experiencia sobre el proceso y gestión de la visibilización de una relación de maltrato

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso de contenido: denuncia, maltrato, invisibilización, machismo, sexismo, poder

Este texto forma parte de un conjunto de textos en los que quiero reflexionar y abrir un proceso de auto-crítica sobre gestión de discursos y espacios. El primero está aquí.

Hace unos meses decidí compartir públicamente a través de Facebook una relación de maltrato que viví por parte de una persona vinculada en los movimientos sociales de Barcelona. En ese texto compartí mi vivencia y el nombre de la persona en cuestión ya que mi intención era, por un lado, mostrar lo que esta persona había escondido sistemáticamente (una técnica contrapoder), y a la vez también quería avisar a personas que pudieran estar en la misma situación y, por tanto, pudieran estar en cierto “peligro” (de hecho esta segunda parte era la que más me preocupaba).

Este texto no es para remover más aquella historia ni hacer ninguna denuncia más. La escritura de este texto viene motivada por la voluntad de hacer por mi parte un cierre (mental) y para compartir la experiencia del proceso y de la gestión. Esta reflexión pretende estar enmarcada en un conjunto de textos donde quiero crear un espacio de autocrítica sobre la gestión del espacio que hacemos. Estas gestiones acaban, queramos o no, afectando mucho la vida de las personas y, por tanto, creo que es importante hablar de ello aunque algunas veces parezca un tema tabú.

Antes de escribir esa “denuncia” pública en Facebook (no me gusta pensar en ello en clave de denuncia, sino más bien de visibilización), me pasé meses pensando en cómo hacerlo o qué hacer. Sé que soy una rallada de la vida (pero muy rallada de la vida) y muchas veces lo que hago es quedarme en bucle intentando encontrar la mejor manera de gestionar algo. Tenía miedo de caer en un proceso de demandas de vetos o exclusiones en las que yo tampoco creía (al menos en ese caso) o bien en caer en la venganza o en el castigo (en lo que tampoco creía).

Uno de los problemas que me encontraba, además, era que la especificidad de mi caso implicaba no haber podido participar ni estar en muchos espacios debido a la propia relación, espacios donde esta persona sí que estaba o donde podrían haber personas que le conocieran o cercanas a él. Finalmente lo que acabé haciendo fue evitar  todo un barrio entero e incluso marchando de éste (ya que vivía en él). Tampoco sé hasta qué punto hubiéramos tenido espacios tan comunes, por algunas diferencias ideológicas; ahora, desde la calma de haber superado todo aquello, veo que es probable que no hubiéramos tenido tantos espacios en común. Aún así, el no conocimiento y el miedo a sentirme como ya me sentía en el único espacio que compartíamos (el trabajo), acabé esquivando todo el resto con mucha angustia. Debido a esto todos mis conflictos y debates internos que tenía se sumaban a algunos más: ¿qué derecho tenía yo en pedir nada a espacios donde yo no participo? ¿Es, no obstante, justo que haya espacios donde no participo precisamente debido a esta relación? ¿Hasta qué punto se entendería realmente que no hubiera participado si no tenemos en cuenta casi nunca en estos espacios el neurocapacitismo, las técnicas de dominación, entre muchas otras cosas? ¿Qué podía realmente hacer?

Sí que se me pasaron por la cabeza cosas que sentía que necesitaba pedir, cosas muy básicas que tenían que ver con su ocupación del espacio (sobre todo virtual) en temas sobre feminismo, violencia de género o cosas relacionadas con violencias machistas; pero en ningún momento (y era uno de los miedos que tenía) quería pedir que se le hiciera fuera de espacios, ni que perdiera ningún reconocimiento por su trabajo, ni que perdiera nada relacionado con su trabajo ni entorno. Con esto no estoy diciendo que pedir ciertos vetos no pueda ser necesario en otros casos, para mí es contextual y en mi caso no lo sentía oportuno.

Finalmente decidí solamente explicarlo, sin darle más vueltas ni pedir nada. Quería simplemente hacer un proceso de visibilización para compensar toda la invisibilización que padecí y para que las personas que se relacionaran con él supieran parte de su comportamiento relacional, especialmente con mujeres (al menos que pudieran estar prevenidas y pudieran escoger cómo se compartía espacio y discurso con él). Pensé que solamente explicándolo las personas que les preocupara mínimamente este tipo de temas lo tendrían en cuenta como elles creyeran que lo tenían que tener en cuenta, según sus propias referencias y de los espacios que frecuentaban. Además, decidí hacerlo a través de Facebook porque parecía más simple y para no tener que entrar en protocolos típicos de denuncia y demandas. El post era público y todes podían acceder a él, se podía compartir fácilmente y leer.

También decidí no enviar directamente la información a ninguno de los grupos donde él participaba, ni tampoco enviarlo directamente a personas que formaban parte de estos grupos (aunque a bastantes de elles les tengo como contactos directos). El motivo fue, siguiendo en la línea de lo que ya comentaba anteriormente, que no pretendía pedir nada concreto y tenía cierto miedo a que se me cuestionara, se me ridiculizara o se me menospreciara debido a esta falta de demanda.

Durante un par de días estuve recibiendo bastantes muestras de apoyo de personas que yo conocía, personas a quien agradezco mucho el apoyo emocional, especialmente les que vivieron conmigo todo el proceso. Por otro lado, sí que hablé de esta cuestión con un grupo donde él participaba, aunque el proceso fue más bien protocolario: tenía las puertas abiertas para pedir cosas siempre que fuera yo la que me acercara (yo me acerqué a través de una persona que conozco que me dijo que estaban dispuestes a escucharme). Me puse en contacto solamente para darles información que creía que era importante que tuvieran, por el mismo motivo que expliqué mi historia, sobre todo para avisar a otras mujeres que pudieran estar en una situación similar y para que su entorno supiera la historia, mi historia.

Mi interacción con este grupo fue corta y me dijeron que tomarían unas medidas que yo no pedí pero que elles consideraban necesarias. Meses después me he dado cuenta de forma indirecta que esas medidas en realidad no se llevaron a cabo y que el grupo no se enteró de ninguna parte de lo que yo había explicado. Tampoco quise acercarme más porque, como ya he comentado, yo no formaba parte de estos grupos y, sinceramente, yo tampoco sabía qué relación tenían las personas con las que yo estaba hablando con la persona que me había maltratado durante siete años. Ante eso preferí seguir con mi vida, lejos de ese barrio y de estos entornos. Curarme implicaba cuidarme, que implicaba a la vez alejarme de todo eso.

Sé que leyeron lo que escribí muchas personas que comparten con él espacios de muchos tipos. Lo sé más que nada porque otras personas me lo comentaron (no porque crea que por el simple hecho de poner algo en Facebook todes lo tienen que haber leído). No obstante, sé que estas personas decidieron mirar hacia otro lado y hacer como si no hubiera pasado nada. Puedo entender este tipo de reacción, y podría ser debida a varios motivos: a no creer necesario compartirlo debido a que no hay una exigencia ni demanda explícita de nada que parezca destacable, a tener miedo a que la cosa acabe complicando mucho al grupo al que perteneces debido a las demandas que podrían salir (igual que antes), o bien debido a como nos dejamos llevar por el corriente del momento (o sea por los flujos de poder que también se dan, mucho, en nuestros espacios). También puede ser que les importe bastante poco. Además casi siempre se espera que seas tú la que te acerques y pidas cosas, como si estar afectada o traumatizada te permitiera la mayoría de las veces tener la capacidad de hacerlo, especialmente cuando no conoces las relaciones que se dan entre elles.

Mirando con retrospectiva, aunque tengo ciertas críticas sobre cómo gestionamos este tipo de cosas, yo, por mi parte, me siento muy bien con todo lo que hice y como lo hice. No me arrepiento de nada. Después del tiempo que ha pasado y ver cómo me siento reo que hice lo que tenía que hacer. Me siento bien y en calma. ¿El resultado? Prefiero no pensar mucho en ello, ahora mismo me da igual, aunque admito sentir bastante decepción. He compartido mi experiencia para poder, por un lado, cerrar esta historia por mi parte, pero por otro lado, que pueda servir también de reflexión sobre la gestión, que creo que tenemos que hacer en muchos aspectos. Me gustaría estirar algunos hilos de esta reflexión, sobre todo el cómo nos acercamos a las víctimas (si es que lo hacemos), cuándo y por qué, sobre por qué las gestiones acaban suponiendo a veces efectos totalmente contrarios a los de esta experiencia, qué queremos, qué no queremos, y si los flujos de poder acaban o no influyendo en como gestionamos todo en conjunto (flujos de poder que a veces contradicen los privilegios/opresiones que se quieren tener en cuenta en la denuncia). Yo sé que si me hubiera puesto pesada, hubiera empezado a exigir demandas y hubiera buscado aliadas en algunos grupos feministas, hubiera conseguido ciertas cosas. Pero cosas que tampoco necesitaba y con las que no me sentía cómoda. Ahora bien, considero que pasar de este extremo a que ni tan siquiera se quiera compartir la información, mirar hacia otro lado e ignorar todo lo que esta persona ha hecho y cómo me haya podido afectar a mí, es algo que, desde mi punto de vista, hace que sienta que se tenga que reflexionar y poner en cuestión muy buena parte de nuestros discursos.

Share

alcohol y otras drogas como forma de sobrevivir al neurocapacitismo

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

 

Aviso de contenido: alcohol, drogas, adicción, neurocapacitismo, misautismia, dolor, aceptación social, rechazo, miedo a la pérdida de relaciones, mención de síndrome de abstinencia

 

Lo que relato en este texto es mi experiencia persona y no implica ni significa que todas las personas atravesadas por el neurocapacitismo hayan vivido lo mismo. De hecho hay experiencias muy distintas y todas las experiencias son merecedoras de ser tenidas en cuenta. También, obviamente, dependerán del neurotipo. Esto no quita que la vivencia sea en muy buena parte estructural, y es que cada une vivimos las estructuras de forma diferente según muchos otros factores de nuestras vidas.

 

La adolescencia para mí (igual que para muches) fue una época de total y absoluto desbarajuste emocional, sobre todo en cuanto a cómo vivía toda la información que me llegaba de lo que me rodeaba y de las relaciones. Ahora entiendo muchas más cosas de mí, especialmente gracias al feminismo y al activismo de muchas personas neurodivergentes que me ha ayudado a entenderme fuera de la neurotipicidad. Entiendo y sé que la adolescencia para todes suele ser un gran desastre, pero cuando te atraviesan ciertas estructuras puede llegar a hacerse uno aún más grande. Debido a las exigencias sociales, a que aprendí sobre mí misma y sobre mi funcionamiento a través de parámetros que realmente no me representaban ya que yo no funcionaba como lo que era estipulado como “normal” y, por tanto, debido al hecho de no haber tenido tiempo al autoconocimiento, al hecho de que mi cabeza sentía diferente, procesaba diferente y vivía todo lo que le llegaba de forma diferente, el neurocapacitismo afectó buena parte de mi vida. En mi caso las relaciones sociales y la vivencia con mi cuerpo, con mi cabeza y las emociones se hicieron bastante insoportables. Solamente sentía dolor y una necesidad muy grande de taparlo. Empecé a consumir drogas y alcohol rodeada de esa ansia, y rápidamente empecé a tener problemas de abuso de estas sustancias (especialmente alcohol) y una adicción bastante elevada.

Mis idas y venidas con todas mis adicciones han sido complicadas estando mezcladas muchas veces con episodios muy complejos de mi vida: he tenido periodos donde he dejado completamente todo tipo de sustancia adictiva (también azúcares, tés y cafés), y otros momentos donde he consumido hasta puntos extremadamente preocupantes y donde soy consciente que casi me ha ido la vida en ello. Toda mi problemática, obviamente, se mezclaba con la gran normalización que hay en el consumo de alcohol y de otras drogas (pero sobre todo alcohol) en muchos tipos de espacios, como los espacios de fiesta, también en celebraciones o en el día a día. No obstante, no quiero desviarme de mi problema ya que todo lo que a mí me ha pasado en relación con las drogas ha ido más allá de una problemática del consumo en espacios donde está socialmente aceptado: he ido bebida al instituto, he consumido drogas consideradas más “duras” entre semana para ir a clase a la universidad, he bebido para poder salir a la calle a caminar e interaccionar “normalmente” con gente, etc.

Poco a poco, y sobre todo, como he comentado al principio, gracias a leer y escuchar a activistas neurodivergentes, me he dado cuenta de cuáles han sido las causas de mi problema con el consumo de ciertos tipos de sustancias. Las causas están muy relacionadas con el neurocapacitismo que he padecido desde siempre y que ahora he conseguido ponerle nombre. Como comentaba al inicio del texto, desde adolescente todas las interacciones con mi entorno me suponían un dolor constante, no solamente psicológico, sino también emocional y físico. Ahora he entendido que este dolor era provocado por no entender (o no aceptar) que mi funcionamiento era diferente, obligarme a interaccionar y relacionarme como se ha estipulado socialmente que se tiene que hacer, y no aceptar mis diferencias y sensibilidades sensoriales. No era capaz de quitarme este dolor de ninguna manera y había drogas que al producirme cierto placer tenían la capacidad de quitarme este dolor, aunque fuera para calmarme temporalmente. No quiero, no obstante, que todo recaiga en una cuestión de auto-aceptación, como si yo fuera la única responsable de ese proceso, ya que esta no aceptación provenía de una no aceptación social y que yo aprendí de mi “exterior”.

A parte del dolor, me he dado cuenta de que tengo cierta ansiedad social que muchas veces no me permitía soportar el día a día, especialmente la relación constante (y sin medida según como me sentía) con compañeres y amigues y en eventos sociales. Ahora mismo en estas situaciones cuando me angustio o tengo ansiedad suelo irme del lugar donde estoy para poderlo gestionar (a veces con frustración porque me gustaría poder estar allí y con el miedo a perder relaciones en el camino de tener que irme de los sitios). También, para prevenir estas situaciones de ansiedad, suelo organizar mi agenda para poder tener momentos y días para mí y no socializar en exceso para ser capaz de poderlo hacer en otros momentos. No obstante, esto antes no lo conocía y además pensaba que no sería aceptada por les demás (no solamente lo pensaba, mi experiencia me lo demostraba), y muchas veces acababa utilizando el alcohol como ansiolítico para hacerme aguantar situaciones sociales que me producían ansiedad. También me he dado cuenta de que en encuentros sociales fumaba mucho más, no sólo por ansiedad social, sino también para esconder mis stims: o sea, cómo la mayoría de stims no son “aceptables” pero el acto de fumar sí, lo que hacía era sustituirlos y utilizaba el acto de fumar como stim escondido a ojos de las demás personas.

El alcohol también me ayudaba a parecer de cara a otras personas más neurotípica: o sea, más normal. He aprendido que esto es un tipo de camuflaje. Delante de mi desconocimiento sobre el tema lo que sentía es que el alcohol me ayudaba a “desinhibirme”, que es lo que se suele decir. Ahora, reflexionando bien muchas de las situaciones donde sentía la necesidad de beber, me he dado cuenta de que beber me ayudaba a enmascarar muchos de mis rasgos no neurotípicos para parecer más aceptable; en realidad en aquella época que no conocía mi no neurotipicidad, simplemente sentía que me convertía en una persona más “normal”. De esta manera sentía que podría conseguir actuar como se espera de toda persona, una cosa que a mí me costaba mucho ser capaz y pensaba que necesitaba trabajarme más. Hacerlo me costaba un sobreesfuerzo muy grande, esfuerzo que el alcohol suavizaba. Estos procesos se me juntaban con un miedo muy grande a ser excluida y a ser rechazada. Yo me esforzaba y me obligaba a encontrar maneras de no pasar más por aquellos procesos de rechazo y de exclusión, y el consumo de alcohol formaba parte de todo ese deseo de aceptación.

Todo esto, juntamente con tener una facilidad muy grande para engancharme a cualquier droga debido a mi funcionamiento (más bien de forma física, no me estoy refiriendo a adicción puramente psicológica o emocional), acababa por arrastrarme muchas veces a pozos de donde me costaba mucho salir. Tengo una dificultad muy elevada (comparada con otras personas) para dejar ciertas sustancias (también la cafeína, no todo es un problema con drogas menos aceptadas socialmente) y los síntomas de los síndromes de abstinencia que suelo tener son bastante fuertes. Con el tiempo he conseguido comprenderme, aceptarme y entender cómo gestionar situaciones de abstinencia, y cada vez conseguir salir de ella mejor. Pero esto lo he aprendido con el tiempo, como todo el resto.

Nunca he sabido donde situarme delante de los discursos pro-drogas o anti-drogas. A mí las drogas, aparte de todo lo que he explicado, me han aportado cosas muy buenas, así como otras de desastrosas. Creo en el consumo de estas sustancias para el uso que cada persona le pueda encontrar siempre que intente (como con todo) compartir los espacios de forma responsable (tema complejo a tratar, ya lo sé). Por otro lado, simpatizo  con una parte del discurso anti-drogas, especialmente por cómo gestionamos nuestros espacios, tanto de fiesta como de no fiesta, y el consumo acrítico, sin ningún tipo de reflexión sobre cómo influyen con nuestro entorno y la obligatoriedad que imponen estos espacios a consumirlas sin muchas alternativas. No obstante, los dos discursos caen muchas veces en el neurocapacitismo (igual que muchos discursos sobre el consumo de medicamentos, sean o no drogas), especialmente el discurso anti-drogas. Por esto necesitaba compartir mi experiencia. No nos sirve de nada hacer críticas hacia el consumo de drogas que estén obviando una parte de las personas que tenemos tantas dificultades para movernos por cualquier espacio haciéndonos sentir muchas veces culpables de nuestro propio consumo. Ciertamente la respuesta a los problema que tenemos muches que nos atraviesa el neurocapacitismo no tendrían por qué pasar por las drogas. Seguramente no. Pero no nos sirve de nada criticar el consumo de drogas para tapar nuestros problemas con todas estas vivencias si no generamos primero unos espacios y relaciones menos neurocapacitistas. Y con esto último todavía nos queda muchísimo trabajo por hacer.

Share

privilegios y ocupaciones de espacio: más allá del hombre y de la pareja

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

 

Aviso de contenido: privilegios, estructuras de poder, ocupación del espacio, invisibilización, mención de machismo, parejocentrismo, amatonormatividad, monogamia, cisexismo, racismo, gordofobia, capacitismo, neurocapacitismo, sexo

 

Desde hace tiempo que en muchos textos suelo hablar de relaciones de forma general para incluir todo tipo de relaciones (no solamente las de pareja, románticas y/o sexuales, sino de todo tipo) para mostrar, no sólo la importancia que tienen otras relaciones que no son las de pareja, sino también para hablar de cómo se suelen tratar y menospreciar estas relaciones. Además, también en muchos textos hablo de forma general de “privilegios” o “personas con privilegios” para hablar de personas privilegiadas por todas las estructuras de poder, no solamente para referirme a los hombres privilegiados por el sexismo o machismo. Muchas veces, incluso, para ejemplificarlo hablo de algunas estructuras más allá del machismo par que sea más “evidente” de que hay muchas más personas que nos beneficiamos de estructuras de poder.

No obstante, me he dado cuenta de que a menudo muchas personas cuando leen estos textos siguen interpretando “relación” como “relación de pareja” o “relación sexoafectiva” (por mucho que insista en que no es así) o bien cuando hablo de “privilegiados” suelen tender a considerar solamente a “hombres” o a sólo aplicarlo a hombres. De esto me he dado cuenta a partir de comentarios sobre estos textos o comentarios en actividades, talleres o charlas, y me ha sorprendido mucho. No obstante, teniendo en cuenta que casi siempre todos los discursos están muy centrado en el machismo y en las problemáticas de pareja, nos es muy difícil salir del papel de que las mujeres son siempre víctimas (y nunca pueden ser opresoras, que es una de las implicaciones de aceptar que hay otras estructuras de poder) o bien nos hacen creer, desde el privilegio de pareja o desde la mirada amatonormativa, que el parejo-centrismo no pueda ser también generador de violencias especialmente cuando estás dentro de una relación de pareja (o más de una).

Estoy bastante cansada de que en entornos no monógamos o poliamorosos, por ejemplo, se repita constantemente y se señale que los hombres ocupan mucho espacio y que no saben ni pueden cuidar (a mujeres, especialmente) mientras a la vez se ignora (o se quiere ignorar) la infinidad de personas con privilegios que dentro del poliamor ocupan mucho espacio respecto a les que no tienen esos privilegios y tampoco saben cuidar a aquelles que no los tienen: personas neurotípicas, personas blancas, personas cisgénero, personas heterosexuales, personas delgadas, personas guapas y/o carismáticas, personas sin discapacidades o sin diversidades funcionales, etc (yo también me incluyo en algunos de estos grupos). También incluiríamos, obviamente, a las parejas. Todos estos privilegios y la cantidad de espacio que ocupan y ocupamos las personas que los tenemos/tienen quedan totalmente escondidos. No quiero con esto negar la cantidad de privilegios que tienen los hombres ni el espacio que ocupan, sino que quiero señalar que aparte de los hombres hay muchas más personas que dentro de estas comunidades se benefician de muchos privilegios, así como que ocupan mucho espacio hasta el punto de que todos los discursos y temáticas siempre giran alrededor suyo.

Por ejemplo, ¿por qué todos los discursos sobre gestión emocional, sobre comunicación o sobre “energía de la nueva relación” (new relationship energy en inglés, o NRE) siempre giran alrededor de las necesidades de las personas neurotípicas y solamente alrededor de la pareja o del amor romántico y del sexo? ¿Por qué casi siempre se habla de relaciones entre hombres y mujeres cisgénero y de sus problemáticas? ¿Por qué cuando se habla de cuerpos y sexo siempre se habla en unos términos extremadamente cisexistas? ¿Por qué nunca se habla de la exclusión que viven las personas gordas, feas o poco carismáticas dentro del mundo relacional? ¿Por qué siempre somos casi todes muy blanques en todos los eventos sobre poliamor o no-monogamias? ¿Por qué?

En términos de ocupación del espacio y del discurso tenemos que mirar más allá y darnos cuenta de que hay mucho más privilegios que los masculinos, y que en algunos contextos incluso pueden pesar mucho más otros privilegios (no en todos, obviamente, depende del contexto). La ocupación del espacio no es solamente una cuestión física, de presencia y representación, es una cuestión de cómo se articulan los discursos, de cuáles son las problemáticas que siempre tocamos y cómo las enfocamos. Pero lo que no podemos hacer es pasarnos el día señalando unos privilegios (aquellos que ya están más aceptados que existen) mientras ignoramos todo el resto, especialmente porque entonces casi todes, por no decir todes, nos tendríamos que revisar. Y es que nos tenemos que revisar.

Share

taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones’ el domingo 16 de diciembre en Barcelona

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

 

El domingo día 16 de Diciembre repetiré el taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones‘. Se hará a las 17h (hasta las 21h) en Barcelona (lugar aún por confirmar). Por tal de construir un espacio más seguro el número de plazas es limitado. Todavía hay plazas. Si estás interesade envíame un correo a wuwei.activismedesorientat@gmail.com.

Más información en el evento de facebook: https://www.facebook.com/events/284898965552522/

Share

espacios que a veces no sentimos nuestros

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

 

Aviso de contenido: exclusión, monosexismo, bifobia, neurocapacitismo, mención de relación de maltrato, ridiculización, invisibilización

 

Últimamente estoy hablando mucho de exclusión. En realidad empecé a hablar de ello en “memorias de una C” y he ido continuando cuando hablaba de las relaciones como un “club de alto standing”. He hablado también de esto a través de mi propia vivencia explicando mi proceso de empoderamiento. Para poder cerrar un poco este ciclo donde hablo de exclusiones y vivencias me gustaría hablar de cuáles han sido algunas experiencias vividas estos últimos años relativas a la exclusión, pero en “nuestros” espacios críticos vinculados a los movimientos sociales. Pero quiero hablar de esto porque a partir de aquí también me gustaría empezar una serie de textos donde quiero hacer un poco de auto-crítica sobre cómo gestionamos y tratamos muchos aspectos desde estos espacios a través de la generación de nuestros discursos.

Antes de nada, quiero comentar que aunque quiero escribir algunos textos (donde se incluye este) para hacer autocrítica sobre nuestros espacios, no quiero menospreciar todo el trabajo que hacen les compañeres desde estos espacios, todo lo contrario. Creo que es muy importante el trabajo que hacen muches de elles, especialmente desde el anonimato y desde la colectividad y se tiene que reconocer. La crítica no es para invisibilizar todo esto, al contrario, sino que creo que es tan importante todo lo que se hace que por eso es importante también revisarnos (sobre todo desde el cuidado y el respeto) y escucharnos.

También me gustaría empezar comentando que, aunque en este texto estoy hablando de mi experiencia como “excluida”, no quiere decir que mi posición haya sido siempre de “víctima”, sino que entiendo que yo también he estado en otras posiciones donde se ha excluido a otras personas. Aquí creo que poques nos “salvamos”, aunque, como pasa siempre, hay personas que a veces suelen estar más en uno de los dos lados. Por tanto, aunque hablo desde la exclusión, no me considero una persona “totalmente” excluida y a la vez también me considero parte del problema “que excluye”. No obstante, para poder dar voz al proceso de exclusión y sus motivaciones e implicaciones, en este texto hablaré como excluida.

Durante tiempo me he visto excluida de espacios a los que quería pertenecer. No he sido excluida directamente mientras me señalaban con un dedo y me decían que no podría estar allí (sea “allí” en este caso espacios de los movimientos sociales mínimamente críticos/feministas/liberados/de militancia/activistas a los que había podido considerar la idea de pertenecer). Por tanto, el tipo de exclusión que yo he vivido es diferente a la del veto. He sido excluida a través de técnicas indirectas, algunas de ellas a través de unas estructuras, otras a través directamente del maltrato y de las técnicas de invisibilización, ridiculización y el miedo generado debido a todos estos procesos.

Puedo dividir los procesos de exclusión que he vivido en estos espacios en tres tipos (aunque es mucho más complejo que esto pero siempre es útil simplificar cuando se intenta explicar una cosa como ésta). El primer proceso ha sido debido a ser bisexual/plurisexual y hacer visiblemente activismo bisexual y contra el monosexismo (una cosa inconscientemente no muy bien vista en ciertos sectores del feminismo, así como del activismo LGBTI+). El segundo proceso ha sido por ser neurodivergente debido al neurocapacitismo de este tipo de espacios (en este caso incluyo casi todos los espacios). Y el tercer proceso ha sido una relación de maltrato y la invisibilización y ridiculización constantes que ha comportado este tipo de relación (que ha afectado especialmente espacios más vinculados al barrio donde yo vivía y espacios abiertos como manifestaciones, por ejemplo).

No quiero entrar a explicar en detalle el motivo por el cual hablar sobre monosexismo ha hecho que se me excluyera de espacios. Las personas que padecen también el monosexismo y se han intentado identificar con alguna plurisexualidad o con la bisexualidad en algunos ambientes feministas o LGBTI+ saben a qué me refiero y tampoco quiero que esto ocupe mucho espacio en este texto. Básicamente este hecho no me ha hecho sentir muy cómoda en muchos de estos espacios: las (malas) miradas, la hostilidad, la invisibilización de mis comentarios, etc, me han hecho sentir poco bienvenida, tanto en espacios físicos como virtuales.

En segundo lugar, la exclusión por el hecho de ser neurodivegente no es tan fuerte como la que he vivido fuera de estos espacios, en espacios “normales” donde las estructuras de poder no viven de ninguna crítica. De hecho, es en estos espacios donde me ha sido más fácil encontrarme personas también atravesadas por el neurocapacitismo y por tanto he podido encontrar más fácil algunas interacciones. No obstante, el neurocapacitismo está todavía vivo dentro de nuestros espacios y muchas veces se ignora su existencia cuando se hablan de violencias estructurales, aunque sean espacios feministas o sensibles a las opresiones. Muchas veces, me he sentido ignorada, desplazada, incomprendida por mi forma de ser, de moverme, de expresarme, de funcionar, por ser introvertida también o bien por mis dificultades a la hora de comunicarme por cómo funcionan muchas dinámicas asamblearias y también relacionales. Esto ha hecho que acabara poco a poco, sin darme cuenta, dejando muchos espacios.

Finalmente, está la exclusión que viví debido a una relación de maltrato. Esta relación se basaba en la fuerte invisibilización y la ridiculización que yo sentía hacia mí y la relación delante de otras personas. Este hecho hizo que con el tiempo sintiera mucho miedo a encontrarme a esta persona juntamente con otras por cómo me pudiera tratar delante de toda esa gente, o simplemente encontrarme a personas que fueran cercanas a él o que le conociesen (ampliando de esta manera la cantidad de espacios a evitar). Esto hizo que, finalmente, muchos espacios vinculados a los movimientos sociales del barrio donde vivíamos les dos (y al que yo era relativamente “nueva”), o espacios donde yo podía ser vulnerable a su “mirada”, como manifestaciones, acabasen siendo espacios que yo evitaba. Al final poco a poco y sin darme cuenta acabé evitando todo el barrio por los constantes síntomas de estrés postraumático que me provocaba pasearme por allí, dejando finalmente de vivir en éste.

Cuando empecé a quitarme esa relación de encima (visiiblizarla y curarme) seguí limitándome el pasar por muchos de estos espacios, por una cuestión de cuidados hacia mí (me generaba aún mucha ansiedad). Durante mucho tiempo me he vetado a mí misma de muchos espacios. A la vez he estado deconstruyéndome y aceptándome como persona neurodivergente y todo lo que esto comporta, y he podido participar en espacios más sensibles a esta estructura (aunque en alguna ocasión se ha ejercido este tipo de violencia hacia otros tipos de expresiones neurodivergentes y yo es sido partícipe de esa violencia), como también sensibles al monosexismo.

Después de todos estos procesos y sintiéndome mucho más empoderada, estoy empezando a (re)apropiarme de espacios que creo que también son míos (o tendrían que poderlo ser), pero estoy intentando no precipitarme e ir pisando espacios poco a poco, sin agobiarme. Ahora mi preocupación es entender cuáles son esos procesos en los que yo también he participado en la exclusión de otras personas, que existen, tanto por las estructuras que atraviesan a otres y de las cuales yo tengo privilegios, como dejándose arrastrar por corrientes que se dan muchas veces en nuestros espacios, donde se han creado argumentos de autoridad incuestionables y que ponen en entredicho muchas de las filosofías “principales” de estos espacios.

Share

‘memorias de una C’ en Valencia el 24 de noviembre

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

 

El sábado día 24 de Noviembre estaré en la ciudad de Valencia para repetir por cuarta vez ‘memorias de una C’. La actividad la organiza Poliamor Valencia y para ir hace falta inscripción previa enviando un correo electrónico a poliamorvalencia+talleres@gmail.com. El horario será de 18h a 20h y el lugar es El Ventanal (C/ Fra Pere Vives, 13-15).

El precio de la actividad es, como siempre, gratuita con donativos/taquilla inversa.

Toda la información en el evento de Facebook: https://www.facebook.com/events/361103404667507/

Os dejo con la descripción del evento:

“A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a hacer gestiones y a tomar decisiones sobre su relación. Pero estas decisiones no solamente son sobre su relación, sino de rebote también sobre la relación entre B y C, y esta relación también se ve afectada. Finalmente C acaba sintiéndose desempoderada en su relación.

‘Memorias de una C’ es una charla que utiliza la letra C como metáfora sobre las relaciones excluidas, desempoderadas, marginadas, y en definitiva, las menos tenidas en cuenta cuando gestionamos emociones, cuando hablamos de relaciones, de no-monogamias, de poliamores; en definitiva, cuando hablamos de amores o de afectos. Se hablará de jerarquías en las relaciones, qué relación tienen estas jerarquías con la monogamia y cuáles son las consecuencias de estas jerarquías.

Las memorias de una C no son simples, son atravesadas por el consumismo relacional, la objetificación, la explotación, la alienación, la marginación, el desempoderamiento, y muchos otros factores que vivimos (y que ejercemos) día tras día todas las personas cuando nos relacionamos. Se hablará a través de la teoría, pero también, y sobre todo, a través de la experiencia y las emociones relatadas en un diario de una letra de la que otres hablan pero con la que casi nunca se habla.

Después de la charla se abrirá el debate con las asistentes.”

Share

relaciones horizontales también desde la duda y desde la dificultad para expresarnos

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

[imagen: dos brazos donde hay escrito en uno “indecise” y en el otro “confosa”]

 

Aviso de contenido: neurocapacitismo, obligatoriedad de saber lo que quieres, obligatoriedad de saber expresar, exclusión, jerarquías

 

Como ya he comentado en otros textos (como por ejemplo, en “el compromiso como acto revolucionario), la mayoría de las cosas que se comparten en una relación son cosas que no son (normalmente) escogidas entre las personas que la componen. Las cosas que se comparten y los pactos o compromisos no se suelen hablar, ni decidir ni tomar, sino que vienen dados por defecto a través de unas normas implícitas según el tipo de relación que se establece: por ejemplo, si tienes una relación de pareja con una persona se presupone que será con ella con quien irás de vacaciones o acabarás en algún momento compartiendo vivienda y finanzas.

Esta forma de “construir” relaciones en realidad no construye la relación, sino que hace que se cree o se genere a través de normas (sociales) que la arrastran y le suelen imponer también jerarquías (tanto entre las personas que componen la relación como hacia otras personas/relaciones). Los compromisos que se no-toman (o sea que vienen implícitos) no son sensibles al contexto ni a las necesidades de las personas que componen la relación. Como ya había apuntado también anteriormente, una forma alternativa más sensible de construir relaciones y compromisos en estas relaciones es haciendo explícito lo que se quiere compartir, hablar y dejar más claro entre las personas que la componen de qué trata la relación, y qué compromisos se quieren tomar juntes. Estos compromisos, no obstante, no solamente tendrían que ser explícitos, sino que tendrían que poder ser tomados en un espacio seguro y en que todes realmente puedan expresarse sin coacción.

Pero ha habido una confusión bastante grande entre la necesidad de tomar las decisiones de forma explícita con que las personas tengamos que saber siempre lo que queremos o lo que necesitamos y que además lo tengamos que saber expresar siempre de la mejor manera. Hay muchas personas que consideran incluso violento que la otra persona no sepa o no tenga claro qué quiere o no sea capaz de expresarlo de la forma que se considera “sana” (expresión que, sinceramente, no me gusta nada). Esto genera, no solamente una presión muy grande hacia todes, sino a la vez una jerarquía donde solamente las más capacitadas para decidirse, a entender lo que necesitan en un tiempo considerado socialmente “normal”, o a poderlo expresar con la claridad que se reclama, tendrán el privilegio de entrar en este discurso.

La creencia de que para poder tener relaciones horizontales tienes que tener claro lo que quieres y lo que necesitas es capacitista (especialmente neurocapacitista), aunque obviamente afecta a muchas personas no atravesadas por el capacitismo porque esta incapacidad a la hora de saber lo que queremos la podemos sentir todes en algunos momentos de nuestra vida. La necesidad de establecer pactos explícitos no implica la necesidad de saber lo que se quiere y lo que se necesita. Es absurdo creer que si no podemos establecer un pacto concreto implicará automáticamente que nos dejaremos arrastrar. Que no sepas lo que quieres o lo que necesitas se puede respetar sin que se caiga en establecer compromisos implícitos y jerárquicos. Precisamente la idea de romper con los compromisos sistemáticos implícitos para crear de sensibles es también para tenernos en cuenta con nuestras especificidades, por tanto también con nuestras no capacidades.

Decir que no sabes lo que quieres ni lo que necesitas también es ser explícite (una cosa que a menudo olvidamos porque parece que solamente se pueden hablar las cosas cuando está todo claro y trabajado, y precisamente se trata de lo contrario, compartirnos y aceptarnos en nuestros procesos). Creer que no se pueden pactar cosas ni comprometerse ni hablar sobre cómo sentimos la relación si le otre no lo tiene todo claro es bastante reduccionista ya que hay muchas formas de hablar, pactar y comprometerse. Por ejemplo, se pueden hablar de las dudas que sentimos o de las cosas que tengamos un poco más claras que a lo mejor no queremos para intentar movernos alrededor de esto; se pueden establecer pactos temporales dependiendo de cómo le otre pueda irse dando cuenta de lo que necesita, etc.

También se reduce la problemática a “saberlo expresar” (o sea, saber expresar las necesidades o voluntades en la relación) sin tener en cuenta que muches tenemos dificultades a la hora de expresar lo que queremos por muchos motivos. Por ejemplo, a muches que nos han negado nuestras necesidades desde pequeñes (tanto sea por nuestro género como por tener unas necesidades consideradas “especiales”, como pasa a muches neurodivergentes) expresarlas muchas veces se nos hace dificilísimo; también nos puede ser difícil expresar necesidades cuando es un tema que nos afecta emocionalmente o tenemos miedo a la reacción de le otre y nos atraviesan ciertas dificultades a la hora de expresarnos de una manera que se considera “normal” o “aceptable” (no soporto, por ejemplo, esta costumbre que hemos adquirido en espacios no monógamos en resumirlo todo diciendo que las cosas se pueden decir “tranquilamente y naturalmente”). Para poder trabajar las relaciones de forma horizontal no solamente tenemos que dejar espacio para que podamos ser explícites, sino también tenemos que dejar espacio para que nos podamos expresar de muchas formas que intenten ser sensibles a las necesidades de expresión de todes, y también tenemos que poder hablar de estas dificultades que tenemos para expresarnos, hablar sobre los motivos e intentar encontrar entre todes cómo podríamos crear este espacio que pueda sentirse más seguro.

La idea de generar compromisos horizontales es también la de que estos compromisos no tengan que ser estáticos y puedan cambiar para adaptarse a nuestros cambios de necesidades o bien a cómo nos vamos dando cuenta de lo que necesitamos cuando se va construyendo la relación; también es que se puedan adquirir desde muchos puntos diferentes, también desde la incertidumbre o la duda. Los compromisos se tienen que poder tomar desde espacios y situaciones seguras para todes, especialmente para les más vulnerables, donde se incluyen aquelles a les que les cuesta expresar lo que quieren como también aquelles que muchas veces les cuesta tiempo entender qué necesitan. Es importante aprender a hablar también desde estas posiciones y llegar a pactos desde allí para hacer las relaciones horizontales más inclusivas y sensibles.

Share

plurisexualidades y estereotipos III: el cambio, las fases y las no estabilidades como forma de construir un mundo más sensible

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

[imagen: manifestación de la comisión unitaria del 28J del 2016 de temática plurisexual. Se ve una pancarta donde dice “La nostra fase, la nostra indecisió. @FemEnrenou”]

 

Este texto es el tercero de un conjunto de textos que he escrito alrededor de los estereotipos asignados a las personas bisexuales y plurisexuales como herramientas de empoderamiento y reapropiación. El primero lo podéis encontrar aquí y el segundo aquí.

Aviso de contenido: monosexismo, estereotipos, neurocapacitismo, obligatoriedad de la estaticidad, inestabilidad, insensibilidad

 

El paradigma monosxual con el que vemos y describimos el mundo nos dice que, según lo que el mismo paradigma define como “orientación sexual”, solamente hay dos posibles estados/opciones: la heterosexualidad (la opción “correcta” o “buena”) o la homosexualidad (la opción “incorrecta” o “mala”). Estas dos opciones no tienen que poder mezclarse ni tocarse ya que si lo hicieran no podríamos distinguir lo que es bueno, perfecto y puro, de lo que es impuro, malo o negativo. Por este motivo estamos obligades a decidirnos cuando maduramos para podernos colocar de forma clara en uno de los dos lados, para que se nos pueda encajar y juzgar contundentemente y saber a quién se tiene que premiar (privilegiar) y a quien castigar.

Según esta forma de ver las orientaciones sexuales, aquelles que no encajamos en este supuesto imaginario porque nos sentimos atraídes por más de un género (o bien, como yo prefiero definirlo, no filtramos a todos los géneros excepto uno cuando nos atrae/gusta alguien) se nos ve como personas que van saltando constantemente de un estado a otro: ahora somos heteros, ahora lesbianas o gays. De esta manera, porque se nos ve siempre saltando de un estado a otro, las personas bisexuales y en general las plurisexuales somos estereotipadas como inestables, que cambiamos constantemente y que estamos siempre en una fase.

El hecho de tenernos que definir y fijar en un estado concreto (en un estado que además seguramente no nos representa en la mayoría de momentos de nuestra vida) no es solamente una demanda que se hace a nuestra orientación sexual, es un hecho sistemático que va más allá del monosexismo: también es una característica de muchas estructuras de poder, del neurocapacitismo que estipula que tenemos que estar en un solo estado emocional/mental de una forma constante que puede variar un poco pero dentro de unas frecuencias determinadas, de la monogamia que nos obliga a escoger una sola relación reconocida (y de propiedad), y del capitalismo de forma general.

El sistema nos necesita estátiques (con sus contradicciones, como comentaré más adelante). Lo que es leído como no estable (entendido como no estático dentro de unos parámetros), escoger opciones no consideradas como existentes, los cambios, las transformaciones, las fases, son bastante incomprendidas en nuestra cultura, que todo lo quiere dominar, que todo lo quiere fijado en puntos muy definidos y concretos para tenerlo todo bajo el control, para que podamos también ser productivas y/o reproductivas.

Poder cambiar, fluctuar, ser no estables en cuanto a no ser estátiques, no tiene porqué ser nada negativo en sí mismo, y no es la causa real ni directa de la inestabilidad que nos aporta de rebote el sistema, que tiene unas consecuencias devastadoras en nuestras vidas. La inestabilidad sistemática (económica y relacional) es el resultado de cómo interacciona el sistema (a través de su ideología, el imaginario social y las estructuras de poder) con nuestros cambios y fluctuaciones, o estos estados no permitidos. Por tanto, es el resultado que nos otorga la insensibilidad con la que opera el sistema sobre nuestros cambios y nuestros funcionamientos desviados de la norma. El resultado es que no podamos obtener lo que necesitamos, y que estemos a la deriva, que estemos siempre sintiendo que necesitamos cosas distintas (que no son precisamente las que necesitamos), que no lleguemos nunca a encontrar lo que nos va bien o lo que queremos, y que estemos, por tanto, perdides en un mar de consumo acrítico absurdo, tanto relacional como económico (tanto como consumides como consumidores).

Es por esto que el sistema se asegura muy bien de, por un lado, prohibirnos ciertos estados y a la vez aprovecharse de ellos cuando existen para su beneficio, pareciendo de esta manera que somos castigades por no seguir las normas que tendríamos que seguir. El resultado es, pues, una inestabilidad económica, afectiva y emocional (más allá de la que se acostumbra a señalar como inestabilidad emocional debida a un funcionamiento diferente a nuestra cabeza) que se señala a menudo como el resultado directo de ser una persona que no está fijada en el estado al que le han obligado a fijarse: o sea, siempre se responsabiliza a las características de los colectivos oprimidos y no a la insensibilidad del propio sistema o a la apropiación que hace este de nuestras vivencias romantizándolas y utilizándolas fuera de nuestros contextos.

Quien acaba recibiendo más esta inestabilidad sistemática son aquelles que están más excluides, explotades y oprimides, y que además serán les que acaben siendo más leídes como “no estables” y acaben recibiendo por partida doble esta negativización de sus vivencias. Las más privilegiadas tendrían medios para obtener sus necesidades y por tanto no estarían afectadas. No obstante, se nos hace creer que son nuestros cambios, nuestras fases, nuestros estados mentales y emocionales “no estables”/no estáticos, los que producen que no podamos acceder a poder cubrir nuestras necesidades.

El monosexismo se sirve de esta ideología para negarnos la posibilidad del cambio y las fases, y a la vez se acusa a nuestra propia no estabilidad y la supuesta no aclaración sobre nuestra opción sexual como culpable de nuestros problemas de salud mental, económicos y relacionales (las personas no monosexuales tenemos más tendencia a perder relaciones sexo/afectivas debido a nuestra desorientación sexual ya que se nos percibe como personas con las que no se puede confiar, traidoras e infieles).

Por tanto, el monosexismo no solamente nos otorga estereotipos, sino que además niega las fases, los cambios y todo aquello leído como “no estable” debido a no tener la estaticidad que tiene que tener. El monosexismo nos insensibiliza, igual que lo hace el capitalismo, de las voluntades y deseos de les demás, y de sus diferentes necesidades. El monosexismo nos niega los cambios, las fases y las transformaciones. El monosexismo nos niega la posibilidad de no ser tan estables como el sistema nos exige y nos culpa de la inestabilidad relacional actual (cuando es a nosotres, les no monosexuales, entre muchas otres, a quien se objetifica y se abandona).

Tenemos que construir otras formas de sentirnos, que nos permitan poder cambiar, transformarnos, abrazar nuestras “no estabilidades” emocionales, mentales, físicas, nuestras discapacidades. Tenemos que construir formas de vivirnos más sensibles a la multiplicidad y al cambio haciendo que a la vez podamos, a través de formas relacionales horizontales, encontrar entre todes como obtener nuestras necesidades, a través de los compromisos y a través de la responsabilidad compartida. No aceptar el cambio ni la transformación es no aceptar la posibilidad ni la necesidad de cambiar un sistema insensible, jerárquico y de control.

Share

salud y dieta: cómo moverme por espacios donde no se contempla mi realidad

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

[imagen: zanahorias peladas y cortadas puestas en vertical sobre un soporte de plástico para cortar. De fondo se ven unas manos pelando y cortando naranjas y naranjas peladas sobre otro soporte de plástico para cortar. En medio se ve un pelador con pieles de las zahanorias.]

 

Aviso de contenido: mención de comida y de TCA, dieta, restricciones, capacitismo, problemas de salud, mención de problemas de salud mental y automaltrato, mención de gordofobia

 

Cuando tenía dieciocho años empecé a tener un problema de salud que, justo la primera vez que me rompió con algunos de sus fuertes síntomas, en seguida supe que sería crónico. No sé por qué, supongo que noté de alguna manera que eso que estaba sintiendo no acababa allí mismo y que seguiría persiguiéndome durante años. Y así fue. Ya arrastraba bastante problemas de salud mental (especialmente debido al neurocapacitismo, el machismo y el monosexismo que padecía) que me habían llevado a maltratar mi cuerpo de forma bastante extrema y sin ningún tipo de consideración. Mi cuerpo decidió, de esta manera, pedirme una tregua, un descanso. Mi cuerpo con estos fuertes síntomas que me incapacitaban en muchos contextos, me obligó a mirarme con más afecto, aun el sufrimiento que justo empezaba y que haría que los siguientes años me obsesionara en encontrar una solución que tardó diez años en llegar.

Durante diez años estuve yendo a médicos que nunca me encontraban nada y siempre atribuían todo lo que me pasaba a la ansiedad y a los “nervios” (como lo llamaban ellos). La solución que me daban: relájate. Y ya está. Mil pruebas (algunas duras), y nada. Pero después de unos diez años dando vueltas y encontrándome cada vez peor (hasta el punto de tener mucha dificultad para salir de casa), llegué a la solución. Descubrí lo que me pasaba buscando millones de veces por internet una combinación de síntomas que los médicos me habían dicho que no estaban relacionados y no tenían nada que ver entre ellos. Sé que se burla bastante de quien busca síntomas por internet para autodiagnosticarse, pero se ignora que muchas personas padecemos de problemas que no son tan fácilmente detectables o reconocidos; para muches el autodiagnóstico a través de herramientas como internet, las redes, etc, son la única vía para encontrar lo que nos pasa, entendernos o identificarnos con otras personas que padecen lo mismo. A mí esto me salvó. Encontré una lista de síntomas muy larga que cuadraban mucho con todo lo que me pasaba, y decidí ir directa a la nutricionista que colgaba esa información en su página.

Después de tres años de tratamiento a base de dieta, suplementos nutricionales y paciencia, conseguí llegar a un equilibrio sintomático al que pensaba que nunca llegaría. Lo que me “arregló” no fue ningún medicamento, sino una dieta: una larga lista de alimentos a evitar, y algunas recomendaciones extra alimentarias y pautas, juntamente con algunas adaptaciones a mi condición específica personal que fui aprendiendo con la experiencia y el tiempo. Esa dieta me salvó la vida, lo llevo sintiendo desde hace tiempo. Pasar de no poder casi moverme, estar siempre cansada, padecer síntomas digestivos diarios que me incapacitaban para hacer vida fuera de casa, a poder tener lo que la gente llama una vida “normal”, poder salir de casa, pensar, leer, hacer ejercicio físico, relacionarme (dentro de los límites de mi ansiedad social, obviamente), y hacerlo sin dolor ni cansancio.

No obstante, no he llegado nunca a obtener una total “curación”, sino un equilibrio que se deshace cuando dejo de seguir esta dieta. Y, aunque mi problema cuando sigo la dieta lo tengo controlado, saltármela puede comportar que vuelva toda la sintomatología que durante muchos años me incapacitó diariamente: todo tipo de síntomas digestivos, dolor corporal, fatiga, dolor de garganta, más facilidad para ponerme enferma, problemas de piel, empeoramiento de la depresión, más ansiedad de lo habitual, somnolencia, sensación de resaca por las mañanas, entre otros.

Debido a todo esto, moverme por muchos espacios me es muy complicado, porque la mayoría de las veces cuando hay comida o estoy allí para comer, casi nada es apto para que yo pueda comer. Y esto lo puedo confirmar solamente cuando sé cuáles son los ingredientes de la comida preparada que hay, ya que la mayoría de las veces ni tan siquiera tengo acceso a saberlo, un requisito que para mí es indispensable. La cantidad de restricciones alimentarias juntamente con la insensibilidad que tenemos a la hora de preparar espacios con comida para las personas con estas limitaciones, hacen que finalmente la probabilidad de que pueda comer sea baja o bien me acabe saltando la dieta la gran mayoría de las veces.

Por otro lado, cada vez que voy a un espacio y como diferente al resto o a la mayoría de la gente, o bien intento explicar que necesito seguir na dieta para que se tenga en cuenta, recibo un montón de preguntas muy invasivas y que me hacen sentir incómoda (por qué como distinto, qué problema tengo, cómo es que lo tengo, etc), donde tengo que acabar explicando partes de mi vida que no me apetece compartir, sobre todo porque me siento obligada a hacerlo por la circunstancia; también podría decir que no quiero responder pero la gente no suele tomárselo muy bien y esto me hace sentir atrapada entre dos respuestas que no tengo ganas de vivir. Imaginaos, por ejemplo, cuando el encuentro es de más de veinte personas, la cantidad de veces que me tengo que encontrar en esta situación en un intervalo corto de tiempo me dispara totalmente la angustia. Esto hace que muchas veces no explique que sigo una dieta, y no decir que sigo una dieta implica que no se tenga en cuenta y que, por tanto, acabe también saltándomela en estos casos, bajo el riesgo de encontrarme peor.

Finalmente, una situación habitual con la que me encuentro es la sensación de autocastigo cuando, por el motivo que sea, necesito o quiero saltarme esta dieta (porque tengo un trastorno de la conducta alimentaria y ansiedad, porque me siento baja de carbohidratos y decido comer cereales que no puedo comer, o simplemente porque ese día me apetece  mucho comer alguna cosa que no me va bien y tomo la decisión personal de comerlo sabiendo las consecuencias para mi cuerpo). Siento una presión muy grande para no saltármela cuando estoy con personas que saben que sigo la dieta y que me ha costado mucho que la tengan en cuenta (o simplemente me ha costado mucho explicárselo). Siento que si me la salto hará que se me tenga menos en cuenta a partir de ese momento, o que se me criticará.

Existe en muchos de nuestros espacios una crítica muy contundente contra las dietas (una crítica que comparto por la presión que tenemos muches para tener que adelgazar, especialmente aquelles a quien les atraviesa la gordofobia). No obstante, la crítica, tal como se lleva muchas veces, borra que no todas las dietas son iguales, no todas se basan en una restricción en el número de calorías o son para adelgazar, y algunes las podemos estar necesitando. Algunas veces me han dicho que en este caso utilice otras palabras distintas a “dieta” para diferenciarla. Pero después de haber probado otras formas de llamarla sigo sintiendo que “dieta” es lo que más encaja: ésta, igual que cualquier dieta, afecta toda mi vida, muchas de mis decisiones, donde voy, con quien me relaciono, incluso cómo me relaciono con mi trabajo, etc. Creo que el problema no es la palabra que utilizo, sino más bien la insensibilidad sobre un tipo de no-privilegio bastante poco reconocido y que va ligado a los problemas de salud y a las discapacidades.

Share

el agradecimiento es la memoria del corazón

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

[imagen: texto que dice “El agradecimiento es la memoria del corazón (Lao-tsé)”]

 

He añadido una nueva página/pestaña en el blog que se llama “gracias”. Éste es su texto.

 

Se atribuye a laozi la frase “el agradecimiento es la memoria del corazón”. Independientemente de si esta persona (laozi) existió o no, o de si es realmente algo que dijo, es una frase que lleva años resonando profundamente en casi todo lo que me atraviesa. La implicación del agradecimiento es mucha: es reconocimiento. El reconocimiento es importante ya que sin éste todo lo que hacen las demás personas, que me afectan, me aportan de alguna manera, así como aportan todo lo que creamos y nos rodea, queda totalmente menospreciado.

Este espacio no sería ni existiría si no fuera por todas aquellas personas con las que comparto o he compartido, sea habitualmente o puntualmente. Tampoco existiría sin les que leen o les que comentan (tanto por aquí, como por las redes o por mensajes). Es gracias a todes que construimos día tras día nuevas formas de tratarnos y de relacionarnos.

Pondría nombres concretos de personas que me vienen a la cabeza, pero tengo miedo de que haciendo esto estaría menospreciando a aquelles que no saldrían porque no me sé los nombres, les “anónimes”, y no por esto su aportación es menos importante. Sé que si pusiera nombres siempre me dejaría personas fuera. Por este motivo prefiero que el agradecimiento vaya para todes, incluso aquelles con las que nunca he interaccionado pero estáis leyendo esto.

Gracias a todas aquellas personas con las que mantengo un vínculo y con las que suelo compartir largas charlas sobre relaciones. Gracias a todas las personas también con las que he compartido ratos durante un taller, una charla, una mesa redonda, aunque éstas solamente hayan participado escuchando y estando. También gracias a les que hemos compartido calle o espacios de muchos tipos. Gracias a todes les que escribís por las redes, en blogs, o en otros espacios. Obviamente, gracias a todes les autores que escriben en múltiples formatos, así como también dan charlas o talleres. A todes aquelles que os pasáis por este espacio de vez en cuando: también gracias por estar.

Gracias, de corazón. Seguimos caminando, seguimos de/construyendo. Seguimos compartiendo.

 

Share