mi bisexualidad es un desfase

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 21 de octubre. Podéis ver el original aquí . 

Aviso de contenido: monosexismo, estereotipos, machismo, heterosexismo

Mi cuerpo, mi mente, y todo mi sentir, llevan desde que nací cambiando, mudando. No quiero imponer qué es más natural y qué no. Todo lo que pueda ocurrir y ocurra, es natural. Las cosas “buenas” y las “malas”. Lo que está bien o no está bien no tiene nada que ver con lo que sea más o menos natural, tiene que ver con la ideología de cada cual. Mucha gente cree que los cambios tienen más tendencia a producirse, y a ser más “naturales”, cuando eres pequeña, y que cuando nos hacemos mayores tendemos a ser más rígidas, menos cambiantes.

Esta no ha sido mi experiencia. Yo siempre he sido consciente de mis cambios, y gracias a ellos he sobrevivido y he podido salir de momentos complicados de mi vida. La vida para mí es cambio. Siempre me he sentido yo misma como una especie de proceso. No hace falta que nadie me diga que me estoy poniendo filosófica, yo ya sé que me pongo así muy a menudo, puede que sea una de las pocas cosas que no han cambiado en mí desde que tengo consciencia, y desde que con cinco años mi gran preocupación era comprender si todo lo que veía y sentía era real o no y qué era el “yo” y esa voz que retumbaba en mi cabeza. Pero con todo esto tampoco quiero dar la impresión de que soy un ser que sabe mucho o que se conoce mucho y sabe bien lo que quiere o siente. Al contrario. Simplemente soy una rallada de la vida, sin más. Cada una tenemos lo nuestro.

Yo salí del armario como bisexual de forma muy confusa. De hecho, salí del armario con una amiga y conmigo misma a la vez. Le dije a mi amiga “oye, quiero decirte una cosa”, y ella me contestó “¿el qué?”. En ese momento no sabía ni lo que le iba a decir. “Que soy bisexual”, le dije. Y mientras lo dije la sorprendida fui yo. Seguramente más que ella. No hubo un razonamiento anterior, ni una crisis existencial, ni una duda mientras veía el mundo pasar. Nada, salió, así. Pero a partir de ese momento sí empecé a rayarme, como siempre, intentando entenderme un poco. También empezó una época muy complicada en mi vida, porque es lo que tiene la adolescencia, y más siendo una persona femenina, bisexual y autista. Pero hasta entonces mi vida había sido supuestamente heterosexual. O no. No lo fue. Me di cuenta en ese momento, rebuscando en mi pasado, que yo cuando era preadolescente era más lesbiana que otra cosa.

Sí, de eso me di cuenta en ese momento. O sea, cuando empecé a fijarme en personas de una forma más consciente, lo hacía básicamente con chicos. Y me atraían. Pero antes de empezar a experimentarme sexualmente, mi atracción era hacia chicas solamente. Y permitidme que sea así de binaria, no tenía más opciones en ese momento. Yo no tenía ni idea de que lo que sentía era atracción, o excitación. Obviamente aquí estaban el machismo y el heterosexismo bailándole a mi vida. Pero no solamente esto, también estaba el problema de ser autista, y muchos sentires míos me fueron vetados desde pequeña, algo que ha hecho que a lo largo de mi vida haya tenido que enmascarar demasiadas cosas de mí e imitar todo lo que me rodeaba, más que una persona neurotípica.

No quiero que eso se lea como que mi orientación “verdadera” y “natural” es la lésbica y que después con toda la presión social me volví más heterosexual y/o me quedé en medio. No es eso. Tampoco quiero que se lea que pasé una fase sin importancia. Las fases existen, son importantes, tanto como lo que interpretamos como “no-fases”. A mí me gustan y son partes importantes de mi vida. Pero vaya, tampoco nos pensemos, porque mi bisexualidad en ese momento terminó por ser una fase también. La violencia a la que estuve sometida los dos siguientes años hizo que me cerrara en una relación monógama con un hombre. Creía que así estaba más segura. Al menos eso es lo que sentía. Y allí se acabó. Temporalmente, claro.

Muchas activistas bisexuales se obsesionan en decir que si tienes una relación monógama con una persona de un género concreto esto no te convierte en monosexual, o sea en heterosexual o en lesbiana, que sigues siendo bisexual, sin matices, sin contextos. Yo era una de estas personas que no paraban de repetirlo. Pero creo que depende de cada una, qué queréis que os diga. O sea, lo que creo es que no tiene por qué, y tampoco tenemos que obligar a la gente a que sí siga siéndolo. Las personas cambiamos y nuestras experiencias también. También las estructuras que nos atraviesan. Las experiencias y los contextos son distintos para cada una. Habrá que sientan que sí, habrá que sientan que no, y habrá que no lo saben o que sientan que tal vez.

Para mí esta retórica tiene una fuerte base monógama, con todo el rollo de que la bisexualidad solo parece poderse demostrar fuera de la monogamia, parece que a todas nos asuste tanto esta idea que queremos aferrarnos a esa identidad fija de nuestro ser. En mi caso, durante esos once años de relación monógama con un hombre pasé por varias fases: en algunas de esas fases seguía sintiéndome atraída por mujeres, pero tampoco me importaba y no lo expresaba, y tampoco sentía ser bisexual, así que el monosexismo no me afectaba; en algunas otras fases sí que me afectaba y sí sentía necesidad de expresar cierto sentir; y en otras fases simplemente me sentía heterosexual. Es así. Y estoy segura de que no he sido la única.

Pero esas múltiples fases pasaron también. Dejé esa relación. Y mi atracción, o al menos como yo la percibo, se complicó. Los ejes de mi atracción no son el género. Pero para no hacerlo simple, que sería demasiado fácil, tampoco quiero decir que el género no cuenta para nada en mi atracción. Digamos que no filtro totalmente ningún género, y me puedo llegar a sentir atraída por una persona de cualquier género. Pero sí que es verdad que hay géneros que filtro más que otros. Eso no empezó siendo así hace casi diez años cuando dejé esa relación. En realidad, no filtraba nada en el género. Pero hay ciertas cosas que fui aprendiendo, y ciertas experiencias que también cambiaron mis atracciones. Me volví selectiva con algunas cosas, y mi propio cuerpo también. De hecho, una de mis fases fue la asexualidad. Durante dos años dejé de sentir atracción. Y creo que fue una bendición, realmente necesitaba eso. Necesitaba dejar de sentir ciertas cosas para curarme de muchas otras. Ahora soy alosexual. Y bisexual. Actualmente, mis ejes de atracción son más complejos que el género, y se dibujan y desdibujan a través también de posiciones políticas, activistas e ideológicas. No es solamente mi mente quien decide esto, es también todo mi cuerpo. Y me gusta ser así.

Me flipa mucho cuando hay gente que afirma con total rotundidad que la bisexualidad no es una fase. O que cualquier otra des/orientación tampoco lo es. Parece como que necesitamos ponerle énfasis a eso, ya que las fases y los cambios en nuestro contexto social no valen nada. Pero es irónico, este contexto social y estructural no nos permite cambiar según nuestras necesidades y contextos, es algo prohibido, quiere fijarnos en algunas de las cajas para jerarquizarnos, estigmatizarnos, colocarnos en algún lugar, sea el de productiva, sea el de “ser despreciable”.

Pero a la vez nos obliga a un constante fluir cambiante que nos inestabiliza, especialmente en lo económico y relacional. Una especie de fluir que es más bien un arrastre estructural que nunca sabes dónde te llevará.Y a las más vulnerables suele arrastrarlas a los lugares más precarios. Es verdad que hay un discurso en pro de las fases y de los fluires que es bastante liberal, que borra totalmente las estructuras que nos afectan y que simplemente se suman a una confusión apolítica intencionada. Pero lo contrario no tendría que pasar por negar nuestros cambios. Delante de todo esto prefiero pensar en otras vías. Vuestra bisexualidad podrá no ser una fase, pero la mía lleva siendo un gran desfase desde el primer día.

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la violencia de la comunicación no violenta (II)

por wuwei (natàlia)

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Este texto es el segundo y último texto alrededor de los puntos problemáticos de la comunicación no violenta. El primero lo podéis leer aquí.

Aviso de contenido: CNV, capacitismo, neurocapacitismo, positivismo, racismo, individualismo

Hace un tiempo escribí un texto donde hablaba sobre los puntos problemáticos de la comunicación no violenta (CNV), que lo podéis leer aquí. Me ahorraré la introducción sobre este tipo de comunicación, ya que ya lo hice en ese texto. Este nuevo lo escribo como continuación para poder añadir algunos puntos más de la CNV que me parecen problemáticos y que no pude tocar en el otro texto por la limitación de caracteres que tenía debido a que se publicó en un medio.

Uno de los problemas que a menudo se pasan por alto de la CNV es la voluntad de universalizarla, privilegiándola y colocando las demás opciones en una posición estructuralmente inferior. La CNV se autoproclama (o el señor que la creó la llama y la proclama) la forma “natural” de comunicarse y conectar entre las personas; según el creador de este tipo de comunicación, las demás formas de comunicarse no son “naturales” y son violentas. Como alternativa, los seguidores de la CNV que no la llaman la forma “natural” de comunicarse, la llaman la “herramienta neutra”, que acaba teniendo el mismo efecto. De esta manera borra totalmente la vertiente cultural, no solamente de la comunicación y de los diferentes estilos de comunicación, sino también de lo que se considera y se vive como violento, que puede ser diferente según el contexto y la cultura. Esta táctica de decir qué es más natural lo que pretende es darle una situación de privilegio, universalizándola: un proceso que coloca la mirada occidental y blanca en el centro y obvia que otras culturas y paradigmas pueden construir formas diferentes de comunicación y de “no-violencia”.

Por otro lado, esta misma visión pretende también universalizar unas capacidades comunicativas concretas, haciendo que se acaben considerando más “naturales”, imponiéndolas y discapacitando a todas aquellas que no tenemos la misma facilidad para comunicarnos de la manera que la CNV estipula como “natural”. Es más, aquellas que tengamos capacidades y necesidades comunicativas diferentes, se nos coloca en la posición de “no-naturales” y “violentas”, como es a las personas neurodivergentes o con otras discapacidades. Esto no sólo lo hace la CNV, ya existe la idea, a través del capacitismo, de que las personas con necesidades comunicativas diferentes no somos aptas para tener relaciones “sanas” y se nos cataloga normalmente como personas “no aptas” y muchas veces “violentas”. La CNV sólo reproduce la misma idea e, incluso, acabar de asentarla.

Siguiendo con el paradigma de la “naturalidad”, la CNV cree que el “dar de forma natural” haría que todas las necesidades quedaran cubiertas. Según ésta, todas las necesidades quedan cubiertas cuando no obligas nada a nadie y solamente se hacen las cosas que cada una desea hacer de forma “natural”. Es como aquello del “fluir”. Se supone, por tanto, que todas las tareas siempre quedarán cubiertas porque siempre habrá personas que las quieran hacer, algo que es fácil de sentir y naturalizar cuando ha habido tareas que siempre te las han hecho las demás y ni siquiera hace falta tenerlo que apreciar (como por ejemplo cuando eres un hombre y ciertas tareas del hogar o de cuidados hacia uno siempre te han estado cubiertas con más facilidad).  Obvia la construcción social de la “naturalidad” en la voluntad de realizar ciertas tareas, las desigualdades sociales, y obvia que si cada une solamente hace las tareas que “naturalmente” quiere hacer es posible que haya tareas que nadie querrá hacer y que se tendrá que encontrar una solución compartida/colectiva a cómo hacerlas. Normalmente de este tipo de tareas se encargan de forma sistemática personas de colectivos minorizados y/o explotados, a las que se las ha colocado en una posición para que parezca que “naturalmente” escogen hacer estas tareas. Por este motivo la CNV deja fuera la responsabilidad compartida y colectiva. La CNV se basa en un paradigma totalmente individualista.

Finalmente, apartándonos un poco de la “naturalidad” y adentrándonos en las técnicas de dominación, la CNV puede usarse muy fácilmente para manipular las emociones de la otra persona. La problemática añadida de considerarla, además, una “herramienta neutra” lo que hace es borrar toda influencia y utilización que se le pueda hacer a través de las estructuras de poder o del ejercicio de poder. Nada escapa de las ideologías, y todo lo que se considera “neutro” tiene la tendencia a borrar y esconder esta influencia, para, otra vez, universalizarla. La CNV dice que no tienes que responsabilizar a la otra persona de lo que sientes y te pasa cuando lo expresas. Esto ya lo comenté en el anterior texto. Según la CNV para comunicar tu sentir, lo tienes que hacer de manera que no responsabilices a la otra, solamente tú eres la responsable. No obstante, no responsabilizar a la otra persona de forma explícita no significa que no le hagas sentir esta responsabilidad o no la hagas sentir culpable, especialmente cuando se tienen ciertos privilegios respecto la persona a quien se lo dices. Es una táctica muy fácilmente utilizada para acabar haciendo sentir culpable a la otra persona sin haberlo hecho explícito y, por tanto, sin ser tú la persona responsable de su sentimiento de culpa. Puedes expresarle cómo te sientes y, sin responsabilizarla a ella, que ella misma se sienta responsable. De esta manera muchas veces se puede conseguir que la otra persona haga o sienta lo que tú quieres sin habérselo pedido. Esto es, por tanto, una técnica de dominación, y la he visto usar muchas veces. Yo misma la he usado para defenderme de técnicas de dominación que otra persona estaba ejerciendo sobre mí.

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que la rabia y la frustración me sirvan de algo: de mudanza emocional

por wuwei (natàlia)

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Escribo esto saltándome varias de las costumbres que suelo tener al escribir aquí. La primera es que no voy a revisar el texto. La segunda es que va a ser mucho más emocional que racional, no quiero pasar esto que voy a vomitar a través de ningún análisis, aunque al final algo de análisis siempre hay. La tercera es que voy a colgarlo sin pensar mucho cuando ni el contexto en el que lo hago. Tengo bastantes cosas escritas que me da pereza colgar. Voy a colgarlas, porque tampoco es que no me gusten, sino que me siento muy banal, sin tan siquiera saber qué quiero decir esto. Seguramente habrá por aquí algún cambio de rumbo cuando termine de colgar todo lo que tengo. Ya se verá.

El otro día leía como alguien se quejaba de la falta de cuidados a través de la suposición de que quien no se vulnerabiliza en las relaciones, o quien huye de ciertas situaciones, es por una falta de compromiso o bien porque le va mucho lo de fluir por la vida dejando atrás cualquier consideración hacia les demás. Podría ser cierto, pero igualmente me dolió. El miedo a vulnerabilizarse y a abrazar las vulnerabilidades de otres no siempre corresponde a formar parte de lo más alto de las jerarquías dentro de un sistema de consumo de relaciones. A veces es al revés, las que están debajo también les atraviesa el miedo a la vulnerabilidad, por razones precisamente contrarias: el trauma lleva al miedo al rechazo, el miedo a que te traten mal, el miedo a que pisen (como otras veces te ha pasado) tus vulnerabilidades. Desnudarse no es fácil. Haber sido consumida te convierte a veces en alguien que huye de cualquier posibilidad de que te vuelva a ocurrir. También están aquelles que han sido infinitamente rechazades y que eso les ha vulnerabilizado aún más. No quiero aquí hablar más de masculinidad. Estoy hablando de otras cosas, siempre olvidadas. Hace meses que me pregunto qué han supuesto para mí las drogas en muchos momentos de mi vida, y por algún motivo la alienación cuando algo te duele puede ser más que necesaria. No siempre estamos preparadas para soportarlo todo, algunas veces simplemente no podemos.

Siento rabia hacia cómo funcionan muchos aspectos relacionales, también en ambientes súper alternativos. Cómo se ridiculizan fácilmente situaciones suponiendo que se está siempre ridiculizando el privilegio, y no siempre es así. Medimos a las personas, las medimos según su capacidad carismática, su capacidad deconstructiva, su capacidad de supuestamente complacer, haciendo un supuesto llamamiento a los cuidados. No tiene nada de cuidado medir a la gente. Con esto no quiero decir que no tengamos que trabajarnos cosas, no es eso. A mí me atraen ciertas ideologías y la voluntad. Pero hemos hecho de esto un ejercicio de capacidad, de medida absoluta, y de consecuente ridiculización de lo que no atraviese estas expectativas. Medimos a la gente. Como cuando nos median en el colegio a través del bullying, a través también de una ridiculización, de una invisibilización, de una violencia sistemática capacitista (y no capacitista también).

Se nos llenan los espacios de bullying y egos, peña.

Siento rabia por la lucha de egos que realmente a veces no sé cómo puede pararse si nos autoproclamamos críticas y anti-jerarquías. Los egos están allí. A veces no hace falta tan siquiera hacer un zoom o apartarse para verlo. Están allí. Y esto genera una gran bola de deseos de subirse a más carros. O simplemente una necesidad de supervivencia que acaba generando más egos ya solamente para que no te pisen. ¿Hay alguna forma de destruir estos carros? De verdad lo pregunto. Es una pregunta jodidamente sincera. Podemos hacer mucha autocrítica, y dejar de hacer ciertas cosas, ignorar también lo que vemos y sentimos acerca de lo que hacemos. ¿Pero hay alguna forma de destruir todo esto?

No sé si es cierta distancia por el hecho de vivir más lejos, o no sé si es cierta pesadez cada vez que me acerco y observo. No quiero dejarlo todo y abandonar una parte de lo que siento importante. Pero hay ambientes que me saturan. Porque muy guay tanta deconstrucción, pero después no hay quien se ponga a hablar ni a tratar lo que realmente está por debajo. Cómo si por el hecho de estar oprimidas haga que no haya nada ni nadie por debajo. Sólo nos miramos el ombligo y nuestros discursos, a veces vacíos porque solamente se materializan en ambientes muy concretos y de formas clasistas y de jodida exclusión. Instrumentalizamos la pobreza, la precariedad. Creemos siempre que somos las más precarias porque casi nunca nos paramos a mirar hacia abajo. No queremos mirar hacia abajo porque eso nos pondría en una situación de privilegio que no queremos aceptar. Que al final en todos los activismos se repite siempre la metáfora de repetirnos eso de que la clase media no existe (podemos usar este concepto en cualquier estructura, no solamente la económica) porque no queremos vernos como más privilegiadas que otras. Y ya sé que no existe. Pero algo hay que nos sustenta más que a otras, y hay quienes están más jodides que nosotres. O, podríamos decir, que todo es mucho más complejo de lo que vomitamos.

Pero más allá de esto, también está el no querer ver lo mucho que hacen algunas personas. Nos creemos muy guays porque sumamos cuantas mierdas nos atraviesan, pensando que esto nos hace más importantes. Pero invisibilizamos muchos curros dentro de nuestros ambientes que son jodidamente invisibles porque no los reconocemos como importantes. No. Es más importante quien coge un micro o quien escribe que quien mueve su maldito culo y pone su cuerpo, o su responsabilidad a través de lo más emocional. No estoy diciendo que todes les que cojan un micro o escriban no pongan su cuerpo en nada. Lo que quiero decir es que hemos creado una jerarquía de tareas que solo ensalza y solo reconoce unas tareas, y no le otorga tanta importancia a quien materializa el discurso, quienes hacen tareas que nadie quiere hacer o a quienes hacen jodidamente algo. Esto a veces roza la explotación y de cómo ese curro que hacen muchas es usado por quienes ensalzan su ego. Hablamos mucho de la invisibilización de los cuidados, pero  creo que se invisibilizan muchísimas cosas más.

Cuando hablo de curros, no obstante, tampoco quiero caer en el capacitismo. Ya sé que no todas podemos hacer las mismas cosas. Ni en el clasismo, no todes tenemos acceso a lo  mismo. No critico quien no lo pone de la forma que se supone o se puede esperar que ponga. Critico a quienes se aprovechan del curro de otras. Eso mismo es lo que me duele. O a quienes no quieren verlo. O a quienes se creen que una cara agradable y un discurso potente son más importantes que todo lo demás. Critico a quienes no quieren verlo o lo esconden. Critico la jerarquía de los egos. El reconocimiento siempre acaba siendo vertical. Por muy anti-jerarquías que nos mostremos.

Estoy de mudanza, gente. Y qué jodido gusto da esto. Aunque duela. Es lo que hay.

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el arte de ligar y consumir

por wuwei (natàlia)

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(aviso de contenido: individualismo, capitalismo de relaciones, objetificación, consumo, manipulación, mentiras)

En el mercado de las relaciones, comprar, vender, apropiarse y consumir son la base de la mayoría de las aproximaciones entre personas que quieren o pretenden tener una relación sexual, afectivosexual o romántica con otras personas. Da igual el formato: puede ser a través de aplicaciones, de redes sociales, en ambientes de fiesta, en ambientes informales más tranquilos, en ambientes formales, en el trabajo o en encuentros casuales en la plaza del barrio. El paradigma de “ligar”, juntamente con el de “cazar”, es solamente cuestionado cuando hablamos de machismo o de monogamia, pero el proceso va mucho más allá. Está, obviamente, atravesado por estructuras  como el machismo, pero no se para aquí porque lo impregna el paradigma individualista y capitalista a través del cual vemos a las personas que nos rodean como objetos.

No soporto el concepto de “ligar”. Hay que decir, no obstante, que cuando digo que no soporto el concepto de ligar no me refiero a que no soporto que la gente tenga cierto interés en otras personas, en querer compartir cosas concreta, y se acerque para ver si la otra persona también puede  corresponder este interés. Tampoco me refiero a que sentirse atraída hacia a alguna persona, sea sexualmente y/o románticamente, es un acto de por sí consumista, como tampoco que te guste una persona y se lo digas. No jodamos, no es esto. Tampoco tengo nada en contra de ciertos procesos un poco ritualísticos de acercamiento. Lo que no soporto es buena parte del proceso que  está totalmente aceptado en el que la otra persona deviene un producto de consumo más. El proceso de compra, venta, consumo y acumulación. Y lo que más me sorprende ya no sólo es el proceso de ver a la otra como un producto más, es también el deseo de ser escogida como tal, comprada o consumida donde aceptas parte del juego de forma bastante consciente, ignorando, de paso, a quien no nos trata de esta manera suponiendo que no estará interesada en nosotras. Parece como si “si no juegas es que no tienes ningún interés en las demás”. Caemos en la competición para ver quien consigue más atenciones, quien consigue más premios, quien consigue coleccionar más relaciones, o simplemente más rollos, quien consigue ser engañado una vez y otra o quien consigue engañar más. Nos transformamos temporalmente y a ratos en otras personas, en personajes que creamos para poder formar parte de este circo.

Tampoco me refiero aquí al hecho de que si me acerco a alguien para tener solamente sexo estoy tratando a la otra persona como un producto de consumo. No tiene por qué. O sea, muchas veces sí, pero no es el sexo en sí, es el cómo, y es por cómo se instrumentaliza el sexo en nuestras estructuras, especialmente por parte del machismo y el individualismo. Pero insisto con que no es a través de una relación exclusivamente sexual porque muchas creen que la objetificación está solamente en el sexo o en la corta duración de las relaciones y no con cómo ocurre el proceso de acercamiento y/o alejamiento. A veces lo que es objetificador es el proceso de engañar a la otra persona para tener sexo con ella (una cosa muy aceptada en procesos de ligar, y es aquí donde quería ir a parar), o bien acercarse a alguien solamente para conseguir que te haga los deberes de clase, o bien estar consumiendo emocionalmente a alguien durante años de tu vida.

El acto de ligar está fuertemente relacionado con los procesos de objetificación, de consumo, de competición y de obtención de premios, trofeos, propiedades, o productos que utilizaremos para el propio beneficio. Es un acto donde se pretende normalizar, y normaliza, aquello de que “la finalidad justifica los medios”, y la finalidad es, esto, el objetivo final, que puede ser tanto puramente sexual como podría ser romántico, y el conseguir un premio/trofeo final que te permite escalar socialmente u obtener algunos beneficios. Es un acto donde la persona desaparece y deviene un producto más. Donde nosotras también devenimos un producto más, todo también dependiendo de cuales sean nuestras posiciones relativas de privilegios en comparación con las otras. Además, poder conseguir estos premios no es un proceso donde todas tengan el mismo acceso: solamente las que consigan tener un serie de privilegios podrán entrar más fácilmente en el juego, tanto si cazas como si eres cazada.

Este “ligar” es un proceso donde se normaliza la mentira, la manipulación, el llamar la atención. Consiste en “conseguir convencer” a la otra persona para que tenga un tipo concreto de relación contigo (sea sexo, sea una relación más romántica, sea solamente atenciones, sea lo que sea). Y querer convencer pasa por no querer ver realmente a la persona que tenemos delante y no tener en cuenta qué quiere, qué siente o qué necesita. Y no estamos hablando de querer convencer a la otra persona en un debate político sobre el cambio climático. Estamos hablando de querer convencer a la otra persona para que, por ejemplo, tenga sexo contigo.

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de la exclusión en las relaciones a la exclusión en discursos y espacios

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: monogamia, estructura monógama, gordofobia, presión estética, capacitismo, neurocapacitismo, y mención de más estructuras de forma general, exclusión, exclusión relacional, competitividad, consumo relacional, masculinidad, lenguaje capacitista*

*(aunque yo preferiría utilizar palabras como «discapacidad/es» o «discapacitades», en este texto uso «diversidad funcional», y además lo diferencio de las neurodivergencias. lo hago por una cuestión de comprensión, ya que muchas personas que van a leerlo no saben del debate y de las posiciones que hay al respecto de estas palabras y tampoco sabrían a qué me refiero cuando digo «personas discapacitadas», ya que se tiene una idea muy diferente de estos términos. el vocabulario que uso normalmente ya hace que algunas veces no sea tan comprensible (o al menos como a mí me gustaría) y a veces hago un poco de malabares comprensión-inclusión-no opresión dependiendo del contexto, la temática sobre la que escribo y la gente que creo que podría leerlo)

Hace un tiempo Kai escribió este texto en este blog hablando sobre como intersecciona la gordofobia con la deconstrucción del amor romántico y de la monogamia, y, aunque a mí no me atraviesa la gordofobia, algo me removió. Al cabo de un tiempo escribí este otro texto para hablar de cómo muchos de los discursos sobre comunicación cuando se habla de relaciones y no-monogamias excluyen a las personas que tenemos necesidades y sensibilidades diferentes a las estipuladas como normales, cómo nos pasa a les neurodivergentes. Además, también, hace bastante tiempo que hay personas quejándose de cómo las no-monogamias las excluye, o más bien, explicando cómo sienten que no pueden vivirse en ellas y señalando muchos de los aspectos liberales de muchas de las formas de llevarlas a la práctica (de hecho las más visibles, incluso en ambientes críticos y alternativos).

Muchas de estas quejas se suelen ignorar y no verse como verdaderos problemas. Pero no estoy hablando de machismo. Creo que el machismo en las no-monogamias es una de las pocas críticas que sí han ganado más aceptación y el feminismo cada vez está más presente (no siempre, pero un poco sí, y si creéis que no, imaginaros para el resto de cosas). También es posible que todo aquello de la crítica al “consumo de relaciones” también esté llegando, aunque muchas veces es más bien un postureo de repetición de palabras que mola mucho decir porque queda bien.

A parte de esto, el resto de críticas creo que se han intentado pasar por alto, especialmente porque cuesta ver el entramado de estructuras y de privilegios, más allá de cuando existe sólo la violencia estructural que estamos acostumbrades a analizar: cuando no tienes un cuerpo normativo, eres gorda, tienes alguna diversidad funcional, eres neurodivergente, eres considerada fea, tienes estrés postraumático, no eres carismática, etc; y esto sumándole todo el resto que también pueden hacer que se te excluya relacionalmente: no eres blanque, no eres cis, eres pobre, etc. Cuesta verlo cuando el problema deviene más bien por una exclusión de las problemáticas que muches vivimos a través de las relaciones. Se suelen ver como quejas puntuales, no estructurales. No quiere decir que si te atraviesa alguna de estas cosas estás automáticamente excluida, es más complejo y es contextual. Pero el problema sigue siendo estructural.

No creo que el problema sea de las no-monogamias de por sí, el problema ya lo tenemos en la monogamia, y hemos heredado su filosofía relacional, multiplicando sus nocivas consecuencias. No la hemos liberado, la hemos hecho, en muchos casos, más liberal, una forma de coleccionar relaciones sexuales y afectivas, mientras ni siquiera rompemos con conceptos como la competitividad o la propiedad, ni con las desigualdades sociales que nos encontramos a la hora de relacionarnos.

Nos gusta hablar de deconstrucciones, de comunicación, de salir de la zona de confort, de celos, de apego, del amor romántico, de la NRE (New Relationship Energy), entre otras cosas, y muchas veces sólo se contemplan realidades que no se desvían de lo que se considera “normal”: las más privilegiadas. Muchas quedan o quedamos fuera cuando se habla de todas estas temáticas, y se acaban teniendo muchas más dificultades para moverse en estos ambientes y en las propias relaciones, haciéndonos sentir como si el defecto fuéramos nosotres. Ya hablé de neurodivergencias, comunicación y exclusión, como he comentado al inicio del texto, así que este tema no lo tocaré ahora, pero es importante también incluirlo en esta lista de problemáticas.

Se habla, por ejemplo, de las “virtudes” de salir de la zona de confort, cuando para muchas, estar expuestas a tener una sola relación (sea del tipo que sea) ya es, muchas veces, salir de su zona de confort; o bien hacer cualquier cosa que pueda ser considerada “normal” y “habitual” porque todo está montado de forma que las excluye (las personas neurodivergentes tenemos bastante experiencia en esto, entre muchas otras). Dentro de muchos ambientes “salir de la zona de confort” significa hacer todas aquellas cosas que socialmente no están muy aceptadas, que se nos han vetado y que, por tanto, se supone que tendremos más dificultad para deconstruirlas, y hacerlo nos puede empoderar. En estos casos es muy fácil hablar de salir de tu zona de confort cuando eres una persona neurotípica, delgada, guapa, carismática, sin traumas (o con pocos traumas), sin diversidad funcional, cis, etc. Pero hay personas que podemos tener más dificultades, o, sobre todo, necesitaremos vías y procesos diferentes, dependiendo de lo que nos atraviese y dependiendo del contexto. Y cuando se crean estos espacios no se suele tener en cuenta. No es igual, por ejemplo, para una persona con un cuerpo no normativo o gorda, salir de esta zona, cuando es el propio cuerpo el que se expone. Tampoco es igual cuando tu sensibilidad con el contacto físico o con la exposición a ciertos estímulos sensoriales es diferente a la estipulada como normal, como nos puede pasar a personas autistas, y no se tienen en cuenta las diferentes sensibilidades. Y se podrían ir sumando ejemplos.

La mayoría de veces cuando se habla de temáticas relacionadas con, por ejemplo, las no-monogamias, se parte de la suposición de que tienes acceso a tener una relación sexoafectiva  o romántica/platónica/afectiva y las problemáticas vienen cuando quieres “añadir” más. Pero cuando eres una persona que ya el hecho de tener una relación de este tipo se hace complicado y te sientes a menudo excluida de tener cierto tipo de relaciones o bien rechazada, cuando entras en el mundo de las no-monogamias, todo se puede hacer más complicado, y no por la gestión de tus relaciones, sino por un montón de emociones que te tienes que tragar debido a la comparación y la competitividad (aquello que muy a menudo se niega que exista en las no-monogamias), la exclusión, la dificultad o también un conjunto de miedo, objetificaciones diferentes a las que estamos acostumbradas, problemas de autoconfianza, autoestima o afectaciones a la salud mental muy complejas.

Se nos dice, repetidamente, que nuestro problema es un problema de falta de introspección, cuando muches de nosotres, debido a lo que nos atraviesa y cómo nos afecta, especialmente cuando nos excluye, ya padecemos de un exceso de introspección y de ralladas que acaban afectando nuestra salud mental. A veces nos dicen que es una falta de actitud, o, también, se nos suele decir que no nos trabajamos suficiente. Y, seguidamente, esto lo arregla, como he leído y escuchado a veces, diciendo que quien tiene dificultades para tener una relación mejor que no sea no monógama: esto ejemplifica, como comentaba, la propia exclusión. Este no es un problema individual, es estructural y colectivo.

¿Y qué pasa, por ejemplo, cuando se quiere deconstruir el amor romántico, el apego y los celos cuando has sido excluida de la posibilidad de acceder a cierto tipo de relaciones? Imaginémonos, el caso, de una persona que por el hecho de ser gorda, como explica Kai en el texto mencionado al principio, ha recibido toda su vida el mensaje de que no merece el amor, y que, por tanto, tener una relación romántica y/o sexual (y ya no digamos más de una) le ha sido vetado o de difícil acceso. Otros colectivos, como les autistes u otras neurodivergentes, o las personas con diversidad funcional también reciben estos mensajes. No se vive igual esta deconstrucción, porque no se parte desde el mismo punto. Es más, cuando tu acceso a tener cierto tipo de afectos, como el de pareja, es mucho más restringido, el apego y la necesidad de poder acceder a ello puede ser más alto, y sólo aquellas que siempre lo han tenido muy fácil no entenderán cuál es el privilegio y todo lo que se obtiene de este tipo de relaciones, especialmente cuando fuera de este tipo de relaciones es todo más bien consumo y muy volátil. Muches, debido a esto, sienten una necesidad y un deseo más elevado de tener cierta seguridad en los afectos.

Tampoco se pueden deconstruir los celos a través del mismo proceso cuando tu miedo es siempre que cualquier relación te dejará, te apartará o te tratará con inferioridad, por alguien más delgado, porque socialmente el premio es más elevado (y porque tu experiencia anteriormente ha sido esta), o más neurotípico, o más guapo, o porque tiene, en general un cuerpo socialmente más aceptado porque es cis o no tiene diversidad funcional, etc. Obviamente la solución no es excusarse en esto para generar violencia a otres, sino darnos cuenta de que necesitamos también otros discursos complementarios, otros relatos, otros caminos y otras formas de acompañar y de deconstruir. Y, sobre todo, una sensibilidad y una responsabilidad compartida a la hora de cómo nos relacionamos desde el privilegio y cómo colocamos a nuestras relaciones en posiciones que puede propiciar la competitividad.

Otra temática bastante desgastada en las no-monogamias es la NRE, aquella “energía” (normalmente descrita como muy intensa y a menudo bonita) que se tiene cuando se inicia una relación (el enamoramiento); una energía que suele ser temporal y que te puede arrastrar a menospreciar otras relaciones y a tomar decisiones precipitadas en un contexto que puede cambiar al cabo de poco tiempo. ¿Todes vivimos los inicios de las relaciones de la misma manera? Cuando se habla de NRE pocas veces veo que se hable de, por ejemplo, aquelles que los inicios de las relaciones los vivimos con miedos: miedo al abandono, miedo al rechazo, miedo a que se nos aparte (y seguramente podría añadir más). Sumándole, además, cómo estos miedos se nos pueden mezclar también con la intensidad, y cómo, a veces, nos hacen abandonarlas o huir de ellas, aun cuando las deseamos mucho. Tampoco vivimos igual los procesos intensos emocionales las que no somos neurotípicas: habrá quien la intensidad de lo que sienten les provocará un exceso de dolor, o bien las que se podrían leer como desinteresadas provocando dramas neurotípicos (suposición de que le otre no les corresponde) por parte de la otra persona.

Todo esto que he comentado hasta ahora, además, también afecta a otros procesos de deconstrucción, como el de la masculinidad. Volvemos a lo mismo de antes, es muy fácil hablar de deconstruir la masculinidad cuando eres un hombre guapo, delgado, neurotípico, carismático, sin diversidad funcional, etc. Con esto no quiero decir que si no eres todo esto no tienes que aceptar, cuestionarte ni trabajarte los privilegios que tienes por el hecho de ser un hombre, sino que, como ya he repetido anteriormente, los procesos son diferentes. Una vez escuché en una charla cómo un hombre le decía a otro que lo mejor que podía hacer para no ser machista cuando “ligaba” era no hacer nada, “que sean ellas las que se acerquen”, dijo. Sé que es una chorrada de ejemplo, y que los privilegios masculinos son más complejos que todo esto, aparte de que muchos de ellos no van ligados a las relaciones sexuales o románticas/platónicas, pero para mí fue metafóricamente representativo. En ese momento pensé, “muy fácil de decir para ti, esto, cuando haciendo lo que acabas de proponer, a ti no te afecta ni a tu capital social, ni sexual, etc”, y digo también capital social, no solamente sexual, porque se puede aplicar esto a más allá del “ligar”. No quiero con esto hacerle una oda a la acumulación de capital sexual o social, sino precisamente cuestionarlo y cuestionar los privilegios de los que acumulan este tipo de capital mientras uno se cree que ha deconstruido su masculinidad, porque es una gran mentira. Me cuesta mucho encontrar textos, talleres, charlas o lo que sea, que hablen sobre deconstrucción de la masculinidad por parte de hombres que no acumulen la mayoría de estos privilegios, y que, por tanto, hayan tenido que pasar por procesos diferentes.

También he visto en muchos casos, comportamientos en algunos hombres que provienen, no solamente de su masculinidad, sino también de rasgos de alguna neurovidergencia. La ocupación del espacio es un ejemplo; lo que se lee a veces como falta de empatía, otro ejemplo. Y, como antes he comentado, tampoco quiero hacer de esto una excusa para, por ejemplo, que se ocupe mucho espacio, sino para mostrar que en estos casos también se requerirá de procesos y deconstrucciones por vías distintas.

Sé que me he dejado muchos ejemplos, pero creo que el texto ya es suficientemente largo y lo único que quería era dar algunas ideas generales. Se podría decir que la exclusión relacional va mucho más allá de la exclusión en sí misma e implica una exclusión en los discursos, los debates y en muchos eventos que tratan estas temáticas, que no reflejan realidades que atraviesan a mucha gente. Algunas veces, las pocas que he podido ver que se toquen estas temáticas, ha sido muy puntual y después no se ha reflejado en el evento en sí, ni en posteriores, solamente han ocupado el espacio de un taller. Creo que aparte de hacerlo visible, se tiene que ir más allá, sino es caer en un tipo de tokenización. Y es que es esto, también me da miedo, como ya ha pasado muchas veces antes, que se instrumentalice o se tokenicen a las personas atravesadas por todo lo que he comentado. Lo he visto hacer con las personas arrománticas y asexuales desde discursos de la anarquía relacional (que nos han servido de ejemplo para mostrarnos que las relaciones no románticas y no sexuales también pueden ser importantes, pero después sus problemáticas no se veían reflejadas realmente en nuestras comunidades). También lo he visto hacer con las neurodivergentes, solamente para hacer las no-monogamias más vivibles para las neurotípicas mientras se romantizan nuestras discapacidades. Pero esto no es tenernos en cuenta, esto es sólo una forma de apropiación.

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bisexualidad: entre la visibilidad, la asimilación, la negación o la desorientación

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: monosexismo, bifobia, borrado, estereotipos, asimilación, normatividad, lenguaje capacitista

Aun siendo bisexual, aun siendo activista, aun considerándome “activista bisexual”, y aunque casi cada año acabo escribiendo en un día como hoy, me cuesta muchísimo identificarme con el día de la visibilidad bisexual. Y casi siempre acabo escribiendo algo porque creo que es seguramente el día en el que a lo mejor puedo captar más interés o porque utilizo también esta plataforma para lanzar algunos mensajes alternativos a los mensajes mainstream que suelen llenar todo el día. La mayoría de los mensajes intentan dar visibilidad a la bisexualidad y a la vez instaurar un tipo de identidad bisexual que acaba definiéndonos, encerrándonos y otorgándonos unas características que se alejan de lo que creo que es un verdadero empoderamiento.

Sabemos que el monosexismo se basa en el borrado de todo aquello que no sea heterosexual ni homosexual, y que, además, aunque nos borre, lo que hace es otorgarnos una imagen concreta. Porque en realidad no es que no existamos socialmente, no nos hemos “inventado” ningún tipo de cosa que no se haya mencionado a través del discurso médico y social. La historia lleva mencionándonos desde que se inventó la orientación sexual para poder separar géneros y apartar todo aquello que no encajaba en lo que supuestamente tenía que perpetuar el binario de género: les bisexuales somos primitives, somos socialmente inconsistentes, somos inestables, somos niñes que todavía no hemos crecido ni escogido. Más bien estamos prohibides y encajades en un imaginario asocial casi mágico. Se crea una imagen de nosotres fuera de todo aquello que es social, que ni si quiera es un error, desviación o enfermedad, como se acostumbra a señalar sobre la homosexualidad. Es por este motivo por el que normalmente el activismo bisexual se basa en la visibilización y en la negación de esta imagen creando una idea “contraria” a la impuesta, socialmente aceptable y cerrando así una identidad totalmente basada en contra-estereotipos y la visibilización.

Pero el peligro de reivindicar nuestra propia existencia de esta manera es que seguimos perpetuando monosexismo y heterosexismo haciéndole un altar a la creación de las propias orientaciones sexuales. No quiero caer tampoco en la idea de “todes somos personas, no veo orientaciones”, borrando a la vez privilegios, opresiones, violencias y estructuras. Obviamente todes somos personas, pero las estructuras no nos colocan a todes en el mismo sitio. En realidad para las estructuras no todes somos igualmente personas. No, esto es la misma mierda de siempre. Lo que quiero es que reflexionemos qué estamos re-creando, una y otra vez: bisexuales visibles, bisexuales tranquilas, bisexuales existentes y estables, esencialmente bisexuales, naturales; bisexuales que estabilizamos a una sociedad que violenta a muches más, no solamente a nosotres. ¿Queremos formar parte de esto? ¿Queremos estabilizar la estructura de orientaciones sexuales? ¿Qué queremos ser y hacer con todo esto?

Nos encontramos muchas veces que delante de la crítica a la propia existencia de la orientación sexual se nos intenta encajar en otras identidades no heterosexuales, pero monosexuales. Y si no contemplamos nada más allá del heterosexismo y del machismo podríamos creer que esto es suficientemente poco esencialista y un poco menos identitario (aunque esto lo pongo en duda muchas veces según el discurso de la persona que tengo delante). Y esto también nos trae problemas, porque borra experiencias estructurales de muches, borra el monosexismo. Seguimos siendo les mismes inestables de siempre, les mismes cuestionades de siempre. Seguimos siendo les traidores, aquelles con les que no se puede confiar, pero utilizando palabras que no nos permiten señalarlo para acabar siendo expulsadas al grito de “no sois suficientemente queer”, haciéndonos entender que no tenemos lo que hay que tener para poder pertenecer a la comunidad LGBTI+, o bien no ser suficiente para formar parte de algunos ambientes feministas.

Sigo sin entender muy bien cómo moverme entre discursos que me duelen e identificaciones que no sé cómo llevar. Para mí no es esencial llamarme de alguna forma, sino entender cómo funciona una estructura que me afecta a mí y a muches más, como es el monosexismo. Nombrarse, no obstante, a veces, forma parte de poder explicar aquello que me atraviesa. Tampoco es una carrera para ver quien está más oprimida, ya que las estructuras se expresan de forma contextual, y no me pondré a decir que me siento o que estoy más oprimida que una lesbiana o bollera, porque depende del contexto de cada una y del momento. Es más, considero a las lesbianas y bolleras compañeras. No obstante, lo que pretendo es no borrar todo lo que me ha llevado a la pérdida de trabajos, a la pérdida de relaciones de todo tipo, a la violencia en relaciones sexoafectivas, a la violencia sexual, y al empeoramiento de mi salud mental o el cuestionamiento constante de toda relación y del valor o peso de toda esta violencia. Y esto no sólo me ha pasado por el hecho de no ser heterosexual, sino también específicamente por el hecho de no ser monosexual.

Las orientaciones, al fin y al cabo, han sido creadas por estructuras como el heterosexismo, el monosexismo, el sexismo, el cisexismo o la monogamia. Caer en mensajes normativistas y asimilacionistas es reproducir todas estas estructuras. Aferrarnos al propio concepto de orientación como si fuera un concepto esencial y no estructural, también. No obstante, de momento sigo sintiendo la necesidad de nombrar todo aquello que me atraviesa, y por tanto, seguiré en este tipo de posición extraña, donde soy bisexual y a la vez reniego de todo lo que a veces algunas formas de ver y expresar la bisexualidad supuran.

A veces he reclamado estereotipos, o derivados como la desorientación, y algunas me han acusado de perpetuar el rollo este de “todas somos personas, las orientaciones no existen”: mi desorientación es también estructural, es el propio monosexismo que reclama que me decida, que me oriente, hacia opciones estructuradas, jerárquicas y poco sensibles. Lo que hacen muches como respuesta es orientar también la propia bisexualidad. Yo prefiero mirar hacia otros lados. Pero no para mirar hacia cualquier lado, ignorando todo aquello que hacemos a través de nuestras decisiones, relaciones y no/orientaciones. La orientación es estructural y me reapropio de mi desorientación como un acto político y sensible hacia todas mis relaciones y hacia todo aquello que pretende encajarme por un lado, y también por el otro. En vez de escoger la no-sensibilidad que todas estas estructuras quieren que siga, construyo otras opciones, conscientes, escogidas, no orientadas hacia donde sistemáticamente “tendría que ser”, y sensibles a como nos atraviesan estas estructuras. Mi desorientación es una forma de resistir, no sólo a la orientación sexual, sino también a todas aquellas formas con las que se nos pretende orientar sobre cómo nos tenemos que relacionar con todas las demás.

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a los cazadores de unicornios

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Antes de empezar, y para contextualizar un poco, para aquelles que no estén familiarizades con el término, los cazadores de unicornios  suelen ser parejas hombre-mujer que buscan a una mujer bisexual, a menudo con algunas características más (guapa, joven, sin compromisos, que reparta los afectos de forma igual a los dos miembros de la pareja, etc) para tener con ella una relación sexual más bien continuada y también, en muchos casos, afectiva. Normalmente, existirá una jerarquía y la relación de la pareja “original” estará por encima en la toma de decisiones sobre la relación de las tres personas, sea el tipo que sea. Depende de la pareja la pueden buscar con más o menos características, pero esta es más o menos la idea. A veces he visto definirlo también como parejas que no son hombre-mujer, pero yo prefiero ceñirme más a las parejas hombre-mujer, que es donde se suele reproducir más el machismo y la bifobia características de la caza de unicornios. Se puede hablar con más profundidad sobre el tema, pero no quiero tampoco alargarme mucho aquí. Os dejo un link en inglés.  El resto de cosas que he encontrado en catalán o castellano no me han gustado suficiente. Creo que donde hay la mejor información al respecto es sobre todo en los debates que se comparten en comunidades no monógamas con una perspectiva feminista, o bien en grupos donde solamente se debate sobre esto mismo. Y releyendo la carta que he escrito también creo que a través de ella se puede aprender un poco más el concepto.

No-queridos cazadores de unicornios,

empezaré presentándome, más que por cortesía, para contextualizarme. Me llamo natàlia, también wuwei. Soy bisexual y no soy monógama. Soy, por tanto, una de vuestras posibles “víctimas”. Escribo “víctimas” para visibilizar el consumo que hay detrás de lo que hacéis, ya que no son compañeras lo que buscáis, son productos/objetos; a la vez uso las comillas para empoderarme y no sentirme tampoco una víctima de nada, no tengo ninguna intención de seguiros el juego.

Podría seguir con una lista de muchas de mis cualidades, de las que soléis poner vosotros que  buscáis cuando estáis intentando encontrar vuestro unicornio: si soy “limpia”, si soy o no dulce, si sé repartir o no los afectos correctamente, cuanto mido, si soy guapa o no, delgada o no, si soy joven o más bien pasadita, si mis ojos son de color, si tengo o no compromisos, si tengo hijes, etc. Supongo que dependiendo también de  cuáles son vuestros estatus, soléis rebajar un poco el listón, ya lo sé. Es el mercado de la oferta, la demanda y de lo que se puede pagar. Pero no os daré más información sobre mí, porque no tengo ningún interés en conoceros.

Permitidme también que utilice el masculino genérico para referirme a vosotros. Teniendo en cuenta las jerarquías relacionales que devienen en este tipo de relaciones, prefiero no utilizar ni el femenino ni el neutro para referirme a vosotros. Los señores mandan, a veces muy sutilmente, pero es lo que hay cuando sois cazadores de unicornios, la crítica a las jerarquías es bastante nula. Creedme, sé de lo que hablo.

También me gustaría enfatizar que no tengo nada en contra de las relaciones grupales, de tres, de cuatro, cinco, cincuenta personas, sean románticas, sexuales, afectivas, de co-crianza, o que comparten algún proyecto en común. No solamente no tengo nada en contra, sino que me encantan. Me encanta la idea de las relaciones de más de dos personas, en muchos sentidos. Tampoco tengo nada en contra de los tríos sexuales o de las orgías, al contrario. Tampoco es necesario que te guste todo esto para poder hacer una crítica de lo que hacéis. Te puede gustar y seguir teniendo un discurso inclusivo con estas prácticas. El problema no son todas estas prácticas de por sí, el problema es lo que hacéis vosotros, así como muchas otras prácticas objetificadoras que también se mueven en algunos ambientes sex-positive sin discurso crítico (que no son todos, pero son bastantes), pero ahora no entraré en esto, no nos desviásemos del tema.

También quiero añadir que no tengo nada en contra de aquellas que, teniendo una relación sexoafectiva previa, conocen a una persona/chica y empiezan una relación sexoafectiva con ella porque así ha surgido. No es esto lo que muchas criticamos. Lo que criticamos es otra cosa, son aquellas parejas que nos buscan, nos catalogan, nos exigen, y nos imponen unas jerarquías; aquellas que, básicamente, nos utilizan y nos consumen. Y no quiero ahora que como inicialmente no sentís que estéis utilizando ni consumiendo a nadie no os paréis a hacer autocrítica, es posible que ni siquiera os estéis dando cuenta de que lo hacéis. Pero creedme, seguramente lo estáis haciendo. Paraos un rato, o unos cuentos ratos, y pensad qué estáis haciendo y por qué. También podéis consultar a personas con más experiencia en debates sobre el tema; incluso, si puede ser, a otras mujeres bisexuales no monógamas que hayan pasado por esto. Escuchadlas. Escuchadnos.

Las mujeres bisexuales no monógamas no somos vuestros productos de consumo; no estamos aquí para satisfacer vuestras fantasías de pareja sin tener en cuenta qué queremos nosotras, ni para repartiros los afectos a partes iguales y cuidaros, ni para arreglar vuestros problemas de pareja. Merecemos tener voz, ser cuidadas también (y no de la forma que más os convenga a vosotros), ser tenidas en cuenta y no ser tratadas como un producto más. Merecemos tener voz en la relación y no tener que someternos a unas normas impuestas desde la pareja. Merecemos tener otros compromisos, así como vosotros lo tenéis entre vosotros, siendo este muy superior al que tenéis con nosotras, porque, creedme, hay otras personas en el mundo también merecedoras de nuestro afecto: no somos no monógamas para vuestro placer, nuestra no-monogamia, así como nuestra bisexualidad, es nuestra, y la compartimos, no es para apropiarse de ella.

Merecemos no ser expulsadas sin ningún tipo de explicación a la mínima que uno de vosotros os cansáis de nosotras, padecéis demasiado de celos o no somos exactamente lo que buscabais. Merecemos que no se nos haga responsables de vuestra relación, de vuestras emociones, de vuestros celos, ni de vuestres hijes, a través de una imposición jerárquica que muchas veces es sutil porque recae en normas socialmente aceptadas. Merecemos poner nosotras también límites y normas sobre lo que nos afecte a nosotras, y merecemos formar parte de los procesos de tomas de decisiones en la relación: sino, no lo llaméis tríadas, porque no lo es, es solamente una relación exótica a la que llamáis así. Merecemos también ser tratadas con respeto y consideración, incluso cuando no queréis salir del armario y en el exterior nos tratáis como si no existiéramos. Merecemos todo esto, y mucho más. ¿Sabéis por qué? Porque todes merecemos esto.

Espero que todo esto os sirva de reflexión. Y si no al menos os puedo asegurar que yo me he quedado muy a gusto.

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cambios en las actividades

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

He cambiado parcialmente el contenido de la pestaña «talleres/charlas«:

Aunque hasta hace relativamente poco estaba abierta a dar talleres, charlas o actividades con bastante frecuencia y confianza, ahora mismo, debido a mi situación, tanto emocional como geográfica, he decidido limitar las actividades. Estoy abierta a hacer actividades (de hecho me encanta hacerlo), pero lo haré solamente en los casos en los que realmente me apetezca, tenga cierta afinidad (con el espacio, grupo o persona que me lo proponga) y también teniendo en cuenta si puedo o no desplazarme con facilidad. Me podéis contactar para propuestas. Puedo hacerlas sobre cualquiera de las temáticas que trato en el blog. Para resumirlo un poco, las temáticas que suelo tratar son: relaciones (cuidados, consumo relacional, jerarquías, dominación, competitividad, exclusión, inclusividad, etc), no-monogamias, anarquía relacional, estructuras de poder, técnicas de dominación, bisexualidad y otras plurisexualidades, neurodivergencias/capacitismo, etc. Si hay algo de lo que haya hablado en algún momento (aunque sea de pasada) que no he incluido en la lista pero que os gustaría que tratara, también. Estoy abierta a hablar de todo aquello que me atraviese y siempre desde un punto de vista crítico; lo que seguro no haré es dinamizar o hablar desde el privilegio o de cosas que no me atraviesen (por ejemplo, de racismo). No cobro por estas actividades, aunque en algunos casos estoy abierta a donativos para poder pagar los gastos de la propia actividad (especialmente si he tenido que viajar). El criterio que utilizo para aceptar o no alguna propuesta es sobre todo de afinidad, si el espacio, colectivo o persona que me lo propone encaja con mi filosofía y, como he comentado, me genera cierta confianza. No tengo ningún problema en decir que no a alguna cosa que contradice mi filosofía o que no me acaba de encajar o no me hace sentir cómoda. No suelo, por ejemplo, aceptar participaciones cuando me pueda estar sintiendo instrumentalizada o explotada. Procuro, sobre todo, apoyar a través de mi participación a proyectos que creo que son importantes, necesarios y/o afines a lo que yo creo que implica una transformación social, crítica y/o de lucha política. Normalmente las actividades las hago en Barcelona, aunque no me importa moverme siempre que pueda compensar de alguna manera el gasto del viaje (si es a través de donativos previos como alguna ayuda por aquella actividad puntual, o bien siempre podemos encontrar formas).

Si quieres estar informade de las actividades y talleres puedes agregarte en el grupo de facebook, puedes añadirte en el canal de telegram, y/o puedes añadirte en la lista de suscripción para recibir la información por correo electrónico.

Aunque ya no realizaré los talleres que organizaba de forma periódica, los dejo aquí descritos por si alguna persona, colectivo o espacio quieren que los realice. Estoy abierta a hacerlos, lo que no haré es organizarlos periódicamente como hacía hasta ahora. Son estos dos:

  • Deconstruir contextos para construir relaciones:” El objetivo de este taller es reflexionar y poner en cuestión el pensamiento alrededor de cómo nos vinculamos con las personas, ya que por defecto, y sin pararnos a pensar mucho, vivimos en una sociedad muy individualista, competitiva, de apropiación y de consumo acrítico, donde repetimos todos estos conceptos también cuando nos relacionamos.La idea del taller es poder poner un interrogante a la forma que nos viene por defecto de relacionarnos y encontrar herramientas para vincularnos de forma más consciente. Por este motivo la apuesta de este taller es la de empezar a ‘construir relaciones’, para hacer del proceso de vincularnos un proceso un poco más consciente, crítico y sensible. ¿Somos conscientes de le otre?No pretende dar soluciones estáticas, sino que estas surjan a través de la reflexión en torno a estructuras de poder y conceptos que nos vienen por sistema sobre como tenemos que tratar nuestras relaciones. Este taller tiene una visión crítica con las estructuras de poder, y por tanto, una visión bastante politizada: feminista, anticapitalista y sensible a las opresiones y a una crítica al sistema monógamo, no tanto como sistema de recuento de relaciones de pareja, sino como sistema que nos obliga a relacionarnos de formas más concretas y que genera situaciones de vulnerabilidad, exclusión, poca solidaridad, entre otras.Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.”
  • Hablemos de técnicas de dominación:“Las técnicas de dominación, también denominadas ‘técnicas de Hérsker’, son estrategias de manipulación social en las que un grupo dominante mantiene su posición en una jerarquía. Inicialmente fueron introducidas para hablar de cómo los hombres dominaban a las mujeres, pero pueden ser también extrapoladas en la dominación de otros grupos oprimidos o relaciones de poder o jerárquicas (personas no blancas, no heterosexuales, trans, etc). Estas técnicas son muy utilizadas recurrentemente en todos nuestros espacios ya que hemos sido todes educades desde pequeñes para reproducirlas de forma muy inconsciente, y lo hacemos, no solamente en relaciones, sino también en asambleas, reuniones, encuentros de ocio, etc.El objetivo de este taller es entender de forma general qué son las técnicas de dominación y cómo funcionan, para aprender a detectarlas y así evitar de ejercerlas o podernos defender.Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.“
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soy bisexual, confusa e indecisa

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este texto lo escribí y se publicó en El Salto el 28 de junio. Podéis ver el original aquí . 

En mi época universitaria, pronunciar la palabra “bifobia” en cualquiera de los colectivos LGTB en los que participaba o estaba era asegurarse malas miradas o comentarios incómodos. “Bifobia” era una palabra prohibida que tenías que pronunciar en voz baja y a menudo la respuesta que escuchabas era “¡la bifobia no existe!”. Este fue uno de los principales motivos por los cuales me alejé de estos colectivos, ya que no sentía que pudiese hablar de ninguno de los problemas que me atravesaban y la mayor parte de los esfuerzos, energías y tiempo solían destinarse a solucionar los problemas de los hombres gays.

Con el tiempo, la existencia de la bifobia ha ido ganando un poco de reconocimiento. No obstante, pocas veces se reconoce lo que realmente representa en nuestras vidas. A menudo se suele confundir la bifobia con aquella violencia que padecemos las personas bisexuales cuando tenemos relaciones con alguna persona de nuestro mismo género, pero que no padecemos cuando tenemos relaciones leídas como “heterosexuales”. O sea, según este punto de vista padeceríamos un tipo de homofobia partida por la mitad en intensidad y cantidad, algo que ha hecho que se nos coloque muchas veces en algunos colectivos más como aliadas que como verdaderas pertenecientes al colectivo LGTB. Esta reducción de la bifobia en un tipo de medio homofobia invisibiliza la violencia diferenciada que padecemos por la especificidad de sentirnos atraídas por más de un género (aparte de la homofobia o lesbofobia que podamos padecer también cuando tenemos relaciones con personas del mismo género).

El monosexismo —del cual la bifobia es un caso concreto— coloca a las personas que nos sentimos atraídas por más de un género en una posición de borrado continuo. Una de las consecuencias de este borrado es que nos dificulta muchísimo poder describir nuestras experiencias, emociones o relaciones, ya que la forma que tenemos de expresar nuestras relaciones y emociones pasan por el filtro del monosexismo. Este filtro, que nos borra, coloca lo que expresamos y lo que vemos en una de las dos cajas monosexuales más reconocidas (heterosexual u homosexual).

Nuestra forma de analizar y describir aquello que estamos viendo está construido sobre lo mismo, como cuando vemos una pareja, que solemos catalogar automáticamente la orientación de las dos personas que vemos según los géneros que estamos interpretando que tienen aquellas dos personas (añadiendo también una suposición de que son pareja, de que seguramente son monógamas y de lo que supone todo esto en su conjunto). Esto hace que las personas plurisexuales (pansexuales, polisexuales, bisexales, etc) acaben viviendo una disociación entre lo que sentimos-vivimos y lo que se puede expresar o lo que las demás interpretan y las lecturas que imponen cuando se refieren a nosotras.

Todo esto, que es muy simbólico, nos hace sentir en una continua necesidad de escoger entre opciones entre las cuales no tendríamos porqué escoger. Nos obliga a hacernos encajar constantemente en ambientes dualizados sin sentir pertenecer a ellos. Nos hace sentir presionadas para tenernos que demostrar continuamente que somos aptas para nombrarnos a través de alguna plurisexualidad, intentando analizarnos a nosotras mismas el grado de atracción hacia cada uno de los géneros, o bien la cantidad de personas con las que hemos mantenido ciertos tipos de relaciones de cada género, como si de un concurso con puntuación se tratara. Nos colapsa una necesidad muy grande de estar continuamente intentando entender si realmente nos estamos sintiendo atraídas, si tenemos que contar, sumar o restar cosas o tenemos que dar siempre mil explicaciones (también a nosotras mismas). De esta manera, el estereotipo que nos persigue y que dice que somos personas confusas, confundidas e indecisas se materializa en nuestras vidas, mientras a la vez parece que necesitamos huir de todo ello para que no se nos siga señalando como portadoras de algún problema bajo la mirada capacitista que nos obliga a saber siempre qué somos, qué queremos o qué necesitamos.

¿Cómo no tenemos que estar confundidas bajo este prisma de constante vigilancia? ¿Cómo no tenemos que estar indecisas si no tendríamos porqué, de entrada, tener que decidir nada, si se nos impone desde fuera la elección, la decisión, la constante definición? Este es uno de los motivos por los cuales hay una elevada cantidad de personas no monosexuales con ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental (que es algo que compartimos todas las letras del colectivo LGTB, pero que en el caso de las plurisexualidades se dispara más que en otras orientaciones, así como también pasa con las personas trans). Unos índices que a veces nosotras mismas queremos negar para que no se nos catalogue como enfermas por el hecho de no funcionar bajo la norma (algo también compartido en todo el colectivo, obviamente). El mismo hecho de que se nos catalogue como personas indecisas o confusas e incluso confundidas, mezclándose con los propios problemas de salud mental, son también los que hacen que podamos tener más problemas con las relaciones o laborales (aumentando así los índices). ¿Quién confía en nosotras dentro de un sistema donde la estabilidad es más valorada, aun cuando es el propio sistema el que constantemente nos inestabiliza?

Cómo de complicado es nadar en este mar cuando, además, ya eres una persona a quien le cuesta decidir y saber lo que quiere, como me suele pasar a mí. Soy una persona indecisa. Soy una persona que a menudo se siente muy confundida. Saber lo que siento y necesito me cuesta un tiempo, un proceso, que a menudo no me permite el ritmo frenético al que estamos sometidas. Estamos constantemente forzadas a tomar decisiones, deprisa, sin tener en cuenta nuestros ritmos, nuestros contextos, sin más referencias que unas definiciones de lo que está bien o mal basadas en moralidades y en un sistema de castigo sutil, pero a veces letal. En este contexto, el sistema a algunas nos discapacita, especialmente en ciertos ambientes laborales o relacionales forzados y de poder.

Recuerdo incluso con dolor terapias donde mi expresión de la confusión era motivo para que se me dijera que uno de mis problemas era mi indecisión en cuanto a la sexualidad o también con la monogamia (escoger géneros, escoger relaciones, escoger amores). Y todo esto cuando no se me monosexualizaba directamente, aun expresando ser plurisexual.

Por esto, creo que la mejor lucha contra la bifobia y, en general, contra el monosexismo, no tiene que pasar por crear una imagen de nosotras como personas que tienen muy claro lo que quieren y que nunca se confunden. No necesitamos demostrar a nadie que podemos ser igual o más productivas que el resto. Es más, no podemos obligar a nuestra comunidad plurisexual a tener que pasar por los estándares que nos precarizan emocionalmente. Nuestra confusión y nuestra indecisión pueden ser reales porque son sistemáticas. Negarlas es una trampa. Y reapropiarnos de ellas es un acto de cuidado hacia nuestra salud mental.

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cambios en «sobre este espacio»

por wuwei (natàlia)

he cambiado el contenido de la sección «sobre este espacio«:

este es un espacio para hablar sobre estructuras de poder, poder en general, sistemas de opresión y todo lo relacionado con ello. por tanto es un espacio para hablar sobre machismo, heterosexismo, monosexismo, monogamia, racismo, capacitismo, capitalismo, entre muchas otras cosas. no obstante, intentando ser sensible a la no apropiación, estos temas se tratarán desde una posición que corresponga (se evitará, por ejemplo, hablar de temáticas desde el privilegio, excepto cuando se haga siendo sensible a esa posición). es un espacio, pues también, para hablar de relaciones, de contextos, de sensibilidades, de construcciones, de deconstrucciones, de espacios, de cuidados, y de muchas cosas más. lo que surja, lo que salga, y como vaya cambiando según el proceso.

Este espacio está pensado también para que puedan participar escribiendo otras personas, no solamente yo (wuwei), aunque prefiero por ahora que solamente participen personas con las que tenga cierta confianza y sepa o sienta que no lo harán solamente para llenar páginas de postureo. la autoría de la entrada aparecerá siempre al inicio de la entrada (que puede ser, obviamente, anónima también).

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