plurifeminismo

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

 

Uno de los (muchos) estereotipos que rodean la bisexualidad es la traición. Las personas bisexuales somos consideradas traidoras por nuestras parejas, que creen que las engañaremos y donde el engaño parece multiplicarse en ‘gravedad’ cuando cabe la posibilidad de que se hago con una persona de un género diferente a ella. También somos traidoras para familiares o por nuestras relaciones en general, que nos ven como personas que no sabemos quedarnos en un solo bando y que por tanto las ‘traicionaremos’ por las que consideran contrarias o sus ‘enemigas’. Somos traidoras también en el trabajo, donde a menudo no se confía en nosotras debido a que también somos consideradas inestables y que por tanto no podemos ser responsables de lo que hacemos.

La reapropiación de insultos es un mecanismo utilizado en muchas luchas como acto de empoderamiento y a la vez de transversalidad para no reproducir otros estigmas, opresiones o violencias. De forma muy similar, desde activismos críticos bisexuales y plurisexuales (de totas aquellas orientaciones donde nos sentimos atraídas hacia más de un género) decidimos muchas veces reapropiarnos de los estereotipos que nos asignan. Negar estos estereotipos implicaría negar la existencia de personas dentro de nuestro colectivo que los reproducen y que tienen todo el derecho a hacerlo, y crearía dos bandos: el de las ‘buenas plurisexuales’ que no reproducen los estereotipos y cumplen más con las ‘normas sociales establecidas’ (que no son promíscuas, que no están confundidas, que saben siempre lo que quieren), y el de las ‘malas plurisexuales’ que reproducen los estereotipos y que son una vergüenza social (como son, por ejemplo, las bisexuales promíscuas).

 

Reapropiarse de un estereotipo como el de la traición no es fácil; si más no, ¿a quien le gusta que le consideren traidora? Pero, si indagamos un poco sobre cuáles son los motivos por los que la bisexualidad (y el resto de plurisexualidades) sean constantemente estigmatizadas, negadas y estereotipadas, nos encontraremos en que éstas pueden ser una amenaza para el patriarcado y para el sistema, de la misma manera que lo son otras alternativas a la heterosexualidad. Esta amenaza hace que el propio sistema intente defenderse de diferentes maneras: o apropiándose de ellas (como hace con la bisexualidad de las mujeres borrando la propia orientación de la mujer y poniéndola en manos del placer del hombre) o negándolas y borrándolas. Ésta reacción del sistema viene dada porque las plurisexualidades, también representan una traición al sistema: traidoras para el sistema, traidoras al sistema. Las personas plurisexuales, y especialmente aquellas que no somos hombres, somos traidoras porque suponemos una posible amenaza al sistema patriarcal.

Uno de los motivos por los cuales representamos una amenaza es por la supuesta posibilidad de escoger que tenemos. Normalmente a las personas plurisexuales se nos dice que podemos escoger entre ser heterosexuales u homosexuales. Esto, que cuando se intenta observar con perspectiva y de forma un poco ‘objetiva’ no parece que tuviera que suponer ningún problema, acaba siendo utilizado muy a menudo como acusación y arma contra nosotras, como si esta posibilidad de elección fuera un problema. El discurso mayoritario sobre la orientaciones sexuales nos dice que la orientación no se puede escoger, que es una cosa natural de cada una de las personas. Este discurso, que parece ‘inofensivo’, lo que hace es seguir colocando a la homosexualidad en una posición negativa, ya que da como único motivo para aceptarla el hecho de que no se pueda cambiar; o sea, que la única opción válida si pudiéramos escoger sería la ‘correcta’: la heterosexualidad. Por tanto, la posibilidad de elección a la heterosexualidad no le gusta porque cuestiona directamente su privilegio: si pudieras escoger, escogerías la heterosexualidad sin duda, y la posibilidad de elección se acabaría aquí. Además, la posibilidad de elección sexual de una mujer supone una amenaza al patriarcado porque las mujeres bisexuales representarían la elección de tener o no relaciones con hombres, que, añadiéndole una sensibilidad feminista, podría empoderar a las mujeres para poder escoger interacciones con hombres y los términos bajo los cuales tenerlas.

Por otro lado, también, las plurisexualidades pueden cuestionar la construcción de los dos géneros impuestos: la estructura sexista y cisexista establece un modelo de dos géneros, forzando a las personas a ser de un género concreto según una asignación determinada al nacer, y a ser heterosexuales. Los dos géneros dictan una estructura opuesta de deseo y mutuamente excluyente. Dentro de este marco la posibilidad del deseo hacia más de un género se hace poco comprensible y supone una amenaza a esta construcción binaria en la que el género siempre tiene que ir ligada a la elección del objeto sexual única i opuesta.

Finalmente, las plurisexualidades a ojos del patriarcado somos consideradas promíscuas y representamos un peligro y amenaza para la cultura de la monogamia impuesta. Siguiendo la línea anterior, la construcción de la idea de que necesitamos a una persona de un género concreto para completarnos, hacer que la atracción hacia más de un género complique la monogamia impuesta ya que existiría la necesidad de tener relaciones con más de una persona para completarnos. La existencia de las plurisexualidades ponen en entredicho toda esta construcción, como la de la familia tradicional y del aislamiento que comporta, lejos de las redes solidarias y la multiplicidad relacional.

Por lo tanto, todas estas amenazas que podrían suponer las plurisexualidades son lo que hacen que el sistema se defienda erradicándolas, o bien apropiándose de ellas, como es el caso de la bisexualidad de las mujeres. La apropiación se produce cuando, en vez de borrarla, se representa de una forma muy concreta en los medios y en la sociedad en general (hipersexualizada y objetificada), quitándole todo su potencial reescribiéndola como otra cosa, como una cosa más conveniente para el patriarcado y para el hombre, que satisface sus necesidades. Normalmente se cree que la bisexualidad de las mujeres es más aceptada, pero no es cierto: está más objetificada. Olvidarnos desde el feminismo de orientaciones u opciones (políticas) como ésta es dejarla en manos del propio sistema para que se siga, por ejemplo, reproduciendo violencia sexual a mujeres que exploran su sexualidad como desean. Reapropiárnoslas es un acto político.

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