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ciencia: ¿herramienta neutra o política?

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí para la Directa. Podeis ver el artículo original (en catalán) aquí.

 

La ciencia moderna occidental es considerada normalmente como un trabajo objetivo que realizamos unas personas a las que llamamos científicas. En general, la descripción clásica del método científico describe el trabajo científico a partir de la observación fiel de la realidad de donde se extraen leyes, se compruevan experimentalmente y finalmente éstas son refutadas o se aceptan como teorías que describen la ‘realidad’. El positivismo (creencia de que el único conocimiento verdadero es a través de la observación y la experiencia) juntamente con el realismo científico (la visión filosófica que cree que la ciencia describe o puede describir la realidad tal como es) conforman una ideología dominante de las ciencias que parte del supuesto que la observación captaría las cosas tal como son sin que intervenga ningún elemento humano o influencia social, que podemos ver, entender, la realidad exactamente como es y que esta obervación sería la única vía de conocimiento verdadero.

¿Observación objetiva?

Observar implica describir lo que se está observando (el objeto) refiriéndonos a nociones previas a la observación: miramos el mundo con un cierto número de ideas preconcebidas, representaciones, modelos o mitos. Por lo tanto, una observación es una interpretación; observar es una forma de leer, está influído por nuestra lengua, nuestra cultura, y por todas las estructuras de poder (sistemas de opresión) que nos hacen ver el mundo de una o de otra manera a través de normas sociales que nos dicen lo que es o no es ‘normal’ (como es la heterosexualidad, que el hombre sea superior a la mujer, o que un cuerpo determinado tenga que ser asignado a un género concreto).

Visto de esta forma, referirse a la objetividad como a la observación de las coas tal y como son realmente, de forma neutra, es una ficción. La observación es una interpretación entra la persona que observa y el objeto que es observado, y la objetividad no es absoluta, sino relativa a una cultura: decir que algo es objetivo es situarlo en un esquema común de percepción y comunicación de una cultura.

Observar también implica seleccionar: escogemos nuestros objetos de estudio descartando un montón de posibles objetos que decidimos (la mayoría de las veces inconscientemente) no observar. Esta selección puede venir dada por la propia concepción de estos objetos (como ya tenemos un marco teórico formado nos será más fácil escoger los objetos que ya formen parte de este marco) o bien porque sean objetos que corresponden a unos ciertos intereses ideológicos y/o económicos.

Por lo tanto, observar no es situarse pasivamente delante del mundo tal y como es. Definiendo así la observación escondemos la parte importante en la que el sujeto que observa (y todo su entramado social que lo sostiene) toma durante la observación y lo que hacemos es absolutizar la visión científica legitimando decisiones ideológicas, sociales, políticas o éticas sobre razonamientos científicos que se toman neutros o absolutos.

Las metáforas y la racionalidad científica

La cciencia, al usar la cultura para observar, definir o interpretar, está llena de metáforas: utiliza conceptos que existían previamente en nuestra cultura para referirse también a nuevos conceptos en ciencia haciendo un paralelismo entre ellas. Por ejemplo, en física se han cogido del lenguaje corriente las nociones de fuerza y de trabajo. No obstante, hay muchas de estas metáforas que tienen cargas mucho más grandes relacionadas con estructuras de poder, como por ejemplo, cuando a lo largo de la historia de la biología celular se explicaron la unión del óvulo y del espermatozoide a través de estereotipos asignados como femeninos y masculinos: llamando a los espermatozoides como ‘armas’ o ‘pretendientes’ que ‘luchan’ y van a buscar al óvulo a contra corriente, donde éste espera ‘pasivamente’ y atrae a un montón de ellos, donde parece que finalmente sólo uno consigue ‘fertilizar’ el óvulo, donde este a la vez ‘cierra las puertas’ a otros ‘pretendientes’.

Y todo lo que al principio son metáforas, cargas culturales, cuando pasar a ser aceptadas y sostenidas pasan a verse como racionalidades u objetividades. Muchas de las metáforas o las representaciones escogidas no son al azar, normalmente reproducen lo que las estructuras de poder representan. Por lo tanto, la ‘racionalidad científica’ es un concepto abstracto que puede estar representando la visión de las clases dominantes, aquellas personas que ya de por sí mismas están en una posición de privilegio respecto las estructuras de poder (el homre cis heterosexual blanco sin diversidad funcional neurotípico de clase media/alta, etc.). Est no quiere decir que todas las personas que hacemos ciencia tengamos todos los privilegios, sino que lo que los estudios, las conclusiones, que perduran, que se aceptan, son aquellos que encajan mejor en las estructuras de poder, que ayudan a sustentarlas o que provienen de ella.

Durante los procesos que llevan al conjunto de la comunidad científica a aceptar o no una teoria entran elementos de todo tipo, desde las estructuras de antes esmentadas, pasando por relaciones de fuerza considerando aspectos ideológicos y económicos, ambiciones profesionales, presupuestos filosóficos, etc. Para poner un ejemplo simple, si un resultado tiene lugar en un laboratorio de renombre, hay más posibilidades de que se acepte que si tiene lugar en un laboratorio poco conocido. O aún peor si se trata de un laboratorio de un país no europeo ni de los Estados Unidos.

Cuando una teoría científica ha sido aceptada, se tiennde a decir que es, que siemrpe ha sido, racional. Es más, cuando se explican muchas de las teorías científicas se reconstruye la historia para hacerla más fiel al ‘método científico’. Pero muchas de las teorías aceptadas en la actualidad no han sido extraídas según estos métodos. Por ejemplo, en el razonamiento de Newton había tanto razonamientos filosóficos y teológicos como ‘científicos’, y la distinción entre estos tipos de razonamientos se ha hecho después.

La representación del mundo

la ciencia moderna occidental está muy unida a la visión (que proviende de las clases dominantes) de que somos individuos externos al mundo que nos rodea y accedemos a nuestro entorno para obtener lo que necesitamos. Esta visión es la que nos hace creer que la observación puede ser objetiva y neutra al vernos como seres externos a todo lo que estamos observando. Esta visión también fomenta la voluntad de explotación y dominación de todo lo que nos rodea (ya que el entorno es un objeto donde vamos solo a cubrir nuestras necesidades) y la ciencia es una herramienta que se utiliza también para esta finalidad.

La ‘racionalidad’, ‘objetividad’ y ‘neutralidad’ a menudo enmascaran las ideologías que existen detrás de lo científico.

Obviar todo esto colocando un manto de racionalidad, objetividad y neutralidad es una forma de enmascarar las ideologías que existen detrás de lo científico, proclamando así su saber excento de ideologías y que merezca de esta forma que se la tenga en cuenta de manera privilegiada para resolver problemas.

El peligro de la apolitización de la ciencia

Nos cuesta mucho aceptar la carga ideológica y social que tiene la ciencia. Uno de los grandes miedos que tenemos es la de perder una supuesta herramienta objetiva y libre de ideologías. Pero precisamente este es el problema principal de la ciencia: contemplarla neutra y libre de ideologías. Nada es libre de ideologías, y creer que lo puede ser es apolitizarla y ligarla al pensamiento neoliberal (ya sabemos que todo lo despolitizado queda por defecto al servicio de los que tienen el privilegio). Lo que tenemos que hacer es empezr a aceptar que tenemos ideologías, posiciones críticas, políticas o éticas. También tenríamos que empezar a reflexionar al servicio de quien está la ciencia, a quien ayuda y desde qué posición (no es lo mismo patologizar lo trans desde una posición de privilegio cis, que poner la cienca al servicio de personas trans cediéndoles la voz en el proceso). El problema no es hacer ciencia, el problema es darle tanto poder y privilegio a algo considerándolo neutro. Nada tendría que tener tanto poder y tanto privilegio. Nada tendría que estar tan apolitizado.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VII – espacios)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la séptima y última parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí, la quinta aqui y la sexta aquí.

Espacios

El espacio es donde compartimos y generamos las relaciones. Los espacios están tradicionalmente y sistemáticamente construidos para reproducir y generar estructuras de poder (un ejemplo es como están diseñados los pisos para que la habitación principal sea para una pareja monógama, donde solo cabe una cama para dos personas). Es importante intentar ser conscientes de los espacios para romper con estas estructuras y a la vez entender su importancia en como construimos las relaciones.

Los espacios no solo son los espacios físicos, como un piso, una habitació, una casa, o un centro social. Los espacios también pueden ser un grupo de telegram o whatsapp, un grupo de facebook o una asamblea en medio de la calle.

Los espacios los tendríamos que crear según las necesidades de las personas que los compartimos, tienen que ser accesibles (inclusivos), y tienen que ser creados según lo que se quiere compartir y las relaciones que hay. Los espacios tendrían que poder transformarse para hacerlos compatibles con las necesidades que también cambian, igual que las relaciones. Se tiene que aceptar, además, la incompatibilidad de algunas necesidades (creando espacios diferentes con referencias comunes diferentes), y se tienen que tener en cuenta los contextos de las personas que lo comparten, y lo que se está compartiendo.

Es importante, cuando se quiere compartir un espacio, hablar con las relaciones para entender como los queremos compartir, como lo queremos hacer para ser sensibles a nuestras necesidades, emociones, contextos, cuidados y también para evitar generar situaciones de competitividad y/o exclusión.

Los espacios son los que nos permiten conectar, responsabilizarnos, sentir, compartir, colectivizarnos, aunque en algunos momentos sea aislándonos. Los espacios los creamos, los re-creamos. Los espacios son vacíos. Y es en el vacío sonde podemos movernos y existir. Y el vacío también se puede construir.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (VI – comunicación y cuidados)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la sexta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí, la cuarta aquí y la quinta aquí

Comunicación

En la monogamia la comunicación es casi inexistente, ya que los compromisos son siempre implícitos (no se hablan, se dan por supuestos debido a lo que se supone socialmente que tiene que ser una ‘pareja’), y todo lo que envuelve las expectativas en las escalas de las relaciones hace que la comunicación no solo no sea necesaria, sinó que sea vista como una manera de romper con la ‘poesía’ o ‘magia’ de las relaciones (una ‘poesía’ que col·loca las personas en situaciones no deseadas ni escogidas voluntariamente, por tanto que objetifica).

La comunicación es muy importante, especialmente si queremos construir relaciones sensibles y no objetificadas. El problema es que estamos construyendo discursos en la no-monogamia que son altamente dominantes con un tipo muy específico de capacidades comunicativas. La imposición de un solo tipo válido de comunicación es también un proceso de dominación de las personas con unas capacidades concretas (capacitismo).

No todas las personas podemos mantener conversaciones que nos afecten emocionalmente con calma. No todas las personas podermos responder a demandas, preguntas, o propuestas al momento. Hay quienes no podemos mirar a los ojos de quien nos habla. Hay quienes no podemos hablar cara a cara en ciertos momentos o situaciones. Hay quienes necesitamos espacio y tiempo para reflexionar, gestionar o digerir. Hay quienes nos expresamos con dificultad (especialmente porque se nos obliga a expresarnos de formas muy concretas y esto no tensa mucho más). Además, hay quienes tenemos miedo a que estas diferencias que tenemos a la hora de poder comunicarnos nos imposibilite mantener nuestras relaciones y tenemos miedo a perderlas.

Necesitamos discursos de las no-monogamias más sensibles a la diversidad en la necesidad de como comunicarnos, que no excluya a las neurodivergentes, funcionalmente iversas o discapacitades, o a aquelles que por diversos motivos no puedan expresarse o comunicarse de la forma que se ha estipulado como la ‘normal’.

Cuidados

Los cuidados es un tema que se lleva hablando desde no hace mucho en nuestros activismo, en las no-monogamias, y especialmente en el feminismo. De hecho se ha hablando más en el feminismo debido a que las llamadas tareas de cuidados han recaido siempre en las mujeres. Estas tareas suelen ser descritas como las tareas relacionadas con las tareas del hogar como cocinar, limpiar, limpiar la ropa y planchar, cuidar cuando le otre está enferme, etc. Estas tareas son muy importantes y se tienen que tener en cuenta, especialmente cuando existen estas diferencias de género.

No obstante, los cuidados van mucho más allá de estas tareas que tienen que ver con el género, y sobre todo cuando estamos hablando de muchos tipos diferentes de relaciones, contextos, y estructuras (no todas las relaciones son heterosexuales, binarias, románticas y sexuales). Los cuidados tienen que ser tareas sensibles a las necesidades que tengan las personas, que no tienen porque recaer en las tareas del hogar. Para poder cuidar es necesario entender qué necesita la otra persona, no para sentirnos obligadas a cubrir sus necesidades, sino simplemente para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. No todos los cuidados recaen en tareas ‘productivas’, a veces cuidar puede implicar dejar a la otra persona estar sola si lo necesita (para poner un ejemplo). No tenemos que obligar a que le otre tenga que expresar y entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expresar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, además, tampoco se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Es muy probable que muches de nosotres no necesitemos que se nos cuide preparándonos la comida, por ejemplo, a lo mejor tenemos otras necesidades. Vivimos en lo que yo llamo ‘la cultura del tupper’: una cosa que pasa muy a menudo en nuestros entornos es que como que se está insistiendo mucho con que nos tenemos que cuidar, lo que muchas personas hacer es haver alguna cosa que les es fácil de hacer (como por ejemplo, prepararnos un tupper) pero no escuchar cuáles son nuestras necesidades reales. Es más, hay situaciones donde se utiliza esta tarea que se ha realizado para no tener que escuchar a la otra persona cuando nos expresa una necesidad real que tiene (he preparado un tupper, ya he cocinado, me voy y me lavo las manos). Utilizar los cuidados de esta forma es una técnica de dominación para no tenerse que comprometer a cuidarnos ni entender que las necesidades son múltiples, que afectamos y nos afectan las personas que nos rodean. No podemos prepararle el tupper a una persona y después utilizarlo como excusa para objetificarla o no tenerla en cuenta en cosas que le afectan.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (V – contexto y sensibilidad)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la quinta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí, la tercera aquí y la cuarta aquí.

 

Contexto

El contexto es la información que ayuda a situar a una persona en referencia con lo que la rodea. El contexto de una persona son, por ejemplo, las estructuras de poder que la atraviesan, o su situación relacional, situación laboral, económica, familiar, etc. Y en cada situación o momento, lo que es relevante del contexto de una persona puede ser diferente (por ejemplo, en una charla puede ser relevante el hecho de que yo sea activista y padezca sexismo y monosexismo, pero no que mi color favorito sea el lila).

Estamos muy acostumbrades en nuestros entornos a buscar soluciones únicas que lo resuelvan todo. La idea de que existen soluciones únicas que lo resuelven todo proviene de las propias estructuras de poder, ya que estas nos imponen una sola forma de hacer y pensar, y reproducimos el mismo pensamiento imponiendo soluciones y fórmulas únicas para resolver los problemas cuestiones. Pero las soluciones y fórmulas únicas para resolver problemas no existen, ya que las soluciones y las respuestas son (o tendrían que ser) contextuales.

Por ejemplo, dejar una relación sin informar a la otra persona, simplemente yéndose, es casi siempre un acto violento y muy poco cuidadoso. Aún así, en algunas situaciones es posible que sea la única forma de dejar una relación de poder, violenta o de maltrato. En nuestros entornos no monógamos solemos dar como solución única en la resolución de problemas la empatía y la comunicación no violenta, pero en muchos casos (cuando la empatía no se puede utilizar o cuando existe una situación donde la posibilidad de la comunicación no violenta se puede incluso utilizar para reproducir técnicas de dominación o estructuras de poder) no son la solución.

Sensibilidad

En los entornos no monógamos se suele hablar mucho de la empatía, y se utiliza muy a menudo como comodín y parte de la solución de conflictos y gestión de emociones. La empatía puede ser definida de muchas maneras según cada persona, aún así, por defecto, tal como se entiende la empatía socialmente, se podría definir como la capacidad de identificarse y compartir las emociones de la otra persona. Yo la definiría, mejor, como una capacidad de comprender qué y como siente la otra persona.

El hecho de utilizar la empatía constantemente como herramienta en nuestros entornos tiene varios problemas. Primero porque está suponiendo que todas las personas tenemos la posibilidad de esta capacidad en el grado que se cree ‘normal’. Pueden haber personas que esta capacidad no la tienen, o la tienen en un grado inferior del que se consideraría ‘normal’. Por otro lado, hay personas que su capacidad empática es superior a lo que se considera que tendría que ser ‘normal’. Exigir que en nuestros procesos para resolver problemas se tenga que pasar por esta capacidad lleva a excluir, por un lado, a las personas que no tienen esta capacidad, y por otro lado a exigir que personas que sean más sensibles a estas empatías se tengan que encontrar en situaciones constantemente que puedan superar su propia gestión emocional.

Por otro lado, la empatía, aún ser descrita como una capacidad, no deija de ser una lectura o suposición de la que la otra persona está sintiendo. ¿Quien te dice a ti que lo que supones es exactamente lo que siente la otra persona? Si yo, por ejemplo, disfruto de ciertas cosas que me dan placer, pero que a otra persona le provocan dolor, es muy posible que lo que sienta la otra persona cuando le explico una situación que para mi es de placer sea dolor (por ejemplo, que a mi me guste que me muerdan, y que otras personas lo lean como doloroso si ven que me muerden). Al final, basar todo nuestro sentir hacia la otra persona a través solo de la empatía puede recaer en que sea yo misma la que decida por le otre lo que tiene que estar sintiendo en una situación dada y no sea le otre quien me lo pueda expresar o comunicar.

Y, finalmente, la empatía (o lo que se considera como empatía) suele beneficiar más a las personas con privilegios, ya que es mucho más fácil empatizar (comprender) con todo lo que nos hn educado desde pequeñes que es lo ‘normal’ (ocmo puede ser que un mordisco sea doloroso y no placentero). Por tanto, es una construcción cultural y siempre nos será más fácil empatizar (comprender por defecto) con todo lo construido en nuestra cultura como ‘normal’ y con las personas privilegiadas (las que siguen la ‘norma’): con hombres, personas heterosexuales, o cisgénero, blancas, personas con capacidad empática ‘normal’, etc. Teniendo en cuenta esto, es muy probable que en situaciones de sexismo, homofobia u otra situación donde se ejerza violencia estructural, la empatía sin una visión crítica podría favorecer a la persona que está ejerciendo la violencia (nos será más fácil empatizar con ella que con la persona que está siendo violentada).

A menudo yo utilizo el concepto de la sensibilidad para referirme a la escucha más consciente en la diversidad, tanto de como somos las personas, qué queremos, qué necesitamos, etc. Ser sensibles pasa por no suponer, y menos a través de cajs estáticas y lecturas estructurales y culturales. Y aceptar los cambios. La sensibilidad es también querer comprender el contexto de una persona para entender como relacionarse con ella, para no poner a las personas en situaciones de competitividad, para romper con la escasez en como repartimos afectos y recursos y a la objetificación. La sensibilidad en la empatía podría transformarla en un tipo de empatía/comprensión más crítica.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (IV – compromiso y responsabilidad compartida)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la cuarta parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí, la segunda aquí y la tercera aquí.

 

Compromiso e implicación

La monogamia suele llevar una carga muy grande de compromiso implícito y de expectativas relacionadas con la escalera de las relaciones. Este tipo de compromiso y de expectativas suele ser muy violento, ya que no es un compromiso que se haya pactado, hablado o que se pueda cuestionar por ninguna de las partes. Además, suele implicar el hecho de no poder compartir compromisos, proyectos o afecctos con otras personas y que además recaiga sobre una persona generar todo lo que necesita la otra.

Muchas personas delante de esto reaccionan planteando como alternativa el ‘no compromiso’ y no generar ningún tipo de expectatica. La metáfora del ‘fluir’ en las relaciones. Fluir es un concepto bastante representativo; fluir no fluimos en el vacío, fluimos en un mar, un río, o cualquier tipo de fluido donde hay corrientes concretas. Nosotres fluimos en un sistema, un mar hecho de estructuras de poder, y las corrientes suelen ir a favor de las personas con más privilegios. Otras, con menos privilegios nos vemos muchas veces arrastradas y llevadas allí donde va normalmente a parar toda la mierda.

No comprometerse da una ventaja a als peraonas que tienen más privilegios, ya que estas ya tienen sus necesidades más cubiertas y no necesitan del compromiso para obtenerlas. Por otro lado, las personas con menos privilegios, en este tipo de relaciones, se ven la mayoría de veces arrastradas a vivir situaciones de vulnerabilidad. Normalmente quien rechaza más el compromiso son las personas con más privilegios, ya que estas no sientan la necesidad de tener que comprometerse porque sus necesidades quedan cubiertas sistemáticamente. Por otro lado, quian máss desea el compromiso suelen ser las personas con menos privilegios, ya que els sistema no les cubre sus necesidades y necesita del compromiso para entender como cubrirlas y poder accedes a aquello que con privilegios ya tienes.

No querer comprometerse es una forma de no querer aceptar la conexión con lo que nos rodea ni las cosas que obtenemos de nuestro entorno. El compromiso es necesario, para poder movernos, entender, y saber qué estamos compartiendo, qué podemos esperar, y por tanto, qué podemos pedir y dar. Es necesario para generar relaciones no objetificadas donde las personas puedan tener voz en las cosas que les afectan. Y aquí entran todo tipo de compromisos, más allá de los que son leídos como compromisos típicos de las relaciones de pareja: proyectos de apoyo, de cooperativismo, de convivencia, de crianza, de activismo, etc.

Aún así, lo que a mi me gusta es ir un paso más allá del compromiso, ya que el compromiso muchas veces se puede sentir como algo externo a nosotres a lo cual nos tenemos que someter sense formar parte de forma activa. A menudo hablo, por tanto, de implicació, en vez de compromiso: la implicación supone entrar dentro del proceso, tener voz, y sentir que podemos transformarlo, adaptarlo o hacerlo más nuestro. Y es importante que estos compromisos e implicaciones sean compatibles en poder generar compromisos con otras personas.

Responsabilidad compartida y reconocimiento

Desde un punto individualista, que es como funciona nuestro sistema, la responsabilidad en una relación recae sobre una sola persona o por separado, siempre de forma inddividual. La monogamia, recubierta de ideales de amor romántico, te da la idea de que una persona, tu pareja, es totalmente responsable de tu felicidad e infelicidad. Esta idea genera relaciones de poder, de la misma manera que lo hace dándonos toda la carga de tener que cubrir todas las necesidades de una sola persona.

Por otro lado, para romper esta idea, se ha generado otra idea de que cada persona es totalmente responsable de sus emociones (también aquellas generadas a través de una relación). Ésta es una visión individualista, y no muy diferente a la anterior: o las responsabilidades son totalmente separadas o recaen todas en una sola persona. En este paradigma la relación se borra completamente y solo se habla de forma individual o de individuos.

La responsabilidad en una relación tendría que ser una responsabilidad compartida: la responsabilidad en el marco relacional es de las personas que generan el espacio y la relación, no de forma separada (cada una la suya), no de forma vertical (toda la responsabilidad es solo de una persona), sinó como una ombinación, teniendo en cuenta los contextos de cada persona y lo que se está compartiendo. Tener en cuenta el contexto de la persona significa que cuando tenemos una relación con una persona sobre la cual tenemos un privilegio, este privilegio lo tenemos que tener en cuenta, ya que queramos o no nos beneficiamos de este y por tanto, tenemos una responsabilidad sobre como compartimos las cosas con esta persona para intentar evitar generar violencia estructural sobre ella. La responsabilidad compartida nos permite, además, reconocer explícitamente todas aquellas cosas que nos aporta la relación y lo que la otra persona está compartiendo (también las ‘buenas’, aquellas que nos hacen sentir bien, nos ayudan o nos cubren necesidades en diferentes grados).

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (III – competitividad)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la tercera parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí y la segunda aquí.

Competitividad

La monogamia es un sistema muy competitivo. Es bastante directo de ver que cuando una persona tiene una pareja y esta pareja conoce a otra personas por la cual podría sentir un cierto tipo de atracción, la monogamia nos pone en la situación de tener que escoger. El hecho de que tu pareja o alguien que se siente atraída por ti tenga que escoger te pone directamente en una situación de competición. La competitividad es una consecuencia de la escasedad en la repartición de nuestros afectos y de como se nos cubren nuestras necesidades (especialmente porque estas necesidades y afectos solamente se nos cubren a través de lo que llamamos relación de pareja). Y en est situación de tener que competir entran además todo tipo de estructuras de poder: cuál es le más guape, cuál tiene más capacidades o habilidades sociales, cuál tiene más estabilidad económica, etc.

Aún así, esto no se rompe directamente siendo no monógama, ya que se necesita aquí también una mirada crítica. La forma con la que tenemos muchas veces de tener relaciones no monógamas suele ser también competitiva, siempre que no hacemos un esfuerzo de ser conscientes como repartimos nuestros afectos, especilmente debido a estructuras que puedan estar atravesando: clasismo, capacitismo, sexismo… Por ejemplo, si yo tengo dos relaciones y con las dos hay un deseo o una voluntad de poder compartir algo como es un viaje o las vacaciones, pero una de ellas tiene una situación económica más precaria, siempre me será más fácil compartir mis vacaciones con la que tenga la situación económica más buena, excluyendo a le otre debido a una estructura económica, generando así un tipo de relación con une y con le otre no. los mismos nos pasaría si una de nuestras relaciones tiene una capacidad más adaptada a las situaciones sociales, sin darnos cuenta compartiremos muchos más eventos con esta persona que no con la otra y generando probablemente una complicidad o una relación socialmente más aceptada o reconocida. También hay temas como el patriarcado; si yo por ejemplo tengo una relación con una mujer y otra con un hombre, y socialmente mis relaciones con hombres son más bien valoradas, reconocidas y aceptadas, me será mucho más fácil que mi relación con el hombre sea más reconocida y visible socialmente, haciendo que la otra quede excluída. Por tanto, la no-monogamia sin una consciencia de todas estas situaciones sociales que llevan a excluir puede llevar también a situación de exclusión y competitividad entre relaciones.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (II – individualismo, dominación y objetificación)

por wuwei (natàlia)

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Ésta es la segunda parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’. La primera parte la podéis leer aquí.

Invidividualismo y dominación

Nuestro sistma relacional (occidental) se basa en la idea y sentimiento de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para obtener nuestras necesidades a través de la dominación (el entorno se vuelve un objeto donde voy a cubrir mis necesidades).

Ésta es una visión que proviene de las clases dominantes; ha sido una viión creada desde la mirada del hombre cisgénero heterosexual blanco de clase media/alta sin diversidad funcional neurotípico, etc. Aún siendo una visión que proviene de las clases dominantes también se acaba reproduciendo en las clases oprimidas debido a que forma parte de la forma que tenemos de leer todo lo que nos rodea.

Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder a través de normas y normatividades; estas normas o normatividades se crean para colocar a ciertos colectivos en cajas estáticas cerradas que permita a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que ver, creer o sentir que están obteniendo necesidades de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes (los privilegios los ayudarían a obtener sus necesidades sin esfuerzo ni consciencia de que las obtienen a través de estas ‘normas’), se crean jerarquías y les da a las personas con privilegio un falso sentimiento de independencia. Pero esta independencia es una independencia fals ya que las dependencias que estas personas tienen de su entorno quedan invisibilizadas (sus necesidades quedan cubiertas por el sistema de forma invisible y no tienen que sentir que son dependientes).

En la monogamia, a través además del ideal del amor romántico, se nos hace creer que necesitamos y dependemos de una persona. Y, más allá del ideal de amor romántico, el hecho de que todo lo que necesitamos tenga que pasar por resolverse a través de una sola relación también favorece la aparición de relaciones de poder (tanto por el hecho de que todas las necesidades tengan que pasar por una sola persona, le da a ésta más poder, como también todo el peso de que tengas que prever todas las necesidades es una carga muy grande y que favorece la presión de tener que convertirnos en quien no somos o tener que olvidar nuestras propias necesidades y deseos).

Lo que hacemos a menudo para ‘resolver’ este problema es reproducir la idea de la falsa independencia diciendo ‘yo no dependo de ti, yo soy una persona independiente’ (un concepto que repetimos muy a menudo dentro de entornos no monógamos). De esta manera, con esta idea, se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia de las personas con privilegios, y se crea un discurso de la no-monogamia a la que solo pueden acceder personas con más privilegios (gente con más dinero, o personas menos oprimidas que otras, especialmente por tener unas capacidades concretas) y se les da más herramientas para seguir reproduciendo relaciones de poder con personas más oprimidas que ellas.

Las personas dependemos de nuestro entorno. Nuestro entorno es donde obtenemos nuestras necesidades y es dondes obtenemos afectos, atenciones y todo aquello que de alguna manera nos afecta. El entorno nos afecta, de la misma manera que nosotres afectamos el entorno. Romper con las relaciones de poder no tendría que pasar por negar nuestra conexión con el entorno, sino aceptándola colectivizando nuestras dependencias y haciéndolas más conscientes.

Objetificación

Esta forma de ver nuestro entorno (vernos como seres externos a lo que nos rodea y que accedemos a él a través de la dominación sin ser conscientes de que el entorno nos afecta y nos vemos afectades por nuestro entorno) hace que accedamos a nuestro entorno (donde están también las personas) viéndolo como un objeto para cubrir nuestras necesidades y deseos pero no las de les demás). Este proceso es un proceso de objetificación y es una causa y consecuencia de las jerarquías y la dominación.

A menudo se habla de objetificación en los feminismos para hablar sobre la objetificación sexual hacia las mujeres debido al patriarcado. De objetificación hay muchas más. Todas las estructuras objetifican a los grupos oprimidos: el capitalismo objetifica a les trabajadores, el especimo objetifica a los animales no humanos, el capacitismo objetifica a las personas discapacitadas por el propio sistema que las objetifica, etc. Y cada estructura de poder objetifica al grupo oprimido a través de mecanismos diferentes.

La objetificación sexual que vivimos las mujeres es un hecho, y tiene unas consecuencias muy duras en nuestras vidas. No obstante, de objetificación hay muchas más. Además, debio a que solamente hablamos de objetificación como objetificación sexual hace que muchas veces acabemos viendo toda relación sexual sin un vínculo emocional como un acto de objetificación, cuando no tiene porque ser así (si tienes una relación seuxal sin un vínculo emocional con una persona, pero das espacio a la otra persona a expresar molestias, oponerse, a expresar necesidades o malestares, no la estás objetificando), y a la vez se están invisibilizando muchas objetificaciones que no son sexuales (las mujeres, por ejemplo, también estamos objetificadas emocionalmente y los hombres acostumbran a acercarse a nosotras para explicarnos todos sus problemas emocionales sin tenernos en cuenta o que se nos escuche la mayoría de las veces cuando lo necesitamos). Debido a esto intentaré poner ejemplos que no caigan en la objetificación seuxal para visibilizar también otros tipos de objetificaciones.

Nuestro sistema relacional funciona a través de la objetificación: es ésta la forma con la que nos acercamos a las personas, teniendo en cuenta nuestros deseos, voluntades y necesidades, pero sin tener en cuenta las de esta otra persona, que podrían ser totalmente diferentes a las nuestras, o incluso incompatibles.

Una forma de objetificar sería tratar a las personas como si no tubieran voluntades o deseos propios (que podrían ser diferentes a los nuestros). Un ejemplo de ésto sería lo que pasa a menudo cuando estamos en la universidad, donde alguien se acerca a otra persona solamente porque quiere que le ayude a aprobar un examen y para que le pase los apuntes. Y, aunque su intención es ‘solamente’ ésta, lo que hace es hacer creer a la otra personaque lo que desea es una amistad. Una vez esta persona ya ha obtenido lo que ha querido (aprobar el examen) se aleja otra vez. Si esta persona hubiera tenido en cuenta los deseos de le otre, le hubiera dicho directamente que su voluntad era la de aprobar el examen, no la de una amistad, y haber dejado que fuera la otra persona la que expresara cuál era su deseo, si lo aceptaba o no. Aún así, no es precisamente lo que acostumbramos a hacer en estos casos.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan consentir u oponerse. Y para que una persona pueda consentir u oponerse no solamente se le tiene que preguntar si una cosa la quiere o no, sino que además se tiene que crear un espacio para que este consentimiento se pueda dar de verdad. Un ejemplo de esto sería preguntarle a una persona al saludarla si quiere o no un abrazo. Si yo delante de un ‘no’ reacciono con cierta molestia, aunque sea de forma indirecta, lo más probabl es que la próxima vez que se lo pregunte no me conteste que ‘no’ por miedo a que yo me pueda molestar. Es por este motivo que para que una persona realmente pueda consentir u oponerse a algo se le tiene que dejar espacio para que realmente lo pueda hacer sin ninguna sensación de chantaje emocional.

Otra forma de objetificar es que las demás personas no puedan expresar opiniones ni emociones al respecto de cosas que les afectan. Un ejemplo de esto es lo que pasa a menudo en las relaciones no monógamas jerárquicas. En este tipo de relaciones se acostumbra a tomar decisiones entre las personas que tienen una relación ‘primaria’, especialmente cuando se quieren gestionar emociones (como celos, u otras), que afectan a una ‘tercera’ persona, pero a esta tercera persona no se le informa ni se le deja expresar su opinió o emoción al respecto, ni se le permite pedir nada. Muy amenudo lo que se hace, cuando se quiere informar, es dar dos posibilidades a esta ‘tecera’ persona en modo de ‘referéndum’: se le da una opción donde solamente puede decir que ‘sí’ o que ‘no’. Este tipo de ‘referéndums’ pueden llegar a ser actos muy violentos, ya que esta persona no puede plantear molestias, alternativas o demandas. Haciendo esto se le quita voz a una persona sobre temas que le afectan. No nos olbidemos que este tipo de situaciones se dan también en la monogamia, donde de hecho son la ‘norma’, y se extienden en la no-monogamia a través de las relaciones jerárquicas. La monogamia ya es de por sí misma jerárquica.

En definitiva, objetificar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz. Hay un debate que tenemos mucho en nuestros entornos (de forma bastante genérica en los movimientos sociales): es el debate de si las personas somos imprescindibles o prescindibles. Este debate proviene del hecho de que en nuestra sociedad jerárquica se suele etiquetar a algunas personas como imprescindibles, dando de esta manera un poder a estas personas. Para romper con esto solemos decir que las personas somos todas prescindibles, un acto que suele vivirse con bastante violencia cuando hay personas en nuestra vida a las que consideramos importantes. Pero este debate es un debate erróneo, ya que considerar a las personas como prescindibles o imprescindibles proviene de la misma idea de ver a las personas como objetos. Las personas no somos prescindibles o imprescindibles. No somos objetos ni herramientas a utilizar. Las personas somos importantes y a tener en cuenta. Y es posible que haya personas que por muchos motivos consideremos menos importantes que otras (porque tenemos menos vinculo), pero que una personas no sea tan importante en tu vida no significa que le tengas que quitar voz en cosas que le afectan.

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responsabilidad compartida, cuidados y sensibilidad: discursos no individualistas sobre relaciones, de/construcción de contextos y re-creación de espacios (I – el sistema relacional/monógamo)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Ésta es la primera parte de la versión ‘extendida’ de la charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals que resumí en el artículo ‘Después de romper con la monogamia’.

 

Sistema relacional/monógamo

La monogamia normalmente la vemos como una cuestión de número de parejas que tienes. Si tienes solo una pareja supuestamente eres monógama, si tienes más de una (o estás abierta a esta posibilidad) eres no monógama, y si no tienes ninguna se le lee como soltere (uno de los desastres más grandes que te pueden pasar en la monogamia). Pero la monogamia va más allá de un recuento del número de relaciones de pareja. La monogamia es un sistema, una estructura de poder, una forma de pensar.

Una estructura de poder es un sistema que estructura a la sociedad de una forma directa e indirecta. Es una cosa que está en nuestro lenguaje, en nuestra lógica construida socialmente, en nuestra forma de expresar, ver, o pensar, que lo que hace es por defecto hacer de algunas cosas ‘normas’ (lo que llamamos ‘normal’), que suele facilitarle más la vida a las personas que se adecuan a estas normas (a las que llamamos personas con ‘privilegios’), y a complicarles a quien no se adecua a ellas (a las que llamamos personas ‘oprimidas’). Además, lo que haces es que muchas más personas pasen y se adecuen a estas normas por falta de alternativas.

De estructuras existen muchas. Por ejemplo, el sexismo/machismo, el cisexismo, el heterosexismo, el racismo, entre muchas otras, son estructuras de poder. Cada una de ellas tiene sus particularidades, sus diferencias, no son comparables (una no es más importante que la otra) sino que cada una fuciona de formas diferentes. Además, muchas de ellas están relacionadas y se alimentan entre sí haciendo, de esta forma, que todo el sistema se refuerce a sí mismo.

Al ser una estructura de poder, la monogamia está relacionada con otras estructuras, y también las alimenta, igual que estas otras estructuras la alimenta a ella. La monogamia está muy relacionada con el capitalismo y el patriarcado (principalmente), como también está relacionada con otras.

Además, se podría decir que es un sistema que no solo afecta a la normatividad entorno a las relaciones de pareja (a como tienen que ser las relaciones de pareja y cuantas tenemos que tener), sino que es un sistema que nos dice como nos tenemos que relacionar de forma general con todas las personas, y por tanto, es un sistema relacional.

Al ser la monogamia un sistema o estructura, a parte de ser un recuento de relaciones de pareja, significa que no ser monógame no implica necesariamente rompre con este sistema relacional. Se puede ser no monogama y seguir reproduciéndolo y perpetuándolo. Podríamos llamar a este tipo de no-monogamias como no-monogamias de pensamiento monógamo.

Aún habiendo tipos de no-monogamia que siguen reproduciendo este sistema, la no-monogamia tiene un gran potencial, no solo para romper con el sistema monógamo y relacional, sino también otras estructuras de pdoer, tanto porque éstas se alimentan indirectamente de la estructura monógama, como también porque la no-monogamia se puede construir para somper con muchos de los sistemas de privilegios y opresiones (la monogamia nos aisla sistemáticamente en unidades familiares, no permitiéndonos generar redes solidarias afectivas y múltiples y sensibles a las estructuras que nos atraviesan). Ahora bien, las no-monogamias de pensamiento monógamo acaban siendo no-monogamias a las que solo las personas con más privilegios pueden acceder, ya que no rompen con las demás estructuras.

Por tanto, desde un punto de vista crítico hacia las estructuras de poder y a la violencia sistemática que generan, la propuesta interesante seria buscar maneras de construir relaciones que por una banda rompan con los sistemas de privilegios y opresiones: que sean solidarias, que tengan en cuenta la diversidad, que tengan en cuenta las redes y rompan con el aislamiento en unidades (tanto individuales, como unidades de pareja, familiares, etc) y que tengan una consciencia más grande de la colectividad y de nuestro entorno.

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deconstruyendo los discursos hegemónicos y científicos de la orientación sexual: desorientación, fluidez, inestabilidad y confusión como actos revolucionarios (I – estructuras de poder y monosexismo)

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

El mes de Abril de 2016 se celebraron las I Jornadas Desorientadas en Madrid. En esas jornadas di una charla sobre monosexismo, su discurso y de como se ha construído este discurso. El audio de la charla lo tenéis aquí (aviso de contenido del audio: lenguaje cisexista e intersexfóbico debido a estar explicando el discurso médico entorno a las orientaciones).

El contenido escrito de la charla, un poco más arreglado y extendido, lo iré colgando en el blog, por partes. Ésta es la primera parte donde hablo de estructuras de poder y de monosexismo.

Estructuras de poder

Hay muchas formas de explicar o definir qué es una estructura de poder. Una estructura de poder es algo muy difícil de explicar. Yo voy a intentar dar una definición/explicación, pero se podrían dar otras o ampliarla.

Una estructura de poder es un sistema que estructura a la sociedad de una forma directa e indirecta. Es algo que está en nuestro lenguaje, en nuestra lógica construida socialmente, en nuestra forma de expresar, ver, o pensar, que lo que hace es por defecto hacer de algunas cosas ‘normas’ (lo que llamamos ‘normal’), que suelen facilitarle más la vida a las personas que se adecuan a esas normas (a las que llamamos personas con ‘privilegios’), y a complicarlas a quien no se adecuan a ellas (a las que llamamos personas ‘oprimidas’). Además, lo que hacen es que muchas más personas pasen y se adecuen a esas normas por falta de alternativas.

Una estructura de poder se puede comparar con la imagen de un iceberg, en la que la punta es la violencia visible (violencia física o verbal, por ejemplo), pero que debajo se esconde la parte más grande y menos visible de la estructura, donde se hallan el lenguaje, la lógica, la forma de ver, expresar, o pensar, que reproduce violencia simbólica y estructural.

Y aunque se llame simbólica a este tipo de violencia, no la hace menos violenta, sino más invisible y menos reconocible, y que tiene consecuencias en la vida de las personas oprimidas, como por ejemplo, puede afectar a la salud mental, a nuestras relaciones, etc.

Las estructuras de poder se viven, se sienten, te atraviesan, y son difíciles de expresar, ya que la expresión por defecto es la que sigue la lógica que privilegia en la estructura.

Estructuras de poder existen muchas. Algunos ejemplos son: el sexismo/machismo, está el heterosexismo (donde la parte más visible del iceberg sería lo que llamamos homofobia), está el cisexismo (donde la parte más visible es la transfobia), está el racismo, entre otras.

Cada una de ellas tiene sus particularidades, sus diferencias, no creo que sean comparables, que una sea más importante que la otra, sino que cada una funciona de formas distintas, y en cada contexto se expresan de formas distintas y se sienten de formas distintas. O sea, que son contextualizables. Además, muchas están relacionadas entre sí y se refuerzan. Haciendo, de esta forma, que todo el sistema se refuerce a sí mismo.

Monosexismo

El monosexismo es una estructura de poder. Primero voy a dar algunas definiciones. Llamo ‘monosexual’ a la persona que se siente atraída por solamente un género. Las monosexualidades más conocidas son la heterosexualidad y la homosexualidad. Por otra parte, plurisexual es un término paraguas que estamos usando últimamente en el activismo para referirnos a aquellas orientaciones o identidades donde hay una atracción hacia más de un género, como pueden ser la bisexualidad, la pansexualidad, la polisexualidad, la skoliosexualidad, entre otras. También hay personas que no sienten identificarse en ninguno de estos términos pero que no se identifican tampoco con las monosexualidades y que pueden verse también afectadas por el monosexismo.

El monosexismo es esa estructura de poder que supone que las personas por defecto somos monosexuales y por tanto privilegia a éstas y oprime y discrimina a las personas que nos sentimos atraídas hacia más de un género, como somos las plurisexuales. La bifobia y la panfobia serían lo que quedaría situado en la parte visible del iceberg, pero el monosexismo es mucho más complejo que esto.

El monosexismo es una estructura muy simbólica, y que por eso cuesta tanto de mostrar, o de hablar de ella. Se sustenta sobre todo en la idea de que las personas plurisexuales no existimos, y que los dos únicos estados reales son las dos monosexualidades (evidentemente una más importante que la otra, ya que no se ve igual a la heterosexualidad que a la homosexualidad). Y, a parte de la invisibilidad o no existencia, se han creado también estereotipos a nuestro alrededor. Pero no nos engañemos, ya que estos estereotipos son precisamente la consecuencia de nuestra no existencia. Ya que, como no existimos, nuestras experiencias y vivencias se expresan siempre como combinación de las dos monosexualidades. Por eso, por ejemplo, se dice que somos promiscues e hipersexuales, ya que al ser la suma de dos estados, somos el doble de sexuales. Se dice que estamos confundides y somos inestables, porque se nos lee como personas que vamos cambiando entre dos estados. Se dice también de nosotres que no sabemos lo que queremos, que somos traidores e infeccioses. Y todo recae en la idea de vernos como combinación de dos estados que tendrían que estar separados (precisamente por el hecho de ser jerárquicamente opuestos). O sea, el ‘bueno’ y el ‘malo’.

Y la violencia simbólica es muy difícil de percibir, pero aún así tiene sus consecuencias. En el caso, por ejemplo, del monosexismo, existen unos índices más elevados de intentos de suicidio, autolesión, depresión, ansiedad, por el sentimiento de no poder entenderse o definirse a través de los parámetros sociales definidos. También podemos perder nuestros trabajos, ya que al vernos como personas inestables no se confía en nosotres. También perdemos relaciones sexoafectivas o de pareja por vernos como traidores y que no cumpliremos con los pactos a los que llegamos. También tenemos un riesgo más elevado de padecer violencia sexual, especialmente las mujeres, al ser más hipersexualizadas; como también ocurre que puede que no se confíe en nosotres cuando denunciamos una violación. Y, un largo etcétera.

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después de romper con la monogamia

por wuwei (natàlia)

en català aquí.

Este artículo lo escribí como resumen (muy resumido) de una charla que di en las II Jornades d’Amors Plurals y se publicó en el número 422 de la Directa. Podeis ver el artículo original (en catalán) aquí.

(**) He añadido al final una aclaración a raíz de algunos comentarios que se hicieron cuando se publicó el artículo.

La versión extendida (‘no resumida’) de la charla la publicaré más adelante en este blog dividida en diferentes secciones.

 

La manera que tenemos de relacionarnos forma parte de un sistema o estructura de poder muy ligada a la estructura monógama. La monogamia no sólo es un recuento de relaciones, es también un sistema: está en el lenguaje, en la lógica construída socialmente, en la forma de pensar. Y va más allá de la normatividad entorno a las relaciones de pareja, ya que nos dice también como nos tenemos que relacionar en general con las personas, es un sistema relacional.

La monogamia nos aisla en unidades familiares no permitiendo generar redes solidarias, afectivas y sensibles a las estructuras que nos atraviesan. La no-monogamia tiene un gran potencial, no sólo para romper el propio sistema relacional, sino también otras estructuras de poder ya que éstas se elimentan de la estructura monógama y también porque te permite construir relaciones que rompen con los sistemas de privilegios y opresiones. Ahora bien, es necesario un punto de vista crítico en las propuestas que se plantean, sino se reproduce el mismo pensamiento.

Individualismo, dominación y objetivización

Nuestra forma occidental de ver el mundo se basa en la idea de que somos individuos externos al mundo que nos rodea (no formamos parte de nuestro entorno) y accedemos a nuestro entorno para cubrir nuestras necesidades a través de la dominación. Esta visión fomenta la creación de estructuras de poder que permiten a quien domina obtener lo que necesita sin tan siquiera tener que comprender que las está obteniendo de su entorno: sus necesidades quedan cubiertas de forma sistemática a través de las estructuras. Se crean, por tanto, privilegios hacia estas personas de grupos dominantes y les da un falso sentimiento de independencia.

En nuestros entornos no monógamos a menudo se intenta romper con la idea de la dependencia total a una sola persona (que proviene de la estructura monógama y que genera relaciones de poder) diciendo que las personas somos independientes y no tenemos necesidad de nada o nadie. De esta manera se estigmatiza la dependencia, se invisibiliza la dependencia con el entorno de las personas con privilegios y se crea un discurso de la no-monogamia a la que sólo pueden acceder personas con más privilegios.

Tratamos nuestro entorno como un objeto debido a verlo como una cosa externa a nosotres donde accedemos para cubrir nuestras necesidades. Las personas con las que nos relacionamos también forman parte de este entorno-objeto, y por tanto nos acercamos teniendo en cuenta las propias necesidades y deseos però no los de les demás. Este es un proceso de objetivización. Para resumirlo un poco, objetivizar es tratar a las personas como si no tuvieran voluntades o deseos propios, o bien no permitiendo que tengan un espacio para consentir u oponerse a una cosa, o también que no puedan expresar emociones ni opiniones al respecto de cosas que les afectan. Esta última es bastante común en las realciones no monógamas jerárquicas, donde a menudo personas que se ven afectadas por decisiones que se toman en las relaciones primarias no pueden opinar, o expressar emociones, o plantear alternativas, o ni siquiera se les informa de que se han tomado. En definitiva, objetivizar es no tener en cuenta a la otra persona, quitarle voz.

Compromiso e implicación

La monogamia suele llevar una carga muy grande de compromiso implícito y de expectativas relacionadas con la escalera de las relaciones. Este tipo de compromiso no suele ser un compromiso que se haya pactado, hablado o que se pueda cuestionar por ninguna de las partes. Además, suele implicar el hecho de no poder compartir compromisos, proyectos o afectos con otras personas y que además recaiga sobre una persona generar todo lo que necesita la otra.

Muchas personas delante de esto reaccionan planteando como alternativa no tener que comprometerse y no generar ninguna expectativa. Esto da una ventaja a las personas que tienen más privilegios, ya que estas tienen sus necesidades más cubiertas y no necesitan del compromiso para obtener nada. Por otro lado, las personas con menos privilegios, se verían la mayoría de veces arrastradas a vivir situaciones de vulnerabilidad. Normalmente quien rechaza el compromiso son las personas con más privilegios, ya que el sistema no les cubre sus necesidades y necesitan el compromiso para enteder como cubrirlas y poder acceder a aquello a lo que no pueden acceder sin privilegios.

No querer implicarse es una forma de no querer aceptar las cosas que obtenemos de nuestro entorno y no querer aceptar que el entorno nos afecta y nosotres lo afectamos. La implicación es necesaria para generar relaciones no objetivizadas donde las personas puedan tener voz en las cosas que las afectan. Las relaciones se tienen que construir a través de compromisos e implicaciones explícitas y que no vengan dadas por normas sociales estructurales ni que nos imposibiliten generar otros compromisos.

Responsabilidad compartida

La monogamia te da la idea de que una persona es totalmente responsable de tu felicidad o infelicidad. Para romper con esta idea que genera relaciones de poder se acostumbra a decir que cada persona es totalmente responsable de sus emociones, incluídas aquellas emociones que se generan a través de una relación y de lo que se comparte. Esta es una visión individualista, y no muy diferente a la anterior: o las responsabilidades son totalmente separadas o recae toda en una sola persona. En este paradigma la relación se borra completamente.

La responsabilidad en una relación tendría que ser responsabilidad compartida: tendría que ser de las personas que generan el espacio y la relación, no de forma separada (cada una la suya), no de forma vertical (toda la responsabildiad es solo de una persona), sino como combinación, teniendo en cuenta los contextos de cada persona y lo que se está compartiendo. Tener en cuenta el contexto de la persona significa que cuando tenemos una relación con una persona sobre la cual tenemos un privilegio, queramos o no nos beneficiamos de este privilegio y por tanto, tenemos una responsabilidad sobre la violencia etructural que podamos generar en esa relación. La responsabilidad compartida nos permite, además, reconocer explícitamente todas aquellas cosas que nos aporta la relación y lo que la otra persona está compartiendo.

Cuidados y el significado de ‘cuidar’

Ser conscientes de que cubrimos nuestras necesidades a través de nuestro entorno y, por tanto, a través de nuestras relaciones, nos permite tratar el tema de los cuidados desde un punto de vista crítico. Las tareas de cuidados siempre han recaído en las mujeres. No obstante, las tareas de cuidados de las cuales siemrpe hablamos en el contexto del feminismo se limitan sólo a la diferencia de género. Hay muchas más necesidades que tenemos que no recaen en las tareas que se han definido como cuidados (tareas del hogar, cocinar, o cuidar cuando le otre está enferme), así como necesitamos ser conscientes de las diferencias que van más allá de las de género, ya que hay muchas más estructuras o tipos de relaciones (no todas las relaciones las trabajamos en un contexto heterosexual, binario, romántico y sexual).

Cuidar implica entender qué necesita le otre, no para sentirnos obligades a cubrirle las necesidades, sino para tenerlas en cuenta y ser sensibles a ellas. Tampoco tenemos que obligar a que le otre tenga que entender cuáles son sus necesidades, sino dejarle espacio para que lo pueda expressar cuando quiera y se de cuenta de cuáles son. Y, sobre todo, no se tiene que obligar a tener necesidades que no se tienen. Debido a que los cuidados son un tema recurrente en nuestros espacios a veces caemos en el error de realizar tareas hacia otres que no necesitan para sentir que le estamos cuidando, y a menudo utilizamos estas tareas innecesarias como excusa para no tener que escuchar las verdaderas necesidades de le otre o no reconocer una necesidad cuando la expresa. Vivimos en lo que yo llamo la ‘cultura del tupper’: preparar tuppers a les compañeres sin pararnos a reflexionar qué queremos decir con ‘cuidar’, y mientras no dejamos a les demás expressarse cuando algo les afecta. Esto es un acto de objetivización.

(**) Añado una aclaración a raíz de algunos comentarios al respecto del artículo diciendo que lo que publiqué es aplicable también a relaciones monógamas. No creo que el tema de los cuidados pueda realmente aplicarse en relaciones monógamas ni relaciones no monógamas jerárquicas, ya que la monogamia implica jerarquía, y en ninguna jerarquía los cuidados son reproducibles, solo sucedáneos de cuidados, que no son cuidados. Estoy hablando de todas aquellas personas que no forman parte de la relación principal. Mi discurso quiere enfatizar el hecho de que estamos tratando a todes les demás muy mal y de forma muy objetivizada, tanto en responsabilidades, como en compromisos, como en cuidados. Por eso ni la monogamia ni la no-monogamia jerárquica nos salvarán nunca de todos los sistemas de opresión, sólo los seguirán reproduciendo, además a través de sus propios baremos.