Cartel xerrada

a la masculinidad no le falta empatía, le sobra imposición

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: capacitismo, neurocapacitismo, lenguaje capacitista, machismo, dominación, objetificación, cultura del no consentimiento

 

La masculinidad está muy vinculada a la dominación. La dominación tiene muchas caras, y se expresa también a través de todos los privilegios sociales de los que nos beneficiamos (también es una propiedad de la blanquitud, o del rol que toman muy a menudo les adultes hacia les más jóvenes, por poner sólo algunos ejemplo). Aún ser una característica de muchos otros privilegios, está especialmente arraigada en la masculinidad, como también en la visión del mundo que nos rodea que proviene de una mirada burguesa y comercial (especialmente conectada con la conquista y la colonización de nuestra cultura). Una de las múltiples caras de que han señalado en la masculinidad es la supuesta falta de empatía con la que se ha socializado a los hombres y personas masculinas: una falta de empatía que se suele señalas como la problemática en muchos de los problemas relacionales y que hacen que no puedan estructuralmente cuidar.

Pero para poder señalar una falta como esta primero tenemos que comprender qué queremos decir con empatía y, a la vez, cómo ve la masculinidad y como lee su entorno y relaciones. ¿Qué es realmente la empatía? Hay muchas formas de definir la empatía. Hay quien la define como una capacidad para entender, comprender o conectar con las emociones de las otras personas; otres la definen no tanto como una ‘capacidad’, sino como una ‘voluntad’ de comprender estas emociones. He llegado a ver definida la empatía (especialmente en la comunicación no violenta) cómo una forma de leer o interpretar las necesidades de otra persona según una lectura (no a través de una escucha de lo que la otra persona te está diciendo que siente) de cuáles son las emociones que está expresando la otra persona a través de una supuesta ‘objetividad’. Otres la definen como ‘escucha activa’.

No obstante, la empatía, por defecto y por sistema (y por cómo habla de ella la mayoría de las personas), se entiende y se define como una capacidad de conectar y comprender las emociones de la otra persona y de alguna manera poderlas sentir también, especialmente a través de una lectura externa (sin necesidad de que te comuniquen estas emociones) de la persona o de la situación. En la manera como se entiende por defecto la empatía no se trata tanto de la escucha de lo que la otra te dice o de comprender y aceptar lo que siente a través de lo que te comenta ella misma, sino de conexión de estas emociones, la mayoría de las veces a través de una lectura externa (una suposición que interpretas cuando observas  la situación y/o la persona).

Ya hice una crítica del uso que hacemos de la empatía en las II Jornades d’Amors Plurals. La forma que por defecto se entiende la empatía es un problema, por muchos motivos. En primer lugar supone que tenemos que tener todes unas capacidades específicas, ignorando que hay personas que tenemos capacidades y formas diferentes de funcionar, de conectar y de leer nuestro entorno. En segundo lugar, este tipo de empatía funciona a través de una lectura y suposición de lo que la otra persona siente: las lecturas tienen el peligro de ser interpretaciones de nuestro entorno que pueden venir dadas, no tanto por la realidad de lo que está sintiendo la persona que estamos ‘observando’, sino más de lo que nosotres interpretamos y sentimos en una situación similar (que puede no ser lo mismo que siente le otre, por ejemplo, como suponer que si a le otre le muerden sentirá dolor aunque a lo mejor elle está sintiendo placer porque le gusta).

Por tanto, y como última problemática, al funcionar como una lectura, lo más probable es que se lea o se interpreta lo que está definido por las normas sociales (estructuras de poder) que se tiene que sentir; o sea, se interpretará lo más privilegiado y las personas con más privilegios serán las que recibirán más empatía por parte de les demás. Todo está construido para que entendamos y empaticemos mucho más con la ‘norma’, y por tanto con el privilegio (con los hombres, con la heterosexualidad, con las personas cis, con les blanques, con les neurotípiques, etc). ¿Cuántas veces hemos empatizado con agresores, por ejemplo? ¿Sería en esta caso la empatía una buena solución a la dominación de la masculinidad? Yo, por ejemplo, he estado  muchos años empatizando con quien me agredía y me maltrataba, y esto ha sido un problema muy grande para mí.

¿Pero realmente necesitamos la empatía para comprender y respetar las emociones de las otras personas? ¿Es necesaria la empatía para no dominar? Cuando rascas un poco en el fondo del problema te das cuenta de que la dominación proviene de la forma que tenemos de ver nuestro entorno, que es cultural y filosófica, y que es una creencia con la que construimos muchas estructuras y formas de vivir y pensar: creemos que todo lo que nos rodea es externo a nosotres y solamente consideramos nuestros deseos y voluntades, pero no tenemos en cuenta las de les demás, que podrían ser diferentes a las nuestras.  De esta manera, para obtener lo que necesitamos tenemos que dominar nuestro exterior y las personas que forman parte de éste. Así es como borramos el consentimiento, por ejemplo. La masculinidad no borra el consentimiento porque no sea capaz de empatizar con quien está dominando, sino porque cree que los deseos y voluntades de aquella persona no son importantes y no se tienen que tener en cuenta. Desde esta mirada lo que acabamos haciendo es no tener en cuenta a les demás, ni lo que quieren, ni lo que sienten, ni lo que desean, y nos relacionamos con elles intentando imponer nuestras necesidades. Evidentemente las necesidades más comprendidas siempre serán las de la persona con más privilegios que siempre serán las que dominarán la situación.

Desde mi punto de vista es problemático seguir señalando la empatía como el problema por el cual la masculinidad domina, agrede o incluso no cuida de las personas de su entorno. Es problemático primero de todo porque la empatía cada persona la define de formas distintas, pero aun así casi siempre se acaba señalando como una capacidad que se supone que todes tenemos que tener, insensibilizando la diversidad de capacidades y formas de conectar con nuestro exterior; también es problemático porque las lecturas que se hacen de las emociones de otras personas no tienen por qué corresponder con la realidad, y además siempre acabará beneficiando más a quien más privilegios tiene. Y, finalmente, como he comentado, nos desvía totalmente de la problemática real sobre la dominación de la masculinidad: que el problema es la negación de las emociones, deseos y necesidades de les otres, e imposición de las propias por encima de todo.  Yo no necesito que la persona que me trata ‘conecte’ con mis emociones, ni que las pueda sentir igual que yo. Yo lo que necesito es que me tengan en cuenta, que sepan que podría tener deseos diferentes, que me pregunten, que me escuchen, y que finalmente respeten mi posición.

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memorias de una C (I – introducción y contexto)

por wuwei (natàlia)

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‘Memorias de una C’ es una charla que preparé inspirada a través de una larga época emocionalmente muy mala debido a las vivencias y los traumas que me produjeron ciertas relaciones jerárquicas. En aquella época, de forma muy inconsciente, empecé a usar la metáfora de las C en las redes sin saber que sería una metáfora que me ayudaría a mostrar la problemática de las jerarquías relacionales. Me apeteció hacer una serie de vídeos cortos bajo el título de ‘Diario de una C’, donde quería mostrar estas problemáticas de las jerarquías a través de escenas de humor; en la serie la protagonista era una tal ‘C’ que se veía envuelta en relaciones con A y B que la llevaban a situaciones absurdas, irónicas, y muchas de ellas dolorosas.

Finalmente no pude hacer la serie por falta de tiempo, pero la idea y las ganas quedaron. Cuando decidí hacer la charla para explicar todo este tema quise rescatar aquella idea del diario y nació ‘Memorias de una C’, una charla donde mezclo teoría con experiencias relatadas a través de un diario donde se habla siempre desde la posición de C. Decidí que todas las experiencias que relataría serían mías, así que en todos los relatos del diario la C soy yo y son experiencias mías; A y B en cada historia son personas diferentes. Espero que se recojan mis experiencias con el cuidado que necesitan, ya que estoy mostrando situaciones de mi vida que me vulnerabilizaron, y lo hago porque creo que es una buena forma de mostrar las violencias que vivimos día a día (ya sabemos que lo personal es político).

 

1ª parte de ‘Memorias de una C’

 Introducción y contexto

 A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a hacer gestiones y a tomar decisiones sobre su relación. Pero estas decisiones no sólo son sobre su relación, sino de rebote también sobre la relación entre B y C, y esta relación también se va afectada. Es igual cuál sea el motivo: puede ser que sea por cuestiones de cómo se decide gestionar posibles celos hacia C (que es a lo mejor el ejemplo más habitual y que se muestra más), o puede ser simplemente por algún otro motivo. C no es informada en ningún momento. C desaparece del mapa discursivo. En grupos de debate todes opinan: sobre A, sobre B, pero nadie se pregunta qué siente, qué quiere, o qué necesita C. Finalmente hay una sentencia final y es posible (sólo posible, no siempre pasa) que se informe a C del veredicto de todo lo que le afecta, y a lo mejor incluso podrá decir ‘sí o no’ (sin muchos más matices). Pero muchas veces se lo tiene que imaginar. Y tragar.

De historias como éstas hay muchas. La que acabo de plantear es bastante típica en las relaciones jerárquicas (monógamas o no monógamas), y es una situación que puede o suele venir de un conflicto debido a la propia existencia de C (como por ejemplo para gestionar celos u otros ‘conflictos’ debido a la aparición de esta ‘otra’ relación); pero a veces también se quita del discurso a C en situaciones donde ni tan siquiera se paran a pensar en su existencia, donde básicamente la borran. Por ejemplo, A y B deciden hacer planes de viaje para todo el verano. Pero antes de esto, B ya había medio hablado con C de hacer alguna cosa durante las vacaciones, y esto se obvia la toma de decisiones entre A y B, que hacen planes sin tener en cuenta lo que ya se había hablado con C, y a lo mejor sólo al final se le informa un poco de las decisiones. ¿Por qué suele pasar esto? Puede haber muchos motivos, pero el más habitual suele ser que A y B sean pareja, pero B y C no (o no son pareja ‘principal’, mientras que A y B sí), y hay una norma social implícita que dice que las parejas (o las más ‘principales’) tienen siempre preferencia y que obviar cosas que afectan a quien no son pareja no es nada negativo.

Yo empecé a preocuparme por las C (y quien dice las C dice también todo el resto de letras del abecedario que van detrás) cuando después de un tiempo en grupos de ‘discusión’ y debate sobre relaciones (especialmente sobre no-monogamias) se ponían los típicos ejemplos A, B y C (utilizando las letras para mantener el anonimato), y por un extraño motivo me di cuenta de que la C aparecía en el primer párrafo, como ‘problema’, como ‘objeto’, pero no como ‘sujeto’, y después desaparecía totalmente. O sea, se empezaban a opinar sobre cosas que afectaban a C pero nadie se preguntaba cómo se sentía C o qué quería C. también se podía observar que en casi todos los comentarios de las demás personas la C no estaba, y cuando estaba, casi siempre era a través de decisiones sobre C, que afectaban a C, siempre hablando de ella, pero ella no participaba del proceso, ella nunca decidía, simplemente esperaba ‘tranquilamente’ su veredicto (la mayoría de veces sin saber que se estaba juzgando un posible veredicto que le podía afectar). O sea, A y B hablaban de C, pero nunca hablaban con C.

Paralelamente a estar dándome cuenta de todo esto, yo estaba en una situación relacional donde constantemente sentía que todo me venía definido desde fuera y nunca podía escoger nada, ni opinar, ni tener voz, ni decidir, ni entender, ni consentir… Como también constantemente se borraban o menospreciaban sus emociones, necesidades o deseos. Era extremadamente doloroso, pero me costaba entender el porqué de mi dolor, ya que era una situación muy normalizada en todos los sitios (o sea, no sólo normalizada para mí, sino que las normas sociales así me lo hacían sentir). Por tanto, sentir dolor en una situación como aquella podía verse incluso como un acto de egoísmo en vez de una reacción por una situación de exclusión o injusticia. Me sentía culpable para sentirme mal, y con poco derecho a pedir nada.

Finalmente uní las dos cosas: lo que estaba viendo sobre las C y mi situación relacional. Además, se juntó en un momento en el que estaba leyendo mucho sobre relaciones jerárquicas poliamorosas y las consecuencias de éstas jerarquías y sin poderlo evitar mucho ni entender el porqué me ponía a llorar. Poco a poco extendí toda aquella información sobre jerarquías en el poliamor a otros tipos de relaciones (también en la monogamia o en el poliamor no jerárquico o cualquier sistema relacional), y finalmente un día me empezaron a salir palabras, como objetificación, violencia, o desempoderamiento. Una vez encontradas las palabras y poderlo señalar, pude empezar a romper un poco más con el sentimiento de culpa y empoderamiento delante de las situaciones que estaba viviendo en mi vida.

Desde entonces llevo desahogándome sobre este tema por las redes sociales, en mi vida personal y en algunos talleres. La primera vez que utilicé la metáfora de las C lo hice para desahogarme en un momento bajo. No sabía que otras personas lo acabarían utilizando también, y la verdad es que me encontré que a muches les resonaba mucho la historia y empezaron a utilizar esta metáfora. También a la vez que ha llevado a algunas confusiones y a definir o interpretar lo que son las ‘C’ de una manera que no es la que yo pretendía. Llevaba tiempo queriéndolo explicar un poco ‘mejor’, y este es el motivo de la charla.

Tampoco quiero ir solamente de víctima en todo esto, claro, ya que aunque yo me di cuenta de todo esto debido a que me atravesaba como C, no quita que yo no haya podido aplicar este tipo  de violencia hacia otras personas. Tenemos que entender que a todes nos han educado para tratarnos mal entre nosotres: objetificarnos, dominarnos, consumirnos o apropiarnos les nues de les otres, y por tanto es una cosa en la que casi todes hemos caído. Ahora bien, intentaré hablar desde la posición de C, porque es como siento que tengo que mostrar todo esto, sin que esto quiera decir que yo no haya podido hacerlo a otres.

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más allá de la brecha salarial: la precariedad económica y las estructuras de poder

por wuwei (natàlia)

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Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 6 de Abril.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

Muchas de las consecuencias sufridas por las personas oprimidas debido a las estructuras de poder no son agresiones físicas o verbales directas y son muy difíciles de cuantificar: por ejemplo, cómo afectan las estructuras der poder a la salud mental, a la salud física, a ser más sensible a padecer agresiones sexuales debido a la objetificación, o bien las consecuencias económicas de estas estructuras. Esto es debido a que mucha parte de la violencia de las estructuras de poder es simbólica y no es directa: se genera un marco donde el lenguaje, los estereotipos, los borrados de ciertas identidades, entre otros mecanismos, propician la explotación, la marginalidad, o la alienación. Uno de los muchos ejemplos es la contabilización de la pobreza y de los ingresos económicos: haciendo estadísticas comparando lo que cobran las personas con privilegios y las oprimidas de cada una de las estructuras de poder casi siempre lo que se observa es que las personas oprimidas tienen más tendencia y probabilidad de padecer pobreza, más precariedad económica o tener unos ingresos económicos inferiores, y esto no siempre es debido a que exista una norma explícita que diga que las personas oprimidas no pueden cobrar tanto como las personas con privilegios ya que muchas veces las causas son más indirectas.

La mayoría de las veces que se habla de esta diferencia económica entre personas con privilegios y personas oprimidas se suele hacer para explicar y mostrar la brecha salarial entre hombres y muejres. En el caso específico de la jerarquía hombre/mujer esta diferencia es por cómo históricamente las mujeres hemos sido (y somos) consideradas inferiores a los hombres (seres menos válidos para los trabajos productivos) y no se nos ha tenido ‘permitido’ cobrar lo mismo para hacer el mismo trabajo, aparte de no tener acceso a ciertos tipos de trabajos (o en muchos momentos a ningún trabajo) o a lugares de más poder (por el mismo motivo).

Pero a veces la diferencia de ingresos puede ser debido a otras causas (también estructurales). Las estructuras de poder afectan, por ejemplo, nuestra salud mental, ya que tenemos que estar cada día moviéndonos en un marco donde el lenguaje no nos representa, donde se nos aliena, margina, explota, o bien también se nos borra o estereotipa. Estamos hablando de afrontar cada día con las limitaciones de muchas estructuras (aparte del machismo ya mencionado) como el capacitismo, el heterosexismo, el racismo, el cisexismo, la gordofobia, entre muchas otras. La baja salud mental nos incapacita muchas veces para trabajar, y facilita el hecho de que se nos vea socialmente como personas con quien se puede confiar menos para contratarnos o para ofrecernos los mismos tipos de trabajos y contratos que a las personas con más privilegios. O, por otro lado, los estereotipos también nos pueden colocar en una posición que dificulta muchas veces el acceso a ciertos lugares de trabajo: por ejemplo, cuando por ser bisexual se te considera una persona inestable y traidora (dos estereotipos ligados a la bisexualidad), y por tanto puede ser un motivo para perder un lugar de trabajo o para que se confíe menos en ti que en tus compañeras de trabajo.

Yo lo vi en mi caso durante los dos últimos años de doctorado. Durante casi todo el doctorado (que duró unos 7 años) padecí una relación de maltrato por parte de una persona con la que compartía trabajo/doctorado; un maltrato que fue beneficiado por el hecho de yo no ser hombre y ser, además, neurodivergente. La relación de maltrato, un entorno laboral angustiante y la violencia que me encontraba también en aquel entorno por el hecho de no ser heterosexual, ni monógama, ni neurotípica menguó día tras día mi energía, mi salud mental, llevándome a mi límite emocional. No podía trabajar y día tras día mi productividad no era suficiente como para que se me considerara una persona mínimamente resolutiva. Finalmente mis jefes acabaron confiando mucho menos en mí que con el resto: esto hizo que acabara teniendo un contrato mucho más precario (por debajo del mínimo, cobrando la mitad que el resto de compañeras) y bajo unas condiciones de estrés más grande que las de mi compañeras.

Una vez una persona, después de compartir con ella un lista sobre los privilegios monosexuales, me empezó a decir (de forma bastante violenta, por cierto) que había un privilegio que era mentira, que qué tenía que ver el monosexismo con los ingresos de una persona. Precisamente el privilegio al que hacía referencia era ‘es menos probable que sufra de pobreza’; la ironía fue que quien me lo dijo era quien llevaba 5 años maltratándome, y me lo dijo justamente cuando llevaba más de medio año cobrando una miseria al mes, menos de la mitad de lo que él cobraba en el mismo departamento y haciendo el mismo doctorado.

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mesa redonda guarreem fusió – viernes 6 de abril

por wuwei (natàlia)

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Éste viernes día 6 de Abril participaré en la mesa redonda de Guarreem Barcelona, donde se hablará de cómo nos afectan los discursos y los ambientes no  monógamos y sexpositive y kiny a personas que nos atraviesan diferentes ejes de opresión. Esta vez yo participaré hablando más sobre asexualidades, arromanticismos y neurodivergencias, pero también se hablará de plurisexualidades, de géneros no binarios, de miedo/fobia social y de diversidad de cuerpos. Os dejo el evento de facebook.

 

Lugar: La Raposa de Pole Sec, c/ Tapioles, 47, Barcelona

Día y hora: viernes 6 de Abril a las 19h

 

Un placer para mí compartir mesa con estas personas y de colaborar con este grupo que acaba de aparecer por Barcelona (Guarreem Barcelona) y que pinta tan y tan interesante. Os dejo el cartel de todas las actividades del mes de Abril (¡lo que queda de mes hacen dos evento más!).

 

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pensamiento monógamo más allá de las parejas (o porque detesto realmente la monogamia)

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: monogamia/pensamiento monógamo, jerarquías, relaciones jerárquicas, violencia monógama, violencia simbólica

Este artículo lo escribí como resumen (muy resumido) de la charla ‘Memorias de una C‘ que hice el pasado Noviembre y repetí en las 3as Jornadas de Amors Plurals y se publicó en el número 449 de la Directa. Podéis ver el artículo original en catalán aquí.

 

A y B tienen una relación. B conoce a C. A y B empiezan a tomar decisiones sobre su relación, pero estas decisiones afectan también la relación entre B y C. No obstante, C no es informada en ningún momento. En grupos de debate opinan: sobre A, sobre B, pero nadie se pregunta qué siente o qué necesita C. Finalmente hay una sentencia final y es posible que se informe a C del veredicto donde a lo mejor podrá decir si lo acepta o lo rechaza (sin más matices). Esta situación se suele dar por un “conflicto” que surge entre A y B debido a la existencia de C, pero a veces también pasa en situaciones donde la borran.

Me empecé a preocupar por las C (y por el resto de letras que van detrás) cuando me fijé que en grupos de debate se ponían ejemplos sobre conflictos entre A, B y C (utilizando letras para mantener el anonimato), y C aparecía en el primer párrafo, como “problema”, como “objeto”, pero no como “sujeto”: se opinaba sobre cosas que afectaban a C pero nadie se preguntaba cómo se sentía o qué quería C. se hablaba de C, pero no con C. A la vez yo estaba en una situación relacional donde sentía que todo me venía definido desde fuera y nunca podía tener voz, decidir, ni entender… y también se borraban o se menospreciaban mis emociones o necesidades.

 

El pensamiento monógamo más allá de la pareja

Las normas que impone el pensamiento monógamo a las relaciones románticas y sexuales afectan de rebote a todo el resto de relaciones: nos dice como nos tenemos que relacionar según cada uno de los estatus relacionales (pareja, amistad, etc) y coloca a cada estatus en unas posiciones diferentes, creando jerarquías. Este pensamiento genera una demanda de exclusividad a la pareja no sólo sexual: abarca casi todos los aspectos de la vida, como la cantidad de tiempo que se pasa juntas, el tipo de actividades que no pueden dedicarse a otras personas (como las vacaciones o la crianza), o el reconocimiento de la relación. El reconocimiento es lo que nos ayuda a valorar cada una de las relaciones que tenemos y a “reconocer” su existencia (sin reconocimiento todo lo que nos aporta se borra con mucha facilidad y no se reconoce la posibilidad de tener compromisos, como tampoco de cuidados), y suele ser sólo hacia las relaciones de pareja.

Aún toda la violencia que puede haber en una relación de pareja, existe un privilegio social hacia este tipo de relación. A través de las demandas de exclusividades, especialmente la de reconocimiento, se genera una jerarquía entre relaciones que permite que se puedan crear “normas” que se imponen desde la relación de pareja hacia las “otras” relaciones, que acaban siendo dominadas por las parejas sin que las personas que forman parte de estas “otras” relaciones puedan tener voz sobre su propia relación. Se tiene que matizar que jerarquía e importancia o prioridad no son lo mismo: tener diferentes relaciones de diferentes grados de importancia o que se prioricen unas sobre otras no quiere decir que sean jerárquicas, ya que se pueden tener relaciones de diferente importancia y prioridad, o compartiendo cosas totalmente diferentes, sin necesidad de quitar voz a aquellas personas en las cosas que le afectan.

Este pensamiento también borra relaciones, emociones o violencias. Hace que cuando digamos “relación” siempre se piense en “relación de pareja”, que cuando digamos “sentimientos” por defecto se piense en los “románticos”, o también que cuando hablemos de violencias como la “de género” o el “maltrato” se piense normalmente sólo en violencia en las parejas, escondiendo todas las de fuera de la pareja. También se suelen comprender mucho más todas las emociones que provengan de la pareja que las de otra relación, como por ejemplo los celos (a las personas de fuera de la relación de pareja muchas veces se les niega la importancia de lo que sienten por el simple hecho de no reconocerlas, haciendo de esta manera que no se les acompañe emocionalmente o se les niegue poderlas expresar).

Este pensamiento se puede reproducir también cuando llamamos a nuestras relaciones como “sexoafectiva”, “compañera”, o no etiquetándola; también se puede jerarquizar unas relaciones respecto otras cuando son más románticas o se comparte sexo, ya que estos factores pueden subir la escalera de la jerarquía; o bien se puede reproducir cuando la configuración es parecida a la de una pareja con más de dos personas, o en las no-monogamias donde existe una relación de pareja “principal” o desde las “parejas” hacia el resto de relaciones. No obstante, también se pueden construir relaciones jerárquicas respecto otras por otros motivos que no sean los románticos y/o sexuales.

 

Violencia monógama

La violencia monógama se expresa de diferentes formas según el tipo de relación: hay un tipo que se reproduce en la relación de pareja, pero hay otro que se reproduce en las demás relaciones y que se basa en el borrado. Un ejemplo es que no se reconozca la relación, que se estereotipe la propia relación con expresiones como la “otra”, o la “amante” (conceptos que marcan una “alteridad”), o se les recuerde que “sólo” son amistades (colocándolas en una posición inferior). Violencia es que intenten demostrar que no eres “nadie” porque no se enfade la pareja de la persona con quien tienes una relación, o que no se te escuche cuando expresas algún tipo de incomodidad sobre la relación y que se prioricen siempre los problemas de otra persona siempre, sean cuales sean, y sea cuál sea el contexto.

Quien suele ser más sensible a padecer esta violencia son aquellas personas que son atravesadas por otras estructuras (como el machismo, el heterosexismo, el racismo, el clasismo, el capacitismo, etc). Me preocupa el riesgo de que personas con muchos privilegios se apropien de este discurso para victimizarse y decir que están muy oprimidos. Las que normalmente quedan más marginadas en las relaciones son personas que las atraviesan otras estructuras. Además, las personas con muchos privilegios, podrían, en algunos casos, beneficiarse, debido a que relaciones con poca implicación les supondría por su parte no tener que sacrificar ningunos de sus privilegios para mantener sus relaciones (dedicar tiempo, atenciones, compromisos o cuidados).

 

Romper con el pensamiento monógamo

El consumismo relacional nos pone a muchas en situaciones muy vulnerables. La pareja parece el único sitio donde encontrar resguardo en una sociedad patriarcal, capitalista y agresiva, especialmente a quien nos atraviesa la violencia estructural. A menudo se hace este apunte, pero se olvida de señalar la falta de cuidados fuera de la pareja (o de cierto tipo de relaciones y las jerarquías) como también uno de los problemas principales, dejando abierta la puerta a seguir reproduciendo siempre lo mismo para centrarnos en la pareja como la “salvación” a todos los males.

Llevo tiempo criticando (mucho) la monogamia. La detesto. Pero casi siempre que la critico siento una reacción muy fuerte de otras personas suponiendo que lo que critico es la falta de liberación sexual de las que se identifican como monógamas; no es esta mi principal intención, ya que supondría mucha insensibilidad para no querer entender las limitaciones que nos encontramos muchas personas en un proceso como es cualquier “liberación”. A mí lo que más me preocupa es la base de cómo nos relacionamos, las jerarquías, la dominación y abuso de poder. Me duele el proceso en el que se nos quita voz tan a menudo a tantas personas, especialmente las que ya padecen vulnerabilidades. Las C, y todas las letras que van detrás, se han convertido en mi principal obsesión.

Romper con la monogamia no tendría “sólo” que implicar romper con el pensamiento que no nos permite tener más “parejas” o poder tener más sexos con otras; tampoco tendría “sólo” que implicar aprender a hacer esto sin maltratarnos entre parejas o amantes sexuales. Para mí, romper con la monogamia, es ir a su raíz: es romper con esta constante jerarquía, la objetificación que borra relaciones, sus cuidados, compromisos, así como sus violencias y maltratos. Es decir, romper con la monogamia, para mí, es aprender a ser más conscientes de las “otras”: de todas las personas con las que nos relacionamos, y también con aquellas que se relacionan con nuestras relaciones. Todas tenemos que ser merecedoras de ser reconocidas, así como también de afecto, de cuidados y de poder “ser”.

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plurisexualidades y estereotipos II: la infección y el peligro como formas de ensuciar y contaminar las estructuras impuestas

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: monosexismo, monogamia/pensamiento monógamo, infecciones, heterosexismo

Ésta es la segunda parte de ‘plurisexualidades y estereotipos’. La primera la podéis leer aquí.

 

A las personas plurisexuales (aquellas orientaciones donde nos sentimos atraídes por más de un género, como les polisexuales, pansexuales o bisexuales, entre otres) socialmente se nos ve como portadores y fuentes de ITS (infecciones de transmisición sexual). Pero este estereotipo de infección va mucho más allá: es la metáfora del peligro que podemos llegar a representar a las estructuras de poder, especialmente al heterosexismo y a la monogamia. Las personas plurisexuales somos aquellas que podemos ensuciar y contaminar la barrera que se ha construido entre dos mundos que han estado creados para que estén separados infectándolos entre ellos (el bueno del heterosexual y el malo del homosexual) y aquellas que ponemos en cuestión algunas de las ideas con las que se sustenta la insensibilidad relacional de la cultura monógama. Las personas plurisexuales en este marco simbólico somos consideradas (y somos) infeccionas y peligrosas.

Una parte del peligro que representamos es la posibilidad de contaminar y desdibujar el privilegio heterosexual. Imaginémonos una persona que en un momento dado tiene o está teniendo una práctica sexual, afectiva y/o romántica que se lee socialmente como heterosexual (debido a que es una práctica con una persona de un género diferente al suyo): si aceptas la existencia de opciones, orientaciones o identidades donde existe una atracción hacia más de un género, no puedes demostrar de ninguna manera que aquella persona por el simple hecho de tener aquellas prácticas es heterosexual, ya que podría ser bisexual, pansexual o polisexual, o bien incluso también asexual/arromántica (ya que también cabe la posibilidad de que no exista atracción aún con las prácticas que podamos tener). De hecho, es imposible delante de esta posibilidad demostrar que la heterosexualidad existe en sí misma: esto pone en peligro la situación de privilegio y ‘norma’ de la heterosexualidad. Por este motivo uno de los funcionamientos del monosexismo (estructura que oprime a las personas plurisexuales o no monosexuales) es negar la posibilidad de que existan personas que se puedan sentir atraídas hacia más de un género, mientras por otro lado nos define como peligrosas, infecciosas y ‘contaminantes’: precisamente lo que contaminamos es la barrera hetero/homosexual, lo que infectamos son dos mundos que no pueden tocarse, y lo que ponemos en peligro es el privilegio que todo esto le da a la heterosexualidad.

Por otro lado, la monogamia (como estructura de poder) se sustenta a través de la idea de que el género de la persona con la que mantienes una relación romántica y sexual es lo que te completa y por tanto una de las cosas que necesitas buscar (de hecho, los dos géneros binarios ‘aceptados’ e impuestos se han construido a través de roles que se consideran totalmente diferentes y ‘complementarios’). Esta idea se construyó juntamente con la heterosexualidad para hacer de las mujeres una propiedad de los hombres, pero se ha reproducido después también en la homosexualidad con teorías muy diversas con la idea de que la búsqueda de la completitud puede estar también en el mismo género. Si seguimos esta suposición construida y que no se te muestra de forma directa (tienes que zambullirte en el pensamiento monógamo, monosexista y patriarcal para darte cuenta), las personas plurisexuales, al sentirnos atraídas hacia más de un género, necesitaríamos más de una persona para completarnos y romperíamos con la misma necesidad de mantener la monogamia como estructura social. Por tanto, las personas plurisexuales representamos también un peligro para el pensamiento monógamo y este es uno de los muchos motivos por los cuales siempre se nos estereotipa como a no monógames y promíscues, representando un peligro social que ha de borrarse y eliminarse.

Sí, las personas plurisexuales somos infeccionas, contaminamos, ensuciamos y somos peligrosas. Infectamos dos mundos que han sido construidos para que no se toquen: el heterosexual (el bueno) y el homosexual (el malo). Dos mundos que no se pueden tocar porque si se tocaran el  privilegio de la heterosexualidad quedaría cuestionado. Contaminamos y ensuciamos porque representamos una amenaza hacia las jerarquías de orientación y por tanto a las de género, incluyendo las múltiples identidades. Somos peligrosas porque nuestra existencia pone en duda las bases con las que se sustenta el pensamiento monógamo que acaba imponiendo las relaciones basadas en la propiedad y en el consumo.

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mujeres y no binaries plurisexuales y no monógames: objetificación y falta de pertenencia

por wuwei (natàlia)

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Las mujeres plurisexuales (y otros géneros no binarios que puedan estar atravesados por el machismo) sufrimos los efectos del monosexismo juntamente con el machismo, que afecta nuestras vidas a través sobre todo de la violencia simbólica. El monosexismo, para contextualizar, es aquella opresión que padecemos las personas que nos sentimos atraídas por más de un género (les plurisexuales o aquelles que no se identifican con una monosexualidad, como les pansexuales, bisexuales, polisexuales, entre otres). Un ejemplo de esta intersección es la vulnerabilidad que padecemos por estar más expuestas a la violencia sexual debido a estar más objetificadas por la mirada del hombre que construye una plurisexualidad ‘femenina’ para su placer.

Algunos estudios del Reino Unido, Canadá y Estados Unidos, mostraron que también somos más vulnerables a padecer más problemas de salud mental (intentos de suicidio, ansiedad, depresión, estrés post-traumático, autolesión, etc) que las mujeres monosexuales (tanto lesbianas como heterosexuales). La diferencia entre lesbianas y plurisexuales especialmente se agravaba en áreas urbanas, debido a que las plurisexuales nos cuesta mucho más encontrar espacios que podemos sentir seguros y donde podamos trabajar nuestras vulnerabilidades, incluso en áreas donde hay activismo y espacios LGBT+/queer: o sea, que muchos espacios LGBT+/queer no son espacios seguros para nosotras. A la vez, las mujeres y personas no binarias plurisexuales hemos dedicado muchos años a adaptarnos a las necesidades de otros colectivos porque no solemos tener espacios propios donde hablar y tratar nuestras propias vivencias y debido a esto a menudo tenemos que definir nuestros problemas y opresiones utilizando otros tipos de experiencias (especialmente las monosexuales).

Cuando, además de ser plurisexuales, también somos ‘no monógamas’, tenemos que ir todavía con más cuidado con nuestras vulnerabilidades ya que la violencia sexual se incrementa (las mujeres y personas no binarias no monógamas también podemos ser vistas por la mirada masculina como más accesibles y objetificables), sumándose a la particularidad de la objetificación que supone la búsqueda de unicornios (aquellas mujeres bisexuales buscadas por parejas hombre-mujer para satisfacer sus fantasías y deseos sexuales y/o afectivos). Aún la importancia de tener espacios seguros para las que también somos no monógamas, lo que normalmente nos encontramos es que la mayoría de los espacios construidos y que son de más fácil acceso son espacios monosexuales (sobre todo heterosexuales) donde sufrimos violencia.

Por otro lado, los espacios plurisexuales (donde la mayoría de ellos son bisexuales ‘normativos’) borran a las personas plurisexuales no monógamas diciendo que las personas plurisexuales no somos promíscuas y somos monógamas. La razón por la cual pasa esto es porque uno de los estereotipos de las plurisexualidades es que somos promíscues e hipersexuales. Que te asignen un estereotipo como este es una reproducción de monosexismo, esto está claro; no obstante, en muchos espacios bisexuales normativos existe normalmente la idea de que luchar contra los estereotipos significa negarlos: haciendo esto niegan la existencia de una parte de la comunidad (aquellas plurisexuales que no somos monógamas) y señala nuestra no-monogamias como la causa de la violencia sexual y la objetificación que sufrimos después. Esto hace que muchos espacios bisexuales sean muy hostiles para les plurisexuales no monógames.

Es de vital importancia para las mujeres y personas no binarias plurisexuales y no monógamas crear nuestros espacios seguros, mientras a la vez podemos hacer que los nuevos espacios que se creen donde se tocan diversos ejes (queer, feministas o no monógamos) sean más seguros para nosotras, y donde podamos hablar y tener en cuenta nuestras vulnerabilidades. En estos espacios el monosexismo se tiene que aceptar como una estructura de poder, como también tienen que tener el feminismo y la sensibilidad transversal en sus bases.

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cambio de contacto en ‘encuentros sobre anarquismo relacional’

por wuwei (natàlia)

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En referencia a la entrada donde hablaba de los ‘encuentros sobre anarquismo relacional‘ he hecho un cambio en la entrada original, ya que ha habido problemas con el correo electrónico para inscribirse y se ha tenido que cambiar. Para inscribiros tenéis que enviar un correo a  veusambveu.editorial@gmail.com

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memorias de una C y taller de técnicas de dominación en Madrid (Abril)

por wuwei (natàlia)

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Los días 28 y 29 de abril voy a estar en Madrid para repetir la charla de Memorias de una C y dinamizar un taller de técnicas de dominación. La charla de Memorias de una C la haré el sábado 28 de abril a las 18h en La mala mujer (c/ Mesón de Paredes, 76, Madrid), y no hace falta inscribirse, pero el aforo es limitado. El taller de técnicas de dominación lo haré el domingo 29 de abril a las 18h también en La mala mujer ; en el taller sí que hace falta inscripción, ya que el límite de plazas es 20. Inscripciones para el taller en info@interpuzzle.es

En las dos actividades haré taquilla inversa (aportación sugerida entre 5 y 10€ pero no dejes de venir por no poder pagarlo).

Aquí tenéis los dos eventos de facebook:

https://www.facebook.com/events/365960850571214
https://www.facebook.com/events/595767387431371/

Nos vemos en Madrid 🙂

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encuentros sobre anarquismo relacional

por wuwei (natàlia)

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El día 10 de Marzo a las 18:30h haré el taller de ‘Hablemos de técnicas de dominación‘ dentro de un ciclo que organiza Veusambveu titulado ‘Trobades sobre anarquisme relacional’. Si os interesara asistir os tendríais que inscribir en el correo electrónico de  veusambveu.editorial@gmail.com ya que hay un límite de plazas de 20 personas. El lugar donde se realizará el taller es en  C/ Picalquers, 20, Barcelona.

Aquí tenéis el evento de facebook donde también se anuncian el taller sobre ‘‘deconstruir contextos para construir relaciones’ que haremos el 14 de Abril por la mañana y un espacio de debate el día 5 de Mayo por la tarde. Os podéis inscribir para cada una de las 3 actividades si os interesara. Más info a: https://www.facebook.com/events/171593670142565/

 

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