responsabilidad compartida

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

[imagen: texto en inglés que dice «accountability and responsability must be thought in terms of what matters and what is escluded from mattering» (Karen Barad)]

 

Aviso de contenido: individualismo, dominación, estructuras de poder, falsa independencia, relaciones de poder

 

No podemos escapar de nuestro entorno ya que nosotres somos parte de éste. No formamos parte de la naturaleza, somos naturaleza; igual que no formamos parte de una sociedad o de un entorno o momento concreto, sino que lo somos y somos parte de su proceso de creación. Somos, en cuanto a que afectamos, aquello con lo que nos relacionamos y esta afectación es un tipo de interacción que va más allá de una interacción “externa” a nosotres: la propia interacción (la relación) se podría considerar también un individuo en sí mismo. Somos contexto.

Definir y diferenciar qué es un individuo o lo que no es un acto (que afecta a cómo nos movemos y relacionamos) que creamos nosotres mismes, y que también es social y cultural; es un acto que generamos con el lenguaje, la simbología, la cultura, el razonamiento o también físicamente cuando creamos objetos suponiendo esta diferenciación (cuando creamos el tipo de mobiliario como bancos, sillas, u otros objetos definidos a través de lo que es un individuo y/o las relaciones, y como los distribuimos), y es un acto a través del cual sentimos, pensamos, creamos, amamos, pero también dominamos, generamos poder o nos solidarizamos. Lo que quiero enfatizar de todo esto es que ver a los individuos separados del resto de objetos de su entorno tiene parte de realidad, pero también de elección (mayoritariamente social y cultural) que puede devenir diferente si lo trabajamos y lo queremos.

Es imposible describir a una persona sin describir lo que le rodea, su contexto. Si pensamos un momento en cuáles son las características que utilizaríamos para describir a una persona nos encontraríamos con una lista de rasgos comparativos (decir que una persona, por ejemplo, es alta es decir que lo es respecto otres), o bien con adjetivos que no tendrían sentido sin un contexto social (cuando decimos que una persona, por ejemplo, es extrovertida o tiene una cierta edad, un género, una orientación sexual, o una clase social) o natural (cuando describimos cuales son sus necesidades, qué necesita comer, por ejemplo). Y es que la frontera entre nosotres y este entorno no es más que una frontera que nosotres mismes hemos creado, que nos ayuda a definir conceptos para expresarnos, pero que su realidad es contextual. Es una separación que se mueve entre la realidad, su interpretación y la interacción de ésta interpretación con unas voluntades sociales y personales: podemos configurar o desconfigurar según criterios que queramos o necesitemos.

Desde la mirada occidental esto no se interpreta de esta manera. Nuestra cultura nos hacer ver a las personas como seres totalmente externos a lo que les rodea, totalmente individuales, independientes, desconectados, y ve este hecho como una cosa irrefutable y “objetiva”. La forma con la que vivimos conceptos como son la responsabilidad está muy vinculada con esta sensación de no-dependencia con nuestro entorno: existe la posibilidad y el hecho de ser totalmente independientes les unes de les otres y la responsabilidad, por tanto, recae en cada une por separado y sin afectación (cada une es responsable de su vida).

Sin embargo, como esto no es posible, no podemos ser independientes de lo que nos rodea ya que en realidad tenemos una afectación con nuestro entorno y relaciones (hay una cierta dependencia), lo que acaba pasando es que para poder recrear esta falsa independencia tenemos que dominar nuestro entorno (para no sentir que nos afecta) creando relaciones de poder y, por tanto, de dominación: quien domine (el privilegiado) será quien se podrá sentir más independiente. Esto es el mismo paradigma que solemos llamar individualismo, y el motivo por el cual el individualismo lleva a una situación de constante dominación.

No obstante, la responsabilidad también se puede conceptualizar y entender desde la visión de que formamos parte de nuestro propio contexto, y entenderla y vivirla de una forma diferente al paradigma del individualismo. Para mí, y desde un punto de vista de co/inter/dependencia con nuestro entorno, la responsabilidad es la consciencia de la conexión que tenemos con nuestro entorno y la afectación constante con esta (y por tanto también la afectación que este entorno tiene debido a nosotres).

Karen Barad introdujo el prefijo “intra” para hablar de la relación entre objetos, personas y discursos (como por ejemplo intra-acción, en vez de hablar de interacción) y da una idea de que el proceso es interno del propio fenómeno-relación. Dentro del marco de la intra-conexión, la responsabilidad se convierte en otra cosa que a mí me gusta llamar “responsabilidad compartida” y que viene inspirada por el concepto que introduce también karan Barad como “response-ability”: partiendo desde el paradigma en el que formamos parte de lo que nos rodea la responsabilidad es un acto de intra-dependencia, es una consciencia de esta conexión, es compartida entre todas las partes del sujeto “relación” y es consciencia de cómo ponemos o quitamos estas barreras y fronteras para decidir qué es importante, qué no es importante, qué cosas decido tener en cuenta y cuáles no, a la hora de tomar decisiones sobre mis actos sabiendo que estoy afectando y soy afectada por mi entorno y mis relaciones. También, además, es un acto de consciencia, respeto y aceptación de nuestras diferencias sin que esto implique sentirnos externes, sino más bien sensibilidad, conexión y compromiso. Y estos actos parten de decisiones tomadas, obviamente. En realidad siempre tomamos estas decisiones, lo que pasa es que normalmente las tomamos dejándonos arrastrar por lo que nos imponen las estructuras en vez de convertirlas en actos políticos, sensibles y/o revolucionarios.

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demanda de atenciones: ¿egoísmo o necesidad?

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

La legitimidad o no de querer atenciones, buscarlas, o simplemente recibirlas es un tema recurrente en muchas discusiones y debates. He visto, debido a esto, críticas, defensas y muchos comentarios al respecto: que pedir atenciones es egoísta, o una voluntad de acumulación de algún tipo de capital social, o también, por otro lado, que es un acto legítimo por parte de personas que necesitan cuidados. Pero para poder pararnos a debatir o entender qué posición tomamos al respecto tendríamos primero que explicar qué son realmente las atenciones y qué implica quererlas, pedirlas o reclamarlas. Creo que es bastante común que en una discusión se parta de definiciones o conceptualizaciones desde puntos diferentes sobre qué son las atenciones o sobre qué es el egoísmo que hacen de algunos debates contradictorios o confusos.

La atención es un acto relacional y contextual. Prestar atención a una persona significa Prestar atención a lo que expresa y a ella en cuanto a persona, pero además, también en prestar atención a sus problemas, a sus necesidades, al vínculo y relación que se establece entre les dos, como nos afectamos y tenerla en cuenta (reconocerla como existente y por tanto como posible afectada también de nuestras decisiones); y lo mismo se podría decir para un grupo de personas o colectivo. Como todo acto relacional se verá contextualizado por situaciones muy diferentes que dependerán de estructuras, de posiciones relativas de privilegio y opresión o también intenciones completamente diferentes; no es lo mismo pedir que se te tenga en cuenta cuando eres una persona carismática y que, además, suele tener sus necesidades cubiertas normalmente.

Parte de las críticas señalas la demanda de atenciones como un acto egoísta y egocéntrico. Pero, ¿qué queremos decir cuando decimos “egoísta”? ¿Es pensar en una misma un acto negativo? ¿Es necesitar cuidarnos un acto egoísta en sí mismo? ¿Queremos decir egoísta cuando en el proceso de querernos tener en cuenta dejamos de pensar en todo lo que nos rodea y como lo influimos? ¿O bien llamamos egoísta cuando pensamos en nosotres sin más? Es interesante reflexionar alrededor de estas preguntas ya que las estructuras de poder nos imponen un imaginario social que no nos permiten ver necesidades importantes de ciertas personas (aquellas discriminadas y oprimidas) y hace que cuando ésta en un momento dado intente hacerlas ver se la señale como egoísta, y precisamente cuando pasa al revés, y es una persona con privilegios quien muestra las suyas, se empatiza mucho más y se la acusa mucho menos de “egoísta”.

Dentro de un paradigma que cree que pensar en une misme es un acto negativo y que automáticamente ignora a les demás, es fácil creer que querer atenciones y pedirlas es también un acto malo en sí mismo. Esta crítica puede tener cierta razón, en el caso de que estuviéramos hablando de un tipo de egoísmo que se basa en ignorar las necesidades y las demás personas. Pero este razonamiento olvida que, no todos los actos de auto-cuidados, ni de pedir cuidados, ni de expresar necesidades tienen porque implicar ignorar lo que nos rodea.

Muchas veces no necesitar pedir atenciones puede venir debido a tener muchos privilegios (y no estoy hablando aquí sólo de privilegios de género, sino de muchos más que tienen que ver muchas veces con el carisma, por ejemplo). Los privilegios hacen que por defecto todas tus necesidades y atenciones te sean dadas de forma sistemática. Desde esta posición sería, por tanto, muy fácil ver que cualquier demanda ya sería un exceso, porque no vemos las necesidades que pueden haber detrás. ¿Pero qué pasa con todes aquelles que no las reciben por defecto? De hecho, muches de les que defineden que pedir atenciones no tiene nada de malo son les que acostumbran a ser excluides en un sistema que deja de lado las atenciones de muches, especialmente de aquelles que requieren  de lo que (erróneamente) el sistema llama “atenciones especiales” (haciendo hincapié en que son “especiales” las aparta del ámbito común y hace que se las trate como si no fuera responsabilidad de todes tener cuidado de ellas, sino más bien un esfuerzo extra que quien las hace es porque es muy buena persona).

Es cierto que las atenciones suelen ir por defecto a las personas más privilegiadas, y no solamente por el género, también todas aquellas con un capital social, sexual, de cuidados, etc, porque son guapas, porque son más “normales”, porque son delgadas, porque son carismáticas, porque son extrovertidas, así como aquellas que tienen privilegios en otras estructuras como el racismo, el cisexismo, el heterosexismo, y un largo etcétera. Reconozco que la demanda de atenciones desde estas posiciones (que es muy común) es un abuso de privilegios, y un acto de egocentrismo que ignora y se impone sobre su alrededor: una voluntad de acumulación de capital social que ignora la mayoría de las veces los cuidados, la atención que ellas tendrían que dar a “cambio” a otras personas, o el valor incluso de las propias atenciones que se reciben.

No obstante, yo no considero que pedir atenciones o querer conseguir atenciones sea una cosa mala en sí misma. Todes necesitamos de atenciones, solamente que algunes las tienen por defecto (como he comentado antes sobre todo por motivos de privilegios) y a otres les cuesta obtenerlas y por tanto las tienen que buscar. El problema es qué métodos utilizamos para pedir estas atenciones y desde qué posición estructural: por ejemplo, si utilizamos técnicas de dominación, si la relación se convierte en una vía solamente para conseguir estas atenciones de forma utilitarista, si no tienes en cuenta qué necesita o cómo se siente la otra persona, etc.

Yo padecí mucho las técnicas de dominación que ejerció sobre mí una persona durante años para tener toda mi atención constantemente. Fue horrible porque ya no me quedaban energías para nada, solamente para darle atención a esa persona. Eso formó parte de un maltrato. Era una persona con muchos más privilegios que yo que lo único que quería era obtener atenciones sin mi consentimiento (o sea, que no fuera una cosa de la que yo fuera consciente, ni que yo pudiera escoger o racionar con otras cosas de mi vida). Pero esto es muy diferente a que una persona necesite atención y lo pida a través de otros métodos y respetando también sus necesidades y emociones. O sea, cuidar implica tener en cuenta que le otre pueda necesitar prestar atención a toras cosas o también pueda tener otras necesidades o no encontrarse bien ni disponible en muchos momentos.

 

[imagen: una persona gritando por un megáfono de donde parecen salir signos de admiración]

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las excluidas y consumidas por el capitalismo de las relaciones

por wuwei (natàlia)

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vuelvo otra vez a colgar entradas en el blog y empiezo con un artículo que, de hecho, ya tenía escrito y no lo colgué porque supuestamente me lo habían pedido para otro espacio y no se utilizó al final. empezó siendo una versión del artículo ‘el mundo de las relaciones: un club exclusivo de alto standing‘ y se fue cambiando combinando cosas de ‘memorias de una C‘. y finalmente, esto que cuelgo aquí.

aviso de contenido: capitalismo relacional, consumo relacional, competitividad, apropiación, objetificación, exclusión, violencia monógama, mención de varias estructuras de poder (capacitismo, neurocapacitismo, gordofobia, cisexismo, racismo…)

 

El capitalismo no solamente un sistema “económico”, éste está por todas las partes de nuestra vida, también en las relaciones. El capitalismo relacional se basa en la competitividad entre personas para poder conseguir reconocimiento, afecto o cuidados, en el consumismo que hace que nos acerquemos a las demás de forma utilitarista (no solamente para satisfacer deseos sexuales, sino todo tipo de deseos y voluntades que les imponemos), o en la apropiación (propiedad) de deseos, cuidados y atenciones de otras personas (como pasa a menudo con la pareja, y en otro tipo de relaciones de forma más escondida).

Todos estos mecanismos acaban apartando y excluyendo con más probabilidad a las personas que quedan más en los márgenes. La mayoría de las veces que se habla de este sistema relacional se suele señalar de cómo nos afecta a las mujeres, ya que somos sistemáticamente objetificadas y utilizadas en las relaciones, tanto de pareja, como de consumo sexual o emocional. Pero hace falta señalar que somos muchas más las afectadas y que esta estructura se vale de muchas más, dejando de lado y utilizando a personas de colectivos minorizados, como son las neurodivergentes, las que no tienen un cuerpo normativo, las discapacitadas, las trans, las racializadas, y un largo etcétera. ¿Cómo puedes competir delante de cuerpos normativos cuando el tuyo es atravesado por la gordofobia? ¿O cuando tienes ansiedad o fobia social? ¿O cuando te rechazan por ser trans y no entrar dentro de las expectativas cisexistas de lo que tiene que ser una persona con una genitalidad concreta? Y un largo etcétera.

En artículos de opinión, redes sociales y blogs, hay una tendencia a señalar como causa y consecuencia de este capitalismo relacional a ciertas prácticas “poliamorosas”, haciéndolas cómplices de la “fluidez” de las relaciones actuales, la falta de compromiso o de responsabilidad. Pongo entre comillas “poliamorosas” porque muchas personas utilizan la palabra poliamor para referirse a todo tipo de prácticas diferentes a la monogamia, aunque existen prácticas y filosofías más allás del poliamor (y no solamente como “evolución” de esta, sino que han surgido por otros caminos o incluso antes). Aunque puedo estar de acuerdo en que muchas formas de practicar el poliamor, así como de otras no-monogamias, parten de una forma liberal y capitalista de ver las relaciones, tampoco me gustaría dejarle al poliamor tanto protagonismo: y es que la monogamia no tiene mucho que envidiarle, de hecho podríamos decir que la monogamia tiene gran responsabilidad en la creación de este marco en el que nos movemos a la hora de relacionarnos.

En la monogamia solamente existe una relación reconocida como “válida”: la pareja. Solamente hace falta pensar que cuando decimos “tengo una relación con alguien” automáticamente la mayoría de personas pensarán que se trata de una relación de pareja (o sexoafectiva, como queramos llamarla). Será, por tanto, a través de esta relación donde podremos obtener un “mínimo” de cuidados, atención o valor. Con esto no quiero para nada obviar toda la violencia que ha habido siempre en la pareja monógama (paradigma de la apropiación), sino señalar que fuera de la pareja las relaciones reciben otro tipo de violencia: quedan más al desamparo, al descuido, al no compromiso y a la falta de responsabilidad. Como la mayoría de las veces que criticamos a la monogamia solamente lo hacemos para criticar la violencia que se ejerce en la pareja y de la apropiación o propiedad, creemos que rompiendo con el concepto de pareja rompemos con toda la violencia de la monogamia. ¿Pero qué nos queda si rompemos con la pareja sin pararnos a criticar o reflexionar cómo tratamos el resto de relaciones? Nada, lo que nos queda es la nada: un mundo de relaciones sin compromisos, sin responsabilidades y utilitaristas. Saltamos entonces de la relación basada en la propiedad a relaciones basadas en el consumo: las dos caras de la misma moneda en la monogamia.

Todas estas personas excluidas de las relaciones por la monogamia se nos hace mucho más complicado nadar en ciertas prácticas no monógamas o poliamorosas. Unas prácticas que son cómo la monogamia pero con algunas más “libertades”: más libertades solamente para algunas personas, para quien más privilegios tiene, y por tanto más perjudiciales para quien no tenemos estos privilegios. A mí personalmente me molesta que se niegue que existen prácticas poliamorosas o no monógamas liberales, porque muchas las padecemos, sobre todo aquellas que estamos dentro de la comunidad no monógama o “poliamorosa” y que además ya padecemos de la exclusión en el capitalismo relacional. A la vez, también me molesta que personas monógamas tachen directamente las no-monogamias de liberales, cuando es la propia monogamia la fuente de esta forma de ver las relaciones y hay muchas personas que estamos intentando construir otras alternativas no monógamas más críticas (poliamorosas y no poliamorosas) dejando nuestros cuerpos y emociones en todo el proceso.

Para romper con el capitalismo relacional las alternativas a la monogamia que tenemos que construir tienen que pasar por romper, no solamente con la propiedad de las relaciones (y por tanto de la pareja), sino también con el consumo relacional, así como la competitividad. Tiene que empezar a reconocer todas aquellas relaciones olvidadas, cuidarlas y tenerlas en cuenta. Tenemos que ser más sensibles a los ejes de opresión, hablar de discriminaciones y de exclusiones, pero hablar de exclusiones de una forma muy amplia, no solamente de mujeres o de orientaciones no heterosexuales. Y, finalmente, tenemos que escuchar las quejas sobre el “poliamor” y cualquier tipo de filosofía relacional de todas aquellas que se sienten excluidas o consumidas porque es muy probable de que nuestra monogamia y nuestro “poliamor” las esté dejando de lado. Pero cuidado, nada de instrumentalizar sus quejas, que no nos sirvan solamente para llenar párrafos y artículos, que sea una escucha de verdad, para construir entre todas formas de relacionarnos que incluyan de verdad.

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memorias de una C (VI – romper con la monogamia)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la sexta y última parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí la cuarta aquí y la quinta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación.

 

Muchas veces en nuestros propios discursos críticos (sobre el pensamiento monógamo y feministas) nos olvidamos de incluir a este tipo de relaciones, ya que, aunque intentemos romper con muchas de las partes del pensamiento monógamo, hay algunas cosas que aún restan invisibles. Hemos basado la mayor parte de nuestra lucha en combatir la violencia en la pareja (muy necesaria lucha, evidentemente) y en la liberación sexual, pero nos hemos olvidado del que recibía precisamente una violencia de borrado, reproduciendo el mismo borrado.

Un ejemplo de esto se ve en el discurso que hacemos sobre los cuidados. Los cuidados son muy importantes en las relaciones: son la forma de tratarnos que no pase por la dominación ni la objetificación. Se ha generado discurso al respecto, aunque muchas veces sin que nos demos cuenta cuando hablamos de cuidados acabamos hablando de relaciones de pareja, relaciones sexuales o relaciones románticas, solamente (o poco más). Pocas veces escucho discursos que hablen de otras relaciones. De hecho muchas personas nos vemos con la necesidad en muchas ocasiones de pedir que una relación sea reconocida como pareja para sentir que podemos pedir o exigir ciertos cuidados. Los cuidados parten a través del reconocimiento, y sin reconocimiento no puede haber cuidados.

Otra cosa que veo que se repite mucho es la de creer que una vez hemos luchado contra la violencia que se genera en la pareja, ya hemos luchado contra toda la violencia que genera la monogamia. Hace poco leí en twitter una cosa que ya he leído millones de veces anteriormente: que ‘se puede tener una relación monógama que no sea tóxica’. Esta afirmación sólo centra la posibilidad de toxicidad o maltrato de una relación en si es de pareja, o en si es sexual, olvidándose de cómo afecta a otros tipos de relaciones. Este discurso borra la posibilidad de que relaciones que no son de pareja o sexuales o románticas no pueden ser ‘relaciones tóxicas’ porque de entrada ‘no son relaciones’. Y esto lleva implícito violencia, ya que cualquier maltrato que pueda haber fuera de lo que son consideradas relaciones, se borra y se invisibiliza, un acto violento de por sí. Por tanto, el reconocimiento no es solamente importante para recibir cuidados, sino también para poder señalar violencias.

Y, finalmente, también he visto una fuerte crítica hacia las jerarquías en las parejas y la violencia que comportan, una crítica que ha aportado mucho a los discursos dentro de las no-monogamias, muy necesaria y que a muches nos ha ayudado a respirar un poco más. Un ejemplo es el libro de ‘More thanTwo’ donde explican qué son y qué no son las jerarquías y cuáles son las consecuencias de éstas (que en parte son las que he estado explicando hoy). No obstante, otra vez, este discurso se olvida de las relaciones que no son consideradas de pareja ni en cómo se aplican estas jerarquías en estas relaciones.

 

Romper con la monogamia

Como he comentado antes, muches sentimos la necesidad de pedir ser considerades pareja para sentirnos valorades, reconocides y cuidades; especialmente personas que se encuentran en situaciones más vulnerables y que sin compromisos en las relaciones les es más difícil poder cubrir sus necesidades. Y quien dice pareja, dice desear de alguna vez algún tipo de jerarquía, para poder encontrar una cierta tranquilidad relacional en nuestra vida. Esto es debido a que fuera del ámbito de la pareja, el consumismo relacional nos pone a muches en situaciones muy vulnerables. La pareja parece, en una sociedad capitalista y agresiva que nos vulnerabiliza a muches, el único sitio donde encontrar cierto resguardo. Pero, evidentemente tampoco estoy comentando esto para ahora hacer una oda a la pareja, sino más bien utilizarlo como visibilizador del verdadero problema: tratamos al resto de relaciones tan mal, que la única forma que a veces encontramos de ‘salvarnos’ es resguardarnos en la pareja. Si no se hace este ejercicio quedaríamos (especialmente las más vulnerables) totalmente expuestas.

Romper con la monogamia no tendría ‘solamente’ de implicar romper con el pensamiento que no nos permite tener más ‘parejas’ o poder tener más sexo con otres; tampoco tendría ‘solamente’ de implicar aprender a hacer esto sin maltratarnos entre parejas o amantes sexuales. Para mí, romper con la monogamia, es ir a su raíz: es romper con esta constante jerarquía, la objetificación que borra relaciones, sus cuidados, compromisos, así como sus violencias y maltratos.  De hecho para mí, la liberación sexual y afectiva es más secundaria. Para mí, romper con la monogamia, para mí, es aprender a ser más conscientes de les ‘otres’: de todas  las personas con las que nos relacionamos, y también con aquellas que se relacionan con nuestras relaciones. Todes tenemos que ser merecedores de ser reconocides, así como también de afecto, de cuidados y de poder ‘ser’.

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memorias de una C (IV – competitividad y consumismo relacional)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la cuarta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la quinta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, competitividad, consumismo relacional.

 

Competitividad y las C

 La competitividad es una situación en la que dos o más persona entran en lucha para poder obtener alguna cosa. Esta lucha implica que una (o unas pocas) ‘gana’ y las demás, las otras, quedan fuera (excluidas). La monogamia es muy competitiva, ya que el afecto, los cuidados, los compromisos y el reconocimiento solamente se dan hacia una persona, haciendo que se puedan dar situaciones de competitividad para poder conseguir reconocimiento de una persona (compitiendo entre personas que quieran obtener reconocimiento de la misma persona). Esta competitividad en las relaciones podrá ser tanto para obtener un prestigio social (obtener ‘trofeos’ en forma de relación que te hagan obtener más privilegios sociales), o bien simplemente reconocimiento personal o cuidados, y vendrá dada por una combinación de muchas cosas: las creencias y normas sobre las relaciones (la propia idea de que solamente una persona puede acceder al reconocimiento), como nos enfrentamos a una metarelación (la relación de una relación nuestra), o bien también con qué sensibilidad nosotresmismes colocamos a nuestras relaciones que puede facilitar o no la competición (especialmente debido a factores estructurales, como por ejemplo cuando reconocemos a quien más privilegios tiene, quien es más guapa, quien tiene más facilidades económicas, o sociales, etc).

Las C, al ser relaciones colocadas en una posición donde no pueden tener voz en su relación, se ven en competición muchas veces con las personas que sí que tienen voz en su relación aunque no formen parte de ella. Las C estarían en constante lucha para poder conseguir una posición reconocida, donde pueda haber un mínimo de cuidados, o se les tenga en cuenta, quedando siempre finalmente excluídas. Todo esto vendría fomentado especialmente por otras estructuras que, en comparación con la otra relación, las excluiría (cuál sería la más guapa, cuál tendría unas capacidades sociales más destacables, cuál sería del género que haría de la relación más reconocida, etc). Por tanto, esta situación pone a las que tienen menos privilegios en situaciones más vulnerables excluyéndolas de forma más frecuente y las que ayudarían a colocarla en una posición C.

 

Diario de una C (Historia 3)

Últimamente siento que tengo mucha ansiedad, acumulo mucha tensión y toda mi atención está yendo a parar a B; tanto, que no me queda tiempo para mí, ni para el resto de mis relaciones. Pero es que me siento constantemente desplazada, que no importa lo que diga o exprese, que se me aparta siempre. Y es muy sutil, que cada vez que quedo con B en alguna cosa, al cabo de unos días me comenta que lo ha hablado con A y que A le ha hecho una propuesta que, en comparación con lo que había hablado conmigo, le ha convencido más y que mejor hará lo que A le ha pedido. No entiendo porque tanta comparación, siento como si se me hubiera puesto en una competición que yo no he pedido.

Y ahora tengo miedo. Tengo miedo a hacer o decir cualquier cosa que haga que se me aparte todavía más. Sin darme cuenta he dejado de expresar cosas que siento o pienso, que me afectan, por miedo a que se me aparte más, y acabo siempre diciendo todo aquello que creo que hará que no se me desplace. O sea, no me puedo enfadar, no puedo expresar disconformidad, no puedo hacer ninguna crítica. Solamente puedo mostrarme dócil y complaciente. Y, sobre todo, siento que tengo que conseguir ser de alguna forma mejor que A.

 

Consumismo de C

 Por defecto, cuando se habla y se presenta el tema del consumismo de relaciones se suele definir ‘relación de consumo’ como una relación que no tiene mucha duración en el tiempo. Haciendo esta relación estamos invisibilizando las relaciones de larga duración que son utilitaristas, objetificadas y a través del consumo propio para alguna satisfacción personal, y a la vez negando la posibilidad de que una relación de corta duración pueda ser cuidada, y no objetificada.

También se suele relacionar el consumo de relaciones con relaciones con ‘solamente’ sexo, cayendo en la idea de que el sexo de por sí es objetificador. Esto desde mi punto de vista también es un error, porque borra muchos otros tipos de consumo que no son ‘sexuales’ (que pueden ser emocionales o intelectuales) y a la vez nos hace creer que tener una relación de sólo sexo es consumista. Esto no quiere decir que no se consuma ni se objetifique mucho a través del sexo en nuestra sociedad, especialmente aquellas personas a las que el patriarcado nos objetifica sexualmente. No obstante, no es el sexo en sí, es por como lo utilizamos socialmente para generar poder sobre otras personas. Si se tiene una relación solamente sexual pero se respetan los consentimientos, las voluntades de le otre o se le escucha en cada momento si tiene o no alguna molestia, no es objetificador.

Yo prefiero relacional el consumo de relaciones con la motivación y con la forma de acercarnos a la otra persona, no con la duración de la relación en sí misma, ni con lo que se comparta. Una relación de consumo desde mi punto de vista sería una relación objetificada (donde le otre es un objeto), utilitarista, donde te acercas para satisfacer alguna cosa que tu quieres sin tener en cuenta lo que quiera la otra persona (si quiere o no lo mismo que tu, o si incluso estás saltándote su consentimiento), y quietándole la voz en las cosas que le afectan, y no pensando en las consecuencias de todo ni cómo afecta esto a su vida ni sus relaciones.

Las C ocupan una posición de consumo relacional ya que, como he comentado, no tienen voz en las cosas que le afectan y, por tanto, se acercan a ella teniendo en cuenta sus necesidades (de quienes se acercan), e incluso las de la pareja, pero no las de las C. Se podría incluso ampliar el consumo desde la propia pareja, no solamente de una de las componentes, como a nueva individualidad que consume relaciones.

 

Diario de una C (Historia 4)

Hoy he ido a un encuentro con A y B y he salido de allí muy confundida. No entiendo muy bien porque, ya que tampoco me han dicho nada malo. Resulta que hace un par de meses nos enrollamos les 3. Todo bien (al menos por mi parte) y tampoco se había hablado de llevar la relación hacia ningún lugar en concreto; de hecho me dejaron muy claro que ‘solamente’ querían un amistad. A y B ya eran pareja antes, esto sí, y lo siguen siendo. Hace una semana me dijeron que necesitaban hablar conmigo y que era muy importante.

Esta mañana hemos quedado y de golpe me han empezado a explicar una historia súper complicada de emociones, de cómo vivieron elles dos la situación ese día, todo un proceso emocional de celos trabajado durante más de un mes, y un montón de cosas que no se me pedían directamente pero sí: un montón de comprensión y unas normas a llevar a partir de entonces. Resulta que estas normas (básicamente que yo no puedo hablar ni quedar con cada une de elles por separado) las habían estado hablando elles dos con anterioridad. Han estado más de un mes trabajándoselo y hablándolo entre elles y poniendo estos límites que de golpe me he encontrado.

Pero esto no es todo, porque ahora tengo la sensación de que tengo que ir con mucho cuidado con todo lo que haga o diga con elles porque se me ha medio impuesto que tengo que ser sensible a la situación, ya que es un proceso emocional. También de golpe tengo la sensación de que estoy en una relación con más implicación emocional y creo que yo no he podido hablar, o sea, no ha sido un proceso en el que yo haya podido hablar nada de todo esto, sino que he salido de aquella casa entendiendo que de golpe estoy en una relación con un cierto grado emocional (ya que se me está pidiendo una implicación, comprensión, acompañamiento y empatía), pero donde yo no tengo privilegios de pareja, y donde tengo que aceptar ciertas normas de limitación para ser sensible a sus procesos emocionales. Y claro, a ver, es que tampoco he tenido muchas opciones, solamente podía decir que sí o no a aquella situación. Evidentemente podía decir que no, pero no sé tampoco me siento cómoda con estas dos opciones.

Ahora entiendo un poco más la implicación del ‘sólo’ en la expresión ‘sólo quiero una amistad’.

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a la masculinidad no le falta empatía, le sobra imposición

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: capacitismo, neurocapacitismo, lenguaje capacitista, machismo, dominación, objetificación, cultura del no consentimiento

 

La masculinidad está muy vinculada a la dominación. La dominación tiene muchas caras, y se expresa también a través de todos los privilegios sociales de los que nos beneficiamos (también es una propiedad de la blanquitud, o del rol que toman muy a menudo les adultes hacia les más jóvenes, por poner sólo algunos ejemplo). Aún ser una característica de muchos otros privilegios, está especialmente arraigada en la masculinidad, como también en la visión del mundo que nos rodea que proviene de una mirada burguesa y comercial (especialmente conectada con la conquista y la colonización de nuestra cultura). Una de las múltiples caras de que han señalado en la masculinidad es la supuesta falta de empatía con la que se ha socializado a los hombres y personas masculinas: una falta de empatía que se suele señalas como la problemática en muchos de los problemas relacionales y que hacen que no puedan estructuralmente cuidar.

Pero para poder señalar una falta como esta primero tenemos que comprender qué queremos decir con empatía y, a la vez, cómo ve la masculinidad y como lee su entorno y relaciones. ¿Qué es realmente la empatía? Hay muchas formas de definir la empatía. Hay quien la define como una capacidad para entender, comprender o conectar con las emociones de las otras personas; otres la definen no tanto como una ‘capacidad’, sino como una ‘voluntad’ de comprender estas emociones. He llegado a ver definida la empatía (especialmente en la comunicación no violenta) cómo una forma de leer o interpretar las necesidades de otra persona según una lectura (no a través de una escucha de lo que la otra persona te está diciendo que siente) de cuáles son las emociones que está expresando la otra persona a través de una supuesta ‘objetividad’. Otres la definen como ‘escucha activa’.

No obstante, la empatía, por defecto y por sistema (y por cómo habla de ella la mayoría de las personas), se entiende y se define como una capacidad de conectar y comprender las emociones de la otra persona y de alguna manera poderlas sentir también, especialmente a través de una lectura externa (sin necesidad de que te comuniquen estas emociones) de la persona o de la situación. En la manera como se entiende por defecto la empatía no se trata tanto de la escucha de lo que la otra te dice o de comprender y aceptar lo que siente a través de lo que te comenta ella misma, sino de conexión de estas emociones, la mayoría de las veces a través de una lectura externa (una suposición que interpretas cuando observas  la situación y/o la persona).

Ya hice una crítica del uso que hacemos de la empatía en las II Jornades d’Amors Plurals. La forma que por defecto se entiende la empatía es un problema, por muchos motivos. En primer lugar supone que tenemos que tener todes unas capacidades específicas, ignorando que hay personas que tenemos capacidades y formas diferentes de funcionar, de conectar y de leer nuestro entorno. En segundo lugar, este tipo de empatía funciona a través de una lectura y suposición de lo que la otra persona siente: las lecturas tienen el peligro de ser interpretaciones de nuestro entorno que pueden venir dadas, no tanto por la realidad de lo que está sintiendo la persona que estamos ‘observando’, sino más de lo que nosotres interpretamos y sentimos en una situación similar (que puede no ser lo mismo que siente le otre, por ejemplo, como suponer que si a le otre le muerden sentirá dolor aunque a lo mejor elle está sintiendo placer porque le gusta).

Por tanto, y como última problemática, al funcionar como una lectura, lo más probable es que se lea o se interpreta lo que está definido por las normas sociales (estructuras de poder) que se tiene que sentir; o sea, se interpretará lo más privilegiado y las personas con más privilegios serán las que recibirán más empatía por parte de les demás. Todo está construido para que entendamos y empaticemos mucho más con la ‘norma’, y por tanto con el privilegio (con los hombres, con la heterosexualidad, con las personas cis, con les blanques, con les neurotípiques, etc). ¿Cuántas veces hemos empatizado con agresores, por ejemplo? ¿Sería en esta caso la empatía una buena solución a la dominación de la masculinidad? Yo, por ejemplo, he estado  muchos años empatizando con quien me agredía y me maltrataba, y esto ha sido un problema muy grande para mí.

¿Pero realmente necesitamos la empatía para comprender y respetar las emociones de las otras personas? ¿Es necesaria la empatía para no dominar? Cuando rascas un poco en el fondo del problema te das cuenta de que la dominación proviene de la forma que tenemos de ver nuestro entorno, que es cultural y filosófica, y que es una creencia con la que construimos muchas estructuras y formas de vivir y pensar: creemos que todo lo que nos rodea es externo a nosotres y solamente consideramos nuestros deseos y voluntades, pero no tenemos en cuenta las de les demás, que podrían ser diferentes a las nuestras.  De esta manera, para obtener lo que necesitamos tenemos que dominar nuestro exterior y las personas que forman parte de éste. Así es como borramos el consentimiento, por ejemplo. La masculinidad no borra el consentimiento porque no sea capaz de empatizar con quien está dominando, sino porque cree que los deseos y voluntades de aquella persona no son importantes y no se tienen que tener en cuenta. Desde esta mirada lo que acabamos haciendo es no tener en cuenta a les demás, ni lo que quieren, ni lo que sienten, ni lo que desean, y nos relacionamos con elles intentando imponer nuestras necesidades. Evidentemente las necesidades más comprendidas siempre serán las de la persona con más privilegios que siempre serán las que dominarán la situación.

Desde mi punto de vista es problemático seguir señalando la empatía como el problema por el cual la masculinidad domina, agrede o incluso no cuida de las personas de su entorno. Es problemático primero de todo porque la empatía cada persona la define de formas distintas, pero aun así casi siempre se acaba señalando como una capacidad que se supone que todes tenemos que tener, insensibilizando la diversidad de capacidades y formas de conectar con nuestro exterior; también es problemático porque las lecturas que se hacen de las emociones de otras personas no tienen por qué corresponder con la realidad, y además siempre acabará beneficiando más a quien más privilegios tiene. Y, finalmente, como he comentado, nos desvía totalmente de la problemática real sobre la dominación de la masculinidad: que el problema es la negación de las emociones, deseos y necesidades de les otres, e imposición de las propias por encima de todo.  Yo no necesito que la persona que me trata ‘conecte’ con mis emociones, ni que las pueda sentir igual que yo. Yo lo que necesito es que me tengan en cuenta, que sepan que podría tener deseos diferentes, que me pregunten, que me escuchen, y que finalmente respeten mi posición.

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memorias de una C (I – introducción y contexto)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la primera parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La segunda parte la podéis leer aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí y la sexta aquí.

 

‘Memorias de una C’ es una charla que preparé inspirada a través de una larga época emocionalmente muy mala debido a las vivencias y los traumas que me produjeron ciertas relaciones jerárquicas. En aquella época, de forma muy inconsciente, empecé a usar la metáfora de las C en las redes sin saber que sería una metáfora que me ayudaría a mostrar la problemática de las jerarquías relacionales. Me apeteció hacer una serie de vídeos cortos bajo el título de ‘Diario de una C’, donde quería mostrar estas problemáticas de las jerarquías a través de escenas de humor; en la serie la protagonista era una tal ‘C’ que se veía envuelta en relaciones con A y B que la llevaban a situaciones absurdas, irónicas, y muchas de ellas dolorosas.

Finalmente no pude hacer la serie por falta de tiempo, pero la idea y las ganas quedaron. Cuando decidí hacer la charla para explicar todo este tema quise rescatar aquella idea del diario y nació ‘Memorias de una C’, una charla donde mezclo teoría con experiencias relatadas a través de un diario donde se habla siempre desde la posición de C. Decidí que todas las experiencias que relataría serían mías, así que en todos los relatos del diario la C soy yo y son experiencias mías; A y B en cada historia son personas diferentes. Espero que se recojan mis experiencias con el cuidado que necesitan, ya que estoy mostrando situaciones de mi vida que me vulnerabilizaron, y lo hago porque creo que es una buena forma de mostrar las violencias que vivimos día a día (ya sabemos que lo personal es político).

 

1ª parte de ‘Memorias de una C’

 Introducción y contexto

 A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a hacer gestiones y a tomar decisiones sobre su relación. Pero estas decisiones no sólo son sobre su relación, sino de rebote también sobre la relación entre B y C, y esta relación también se va afectada. Es igual cuál sea el motivo: puede ser que sea por cuestiones de cómo se decide gestionar posibles celos hacia C (que es a lo mejor el ejemplo más habitual y que se muestra más), o puede ser simplemente por algún otro motivo. C no es informada en ningún momento. C desaparece del mapa discursivo. En grupos de debate todes opinan: sobre A, sobre B, pero nadie se pregunta qué siente, qué quiere, o qué necesita C. Finalmente hay una sentencia final y es posible (sólo posible, no siempre pasa) que se informe a C del veredicto de todo lo que le afecta, y a lo mejor incluso podrá decir ‘sí o no’ (sin muchos más matices). Pero muchas veces se lo tiene que imaginar. Y tragar.

De historias como éstas hay muchas. La que acabo de plantear es bastante típica en las relaciones jerárquicas (monógamas o no monógamas), y es una situación que puede o suele venir de un conflicto debido a la propia existencia de C (como por ejemplo para gestionar celos u otros ‘conflictos’ debido a la aparición de esta ‘otra’ relación); pero a veces también se quita del discurso a C en situaciones donde ni tan siquiera se paran a pensar en su existencia, donde básicamente la borran. Por ejemplo, A y B deciden hacer planes de viaje para todo el verano. Pero antes de esto, B ya había medio hablado con C de hacer alguna cosa durante las vacaciones, y esto se obvia la toma de decisiones entre A y B, que hacen planes sin tener en cuenta lo que ya se había hablado con C, y a lo mejor sólo al final se le informa un poco de las decisiones. ¿Por qué suele pasar esto? Puede haber muchos motivos, pero el más habitual suele ser que A y B sean pareja, pero B y C no (o no son pareja ‘principal’, mientras que A y B sí), y hay una norma social implícita que dice que las parejas (o las más ‘principales’) tienen siempre preferencia y que obviar cosas que afectan a quien no son pareja no es nada negativo.

Yo empecé a preocuparme por las C (y quien dice las C dice también todo el resto de letras del abecedario que van detrás) cuando después de un tiempo en grupos de ‘discusión’ y debate sobre relaciones (especialmente sobre no-monogamias) se ponían los típicos ejemplos A, B y C (utilizando las letras para mantener el anonimato), y por un extraño motivo me di cuenta de que la C aparecía en el primer párrafo, como ‘problema’, como ‘objeto’, pero no como ‘sujeto’, y después desaparecía totalmente. O sea, se empezaban a opinar sobre cosas que afectaban a C pero nadie se preguntaba cómo se sentía C o qué quería C. también se podía observar que en casi todos los comentarios de las demás personas la C no estaba, y cuando estaba, casi siempre era a través de decisiones sobre C, que afectaban a C, siempre hablando de ella, pero ella no participaba del proceso, ella nunca decidía, simplemente esperaba ‘tranquilamente’ su veredicto (la mayoría de veces sin saber que se estaba juzgando un posible veredicto que le podía afectar). O sea, A y B hablaban de C, pero nunca hablaban con C.

Paralelamente a estar dándome cuenta de todo esto, yo estaba en una situación relacional donde constantemente sentía que todo me venía definido desde fuera y nunca podía escoger nada, ni opinar, ni tener voz, ni decidir, ni entender, ni consentir… Como también constantemente se borraban o menospreciaban sus emociones, necesidades o deseos. Era extremadamente doloroso, pero me costaba entender el porqué de mi dolor, ya que era una situación muy normalizada en todos los sitios (o sea, no sólo normalizada para mí, sino que las normas sociales así me lo hacían sentir). Por tanto, sentir dolor en una situación como aquella podía verse incluso como un acto de egoísmo en vez de una reacción por una situación de exclusión o injusticia. Me sentía culpable para sentirme mal, y con poco derecho a pedir nada.

Finalmente uní las dos cosas: lo que estaba viendo sobre las C y mi situación relacional. Además, se juntó en un momento en el que estaba leyendo mucho sobre relaciones jerárquicas poliamorosas y las consecuencias de éstas jerarquías y sin poderlo evitar mucho ni entender el porqué me ponía a llorar. Poco a poco extendí toda aquella información sobre jerarquías en el poliamor a otros tipos de relaciones (también en la monogamia o en el poliamor no jerárquico o cualquier sistema relacional), y finalmente un día me empezaron a salir palabras, como objetificación, violencia, o desempoderamiento. Una vez encontradas las palabras y poderlo señalar, pude empezar a romper un poco más con el sentimiento de culpa y empoderamiento delante de las situaciones que estaba viviendo en mi vida.

Desde entonces llevo desahogándome sobre este tema por las redes sociales, en mi vida personal y en algunos talleres. La primera vez que utilicé la metáfora de las C lo hice para desahogarme en un momento bajo. No sabía que otras personas lo acabarían utilizando también, y la verdad es que me encontré que a muches les resonaba mucho la historia y empezaron a utilizar esta metáfora. También a la vez que ha llevado a algunas confusiones y a definir o interpretar lo que son las ‘C’ de una manera que no es la que yo pretendía. Llevaba tiempo queriéndolo explicar un poco ‘mejor’, y este es el motivo de la charla.

Tampoco quiero ir solamente de víctima en todo esto, claro, ya que aunque yo me di cuenta de todo esto debido a que me atravesaba como C, no quita que yo no haya podido aplicar este tipo  de violencia hacia otras personas. Tenemos que entender que a todes nos han educado para tratarnos mal entre nosotres: objetificarnos, dominarnos, consumirnos o apropiarnos les nues de les otres, y por tanto es una cosa en la que casi todes hemos caído. Ahora bien, intentaré hablar desde la posición de C, porque es como siento que tengo que mostrar todo esto, sin que esto quiera decir que yo no haya podido hacerlo a otres.

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encuentros sobre anarquía relacional – segundo encuentro el 14 de abril

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

El día 14 de Abril haré el taller de ‘deconstruir contextos para construir relaciones‘, el segundo taller que dinamizaré dentro del ciclo que organiza  Veusambveu titulado ‘Trobades sobre anarquisme relacional’. Si os interesara y os fuera bien asistir os tendríais que inscribir en el correo electrónico de  veusambveu.editorial@gmail.com  ya que hay un límite de plazas de 20 personas. El lugar donde se realizará el taller es C/ Picalquers, 2, Barcelona. No hace falta haber asistido al primer encuentro para inscribirse, aunque se dará preferencia a quien ya haya venido al primero.

Aquí tenéis el evento de facebook donde también se anuncia el último encuentro, un espacio de debate el día 5 de Mayo por la tarde. Más info en: https://www.facebook.com/events/171593670142565/

 

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pensamiento monógamo más allá de las parejas (o porque detesto realmente la monogamia)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: monogamia/pensamiento monógamo, jerarquías, relaciones jerárquicas, violencia monógama, violencia simbólica

Este artículo lo escribí como resumen (muy resumido) de la charla ‘Memorias de una C‘ que hice el pasado Noviembre y repetí en las 3as Jornadas de Amors Plurals y se publicó en el número 449 de la Directa. Podéis ver el artículo original en catalán aquí.

 

A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a tomar decisiones sobre su relación, pero estas decisiones afectan también la relación entre B y C. No obstante, C no es informada en ningún momento. En grupos de debate opinan: sobre A, sobre B, pero nadie se pregunta qué siente o qué necesita C. Finalmente hay una sentencia final y es posible que se informe a C del veredicto donde a lo mejor podrá decir si lo acepta o lo rechaza (sin más matices). Esta situación se suele dar por un “conflicto” que surge entre A y B debido a la existencia de C, pero a veces también pasa en situaciones donde la borran.

Me empecé a preocupar por las C (y por el resto de letras que van detrás) cuando me fijé que en grupos de debate se ponían ejemplos sobre conflictos entre A, B y C (utilizando letras para mantener el anonimato), y C aparecía en el primer párrafo, como “problema”, como “objeto”, pero no como “sujeto”: se opinaba sobre cosas que afectaban a C pero nadie se preguntaba cómo se sentía o qué quería C. se hablaba de C, pero no con C. A la vez yo estaba en una situación relacional donde sentía que todo me venía definido desde fuera y nunca podía tener voz, decidir, ni entender… y también se borraban o se menospreciaban mis emociones o necesidades.

 

El pensamiento monógamo más allá de la pareja

Las normas que impone el pensamiento monógamo a las relaciones románticas y sexuales afectan de rebote a todo el resto de relaciones: nos dice como nos tenemos que relacionar según cada uno de los estatus relacionales (pareja, amistad, etc) y coloca a cada estatus en unas posiciones diferentes, creando jerarquías. Este pensamiento genera una demanda de exclusividad a la pareja no sólo sexual: abarca casi todos los aspectos de la vida, como la cantidad de tiempo que se pasa juntas, el tipo de actividades que no pueden dedicarse a otras personas (como las vacaciones o la crianza), o el reconocimiento de la relación. El reconocimiento es lo que nos ayuda a valorar cada una de las relaciones que tenemos y a “reconocer” su existencia (sin reconocimiento todo lo que nos aporta se borra con mucha facilidad y no se reconoce la posibilidad de tener compromisos, como tampoco de cuidados), y suele ser sólo hacia las relaciones de pareja.

Aún toda la violencia que puede haber en una relación de pareja, existe un privilegio social hacia este tipo de relación. A través de las demandas de exclusividades, especialmente la de reconocimiento, se genera una jerarquía entre relaciones que permite que se puedan crear “normas” que se imponen desde la relación de pareja hacia las “otras” relaciones, que acaban siendo dominadas por las parejas sin que las personas que forman parte de estas “otras” relaciones puedan tener voz sobre su propia relación. Se tiene que matizar que jerarquía e importancia o prioridad no son lo mismo: tener diferentes relaciones de diferentes grados de importancia o que se prioricen unas sobre otras no quiere decir que sean jerárquicas, ya que se pueden tener relaciones de diferente importancia y prioridad, o compartiendo cosas totalmente diferentes, sin necesidad de quitar voz a aquellas personas en las cosas que le afectan.

Este pensamiento también borra relaciones, emociones o violencias. Hace que cuando digamos “relación” siempre se piense en “relación de pareja”, que cuando digamos “sentimientos” por defecto se piense en los “románticos”, o también que cuando hablemos de violencias como la “de género” o el “maltrato” se piense normalmente sólo en violencia en las parejas, escondiendo todas las de fuera de la pareja. También se suelen comprender mucho más todas las emociones que provengan de la pareja que las de otra relación, como por ejemplo los celos (a las personas de fuera de la relación de pareja muchas veces se les niega la importancia de lo que sienten por el simple hecho de no reconocerlas, haciendo de esta manera que no se les acompañe emocionalmente o se les niegue poderlas expresar).

Este pensamiento se puede reproducir también cuando llamamos a nuestras relaciones como “sexoafectiva”, “compañera”, o no etiquetándola; también se puede jerarquizar unas relaciones respecto otras cuando son más románticas o se comparte sexo, ya que estos factores pueden subir la escalera de la jerarquía; o bien se puede reproducir cuando la configuración es parecida a la de una pareja con más de dos personas, o en las no-monogamias donde existe una relación de pareja “principal” o desde las “parejas” hacia el resto de relaciones. No obstante, también se pueden construir relaciones jerárquicas respecto otras por otros motivos que no sean los románticos y/o sexuales.

 

Violencia monógama

La violencia monógama se expresa de diferentes formas según el tipo de relación: hay un tipo que se reproduce en la relación de pareja, pero hay otro que se reproduce en las demás relaciones y que se basa en el borrado. Un ejemplo es que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como la “otra”, o la “amante” (conceptos que marcan una “alteridad”), o se les recuerde que “sólo” son amistades (colocándolas en una posición inferior). Violencia es que intenten demostrar que no eres “nadie” porque no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación, o que no se te escuche cuando expresas algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona siempre, sean cuales sean, y sea cuál sea el contexto.

Quien suele ser más sensible a padecer esta violencia son aquellas personas que son atravesadas por otras estructuras (como el machismo, el heterosexismo, el racismo, el clasismo, el capacitismo, etc). Me preocupa el riesgo de que personas con muchos privilegios se apropien de este discurso para victimizarse y decir que están muy oprimidos. Las que normalmente quedan más marginadas en las relaciones son personas que las atraviesan otras estructuras. Además, las personas con muchos privilegios, podrían, en algunos casos, beneficiarse, debido a que relaciones con poca implicación les supondría por su parte no tener que sacrificar ningunos de sus privilegios para mantener sus relaciones (dedicar tiempo, atenciones, compromisos o cuidados).

 

Romper con el pensamiento monógamo

El consumismo relacional nos pone a muchas en situaciones muy vulnerables. La pareja parece el único sitio donde encontrar resguardo en una sociedad patriarcal, capitalista y agresiva, especialmente a quien nos atraviesa la violencia estructural. A menudo se hace este apunte, pero se olvida de señalar la falta de cuidados fuera de la pareja (o de cierto tipo de relaciones y las jerarquías) como también uno de los problemas principales, dejando abierta la puerta a seguir reproduciendo siempre lo mismo para centrarnos en la pareja como la “salvación” a todos los males.

Llevo tiempo criticando (mucho) la monogamia. La detesto. Pero casi siempre que la critico siento una reacción muy fuerte de otras personas suponiendo que lo que critico es la falta de liberación sexual de las que se identifican como monógamas; no es esta mi principal intención, ya que supondría mucha insensibilidad para no querer entender las limitaciones que nos encontramos muchas personas en un proceso como es cualquier “liberación”. A mí lo que más me preocupa es la base de cómo nos relacionamos, las jerarquías, la dominación y abuso de poder. Me duele el proceso en el que se nos quita voz tan a menudo a tantas personas, especialmente las que ya padecen vulnerabilidades. Las C, y todas las letras que van detrás, se han convertido en mi principal obsesión.

Romper con la monogamia no tendría “sólo” que implicar romper con el pensamiento que no nos permite tener más “parejas” o poder tener más sexos con otras; tampoco tendría “sólo” que implicar aprender a hacer esto sin maltratarnos entre parejas o amantes sexuales. Para mí, romper con la monogamia, es ir a su raíz: es romper con esta constante jerarquía, la objetificación que borra relaciones, sus cuidados, compromisos, así como sus violencias y maltratos. Es decir, romper con la monogamia, para mí, es aprender a ser más conscientes de las “otras”: de todas las personas con las que nos relacionamos, y también con aquellas que se relacionan con nuestras relaciones. Todas tenemos que ser merecedoras de ser reconocidas, así como también de afecto, de cuidados y de poder “ser”.

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instrumentalización de los márgenes: historias y emociones desde dentro del mundo del activismo

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: abuso de poder instrumentalización de discursos críticos, ejercicio de poder, manipulación, técnicas de dominación, falta de cuidados.

 

El mundo del activismo es donde he conseguido encontrar cierto confort, mi red afectiva, personas que construyen relaciones de forma políticamente más consciente (o que al menos quieren hablarlo y tratarlo); es donde he encontrado mis espacios seguros, las burbujas de supervivencia. Ahora bien, el mundo del activismo también puede llegar a ser un espacio múltiple donde la hipocresía y la violencia se disfracen constantemente de discursos críticos: personas criticando la competitividad llevando a otres a situaciones altamente competitivas y utilizando técnicas de dominación para excluir y borrar, mientras nos llenamos la boca hablando de inclusividad y violencia simbólica. Y no estoy hablando de los hombres machistas en espacios de militancia (esto también lo he padecido): estoy hablando de otras identidades y de otro tipo de representaciones en nuestros feminismos y entornos críticos sobre relaciones  (espacios extendidos también a las redes).

De cara a la galería todo son sonrisas y discursos que quedan y suenan muy bien, pero que se vacían constantemente con el hacer del día a día. Y, finalmente, la objetificación total de una nueva identidad: les fans (tranquiles, esto lo esconderemos diciendo que en espacios críticos no existen estas figuras, que esto va de ser todes horizontales y así no tenemos por qué responsabilizarnos de la idea de que nuestro poder lo consigamos a costa de la fuerza múltiple de estas identidades a las que muchas veces utilizamos, explotamos y objetificamos).

Necesito desahogarme. Pero a la vez también necesito olvidarme de todo esto y dejar atrás estas emociones que me despierta el mundo del activismo. He estado los últimos meses planteándome seriamente dejarlo, totalmente, borrarlo todo, desaparecer y (re)hacer mi vida al margen de todo este mundo que en algunos casos (no siempre) pretende hacernos creer que se preocupa por los márgenes cuando en realidad muy a menudo lo que hace es instrumentalizarlos. Y, aunque dejarlo hubiese sido también una decisión acertada (el auto-cuidado es importante), finalmente he decidido quedarme (otra decisión igual de acertada). Y además, por otro lado, también necesito responsabilizarme, obviamente, porque de nada sirve señalar y hacer creer que todes somos libres de esta farsa.

Sentir hostilidad, invisibilización y borrado, y otras técnicas de manipulación como ghostings, luz de gas, ninguneo… la manipulación, el poder y las técnicas de dominación están en el orden del día en nuestros entornos mientras a la vez no paramos de hablar y criticas las jerarquías, la competitividad, o el consumismo relacional. Es muy difícil convivir con estos mecanismos ya que son muy difíciles de señalar, solamente se sienten, atraviesan, se hacen invisibiles y hablar de ellos se hace muy difícil. Personas, que aunque formen parte de un discurso contra-poder, ejercen (¿y ejercemos?) poder y generan (¿y generamos?) clubs exclusivos donde solamente se aceptan persona que, o bien tienen ‘más’ poder y pueden ayudar a ‘flotar’ más, o bien son personas que se sitúan ‘por debajo’ y ayudan a sustentar a le otre a mantener una posición de poder. Clubs exclusivos donde, quien no juega al juego es expulsade (utilizando, evidentemente, todas las técnicas a las que he hecho referencia anteriormente).

No quiero decir tampoco que el mundo del activismo sea exactamente como el ‘exterior’, el ‘normal’ o exactamente igual que el ‘sistema’ y no se estén realmente construyendo (o intentando construir) alternativas contra-poder: de hecho en este mundo he encontrado muchas personas críticas, espacios de seguridad, he podido respirar de toda la violencia que he vivido fuera de estos entornos, he podido empoderarme de una relación de maltrato y es donde he conocido aquellas personas con las que tengo ahora mismo un vínculo más cercano y a la vez con una sensibilidad política. Pero todo esto no quita que en estos espacios se reproduzcan también mecanismos de ejercicio de poder sobre otres, una reproducción que muchas veces arrastra a muches más. El problema es que esta ‘reproducción’ va disfrazada con un discurso que se hace pasar por revolucionario para apropiarse de espacios críticos.

No obstante, he decidido quedarme: el activismo se ha vuelto un eje principal en mi vida, me ha ayudado a relacionarme de una forma más sensible, más crítica, y autocrítica. No quiero dejarlo, pero tampoco quiero seguir que todo este juego me ahogue. Seguramente algunes pensarán que lo que se tiene que hacer es luchar contra todo esto que está pasando dentro de nuestros círculos, y razón no les falta. Pero también tenemos que medir capacidades, fuerzas, tiempo y energía: tenemos que seguir moviéndonos en el día a día, sobreviviendo en un mundo lleno de violencia, y a muches no nos quedan fuerzas para abrir tantos frentes, con todo el riesgo de vulnerabilizarnos más justo en un entorno donde nuestras vulnerabilidades son menos y son más sostenidas. Es por este motivo que he decidido tomar un cierto tipo de posición que por un lado me permita seguir teniendo energía para poder seguir haciendo activismo que a mi me gusta y me motiva y por otro lado mantener un equilibrio del auto-cuidado y la responsabilidad compartida y colectiva. Esto sí, manteniendo especialmente la auto-crítica y evitando las trampas. Es por este motivo que también siento la necesidad de alejarme emocionalmente de ciertas actitudes y a la vez acercarme un poco más a quien dejamos casi siempre en los márgenes.

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