memorias de una C (III – qué es una C)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la tercera parte de la charla ‘Memorias de una C‘. La primera parte la podéis leer aquí y la segunda aquí.

Aviso de contenido: pensamiento monógamo, relaciones jerárquicas, jerarquías, exclusión, objetificación.

 

Qué es una C (y qué no es)

 Me gustaría explicar a qué tipo de relación me estoy refiriendo cuando hablo de C, y a qué tipo no me estoy refiriendo. Cuando hablo de C no me estoy refiriendo a una relación que por el motivo que sea es ‘menos’ importante o ‘menos’ prioritaria: cada relación es diferente y no tenemos porque tener el mismo tipo de relación con todas las personas ni tratar a todes por igual. Una C tampoco es alguien ‘que ha llegado después o más tarde’ que B o A. tampoco es una relación a más distancia o a quien le dedicas menos tiempo, o con quien no tienes un vínculo sexual ni romántico. O sea, puede ser todo esto, pero esto no es lo que la hace ‘C’. y, aunque haga mucho hincapié en que suele ocurrir debido a la jerarquía entre pareja (o pareja ‘principal’) y el resto de relaciones, sobre todo las amistades, esto no quiere decir que siempre que se defina una relación como pareja o como amistad se esté aplicando estas jerarquías (lo que estoy señalando es que existen unas normas sociales que facilitan que sea así), como también es posible que se aplique este tipo de objetificación a través de una jerarquía que no tiene porque ser la pareja la ‘principal’ y respecto a la que se está tratando a alguien como a ‘C’.

Las C son relaciones objetificadas y jerarquizadas respecto las relaciones entre As y Bs. O sea, son personas con la que se mantiene una relación en la que ella, la C, pero que ella no puede definirla, no puede decidir o no tiene voz, o sus emociones, opiniones y voluntades no se tienen en cuenta (sobre todo se pasan por encima las de otras personas que no forman parte de la relación) o son borradas porque no son consideradas ‘relaciones reconocidas como relaciones’. Es la que no puede participar en los procesos de tomas de decisiones en las cosas que le afectan, pero que otras persona que no forman parte de su relación sí tienen voz y voto sobre su relación (normalmente la persona que sí tiene voz y voto es la pareja principal de la persona con la que está teniendo una relación). O son las que ‘no existen’.

También es posible que para alguna relación o persona estés siendo tratade como una C, pero a la vez tengas una relación con un apersona que es ‘principal’: esto no es ser una C (esto, de hecho, es la monogamia de toda la vida).

Quien suele ser más sensible a padecer esta violencia son aquellas personas que son atravesadas por otras estructuras (como el machismo, el heterosexismo, el racismo, el clasismo, el capacitismo, etc). Me preocupa el riesgo de que personas con muchos privilegios se apropien de este discurso para victimizarse y decir que están muy oprimidos. Les que normalmente quedan más marginades en las relaciones son personas que les atraviesa otras estructuras. Además, las personas con muchos privilegios, podrían, en algunos casos, beneficiarse, debido a que relaciones con poca implicación les supondría por parte de ellos no tener que sacrificar ninguno de sus privilegios con para mantener sus relaciones (dedicar tiempo, atenciones, compromisos o cuidados).

 

Diario de una C (Historia 2)

 Hace un mes había quedado con B que nos iríamos un fin de semana. Me emocioné y a la vez estaba un poco incrédula. Una mezcla extraña de sensaciones, ya que B siempre me había esquivado una cosa así. De golpe hace unos días me comentó que marcharía una semana con A durante el agosto de vacaciones. Me he puesto muy tensa porque no sentía el derecho de reclamar nada, pero ¿y qué pasaba con lo que ya habíamos hablado? Se lo recuerdo y me empieza a decir cosas raras, como excusas, no me plantea la idea de irse el fin de semana y me propone ir un día a la playa (no volviendo demasiado tarde) como compensación.

Me he sentido muy mal pero sin derecho a pedir nada, y es que el problema para mí no es que se vaya con otra persona, sino que no entiendo qué ha pasado con el fin de semana que dijimos. Finalmente he hablado con B y me ha comentado que cuando se lo explicó a A ésta sintió celos, y después de estar hablando elles dos un buen rato decidieron que B no se iría conmigo el fin de semana, e irían elles dos una semana al País Vasco. Me he tenido que enterar debido a una crisis de ansiedad mía que ha hecho sentir a B con la obligación de comunicármelo ya que yo no me sentía bien. Me he sentido culpable e invasiva… Una de las excusas que me ha puesto es que igualmente yo no tengo ni tiempo ni dinero y que por tanto era absurdo tenerme en cuenta. Todo para que pareciese que le tendría que dar las gracias por estar decidiendo por mí.

 

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taller: ‘deconstruir contextos para construir relaciones’

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

podéis encontrarlo también en la sección del blog ‘talleres‘ y descargarlo en pdf aquí.

 

Después de un tiempo de parón necesario para mí, vuelvo otra vez con los talleres, siguiendo por el que ya estaba dinamizando anteriormente ‘deconstuir contextos para construir relaciones’, y dentro de poco ofreceré algunos más 😉

 

 

Dinamizado por wuwei (natàlia): feminista y activista crítica sobre bisexualidad/plurisexualidades, no-monogamias, relaciones, antipositivismo, técnicas de dominación y estructuras de poder. Más información: http://estructuradifractada.com/es/sobre-wuwei-un-poco-de-mi/ . También me podéis encontrar en twitter (@wuwei_). Contacto: wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a  wuwei.activismedesorientat@gmail.com

 

Objetivos:

El objetivo de este taller es reflexionar y poner en cuestión el pensamiento alrededor de cómo nos vinculamos con las personas, ya que por defecto, y sin pararnos a pensar mucho, vivimos en una sociedad muy individualista, competitiva, de apropiación y de consumo acrítico, donde repetimos todos estos conceptos también cuando nos relacionamos.

La idea del taller es poder poner un interrogante a la forma que nos viene por defecto de relacionarnos y encontrar herramientas para vincularnos de forma más consciente. Por este motivo la apuesta de este taller es la de empezar a ‘construir relaciones’, para hacer del proceso de vincularnos un proceso un poco más consciente, crítico y sensible. ¿Somos conscientes de le otre?

No pretende dar soluciones estáticas, sino que estas surjan a través de la reflexión en torno a estructuras de poder y conceptos que nos vienen por sistema sobre como tenemos que tratar nuestras relaciones. Este taller tiene una visión crítica con las estructuras de poder, y por tanto, una visión bastante politizada: feminista, anticapitalista y sensible a las opresiones y a una crítica al sistema monógamo, no tanto como sistema de recuento de relaciones de pareja, sino como sistema que nos obliga a relacionarnos de formas más concretas y que genera situaciones de vulnerabilidad, exclusión, poca solidaridad, entre otras.

Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.

 

Dinámicas:

Durante el taller se harán dinámicas para debatir alrededor de las cuestiones:

– individualismo/dominación

– objetificación

–  competitividad

– compromiso

– cuidados

a través de estos conceptos, dinámicas participativas, y también poniendo en algunos casos ejemplos concretos de situaciones, se debatirán estas cuestiones.

No se obligará a participar a todes de la misma manera. Cada une podrá participar como se sienta más a gusto, pueda o quiera. También habrá la posibilidad de expresarse de forma anónima.

 

Número de participantes: máximo 15 personas por cada taller.

 

Duración: 4 horas con un descanso.

 

Accesibilidad: en principio no es accesible (por defecto) para personas sordas, aunque si el taller no es accesible para ti debido a este factor, ponte en contacto conmigo  (wuwei.activismedesorientat@gmail.com) para que pueda encontrar una solución puntual para el taller y puedas participar. A la larga la idea es que pueda llegar a ser accesible para todes.

 

Precio: Flexible (tipo ‘taquilla inversa’), cada une pagará lo que quiera y pueda por el taller (sin que haya un mínimo estipulado, también se puede no pagar nada u ofrecer otras cosas que no sea dinero).

 

Lugar: a determinar (en la ciudad de Barcelona).

 

Día y hora: se fijarán los días y las horas según la disponibilidad de las personas que se inscriban.

 

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a  wuwei.activismedesorientat@gmail.com

 

A tener en cuenta:

No se trabajarán dinámicas corporales, sólo se trabajarán entorno a conceptos y ‘teoría’ o ‘experiencias’ de forma verbal. Se intentará no hablar de experiencias que hayamos tenido con personas que también asistan al taller.

También habrá la posibilidad de comunicar a la dinamizadora que no nos estamos sintiendo bien, o decidir cambiar la forma de participar, marcharse o quedarse de la forma que se sienta más a gusto.

Finalmente, también se pretenderá que es espacio sea lo más seguro posible. Si crees que con alguna/s persona/s no podrías tener este espacio, comunícalo cuando te inscribas.

Si tienes alguna petición o demanda por algún otro motivo que pueda hacer que el espacio sea más seguro para ti, o hay dinámicas que te suelen producir algún tipo de molestia, inseguridad,  o que no permitan que puedas participar, comunícalo al inscribirte e intentaré adaptar las dinámicas.

 

 

 

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plurifeminismo

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

Uno de los (muchos) estereotipos que rodean la bisexualidad es la traición. Las personas bisexuales somos consideradas traidoras por nuestras parejas, que creen que las engañaremos y donde el engaño parece multiplicarse en ‘gravedad’ cuando cabe la posibilidad de que se hago con una persona de un género diferente a ella. También somos traidoras para familiares o por nuestras relaciones en general, que nos ven como personas que no sabemos quedarnos en un solo bando y que por tanto las ‘traicionaremos’ por las que consideran contrarias o sus ‘enemigas’. Somos traidoras también en el trabajo, donde a menudo no se confía en nosotras debido a que también somos consideradas inestables y que por tanto no podemos ser responsables de lo que hacemos.

La reapropiación de insultos es un mecanismo utilizado en muchas luchas como acto de empoderamiento y a la vez de transversalidad para no reproducir otros estigmas, opresiones o violencias. De forma muy similar, desde activismos críticos bisexuales y plurisexuales (de totas aquellas orientaciones donde nos sentimos atraídas hacia más de un género) decidimos muchas veces reapropiarnos de los estereotipos que nos asignan. Negar estos estereotipos implicaría negar la existencia de personas dentro de nuestro colectivo que los reproducen y que tienen todo el derecho a hacerlo, y crearía dos bandos: el de las ‘buenas plurisexuales’ que no reproducen los estereotipos y cumplen más con las ‘normas sociales establecidas’ (que no son promíscuas, que no están confundidas, que saben siempre lo que quieren), y el de las ‘malas plurisexuales’ que reproducen los estereotipos y que son una vergüenza social (como son, por ejemplo, las bisexuales promíscuas).

 

Reapropiarse de un estereotipo como el de la traición no es fácil; si más no, ¿a quien le gusta que le consideren traidora? Pero, si indagamos un poco sobre cuáles son los motivos por los que la bisexualidad (y el resto de plurisexualidades) sean constantemente estigmatizadas, negadas y estereotipadas, nos encontraremos en que éstas pueden ser una amenaza para el patriarcado y para el sistema, de la misma manera que lo son otras alternativas a la heterosexualidad. Esta amenaza hace que el propio sistema intente defenderse de diferentes maneras: o apropiándose de ellas (como hace con la bisexualidad de las mujeres borrando la propia orientación de la mujer y poniéndola en manos del placer del hombre) o negándolas y borrándolas. Ésta reacción del sistema viene dada porque las plurisexualidades, también representan una traición al sistema: traidoras para el sistema, traidoras al sistema. Las personas plurisexuales, y especialmente aquellas que no somos hombres, somos traidoras porque suponemos una posible amenaza al sistema patriarcal.

Uno de los motivos por los cuales representamos una amenaza es por la supuesta posibilidad de escoger que tenemos. Normalmente a las personas plurisexuales se nos dice que podemos escoger entre ser heterosexuales u homosexuales. Esto, que cuando se intenta observar con perspectiva y de forma un poco ‘objetiva’ no parece que tuviera que suponer ningún problema, acaba siendo utilizado muy a menudo como acusación y arma contra nosotras, como si esta posibilidad de elección fuera un problema. El discurso mayoritario sobre la orientaciones sexuales nos dice que la orientación no se puede escoger, que es una cosa natural de cada una de las personas. Este discurso, que parece ‘inofensivo’, lo que hace es seguir colocando a la homosexualidad en una posición negativa, ya que da como único motivo para aceptarla el hecho de que no se pueda cambiar; o sea, que la única opción válida si pudiéramos escoger sería la ‘correcta’: la heterosexualidad. Por tanto, la posibilidad de elección a la heterosexualidad no le gusta porque cuestiona directamente su privilegio: si pudieras escoger, escogerías la heterosexualidad sin duda, y la posibilidad de elección se acabaría aquí. Además, la posibilidad de elección sexual de una mujer supone una amenaza al patriarcado porque las mujeres bisexuales representarían la elección de tener o no relaciones con hombres, que, añadiéndole una sensibilidad feminista, podría empoderar a las mujeres para poder escoger interacciones con hombres y los términos bajo los cuales tenerlas.

Por otro lado, también, las plurisexualidades pueden cuestionar la construcción de los dos géneros impuestos: la estructura sexista y cisexista establece un modelo de dos géneros, forzando a las personas a ser de un género concreto según una asignación determinada al nacer, y a ser heterosexuales. Los dos géneros dictan una estructura opuesta de deseo y mutuamente excluyente. Dentro de este marco la posibilidad del deseo hacia más de un género se hace poco comprensible y supone una amenaza a esta construcción binaria en la que el género siempre tiene que ir ligada a la elección del objeto sexual única i opuesta.

Finalmente, las plurisexualidades a ojos del patriarcado somos consideradas promíscuas y representamos un peligro y amenaza para la cultura de la monogamia impuesta. Siguiendo la línea anterior, la construcción de la idea de que necesitamos a una persona de un género concreto para completarnos, hacer que la atracción hacia más de un género complique la monogamia impuesta ya que existiría la necesidad de tener relaciones con más de una persona para completarnos. La existencia de las plurisexualidades ponen en entredicho toda esta construcción, como la de la familia tradicional y del aislamiento que comporta, lejos de las redes solidarias y la multiplicidad relacional.

Por lo tanto, todas estas amenazas que podrían suponer las plurisexualidades son lo que hacen que el sistema se defienda erradicándolas, o bien apropiándose de ellas, como es el caso de la bisexualidad de las mujeres. La apropiación se produce cuando, en vez de borrarla, se representa de una forma muy concreta en los medios y en la sociedad en general (hipersexualizada y objetificada), quitándole todo su potencial reescribiéndola como otra cosa, como una cosa más conveniente para el patriarcado y para el hombre, que satisface sus necesidades. Normalmente se cree que la bisexualidad de las mujeres es más aceptada, pero no es cierto: está más objetificada. Olvidarnos desde el feminismo de orientaciones u opciones (políticas) como ésta es dejarla en manos del propio sistema para que se siga, por ejemplo, reproduciendo violencia sexual a mujeres que exploran su sexualidad como desean. Reapropiárnoslas es un acto político.

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no soy monógama y no soy un caso de poliamor ‘real’

por wuwei (natàlia)

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Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 28 de agosto.  Podéis ver el artículo original aquí.

Hace relativamente poco me llamaron para ver si me podían hacer una entrevista en un programa de radio para hablar sobre no-monogamias. Bien, en realidad era para hablar de poliamor (evidentemente era el único tipo de no-monogamia que conocían) y fui yo quien intentó generalizar el tema a las no-monogamias. Y es que yo no soy poliamorosa. Intentaré primero introducirme para contextualizarme y contextualizar lo que voy a explicar.

No soy monógama, pero tampoco soy poliamorosa. Me identifico más bien con la anarquía relacional. No entraré en definir ni explicar qué es la anarquía relacional, sino que intentaré explicar qué implica esto para mí en mi vida y cómo construyo mis relaciones. Yo no doy más peso ni importancia por defecto a las relaciones ‘románticas y/o sexuales’; vaya, lo que normalmente llamamos ‘relaciones de pareja’ o cosas que se puedan parecer. Los grados de importancia que doy a mis relaciones dependen mucho de cada una de ellas, las cosas que comparta o no, etc; pero para mí, porque con una persona no tenga un vínculo romántico ni sexual no hace que lo que comparta con ella tenga menos valor (pueden ser proyectos de muchos tipos, o la convivencia, o proyectos de activismo, de crianza, o simplemente quedar para hablar y filosofar, para dormir juntas y hacernos compañía y compartir afecto emocional y/o físico).

Todas las cosas que comparto con cada relación son para mí de cierta importancia, y las intento tratar con cuidado y valor. Sí que tengo relaciones más importantes que otras, pero no jerarquizo (no pongo normas que afectan directamente a personas que no forman parte de la relación sin que ellas no puedan participar en el proceso de toma de decisiones). No quiere decir que trate a todas de la misma manera, no; cada relación es diferente y tendrá sus tiempos de dedicación, esto dependerá de lo que se comparta, de las personas que formen parte de la relación y de lo que quieran. No tengo ninguna relación con la que comparta todo lo que se suele compartir con una pareja, pero con muchas de mis relaciones comparto algunas cosas que pueden ser ‘de pareja’.

Pero esto no quiere decir que por defecto ‘sólo tenga amigas’, que es lo que suele pensar la gente, porque no creo que la etiqueta ‘amiga’ por defecto lleve en ella el valor que para mí toman las relaciones (solamente hace falta que observemos el ‘sólo’ que suele llevar la palabra ‘amistad’ casi siempre delante, como si de una cosa de menos valor se tratara). Creo que el trato que se tiene con las amigas es bastante poco cuidadoso, sin compromisos (o estos compromisos siempre dependen de los compromisos con parejas, que siempre son más importantes) y sin responsabilidad en la relación; podríamos decir que una amiga es aquella de quien puedes pasar durante meses sin informarle de tu ‘desaparición’, mientras que en una pareja tienes que pasar por todo un ritual de ‘ruptura’ que roza la absurdidad.

Por lo tanto, yo no me muevo en ninguno de estos ‘polos’ o ‘estados’, sino que intento establecer relaciones más conscientes con cada una de las personas importantes que forman parte de mi vida, y con todas valoro la comunicación, los compromisos, los cuidados, y un largo etcétera (todo lo que a menudo sólo está reservado a las parejas en la mayoría de discursos monógamos o poliamorosos).

Para quien tenía dudas: no, la anarquía relacional no es ir haciendo las cosas como me sale de las narices, sin comunicación, disfrutando de mi libertad personal sin responsabilidad y sin entender cómo afecto a otras personas. Dicho e introducido todo esto, puedo volver a la historia del principio, cuando me llamaron para participar en un programa de radio. El problema me lo encontré ya de entrada cuando me empezaron a hacer preguntas porque querían saber si (como decían ellas) se encontraban delante de un caso de “poliamor real”. Tiene mucha tela que una persona monógama se ponga a juzgar si tu caso es o no ‘real’; pero más tela tiene el propio concepto de ‘realidad’, como si se pudiera establecer una ‘norma’ poliamorosa que dijera quién es más real que quién. Y como veremos, la ‘norma’ que seguían era el propio pensamiento monógamo.

Una de las primeras preguntas que me hicieron fue si yo tenía familia. Delante de esta pregunta, y con mi ingenuidad, les respondí que sí, que tengo una madre, un padre, una hermana… Después de mi ingenua respuesta, la personas que me estaba preguntando me insistió en que quería saber si yo tenía una familia, no de origen, sino de esas que se crean de la forma más tradicional. Vaya, que si tenía marido o novio (también en un marco muy heterosexual) e hijas. Cuando me di cuenta de la pregunta, respondí de forma muy rápida: “No tengo hijas, ni tampoco pareja”.

La persona que me estaba hablando desde su pensamiento totalmente monógamo debería pensar: “Claro, así es muy fácil definirse como no monógama, ¡total no tiene relaciones!”. Aquí nos topamos con uno de los grandes del pensamiento monógamo: cuando alguien dice ‘relación’ todas piensan en ‘relación de pareja’, y cuando hablamos de ‘familia’ se trata de tener una pareja y criaturas (con esa pareja). Me preguntó después: “¿Pero cuantos años tienes?”, suponiendo que era una adolescente que aún no había seguido el camino marcado por la sociedad. “37”, le contesté. Vacío existencial al otro lado del teléfono y suspiro de no entender nada.

De forma muy poco tímida mi interlocutora me comentó que les interesaba mucho más encontrar una persona que tuviera familia, ya que se trataría de un caso de poliamor “real”, y que mi caso no era demasiado interesante ni “creíble”, porque no era demasiado realista al no tener pareja/s. A partir de aquí era imposible razonar. ¿Cómo le explicaba yo a esta persona que no tengo parejas pero que me muevo con una configuración relacional compuesta de personas que son muy importantes para mí y con las que comparto cosas ‘de pareja’, pero con ninguna de ellas ‘todas las cosas de pareja’? Sobre todo cuando te coge desprevenida (no me esperaba que alguien que se interesara por la no-monogamia me diría cosas como estas).

Lo intenté, que conste, pero lo que querían, claramente, era un caso de una pareja que tenían hijas y que habían abierto la relación porque “su pareja les había permitido estar con otras”. Yo no tenía nadie que me diera o me quitara permiso, y esto, para el pensamiento monógamo, no es real, no es una relación de verdad. Según la mirada monógama, las relaciones no monógamas se tienen que basar también con el ideal de pareja, sólo que existe un permiso explícito de tu pareja para poder estar con otras personas (la mayoría de veces estipulando unos límites). Para el pensamiento monógamo las relaciones que no son de pareja no son ‘relaciones’ son ‘solo amistades’.

Finalmente, hablando con esta persona llegamos a la conclusión de que más o menos yo podría encajar, aunque me pidió que por favor buscara un caso más ‘real’ que me pudiera acompañar. El problema es que no suelo llevar casos ‘reales’ en el bolsillo, en el bolso, o de complemento, cosa que dificulta la tarea de buscar de forma objetificadora un caso concreto de alguna cosa que se parece a la monogamia pero con un toque exótico. Por lo tanto, decidió ir a la mía, y seguir. ‘Sí, sí, ya lo buscaré’.

La segunda vez que me llamaron estaba un poco más preparada (al menos ya no creía ingenuamente que respetarían mi forma de vivir las relaciones sin definirme como más real o menos). Esta vez no me llamó la misma persona, sino una compañera, que automáticamente a la segunda frase me dijo: “Me ha dicho mi compañera que eres soltera”. Aquí me saltaron todas las alarmas y de mi cabeza empezó a salir humo. De hecho, lo que mi cabeza vio de golpe fue toda mi red afectiva (las personas que configuran mis relaciones importantes) negada totalmente, como si no existiera, como si no fueran nadie, borrada, erradicada. Un drama para mis sentidos.

Salté rápidamente: “¡Yo no soy soltera!”. Delante de mi rápida respuesta, la otra persona me comentó: “Bien, mi compañera me dijo que no tenías pareja”. Yo, que estaba en el autobús en ese momento, empecé a explicarle cuál era mi forma de relacionarme, intentando hacerle entender que, si no pretendo tener parejas y que hay personas que son muy importantes en mi vida, el propio concepto de soltería es absurdo.

El concepto de soltería proviene también del pensamiento monógamo, donde hay dos estados posibles para una persona: con pareja o soltera (el bueno y el malo). Rompiendo con una es inevitable que la segunda acabe siendo un concepto bastante absurdo de aplicar en tu vida. ¿Son mis relaciones menos importantes porque no las llamo parejas? ¿Soy soltera porque no llamo a ninguna persona “pareja”? Lo más fuerte de todo es que para intentar explicar esto a esa persona tuve que entrar en detalles personales de mi vida: si tenía sexo o no, o sobre cómo compartía intimidad.

Al pensamiento monógamo también le gusta mucho resaltar un tipo muy concreto de amor: el amor romántico, y/o el amor de pareja. El resto de amores, de afectos, quedan totalmente invisibilizados, menospreciados y dejados a de lado. Pero, intenta explicar esto en un programa de radio de 20 minutos donde hay tres entrevistadas más. Por este motivo, cuando en un momento dado durante el programa se me preguntó sobre el amor de pareja y su importancia, mi respuesta fue volver a marear al personal: “Sí, el amor es importante, pero tenemos que dejar de hablar solo de amor de pareja, hay muchos otros tipos de amor también, de los que siempre nos olvidamos y dejamos de lado, como el afecto entre compañeras, amigas, u otras relaciones importantes de tu vida”.

Tengo que admitir que como activista la situación y la historia que viví fueron muy provechosas. Esta vivencia me ayudó a entender un poco más cómo funciona el pensamiento monógamo y cómo se expresa. No es que haya sido la única experiencia, tengo casi cada día. Pero a esta en particular le tengo estima, porque pasé de detestar que me dijeran que yo no era un caso “real”, a entender y aceptar que no quería ser un caso ‘real’ si la ‘realidad’ se podría definir como “la obligatoriedad de tener pareja y familia y solo reconocer un tipo de amor como verdadero”. Así que, en un acto de reapropiación, me reafirmo: soy anarquista relacional, no soy monógama, y no, no soy un caso de poliamor “real”.

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la competitividad en las relaciones: del discurso de la compersión al de la cooperación

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

La competitividad es una situación en la que dos o más personas entran en lucha para poder obtener alguna cosa. Esta lucha, evidentemente, implica que una (o unas pocas) ‘gana’ y la otra (o las otras) queda fuera (excluídas). La idea de que se tiene que luchar para conseguir alguna cosa puede estar basada en la suma de varias creencias, normas sociales y deseos inducidos muchas veces por estas creencias y normas (o también porque no tienes más remedio, ya que no entrar implica, como veremos, quedarse totalmente fuera, excluída, y no poder ni tan siquiera poder recibir cuidados o un mínimo de reconocimiento). Estas creencias y normas son, por ejemplo, la suposición de escasez (donde se cree que solamente una o pocas pueden obtener alguna cosa porque escasea), la suposición de propiedad (solamente una persona puede obtener esa cosa y ser la propietaria, evitando que les otres también la puedan disfrutar), o la voluntad de acumulación (como más cantidad tengamos de alguna cosa mejor, y esto también pasa por evitar que les demás la tengan o que la tengan en una cantidad más limitada). Por tanto, bajo estas premisas para poder obtener alguna cosa tienes que excluir a otras personas.

En la estructura monógama las relaciones pueden dar ciertos privilegios (por ejemplo, tener una pareja te da una serie de privilegios sociales), te pueden dar cierto prestigio (por como está considerado socialmente tener un cierto tipo de relación con un cierto tipo de persona) o bien se puede obtener algún ‘beneficion’ al consumirlas (no solamente de forma física o sexual, como se suele señalar, sino también de forma emocional). Por tanto, las relaciones pueden acabar viéndose como un ‘trofeo’; o más bien podríamos decir quee por defecto en nuestra sociedad las relaciones se ven como un ‘trofeo’. Esta idea proviene del pensamiento monógamo y se repite en las no-monogamias de pensamiento monógamo: acumular más trofeos y/o seguir consumiendo relaciones. Esto, juntamente con las creencias presentadas anteriormente, fomentan la competitividad que se daría para poder obtener este tipo de prestigios o beneficios. Además, por otro lado, aunque lo que se quiera en una relación no sea una especie de trofeo o de prestigio, si lo que se quiere es afecto, atenciones, compartir, compromisos o cuidados, debido a la misma creencia de escasez, o a la de que solamente una o pocas personas pueden acceder, también hace que se acabe compitiendo sin necesidad de querer obtener ningún premio en ‘especial’. Finalmente, esto acaba arrastrando a todes aquelles que no entrarían a competir para obtener trofeos ni consumir, o aunque no creyesen que el afecto, los cuidados o los compromisos no se pudieran compartir con otras personas, ya que en este contexto, que ya es competitivo de por sí, el riesgo es quedarte excluíde.

Una de las consecuencias de la competitividad es la exclusión, que vendrá dada la mayoría de las veces por cuestiones estructurales: la persona que tiene menos características que la hacen buena para competir en esas circumstancias. Si hablamos de relaciones puede ser desde la menos guapa, a la más introvertida y/o que tiene menos facilidad para poder socializar, pasando por la que menos dinero tiene, la que tiene menos capacidades (socales, emocionales, o físicas), o la que su género hace que su relación no pueda competir con el privilegio de una relaicón entre dos personas de géneros diferentes. No todas las personas partimos desde la misma posición, algunas estamos colocadas en una posición estructuralmente inferior comparadas con otras personas respecto una relación en común. Esta situación pone a les que tienen menos privilegios en situaciones más vulnerables excluyéndoles de forma más frecuente. Fomentar este tipo de competitividad acaba reproduciendo cuáles son los valores sociales ‘positivos’ marcados por las estructuras y se acaba reproduciendo violencia estructural: machismo, heterosexismo, racismo, gordofobia, capacitismo, clasismo, etc.

Esta lucha, además, lleva a muches a un desgaste energético, de tiempo y de atenciones considerable debido a que cuando estás compitiendo tienes que focalizarte mucho en esa relación para conseguir ser reconocida. Debido al desgaste de recursos sin que esté habiendo un ‘intercambio’ suficientemente justo o sensible, se acaba llegando a una explotación (que beneficia a la persona que hay ‘en medio’ por la que se está compitiendo), un desgaste y también una alienación (ya que al final tampoco te queda tiempo para otras personas o relaciones).

A partir de mi experiencia he podido vivenciar y detectar tres tipos de situaciones diferentes en las que se suele dar competitividad en las relaciones. El primer tipo de situación se daría por como generamos y creamos los espacios que compartimos; diciendo ‘crear espacios’ me refiero a espacios también virtuales (grupos de debate, foros, grups de whatsapp, etc), no sólo físicos, y no sólo a través de como se reparte el espaio, sino también las normas y referencias que se crean (explícitas e implícitas) entre muchos otros factores. Normalmente por defecto se suele pensar muy poco en este aspecto y tdos los espacios acaban reproduciendo estructuras de poder y jerarquías: un ejemplo simple sería el de un piso estándard donde la habitación principal suele ser pensada para una pareja y no para que puedan dormir más de dos personas juntas, reproduciendo la estructura monógama y amatonormativa. En este ejemplo se da el caso de que para poder dormir en compañía, la lucha por este espacio y a la vez por ver quien lo puede ocupar, puede estar excluyendo a otras persoans. Pero si vamos a casos más complicados, podríamos pensarnos como organizamos normalmente los eventos sociales donde queda poco espacio para pensar como se gestionan las interacciones teniendo en cuenta todas las estructuras, y muchas personas quedan excluídas de la posibilidad de poder conectar con otras personas que asisten, reproduciendo capacitismo (las personas con menos capacidades sociales quedarían más excluídas), presiones estéticas, entre muchos otros factores.

El segundo tipo de situaciones competitivas se darían cuando una persona que está teniendo dos o más relaciones no es sensible a como trata a éstas y las pone en situaciones en que tienen que competir entre ellas. Esto acaba beneficiendo a quien le es mucho más fácil conseguir tener una relación más ‘reconocida’ socialmente debido a tener más privilegios. Por ejemplo, una relación entre un hombre y una mujer disfrutará de más privilegios y será más fácilmente reconocida que la de dos mujeres; o bien, una relación con una persona con unas capacidades socales más grandes también podrá ser más reconocida socialmente como relación. Y, finalmente, otra situación de competitividad se daría si es tu metarelación (la relación de tu relación), o tú misme, la que querría (de forma consciente o inconsciente) competir con le otre, poniéndoos en una situación de competición intentando hacerse con la relación que tenéis en común a través de mecanismos muy diversos.

Las situaciones de competitividad pueden llevar fácilmente a emociones relacionadas con la exclusión, o con el miedo a esta exclusión, o bien a este sentimiento constante de comparación en la que te sientes pequeña, especialmente cuando te comparas en términos estructurales (si padeces, por ejemplo, de gordofobia, capacitismo, entre otras estructuras, es muy probable que este sea un motivo más para sentir este miedo y de estar constantemente sintiendo que tienes que competir con quien no padece estas opresiones y estructuras). Estas emociones se podrían traducir e interpretar muchas veces también como ‘celos’. Normalmente cuando se habla de celos se suele señalar sólo como un conjunto de emociones que provienen de falsas creencias y de la necesidad de apropiarse de otra persona (como que yo quiero que una persona, mi pareja, sea de mi propiedad, cuando está con otra persona esto me genera unas emociones que me hacen sentir mal). Esta forma tan excesivamente resumida de explicar los celos borra todas las otras veces donde este conjunto emocional proviene de situaciones donde se te está tratando de una forma injusta respecto otras personas o bien que estás padeciendo una situación de exclusión o de competición.

Una de las cosas que no paramos de repetir en entornos no monógamos es que se tiene que conseguir sustituir los celos por la compersión (sentimiento de felicidad o placer debido a que tu relación está con otra personas que no eres tú). Este émfasis hacia la compersión desvía totalmente la atención de como tratar los celos intentando sustituirlos por otra supuesta emoción que no permite poder señalar situaciones injustas y a la vez no deja de recaer en un ideal absurdo de hacer émfasis de que nos tenemos que sentir de alguna manera cuando las personas con las que nos relacionamos están compartiendo algo con otras personas. Si en los mitos del amor romántico y la monogamia, los celos son una muestra de amor, en los discursos no monógamos se ha substituído por la compersión como el ideal de muestra de amor. Pero esta compersión no se traduce en acciones concretas que ayuden a generar relaciones más o menos justas, sino que la desvían y quitan la atención en intentar analizar de donde podrían provenir los celos, especialmente cuando se trata de situaciones de exclusión, competición o de otras situaciones injustas.

¿Realmente qué soluciona substituir todo tipo de emoción interpretada como celos por la compersión? ¿Es necesario que yo tenga que sentir alegría? No digo que no esté bien o que no sea bonito sentir alegría, sino que me planteo si es necesario. ¿No es mejor hablar de qué propuestas podemos presentar para evitar relaciones de maltrato, cuáles son las formas más justas o no de relacionarse para también ocuparnos y responsabilizarnos de las emociones que provocamos a otres en situaciones injustas o violentas? Una propuesta alternativa, más práctica, a la compersión es la cooperación. La cooperación nos permite tener en cuenta a las demás personas, a su existencia, y por tanto a pensar como ser sensibles les unes con les otres para no ponernos en stuaciones de competición. Nos permite pensar en acciones, en entender cuál es la situación de cada une, en vez de centrarnos simplemente en substituir una emoción por otra, como si esto arreglara alguna cosa. La cooperación nos permitiría dejar de querer ‘curar’ mis emociones, inseguridades y miedos, generando a les demás, que es lo que pasa muchas veces cuando ‘para curar mis inseguridades’ respondemos competiendo y excluyendo a otres. Esto no quiere decir que no nos tengamos que ‘curar’ ni que no tengamos que prestar atención a lo que se está sintiendo; pero en vez de competir y echar a otre, a lo mejor podríamos ser conscientes de le otre y ayudarnos entre todes a curarnos las heridas que el patriarcado y el capitalismo nos han ido dejando.

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la monogamia también es privilegio

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí y se publicó en pikara el pasado 14 de julio.  Podéis ver el artículo original aquí.

Hablar de alternativas al modelo relacional monógamo no siempre implica hablar del mismo tipo de puntos de vista. Aún así, el modelo ‘no monógamo’ más visible es aquel que beneficia a las personas con más privilegios (como siempre pasa con todo): de clase social, de género, de orientación sexual, de capacidades, etc. Además, las relaciones más visibles y tratadas son también un tipo de relaciones muy centradas en las relaciones sexuales y románticas (las comunmente llamadas ‘relaciones de pareja’). Pero como pasa también con los feminismos o las luchas LGBTI+, no existe un discurso único, ni una forma única de vivirse a une misme en relación con lo que significa ser ‘no monógame’. El discurso hegemónico y principal de las no-monogamias (y que, no nos engañemos, es una reproducción del mismo pensamiento monógamo pero multiplicado per el número de parejas que tengas) es fuertemente capacitista, compeitivo, machista, heterosexista, y podríamos ir sumando más opresiones. Pero esto no es nuevo. Esto nos ha pasado también en los colectivos LGBTI+, donde se han planteado luchas que solamente beneficiaban a los hombres cisgénero gays blancos monógamos de clase media/alta sin diversidad funcioanl y neurotípicos; ha pasado también con los feminismo, donde ciertos feminismos más institucionales solamente beneficiaban a una tipolgía de mujer (cisgénero heterosexual blanca, y con todo el resto de privilegios); y, por tanto, como no, nos está pasando con las no-monogamias, donde hay un modelo poliamoroso normativista que a quien más beneficia es a personas (sobre todo hombres) heterosexuales cisgénero de clase media/alta y con unas capacidades emocionales consideradas normales: un discurso evidentemente elitista de la no-monogamia, que en vez de proponer una verdadera alternativa a la monogamia como estuctura, lo que hace es perpetuarla cambiando solo cosas como el número de parejas, de amantes o de compañeres sexuales. Aún siguiendo perpetuando la monogamia, a estas prácticas se las suele llamar también ‘no monogamias’. ¿Por qué? Debido al error de definir la monogamia solo a través del número de relaciones y no como una estructura de poder o una forma de pensamiento. Hacerlo de esta última forma nos permite hablar de alternativas críiticas (y reales) a la monogamia muy diferentes a los discursos elitistas.

En nuestros espacios más politizados se están generando fuertes críticas hacia la no-monogamia; una crítica que comprendo y con la que empatizo cuando veo especialmente el tipo de no-monogamia que por defecto se nos está intentando vender desde algunos sectores. Un tipo de no-monogamia que repetimos en espacios liberados y/o politizados sin tener ni idea de lo que estamos haciendo: parejas ‘abiertas’, jerarquías, objetificaciones, consumo de relaciones, y un largo etcétera. Pero tal como lo estoy viviendo yo, siento que no se está señalando cual es el problema, como he comentado anteriormente. El hecho es que se está señalando la no-monogamia, como si el problema fuese cualquier no-monogamia. Se habla de machismo (que sí, que lo hay y que es un problema), pero se señala que el problema es la no-monogamia (de forma general) juntamente con el machismo que la hace problemática, y no el tipo de no-monogamia (que tiene un fuerte pensamiento monógamo y que es utlilizado por el machismo para abusar). He llegado a oír que la no-monogamia es un invento de los hombres machistas para aprovecharse de las mujeres, y otras cosas por el estilo, obviando que la monogamia, nacida como estructura en el corazón del patriarcado de nuestra cultura, se basa en la aporpiación (especialmente de los hombres hacia las mujeres), el consumo acrítico de relaciones, la exclusión sistemática y la competitividad: cuatro cosas que intentamos combatir diariamente en nuestros espacios. Y con esto no digo queno haya hombres que no se aprovechen de estos discursos normativistas y privilegiados de la no-monogamia para perpetuar sus privilegios, al contrario; tampoco quiero obviar como se están llevando a cabo las no-monogamias en muchos espacios, de forma muy jerárquica, sin compromisos, sin ninguna sensibilidad a las estructuras de poder, sin responsabilidad, y con una alta tendencia a solo considerar ‘relaciones’ aquellas quee son sexuales y románticas y a no considerar, además, la cooperación con nuestras metarelaciones (las relaciones de nuestras relaciones). Lo que veo problemático es que sin hacer un crítica más profunda y estructural se están atacando las vulnerabilidades que muches estamos dejando en unas prácticas no monógamas que intentan ser más sensibles a combatir opresiones frente a una estructura dominante hegemónica como es la monogamia.

A veces estas ‘críticas’ nos colocan a las personas no monógamas como si tuviéramos más privilegios por el hecho de no serlo (como si romper con la monogamia te otorgase privilegios de alguna manera). Esta idea proviene de diferentes puntos, como por ejemplo por el hecho de que se nos ve o se nos lee como personas que ‘acumulamos’ o ‘consumimos’ más relaciones (específicamente de las romáticas y/o sexuales). Esta idea es una lectura totalmente monógama, donde se ve toda relación romática y/o sexual como una relación de propiedad o de consumo, y por tanto desde esta visión, la no-monogamia solo consistiría en una multiplicación de esto en el número de relaciones románticas y/o sexuales que tengamos. Otro frente que nos colocaría en una situación que se supone más privilegiada es el de creernos más empoderades debido a estar rompiendo con una estructura que nos oprime. Sí que es cierto que la monogamia nos limita, no nos permite poder establecer relaciones incompatibles con nuestra relación de pareja, pero a la vez nos da una serie de privilegios sociales (privilegios monógamos y privilegios de pareja); esta visión invisibiliza que romper con la monogamia te hace perder privilegios y te coloca muy amenudo en posiciones más vulnerables, ya que socialmente todo está construido para que nuestras necesidades y estabilidades (también económicas) pasen a través de la monogamia y de las relaciones de pareja (sobre todo heterosexuales). Finalmente, todo esto suma al hecho de que, como he comentado antes, el discurso más visible es un discurso de personas con más privilegios, cosa que acaba ayudando a fomentar esta visión de que la no-monogamia es por defecto un paraíso privilegiado.

Romper con la monogamia como pensamiento y estructura tiene un gran potencial para ayudar a romper también otras estructuras de poder (patriarcales, capitalistas, entre otras) porque nos da la oportunidad de poder construir nuevas formas de relaiconarnos mucho más solidarias, menos jerárquicas, más conscientes, más comprometidas, más cooperativas, y más sensibles a la situación estructural de cada una (a las opresiones y los privilegios que nos atraviesan). Permite tejer redes de apoyo y establecer vínculos más solidarios que no tengan que pasar por la jerarquía de pareja (y otras jerarquías) para poder sobrevivir (especialmente cuando tienes menos privilegios). Ahora bien, trabajar alternativas a los tipos de relaciones impuestas, a muches nos coloca en posiciones de vulnerabilidad, ya que dejas una estructura que socialmente re ayuda a sustentarte de forma más fácil (como he explicado anteriormente, dejas atrás privilegios, como el de la monogamia). Se entiende que perder estos privilegios, cuando ya estás suficientemente vulnerabilizada por otros motivos, no es una cosa que todes puedan permitirse. Pero una cosa es esto y la otra es atacar las no-monogamias dejando la puerta totalmente abierta para que se defienda la monogamia como si se tratara (solamente) de ‘una opción más’. ¿Por qué delante de situaciones de abuso de privilegios de unos sectores con discursos elitistas y de la violencia que pueden generar a colectivos vulnerabilizados todavía pensamos en defender la monogamia y cupar a la no-monogamia (como si toda esta violencia la provocara la propia no-monogamia) sin tener en cuenta todos los colectivos vulnerabilizados que nos llevamos por delante? Precisamente defender la monogamia y su pensamiento (sin ningún tipo de crítica al respecto) es defender indirectamente la insolidaridad que perpetúa, que solo tiene en cuenta y reconoce como relaciones las de pareja, que explota a les amigues, que se apropia de las personas, que incita a consumir relaicones (más allá también del consumo sexual o de cuerpos), que no considera a les ‘otres’ como sujetos a tener en cuenta, que tiende a ver a les ‘otres’ como conflictos, que les quita la voz sobre las cosas que les afectan, que objetifica, y que nos hace competir. Aquella monogamia que indirectamente también estamos criticando cuando se reproduce en aquellas prácticas elitistas que solo consisten en multiplicar el número de relaciones a objetificar.

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nuevo taller: ‘deconstruir contextos para construir relaciones’

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

podéis encontrarlo también en la nueva sección del blog ‘talleres‘ y descargarlo en pdf aquí.

 

Dinamizado por wuwei (natàlia): feminista y activista crítica sobre bisexualidad/plurisexualidades, no-monogamias, relaciones, antipositivismo, técnicas de dominación y estructuras de poder. Más información: http://estructuradifractada.com/es/sobre-wuwei-un-poco-de-mi/ . También me podeis encontrar en twitter (@wuwei_). Contacto: wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Si te quieres inscrivir envía un correo electrónico a wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Objectivos:

El objetivo de este taller es reflexionar y poner en cuestión el pensamiento alrededor de como nos vinculamos con las personas, ya que por defecto, y sin pararnos a pensar mucho, vivimos en una sociedad muy individualista, competitiva, de apropiación y de consumo acrítico, donde repetimos todos estos conceptos también cuando nos relacionamos.

La idea del taller es poder poner un interrogante a la forma que nos viene por defecto de relacionarnos y encontrar herramientas para vincularnos de forma más consciente. Por este motivo la apuesta de este taller es la de empezar a ‘construir relaciones’, para hacer del proceso de vincularnos un proceso un poco más consciente, crítico y sensible. ¿Somos conscientes de le otre?

No pretende dar soluciones estáticas, sino que estas surjan a través de la reflexión entorno a estructuras de poder y conceptos que nos vienen por sistema sobre como tenemos que tratar nuestras relaciones. Este taller tiene una visión crítica con las estructuras de poder, y por tanto, una visión bastante politizada: feminista, anticapitalista y sensible a las opresiones y a una crítica al sistema monógamo, no tanto como sistema de recuento de relaciones de pareja, sino como sistema que nos obliga a relacionarnos de formas más concretas y que genera situaciones de vulnerabilidad, exclusión, poca solidaridad, entre otras.

Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.

Dinámicas:

Durante el taller se harán preguntas y se leerán textos que girarán entorno a las cuestiones de:

– dependencia e independencia

– objetificación y competitividad

– compromiso y responsabilidad

– cuidados

a través de estos conceptos, dinámicas participativas, y también poniendo en algunos casos ejemplos concretos de situaciones, se debatirán estas cuestiones.

No se obligará a participar a todes de la misma manera. Cada une podrá participar como se sienta más a gusto, pueda o quiera. También habrá la posibilidad de expresarse de forma anónima.

Número de participantes: maxim 15 personas por cada taller.

Duración: 4 horas con un descanso

Accesibilidad: en principio no es accesible (por defecto) para personas sordas, aunque si el taller no es accesible para ti debido a este factor, ponte en contacto conmigo (wuwei.activismedesorientat@gmail.com) para que pueda encontrar una solución puntual para el taller y puedas participar. A la larga la idea es que pueda llegar a ser accesible para todes.

Precio: Flexible (tipo ‘taquilla inversa’), cada une pagará lo que quiera y pueda por el taller (sin que haya un mínimo estipulado, también se puede no pagar nada u ofrecer otras cosas que no sea dinero). Aunque el taller no es de una gran complexidad (de material y de dinámicas), haber llegado discursivamente a poder ofrecer un taller este tipo ha tenido un coste importante de tiempo, emocional y económico; por este motivo siento que necesito cobrar algún tipo de compensación económica. Aún así, soy sensible a la situación económica de cada personas, y no quiero que no sea accesible para persona que no puedan permitirse pagar nada. Dejarlo con un precio flexible (como una taquilla inversa, donde cada une pague lo que quiera y pueda al finalizar el taller) es la fórmula que creo que encaja más con lo que deseo para este taller. Dejo que sea cada persona que lo decida según sus necesidades, condiciones y voluntades.

Lugar: a determinar (en la ciudad de Barcelona).

Dia y hora: se fijarán los días y las horas según la disponibilidad de las perasonas que se inscriban.

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a wuwei.activismedesorientat@gmail.com

A tener en cuenta:

No se trabajarán dinámicas corporales, sólo se trabajarán entorno a conceptos y ‘teoría’ o ‘experiencias’ de forma verbal. Se intentará no hablar de experiencias que hayamos tenido con personas que también asistan al taller.

También habrá la posibilidad de comunicar a la dinamizadora que no nos estamos sintiendo bien, o decidir cambiar la forma de participar, marcharse o quedarse de la forma que se sienta más a gusto.

Finalmente, también se pretenderá que es espacio sea lo más seguro posible. Si crees que con alguna/s persona/s no podrías tener este espacio, comunícalo cuando te inscribas.

Si tienes alguna petición o demanda por algún otro motivo que pueda hacer que el espacio sea más seguro para ti, o hay dinámicas que te suelen producir algún tipo de molestia, inseguridad, o que no permitan que puedas participar, comunícalo al inscribirte e intetaré adpatar las dinámicas.

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deconstruyendo los discursos hegemónicos y científicos de la orientación sexual: desorientación, fluidez, inestabilidad y confusión como actos revolucionarios (II – ciencia y el binario natural/cultural)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Segunda parte. El mes de Abril de 2016 se celebraron las I Jornadas Desorientadas en Madrid. En esas jornadas di una charla sobre monosexismo, su discurso y de como se ha construído este discurso. El audio de la charla lo tenéis aquí (aviso de contenido del audio: lenguaje cisexista e intersexfóbico debido a estar explicando el discurso médico entorno a las orientaciones). Esta es la segunda parte. La primera la podéis leer aquí.

Ciencia moderna occidental y positivismo

Las estructuras de poder son construidas por la cultura, aunque no solamente son expresadas a través de la simbología o el lenguaje, sino también a través de lo que llamamos ciencia.

La ciencia (moderna occidental) es considerada normalmente como un trabajo ‘objetivo’ que hacen unas personas que nos hacemos llamar ‘científicas’. El positivismo es precisamente esto, es la forma en la que se supone por defecto que funciona la ciencia: dice que somos observadores externes sin influencias sociales de ningún tipo que podemos ver, entender, la realidad exactamente como es. Este punto de vista es, para mí, irreal.

Observar, es una forma de leer, está influido por nuestra lengua, nuestra cultura, por las estructuras que llevamos a cuestas. Incluso, escogemos los objetos de estudio basándonos en parámetros culturales. Además, también observaré las cosas que se correspondan con un cierto interés a los proyectos que tengo, a lo que quiero llegar, a los intereses, ya no solo sociales o políticos, sino también económicos. La observación neutra es una ficción, y la objetividad no es absoluta, sino relativa a una cultura, y a una interacción entre la persona que observa y el objeto observado.

La ciencia al usar la cultura para observar, definir, interpretar, está en realidad llena de metáforas. Metáforas, son, por ejemplo, cuando a lo largo de la historia de la biología celular se ha explicado la unión del óvulo y el espermatozoide a través de estereotipos asignados como femeninos y masculinos. Por ejemplo, llamar a los espermatozoides como ‘armas’ o ‘pretendientes’ que ‘luchan’, y van a buscar al óvulo contra corriente, donde este espera ‘pasivamente’ y atrae a un montón de ellos, donde parece que finalmente solo uno consigue ‘fertilizar’ al óvulo, donde este a la vez ‘cierra las puertas’ a otros ‘pretendientes’. Y quien no vea la carga social aquí es que está inmerse en el total positivismo.

Lo que al principio son metáforas, cargas culturales, cuando pasan a ser aceptadas y respaldadas pasan a verse como ‘racionalidades’ u ‘objetividades’. Por tanto, lo que llamamos ‘racionalidad científica’ es un concepto abstracto que no hace más que volver a escribir la historia de las ciencias vista por los vencedores. ¿Y quién son los vencedores? ¿Quiénes son los que escogen lo que se acepta o no en ciencia? Las clases dominantes. Esas personas que ya de por sí mismas están en una posición de privilegio respecto las estructuras de poder. La ciencia, la racionalidad científica, está escrita por el hombre cis hetero blanco sin diversidad funcional de clase media/alta. Estos son los vencedores. Eso no quiere decir que las personas que hacen ciencia seamos todas hombres cis hetero blancos etc etc, sino que lo que se acepta y lo que no, pasa por este filtro del privilegio. Y, al final, los estudios, las conclusiones, que perduran, que se aceptan, son aquellos que encajan mejor en las estructuras, que ayudan a sustentarlas o que provienen de ella.

Y me gustaría hacer un pequeño apunte: si en ciencia ha habido cosas que han cambiado y han roto con esas descripciones privilegiadas ha sido gracias a activistas, que muches o algunes de elles también eran y son científiques. Con esto quiero recalcar que el gran trabajo y valor del activismo y de nuestras posiciones políticas desde la opresión han conseguido estos cambios. Porque por sí sola la ciencia no lo ha hecho.

La ciencia moderna, por tanto, está unida a la representación del mundo propia del individuo que se siente exterior a lo que le rodea, a la vez que trata de explotarlo y dominarlo. Esa es en buena parte la ideología que hay detrás de la ciencia moderna. Este manto de ‘racionalidad’, ‘objetividad’ y ‘neutralidad’ es una forma de enmascarar la ideología que existe detrás de lo científico, proclamando así su saber exento de ideologías y que merezca de esta forma que se le tenga en cuenta de manera privilegiada para resolver problemas.

Natural/cultural

Y, algo que está muy relacionado con el tema de la ciencia, es el binario natural/cultural, porque es un binario que se usa constantemente para reforzar estructuras, que además utiliza la ciencia, al mismo tiempo que la ciencia lo utiliza a éste.

Desde nuestro punto de vista occidental, lo natural es visto y usado como algo que no puede cambiar, como lo inmutable, y que solo se puede cambiar a través de nuestra fuerza de conquista, de dominación. Por tanto, la naturaleza se verá como algo que no se elige, exenta totalmente de un juicio moral por no poder elegirse, pero sí vista a forzarse a través de la técnica y a poderse ‘corregir’.

Por otro lado, la cultura es vista como algo que puede cambiar, pero donde la elección es importante. Eres tú quien escoge comportarte de una forma o comportarte de otra. Y someterse a las normas culturales tiene un peso en cuanto a la elección. Tienes que elegir, y tienes que elegir bien. Y aun así, el verte como alguien que puede (libremente) escoger también es visto como algo negativo, porque lo cultural no te dice que puedes escoger lo que quieras, sino que debes escoger lo correcto.

Lo primitivo, por eso, es visto como ligado a la naturaleza que no está dominada por lo cultural y por tanto no sometido al proceso obligatorio de la ‘buena’ elección. Lo evolucionado, será visto como una naturaleza culturalizada, superior y avanzada, dominada, donde se ha ejercido un poder de elección moral.

El binario natural/cultural es un binario que se usa mucho para reforzar estructuras. Y es un juego muy peligroso. Si tú usas la naturaleza para excusar un comportamiento, o sea considerar algo como ‘natural’ para hablar de un comportamiento, pueden pasar dos cosas. Si lo que quieres excusar es considerado socialmente negativo automáticamente lo pasarás por el molde de la corrección (eso es lo que ha pasado, por ejemplo con la homosexualidad, que se vio una enfermedad a curar), pero si es algo socialmente aceptado automáticamente lo naturalizarás y lo reforzarás (esto es lo que pasa con los comportamientos machistas). Solamente lo que esté aceptado culturalmente como lo correcto saldrá bien parado en todo este lío.

Yo me posiciono bastante con la idea de que el binario cultural/natural es un binario ficticio. Si más no, ¿por qué lo cultural no es natural si existimos culturalmente EN la naturaleza? Este binario, esta diferenciación, proviene de la misma visión del individuo separado de su entorno y que ve lo que le rodea externo a él, poniéndose siempre en una posición jerárquicamente superior. Toda producción cultural es natural y la naturaleza no es inmutable. Natural/cultural no es un binario, es interacción. Es intraacción. Es una relación entre cosas, sujetos, objetos, observadores, que interactúan dentro de sí misma.

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bienvenides

por wuwei (natàlia)

empiezo este proyecto/espacio como continuación (evolución, transformación) de reflexiones degeneradas. este espacio está pensado para que puedan participar escribiendo otras personas, no solamente yo (wuwei). la autoría de la entrada aparecerá siempre al inicio de la entrada.

éste es un espacio para hablar sobre estructuras de poder, poder en general, sistemas de opresión y todo aquello relacionado. por tanto es un espacio para hablar sobre sexismo y machismo, heterosexismo, monosexismo, monogamia, racismo, capacitismo, capitalismo, positivismo, entre muchas otras cosas. aún así, intentando ser sensible a la no apropiación, estos temas se tratarán desde una posición que corresponda (se evitará, por ejemplo, hablar de temáticas desde el privilegio, excepto cuando se haga siendo sensible a esa posición). es un espacio, pues también, para hablar de relaciones, de contextos, de sensibilidades, de construcciones, de deconstrucciones, de espacios, de cuidados. y de muchas cosas más. lo que surja, lo que salga, y como vaya cambiando según el proceso.

la difracción es un proceso donde se tienen en cuenta las intersecciones, como se suman, solapan, diferentes partes de nuestras vidas. las estructuras de poder se difractan, se dividen cuando se encuentran con nuestras vidas y se vuelven a juntar de una forma compleja cuando se intentan de alguna forma analizar. no somos seres individuales, formamos parte de un contexto. y es por eso que me decidí a dar el paso de la reflexión (que cree que se puede observar la realidad tal cual es, como el reflejo en un espejo) a la difracción.

bienvenides.

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