (natàlia)

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El viernes 1 de Junio dinamizaré el taller ‘hablemos de técnicas de dominación‘ en el marco de talleres que estamos ofreciendo La Trobada este mes. El taller empezará a las 18h y durará unas 3 horas. Se realizará en el casal Ca L’Isidret, en la calle Paraguai, 2, Barcelona. El taller se realizará con taquilla inversa (la voluntad) y habrá un pica pica vegano desde las 17.30h, para que puedas venir un poco antes y hablar con nosotres. El precio del pica pica también es la voluntad. No hace falta inscribirse para venir a la actividad. ¡Te esperamos!

Más información en el evento de facebook.

 

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instrumentalización de los márgenes: historias y emociones desde dentro del mundo del activismo

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: abuso de poder instrumentalización de discursos críticos, ejercicio de poder, manipulación, técnicas de dominación, falta de cuidados.

 

El mundo del activismo es donde he conseguido encontrar cierto confort, mi red afectiva, personas que construyen relaciones de forma políticamente más consciente (o que al menos quieren hablarlo y tratarlo); es donde he encontrado mis espacios seguros, las burbujas de supervivencia. Ahora bien, el mundo del activismo también puede llegar a ser un espacio múltiple donde la hipocresía y la violencia se disfracen constantemente de discursos críticos: personas criticando la competitividad llevando a otres a situaciones altamente competitivas y utilizando técnicas de dominación para excluir y borrar, mientras nos llenamos la boca hablando de inclusividad y violencia simbólica. Y no estoy hablando de los hombres machistas en espacios de militancia (esto también lo he padecido): estoy hablando de otras identidades y de otro tipo de representaciones en nuestros feminismos y entornos críticos sobre relaciones  (espacios extendidos también a las redes).

De cara a la galería todo son sonrisas y discursos que quedan y suenan muy bien, pero que se vacían constantemente con el hacer del día a día. Y, finalmente, la objetificación total de una nueva identidad: les fans (tranquiles, esto lo esconderemos diciendo que en espacios críticos no existen estas figuras, que esto va de ser todes horizontales y así no tenemos por qué responsabilizarnos de la idea de que nuestro poder lo consigamos a costa de la fuerza múltiple de estas identidades a las que muchas veces utilizamos, explotamos y objetificamos).

Necesito desahogarme. Pero a la vez también necesito olvidarme de todo esto y dejar atrás estas emociones que me despierta el mundo del activismo. He estado los últimos meses planteándome seriamente dejarlo, totalmente, borrarlo todo, desaparecer y (re)hacer mi vida al margen de todo este mundo que en algunos casos (no siempre) pretende hacernos creer que se preocupa por los márgenes cuando en realidad muy a menudo lo que hace es instrumentalizarlos. Y, aunque dejarlo hubiese sido también una decisión acertada (el auto-cuidado es importante), finalmente he decidido quedarme (otra decisión igual de acertada). Y además, por otro lado, también necesito responsabilizarme, obviamente, porque de nada sirve señalar y hacer creer que todes somos libres de esta farsa.

Sentir hostilidad, invisibilización y borrado, y otras técnicas de manipulación como ghostings, luz de gas, ninguneo… la manipulación, el poder y las técnicas de dominación están en el orden del día en nuestros entornos mientras a la vez no paramos de hablar y criticas las jerarquías, la competitividad, o el consumismo relacional. Es muy difícil convivir con estos mecanismos ya que son muy difíciles de señalar, solamente se sienten, atraviesan, se hacen invisibiles y hablar de ellos se hace muy difícil. Personas, que aunque formen parte de un discurso contra-poder, ejercen (¿y ejercemos?) poder y generan (¿y generamos?) clubs exclusivos donde solamente se aceptan persona que, o bien tienen ‘más’ poder y pueden ayudar a ‘flotar’ más, o bien son personas que se sitúan ‘por debajo’ y ayudan a sustentar a le otre a mantener una posición de poder. Clubs exclusivos donde, quien no juega al juego es expulsade (utilizando, evidentemente, todas las técnicas a las que he hecho referencia anteriormente).

No quiero decir tampoco que el mundo del activismo sea exactamente como el ‘exterior’, el ‘normal’ o exactamente igual que el ‘sistema’ y no se estén realmente construyendo (o intentando construir) alternativas contra-poder: de hecho en este mundo he encontrado muchas personas críticas, espacios de seguridad, he podido respirar de toda la violencia que he vivido fuera de estos entornos, he podido empoderarme de una relación de maltrato y es donde he conocido aquellas personas con las que tengo ahora mismo un vínculo más cercano y a la vez con una sensibilidad política. Pero todo esto no quita que en estos espacios se reproduzcan también mecanismos de ejercicio de poder sobre otres, una reproducción que muchas veces arrastra a muches más. El problema es que esta ‘reproducción’ va disfrazada con un discurso que se hace pasar por revolucionario para apropiarse de espacios críticos.

No obstante, he decidido quedarme: el activismo se ha vuelto un eje principal en mi vida, me ha ayudado a relacionarme de una forma más sensible, más crítica, y autocrítica. No quiero dejarlo, pero tampoco quiero seguir que todo este juego me ahogue. Seguramente algunes pensarán que lo que se tiene que hacer es luchar contra todo esto que está pasando dentro de nuestros círculos, y razón no les falta. Pero también tenemos que medir capacidades, fuerzas, tiempo y energía: tenemos que seguir moviéndonos en el día a día, sobreviviendo en un mundo lleno de violencia, y a muches no nos quedan fuerzas para abrir tantos frentes, con todo el riesgo de vulnerabilizarnos más justo en un entorno donde nuestras vulnerabilidades son menos y son más sostenidas. Es por este motivo que he decidido tomar un cierto tipo de posición que por un lado me permita seguir teniendo energía para poder seguir haciendo activismo que a mi me gusta y me motiva y por otro lado mantener un equilibrio del auto-cuidado y la responsabilidad compartida y colectiva. Esto sí, manteniendo especialmente la auto-crítica y evitando las trampas. Es por este motivo que también siento la necesidad de alejarme emocionalmente de ciertas actitudes y a la vez acercarme un poco más a quien dejamos casi siempre en los márgenes.

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memorias de una C y taller de técnicas de dominación en Madrid (Abril)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Los días 28 y 29 de abril voy a estar en Madrid para repetir la charla de Memorias de una C y dinamizar un taller de técnicas de dominación. La charla de Memorias de una C la haré el sábado 28 de abril a las 18h en La mala mujer (c/ Mesón de Paredes, 76, Madrid), y no hace falta inscribirse, pero el aforo es limitado. El taller de técnicas de dominación lo haré el domingo 29 de abril a las 18h también en La mala mujer ; en el taller sí que hace falta inscripción, ya que el límite de plazas es 20. Inscripciones para el taller en info@interpuzzle.es

En las dos actividades haré taquilla inversa (aportación sugerida entre 5 y 10€ pero no dejes de venir por no poder pagarlo).

Aquí tenéis los dos eventos de facebook:

https://www.facebook.com/events/365960850571214
https://www.facebook.com/events/595767387431371/

Nos vemos en Madrid 🙂

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