a los cazadores de unicornios

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Antes de empezar, y para contextualizar un poco, para aquelles que no estén familiarizades con el término, los cazadores de unicornios  suelen ser parejas hombre-mujer que buscan a una mujer bisexual, a menudo con algunas características más (guapa, joven, sin compromisos, que reparta los afectos de forma igual a los dos miembros de la pareja, etc) para tener con ella una relación sexual más bien continuada y también, en muchos casos, afectiva. Normalmente, existirá una jerarquía y la relación de la pareja “original” estará por encima en la toma de decisiones sobre la relación de las tres personas, sea el tipo que sea. Depende de la pareja la pueden buscar con más o menos características, pero esta es más o menos la idea. A veces he visto definirlo también como parejas que no son hombre-mujer, pero yo prefiero ceñirme más a las parejas hombre-mujer, que es donde se suele reproducir más el machismo y la bifobia características de la caza de unicornios. Se puede hablar con más profundidad sobre el tema, pero no quiero tampoco alargarme mucho aquí. Os dejo un link en inglés.  El resto de cosas que he encontrado en catalán o castellano no me han gustado suficiente. Creo que donde hay la mejor información al respecto es sobre todo en los debates que se comparten en comunidades no monógamas con una perspectiva feminista, o bien en grupos donde solamente se debate sobre esto mismo. Y releyendo la carta que he escrito también creo que a través de ella se puede aprender un poco más el concepto.

No-queridos cazadores de unicornios,

empezaré presentándome, más que por cortesía, para contextualizarme. Me llamo natàlia, también wuwei. Soy bisexual y no soy monógama. Soy, por tanto, una de vuestras posibles “víctimas”. Escribo “víctimas” para visibilizar el consumo que hay detrás de lo que hacéis, ya que no son compañeras lo que buscáis, son productos/objetos; a la vez uso las comillas para empoderarme y no sentirme tampoco una víctima de nada, no tengo ninguna intención de seguiros el juego.

Podría seguir con una lista de muchas de mis cualidades, de las que soléis poner vosotros que  buscáis cuando estáis intentando encontrar vuestro unicornio: si soy “limpia”, si soy o no dulce, si sé repartir o no los afectos correctamente, cuanto mido, si soy guapa o no, delgada o no, si soy joven o más bien pasadita, si mis ojos son de color, si tengo o no compromisos, si tengo hijes, etc. Supongo que dependiendo también de  cuáles son vuestros estatus, soléis rebajar un poco el listón, ya lo sé. Es el mercado de la oferta, la demanda y de lo que se puede pagar. Pero no os daré más información sobre mí, porque no tengo ningún interés en conoceros.

Permitidme también que utilice el masculino genérico para referirme a vosotros. Teniendo en cuenta las jerarquías relacionales que devienen en este tipo de relaciones, prefiero no utilizar ni el femenino ni el neutro para referirme a vosotros. Los señores mandan, a veces muy sutilmente, pero es lo que hay cuando sois cazadores de unicornios, la crítica a las jerarquías es bastante nula. Creedme, sé de lo que hablo.

También me gustaría enfatizar que no tengo nada en contra de las relaciones grupales, de tres, de cuatro, cinco, cincuenta personas, sean románticas, sexuales, afectivas, de co-crianza, o que comparten algún proyecto en común. No solamente no tengo nada en contra, sino que me encantan. Me encanta la idea de las relaciones de más de dos personas, en muchos sentidos. Tampoco tengo nada en contra de los tríos sexuales o de las orgías, al contrario. Tampoco es necesario que te guste todo esto para poder hacer una crítica de lo que hacéis. Te puede gustar y seguir teniendo un discurso inclusivo con estas prácticas. El problema no son todas estas prácticas de por sí, el problema es lo que hacéis vosotros, así como muchas otras prácticas objetificadoras que también se mueven en algunos ambientes sex-positive sin discurso crítico (que no son todos, pero son bastantes), pero ahora no entraré en esto, no nos desviásemos del tema.

También quiero añadir que no tengo nada en contra de aquellas que, teniendo una relación sexoafectiva previa, conocen a una persona/chica y empiezan una relación sexoafectiva con ella porque así ha surgido. No es esto lo que muchas criticamos. Lo que criticamos es otra cosa, son aquellas parejas que nos buscan, nos catalogan, nos exigen, y nos imponen unas jerarquías; aquellas que, básicamente, nos utilizan y nos consumen. Y no quiero ahora que como inicialmente no sentís que estéis utilizando ni consumiendo a nadie no os paréis a hacer autocrítica, es posible que ni siquiera os estéis dando cuenta de que lo hacéis. Pero creedme, seguramente lo estáis haciendo. Paraos un rato, o unos cuentos ratos, y pensad qué estáis haciendo y por qué. También podéis consultar a personas con más experiencia en debates sobre el tema; incluso, si puede ser, a otras mujeres bisexuales no monógamas que hayan pasado por esto. Escuchadlas. Escuchadnos.

Las mujeres bisexuales no monógamas no somos vuestros productos de consumo; no estamos aquí para satisfacer vuestras fantasías de pareja sin tener en cuenta qué queremos nosotras, ni para repartiros los afectos a partes iguales y cuidaros, ni para arreglar vuestros problemas de pareja. Merecemos tener voz, ser cuidadas también (y no de la forma que más os convenga a vosotros), ser tenidas en cuenta y no ser tratadas como un producto más. Merecemos tener voz en la relación y no tener que someternos a unas normas impuestas desde la pareja. Merecemos tener otros compromisos, así como vosotros lo tenéis entre vosotros, siendo este muy superior al que tenéis con nosotras, porque, creedme, hay otras personas en el mundo también merecedoras de nuestro afecto: no somos no monógamas para vuestro placer, nuestra no-monogamia, así como nuestra bisexualidad, es nuestra, y la compartimos, no es para apropiarse de ella.

Merecemos no ser expulsadas sin ningún tipo de explicación a la mínima que uno de vosotros os cansáis de nosotras, padecéis demasiado de celos o no somos exactamente lo que buscabais. Merecemos que no se nos haga responsables de vuestra relación, de vuestras emociones, de vuestros celos, ni de vuestres hijes, a través de una imposición jerárquica que muchas veces es sutil porque recae en normas socialmente aceptadas. Merecemos poner nosotras también límites y normas sobre lo que nos afecte a nosotras, y merecemos formar parte de los procesos de tomas de decisiones en la relación: sino, no lo llaméis tríadas, porque no lo es, es solamente una relación exótica a la que llamáis así. Merecemos también ser tratadas con respeto y consideración, incluso cuando no queréis salir del armario y en el exterior nos tratáis como si no existiéramos. Merecemos todo esto, y mucho más. ¿Sabéis por qué? Porque todes merecemos esto.

Espero que todo esto os sirva de reflexión. Y si no al menos os puedo asegurar que yo me he quedado muy a gusto.

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soy bisexual, confusa e indecisa

por wuwei (natàlia)

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Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 28 de junio. Podéis ver el original aquí . 

En mi época universitaria, pronunciar la palabra “bifobia” en cualquiera de los colectivos LGTB en los que participaba o estaba era asegurarse malas miradas o comentarios incómodos. “Bifobia” era una palabra prohibida que tenías que pronunciar en voz baja y a menudo la respuesta que escuchabas era “¡la bifobia no existe!”. Este fue uno de los principales motivos por los cuales me alejé de estos colectivos, ya que no sentía que pudiese hablar de ninguno de los problemas que me atravesaban y la mayor parte de los esfuerzos, energías y tiempo solían destinarse a solucionar los problemas de los hombres gays.

Con el tiempo, la existencia de la bifobia ha ido ganando un poco de reconocimiento. No obstante, pocas veces se reconoce lo que realmente representa en nuestras vidas. A menudo se suele confundir la bifobia con aquella violencia que padecemos las personas bisexuales cuando tenemos relaciones con alguna persona de nuestro mismo género, pero que no padecemos cuando tenemos relaciones leídas como “heterosexuales”. O sea, según este punto de vista padeceríamos un tipo de homofobia partida por la mitad en intensidad y cantidad, algo que ha hecho que se nos coloque muchas veces en algunos colectivos más como aliadas que como verdaderas pertenecientes al colectivo LGTB. Esta reducción de la bifobia en un tipo de medio homofobia invisibiliza la violencia diferenciada que padecemos por la especificidad de sentirnos atraídas por más de un género (aparte de la homofobia o lesbofobia que podamos padecer también cuando tenemos relaciones con personas del mismo género).

El monosexismo —del cual la bifobia es un caso concreto— coloca a las personas que nos sentimos atraídas por más de un género en una posición de borrado continuo. Una de las consecuencias de este borrado es que nos dificulta muchísimo poder describir nuestras experiencias, emociones o relaciones, ya que la forma que tenemos de expresar nuestras relaciones y emociones pasan por el filtro del monosexismo. Este filtro, que nos borra, coloca lo que expresamos y lo que vemos en una de las dos cajas monosexuales más reconocidas (heterosexual u homosexual).

Nuestra forma de analizar y describir aquello que estamos viendo está construido sobre lo mismo, como cuando vemos una pareja, que solemos catalogar automáticamente la orientación de las dos personas que vemos según los géneros que estamos interpretando que tienen aquellas dos personas (añadiendo también una suposición de que son pareja, de que seguramente son monógamas y de lo que supone todo esto en su conjunto). Esto hace que las personas plurisexuales (pansexuales, polisexuales, bisexales, etc) acaben viviendo una disociación entre lo que sentimos-vivimos y lo que se puede expresar o lo que las demás interpretan y las lecturas que imponen cuando se refieren a nosotras.

Todo esto, que es muy simbólico, nos hace sentir en una continua necesidad de escoger entre opciones entre las cuales no tendríamos porqué escoger. Nos obliga a hacernos encajar constantemente en ambientes dualizados sin sentir pertenecer a ellos. Nos hace sentir presionadas para tenernos que demostrar continuamente que somos aptas para nombrarnos a través de alguna plurisexualidad, intentando analizarnos a nosotras mismas el grado de atracción hacia cada uno de los géneros, o bien la cantidad de personas con las que hemos mantenido ciertos tipos de relaciones de cada género, como si de un concurso con puntuación se tratara. Nos colapsa una necesidad muy grande de estar continuamente intentando entender si realmente nos estamos sintiendo atraídas, si tenemos que contar, sumar o restar cosas o tenemos que dar siempre mil explicaciones (también a nosotras mismas). De esta manera, el estereotipo que nos persigue y que dice que somos personas confusas, confundidas e indecisas se materializa en nuestras vidas, mientras a la vez parece que necesitamos huir de todo ello para que no se nos siga señalando como portadoras de algún problema bajo la mirada capacitista que nos obliga a saber siempre qué somos, qué queremos o qué necesitamos.

¿Cómo no tenemos que estar confundidas bajo este prisma de constante vigilancia? ¿Cómo no tenemos que estar indecisas si no tendríamos porqué, de entrada, tener que decidir nada, si se nos impone desde fuera la elección, la decisión, la constante definición? Este es uno de los motivos por los cuales hay una elevada cantidad de personas no monosexuales con ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental (que es algo que compartimos todas las letras del colectivo LGTB, pero que en el caso de las plurisexualidades se dispara más que en otras orientaciones, así como también pasa con las personas trans). Unos índices que a veces nosotras mismas queremos negar para que no se nos catalogue como enfermas por el hecho de no funcionar bajo la norma (algo también compartido en todo el colectivo, obviamente). El mismo hecho de que se nos catalogue como personas indecisas o confusas e incluso confundidas, mezclándose con los propios problemas de salud mental, son también los que hacen que podamos tener más problemas con las relaciones o laborales (aumentando así los índices). ¿Quién confía en nosotras dentro de un sistema donde la estabilidad es más valorada, aun cuando es el propio sistema el que constantemente nos inestabiliza?

Cómo de complicado es nadar en este mar cuando, además, ya eres una persona a quien le cuesta decidir y saber lo que quiere, como me suele pasar a mí. Soy una persona indecisa. Soy una persona que a menudo se siente muy confundida. Saber lo que siento y necesito me cuesta un tiempo, un proceso, que a menudo no me permite el ritmo frenético al que estamos sometidas. Estamos constantemente forzadas a tomar decisiones, deprisa, sin tener en cuenta nuestros ritmos, nuestros contextos, sin más referencias que unas definiciones de lo que está bien o mal basadas en moralidades y en un sistema de castigo sutil, pero a veces letal. En este contexto, el sistema a algunas nos discapacita, especialmente en ciertos ambientes laborales o relacionales forzados y de poder.

Recuerdo incluso con dolor terapias donde mi expresión de la confusión era motivo para que se me dijera que uno de mis problemas era mi indecisión en cuanto a la sexualidad o también con la monogamia (escoger géneros, escoger relaciones, escoger amores). Y todo esto cuando no se me monosexualizaba directamente, aun expresando ser plurisexual.

Por esto, creo que la mejor lucha contra la bifobia y, en general, contra el monosexismo, no tiene que pasar por crear una imagen de nosotras como personas que tienen muy claro lo que quieren y que nunca se confunden. No necesitamos demostrar a nadie que podemos ser igual o más productivas que el resto. Es más, no podemos obligar a nuestra comunidad plurisexual a tener que pasar por los estándares que nos precarizan emocionalmente. Nuestra confusión y nuestra indecisión pueden ser reales porque son sistemáticas. Negarlas es una trampa. Y reapropiarnos de ellas es un acto de cuidado hacia nuestra salud mental.

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reflexiones sobre una coalición, dominación y activismo. ser activista bisexual es una necesidad política

por Esdras Catari

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Aviso de contenido: monosexismo, bifobia, ejercicio de poder, dominación

Hace tiempo que inicié un proceso de reflexión sobre el activismo LGTB, básicamente me hice activista al salir del armario (la primera salida) y resultó en un proceso de construcción y análisis sobre dónde estaba, en presencia y esencia, y sobre qué bases podía construir una vida más digna de acuerdo a los derechos y al derecho a ser diferente, contribuir a la equidad e inclusión como bases de un grupo, comunidad o movimiento. Después de muchos años colaborando activamente en espacios LGTB institucionalizados he vivido un proceso que ha supuesto emplear un ejercicio enorme y agotador de crítica como análisis de todo aquello que buscaba construir. La realidad ha supuesto una serie de reflexiones que he estado compartiendo en espacios que anteriormente consideraba como seguros y que han supuesto exclusión, acoso, borrado, instrumentalización y apropiación de discursos, hasta acabar fuera del espacio que otrora consideraba el camino al empoderamiento y el cambio.

El ejercicio de la crítica me ha servido para analizar afirmaciones y conceptos totalizadores de un modelo de activismo que se ha convertido en sinónimo de la única verdad, la autocrítica respecto a acciones totalitarias y de homogenización evidencian la construcción de un discurso que solo imita estrategias del dominador sin poner en duda que sean reproducciones de un mismo sistema heteropatriarcal y heteronormativo. En la práctica las voces que hacen un ejercicio de autocrítica son apartadas ya que evidencian las reproducciones de opresiones, exclusiones y discriminaciones sistémicas en una “comunidad” (que prefiero llamar movimiento), evidencia la oposición a estereotipos, desarrollo de políticas y una construcción comunitaria basadas en las estrategias y estructuras del mismo sistema que se pretende subvertir, cambiar, o contra el que se pretende luchar.

Esta forma de activismo genera inevitablemente relaciones de subordinación ya preestablecidas en la sociedad, donde aquellos que detentan determinada raza, clase social, formación académica, privilegios, contactos, entre otras cosas, son los que subordinan el discurso y reivindicaciones a sus propias necesidades, generando inevitablemente exclusiones, censura, alienación y apropiación. Estas diferentes subordinaciones coexisten en un eje vertical que podemos evidenciar por ejemplo a través de la ausencia de las personas subordinas en las posiciones de poder, dirección u coordinación en una coalición (LGTB racializadas, LGTB con diversidad funcional y neurodiversidad, bisexuales que nunca han alcanzado presidencias de la federación o de asociaciones, bisexuales poliamorosas, ausencia de otras plurisexualidades, etc).

Este modelo vertical es conflictivo y problemático ya que hace imposible priorizar de manera equitativa las reivindicaciones, otorgando poder a aquellos sujetos que reproducen el sistema contra el cual luchan, así se nos exige no hablar de temas que son polémicos o subversivos del sistema, no podemos hablar de poliamor en espacios de empoderamiento, de triejas, de la monogamia y el matrimonio como herramientas de control y opresión, de los conceptos de promiscuidad, de promiscuidad responsable, de construir parejas abiertas donde los cuidados de la relación y el autocuidado sean eje primordial, del ejercicio responsable y libre de la sexualidad o de cualquier otra forma de relaciones sexuales, románticas y sociales que sean diferentes a las ya establecidas y estructuradas por un sistema patriarcal, capitalista y de moral judeo-cristiana.

Continuamos insistiendo en una cohesión y unidad absoluta de diferentes realidades e identidades para adherirlas a una sola política de reivindicaciones, esto niega las opresiones diferenciadas a la que cada identidad está sometida obviando también las intersecciones culturales, sociales, de raza, entre muchas otras en cada identidad miembro imponiendo las necesidades políticas de aquellas que ostentan las cuotas de poder. Es evidente que no podemos negar el valor y fuerza de una política de coalición de identidades minoritarias frente a un sistema hegemónico de otra, sin embargo construir esa coalición ignorando las reproducciones de clasismo, capacitismo, bifobia, monosexismo, machismo, etc genera en exclusiones e inevitablemente en una construcción de personas que se erigen como soberanas de la verdad, del verdadero activismo y de las políticas a reivindicar, una actitud mesiánica y estática que no asegura el éxito de un cambio sustancial de paradigmas, opresiones y exclusiones para los más invisibilizados o menos empoderados.

Esta insistencia anticipada en la unidad como objetivo principal o base de toda acción política grupal implica que la solidaridad a todo precio es condición previa para la acción política, y que esta no puede ser cuestionada aun suponiendo que pueda violentar a miembros de dicha unidad. Pero cabe preguntarnos ¿a qué acción política nos referimos? ¿Es preciso para una acción política eficaz mantener la unidad aunque esta suponga la exclusión e invisibilidad de los miembros menos empoderados o minoritarios?  ¿No es contradictorio que la acción conjunta suponga reproducir violencias y estructuras de opresión en beneficio del bien común? Y, ¿quiénes definen ese bien común?

Si tomamos las nociones del poder desde un punto de vista de facauldiano podemos decir que los sistemas de poder forman y regulan a los sujetos opuestos al sistema a través de diferentes mecanismos como por ejemplo el sistema jurídico de poder. Estas nociones de poder se construyen únicamente en términos de prohibición, reglamentación y control restringiendo o limitando la propia elección de los sujetos, así a partir de esa construcción los sujetos se agrupan y definen sus políticas y reivindicaciones de acuerdo a las imposiciones y exclusiones de dichas estructuras, derivando en una política inversa, de representación excluyente donde las voces de los miembros son representadas por sujetos que no detentan la identidad, orientación o realidad de aquellos a los cuales dice representar, por lo tanto niegan la existencia de opresiones diferenciadas entre ellos  participando así de las estructuras que perpetúan la exclusión de esos otros. Así cuando digo que detecto, observo, siento y sufro Bifobia y monosexismo como hombre bisexual en la coalición LGTB, nunca falta un hombre gay, cis, y con ciertos otros privilegios que niegue que sea real lo que detecto, observo, siento y sufro, afirmando incluso tajantemente que es mentira, que eso no pasa, no ha pasado, ni pasará. Esto evidencia que las políticas construidas en una coalición muchas veces se sitúan en un eje diferencial de dominación donde personas que supuestamente representan a todas niegan la realidad de las otras porque estas evidencian reproducciones de opresión y exclusión en los sujetos que construyen esas políticas.

A lo largo de esta experiencia he podido identificarme con algunas de las razones de por qué más activistas bisexuales en el activismo LGTB se identifican más como “activista bisexual”. Yo creo en que es una necesidad que se debería hacer condición para hacer activismo, identificarnos también como activistas de nuestra orientación, para mí es la primera herramienta que tenemos para luchar contra el monosexismo y la invisibilidad de la bisexualidad, decirlo, se es bisexual y luego se hace activismo, no al revés.

Recientemente un activista LGTB, casualmente gay, blanco de clase media, que ocupa cuotas de poder y representación me sentenció lo siguiente “El colmo del individualismo y de la exclusión es decirse a sí mismo que se es activista “Bi”, “les” o “gay”. Cuando unx dice activista LGTBI hace una declaración de intenciones. Lucha por todxs, independientemente de que uno sea gay, bi o les.”. No es la primer vez en más de 10 años de activismo que escucho esa afirmación, que esconde una construcción visible y palpable en el activismo LGTB la homogenización de los discursos y las identidades, un interés por la alienación de aquellos que tienen menor representación y aquellos que evidencian las contradicciones y reproducciones de exclusión y poder dentro de la coalición. Se nos acusa de individualistas y exclusionistas si nos identificamos como activistas bisexuales, más claramente, se nos acusa de malvadas enemigas por identificarnos políticamente con nuestra orientación, como si hacer uso de la palabra Bisexual como etiqueta política restase poder de acción a las luchas contra las discriminaciones que tenemos en común y que siempre han sido también primer objetivo de las bisexuales: el heterosexismo, la heteronormatividad, la igualdad de derechos civiles de todas las personas.

Identificarnos como activistas LGTB tiene su valor e importancia en la unión de identidades minoritarias para hacer frente a opresiones y discriminaciones comunes, sin embargo parece que por el camino olvidamos que LGTB no es una identidad en sí, no es una orientación en sí misma, es una etiqueta política común, que está integrada por orientaciones e identidades que tienen sus propias opresiones diferenciadas, que están expuestas a diferentes realidades sociales aunque compartan opresiones, LGTB se ha convertido en una identidad superior que con solo nombrarla nos convierte en dueños de la verdad, soberanos de la tolerancia y los seres más inclusivos de este planeta, borra la identidad propia de las personas que integran la coalición y nos impide pasar de la sombra de aquellas que están más aceptadas, reconocidas, toleradas y conocidas como orientaciones, dejando sin posibilidad a que otras visibilicen sus intersecciones relacionas con su orientación.

Me identifico como activismo bisexual no por desmarcarme del activismo LGTB, que lo leo y no sé cómo me siguen diciendo eso ya que desmarcar la bisexualidad del activismo LGTB sería empezar a eliminar la historia del activísimo LGTB desde sus inicios; me identifico de esa forma porque es la primera opción que veo para luchar contra la invisibilidad, segundo porque esto, LGTB, es una coalición, no una identidad u orientación propia y si nos sumergimos en un análisis estructural podríamos decir que es contraproducente e indudablemente problemático para aquellas activistas de otras orientaciones e identidades menos empoderadas y termina por absorber las reivindicaciones propias de esas identidades con menos representación y poder, termina por desdibujar las intersecciones y las discriminaciones diferenciadas así como las estructuras de opresión específicas, homogenizándonos en un discurso marcado por aquellas que ostenta las cuotas de representación y poder. Me complace ver que muchas más bisexuales que hacen activismo LGTB comparten estas conclusiones y ven la importancia que hay detrás de estas construcciones y forma de hacernos visibles, nos invita a discutir, estudiar y reflexionar sobre la importancia o las posibilidades de contribución que tiene identificarse como bisexual, a tener siempre presente que hablar de nuestras necesidades específicas como bisexuales, del monosexismo como opresión, señalar y denunciar las reproducciones de exclusión, control y opresión dentro de la coalición y que identificarse políticamente como activista bisexual no invalida ni tampoco nos aparta de la lucha contra las discriminaciones comunes o por los derechos comunes que tenemos compartimos sino que nos aparta y restringe a solo hablar de ello, nos restringe al “bien común” y al “aquí estamos, existimos y somos válidas” por encima del éxito de un cambio sustancial de paradigmas, opresiones y exclusiones como personas bisexuales.

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lateralidad cruzada, esto no es para tanto?

por Kai Guerrero

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Aviso de contenido: neurocapacitismo

A mí me diagnosticaron con lateralidad cruzada a los 5 años. Antes de explicaros en qué me afecta o afectó y por qué lo considero una neurodiversidad vamos a dejar claro qué es:

No tengo ni idea de los términos médicos, no soy experte, ni he estudiado nada relacionado con esto, pero de manera simplificada sería lo siguiente.

Nuestro cerebro se divide en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo. Cada uno con sus funciones y, normalmente, uno predomina sobre el otro. Esto hace que tengas preferencia en utilizar una parte de tu cuerpo o la otra. Este concepto se llama lateralidad y es lo que determina si eres diestre o zurde. Queda definido cuando cumplimos los 5 años aproximadamente. Si la parte de tu cerebro que es más dominante concuerda con la parte de tu cuerpo que es más dominante, tienes una lateralidad homogénea u homolateral, independientente de si eres diestre o zurde. Serás diestre de mano, de ojo y de motricidad en general y dominará el hemisferio izquierdo, por ejemplo.

Es decir, cómo dice wikipedia: “La lateralidad es la preferencia que muestran la mayoría de los seres humanos por un lado de su propio cuerpo. El ejemplo más popular es la preferencia por utilizar la mano derecha o ser diestro.”

La lateralidad cruzada o heterogénea es cuando no hay una homogeneidad de dominación. Por ejemplo: tienes el ojo dominante diestro y el brazo zurdo. O domina tu hemisferio derecho pero en tu cuerpo domina la parte derecha.  Esto afecta al aprendizaje del lenguaje y de las matemáticas, a la capacidad analítica, lógica, de comprensión y concentración, a la percepción espacio-temporal, al equilibrio, etc.

“La lateralidad (cruzada) se considera un trastorno neurofisiológico (del sistema nervioso):  los influjos nerviosos que proceden de cada lado del cuerpo y que deberían confluir en los lados opuestos del cerebro no circulan ordenadamente.”

Esto es difícil de detectar, en parte porque es algo bastante poco conocido y en parte es porque los síntomas se asocian a que la persona es torpe, dejade, pasota o que no estudia o se esfuerza lo suficiente.

Los síntomas  se suelen detectar en la infancia, aunque no exclusivamente (y se pueden atenuar a través de terapia). Marco en cursiva los síntomas o que tenía y ya no tengo y en negrita las características o síntomas que tengo en mayor o menor medida. Muchas de estas dificultades las he podido compensar a base de terapia y mucho esfuerzo, aunque otras siguen causándome problemas, simplemente he aprendido a vivir con ellas. He recopilado los síntomas de distintas webs citadas al final del artículo y he añadido y modificado según mi experiencia:

Lenguaje y aprendizaje:

-Dificultades para las matemáticas

– Dificultad del aprendizaje mecánico y razonamiento lógico.

-Dificultades en la ordenación de la información codificada como la sintaxis, pensamiento lógico, memorización o matemáticas.

-Dificultad en la automatización de la lectura, la escritura o el cálculo.

Confusiones derecha-izquierda Confusión entre la suma y la resta o la mutiplicación y la división.

-Dificultades para la comprensión.

-Problemas de comunicación y relación.

-Dificultades en el lenguaje oral: fluidez, leer en voz alta, comprensión lectora y retención de la información.

-Habla poco fluida, la persona se tropieza habitualmente al hablar.

Dificultad para tener un discurso ordenado.

-Cuesta expresar con palabras las ideas que se tienen en la cabeza.

Miedo al hablar en público.

Dificultades en el lenguaje escrito: Invertir letras, sílabas, números al escribir. Escribir en forma “espejo”.

-Leer siguiendo la línea del texto con el dedo o con el marcapáginas.

-Acercar mucho los ojos al libro o la pantalla.

Mover la cabeza al leer en lugar de mover los ojos.

-Perderse al leer, saltarse líneas o incluso párrafos.

-Leer sin enterarse de qué se ha leído.

-Tener dificultades en copiar un texto de una pizarra o un libro.

-Letra ilegible.

Concentración y memoria

– Dificultad para seguir con una tarea durante un tiempo prolongado.

-Incapacidad de realizar dos tareas que otra gente hace de forma mecánica. Por ejemplo: Escuchar la radio y cocinar a la vez.

-Incapacidad de mecanizar acciones como lavarse los dientes cada día. Dificultad en recordar acciones rutinarias e interiorizarlas.

-Tener que trabajar más horas que cualquier persona neurotípica para conseguir los mismos resultados.

– Problemas de memoria

-No seguir la lectura de un libro, de una película o de una conversación, aunque te interese mucho.

-Poca “efectividad”. No centrarse en una acción. Esto causa problemas escolares y laborales.

-Despistes, olvidar dónde se han dejado las cosas o si has realizado o no una acción rutinaria como cerrar con llave.

Motricidad:

-Deficiencias motoras y funcionales. Es decir, caerse mucho, tropezar constantemente etc.

Inestabilidad psicomotriz (problemas de equilibrio)

Dificultad o imposibilidad para conducir o bailar, nadar, ir en bici, patinar, caminar recto o sin tropezar, deportes en general.

-Torpeza psicomotriz. Se puede ver en manualidades, capacidad de dibujar, por ejemplo. También problemas para coger un lápiz, un tenedor, etc.

-Reacciones lentas, reflejos lentos.

-Apretar mucho el lápiz al escribir.

Percepción Espacio-Tiempo

-Dificultad de calcular cuánto tiempo se tarda en realizar una tarea o en llegar a un lugar.

-Desorientación.

-No tener interiorizado qué es la izquierda y qué la derecha.

-Problemas al ordenar espacio y organizar objetos.

-Dificultad en organizar el tiempo y las tareas.

– Distinguir líneas rectas de las que no lo son (simetría)

– Dificultad en calcular distancias

De peque, con apenas 5 años, mi profe se dio cuenta de que era incapaz de pasar por una puerta sin darme de contra los cantos. Que me costaba caminar y tropezaba con todo. Así que después de muchos tests me diagnosticaron lateralidad cruzada.  

Tengo el recuerdo muy claro de tener que esforzarme especialmente por levantar los pies, para caminar. La gente no entendía que no era automático para mí levantar los pies al andar o que caminar recto no entraba dentro de mis facultades.

Me costó mucho aprender a escribir. Mi letra era ilegible y como he marcado en la lista escribía las letras al revés, en forma de espejo o cambiaba sílabas. La ortografía y la gramática no se me metían en la cabeza, en ninguno de los idiomas que sé. Y eso que me hecho filólogue, pero vaya, no nos engañemos, lo hice por la poesía. Lo que es verdad es que me ha costado bastante más esfuerzo no cometer faltas de ortografía que a una persona neurotípica. Vaya, aquí también interviene el tema del clasismo, pero es otra historia.

También, a parte de esta “torpeza” que no era más que un síntoma de la lateralidad cruzada y que me causó y me causa bastantes heridas físicas, no era capaz de nadar o ir en bici, o patines. Hoy en día evito ciertas actividades porque sé que mi falta de coordinación me pondría en peligro.  Al final este tipo de actividades, como conducir, requieren de una coordinación ojo-cuerpo que yo no tengo. Fui a terapia durante años para “reeducar mi cuerpo” para ser capaz de hacer todas estas cosas, aunque otras sigo sin poder hacerlas según la norma o me presentan una mayor dificultad. No tenía problemas de habla, pero sí de organización del discurso. Al final, todo esto tiene que ver con el orden, con ubicar el orden de las cosas. Por eso quizás me hice poeta, ahí mi caos era una ventaja, me podía expresar más libremente. A causa de la LC desarrollé miopía, pero que se pudo corregir con terapia.

Todo esto ha causado problemas de autoestima bastante profundos, evidentemente.

Mis problemas motrices y de memoria son evidentes para quien me conoce, igual que mi incapacidad de organizar el espacio o ubicarme en el tiempo (siempre llego pronto, no sé calcular el tiempo). También me cuesta mucho ubicar los recuerdos en un espacio temporal.

No me suelo desorientar en ciudades y calles, pero eso es porque he desarrollado mucho mi observación y me aferro a detalles que me dan pistas para ubicarme.

Pero es que es más profundo todavía, la psicóloga le explicó a mi madre lo siguiente, yo lo adapto un poco: La gente neurotípica  tiene en la mente un montón de cajones con etiquetas que les dicen dónde se ubican las acciones que tienen que llevar a cabo y en qué orden. Lo saben de memoria y lo automatizan. Saben su ubicación y en qué momento abrirlos y cerrarlos. Las personas con lateralidad cruzada tienen estos cajones sin las etiquetas y no se acuerdan en qué orden abrirlos y qué hay en ellos, tienen que aprenderlo de memoria y buscar maneras de no olvidarlo. Mi manera de pensar y mi mundo interior también se ven regidos por esto. Por eso se me conoce como a una persona caótica, poco racional, con problemas de entender el pensamiento lógico (cómo las ciencias, pero también el discurso académico). Acostumbro a expresarme y pensar desde un lugar más emocional porque no hilo mis pensamientos de una forma ordenada. Esto no quiere decir que no haya aprendido con los años a adaptarme a los discursos y la forma neurotípica, pero no deja de ser un adaptación por mi propia supervivencia.  Por eso para mí a+b=c es difícil de entender. Porque cuando he entendido a y me pongo a entender b ya he olvidado lo que era la a y porqué está allí y por qué están en este orden y qué sentido tiene. Un ejemplo práctico: Yo cada día me tengo que recordar activamente de lavarme los dientes. Mi mente no lo tiene automatizado, porque el cajón de “1.Lavarse los dientes” no tengo ni idea de donde está. Así que tengo que hacer un esfuerzo diario para no olvidarlo y para no olvidar que luego tengo que ponerle comida al gato. Tener una rutina para mí es muy difícil, aunque en mi caso la necesito. Pero no automatizo las acciones, no tienen un orden espacio-temporal en mi mente. Da igual si cada día voy a la misma hora al mismo sitio. Cada vez tengo que intentar recordar y calcular a qué hora salir (siempre me equivoco) y cómo llegar.

Pero tengo mis trucos y estrategias. Y esto es lo que he hecho toda mi vida. Intentar buscar maneras de acordarme de cuando y en qué orden se hacen las cosas e intentar entender el mundo con la lógica de las personas neurotípicas que tienen la facilidad de mecanizar todos sus actos y no tener que pensar en ellos continuamente. Por eso digo que soy despistade, porque para mí es muy fácil olvidar qué cosas hacer, DÓNDE y CUÁNDO he dejado las cosas, cuando hice o dejé de hacer o decir X (por eso me repito tanto) etc.

Algunas cosas sí que he mecanizado. La lectura, la escritura, el caminar (más o menos, porque mi tendencia sigue siendo no levantar los pies) etc. Pero me ha costado más que a personas neurotípicas.

El tema es que cuando hablo de esto o lo quiero nombrar como parte de mi diversidad funcional y mental la gente se ríe de mí o lo minimiza. No parece importante, no parece relevante. Me llaman exagerade, que no es para tanto. La incomprensión es muy invalidante. A la vez esto forma una gran parte de mí, aunque yo pueda esconderlo, maquillarlo o lo que sea. La gente no sabe el esfuerzo que hago a diario por no darme golpes contra farolas, motos, puertas y demás objetos, por subir y bajar escaleras sin que suponga un peligro mortal, por no olvidarme de lavarme los dientes, ducharme, hacerme la cama o desayunar, o sea de mantener unas rutinas u obligaciones. No me es tan fácil ubicarme en general en el mundo. Todo esto ha afectado muchísimo mi autoestima y mi confianza, porque en mi infancia todos estos síntomas eran más evidentes y más agudos, porque estaban sin gestionar y tampoco los sabía esconder o disimular. Esto me provocaba sentirme diferente, sentir fracaso, sentirme inferior y est*pide, porque claro si no se te da bien la lógica y el pensamiento racional, tu pensamiento no es válido y tú vales menos. Y todavía acarreo esa sensación de inferioridad por no entender o no poder expresarme de una manera lógica y académica o, que si lo hago, no se corresponda con mis pensamientos. Es frustrante que, además, este esfuerzo por encajar en el mundo no se vea traducido en resultados y cómo de fácil es rendirse y no querer salir de casa, ni moverse, ni bailar, ni nadar, ni ir en bici, ni caminar por no hacer el ridículo, ni hablar en público, ni estudiar, ni escribir, ni dibujar, ni querer vivir con nadie porque odian que te olvides de que tienes que tirar de la cadena. Sí, eso tampoco lo tengo mecanizado. Además, es que la gente se irrita fácilmente por tus “despistes” y falta de “organización”, y lo entiendo, porque puede acarrear problemas. Lo que pasa es que la gente se cree que todo esto lo hago por falta de interés o ganas. De ahí que haya conflictos, que se me pueda ver como una persona “poco eficiente” o “perezosa”  para el capitalismo, que se crea que paso de todo o que no hago las cosas por desconsideración, cuando la realidad es que no me acuerdo de hacerlas. “Pero si tienes que quitar la caca del gato cada día! Cómo puede ser que no te acuerdes?!”. Pues porque tengo problemas con automatizar las acciones, lo que decía. Por eso intento hacer las cosas al instante, porque si lo dejo para luego no me acordaré, quizás en días o quizás definitivamente. En el caso del gato, me acordaría porque Oskar (el nombre del gato con el que vivo) se quejaría y entonces me daría cuenta de lo que pasa. Pero no siempre ocurre asi.Tengo agenda y me sirve, pero recordar mirar la agenda es otra cosa a automatizar. Es todo un mundo.

Mi falta de concentración tampoco es por falta de interés. Me interesa mucho nuestra conversación, pero mi atención se desvía y sé que es una mierda, intento que no pase, pero tiene que ver con todo esto que estoy contando y no con que no me intereses tú.

Yo misme paso de explicar a todo el mundo esto. Me limito a decir que sí, que soy torpe, que soy despistade, que soy de mente más abstracta, que la lógica no es lo mío, que me cuesta la ortografía, que soy un desastre, que soy desorganizade, que soy desordenade, que soy disperse etc. Es más fàcil. Porque si digo que tengo lateralidad cruzada me dicen que eso es una excusa, que me apoyo en eso para no “mejorar como persona” (vaya concepto de mierda realmente).  Me dicen que me aferro a eso para justificar mis defectos. Pues si supiesen cuánto me esfuerzo para que esos “defectos” desaparezcan y cuantos traumas y falta de autoestima me han ocasionado, quizás no me lo dirían. Pero la gente no sabe nada de esto y cuando lo explico lo subestiman. Por eso he querido explicarlo aquí más extensamente.

Es la primera vez que escribo en serio sobre esto, así que me siento vulnerable. Pero quería visibilizarlo, porque conozco a más gente que tiene LC, diagnosticada o no y se sienten como una mierda y se culpabilizan por ser “un desastre”.

Creo que queda claro por qué es una neurodiversidad. Más allá de que sea un tema genético o no, nuestro cerebro es algo diferente y con ello nuestras capacidades y limitaciones son distintas a las normativas y vistas como deseables, sobre todo por el capitalismo. Al final quiero decir que también me atraviesa el capacitismo por todo esto y sé que para otras personas puede parecer que son nimiedades, pero influyen mi vida y me atraviesan todos los días. Que tú no lo veas es otra cosa.

Para terminar, como postdata, quería enfatizar que en todas las webs que he consultado, a parte del lenguaje y las ideas capacitistas, se hace mucho énfasis en cómo corregir las dificultades de lenguaje y motricidad, porque parecen más urgentes. Porque son más productivas para el sistema. En cambio el tema de la mecanización de las acciones y los problemas de ubicación espacio-temporales, parece que se tratan como aspectos menos importantes. Porque claro, son temas que atañen a la persona y no afectan tanto a tu productividad y efectividad. Al final interesa lo que interesa, aunque el  problema de mecanización y la falta de ubicación espacio-temporal me hayan marcado más y me afecten mucho más que el escribir en forma de espejo o darme golpes (aunque también sea algo importante y que me afecta, obviamente), pero es que se ven como anécdotas en comparación a no saber escribir bien o no saber hacer una división. Ah, sigo sin saber hacer divisiones, que conste.

Espero que todo esto os haya servido de algo o tengáis más información o curiosidad.

Y si no, da igual,  yo me he quedado a gusto.

(1) http://lateralidad.com/que-es-el-trastorno-de-lateralidad/

Fuentes consultadas: (OJO CAPACITISMO EN TODAS, LOGO DE PUZZLE, LENGUAJE CAPACITISTA)

https://www.psicodiagnosis.es/areaclinica/trastornosenelambitoescolar/queeslalateralidadcruzada/

http://ikusilateralidad.com/lateralidad/

http://www.juguetes.es/lateralidad-cruzada-implicaciones-problemas-actividades-para-mejorar/

http://www.elisaribau.com/lateralidad-cruzada/

http://www.ceril.cl/index.php/articulos?id=319

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la violencia de la comunicación no violenta

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

en français ici

Este texto se publicó en el número 474 de la Directa. Podéis ver el artículo original en catalán aquí.

Aviso de contenido: comunicación no violenta, lenguaje capacitista (empatía), capacitismo, neurocapacitismo, individualismo, jerarquías, desigualdades sociales

La comunicación no violenta (CNV) ha devenido una de las herramientas favoritas en muchos de nuestros espacios. Existen versiones críticas y tiene puntos útiles, especialmente relacionados con el empoderamiento, la autonomía y la autoresponsabilidad; pero tenemos que entender cuáles son las bases conceptuales sobre las cuales se ha construido para poder hacer de esta un uso más consciente. En este texto hablaré de la CNV definida por Rosenberg a inicios de los años 60, que es la que ha ocupado tanto espacio en charlas, talleres y debates, y que es la más extendida y la que ha creado más dogma.

He visto utilizar esta herramienta comunicativa tantas veces para manipular, maltratar y abusar que ha resultado para mí una alarma suficientemente importante para decidir querer comprender mejor cuáles son sus puntos problemáticos. Buena parte del discurso está basado en una visión individualista que ve las personas como seres aislados e independientes que solamente se afectan de forma puntual y voluntaria, obviando e ignorando la interdependencia. La CNV puede ser una buena herramienta cuando estás en una relación horizontal, pero obvia las estructuras de poder y las jerarquías que a menudo hay en las relaciones.

La responsabilidad

La CNV llama violencia a negar la propia responsabilidad de los actos y las emociones. La propuesta es interesante. El problema está en cómo se deciden distribuir las responsabilidades, ya que depende de muchos factores: depende del contexto (situaciones sociales) y también de lo que se hace y de lo que se recibe. La CNV se basa en un paradigma donde las responsabilidades están totalmente separadas y donde la relación y el contexto se borran: tú eres totalmente responsable de lo que haces y sientes y yo soy totalmente responsable de lo que hago y siento, y lo que tú sientas a causa de lo que yo haga es responsabilidad tuya. Según la CNV, señalar hacia fuera es siempre un acto de violencia.

Uno de los ejemplos que utiliza la CNV para ilustrar esto es la crítica que hace a la expresión “tengo que hacer (una cosa)”. Esta expresión utiliza el verbo tener para expresar obligatoriedad: hacemos una cosa porque nos sentimos obligades a ello, no porque lo escogemos. Según la CNV, utilizar esta expresión nos quita responsabilidad y consciencia de nuestra libertad de elección. Su propuesta es expresar que lo hago porque lo escojo. Esta visión ayuda a tomar consciencia de las cosas que hacemos y del poder que podemos tener en cómo nos sentimos con lo que nos rodea. No obstante, como todo pensamiento liberal, se basa solamente en la libertad de elección obviando totalmente las situaciones sociales desiguales. Tener menos opciones o escoger bajo coerción no es escoger libremente.

Finalmente, muchas veces personas utilizan la CNV para no responsabilizarse de agresiones o actos que afectan a sus relaciones, ya que si tú eres totalmente responsable de lo que sientes, cómo te sientas a causa de mis acciones no es responsabilidad mía.

La objetividad

Según la CNV, para comunicarnos de forma no violenta lo tenemos que hacer a través de las observaciones objetivas y no con valoraciones subjetivas: por ejemplo, decir que una persona nos está ignorando es una valoración subjetiva, pero decir que no nos ha respondido es una observación objetiva. Hacer esto nos permite no evaluar cosas que desconocemos, ni otorgar a le otre intenciones, deseos o emociones.

No obstante, por defecto, lo que a menudo es descrito como observaciones objetivas suele caer en una definición concreta del mundo que nos rodea vinculada a los privilegios (la objetividad a menudo corresponde a la mirada del hombre blanco, cis, heterosexual, de clase media-alta, neurotípico, delgado, sin diversidad funcional, etc., los que han tenido el privilegio de poder definir qué es objetivo y qué no), y, por tanto, este tipo de observaciones a quien más suele beneficiar es a quien más privilegios tiene. Siguiendo con el anterior ejemplo, suponer que la otra persona no nos ha respondido también puede ser una valoración subjetiva que corresponde a una definición sobre qué es una respuesta y qué es aceptado como comunicación válida: puede ser que la otra persona, dentro de sus capacidades comunicativas, nos haya respondido pero nosotres no lo hayamos entendido así cuando lo interpretamos a través de las normas culturales y neurotípicas sobre comunicación. El contexto siempre es importante.

Este razonamiento, además, no nos permite poder expresar que nos han manipulado o que nos han maltratado, ya que este tipo de valoraciones las coloca siempre en la clasificación de subjetivas.

La empatía

Finalmente, una de las estrellas de la CNV es lo que llama empatía. La CNV describe el proceso empático como una interpretación sobre qué necesita la otra persona sin que esta lo exprese ni pida esta opinión. Lo que propone la CNV es que cuando alguien te señala alguna queja tú no puedes ser le responsable de lo que ella siente y, por tanto, tiene que estar siendo un problema que necesita alguna cosa que no está pudiendo satisfacerse ella misma, y se lo tienes que hacer saber (incluyendo una suposición de cuál debe ser su necesidad no cubierta). Desde mi punto de vista, decirle a una persona qué es lo que siente y qué necesita, a través de una lectura y sin que ella haya expresado ni pedido esta opinión, es bastante violento. Es más, lo que se hace con esto es desviar la atención de lo que le otre decía: pasas de ser tú la señalada a señalarla a ella.

He visto manipular muchas veces a través de este tipo de empatía. Siguiendo con ejemplos: si intentas señalar alguna agresión, lo que automáticamente se te cuestionaría es cuáles deben estar siendo tus emociones y buscando tus carencias que te llevan a esas emociones, como si no fuera la agresión en sí la que te provoque la emoción, ya que la persona que te agrede no es responsable de tus emociones. Esta es una de las partes que a mí más ansiedad me producen cuando estoy delante de alguien que utiliza esta herramienta.

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¿qué se esconde detrás de las relaciones no-serias?

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso de contenido: objetificación y consumo relacional

Quiero empezar diciendo que no soporto desde hace mucho tiempo las expresiones “relación seria” o “relación no seria”. Al principio era más bien una reacción visceral, emocional, a la que no le había asignado ningún tipo de reflexión, ni había entendido el motivo por el cual me removía tantas cosas dentro de mí. Sabía, eso sí, que tenía alguna relación también con lo que sentía por la expresión “sólo una amistad” (este “sólo” siempre me ha molestado). Y, de hecho, la experiencia en el mundo de las relaciones me confirmaba constantemente este rechazo que sentía hacia todas estas expresiones.

La expresión “relación seria” a menudo hace referencia a una relación de pareja, donde hay un vínculo romántico, de referencia, principal y donde el compromiso se basa buena parte con la limitación de los vínculos fuera de la relación, con un tipo de exclusividad compleja que va más allá de la exclusividad sexual (de cuidados, de tiempo, de las cosas que se comparten, como la economía, la crianza, la vivienda o las respectivas familias de origen). “Yo no quiero nada serio” sería la típica frase que te dice alguien que está buscando un tipo de relación que no es la que pensamos como pareja. En realidad se suele decir cuando lo que buscamos es un simple rollo, algo “sólo” sexual y sin las “complicaciones” de una relación amorosa romántica con un cierto grado de “compromiso”. Que conste que las comillas no las pongo de decoración, sino para cuestionar el contexto y cómo se utilizan estos conceptos.

A menudo se relaciona la seriedad de una relación con la cantidad de compromiso que tenemos en ella. Pero en este contexto cuando se piensa en “compromiso” se piensa en un tipo de compromiso que nos viene impuesto cuando pensamos en relaciones. La mayoría de las veces cuando se piensa en ello se relaciona el compromiso con la fidelidad, entendida de la forma más monógama: no tener relaciones sexuales ni románticas con otras personas (o limitarlas de alguna forma), priorizar a aquella persona por delante de cualquier otra relación y además muchas veces acompañado de algún tipo de sacrificio. O sea, se piensa el compromiso especialmente como un sinónimo de exclusividades, que no sólo son sexuales, sino que van más allá, como comentaba en el inicio del texto.

¿Pero qué ocurre cuando no existe el compromiso? Normalmente, se presenta por defecto un binario bastante extremo: o nos relacionamos a través de un compromiso implícito, jerárquico y opresor, o bien nos encontramos en un vacío de consumo relacional y de objetificación (también opresor, pero de otro tipo). Por esto, cuando una persona repite que no busca nada serio, normalmente acaba perpetuando este tipo de relaciones objetificadas y de consumo (no solamente consumo sexual, también muchas veces de consumo emocional). La propia expresión cae por su propio peso, porque no querer tratar a una persona de forma seria significa no tenerla en cuenta ni creer que sus problemas y voluntades no son importantes (te impliques o no en ellos o quieras o no acompañarlos).

¿Qué quiere decir, pues, no querer tener relaciones serias? ¿Tiene que significar que una persona con la que no tienes un tipo de compromiso de pareja, se tiene que tratar sin responsabilidad? ¿Qué es el compromiso? Algunes me podrían decir que esto es hilar fino y que esta expresión simplemente significa que no quieres un tipo concreto de exclusividad y no quieres jerarquizar aquella persona. Pero la experiencia que hemos vivido muches no es esta cuando nos han tratado de forma “no seria” (que es muy cercana a la de cuando te dicen que “sólo quieren una amistad”). La experiencia mayoritaria ha sido un tipo de relación donde si surgía algún problema, alguna preocupación, no se podía hablar, que si le otre un buen día decidía no volver a ponerse en contacto podía pasar sin más (y las normas sociales se lo permitían sin que se viera como violento), y cuando quería acercarse también. La experiencia mayoritaria siempre ha sido una falta de responsabilidad y una relación que se ha mantenido gracias a la responsabilidad y sacrificio de una de las partes (precisamente la otra parte, la que no estaba pidiendo una relación “no seria”, normalmente la menos privilegiada).

Para tener relaciones responsables tenemos que tratar a las personas de forma seria. O sea, tenemos que reconocerlas por lo que son, con sus propias voluntades, deseos, problemas y necesidades. Lo que hace falta, de hecho, es cambiar qué quiere decir compromiso, y no dejar de responsabilizarnos de lo que hacemos con aquellas personas con las que nos relacionamos. No me extenderé a hablar de compromiso y de responsabilidad, porque ya he hablado de ello, por ejemplo, aquí y aquí.

Cada vez que escucho estas expresiones como “no quiero una relación seria” me saltan todas las alarmas. Y no porque quiera una relación de pareja del tipo que muchas personas podrían estar pensando, sino porque siento que en algún momento se me tratará de forma no-seria, como persona, una cosa que para mí implica una falta de consideración hacia mis deseos, necesidades, o como yo me pueda estar sintiendo y como me puedan afectar las cosas. En el fondo es una falta de reconocimiento a la importancia que pueda tener hacia parte de mi vida por el simple hecho de existir. Todes merecemos ser tratades de forma seria. Que no tiene porqué ser sinónimo de no poder pasárselo bien o disfrutar.

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plurisexualidades y estereotipos VI: plurisexuales y traidores al sistema patriarcal

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto es el sexto y último de un conjunto de textos que he escrito alrededor de los estereotipos asignados a las personas bisexuales y plurisexuales como herramientas de empoderamiento y reapropiación. El primero lo podéis encontrar aquí, el segundo aquí, el tercero aquí , el cuarto aquí y el quinto aquí.

Aviso de contenido: monosexismo, monogamia, sexismo y cisexismo

Este es el sexto y último texto que escribo para hablar sobre los estereotipos de que asignan a las personas bisexuales y de otras plurisexualidades. He dejado para el final el estereotipo de la traición porque creo que es un estereotipo del que es muy difícil reapropiarse y del que poder sentir cierto orgullo. Cuando menos, ¿a quién le gusta que le digan que es une traidore? No obstante, a la vez, es un estereotipo que puede ser muy potente y empoderante y es por esto que cierro esta serie con este estereotipo: la traición. Las personas bisexuales (juntamente con el resto de plurisexualidades) somos consideradas traidoras. La traición es una característica que constantemente se nos impone allí donde estemos: por parte de nuestras relaciones afectivas, familiares o en el trabajo. Incluso se extiende a través de los movimientos LGBTI+ donde también se nos considera traidoras del propio colectivo. Allí donde vayamos, da igual, la carga de la traición siempre viene con nosotres: siempre se cree que engañaremos, que no sabremos llevar a cabo compromisos, sean los que sean.

¿Pero por qué se tiene tanta obsesión en atribuirnos la traición? Este estereotipo no se nos asigna al azar. Las personas plurisexuales podemos representar una amenaza para el patriarcado y para muchas estructuras, de la misma manera que lo son otras alternativas a la heterosexualidad o al cis-tema. Es una amenaza al heterosexismo, al sexismo, al cisexismo, a la monogamia, y también, incluso, al capacitismo (por el hecho de ser consideradas personas confundidas, como ya he tratado en anteriores textos, como aquí). Podríamos decir que, en consecuencia, el miedo que se nos tiene es porque podemos suponer una traición al sistema: somos seres que contaminamos barreras que se han impuesto para separar los mundos más privilegiados (como son la heterosexualidad y la masculinidad) de los excluidos (la no heterosexualidad y la feminidad y otras alternativas a la masculinidad), para que se pueda seguir perpetuando el privilegio.

Uno de los motivos por los cuales representamos una amenaza es por la supuesta posibilidad de escoger que tenemos. Normalmente a las personas plurisexuales se nos dice que podemos escoger entre ser heterosexuales u homosexuales. Lo que me hace más gracia es por qué no se nos dice que también podemos escoger ser plurisexuales, que es lo que finalmente la mayoría escogemos ser. Pero el problema no es la elección en sí misma (si escogemos una cosa u otra, aunque obviamente las consecuencias de escoger una u otra son muy diferentes), el problema principal en nuestro caso es tener la posibilidad de escoger, esto se ve que molesta.

¿Por qué poder escoger supone un problema? El discurso mayoritario que pretende hacernos aceptar la no-heterosexualidad nos dice que la orientación no se puede escoger, que es una cosa innata que no se puede cambiar, y que por tanto se tiene que aceptar. Pero así solamente reproducimos la idea de que la homosexualidad es en sí un problema, y que el único motivo que tenemos para aceptarla es porque no se puede cambiar. Básicamente es resignación, no aceptación. La posibilidad de elección a quien más daño hace, por tanto, es a la heterosexualidad ya que se cuestiona directamente su privilegio: según el pensamiento heterosexual y patriarcal, si pudieras escoger, escogerías la heterosexualidad sin duda, y la posibilidad de elección se acabaría aquí. Que existan seres que aunque puedan escoger no escojan este lado es poner la heterosexualidad y su privilegio en una posición totalmente cuestionable.

Por otro lado, también, las plurisexualidades pueden cuestionar la construcción de los dos géneros impuestos: la estructura sexista y cisexista establece un modelo de dos géneros, forzando a las personas a ser de un género concreto según una asignación determinada al nacer, y a ser heterosexuales. Los dos géneros dictan una estructura opuesta de deseo y mutuamente excluyente. Dentro de este marco la posibilidad del deseo hacia más de un género se hace poco comprensible y supone una amenaza a esta construcción binaria en la que el género siempre tiene que ir ligado a la elección del objeto sexual y opuesto. Y, de paso, también amenaza y pone en peligro la cultura monógama impuesta. Siguiendo la línea anterior, la construcción de la idea de que necesitamos a una persona de un género concreto para completarnos, hace que la atracción hacia más de un género complique la monogamia impuesta ya que existiría la necesidad de tener relaciones con más de una persona.

Sí, las personas plurisexuales podemos ser unas traidoras. No digo que lo seamos solamente por el hecho de existir, todo depende de cómo nos situemos, claro está, pero tenemos entre nuestras manos el poder de elección; un poder de elección de traición a un sistema que jerarquiza, violenta y discrimina. Podemos contaminar la barrera, podemos saltarla, podemos cuestionarla, podemos poner en entredicho qué privilegios otorga y podemos destruirla. Sí, somos plurisexuales y podemos escoger ser traidores al sistema patriarcal.

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sobre poder y dominación en nuestros espacios críticos

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 18 de marzo. Podéis ver el original aquí . 


Este texto es el tercero de un conjunto de textos en los que quiero reflexionar y abrir un proceso de auto-crítica sobre gestión de discursos y espacios. El primero está aquí y el segundo aquí.

Aviso de contenido: poder, dominación, instrumentalización, manipulación, mención de ansiedad, capacitismo, mención de estructuras de poder, privilegios, agressiones, salud mental, violencia, mención de miedo, sentimiento de culpa, castigo

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de cosas de las que sé que nos cuesta hablar, pero que sé que es un tema que nos está rondando a muchas y algunas personas ya han empezado a hablar de ello. Los motivos por los cuales nos cuesta tratar el tema son variados: porque tenemos miedo a las consecuencias de hablarlo, por la exposición emocional y mental que supone, pero también porque tenemos miedo a cargarnos todo aquello que tanto nos ha costado construir en espacios críticos, feministas y de lucha social (herramientas, discursos, vínculos). También juega un papel muy importante el poder, tanto sea porque tenemos miedo a perderlo o a renunciar a la posibilidad de una posición superior, o bien porque queremos conseguir esta posición superior. Además, tenemos miedo a que nos pisen o a ser excluidas (este último viene a ser uno de los motivos por los cuales muchas seguimos la corriente sin cuestionar cosas que nos pican).

Pero la realidad nos explota en la cara, y no podemos permitirnos ignorar mucho del daño que nos estamos haciendo, los poderes que estamos generando, los guayismos y las consecuencias de todo esto, entre las que se encuentran problemas de salud mental, sociales/relacionales, económicos, de aislamiento. Problemas contra los cuales supuestamente estamos intentando luchar.

A mi alrededor desde hace tiempo personas hablan de situaciones diferentes pero que tienen muchas cosas en común: por un lado, la utilización de discursos como herramientas que acaban generando ciertas violencias, tanto sea exclusiones, acoso o borrados, y por otro lado, la instrumentalización de los discursos solo para obtener poder. Normalmente es una mezcla complicada de las dos y lo que finalmente tenemos es un ejercicio de poder que no es nunca contemplado cuando hablamos de estructuras sociales porque se ha generado especialmente alrededor de nuestros discursos y de nuestros espacios —movimientos sociales, activismos sociales, feminismos, queer/LGBTI+, no-monogamias… — tanto físicos como virtuales, donde se incluyen redes sociales.

Ya sabemos que las estructuras sociales de poder que nos encontramos “fuera” de nuestros espacios se repiten dentro de estos. Sabemos que el machismo, el racismo, el heterosexismo, entre muchas otras estructuras, están presentes. Los ejes principales de nuestras luchas son, precisamente, estas estructuras. No obstante, dentro de estas luchas han emergido nuevas estructuras, que son aquellas que nos otorgan ciertos reconocimientos y poderes en estos mismos espacios: el guayismo, aquella tendencia a destacar y generar cierto dominio a través del ser “guay” bajo los parámetros definidos por nuestros activismos sociales —como por ejemplo, estar construida, dominar el discurso, obtener atenciones debido al dominio de este discurso, producir discursos como si fueran productos de consumo, famoseos y divineos. Evidentemente se mezclan otras estructuras menos visibles y reconocidas como son el hecho de tener ciertos tipos de carismas o bien la capacidad de poder dominar todo esto (capacidades comunicativas, emocionales o intelectuales). Y todo el resto siguen la corriente, porque ir en contra es buscarte el aislamiento o hundirte.

Es complicado entender en qué momentos ha habido un deseo de poder sobre otras personas o bien hemos confundido el empoderamiento personal con un ejercicio de poder hacia estas otras, aprovechándose muchas veces de privilegios y de situaciones que en muchos discursos no se contemplan. El problema es que uno de los muchos dogmas que hemos aprendido a repetirnos es que da igual lo que hagas sobre una persona que tiene un privilegio concreto sobre ti porque esto (supuestamente) nunca es violencia, olvidando muchas más partes del contexto de aquella persona y de otros ejes que le puedan estar atravesando que no vemos (o no queremos ver). La salud mental es uno de ellos. Entiendo que delante de ciertas situaciones hemos tenido que aprender a dejar de empatizar con las personas que nos violentan y que tienen más privilegios, y entiendo que es vital que siga siendo así en muchos casos. Pero, no obstante, hemos hecho un salto y hemos pasado a desear que se deshumanice totalmente a quien consideramos que tiene un cierto privilegio sobre nosotras.

Hemos confundido acompañamiento a las violentadas o agredidas con un ejercicio de multiplicar cualquier deseo de quien haya padecido la violencia. Cualquiera, sin cuestionarlo, ni contextualizarlo. Mi pregunta es: ¿esto es acompañamiento? A la vez tenemos miedo a todo lo que se nos puede llegar a pedir cuando se señala a otra persona como agresora, llegando al punto de que, si vemos que podemos, intentamos mirar hacia otra parte dejando de lado totalmente a la propia agredida. Las dos caras de la misma moneda tienen consecuencias totalmente contrarias a lo que supuestamente queríamos obtener.

Todo esto lo digo con dolor después de haber estado años intentando esquivar los intentos de manipulación por parte de un hombre que quería cuestionarme estos discursos para su propio beneficio. Cada vez que alguien me hablaba de cuestionarlo la ansiedad se me disparaba. Me ha costado aceptar que estas herramientas puedan estar siendo utilizadas también para generar poder. Pero es que el poder se aprovecha muchas veces de cualquier fisura que encuentra y es por esto que es muy importante repensarnos constantemente y estar muy alerta. Creo que uno de los problemas principales ha sido convertir parte de estas herramientas y discursos en dogmas y no contextualizarlos nunca. Sí, hemos generado dogmas, creencias que van más allá de lo que tendría que tener un espacio que se diga a sí mismo crítico. Estos dogmas los hemos creado para revertir aquellos otros que nos imponen las estructuras de poder, pero al fin y al cabo son dogmas que no se pueden cuestionar, que no se pueden contextualizar según la situación.

Otros dogmas que hemos creado son, por ejemplo, que si una persona dice que se ha sentido agredida significa que lo ha estado (sin habernos parado a reflexionar o definir qué queremos decir con “agresión”), o bien también que todo lo que pida una persona que se ha sentido agredida va a misa (y nunca mejor dicho). Con esto no quiero decir que tengamos que hacer todo lo contrario, como pasa fuera de nuestros espacios, donde no se cree a las agredidas y no se las acompaña. Nos ha costado mucho que se nos escuche, se nos crea y se nos acompañe.

Lo que tenemos que replantearnos es qué quiere decir acompañar y escuchar, porque revertir totalmente un poder que fuera no tenemos de esta manera implica otorgar un poder muy grande. Y todo poder que se otorgue tiene el peligro de ser deseable y utilizado más allá de las situaciones para las que se ha construido, sea a través de un proceso consciente o inconsciente. He visto y vivido de muy cerca cómo se instrumentalizaban estos dogmas para destruir a personas, o por venganza debido a situaciones que nada tenían que ver con la acusación que se estaba haciendo (celos, por ejemplo). He visto cómo se mentía, se inventaban agresiones, o bien se aprovechaban algunas existentes para generar aún más poder sobre una persona. Sigo creyendo que cosas como ciertos vetos o ciertas formas de tratar las agresiones son importantes y necesarias. Pero no siempre ni de todas las maneras, ni otorgando este total y absoluto poder.

Hemos basado buena parte de nuestros discursos en el sentimiento de culpa y en el castigo. ¿No nos suena esto de algo? Sin darnos cuenta hemos caído en la misma trampa con la que el sistema en el que vivimos nos violenta día tras día. No creo que las personas oprimidas tengamos que estar siempre haciendo pedagogía, creo que es algo que tenemos que poder escoger, el momento y el lugar, la exposición y como nos autocuidamos, y si realmente lo queremos hacer. No obstante, sabemos que vivimos en el mundo que vivimos y es por este motivo que algunas o muchas hacemos activismo, y pedagogía la tendremos que hacer. Caer siempre en atacarnos, castigarnos o jugar a hacernos sentir constantemente culpables de todo no tiene nada de revolucionario. El cambio más revolucionario tiene que pasar por otras vías.

Una cosa que da mucho poder en nuestros espacios es dominar el discurso, saber en todo momento como utilizarlo. Creo que quien tiene el privilegio de saber y poder dominar ciertos discursos tiene un poder más grande dentro de nuestros espacios. He visto cómo se manipulaban los discursos sobre cuidados para conseguir más atenciones y afectos. He visto manipular los discursos de “no puedes dejar una relación así como así porque esto es capitalismo y consumo de cuerpos” para que haya personas que no puedan dejar relaciones de maltrato o chungas, o que eran incompatibles. He visto maltratar mucho a personas y taparlo totalmente acusándolas de capacitistas si señalaban maltrato. He visto cómo se manipulaba también el discurso del tone-policing para excusar acoso y ataques sin ningún cuidado hacia personas que cometían algún error típico de cuando no estamos suficientemente formadas. He visto, de hecho, manipular y utilizar cualquier discurso. A veces me da pánico escribir, dar un taller o una charla, porque he visto manipularlo todo.

Finalmente, y no menos importante, también he visto y he vivido la hipocresía de la generación de discurso solamente para el puro consumo de las oyentes y lectoras y para el puro protagonismo y guayismo de las productoras, con un gran vacío en medio donde se generaban borrados, manipulaciones, ghostings, luz de gas o competición, por parte de las mismas que hablaban y se ganaban la fama hablando de cuidados, de horizontalidad, de cooperación o de compañerismo.

Escribo todo esto no solamente para hablar de las demás, sino que aprovecho para revisarme, hacer autocrítica y responsabilizarme. Escribo todo esto con un poco de miedo, pero a la vez con las ganas y con la esperanza de que algún día dejemos de hacernos daño. A veces lo veo, me entristezco y tengo ganas de huir corriendo. Otras veces cojo fuerzas e intento entender cómo podría moverme alrededor de todo lo que siento una farsa. Dos veces al año me cogen crisis y ganas de dejar este tipo de espacios. Pero después miro a mi alrededor y, cuando me fijo más allá de todo aquello que el poder intenta borrar, en el fondo veo cosas a las que cogerme: compañeras que construyen cosas cada día, con mucho cuidado y sin esperar nada más que un verdadero cambio social. Y es en estos momentos en los que cojo aire y fuerza y decido seguir.

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encuentro de activismo plurisexual del pasado 17 de febrero en Madrid

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Como ya anuncié aquí, el pasado 17 de febrero estuvimos en la sede de COGAM en Madrid hablando sobre activismo plurisexual y monosexismo. Os dejo el vídeo de la mesa redonda donde aparecemos (por orden): Carlos, Manuel, Esdras, Joss y yo.

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quiero recoger experiencias para crear referencias en espacios donde tengan/sirvan comida

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Aviso de contenido: comida

Hace poco escribí un texto sobre mi experiencia teniendo que seguir unas ciertas restricciones alimentarias y como esto me afectaba a mi día a día moviéndome en espacios de todo tipo, especialmente aquellos donde había comida. Después de algunos comentarios y mensajes que recibí de personas a las que les resonaba la experiencia me he decidido a intentar crear algún tipo de referencia para espacios que tengan comida y que quieran ser sensibles a las realidades de muches.

Aunque la idea ha empezado a partir de la problemática sentida debido a restricciones alimentarias, quiero también poder añadir y tener en cuenta otras problemáticas que no tienen por qué ser debidas a “problemas de salud” de este tipo, sino también a como nos relacionamos con la comida personas neurodivergentes, diversas funcionales o discapacitadas. Es probable que me esté dejando realidades y colectivos, espero poco a poco ir añadiendo a todas las que pueda. Si tienes problemas con cómo se gestiona el tema de la comida en espacios, si sientes que tienes algún tipo de vivencia con la comida que creas que se tiene que tener en cuenta y te sientes reflejada por el motivo que sea, también me gustaría que te pudieras sentir incluida en este “llamamiento” que hago.

Este texto es para hacer un llamamiento a que todes les que sientan tener ciertas necesidades que tengan que ser contempladas en lugares donde tienen comida me envíen por correo electrónico cuáles son las problemáticas y como creen que se podrían tener en cuenta o se arreglarían. En el caso de que no sepáis como se podrían tener en cuenta ni contemplar las problemáticas podéis escribirme también, a lo mejor entre más de una persona podemos encontrar alguna solución inclusiva. Podéis escribirme a wuwei.activismedesorientat@gmail.com.

La idea es que si se crean unas referencias a partir de aquí, estas estén en constante construcción y no sea definitivo para nada, sino que se pueda ir adaptando según la experiencia (de les afectades). Gracias a todes les que queráis ayudarme y queráis participar. Espero las aportaciones e iré a mi ritmo, no sé cuándo lo tendré hecho (seguramente tardaré bastante tiempo). La idea es que lo podamos debatir a partir de un primer borrador.

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