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el mundo de las relaciones: un club exclusivo de alto standing

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

aviso de contenido: capacitismo, neurocapacitismo, exclusión

 

Las relaciones se han convertido en una parte importante (y principal) de mis preocupaciones. Uno de los motivos de esta preocupación es que las relaciones son el vehículo de la violencia estructural y porque, además, somos dependientes de ellas: tenemos una interdependencia con el entorno (y por tanto también dependemos de las personas que nos rodean y con las que nos relacionamos). Sumado a todo esto, a mí las relaciones siempre me ha costado llevarlas con una cierta “normalidad”: me han pesado, se me han hecho incomprensibles y complicadas. Esto es debido a que me cuesta entender el funcionamiento “normal” (tipificado) de la gente, descifrarla, leerla o ver aquellas normas sociales escondidas, implícitas (no explicadas de forma más explícita, sino que se tienen que interpretar), supuestas y que todes parecen comprender: aquellas que socialmente se cree que yo tendría que entender también “por defecto”. Las situaciones conflictivas se me hacen cuesta arriba, ya que mis necesidades en la comunicación no suelen encajar con las que “tienen que ser” (incluso en algunos momentos se confunden y se interpretan como hostiles o esquivas) que, sumado al factor de que debido a mi género mis necesidades han sido negadas de forma sistemática, hace que muchas veces sienta la necesidad de evitar y rechazar el conflicto. Todo esto también ha sido un motivo por el cual las relaciones se han convertido en el centro de muchas de mis reflexiones.

Las relaciones también son un vehículo de violencia totalmente normalizada, implícita y reglada. Otro motivo que hace de las relaciones un tema tan importante es que las estructuras de poder se reproducen a través de éstas: la opresión consiste en un conjunto de mecanismos que se articulan a través de las relaciones a escalas muy diferentes (relaciones afectivas, amorosas, sexuales, familiares, laborales o institucionales, entre otras). Las estructuras, a través de estos mecanismos relacionales, excluyen, marginan, explotan, alienan, desempoderan o violentan. Las técnicas de dominación se ejercen de forma muy “normalizada” a través del lenguaje, de las normas sociales o de la forma de expresarnos (no solamente verbalmente, sino también corporalmente).

Finalmente, con todo esto se añade que por defecto la forma de relacionarnos está basada en el capitalismo de las relaciones (muy ligado al pensamiento monógamo y relacional en general): la objetificación con la que nos relacionamos por defecto (que hace que veamos a las demás personas como “objetos” para satisfacer nuestros deseos y necesidades sin tener en cuenta los de la otra persona), la competitividad entre personas para poder ser reconocidas por una misma relación, el consumismo relacional, o las demandas que excluyen a personas con menos privilegios y que benefician a quien más privilegios tiene. De esta manera tan violenta, las personas que quedan más en los márgenes, ya no solamente por su género o por su orientación sexual, sinó también las feas, las gordas, las personas con diversidad funcional, las neurodivergentes, las pobres, las racializadas… tienen/tenemos muchas más probabilidades de quedarse/nos “fuera”. Quedarse “fuera” puede tener muchas implicaciones: tanto afectivas, físicas (como el capital sexual), de salud (tanto mental como física también), o incluso económicas, entre otras.

En este grupo de “excluídas” estamos también aquellas que tenemos formas de comunicarnos que suelen ser interpretadas como “poco naturales”, “frías”, “dramáticas”, “extrañas” o “poco sinceras”: las que no podemos mirar a los ojos cuando nos hablan, las que nos cuesta el contacto físico en situaciones emocionalmente complicadas (o simplemente que no les gustan ciertas proximidades o contactos físicos), las que necesitamos de un contacto (físico o no) especial para no sentirnos solas, las que no podemos decir las cosas con “naturalidad” y “tranquilidad”, las que necesitamos muchas veces pausar (incluso durante días) una conversación o discusión para calmarnos o reflexionar nuestras emociones y respuestas, las que padecemos de ansiedad, las depresivas, las compulsivas, las “demasiado” intensas, las que se interpretan como “demasiado poco empáticas”, las que necesitamos más atenciones, o las que no podemos siempre llevar las conversaciones “difíciles” cara a cara o necesitar expresar ciertas cosas a través de escritos, por chats u otras vías que nos permitan cierta “calma” y reflexión.

Estas personas somos a menudo expulsadas de algunas no-monogamias, aquellas más normativas o liberales. No obstante, no nos pensemos que se lo han inventado este tipo de no-monogamias, sino que es un pensamiento heredado de la monogamia y que lo que hace es multiplicarlo: es el capitalismo de las relaciones. Solamente las personas que se expresen tal como está estipulado que es “normal”, les que consiguen controlar el arte de la dominación a través de herramientas “neutras” como la comunicación no violenta, o les que reaccionan delante de los eventos con un drama “aceptable” a través de unos parámetros drama-normativos, serán les que ganen el premio de poder ser considerades válides para poder tener “relaciones” y para entrar en el club de estas no-monogamias de alto standing o “privilegiadas”.

No os penséis que me estoy inventando nada. Un ejemplo bastante descarado de lo que estoy comentando está en el libro de More than Two. Tengo que admitir que este libro me gustó bastante, recomiendo su lectura ya que hace una crítica importante hacia las relaciones jerárquicas y sus consecuencias (aunque no me identifico como poliamorosa y creo que le falta extender la crítica más allá de las relaciones románticas y sexuales). Ahora bien, solamente hace falta llegar al subcapítulo “Mental Health Issues and Poliamory” (dentro del capítulo 21 titulado “Poly Puzzles”) donde habla sobre salud mental para darnos cueta de que todavía nos queda mucho trabajo por hacer (en cuanto a discurso inclusivo, no a las personas que nos atraviesa el tema de la salud mental). Este subcapítulo básicamente lo que dice es que hay personas que debido a tener una salud mental más precaria o padecer de ciertos “trastornos” o neurodivergencias no podemos ser no monógamas: resumiendo de forma llana lo que dice es que las personas con depresiones, ansiedad, trastornos diagnosticados u otras neurodivergencias no podemos llevar las relaciones con “facilidad” y por tanto no podemos ser no monógamas porque se nos multiplica la complicación. ¿No hubiera sido más adecuado haber concluido que algunas no-monogamias se han construido con un discurso que excluye a las personas con trastornos o con neurodivergencias? ¿O, de forma ya más general, que hemos heredado socialmente un discurso sobre las relaciones que excluye a una parte de las personas? Evidentemente, un discurso donde los cuidados se contemplan de forma simplista, superficial, donde campa el individualismo, la competitividad y el consumismo relacional con discursos como “tenemos que adaptar nuestras relaciones a nuestras necesidades o gustos”, acaba excluyendo a todas aquellas que complicamos tal simplicidad y tal violencia relacional normalizada que solamente beneficia a quien más privilegios tiene.

Me gustaría remarcar que toda la dificultad que he expresado al principio del texto que me representan las relaciones no viene dada por la diferencia entre mi forma de funcionar y la que se ha estipulado como la que “tiene que ser”. El problema de base no es que haya diferentes formas de funcionar y diferentes necesidades, sino que el discurso sobre las relaciones no es sensible a las diferencias en comunicación, necesidades, o reacciones emocionales, y por tanto solamente beneficia a un funcionamiento: el “normal”. Si en vez de funcionar a través de normas implícitas que se tienen que suponer lo hiciera a través de la sensibilidad a la diferencia esta dificultad estaría repartida y suavizada. Es más, no solamente nos facilitarían la existencia a las que funcionamos de forma distinta, sino que sería una forma de romper con estructuras de poder, dominación y de generar relaciones más horizontales. Y de paso, romper también con el pensamiento monógamo, ya que es el que de por sí mismo nos excluye desde el principio.

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organizarnos para tenernos en cuenta sin tener que follar todes

por wuwei (natàlia)

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aviso de contenido: alosexismo, sexocentrismo, sexo, mención de traumas y violencia patriarcal

 

¿Cuántas veces he escuchado eso de ‘si nos organizamos follamos todas’? llevo escuchando (no continuamente, pero sí con cierta frecuencia) éste eslogan (y de muy parecidos) desde hace bastante tiempo. Un eslogan que siempre que lo escuchaba me quemaba por dentro. Me molestaba esta ‘obligatoriedad’ en la que parecía que todas teníamos que follar (y sobre todo desear follar). Siempre que esto me pasaba me callaba en silencio y pensaba que la molestia era debida a que el patriarcado no me dejaba liberarme.

Parece que la liberación ha de llevar (por narices) a un deseo sexual considerablemente aceptable en cantidad (cuantía estipulada en algún lugar que nunca he entendido cuál es) para todas y con unas necesidades parecidas; o sea, que lo que es normal es ‘desear’, y que la liberación consiste simplemente en buscar ese deseo, llevarlo fuera, mostrarlo y llevarlo a la práctica: follar todas. Finalmente, el discurso crítico y feminista le pondría el ‘añadido’ de cómo nos organizamos, como dejamos de competir, que seamos cooperativas, que rompamos estructuras de género, de orientación, de sexualidades, de prácticas, que hablemos de cuidados… pero tenemos que follar todas. Me atravesaba, me dolía, y yo giraba la espalda a aquellas sensaciones cuestionándome constantemente mi reacción adversa. ‘Estoy fatalmente limitada por el patriarcado’, me decía, mientras me miraba incrédulamente sospechando que alguna cosa no iba bien en todo este argumento que yo misma me dedicaba.

Durante una buena época relacioné todo eso que sentía a los traumas que arrastraba debido a agresiones y violencias que había padecido anteriormente. Todo tenía más sentido así: creí que esta supuesta limitación que me generaba el patriarcado venía fomentada, no solamente por la educación patriarcal, sino también por su violencia directa. Durante tiempo luché contra ésta posible consecuencia de los traumas, sin darme cuenta que incluso en el caso hipotético de que hubiesen sido los traumas los que me hubiera llevado hasta ese punto, luchar contra eso es suponer que tener un deseo sexual que se podría interpretar como inferior al que se ha estipulado como ‘normal’ (en un marco patriarcal, obviamente) es negativo y algo a cambiar por sí mismo.

Tengo que admitir que sean cuales sean los motivos por los cuales mi deseo parece ‘inferior’, o que tiene unos filtros distintos y más grandes a los estipulados como ‘normales’, ha hecho que necesite una confianza mucho más elevada con una persona antes de sentir cierto tipo de atracciones, cosa que me ha ayudado a defenderme de posibles situaciones extremadamente violentas. Además, que una persona que ha padecido algún trauma tenga que verse ‘obligada’ a enfrentarse con la sensación de tener ciertos tipos de deseos es altamente violento y poco cuidadoso (aquí se mezcla también con el poco cuidado y sensibilidad con la que se tratan los traumas en los discursos sexpositive más normativos, incluso con el discurso feminista).

Ya desde hace un tiempo me he aceptado como no alosexual, en algún punto del aspectro de la grisasexualidad. No me ha estado fácil esta identificación, ya que atracción siento, y sí que puedo sentir mucho, juntamente con mucho deseo, aunque no me pasa tampoco muy a menudo. Lo que he entendido es que tengo un filtro muy elevado en mis atracciones, no me siento atraída hacia demasiadas personas, y mi filtro es muy mental (tiene que ver con las conexiones o ciertas atracciones mentales que pueda tener y que construya). También me cambia con el tiempo, y he tenido épocas de muy poco deseo, seguidas de épocas con mucho más deseo.

Uno de los problemas que me encuentro más a menudo es que en nuestra forma de relacionarnos el sexo puede ser un indicador de jerarquía: tener sexo con una persona puede implicar la posibilidad de acabar dedicándole más tiempo, más cuidados, más compromiso o más importancia. Debido a esto, cuando una persona con quien yo mantengo una relación muy importante (sin que sea una relación sexual) ha empezado a tener una relación sexual con otra persona, suelo tener miedo a sentirme desplazada y dejada de lado. A veces me pregunto cuanta parte de deseo que muchas tenemos podría estar mezclada con el deseo de poder ser considerada, reconocida y tenida en cuenta. Es por esto, que esto ‘tenemos que follar todas’ me atraviesa todavía más.

El problema no radica en el deseo de liberación para poder tener mucho sexo, si es eso lo que se desea. Para mí el problema está en suponer que todas tenemos que tener el mismo tipo de deseo, y creer que si nuestro deseo es otro, es un problema. La liberación sexual (así como la afectiva) tiene que pasar para que todas podamos vivir nuestros deseos sin el temor estructural de que es algo malo: sea en la cantidad que sea. ¿No sería más crítico organizarnos para tenernos todas en cuenta sea lo que sea lo que compartamos entre nosotras? Incluso todas aquellas con las que no follamos, ni con las que tenemos relaciones románticas o de pareja, relaciones altamente jerarquizadas, invisibles y olvidadas.

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monosexismo y monogamia (intervención para la mesa redonda en las primeras jornadas de amors plurals)

por wuwei (natàlia)

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El día 14 de diciembre de 2015 participé en una mesa redonda en las primeras jornadas de Amors Plurals. Ésta es mi intervención traducida del catalán (la original en catalán la podéis encontrar aquí), y anteriormente ya había colgado ésta intervención aquí.

 

Buenas tardes a todas. Me llamo Natàlia, soy kuirfeminista y soy activista bisexual. Soy miembro del colectivo Enrenou, donde hacemos activismo bisexual y de otras identidades plurisexuales. Antes de empezar mi intervención me gustaría explicar qué quiere decir ‘plurisexual’ y porque utilizo este término. Plurisexual es un término paraguas que estamos usando muchas activistes para referirnos a todas esas identidades u orientaciones donde hay una atracción afectiva y/o sexual hacia más de un género. La plurisexualidad más conocida es la bisexualidad, pero hay otras como son la polisexualidad, la pansexualidad, etc (no entraré a definirlas todas o a explicar sus diferencias, pero si en el debate o después alguien tiene curiosidad yo y otras personas de Enrenou que están aquí podemos explicarlo). Sé que para mí y para muchas sería mucho más fácil que utilizara la palabra bisexual porque es la que la mayoría conoce, pero si hago esto invisibilizo a una buena y gran parte de mi comunidad, e intentando ser sensible a no hacerlo intentaré utilizar plurisexual. Aun así, yo me identifico mayoritariamente como bisexual (a veces como polisexual) y por tanto cuando me refiera a mí seguramente utilizaré bisexual.

 

Otro termino contrapuesto es el de ‘monosexual’. Monosexuales son las orientaciones donde hay una atracción hacia solamente un género. Monosexualidades son, por ejemplo, la heterosexualidad y la homosexualidad. Y, finalmente, también usaré el término ‘monosexismo’ para referirme al sistema o estructura de poder a través del cual se reproduce la bifobia y las discriminaciones y opresiones hacia todas aquellas personas plurisexuales o no monosexuales.

 

Quiero además enfatizar que cuando hablo de géneros no solo me estoy refiriendo a los géneros binarios, hombre y mujer, sino también a todos esos géneros que no caen dentro de los binarios. Además, también se tiene que tener en cuenta que hay personas que no se identifican con ningún género, como son las personas agénero.

 

He estado pensando un poco como hacer esta intervención y qué traer a esta mesa, y la verdad es que hay tantas coses que considero importantes o que despiertan en mí mucha inquietud que me costó decidir por dónde empezar, ya que para mí la plurisexualidad y la no monogamia tienen muchas coses en común. Al final encontré que había dos temas que encontraba muy importantes y muy interesantes y me quedé solo con uno de ellos por cuestiones de tiempo y porque pudiera desarrollarlo mínimamente. El tema que finalmente descarté es el de la intersección, de cómo vivimos las personas plurisexuales la no monogamia o como vivimos las personas no monógamas la plurisexualidad. Aunque es un tema muy importante lo descarté, per seguro que da para nuevas intervenciones o para escribir artículos. Finalmente el tema que decidí tratar es como se relaciona el monosexismo con la monogamia, o sea como las discriminaciones y opresiones que recibimos las personas plurisexuales están relacionadas con el sistema de monogamia impuesta. Lo que iré haciendo es ir desglosando el monosexismo y a la vez lo iré comparando con la monogamia.

 

La plurisexualidad es normalmente discriminada de dos formas: a través de la invisibilidad y de los estereotipos. La invisibilidad es el borrado constante de nuestra existencia y de nuestras vivencias, emociones y experiencias. Así como la heterosexualidad es la orientación considerada buena y por defecto, ‘normal’ y sana, la homosexualidad es la orientación considerada una enfermedad, discriminable y menospreciable, la bisexualidad u otras plurisexualidades por otro lado es considerada inexistente. Las personas plurisexuales no existimos y no estamos representadas en el vocabulario y la forma de expresarnos diarias. Pondré un ejemplo así simple que casi siempre pongo, de cuando nos referimos a las relaciones. Cuando hablamos de relaciones, hablamos de relaciones heterosexuales u homosexuales según los géneros de las personas que forman parte de la relación; el sexo también lo llamamos hetero o lésbico o gay, obviando la orientación de las personas que participan. Si por ejemplo yo voy por la calle de la mano de una mujer dirán que mi relación es lésbica y automáticamente se me leerá como lesbiana, invisibilizando la posibilidad de que yo sea bisexual, que es realmente como me identifico. Es más, si yo tengo otras relaciones con personas de otros géneros en ese momento no se tendrá en cuenta, ya que la lectura es siempre monógama.

 

Además también es bastante común que cuando una persona plurisexual cambia de una relación con una persona de un género a una relación con una persona de otro género se acostumbre a decir que ha cambiado su orientación (¡oh, antes era hetero y ahora está con una mujer y es lesbiana!),, suponiendo evidentemente que dejo de sentirme atraída por otras personas o que podría si quisiera tener otras relaciones. Por tanto, nuestras relaciones se leen a través de una mirada monosexual (o sea, heterosexual u homosexual) y a la vez también monógama. Dos visiones que se alimentan entre sí. Aquí, a lo mejor, ya se empieza a ver un poco la relación que tiene con la monogamia, ¿no creéis? Pero bien, no todo se arregla tan fácilmente como rompiendo con la monogamia, porque si yo ahora decidiera ir por la calle de la mano de dos personas de géneros diferentes (así, para que se enteren) seguramente no dirán ‘oh, mira qué bisexual más cuki’, no. Entonces lo más probable es que me digan que estoy confundida o que aún no he sabido escoger uno de los dos género… ¿O entre una de las dos personas? O sea, que tanto las personas plurisexuales como las no monógamas básicamente estamos confundidas o no sabemos escoger. Básicamente algún día cuando crezcamos todas tendremos que escoger un solo género y dejar de ser plurisexuales y tendremos que escoger a una personas y dejar de ser no monógamas y quedarnos allí para toda la vida, no sea que nos descontrolemos. Parece como si las personas plurisexuales y la no monogamia se considerasen estados de inmadurez relacional.

 

Esto de la confusión y de la inmadurez nos conecta con los estereotipos que rodean a la bisexulidad. Como he comentado, a parte de la invisiblidad, otra forma con la que se nos discrimina a personas plurisexuales es a través de los estereotipos. A las personas bisexuales, comúnmente, cuando no se nos borra del mapa, se nos asocia con un conjunto de estereotipos, que son connotaciones socialmente consideradas como negativas: como he comentado, la confusión, pero también hay otras como la inestabilidad, el no saber escoger, no saber lo que se quiere, la promiscuidad… pero estos estereotipos son una trampa, porque son connotaciones consideradas negativas solo debido a vivir en una sociedad capitalista y patriarcal. Normalmente el problema que nos encontramos es que debido a la presión social y al estigma relacionado con todos estos estereotipos, ya que está mal visto estar confundida, ser inestable o ser promiscua, muchas personas bisexuales se sienten con la necesidad de negarlos diciendo que las personas plurisexuales no somos así, llamándolos ‘mitos’, y diciendo que las personas bisexuales no somos inestables, sabemos lo que queremos, no estamos confundidas, no somos promiscuas, y evidentemente somos monógamas… discriminando así una parte de nuestra comunidad, y ejerciendo violencia hacia personas que reproducen estos estereotipos y que ya están suficientemente discriminadas por el hecho de ser así, invisibilizándolas dentro de nuestra propia comunidad.

 

Pero si lo miramos con atención, ya no solo el estereotipo de la promiscuidad, que es bastante obvio de entender que tiene una base patriarcal y sexófoba en hacernos creer que en la promiscuidad hay algo de malo, sino que además, estar confundida o no saber qué quieres o no saber escoger, cuando vives en una sociedad que te obliga a escoger entre dos opciones entre las que no tienes por qué escoger, es incluso un acto revolucionario. ¿Qué quiere decir ‘saber escoger’? ¿Escoger entre ser hetero o homo? ¿Escoger entre dos relaciones que te gustan? ¿Escoger entre qué? ¿Estabilidad? ¿Qué quiere decir ‘ser estable’? ¿reproducir el tipo de estabilidad concreta para la producción en una sociedad capitalista, para la reproducción, para aislarme en una unidad familiar? ¿Una estabilidad que me obliga a ser la misma personas desde el día que nazco hasta el que muera? ¿Además aceptando ser lo que me han dicho que tengo que ser el día que nací? Visto así, prefiero estar confundida, ser inestable y no saber lo que quiero. Y si además la única opción que me da este sistema es aislarme en una unidad familiar, lejos de las redes y las comunidades, prefiero ser considerada promiscua. Con todo esto no quiero decir que las personas plurisexuales seamos inherentemente promiscuas (de hecho dentro de la comunidad plurisexual hay personas asexuales o hiposexuales), o inestables o confundidas, sino que el activismo bisexual que invisibiliza todas estas posibilidades en el fondo está obligando a una parte de la comunidad a adecuarse a unas normas que reproducen un montón de discriminaciones y opresiones e incluso reproduce bifobia (ya que marca una línea entre cuales son las buenas bisexuales, aquellas que son monógamas y que deciden seguir el camino ‘marcado’ por la norma, y cuales las malas bisexuales), y evidentemente monogamia obligatoria.

 

¿No os recuerdan, además, todos estos estereotipos con los estereotipos con los que se nos asocia a las personas poliamorosas o no monógomas en general? Yo veo realmente una relación bastante directa. Promiscuas, no saben escoger entre las relaciones que tienen, no saben lo que quieren, están confundidas y por esto van ‘probando’… a las personas plurisexuales y a las no monógamas se nos asocia con el ‘exceso’ y el vicio. Dentro del sistema monógamo en el que vivimos no tener ninguna relación es considerado un desastre (tendría que sentirme triste todo el día y llorando), tener una es la perfección (el ideal romántico de la media naranja), y tener más… para, tener más es pasarse, ¿Dónde vas? Con los géneros es lo mismo, que no te atraiga ningún género es un desastre (mirad las personas asexuales que son consideradas personas enfermas o que tienen algún error), que te atraiga uno es la perfección (el ideal de la media naranja pero con los géneros), y que te gusta más de uno… stop, no te pases.

 

Todo esto que acabo de comentar es una parte de cómo se expresa la bifobia, o sea las discriminaciones y violencias simbólicas a las que nos enfrentamos las personas bisexuales y plurisexuales, y como ya he explicado también parece que tenga una relación íntima con la monogamia. Este sistema de opresión y discriminación lo llamamos monosexismo. Y podríamos analizar cuáles son las razones por las cuales en este sistema existe el monosexismo. ¿Cuáles son las razones por las cuales el monosexismo existe como sistema que discrimina y oprime a las personas plurisexuales? El monosexismo existe para reforzar otras estructuras como el sexismo, la transfobia, la homofobia y la monogamia. Por ejemplo, refuerza el sexismo y la transfobia y la diferenciación jerárquica entre los géneros (tanto los impuestos como aquellos escogidos o sentidos) ya que nuestra supuesta no preferencia en el género de las personas por las cuales nos sentimos atraídas cuestiona estas diferenciaciones, imposiciones y jerarquías. Por ejemplo, refuerza la homofobia, ya que nuestra existencia cuestiona esta división tan clara entre lo que es definido como ‘correcto’, que es la heterosexualidad, y lo que es incorrecto, que la homosexualidad, y nosotras somos consideradas algo que contamina esta frontera y barrera (y por tanto la pone en cuestión). Y, por último, y esta es la que viene más a cuento ahora mismo, refuerza la monogamia obligatoria, ya que nuestra supuesta promiscuidad, confusión e inestabilidad y nuestra propia existencia que cuestiona lo que es definido como exceso y no exceso hace temblar el sistema monógamo impuesto. Por tanto, reproducir monosexismo es indirectamente reproducir sexismo, transfobia, homofobia y monogoamia obligatoria.

 

Hay otra cosa curiosa con la monosexualidad y la monogamia. Normalmente las monosexualidades son percibidas de una forma bastante monolítica; por ejemplo, se percibe que una persona heterosexual tiene que sentir atracción afectiva, romántica y sexual hacia el ‘otro’ género, y la homosexualidad hacia el ‘mismo’. O sea, que se tiene que sentir todas las atracciones (sexual, afectiva y romántica) hacia un solo género. Dentro de las plurisexualidades una cosa que pasa mucho es la pluralidad y la multiplicidad en la diversidad en la atracción afectiva y sexual, hasta llegar al punto de poder diferenciarla. Por ejemplo, la posibilidad de que yo me sienta atraída sexualmente hacia dos, tres, cuatro géneros y afectivamente hacia solo uno. También contemplando la posibilidad de que a lo mejor no me sienta atraída sexualmente hacia ninguno (ser asexual) pero afectivamente o románticamente hacia todos, o al revés, sentirme atraída sexualmente hacia todos y ser una persona arromátinca. Por otro lado, pasa algo muy parecido con la monogamia y la no monogamia. Normalmente la monogamia es un paradigma en las relaciones donde se cree que tienes una pareja, que es una persona por la que tienes que sentir una atracción sexual, afectiva y romántica. Si una de estas falla, entonces toda la relación falla. Y la relación que tienes que tener tienes que ser compartiendo todos estos factores. La no monogamia, contemplada como una cosa múltiple, puede contemplar una diversidad y multiplicidad de relaciones, desde la más afectiva con un vínculo emocional importante sin sexo, a la más sexual sin tener un vínculo afectivo importante, pasando por relaciones platónicas, o relaciones donde se comparta todas las combinaciones posibles, etc. Puede pasar que una persona no monógama tenga varias relaciones y ninguna de ellas sexual, o al revés. Esto me recuerda mucho a la plurisexualidad y a su inherente multiplicidad.

 

Solo quería para terminar poder concluir que vista esta relación que tienen tanto el monosexismo como la monogamia, para mí las comunidades plurisexuales y las no monógamas tienen una íntima conexión. Como hemos visto tenemos muchas cosas en común, ya no solo porque compartimos personas (es, obvio, sino no estaría yo aquí), sino también porque además tenemos un fondo común interesante e importante, que es lo que he expuesto. Por eso creo que nuestras comunidades tendrían que ser sensibles las unas con las otras y poder tejer red y alianza, y así, además, poder de una vez romper con el estigma que arrastramos dentro del activismo bisexual más mainstream y normativo que nos hace siempre salir a la calle para decir ‘hola, soy bisexual, soy monógama y soy normal’. Por eso estoy muy contenta de estar hoy aquí con todas vosotras, de tener la oportunidad de tejer esta alianza, y por esto también os estoy muy agradecida de haberme invitado. Gracias por haberme dado la oportunidad de compartir todo esto y además, poder decir alto y claro al fin ‘hola, soy bisexual, no soy monógama y no soy normal’.

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amor crítico y condicional

por wuwei (natàlia)

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Una de las muchas creencias en nuestra sociedad y cultura es que el amor, para que sea de verdad, tiene que ser infinito e incondicional. No es que no existan otros grados o no puedan existir, sino que este tipo de amor es aquel que es realmente genuino. Ponte, dentro de este marco, a explicarle a la gente que pones condiciones a tu amor: la mayoría de personas creerán que lo que hacer es “cobrar” por querer pidiéndole a la otra persona alguna cosa a cambio. Esta suposición nos hace poner automáticamente los pelos de punta a muches, especialmente cuando lo que nos imaginamos se acercaría a un chantaje emocional. Pero, en una sociedad donde algunes padecemos tantas violencias a través de los intercambios amorosos (no necesariamente todos de “pareja”)… ¿no es necesario protegernos poniendo ciertos tipos de condiciones y límites a nuestros amores?

La incondicionalidad en el amor es una trampa con la que nos han educado especialmente a las mujeres. Amar sin ninguna condición es dejar la puerta abierta a que delante de ciertas violencias, especialmente las estructurales, no podamos hacer otra cosa que seguir amando y, en consecuencia seguir aguantando la violencia sin poder hacer ninguna crítica, defendernos, o protegernos. Algunas personas podrían decir que no es lo mismo amar que soportar violencia; esto podría ser así si en nuestra cultura no hubiera implícito el perdón y el “pasar por alto” dentro de conceptos como son el amor: el perdón, el olvido y el seguir dando y aguantando sin ningún tipo de requisito.

Por otro lado, la infinitud del amor se repite mucho en entornos no monógamos debido a la suposición que hacemos de que amar a una sola persona es amar de forma “limitada” y que para poder amar a muchas personas se tiene que hacer infinitamente. Seamos sinceres, se puede amar infinitamente a una sola persona: sí, sea o no infinito tu amor, el hecho de que lo concentres en un número más pequeño no lo hace menos infinito, sino más concentrado.

Por tanto, se puede amar infinitamente a una persona, y caer en una trampa (infinita) del amor romántico monógamo. Un error en el que se suele caer cuando se reproduce el discurso de que el amor es infinito es el de ir generando relaciones sin ningún tipo de límite y sin tener en cuenta como distribuyo mi tiempo. Finalmente lo que suele pasar es que se menosprecia totalmente la importancia del tiempo que se comparte, de los cuidados o de los compromisos. Es la excusa perfecta: mi tiempo es finito (por tanto no te puedo dedicar tiempo), pero ya te puedes sentir tranquile, ya que como que mi amor es infinito, ya te quiero y con esto ya te puedes sentir cuidada.

Creer que para todes el amor puede ser infinito también es creer que todes tenemos las mismas capacicades emocionales o que podemos permitirnos desgastarnos con grandes intensidades emocionales. Algunes de nosotres necesitamos, por ejemplo, ponernos ciertos límites emocionales para poder cuidarnos a nosotres mismes y no desgastarnos, u otres tampoco tendrásn la misma energía emocional para poder dedicar a les otres. Como ya he comentado en el apartado anterior, el problema no es la cantidad de amor o emociones que tenga, sino como se reparten todas estas entre nuestras relaciones. Romper con la monogamia no tiene porque pasar por una multiplicación de lo que ya teníamos (que también derivaría a una multiplicación de la propiedad de las relaciones o una acumulación), sino de una forma diferente de repartir(nos) y de compartir(nos).

Condicionar nuestras emociones, o al menos como las dedicamos, y poner ciertos límites, es una forma revolucionaria de cuidarnos y de cambiar el paradigma imperante de algunas de las características del amor romántico. Cada vez que defiendo un amor crítico y condicional algunes me acusan de ser “excesivamente” mental y poco emocional. Esto es sólo una trampa: a muches el amor infinito e incondicional nos ha arrastrado a límites emocionales que ha desgastado nuestra salud mental.  Yo no quiero un “amor de verdad”, yo quiero compartir(me) de manera más sensible, y el amor crítico y condicional ha sido mi salvación.

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taller: ‘hablemos de técnicas de dominación’

por wuwei (natàlia)

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podéis encontrarlo también en la sección del blog ‘talleres‘ y descargarlo en pdf aquí.

 

 

Objectivos:

Las técnicas de dominación, también denominadas ‘técnicas de Hérsker’, son estrategias de manipulación social en las que un grupo dominante mantiene su posición en una jerarquía. Inicialmente fueron introducidas para hablar de como los hombres dominaban a las mujeres, pero pueden ser también extrapoladas en la dominación de otros grupos oprimidos o relaciones de poder o jerárquicas (personas no blancas, no heterosexuales, trans, etc). Estas técnicas son muy utilizadas recurrentemente en todos nuestros espacios ya que hemos sido todes educades desde pequeñer para reproducirlas de forma muy inconsciente, y lo hacemos, no solamente en relaciones, sino también en asambleas, reuniones, encuentros de ocio, etc.

El objetivo de este taller es entender de forma general qué son las técnicas de dominación y como funcionan, para aprender a detectarlas y así evitar de ejercerlas o podernos defender.

Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.

 

Dinámicas:

Durante el taller se debatirá alrededor de escenas donde se reproducen las técnicas de dominación. A parte de los debates se introducirán las 5 técnicas conocidas.

No se obligará a participar a todes de la misma manera. Cada une podrá participar como se sienta más a gusto, pueda o quiera. También habrá la posibilidad de expresarse de forma anónima.

 

Número de participantes: maxim 15 personas por cada taller.

 

Duración: 3 horas con un descanso

 

Accesibilidad: en principio no es accesible (por defecto) para personas sordas, aunque si el taller no es accesible para ti debido a este factor, ponte en contacto conmigo  (wuwei.activismedesorientat@gmail.com) para que pueda encontrar una solución puntual para el taller y puedas participar. A la larga la idea es que pueda llegar a ser accesible para todes.

 

Precio: Flexible (tipo ‘taquilla inversa’), cada une pagará lo que quiera y pueda por el taller (sin que haya un mínimo estipulado, también se puede no pagar nada u ofrecer otras cosas que no sea dinero).

 

Lugar: a determinar (en la ciudad de Barcelona).

 

Dia y hora: se fijarán los días y las horas según la disponibilidad de las perasonas que se inscriban.

 

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a  wuwei.activismedesorientat@gmail.com

 

A tener en cuenta:

No se trabajarán dinámicas corporales, sólo se trabajarán entorno a conceptos y ‘teoría’ o ‘experiencias’ de forma verbal. Se intentará no hablar de experiencias que hayamos tenido con personas que también asistan al taller.

También habrá la posibilidad de comunicar a la dinamizadora que no nos estamos sintiendo bien, o decidir cambiar la forma de participar, marcharse o quedarse de la forma que se sienta más a gusto.

Finalmente, también se pretenderá que es espacio sea lo más seguro posible. Si crees que con alguna/s persona/s no podrías tener este espacio, comunícalo cuando te inscribas.

Si tienes alguna petición o demanda por algún otro motivo que pueda hacer que el espacio sea más seguro para ti, o hay dinámicas que te suelen producir algún tipo de molestia, inseguridad,  o que no permitan que puedas participar, comunícalo al inscribirte e intetaré adpatar las dinámicas.

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es ‘sólo’ un maltrato

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí y se publicó en eldiario.es el 23 de Noviembre.  Podéis ver el artículo original aquí.

 

Durante aproximadamente tres años padecí una relación de maltrato. En realidad, fueron más de tres años, pero como era una relación invisible y está tan poco reconocido el maltrato en las relaciones que no son de pareja, que el maltrato se volvió más sutil y cuesta mucho más contabilizarlo. Bien, es más que eso, nos cuesta mucho a nosotras mismas ponerle nombre, y toda la estructura se confabula para que te sientas culpable para tan siquiera plantearte que estás siendo maltratada.

Podríamos decir que en realidad el maltrato duró seis o siete años, lo que duró toda la relación. No fue un maltrato ‘físico’, sino psicológico; pero no de esos en los que se pasan el día diciéndote que no vales nada, sino que fue más bien un maltrato que alternaba acoso con rechazo y abandono, invisibilización, control, mentiras, manipulaciones y consumo y explotación emocional. Todo esto, además, en un entorno laboral angustiante.

Y es que no se trataba de alguien con quien tuviera una relación de pareja. Esto no quiere decir que no hubiera habido sexo, o algún tipo de relación (de consumo) emocional, pero el componente romántico o no de la relación no era importante. O sí; sí que se convirtió en algo importante ya que, al no existir, al no ser una relación de pareja, ni un contexto romántico (o al menos reconocido como tal), la relación pasó a ser invisible. Y de la misma manera que cuando se dice ‘relación’ normalmente se piensa en ‘pareja’, y que cuando se dice ‘sentimientos’ normalmente se piensa que son románticos, cuando se dice ‘maltrato’ solamente se considera y reconoce aquél que se da en las relaciones de pareja.

No parece concebible que una relación que se considera desde fuera que es de amistad (o laboral) pueda ser de maltrato. De esta manera se invisibiliza más, no solamente el maltrato, sino también todas las consecuencias que tienes que vivir en silencio. Y finalmente también se puede, sin darte cuenta, alargar más en el tiempo.

Una de las grandes trampas fue la demanda de secretismo y de empatía como forma de control. Consecuencias: si hablas del maltrato estarás hablando de la relación, una relación que no tendría que existir y que se tendría que esconder, y por tanto serás eternamente culpable de todo, de hablar de lo que no tienes que hablar, de poner a la otra persona en una situación incómoda, o de hacerla salir de un armario (que es también una mentira y un engaño). Vergüenza. Un ciclo que no tiene fin. Bienvenidas todas al infierno de la violencia machista que nos coloca a las mujeres siempre en esta posición: nunca víctima, siempre culpable de todo.

Yo no padecí un maltrato físico; tampoco fue un maltrato psicológico ‘directo’ de esos en los que la otra persona no para de decirte que no vales nada. Este fue distinto, indirecto y sutil, implícito, nada explícito, y era yo quien, a través de diversos mecanismos, me creé la imagen de mi poco valor sin necesidad de que se me dijera directamente.

Dominación. La mentira, la manipulación que se apropiaba constantemente de mi consentimiento, robado a través también del acoso, que no era visible porque se disfrazaba de preocupación y de compañía laboral diaria, menguaron día tras día mi energía, mi salud mental, llevándome a mi límite emocional.

Todo esto sumándose a la comparación constante con otras relaciones más reconocidas que me llevaron a creer y sentir que el problema era yo que no valía suficiente, y que a través de la amenaza constante de exclusión me hacían entrar en un remolino de competición que acababa quitándome todavía más toda mi atención, energía y emociones. Tanta energía que ya no me quedaba nada para nadie más, aunque lo quisiera. ¿No es esto un mecanismo de alienación?

Pero la energía no solamente me la quitó para mis otras relaciones. Tampoco la tenía para el trabajo, lugar donde padecía una absorción considerable por el hecho de compartir espacio con él: se me hacía muy difícil la escapatoria. Y aquí el problema añadido era que no podía trabajar.

Además, en ese entorno laboral tenía muchas otras cosas que también me producían angustia y malestar: constantes técnicas de dominación para conseguir que trabajara más horas, una ayuda pésima en mi trabajo, y un entorno que poco a poco también menguaba mi estima. Día tras día mi productividad no era suficiente como para que se me considerara una persona mínimamente resolutiva (sumémosle el capitalismo).

¿Cómo podía ser ‘productiva’ si cada día tenía ataques de angustia solamente sentarme delante de la pantalla del ordenador? Mis jefes, al verme como una persona poco productiva acabaron confiando mucho menos conmigo que con el resto, y esto hizo que acabara teniendo un contrato mucho más precario y bajo unas condiciones de estrés más grande que las de mis compañeras, ya que la situación emocional a la que estaba hacía que necesitara trabajar más horas para hacer la misma cantidad de trabajo (si es que conseguía hacerlo).

Por lo tanto, a todos mis problemas de salud mental, relacionales (como he comentado por la falta total de energía hacia otras personas) y familiares, se sumaron también los económicos. A la larga, no solamente sufrí una explotación emocional considerable, sino también alienación, marginación y desempoderamiento. ¿Qué pasaba cuando intentaba explicarlo a alguien? Culpabilización: si no era porque me decían que ‘yo me dejaba’ era porque ‘me lo estaba buscando’, culpando a otros factores en mi vida, como el hecho de no ser monógama.

Precisamente el pensamiento monógamo fue una de las cosas que más invisibilizaron cualquier problema de la relación debido a no ser un ‘problema de pareja’. Es como funciona el pensamiento monógamo: solamente las emociones de pareja, los celos de pareja, las peleas de pareja, las relaciones de pareja son emociones, celos, peleas y relaciones ‘reconocidas’. Todo lo que pase fuera de una relación de pareja es automáticamente invisibilizado, menospreciado y ridiculizado; incluso el maltrato. Porque claro… ‘sólo’ es una amistad.

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¿donde pongo mis atenciones? una cuestión también de género

por wuwei (natàlia)

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Una de las últimas modas, especialmente en entornos no monógamos, es la de “fluir en las relaciones”. Yo siempre he sido (y aún soy) muy fan del concepto de “fluir” en muchos ámbitos: adaptarme a las situaciones, permitirme cambiar (tanto yo personalmente como también mis relaciones, o también todo aquello relacionado con mi identidad). Yo, siendo o identificándome como bisexual y polisexual, una de mis luchas desde el activismo crítico es la defensa de la posibilidad de la no-estaticidad en términos de orientación, deseo, atracción o también de identificación con unos géneros determinados. Para mí las etiquetas o identidades no “atrapan” ni “estancan”, sino que pueden cambiar y las podemos definir nosotres mismes.

Ahora bien, ha habido también una apropiación muy grande del concepto de la “fluidez” por parte del sistema en muchos aspectos. Un ejemplo de esta apropiación es este “fluir en las relaciones”, que suele venir acompañado de “los compromisos nos oprimen”: una negación de la necesidad y voluntad de compromiso en todos los aspectos de la vida, sin hacer ningún análisis crítico al respecto. Éste tipo de “fluir”, como acto neoliberal de las relaciones (y sin tener en cuenta las estructuras de poder que nos atraviesan, como nos relacionamos, ni como afectamos a las demás personas) es el que nos lleva a muches a acabar yendo a parar a lugares como alguna desembocadura de algún río donde siempre se arrastra y “fluye” toda la mierda que producimos. Tenemos que tener claro que no fluimos en el vacío, sino que lo hacemos en un fluido: en un mar de estructuras de poder (donde está el sexismo, la homofobia, el racismo, entre muchas otras), corrientes que llevan a algunas personas a lugares paradisíacos (quien tiene más privilegios), mientras que a otras las suele llevar allí donde va a parar toda la mierda.

Yo fluía muy “acríticamente” y me dejé arrastrar por los corrientes de esta moda. Intenté dejar de hacerlo hace un tiempo, cuando después de muchos intentos de querer ser muy guay conmigo misma me di cuenta de que siempre acababa en situaciones de vulnerabilidad. Y cuando no era yo era otra persona. Me di cuenta, también, que los lugares donde yo acababa yendo a parar no eran “nada” en comparación con la situación de otres que aún están en situaciones más vulnerables. Porque resulta que fluir es mucho más fácil (beneficia más a) aquellas personas que tienen más privilegios (como por ejemplo los hombres blancos heterosexuales con todas las capacidades socialmente “consideradas” en el mundo de las relaciones románticas y sexuales) y que para otras personas el resultado puede ser catastrófico. Rechazar el compromiso sin entender que vivimos en una sociedad jerarquizada y donde no todes partimos de los mismos puntos es querer ignorar uno de los grandes problemas de las visiones más liberales sobre las relaciones.

Cada vez intento esquivar más este tipo de “fluidez”, aunque, obviamente, tengo que deconstruirme aún muchas cosas y muy a menudo me encuentro que algún tipo de flujo me ha acabado llevando a alguna zona no deseada o que es problemática para otras personas. Un ejemplo de una cosa que me ha pasado ha sido darme cuenta de que últimamente todas las personas cercanas a mí a quien estaba dedicando más tiempo eran hombres y a las otras personas de mi red afectiva que no lo eran les estaba dedicando mucho menos tiempo. El problema principal era que yo no había hecho esa repartición según ningún criterio consciente, ni lo había pensado ni nada, había surgido así, y me había encontrado de golpe sin tiempo para relaciones que para mí eran muy importantes y casi no veía.

Me di cuenta que una característica (entre muchísimas otras) que diferencia el rol masculino es la demanda de atención. Para simplificar necesitaré ser binaria en este ejemplo, ya que los roles de género que ha impuesto socialmente nuestra cultura han sido dos; aun así todo lo que explico se podría extender a otros géneros, dependiendo de dónde se encuentren más cercanos en estos roles concretos que comento (si es que se encuentran). A los hombres les es más fácil pedir directamente quedar, poder hablar, llamar, etc; a las mujeres, en general, les da miedo y les cuesta invadir espacios, u ocuparlos (ocupar las atenciones de les demás). Esto lo que hace es crear una diferencia en la que, si no paras atención, acabarás siempre dando más atenciones a los hombres, y no dar a otras personas, que aunque lo necesiten, no lo obtendrán porque no lo pedirán. La idea, además, de que preguntando directamente, como hacen los hombres, de que puedes decir “libremente” que no, es muy simplista, y también está muy relacionada con el género; a las mujeres nos cuesta mucho más decir que no o negarnos a hacer una cosa, especialmente cuando se nos pide cierta comprensión debido a que la demanda de atención sea emocional.

Muy a menudo la crítica que se hace al respecto pide que seamos las mujeres las que “deconstruyamos” nuestras dificultades de demanda y de decir que “no”, una idea muy simplista y que borra totalmente que el problema no es solamente la demanda, es como se nos devuelve a “cambio”: los hombres no devuelve a cambio este acompañamiento y cuando se les pide suelen esquivar, escaquearse y decir más fácilmente que “no”. O sea, que aunque aumentáramos nuestra demanda de atención, esta sería constantemente ignorada; un mecanismo que, a parte, vendría respaldado de todas las normas sociales que favorecen a las personas con más privilegios en cuanto al género. Además, nuestra dificultad para decir que “no” recae también en el borrado constante de estas negativas, que se ignoran y se pasan por alto (muy relacionado con cómo se borra nuestro consentimiento).

Es irónico que se nos diga constantemente que tenemos que ser nosotras las que hagamos más esfuerzos para pedir lo que necesitamos, si la propia dificultad con la que nos encontramos es por la negación constante de nuestros deseos y necesidades, o incluso de nuestras negativas. Es más, una decisión como, por ejemplo, parar de “dejarse llevar y fluir” y empezar a ser más consciente de como estoy “repartiendo” mis atenciones será después atacado por las propias estructuras como un acto excesivamente “lógico” y poco “emocional”, una técnica de dominación que funciona demasiado a menudo cuando hablamos sobre relaciones para ridiculizar cualquier discurso  feminista y/o crítico. Pero para más ironías, después se utiliza la técnica a la inversa, acusándonos de demasiado emocionales cuando reaccionamos delante de una opresión.

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seguir las actividades y los talleres de éste espacio

por wuwei (natàlia)

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A través de éste espacio estoy realizando/dinamizando talleres, como también he presentado alguna charla. Cómo se van a ir haciendo actividades he abierto diferentes canales para que las personas que quieran puedan estar informadas sobre las actividades y los talleres que se van a ir haciendo.

Si quieres estar informade de las actividades y talleres que se irán ofreciendo a través de este espacio puedes agregarte en el grupo de facebook, puedes añadirte en el canal de telegram, y/o puedes añadirte en la lista de suscripción para recibir la información por correo electrónico.

Os recuerdo que la mayoría de talleres y actividades se realizarán en la ciudad de Barcelona o alrededores, por motivos económicos. Se realizarán fuera de esta zona siempre que se encuentre la manera de ayudar económicamente en el desplazamiento, o bien aprovechando algún viaje que se haga.

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la objetificación como forma de relacionarnos con lo que nos rodea

por wuwei (natàlia)

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Cuando escuchamos la palabra “objetificación” automáticamente la mayoría pensamos en la “objetificación sexual de las mujeres”. Ha sido gracias al feminismo que hemos podido detectar una (de las muchas) violencias simbólicas del patriarcado: la percepción (conceptual) que se tiene de las mujeres borra totalmente nuestro consentimiento. Aun así, la objetificación es un concepto que engloba muchos más mecanismos (no solamente éste), que tienen en común precisamente el hecho de ver a ciertos grupos de personas o a algunas personas en concreto como “objetos” y no como “sujetos” (seres con voluntades, deseos y necesidades propias) a tener en cuenta. Pero cuando decimos “objetos” no nos referimos solamente a “objetos sexuales”, sino una forma más genérica de vernos como objetos: convertirnos en seres que no tienen sus propias voluntades y necesidades y que están para servir las nuestras (más allá del sexo).

La forma con la que vemos el mundo (que está muy relacionada con una visión occidental y colonialista) es a través de esta objetificación (y la dominación). Sentimos (a través de una construcción conceptual del mundo) que todo lo que nos rodea (donde también están las personas con las que nos relacionamos) está a nuestro servicio como un objeto y lo intentamos dominar. Pero, evidentemente, bajo esta premisa no todas las personas dominarán, ya que cuando uno domina a otro, éste segundo pasa a ser dominado. Esta visión es la que crea las estructuras de poder, que generan unos privilegios a un grupo determinado de personas que obtendrán todas sus necesidades de forma sistemática a través de normas sociales que dominarán a otros grupos (personas oprimidas), los cuales serán objetificados por éstas normas. Un ejemplo de esto es la objetificación sexual de las mujeres que hace que se nos observe como a seres exentos de toda posibilidad de consentir.

Creer que “por defecto” solamente se objetifica a través del sexo se basa en la idea de que el sexo de por sí mismo es objetificador, una idea sexófoba. Tampoco quiero caer en la idea de que el sexo siempre es “bueno” y “positivo”, ya que el sexo puede ser utilizado (y es muy a menudo utilizado) para generar y ejercer poder. Pero, lo que es problemático o lo que es bueno del sexo no es el sexo en sí mismo, sino la forma y la intención con la que nos acercamos a las personas con las que tenemos sexo. Si tenemos “solamente” sexo con una persona, pero respetamos su consentimiento, tenemos en cuenta que tiene deseos y voluntades propias y la escuchamos si en algún momento tiene algún problema, no la estamos objetificando, aunque sea un encuentro puntual para tener sexo sin haber mantenido una relación antes y/o después.

A parte de la objetificación sexual hay otros tipos de objetificación, como es, por ejemplo, la emocional. La objetificación emocional también la padecemos mucho las mujeres por parte de hombres, ya que somos las que por defecto escuchamos, cuidamos, comprendemos y acompañamos emocionalmente sin que, la mayoría de las veces, se tenga en cuenta si es lo que podemos y queremos hacer en ese momento, sin que se tenga en cuenta si es cuál es nuestro estado, y sin preguntarnos a nosotras qué necesitamos o sin que se nos acompañe en nuestros procesos.

Una de las consecuencias de la objetificación es el consumo relacional y la apropiación de las relaciones y personas. Para mí el consumismo relacional no es una cuestión de la “corta duración” de la relación, ni tampoco por el hecho de compartir “solamente” sexo sin una implicación emocional intensa o importante. Nos acercamos a las demás personas para satisfacer nuestras voluntades y necesidades sin tener en cuenta las de las demás. Ésta sería de hecho la forma con la que a mí me gusta definir el consumismo relacional, ver las relaciones solamente para el consumo propio: acercarnos a las otras personas con la intención y necesidad de cubrir ciertas necesidades o deseos sin tener en cuenta las de la otra (que podrían ser diferentes a las nuestras o, incluso, incompatibles). Una forma de hacer esto también es la apropiación, apropiarnos de la otra persona. La apropiación sería también un tipo de consumo: no es que solamente me importen mis deseos, sino que además utilizo ciertos mecanismos para apropiarme de tus deseos y voluntades. Esto se puede hacer de forma implícita a través de mentiras, manipulaciones u otras técnicas de dominación.

Finalmente, la objetificación también es un proceso que lleva (entre muchos otros mecanismos) a la explotación, donde un grupo dominante o una persona que domina (quien objetifica) recibe más beneficio de algún tipo (que puede ser económico, o prestigio social, capital de tipo simbólico, etc) a costa del grupo o de la persona explotada/objetificada (de su trabajo, esfuerzo, etc), la cual no obtiene beneficio. No solamente se explota a la clase trabajadora: existen muchos más mecanismos que no se conocen y que explotan de otras formas. Por ejemplo, las personas no heterosexuales hemos estado explotadas durante toda la historia de la ciencia desde la mirada heterosexual para beneficiar a médicos su capital (no solamente económico, sino también de prestigio en su campo) y al privilegio heterosexual; en vez de beneficiar a las personas no heterosexuales lo que se hace es estereotiparnos, medicalizarnos y mantener los privilegios de la heterosexualidad. Otro ejemplo es como los roles de género hacen que se explote a las mujeres para tareas de cuidados y del hogar que beneficien especialmente a los hombres y que no reporten ningún tipo de capital a las mujeres. O, siguiendo con el ejemplo que había puesto anteriormente, se nos explota emocionalmente a las mujeres para que acompañemos emocionalmente a hombres, mientras estos no nos acompañan a nosotras.

Las personas en nuestra cultura por defecto nos acercamos las unas a las otras a través de una mirada objetificadora. Muy a menudo, cuando planteamos problemas en los que nos encontramos, colocamos a personas en una posición de “problema”, “conflicto”, “objeto”, y pocas veces las construimos conceptualmente como sujetos: personas que tienen sus necesidades, deseos y voluntades propias que merecen ser reconocidas. Y, aunque sí que es cierto que poco a poco hemos aprendido a construir relaciones más “horizontales”, muy a menudo nos olvidamos de las relaciones que se podrían estar objetificando o “dominando” fuera de la relación supuestamente “horizontal”. La horizontalidad no ha de ser una cuestión de dos personas, ni de un grupo determinado y definido, se tendría que extender fuera de estos grupos, sino todo nuestro discurso queda totalmente y políticamente vacío.

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taller: ‘deconstruir contextos para construir relaciones’

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

podéis encontrarlo también en la sección del blog ‘talleres‘ y descargarlo en pdf aquí.

 

Después de un tiempo de parón necesario para mí, vuelvo otra vez con los talleres, siguiendo por el que ya estaba dinamizando anteriormente ‘deconstuir contextos para construir relaciones’, y dentro de poco ofreceré algunos más 😉

 

 

Dinamizado por wuwei (natàlia): feminista y activista crítica sobre bisexualidad/plurisexualidades, no-monogamias, relaciones, antipositivismo, técnicas de dominación y estructuras de poder. Más información: http://estructuradifractada.com/es/sobre-wuwei-un-poco-de-mi/ . También me podéis encontrar en twitter (@wuwei_). Contacto: wuwei.activismedesorientat@gmail.com

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a  wuwei.activismedesorientat@gmail.com

 

Objetivos:

El objetivo de este taller es reflexionar y poner en cuestión el pensamiento alrededor de cómo nos vinculamos con las personas, ya que por defecto, y sin pararnos a pensar mucho, vivimos en una sociedad muy individualista, competitiva, de apropiación y de consumo acrítico, donde repetimos todos estos conceptos también cuando nos relacionamos.

La idea del taller es poder poner un interrogante a la forma que nos viene por defecto de relacionarnos y encontrar herramientas para vincularnos de forma más consciente. Por este motivo la apuesta de este taller es la de empezar a ‘construir relaciones’, para hacer del proceso de vincularnos un proceso un poco más consciente, crítico y sensible. ¿Somos conscientes de le otre?

No pretende dar soluciones estáticas, sino que estas surjan a través de la reflexión en torno a estructuras de poder y conceptos que nos vienen por sistema sobre como tenemos que tratar nuestras relaciones. Este taller tiene una visión crítica con las estructuras de poder, y por tanto, una visión bastante politizada: feminista, anticapitalista y sensible a las opresiones y a una crítica al sistema monógamo, no tanto como sistema de recuento de relaciones de pareja, sino como sistema que nos obliga a relacionarnos de formas más concretas y que genera situaciones de vulnerabilidad, exclusión, poca solidaridad, entre otras.

Este taller está y estará en construcción permanente. Es un proceso. A través de la experiencia en cada taller irá cambiando y construyéndose también.

 

Dinámicas:

Durante el taller se harán dinámicas para debatir alrededor de las cuestiones:

– individualismo/dominación

– objetificación

–  competitividad

– compromiso

– cuidados

a través de estos conceptos, dinámicas participativas, y también poniendo en algunos casos ejemplos concretos de situaciones, se debatirán estas cuestiones.

No se obligará a participar a todes de la misma manera. Cada une podrá participar como se sienta más a gusto, pueda o quiera. También habrá la posibilidad de expresarse de forma anónima.

 

Número de participantes: máximo 15 personas por cada taller.

 

Duración: 4 horas con un descanso.

 

Accesibilidad: en principio no es accesible (por defecto) para personas sordas, aunque si el taller no es accesible para ti debido a este factor, ponte en contacto conmigo  (wuwei.activismedesorientat@gmail.com) para que pueda encontrar una solución puntual para el taller y puedas participar. A la larga la idea es que pueda llegar a ser accesible para todes.

 

Precio: Flexible (tipo ‘taquilla inversa’), cada une pagará lo que quiera y pueda por el taller (sin que haya un mínimo estipulado, también se puede no pagar nada u ofrecer otras cosas que no sea dinero).

 

Lugar: a determinar (en la ciudad de Barcelona).

 

Día y hora: se fijarán los días y las horas según la disponibilidad de las personas que se inscriban.

 

Si te quieres inscribir envía un correo electrónico a  wuwei.activismedesorientat@gmail.com

 

A tener en cuenta:

No se trabajarán dinámicas corporales, sólo se trabajarán entorno a conceptos y ‘teoría’ o ‘experiencias’ de forma verbal. Se intentará no hablar de experiencias que hayamos tenido con personas que también asistan al taller.

También habrá la posibilidad de comunicar a la dinamizadora que no nos estamos sintiendo bien, o decidir cambiar la forma de participar, marcharse o quedarse de la forma que se sienta más a gusto.

Finalmente, también se pretenderá que es espacio sea lo más seguro posible. Si crees que con alguna/s persona/s no podrías tener este espacio, comunícalo cuando te inscribas.

Si tienes alguna petición o demanda por algún otro motivo que pueda hacer que el espacio sea más seguro para ti, o hay dinámicas que te suelen producir algún tipo de molestia, inseguridad,  o que no permitan que puedas participar, comunícalo al inscribirte e intentaré adaptar las dinámicas.

 

 

 

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