privilegios y ocupaciones de espacio: más allá del hombre y de la pareja

por wuwei (natàlia)

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Aviso de contenido: privilegios, estructuras de poder, ocupación del espacio, invisibilización, mención de machismo, parejocentrismo, amatonormatividad, monogamia, cisexismo, racismo, gordofobia, capacitismo, neurocapacitismo, sexo

 

Desde hace tiempo que en muchos textos suelo hablar de relaciones de forma general para incluir todo tipo de relaciones (no solamente las de pareja, románticas y/o sexuales, sino de todo tipo) para mostrar, no sólo la importancia que tienen otras relaciones que no son las de pareja, sino también para hablar de cómo se suelen tratar y menospreciar estas relaciones. Además, también en muchos textos hablo de forma general de “privilegios” o “personas con privilegios” para hablar de personas privilegiadas por todas las estructuras de poder, no solamente para referirme a los hombres privilegiados por el sexismo o machismo. Muchas veces, incluso, para ejemplificarlo hablo de algunas estructuras más allá del machismo par que sea más “evidente” de que hay muchas más personas que nos beneficiamos de estructuras de poder.

No obstante, me he dado cuenta de que a menudo muchas personas cuando leen estos textos siguen interpretando “relación” como “relación de pareja” o “relación sexoafectiva” (por mucho que insista en que no es así) o bien cuando hablo de “privilegiados” suelen tender a considerar solamente a “hombres” o a sólo aplicarlo a hombres. De esto me he dado cuenta a partir de comentarios sobre estos textos o comentarios en actividades, talleres o charlas, y me ha sorprendido mucho. No obstante, teniendo en cuenta que casi siempre todos los discursos están muy centrado en el machismo y en las problemáticas de pareja, nos es muy difícil salir del papel de que las mujeres son siempre víctimas (y nunca pueden ser opresoras, que es una de las implicaciones de aceptar que hay otras estructuras de poder) o bien nos hacen creer, desde el privilegio de pareja o desde la mirada amatonormativa, que el parejo-centrismo no pueda ser también generador de violencias especialmente cuando estás dentro de una relación de pareja (o más de una).

Estoy bastante cansada de que en entornos no monógamos o poliamorosos, por ejemplo, se repita constantemente y se señale que los hombres ocupan mucho espacio y que no saben ni pueden cuidar (a mujeres, especialmente) mientras a la vez se ignora (o se quiere ignorar) la infinidad de personas con privilegios que dentro del poliamor ocupan mucho espacio respecto a les que no tienen esos privilegios y tampoco saben cuidar a aquelles que no los tienen: personas neurotípicas, personas blancas, personas cisgénero, personas heterosexuales, personas delgadas, personas guapas y/o carismáticas, personas sin discapacidades o sin diversidades funcionales, etc (yo también me incluyo en algunos de estos grupos). También incluiríamos, obviamente, a las parejas. Todos estos privilegios y la cantidad de espacio que ocupan y ocupamos las personas que los tenemos/tienen quedan totalmente escondidos. No quiero con esto negar la cantidad de privilegios que tienen los hombres ni el espacio que ocupan, sino que quiero señalar que aparte de los hombres hay muchas más personas que dentro de estas comunidades se benefician de muchos privilegios, así como que ocupan mucho espacio hasta el punto de que todos los discursos y temáticas siempre giran alrededor suyo.

Por ejemplo, ¿por qué todos los discursos sobre gestión emocional, sobre comunicación o sobre “energía de la nueva relación” (new relationship energy en inglés, o NRE) siempre giran alrededor de las necesidades de las personas neurotípicas y solamente alrededor de la pareja o del amor romántico y del sexo? ¿Por qué casi siempre se habla de relaciones entre hombres y mujeres cisgénero y de sus problemáticas? ¿Por qué cuando se habla de cuerpos y sexo siempre se habla en unos términos extremadamente cisexistas? ¿Por qué nunca se habla de la exclusión que viven las personas gordas, feas o poco carismáticas dentro del mundo relacional? ¿Por qué siempre somos casi todes muy blanques en todos los eventos sobre poliamor o no-monogamias? ¿Por qué?

En términos de ocupación del espacio y del discurso tenemos que mirar más allá y darnos cuenta de que hay mucho más privilegios que los masculinos, y que en algunos contextos incluso pueden pesar mucho más otros privilegios (no en todos, obviamente, depende del contexto). La ocupación del espacio no es solamente una cuestión física, de presencia y representación, es una cuestión de cómo se articulan los discursos, de cuáles son las problemáticas que siempre tocamos y cómo las enfocamos. Pero lo que no podemos hacer es pasarnos el día señalando unos privilegios (aquellos que ya están más aceptados que existen) mientras ignoramos todo el resto, especialmente porque entonces casi todes, por no decir todes, nos tendríamos que revisar. Y es que nos tenemos que revisar.

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taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones’ el domingo 16 de diciembre en Barcelona

por wuwei (natàlia)

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El domingo día 16 de Diciembre repetiré el taller ‘deconstruir contextos para construir relaciones‘. Se hará a las 17h (hasta las 21h) en Barcelona (lugar aún por confirmar). Por tal de construir un espacio más seguro el número de plazas es limitado. Todavía hay plazas. Si estás interesade envíame un correo a wuwei.activismedesorientat@gmail.com.

Más información en el evento de facebook: https://www.facebook.com/events/284898965552522/

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‘memorias de una C’ en Valencia el 24 de noviembre

por wuwei (natàlia)

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El sábado día 24 de Noviembre estaré en la ciudad de Valencia para repetir por cuarta vez ‘memorias de una C’. La actividad la organiza Poliamor Valencia y para ir hace falta inscripción previa enviando un correo electrónico a poliamorvalencia+talleres@gmail.com. El horario será de 18h a 20h y el lugar es El Ventanal (C/ Fra Pere Vives, 13-15).

El precio de la actividad es, como siempre, gratuita con donativos/taquilla inversa.

Toda la información en el evento de Facebook: https://www.facebook.com/events/361103404667507/

Os dejo con la descripción del evento:

“A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a hacer gestiones y a tomar decisiones sobre su relación. Pero estas decisiones no solamente son sobre su relación, sino de rebote también sobre la relación entre B y C, y esta relación también se ve afectada. Finalmente C acaba sintiéndose desempoderada en su relación.

‘Memorias de una C’ es una charla que utiliza la letra C como metáfora sobre las relaciones excluidas, desempoderadas, marginadas, y en definitiva, las menos tenidas en cuenta cuando gestionamos emociones, cuando hablamos de relaciones, de no-monogamias, de poliamores; en definitiva, cuando hablamos de amores o de afectos. Se hablará de jerarquías en las relaciones, qué relación tienen estas jerarquías con la monogamia y cuáles son las consecuencias de estas jerarquías.

Las memorias de una C no son simples, son atravesadas por el consumismo relacional, la objetificación, la explotación, la alienación, la marginación, el desempoderamiento, y muchos otros factores que vivimos (y que ejercemos) día tras día todas las personas cuando nos relacionamos. Se hablará a través de la teoría, pero también, y sobre todo, a través de la experiencia y las emociones relatadas en un diario de una letra de la que otres hablan pero con la que casi nunca se habla.

Después de la charla se abrirá el debate con las asistentes.”

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exclusión y monogamia: mi proceso de empoderamiento

por wuwei (natàlia)

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[imagen: una chapa roja con el símbolo de la anarquía relacional en blanco enganchada en un tejido negro. El símbolo de la anarquía relacional es una A dibujada dentro de un corazón]

 

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 5 de Octubre. Podéis ver el original aquí . 

 

Aviso de contenido: exclusión, estructuras de poder, neurocapacitismo (e insinuación de otras estructuras como gordofobia, cisexismo, racismo, etc), pensamiento monógamo, miedo, consumo relacional, maltrato, mención de ansiedad social y depresión

 

Yo no nací monógama ni anarquista relacional. Yo crecí, como todes, en un entorno social determinado y lleno de estructuras de poder: machismo, heterosexismo, monosexismo, monogamia, racismo, entre otras. A mí me enseñaron desde pequeña que hay una forma correcta de relacionarse con cada persona según unas cajas determinadas: las amigas, la pareja, la familia de origen, la familia política, las compañeras de trabajo, las compañeras de clase, etc. También que hay diferencias en el trato según el género de la otra persona u otros factores como la clase social, las capacidades o el color de su piel o el país de proveniencia.

Aprendí que lo que era normal era tener una pareja y, en mi caso, que esta tenía que ser un hombre. También me enseñaron que la pareja era el tipo de relación a través de la cual existe el compromiso, siempre acompañado de un tipo de sacrificio jerárquico. Me enseñaron que las amistades están bien y son “útiles” (sobre todo cuando no tienes pareja o necesitas un apoyo emocional debido a algún problema de pareja), pero que la pareja siempre tiene prioridad. También me enseñaron que los cuidados, el afecto (tanto físico como emocional) y el sexo siempre tenían que ir juntos a través de esta figura y que, sin pareja, solamente podría obtener relaciones de consumo, tanto sexual como emocional, totalmente aceptadas como castigo por no pasar a través de la pareja.

Me enseñaron que, para poder acceder a tener pareja (y por tanto acceder a tener todas estas necesidades cubiertas) tenía que competir con las guapas, las carismáticas o las atractivas al ojo normalizado del que mira y escoge. También aprendí que había personas más feas, gordas, con cuerpos menos normativos, raras y desviadas (no heterosexuales, trans, racializadas, etc), y que estas acostumbraban a recibir cierto tipo de violencias: muchas hemos pasado infiernos en la escuela o en el instituto que han seguido reproduciéndose fuera de estos entornos. También aprendí que todas estas eran las excluidas, no solamente a poder tener amigas, sino también, y sobre todo, a acceder al privilegio de tener una pareja.

Crecí con un miedo muy grande al rechazo y a ser excluida. Por mi experiencia, perder mi posición a ser reconocida como “existente” (y ya no digamos a sentirme apreciada, afectada, querida o deseada) era muy fácil. En mi caso era por mis supuestas “rarezas”. Ahora entiendo más de dónde venía eso: mi cabeza es diferente a lo que se ha estipulado como “normal” y esto implica cosas muy variadas, como movimientos leídos como “extraños”, reacciones emocionales diferentes, lentitud para ciertas cosas, rapidez y estrés para otras, dificultad para comunicarme de una forma tipificada, diferencias sensoriales, etc. Soy neurodivergente, cosa que me hacía ser un blanco fácil tanto de insultos o ataques, ser ignorada o rechazada. Sumada a la exclusión, mi funcionamiento también me dificultaba cierto tipo de interacciones, ya que la ansiedad social o las fases depresivas hacían que me costara más acercarme a la gente.

Con todo este miedo, empecé a caminar por el mundo de las relaciones. El miedo, la exclusión, y ciertas violencias que recibí me hicieron creer que el mejor camino era la monogamia heterosexual cuando “conseguí” tener una relación de pareja: me daba seguridad. Tener la “suerte” de encontrar a alguien que no me rechazara. Me cogí muy fuertemente a eso y viví once años en una relación monógama con un hombre. También empecé a esconder y a no hablar nunca de mi orientación sexual y afectiva (bisexual), ya que, cuando la había mostrado o había mostrado algún indicio de promiscuidad, debido a mi género había padecido violencias de las que necesitaba huir y protegerme (violencias relacionadas tanto con el género como con el consumo relacional fuera de la pareja). No sentía el empoderamiento como una opción.

Aún la seguridad que eso parecía darme, la relación no era segura: era de poder, desigual y de propiedad (giraba alrededor de él, y de sus deseos y necesidades). Tardé en aceptar que eso no era bueno para mí por todos aquellos miedos que arrastraba: a quedarme sola, al vacío que siempre había encontrado fuera de esa relación, especialmente por el proceso de exclusión; al rechazo, que siempre me ha dolido más que la soledad en sí misma (a la que me he acostumbrado en muchas épocas de mi vida). El apego se complica mucho cuando eres una persona a quien las relaciones se le hacen más complejas debido a la exclusión, a los desvíos respecto a la norma, tanto por ser neurodivergentes, como por ser gordas, feas, con diversidad funcional, o por muchos otros motivos y estructuras. Finalmente conseguí hacer el paso de dejar aquella relación, con mucha sensación de vértigo.

Decidí aprovechar la situación para pensar cómo quería construir mis relaciones. Entonces, cuando pensaba en relaciones, tenía la tendencia a pensar en relaciones de pareja, como me habían enseñado desde pequeña. Más adelante mi preocupación se extendería al resto de relaciones cuando, estando otra vez expuesta al consumo y la exclusión, ya no teniendo el privilegio de la seguridad de tener una pareja, padecí y viví de una manera muy contundente lo que hace el pensamiento monógamo a todas aquellas que no somos reconocidas ni tenemos pareja.

Los siguientes fueron años de volver a revivir rechazos y, cuando parecían no ser rechazos, el consumo y el maltrato emocional desde la posición de la amistad. La monogamia es muy competitiva, solamente una sola persona puede llevarse el reconocimiento por parte de otra. Reconocimiento y una serie de factores que ya he comentado, como cuidados o afecto. Ser excluida no implica solamente que no se te reconozca sino que, además, tampoco se reconozca lo que se consume, los maltratos, la violencia emocional, la falta de cuidados y muchas otras cosas.

Desde esa sensación de exclusión y de estar fuera de este “mercado” de las relaciones, siguiendo teniendo el miedo a caer en una relación posesiva y viviendo maltrato y consumo fuera de una relación monógama, me di cuenta de que necesitaba, no solamente “descubrir” cuál era la forma que quería para mis relaciones, sino ir más allá: necesitaba politizarlo. Fue en ese momento cuando todo mi interés fue debatir, informarme, reflexionar, formas relacionales que pudieran luchar contra toda eso violencia. Entonces fue cuando empecé a repetirme (sin saber muy bien qué quería decir) “quiero que mis relaciones sean políticamente conscientes”.

En todo ese proceso intenté pensarme a través del poliamor (porque era la alternativa que tenía más a mano, la más conocida). Creí que, a lo mejor, la solución podría ser solamente romper con la exclusividad de la pareja. Pero la sensación de exclusión seguía y lo único que sentía era la reproducción multiplicada de lo que ya había vivido en la monogamia. Si estás excluida dentro del “mercado” de las relaciones, es igual el número de parejas que estés “dispuesta” a tener, seguirás fuera; o, mejor dicho, aun más fuera, mientas observar como un conjunto de personas con un elevado capital social, sexual y de cuidados se lo van montando entre ellas. Seguía sintiendo que no encajaba y, sobre todo, seguía sin encontrar una alternativa que rompiera con los sistemas de opresión.

Fue entonces cuando mi atención se dirigió a entender las relaciones de forma general (más allá de la pareja). Me asusté al hacerme consciente de cómo vemos y vivimos las relaciones, y el poco valor que suelen tener las relaciones que no son de pareja.

Fue en ese momento cuando comprendí el concepto de red afectiva, no tanto como solamente un conjunto de personas con diferentes tipos de vínculos que te dan un apoyo afectivo, sino como una red sensible, de solidaridad, en la que se tienen en cuenta estructuras, violencias, que presta apoyo económico, emocional, intelectual y de muchos tipos. Tener en cuenta las estructuras tiene que implicar romper con los discursos poco inclusivos para incluir a todas aquellas que el capitalismo relacional excluye. Por tanto, tiene que implicar cuestionarse el deseo, por qué unas atraen (tanto emocionalmente, intelectualmente, estéticamente o sexualmente) y otras no, por qué damos más atenciones a unas y a otras menos, qué construcciones sociales hay detrás, y deconstruirlas.

Desde ese punto empecé a construir una filosofía relacional que me hizo, poco a poco, identificarme con la anarquía relacional (otro tipo de no-monogamia) y a valorar las relaciones de otra forma. No estoy diciendo que todas las que se identifiquen con la anarquía relacional la vivan exactamente de la misma manera, al igual que pueden haber personas que se identifiquen con el poliamor y tengan experiencias diferentes a la mía al respecto y filosofías relacionales parecidas, pero sentí que era lo que más encajaba. Empecé a verlo como una alternativa a la pareja y la familia nuclear más sensible a mi filosofía en muchos aspectos.

El problema de vivir filosofías relacionales de este tipo es encontrar con quien poderte vincular, ya que, para que no me arrastrara otra vez a dinámicas vividas pasadas, necesitaba relacionarme con personas que trabajasen las relaciones de forma parecida. Gracias al activismo plurisexual crítico (y al privilegio de vivir en un ambiente urbano) encontré a unas pocas personas con las que podía construir vínculos, personas con las que podía hablar sobre relaciones, debatir y tratar todos estos temas que he comentado. No obstante, no me fue nada fácil, ya que empecé a buscar este tipo de vínculos hundida y sin tener ninguna relación de referencia. Poco a poco, y siguiendo muy vinculada a ciertos tipos de activismos (con otras anarquistas relacionales y activistas de la no-monogamia también con una perspectiva crítica), seguí tejiendo la que es ahora mismo mi (muy quería y apreciada) red.

Con el tiempo me he dado cuenta de que lo que me estoy construyendo no es compatible ni con la monogamia ni con jerarquías que imponen las voluntades de parejas por encima de las necesidades y cuidados hacia otras relaciones consideradas socialmente menos importantes. También me he dado cuenta de que hay muchas formas diferentes de compartir cuidados y afecto, y que no tienes tampoco porque centrarlo todo en una sola figura relacional. No es fácil porque supone nadar contracorriente en muchos sentidos; porque no siempre tener una red de este tipo, debido al contexto relacional y social que vivimos, puede aportarte todo lo que necesitas emocionalmente o afectivamente; y porque la mayoría de personas son jerárquicas y además muchas instrumentalizan filosofías relacionales, escondiendo debajo una forma de relacionarse también consumista y excluyente.

Muchas veces este mundo de exclusión, capitalista y que consume relaciones, me ha hecho desear o sentir necesitar el apoyo de una pareja en monogamia. De hecho, sé que para muchas personas en situación de exclusión similar conseguir tener una pareja “estable” es todo un gran hito. Hace unos meses leí un tuit de una activista autista explicando que, para ella, como autista y gorda, haber conseguido casarse con un hombre había sido un acto revolucionario. Yo no estoy nada de acuerdo con que conseguir casarse sea un acto revolucionario, aunque entiendo mucho por qué lo dice. No obstante, ahora mismo, para mí tener una relación monógama no sería en ningún caso compatible con mi voluntad de no querer ejercer poder ni privilegios relacionales sobre otras personas. Tampoco sería compatible con mi red, una red que, aunque a veces la siento inestable, no querría perder por nada en el mundo.

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las excluidas y consumidas por el capitalismo de las relaciones

por wuwei (natàlia)

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vuelvo otra vez a colgar entradas en el blog y empiezo con un artículo que, de hecho, ya tenía escrito y no lo colgué porque supuestamente me lo habían pedido para otro espacio y no se utilizó al final. empezó siendo una versión del artículo ‘el mundo de las relaciones: un club exclusivo de alto standing‘ y se fue cambiando combinando cosas de ‘memorias de una C‘. y finalmente, esto que cuelgo aquí.

aviso de contenido: capitalismo relacional, consumo relacional, competitividad, apropiación, objetificación, exclusión, violencia monógama, mención de varias estructuras de poder (capacitismo, neurocapacitismo, gordofobia, cisexismo, racismo…)

 

El capitalismo no solamente un sistema “económico”, éste está por todas las partes de nuestra vida, también en las relaciones. El capitalismo relacional se basa en la competitividad entre personas para poder conseguir reconocimiento, afecto o cuidados, en el consumismo que hace que nos acerquemos a las demás de forma utilitarista (no solamente para satisfacer deseos sexuales, sino todo tipo de deseos y voluntades que les imponemos), o en la apropiación (propiedad) de deseos, cuidados y atenciones de otras personas (como pasa a menudo con la pareja, y en otro tipo de relaciones de forma más escondida).

Todos estos mecanismos acaban apartando y excluyendo con más probabilidad a las personas que quedan más en los márgenes. La mayoría de las veces que se habla de este sistema relacional se suele señalar de cómo nos afecta a las mujeres, ya que somos sistemáticamente objetificadas y utilizadas en las relaciones, tanto de pareja, como de consumo sexual o emocional. Pero hace falta señalar que somos muchas más las afectadas y que esta estructura se vale de muchas más, dejando de lado y utilizando a personas de colectivos minorizados, como son las neurodivergentes, las que no tienen un cuerpo normativo, las discapacitadas, las trans, las racializadas, y un largo etcétera. ¿Cómo puedes competir delante de cuerpos normativos cuando el tuyo es atravesado por la gordofobia? ¿O cuando tienes ansiedad o fobia social? ¿O cuando te rechazan por ser trans y no entrar dentro de las expectativas cisexistas de lo que tiene que ser una persona con una genitalidad concreta? Y un largo etcétera.

En artículos de opinión, redes sociales y blogs, hay una tendencia a señalar como causa y consecuencia de este capitalismo relacional a ciertas prácticas “poliamorosas”, haciéndolas cómplices de la “fluidez” de las relaciones actuales, la falta de compromiso o de responsabilidad. Pongo entre comillas “poliamorosas” porque muchas personas utilizan la palabra poliamor para referirse a todo tipo de prácticas diferentes a la monogamia, aunque existen prácticas y filosofías más allás del poliamor (y no solamente como “evolución” de esta, sino que han surgido por otros caminos o incluso antes). Aunque puedo estar de acuerdo en que muchas formas de practicar el poliamor, así como de otras no-monogamias, parten de una forma liberal y capitalista de ver las relaciones, tampoco me gustaría dejarle al poliamor tanto protagonismo: y es que la monogamia no tiene mucho que envidiarle, de hecho podríamos decir que la monogamia tiene gran responsabilidad en la creación de este marco en el que nos movemos a la hora de relacionarnos.

En la monogamia solamente existe una relación reconocida como “válida”: la pareja. Solamente hace falta pensar que cuando decimos “tengo una relación con alguien” automáticamente la mayoría de personas pensarán que se trata de una relación de pareja (o sexoafectiva, como queramos llamarla). Será, por tanto, a través de esta relación donde podremos obtener un “mínimo” de cuidados, atención o valor. Con esto no quiero para nada obviar toda la violencia que ha habido siempre en la pareja monógama (paradigma de la apropiación), sino señalar que fuera de la pareja las relaciones reciben otro tipo de violencia: quedan más al desamparo, al descuido, al no compromiso y a la falta de responsabilidad. Como la mayoría de las veces que criticamos a la monogamia solamente lo hacemos para criticar la violencia que se ejerce en la pareja y de la apropiación o propiedad, creemos que rompiendo con el concepto de pareja rompemos con toda la violencia de la monogamia. ¿Pero qué nos queda si rompemos con la pareja sin pararnos a criticar o reflexionar cómo tratamos el resto de relaciones? Nada, lo que nos queda es la nada: un mundo de relaciones sin compromisos, sin responsabilidades y utilitaristas. Saltamos entonces de la relación basada en la propiedad a relaciones basadas en el consumo: las dos caras de la misma moneda en la monogamia.

Todas estas personas excluidas de las relaciones por la monogamia se nos hace mucho más complicado nadar en ciertas prácticas no monógamas o poliamorosas. Unas prácticas que son cómo la monogamia pero con algunas más “libertades”: más libertades solamente para algunas personas, para quien más privilegios tiene, y por tanto más perjudiciales para quien no tenemos estos privilegios. A mí personalmente me molesta que se niegue que existen prácticas poliamorosas o no monógamas liberales, porque muchas las padecemos, sobre todo aquellas que estamos dentro de la comunidad no monógama o “poliamorosa” y que además ya padecemos de la exclusión en el capitalismo relacional. A la vez, también me molesta que personas monógamas tachen directamente las no-monogamias de liberales, cuando es la propia monogamia la fuente de esta forma de ver las relaciones y hay muchas personas que estamos intentando construir otras alternativas no monógamas más críticas (poliamorosas y no poliamorosas) dejando nuestros cuerpos y emociones en todo el proceso.

Para romper con el capitalismo relacional las alternativas a la monogamia que tenemos que construir tienen que pasar por romper, no solamente con la propiedad de las relaciones (y por tanto de la pareja), sino también con el consumo relacional, así como la competitividad. Tiene que empezar a reconocer todas aquellas relaciones olvidadas, cuidarlas y tenerlas en cuenta. Tenemos que ser más sensibles a los ejes de opresión, hablar de discriminaciones y de exclusiones, pero hablar de exclusiones de una forma muy amplia, no solamente de mujeres o de orientaciones no heterosexuales. Y, finalmente, tenemos que escuchar las quejas sobre el “poliamor” y cualquier tipo de filosofía relacional de todas aquellas que se sienten excluidas o consumidas porque es muy probable de que nuestra monogamia y nuestro “poliamor” las esté dejando de lado. Pero cuidado, nada de instrumentalizar sus quejas, que no nos sirvan solamente para llenar párrafos y artículos, que sea una escucha de verdad, para construir entre todas formas de relacionarnos que incluyan de verdad.

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memorias de una C (VI – romper con la monogamia)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la sexta y última parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí la cuarta aquí y la quinta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación.

 

Muchas veces en nuestros propios discursos críticos (sobre el pensamiento monógamo y feministas) nos olvidamos de incluir a este tipo de relaciones, ya que, aunque intentemos romper con muchas de las partes del pensamiento monógamo, hay algunas cosas que aún restan invisibles. Hemos basado la mayor parte de nuestra lucha en combatir la violencia en la pareja (muy necesaria lucha, evidentemente) y en la liberación sexual, pero nos hemos olvidado del que recibía precisamente una violencia de borrado, reproduciendo el mismo borrado.

Un ejemplo de esto se ve en el discurso que hacemos sobre los cuidados. Los cuidados son muy importantes en las relaciones: son la forma de tratarnos que no pase por la dominación ni la objetificación. Se ha generado discurso al respecto, aunque muchas veces sin que nos demos cuenta cuando hablamos de cuidados acabamos hablando de relaciones de pareja, relaciones sexuales o relaciones románticas, solamente (o poco más). Pocas veces escucho discursos que hablen de otras relaciones. De hecho muchas personas nos vemos con la necesidad en muchas ocasiones de pedir que una relación sea reconocida como pareja para sentir que podemos pedir o exigir ciertos cuidados. Los cuidados parten a través del reconocimiento, y sin reconocimiento no puede haber cuidados.

Otra cosa que veo que se repite mucho es la de creer que una vez hemos luchado contra la violencia que se genera en la pareja, ya hemos luchado contra toda la violencia que genera la monogamia. Hace poco leí en twitter una cosa que ya he leído millones de veces anteriormente: que ‘se puede tener una relación monógama que no sea tóxica’. Esta afirmación sólo centra la posibilidad de toxicidad o maltrato de una relación en si es de pareja, o en si es sexual, olvidándose de cómo afecta a otros tipos de relaciones. Este discurso borra la posibilidad de que relaciones que no son de pareja o sexuales o románticas no pueden ser ‘relaciones tóxicas’ porque de entrada ‘no son relaciones’. Y esto lleva implícito violencia, ya que cualquier maltrato que pueda haber fuera de lo que son consideradas relaciones, se borra y se invisibiliza, un acto violento de por sí. Por tanto, el reconocimiento no es solamente importante para recibir cuidados, sino también para poder señalar violencias.

Y, finalmente, también he visto una fuerte crítica hacia las jerarquías en las parejas y la violencia que comportan, una crítica que ha aportado mucho a los discursos dentro de las no-monogamias, muy necesaria y que a muches nos ha ayudado a respirar un poco más. Un ejemplo es el libro de ‘More thanTwo’ donde explican qué son y qué no son las jerarquías y cuáles son las consecuencias de éstas (que en parte son las que he estado explicando hoy). No obstante, otra vez, este discurso se olvida de las relaciones que no son consideradas de pareja ni en cómo se aplican estas jerarquías en estas relaciones.

 

Romper con la monogamia

Como he comentado antes, muches sentimos la necesidad de pedir ser considerades pareja para sentirnos valorades, reconocides y cuidades; especialmente personas que se encuentran en situaciones más vulnerables y que sin compromisos en las relaciones les es más difícil poder cubrir sus necesidades. Y quien dice pareja, dice desear de alguna vez algún tipo de jerarquía, para poder encontrar una cierta tranquilidad relacional en nuestra vida. Esto es debido a que fuera del ámbito de la pareja, el consumismo relacional nos pone a muches en situaciones muy vulnerables. La pareja parece, en una sociedad capitalista y agresiva que nos vulnerabiliza a muches, el único sitio donde encontrar cierto resguardo. Pero, evidentemente tampoco estoy comentando esto para ahora hacer una oda a la pareja, sino más bien utilizarlo como visibilizador del verdadero problema: tratamos al resto de relaciones tan mal, que la única forma que a veces encontramos de ‘salvarnos’ es resguardarnos en la pareja. Si no se hace este ejercicio quedaríamos (especialmente las más vulnerables) totalmente expuestas.

Romper con la monogamia no tendría ‘solamente’ de implicar romper con el pensamiento que no nos permite tener más ‘parejas’ o poder tener más sexo con otres; tampoco tendría ‘solamente’ de implicar aprender a hacer esto sin maltratarnos entre parejas o amantes sexuales. Para mí, romper con la monogamia, es ir a su raíz: es romper con esta constante jerarquía, la objetificación que borra relaciones, sus cuidados, compromisos, así como sus violencias y maltratos.  De hecho para mí, la liberación sexual y afectiva es más secundaria. Para mí, romper con la monogamia, para mí, es aprender a ser más conscientes de les ‘otres’: de todas  las personas con las que nos relacionamos, y también con aquellas que se relacionan con nuestras relaciones. Todes tenemos que ser merecedores de ser reconocides, así como también de afecto, de cuidados y de poder ‘ser’.

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memorias de una C (V – violencia monógama)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la quinta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, violencia monógama, técnicas de dominación.

 

Violencia monógama

Este proceso de objetificación hacia cierto tipo de relaciones propicia también que se generen y que se consoliden (juntamente con las otras opresiones que padecen estas personas) mecanismos que son característicos de las estructuras de poder. Antes de seguir e introducir estos mecanismos me gustaría volver a recordar y hacer hincapié con lo que he comentado anteriormente: las personas con muchos privilegios se pueden beneficiar de las relaciones con pocas implicaciones y por tanto no viven este tipo de violencia de la misma manera, e incluso se podría beneficiar de ella; todo este discurso está pensado especialmente para aquellas personas vulnerabilizadas por otras estructuras de poder, que son las que más fácilmente son excluidas por la monogamia.

A través del imperialismo cultural, las normas sociales que rodean la monogamia como sistema relacional colocan a las C en una posición inferior respecto otro tipo de relaciones. Y cuando digo ‘inferior’ no me refiero a ‘menos importantes’, sino a estatus que te quita voz, a jerarquía. Como he comentado anteriormente, cuando se dice ‘relación’ se piensa siempre en ‘pareja’, cuando se dicen ‘sentimientos’ se piensa siempre en ‘románticos’, o cuando se habla de celos o de problemas relacionales o de maltrato, también se piensa inmediatamente en ‘pareja’. Este imaginario coloca al resto de relaciones en un estatus inferior, invisible, sin reconocimiento de sus emociones, o ni tan siquiera reconocimiento de los problemas que surgen o de la violencia que se pueda generar.

Esto propicia que se pueda crear una situación de marginación (apartades del privilegio que concede otros tipos de relaciones) y desempoderamiento en la propia relación debido a no poder formar parte en las tomas de decisiones de las cosas que les afectan de su propia relación y no poder participar en la creación de las normas y decisiones de su relación. Además, también propicia la explotación relacional, cuando, por ejemplo, las C acompañan emocionalmente a A y B (para beneficiar su relación), pero este acompañamiento no se recibe debido a que las emociones de A y B son reconocidas, mientras que las de C no. O bien, en el contexto competitivo que he explicado anteriormente, el hecho de estar en constante lucha competitiva para poder conseguir un lugar reconocido en las relaciones lleva a muches a un desgaste energético, que acaba llevando a un ‘intercambio’ nada justo o sensible.

Y, finalmente, podríamos llamar a este tipo de mecanismos como un tipo de violencia monógama. Así como se ha especificado y como se ha hablado de la violencia que se genera en las pareja, y bien podríamos llamar este tipo de violencia como violencia monógama (donde hay la apropiación, demanda de exclusividad, mitos del amor romántico, jerarquías entre componentes de la pareja, roles sociales de dominación y maltrato, etc), cuando estamos analizando la monogamia nos olvidamos (como no) de la violencia que la propia monogamia ejerce hacia otres fuera de la pareja (esto ya es un hecho violento de por sí); y es que este tipo de violencia se basa mucho en la invisibilización y el borrado. Un ejemplo de este tipo de violencia podría ser que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como le ‘otre’, o le ‘amante’’ (conceptos que marcan una ‘otredad’), o se nos recuerdo que ‘sólo’ somos amistades (colocándonos en una posición donde no podamos pedir nada si lo necesitamos). Violencia es que no se te escuche cuando estás intentando expresar algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona, sean los que sean, sin tener sensibilidad contextual y del momento. Violencia es que se te tenga en cuenta para hablarte sobre los problemas de pareja de le otre, pero que tus problemas no sean válidos por no ser pareja. Violencia es el consumo relacional. Violencia es que intenten demostrar que no eres nadie para que no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación.

 

Una vez vi una serie de televisión de Estados Unidos donde un hombre había abandonado a su mujer y su hija durante bastantes años debido a estar trabajando como policía infiltrado en un caso. Después de todos los años ‘desaparecido’ vuelve a aparecer en la vida de su mujer e hija. Él intenta recuperar la relación con su mujer, pero la mujer está muy molesta por todo lo que ha pasado (obviamente). En un momento dado de la serie, ella descubre que él había estado con otra mujer durante esos años, y ese acaba convirtiéndose también en uno de los argumentos para no poder retomar su relación: ‘si has estado con otra es que no me quieres suficiente’. Durante todo un capítulo entero el hombre intenta convencer a su mujer que aquella ‘otra’ mujer no es ‘nadie’. Demostrar que alguien no es ‘nadie’, haya representado lo que haya representado en tu vida, es un acto muy violento.

 

Técnicas de dominación y monogamia

 Una vez estaba teniendo una conversación emocionalmente complicada e intensa con una persona con quien llevaba bastante tiempo manteniendo una relación cercana. En un momento dado conseguí comunicarle una cosa que me costó mucho y que era importante: hacía tiempo que me estaba sintiendo dejada, apartada y poco cuidada (especialmente respecto otra relación más reconocida y que parecía más de pareja o principal). Él se dio cuenta rápidamente de que eso era cierto y me dijo que tenía razón. No obstante, después de afirmarlo se ‘defendió’ diciendo que eso le estaba pasando debido a mi (‘mala’) reacción que tuve yo un año antes cuando él me dijo que volvería a ver a su exnovia. Me hizo sentir muy mal y culpable. Tardé horas en darme cuenta de que mi reacción un año antes (una reacción que se basaba en, simplemente, dejar de hablar unos días porque había colapsado emocionalmente) había sido debido al hecho de que me entrara pánico ya que anteriormente siempre me había tratado muy mal cuando tenía relación con su exnovia. Esa táctica que utilizó en ese momento él es una técnica de dominación llamada ‘hacer sentir culpable’.

Hacer sentir culpable a otra persona es una técnica de dominación. Las técnicas de dominación fueron introducidas por Berit As (feminista escandinava) y son mecanismos que se utilizan para ejercer poder sobre otra persona, donde normalmente se aprovechan normas sociales que facilitan la dominación sobre ciertos colectivos oprimidos.

Se invisibilizan a las C a través de técnicas como no reconocer la relación, negar su propia existencia, borrar la relación, etc. Nuestras demandas de compromisos o de cuidados se ridiculizan llamándolas excesivamente demandantes y como es esto nos hiciera más dependientes, en comparación de lo que puede pedir una persona que es pareja principal. Cuando pedimos se nos hace sentir culpables por estar intentando ocupar demasiado espacio en la vida de le otre, especialmente espacio que tendría que ocupar la pareja principal. A las C se las acostumbra a esconder la información mientras se toman decisiones de cosas que les afectan.

 

 

 

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memorias de una C (IV – competitividad y consumismo relacional)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la cuarta parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la quinta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación, competitividad, consumismo relacional.

 

Competitividad y las C

 La competitividad es una situación en la que dos o más persona entran en lucha para poder obtener alguna cosa. Esta lucha implica que una (o unas pocas) ‘gana’ y las demás, las otras, quedan fuera (excluidas). La monogamia es muy competitiva, ya que el afecto, los cuidados, los compromisos y el reconocimiento solamente se dan hacia una persona, haciendo que se puedan dar situaciones de competitividad para poder conseguir reconocimiento de una persona (compitiendo entre personas que quieran obtener reconocimiento de la misma persona). Esta competitividad en las relaciones podrá ser tanto para obtener un prestigio social (obtener ‘trofeos’ en forma de relación que te hagan obtener más privilegios sociales), o bien simplemente reconocimiento personal o cuidados, y vendrá dada por una combinación de muchas cosas: las creencias y normas sobre las relaciones (la propia idea de que solamente una persona puede acceder al reconocimiento), como nos enfrentamos a una metarelación (la relación de una relación nuestra), o bien también con qué sensibilidad nosotresmismes colocamos a nuestras relaciones que puede facilitar o no la competición (especialmente debido a factores estructurales, como por ejemplo cuando reconocemos a quien más privilegios tiene, quien es más guapa, quien tiene más facilidades económicas, o sociales, etc).

Las C, al ser relaciones colocadas en una posición donde no pueden tener voz en su relación, se ven en competición muchas veces con las personas que sí que tienen voz en su relación aunque no formen parte de ella. Las C estarían en constante lucha para poder conseguir una posición reconocida, donde pueda haber un mínimo de cuidados, o se les tenga en cuenta, quedando siempre finalmente excluídas. Todo esto vendría fomentado especialmente por otras estructuras que, en comparación con la otra relación, las excluiría (cuál sería la más guapa, cuál tendría unas capacidades sociales más destacables, cuál sería del género que haría de la relación más reconocida, etc). Por tanto, esta situación pone a las que tienen menos privilegios en situaciones más vulnerables excluyéndolas de forma más frecuente y las que ayudarían a colocarla en una posición C.

 

Diario de una C (Historia 3)

Últimamente siento que tengo mucha ansiedad, acumulo mucha tensión y toda mi atención está yendo a parar a B; tanto, que no me queda tiempo para mí, ni para el resto de mis relaciones. Pero es que me siento constantemente desplazada, que no importa lo que diga o exprese, que se me aparta siempre. Y es muy sutil, que cada vez que quedo con B en alguna cosa, al cabo de unos días me comenta que lo ha hablado con A y que A le ha hecho una propuesta que, en comparación con lo que había hablado conmigo, le ha convencido más y que mejor hará lo que A le ha pedido. No entiendo porque tanta comparación, siento como si se me hubiera puesto en una competición que yo no he pedido.

Y ahora tengo miedo. Tengo miedo a hacer o decir cualquier cosa que haga que se me aparte todavía más. Sin darme cuenta he dejado de expresar cosas que siento o pienso, que me afectan, por miedo a que se me aparte más, y acabo siempre diciendo todo aquello que creo que hará que no se me desplace. O sea, no me puedo enfadar, no puedo expresar disconformidad, no puedo hacer ninguna crítica. Solamente puedo mostrarme dócil y complaciente. Y, sobre todo, siento que tengo que conseguir ser de alguna forma mejor que A.

 

Consumismo de C

 Por defecto, cuando se habla y se presenta el tema del consumismo de relaciones se suele definir ‘relación de consumo’ como una relación que no tiene mucha duración en el tiempo. Haciendo esta relación estamos invisibilizando las relaciones de larga duración que son utilitaristas, objetificadas y a través del consumo propio para alguna satisfacción personal, y a la vez negando la posibilidad de que una relación de corta duración pueda ser cuidada, y no objetificada.

También se suele relacionar el consumo de relaciones con relaciones con ‘solamente’ sexo, cayendo en la idea de que el sexo de por sí es objetificador. Esto desde mi punto de vista también es un error, porque borra muchos otros tipos de consumo que no son ‘sexuales’ (que pueden ser emocionales o intelectuales) y a la vez nos hace creer que tener una relación de sólo sexo es consumista. Esto no quiere decir que no se consuma ni se objetifique mucho a través del sexo en nuestra sociedad, especialmente aquellas personas a las que el patriarcado nos objetifica sexualmente. No obstante, no es el sexo en sí, es por como lo utilizamos socialmente para generar poder sobre otras personas. Si se tiene una relación solamente sexual pero se respetan los consentimientos, las voluntades de le otre o se le escucha en cada momento si tiene o no alguna molestia, no es objetificador.

Yo prefiero relacional el consumo de relaciones con la motivación y con la forma de acercarnos a la otra persona, no con la duración de la relación en sí misma, ni con lo que se comparta. Una relación de consumo desde mi punto de vista sería una relación objetificada (donde le otre es un objeto), utilitarista, donde te acercas para satisfacer alguna cosa que tu quieres sin tener en cuenta lo que quiera la otra persona (si quiere o no lo mismo que tu, o si incluso estás saltándote su consentimiento), y quietándole la voz en las cosas que le afectan, y no pensando en las consecuencias de todo ni cómo afecta esto a su vida ni sus relaciones.

Las C ocupan una posición de consumo relacional ya que, como he comentado, no tienen voz en las cosas que le afectan y, por tanto, se acercan a ella teniendo en cuenta sus necesidades (de quienes se acercan), e incluso las de la pareja, pero no las de las C. Se podría incluso ampliar el consumo desde la propia pareja, no solamente de una de las componentes, como a nueva individualidad que consume relaciones.

 

Diario de una C (Historia 4)

Hoy he ido a un encuentro con A y B y he salido de allí muy confundida. No entiendo muy bien porque, ya que tampoco me han dicho nada malo. Resulta que hace un par de meses nos enrollamos les 3. Todo bien (al menos por mi parte) y tampoco se había hablado de llevar la relación hacia ningún lugar en concreto; de hecho me dejaron muy claro que ‘solamente’ querían un amistad. A y B ya eran pareja antes, esto sí, y lo siguen siendo. Hace una semana me dijeron que necesitaban hablar conmigo y que era muy importante.

Esta mañana hemos quedado y de golpe me han empezado a explicar una historia súper complicada de emociones, de cómo vivieron elles dos la situación ese día, todo un proceso emocional de celos trabajado durante más de un mes, y un montón de cosas que no se me pedían directamente pero sí: un montón de comprensión y unas normas a llevar a partir de entonces. Resulta que estas normas (básicamente que yo no puedo hablar ni quedar con cada une de elles por separado) las habían estado hablando elles dos con anterioridad. Han estado más de un mes trabajándoselo y hablándolo entre elles y poniendo estos límites que de golpe me he encontrado.

Pero esto no es todo, porque ahora tengo la sensación de que tengo que ir con mucho cuidado con todo lo que haga o diga con elles porque se me ha medio impuesto que tengo que ser sensible a la situación, ya que es un proceso emocional. También de golpe tengo la sensación de que estoy en una relación con más implicación emocional y creo que yo no he podido hablar, o sea, no ha sido un proceso en el que yo haya podido hablar nada de todo esto, sino que he salido de aquella casa entendiendo que de golpe estoy en una relación con un cierto grado emocional (ya que se me está pidiendo una implicación, comprensión, acompañamiento y empatía), pero donde yo no tengo privilegios de pareja, y donde tengo que aceptar ciertas normas de limitación para ser sensible a sus procesos emocionales. Y claro, a ver, es que tampoco he tenido muchas opciones, solamente podía decir que sí o no a aquella situación. Evidentemente podía decir que no, pero no sé tampoco me siento cómoda con estas dos opciones.

Ahora entiendo un poco más la implicación del ‘sólo’ en la expresión ‘sólo quiero una amistad’.

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memorias de una C (II – la monogamia como estructura de poder)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la segunda parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aquí y la sexta aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación.

 

Sistema relacional/monógamo

 Nos relacionamos con las personas a través de una estructura, de un pensamiento, de unas ideas y unas normas que nos dicen cómo nos tenemos que relacionar. Estas normas sociales privilegias una forma concreta de relacionarse y generan cierto tipo de jerarquías y violencias, entre muchas otras cosas. A este sistema relacional lo podríamos llamar monogamia, sistema monógamo, estructura monógama, cultura de la monogamia o pensamiento monógamo; y lo llamamos así ya que aunque es un sistema que afecta a más personas más allá de la pareja monógama, está muy relacionado con la pareja (especialmente monógama), ya que es lo que normalmente privilegia.

La monogamia normalmente la definimos y la entendemos como una cuestión de número de parejas o de demanda de exclusividad romántica y sexual: si eres monógame sólo estarás abierte a la posibilidad de tener una pareja y pedirás exclusividad romántica y sexual a ésta, y si no eres monógame supuestamente estás abierte a la posibilidad de tener más de una relación romántica y/o sexual y/o a no pedir estas exclusividades. Pero la monogamia va más allá del recuento del número de relaciones de pareja, ya que además es un sistema, una estructura de poder, un pensamiento, que nos dice cómo nos tenemos que relacional con las personas según cada uno de los estatus diferentes relacionales (pareja, amistad, familiar, etc) y que coloca cada una de estas según unas jerarquías concretas, sumándose o mezclándose, además, con las demás jerarquías que ya existen de otras estructuras (machismo, heterosexismo, racismo, clasismo, capacitismo…). Y no solamente se suma de éstas, sino que también está relacionada con ellas y se alimenta de ellas, como ellas se alimentan de la monogamia (como pasa siempre con las estructuras de poder).

Y, evidentemente, no ser monógame (o sea, tener más de una pareja, o más de une compañere romántique y sexual, o no pedir exclusividad a tu pareja) no implica necesariamente romper con este sistema relacional. Se puede ser no monógame y seguir reproduciéndolo y perpetuándolo, a través de las no-monogamias de pensamiento monógamo.

Se ha hablado ya un poco de cómo funciona este pensamiento, pero la mayoría de las veces ha sido para hablar sobre cómo afecta a las relaciones de pareja: que hay unas normas que nos imponen como tienen que ser nuestras relaciones de pareja,  cuantas tenemos que tener, que funciona a través de la apropiación y la exclusividad (especialmente atravesado por el género, y por tanto, la apropiación se produce normalmente del hombre hacia la mujer) y de la violencia que genera este tipo de relación, especialmente mezclado con los mitos del amor romántico. Pero en todo este discurso muchas veces nos olvidamos de cómo afecta todo esto a las demás relaciones.

La demanda de exclusividad en la pareja es solamente una demanda de exclusividad sexual, sino también muchas otras cosas, que a menudo están implícitas (o sea, que muchas veces no hace falta que funcione a través de una demanda o una exigencia explícita por parte de la pareja, sino que hay unas normas que por defecto hacen que se otorguen). Estas exclusividades se alargan a muchas otras cosas, como son el tiempo que se pasa juntas, el tipo de actividades a las que están limitadas otras relaciones (como la crianza o las vacaciones), o incluso, y muy importante, el reconocimiento de la relación. Todas estas demandas dentro de la pareja van más allá de la pareja, ya que afectan a las relaciones que las rodean.

Aún la violencia que puede haber en una relación de pareja, existe un privilegio social hacia este tipo de relación (por este motivo la pareja tiene el privilegio de demandar estas exclusividades, especialmente la del reconocimiento). El resto de relaciones (las que no son ‘familiares’, ya que la familia a lo mejor podría encontrarse en otro rango), debido a no formar parte de este tipo de ‘privilegio’ (otorgado especialmente para la exclusividad de reconocimiento), quedan más al margen y se crea, a parte de las jerarquías entre personas que puedan haber de género, racialización, o capacidades, entre otras, una jerarquía entre relaciones.

Las relaciones jerárquicas implican un seguido de normas que se imponen desde la relación de pareja (o la que se considera principal en la jerarquía) y que limitan el resto de relaciones que pueden tener con otres. Estas normas se imponen evitando que las personas que no componen la relación de pareja (o más ‘principal’) puedan presentar alternativas o formar parte de procesos de decisión en cosas que las afectan (ya que son normas y limitaciones que afectan directamente a su relación y persona). Normalmente las normas o limitaciones les vienen de fuera y solo pueden aceptarlas o rechazarlas, sin poder plantear alternativas. Todos éstos son actos de objetificación hacia estas personas que no forman parte de la relación de pareja. Las relaciones fuera de la relación de pareja vienen definidas por estas relaciones de pareja y externas a la relación que se está jerarquizando. Las relaciones jerárquicas quitan voz a las personas que no forman parte de la relación ‘principal’ y dan más voz para definir las relaciones fuera de la pareja a personas de las relaciones de pareja que no forman parte de estas relaciones (por este motivo se llaman jerárquicas).

Hace falta enfatizar que normalmente cuando se critica la jerarquía relacional se señala el poliamor jerárquico, pero se suele olvidar la monogamia como sistema que jerarquiza entre relaciones. Es más, el poliamor jerárquico ha copiado de la monogamia: es una ideología del pensamiento monógamo.

Este pensamiento se puede reproducir también aunque no llamemos esa relación como ‘pareja’, por ejemplo, si llamamos nuestras relaciones como ‘sexoafectiva’, ‘compañere’, o no etiquetándola; también se puede jerarquizar unas relaciones respecto otras cuando son más románticas o se comparte sexo, ya que estos factores pueden subir la escalera de la jerarquía; o bien se puede reproducir cuando la configuración es parecida a la de una pareja con más de dos personas, o en las no-monogamias donde existe una relación de pareja ‘principal’ o desde las ‘parejas’ hacia el resto de relaciones. No obstante, también se pueden construir relaciones jerárquicas respecto otras por otros motivos que no sean los románticos y/o sexuales.

Se tiene que diferencias la jerarquía de la importancia, la prioridad o el hecho de compartir cosas diferentes con diferentes personas. Que una relación sea menos importante, sea menos prioritaria en un momento dado, o se compartan más o menos cosas, no implica que se le tenga que objetificar ni quitarle la voz en cosas que le afectan. Quien tiene que poder limitar y poner normas en una relación son las personas que la componen, siendo sensibles a otras relaciones, pero no terceras personas que no forman parte de ella.

Este pensamiento también borra relaciones, emociones o violencias. Hace que cuando digamos ‘relación’ siempre se piense en ‘relación de pareja’, que cuando digamos ‘sentimientos’ por defecto se piense en los ‘románticos’, o también que cuando hablemos de violencias como las ‘de género’ o el ‘maltrato’ se piense normalmente solamente en violencia en las parejas, escondiendo todas las de fuera de la pareja. También se suelen comprender mucho más todas las emociones que provengan de la pareja que la de otra relación, como por ejemplo los celos (a las personas de fuera de la relación de pareja muchas veces se les niega la importancia de lo que sienten por el simple hecho de no reconocerlas, haciendo de esta manera, que no se acompañe emocionalmente emocionalmente o se les niegue poderlas expresar).

Me gustaría aclarar una cosa sobre el tema de los celos. No quiero para nada estigmatizar los celos. Los celos, de hecho, es un conjunto muy complejo de emociones, que no siempre tiene que tener el mismo origen o motivación. El problema, lo que objetifica (y jerarquiza), no son los  celos, es cómo se decide gestionar una situación así, objetificando o quitándoles voz a otra persona. Además, no todos los celos provienen de una situación donde se está tratando de una forma injusta o se te está borrando o negando, cómo podría pasar en los casos de las relaciones jerarquizadas: irónicamente yo he vivido emociones que se podían leer como celos por el hecho de estar apartada, borrada o invisibilizada, cuando todo esto estaba pasando para poder ‘empatizar’ con los celos de una pareja, mientras a mí no se me compañaba.

Una vez en un taller que estaba dinamizando sobre relaciones, una persona me dijo: “La amistad no hace falta cuidarla ni dedicarle mucho tiempo porque ‘siempre está allí’, pero a las parejas o posibles parejas (aquellas de las que te enamoras) se les tiene que dedicar mucho tiempo y cuidar porque se pueden perder.”

 

Diario de una C (Historia 1)

 Constantemente sentía que mi relación con B iba cambiando y no entendía el porqué. Lo que más me jodía es que yo no podía decidir nunca cómo era la relación. Y cada vez que me acostumbraba y me adaptaba (tal y como había intuido que tenía que ser), pam, cambiaba la situación y yo lo tenía que volver a interpretar y me tenía que adaptar. Hace un año lo que tuve que percibir fue que la relación cambiaba hacia más distanciamiento, más límites emocionales y físicos, más límites de lo que se podía compartir o de lo que podía pedir. Me sentía muy desempoderada en esta relación.

De golpe, después de mucho tiempo, hoy B se ha presentado en mi casa y me ha pedido que le ayude a solucionar problemas con su relación con A. Tal y como iba relatando todo yo me sentía muy incómoda, me siento muy descuidada y me está pidiendo ayuda y consejo para entender cómo cuidar de su relación con A. No es que me moleste que me pida ayuda, es que siento un desequilibrio muy grande que no sé cómo describir.

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cancelación de la última actividad del ciclo ‘encuentros sobre anarquía relacional’

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

Por motivos múltiples (personales, relacionales y de espacio) se cancela la actividad que había programada para este sábado 5 de Mayo del ciclo ‘Encuentros sobre anarquía relacional’. Seguramente la volveremos a programar dentro de unos meses. Pedimos disculpas por la cancelación y esperamos podernos encontrar entonces. ¡Estamos bien! Sólo que no podemos ofrecer la actividad 🙂

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